-Repíteme por qué estamos aquí.
-Tú me dijiste que tenías dudas en defensa, ¿no?- inquirió Rose.
Grace suspiró por quinta vez.
Desde que ambas se habían acercado (concretamente, desde que Grace se había quedado a su lado la noche delveritantrum) Rose se mostraba muy atenta y afable. Y Grace no estaba dispuesta a decirle que no necesitaba su compañía. Sí la necesitaba.
Pero a veces era un rollo estar con ella, porque las notas le importaban demasiado.
-Me dijiste que tenías problemas con el conjuroDesmaius, y se me ocurrió buscarte un libro de hechizos que siempre me resulta muy útil- siguió recorriendo las estanterías, procurando hablar en todo momento en voz baja- me ha sacado de más de un apuro alguna vez.
Grace empezó a sentir un malestar en el pecho que la irritó un poco más.
-No necesito ningún libro, de verdad- la molestia aumentó- yo solo dije que no lo manejo del todo...joder- maldijo de pronto, tocándose el pecho.
-¿Grace?
Alzó la vista. Rose la miraba fijamente, con la misma expresión de malestar.
No le llevó mucho tiempo entender qué sucedía.
El collar de chapa fue quemando más y más, hasta que, ya fuera de la biblioteca, ambas tuvieron que quitárselo. Ardía, y su color era rojo intenso.
Algo muy malo pasaba.
-Hay que ir a la sala de los Menesteres- demandó Rose, de los nervios.
Así y con mucha prisa, se dirigieron prácticamente corriendo al séptimo piso, lugar en el que cuando llegaron ya había unas cuantas personas, que ni siquiera se habían molestado en entrar, buscando a sus más allegados.
Grace localizó a Josh, y se sintió aliviada. Acudió a su encuentro, rápidamente.
-¿Estás bien?- se preguntaron, al unísono.
-¿Qué haces que no estás en el entrenamiento de Quidditch?- casi gritó Josh- Scorpius me dijo que le habían dicho que esta tarde estabais convocados.
Grace se extrañó, cada vez más alterada.
-¿Convocados? ¡No! ¡El entrenamiento es mañana, Josh!
-No- negó él. Rose y Albus lo escuchaban todo a unos metros de ellos- estoy seguro de que estaba convencido de que era hoy. Scarbot mismo se lo confirmó. ¿No?- acabó por preguntar, comenzando a olerse algo raro.
A Grace se le erizó el vello de la nuca.
Miró a Rose, demandante, mientras la expresión de la pelirroja mudaba al horror. Y, rápidamente, puso un plan en marcha.
-Ve a buscar a Ann. Corre- le pidió a Albus, que en seguida obedeció.
El camino a los vestuarios de Slytherin fue el más largo que Grace había hecho jamás. La incertidumbre del destino de Scorpius la mataba por dentro, mientras la probabilidad de que los miedos de todos fueran ciertos aumentaron al no ver a ningún jugador entrenando en el campo. El lugar estaba desierto.
Todavía corriendo, Josh abrió la puerta de un empujón.
-¡Scor!- gritó, con todas sus fuerzas.
-¡Scorpius!- chilló Rose.
-¡Por aquí!- indicó Grace, al no ver rastro de él, pero sí de su bolsa de deporte al lado del casillero, y al oír el sonido del agua correr.
Pusieron un pie en las duchas, y en seguida escucharon un gemido lastimero, casi inaudible.
El agua de la ducha corría a máxima potencia, inundando prácticamente toda la zona. Scorpius yacía justo debajo del chorro, convulsionando cada poco. Su sangre se mezclaba con el agua, consiguiendo un ligero tono rosado. Estaba semidesnudo, y lleno de cortes por todas partes.
Rose chilló de puro terror.
Grace fue la primera en llegar hasta él. Temblando del pánico, examinó su rostro. El joven estaba prácticamente ido.
-¡Scorpius!- lo llamó, desesperada.
-¿¡Qué ha pasado!?- preguntó Josh fuera de sí a Rose, que ya parecía estar intentando averiguarlo.
-Le han hechizado- tartamudeó- p-posiblemente unseptumsempra, pero jamás lo había visto...el contrahechizo...es difícil... ¡ni siquiera estoy segura de que sea eso, pero las marcas que tiene...puede ser!
-¡Inténtalo!- chilló Grace, demandante- ¡Si sigue perdiendo sangre se va a morir!
Rose sacó su varita y se inclinó hacia él. Su pelo y sus ropas comenzaron a mojarse, como las de Grace. Tomó aire, cerrando los ojos para concentrarse.
-Vulnera Sanentum...-varios tajos comenzaron a cerrar-Vulnera Sanentum...- de nuevo curaron más. Grace sostenía la cabeza de Scorpius, mirando las heridas atentamente.
Para cuando Albus y Ann interrumpieron en el vestuario, Rose acababa de parar todas las hemorragias.
-¿Qué ha pasado?- quiso saber Ann en seguida.
-Lo han hechizado- informó Josh, que como Grace, todavía no acababa de asimilar lo que está pasando- el hijo de puta de Scarbot. Estoy seguro.
El rostro de Ann se ensombreció, y solo Albus y Josh pudieron ver cómo algo no demasiado apaciguador cruzaba por el rostro de la chica. Sus ojos simplemente se tornaron azul oscuro. No ardió de furia, sino que mantenía una calma demasiado aterradora.
Se acercó a Rose, que temblaba aún del susto.
-Vamos a llevarlo a la enfermería- dijo, poniéndole la mano sobre el hombro. Por algún motivo, su tono de voz no parecía admitir discusión, y efectivamente nadie la discutió- allí podremos ayudar a que se ponga mejor. Yo me encargaré.
Albus fue quien lo llevó a manos de la señora Pomfrey y de Yem, que consternados y alertas observaron el cuerpo de Scorpius, todavía dando muestras de la brutal mutilación.
Ann no paraba de girar la cabeza hacia atrás, alterada.
-¿Dónde demonios está Harley?
-¡Fuera todos!- ordenó la señora Pomfrey- os haremos pasar cuando el señor Malfoy esté mejor...avisen a la Directora. Tiene que saber de este ataque inmediatamente.
-Yo me quedo- contraatacó Ann- Albus, encuentra a Harley, por favor.
-Nos vamos a ello- confirmó, mientras intentaba agarrar a Rose del brazo. Ella miraba a Scorpius consternada, pero al oír hablar de Harley se puso alerta, y comenzó a seguir a su primo.
-Avisadnos de cualquier cosa que ocurra- no olvidó decir- llevad los collares.
-Nosotros no vamos a irnos- discutió Grace.
Ann la miró, mientras Yem comenzaba a descamisar la poca tela del cuerpo del chico y Pomfrey comenzaba a mezclar pociones, con rapidez.
-Estará en las mejores manos. Lo peor para él ha pasado ya- miró a Josh, que parecía un poco más sereno- esperad fuera, de verdad que pronto podéis pasar.
Sus palabras tranquilizadoras parecían hacer un efecto milagroso.
Josh sacó a Grace, y ésta a regañadientes, no añadió nada más.
Rose y Albus encontraron a Harley con los demás alumnos, desorientado. Al verlos, los miró con cierto alivio y se acercó a ellos.
-¿¡Dónde demonios estabais!? ¿¡Y Ann!?
-Con Malfoy- contestó Albus- ha sido atacado en los vestuarios de Quidditch.
Harley abrió mucho los ojos. Al asegurarse de que él estaba bien, se encargó de dispersar con toda la rapidez que pudo a la multitud, en la que había unos cuantos alumnos más de los que el E.M estaba acostumbrado.
-¡Volved a vuestras cosas! ¡Ya está el asunto controlado!
Mil preguntas se le echaron encima.
-¡Rose!- Hugo y Clary se acercaron a ella, y la pelirroja desvió por instinto la atención hacia su hermano- ¿Qué ha pasado?- preguntó el chico, alterado.
Rose lo miró fijamente, procurando aparentar una calma que no sentía.
-Han atacado a Scorpius Malfoy.
Los que la oyeron soltaron exclamaciones de horror.
Un par de horas después, Yem resollaba un poco, del agotamiento y la tensión. Scorpius Malfoy tenía mucho mejor color que cuando había entrado por las puertas de la enfermería, y Ann Anderson descansaba a los pies de su cama, levemente consciente, pero demasiado agotada para moverse. Sujetaba la mano del chico y apoyaba la cabeza en la parte libre de la cama, mirando por la ventana. El chico no podía ver su rostro.
Pomfrey había ido a hablar con McGonnagall junto con Rose y Albus de lo ocurrido, mientras los amigos del atacado esperaban impacientes tras las puertas de la enfermería para poder verle.
-Deberías de hacerte Sanadora- comentó Yem, procurando sonar todo lo afable que pudo.
Ella tardó en contestar.
-No podría- dijo en voz tan baja que él se vio obligado a coger otra silla y a aproximarse a ella. Cuando vio su rostro, una lágrima caía por su mejilla, y sus ojos entrecerrados parecían demasiado vivos para su estado de agotamiento.
Él no dejó de mirarla, entre intrigado y preocupado.
-¿Por qué no?
Ann subió las cejas, sin moverse más allá de eso. Habló despacio.
-No quiero tener el poder de ayudar a la gente. Es agotador, y no me refiero a este estado en el que estoy ahora- suspiró- me refiero la responsabilidad- sus palabras cayeron como una pluma tirada desde un cuarto piso- siempre siento que mi poder me convierte en la responsable de todo lo malo que ocurre a mi alrededor.
Scorpius respiró profundamente, todavía en sueños.
-No tienes la culpa de que exista la maldad en el mundo- la consoló, y se inclinó más para mirarla- ya existía antes de ti, y seguirá existiendo después. Es inevitable.
Ann cerró los ojos.
-Yo nací para combatirlo- dijo, con un nudo en la garganta- el destino me eligió. No puede ser tan inevitable. Pero a veces...
-Lily...-murmuró Scorpius, en sueños- lo sss...
Yem se incorporó, de un salto.
-Está despertando- concluyó. Sin mediar otra palabra, agarró a Ann y la incorporó- descansa un poco. Él está muy bien ya. Quédate en una cama, los amigos de Scorpius no te molestarán.
Ann lo pensó un poco, pero finalmente se resistió.
-No. Quiero ir a mi cama. Voy a volver a la sala común...-informó, incorporándose y comenzando a andar.
-Ten cuidado. ¡Pídele a alguien que te acompañe!- sugirió.
-Estoy bien- dijo Ann con voz neutra.
Josh y Grace pasaron a ver a Scorpius, no sin que antes la miraran y solemnes le dieran las gracias. Ann apenas los escuchó. Apenas había escuchado a Yem, minutos atrás.
Algo oprimía su pecho, de manera angustiante. Una especie de...oscuridad, que no acababa de disiparse. Cada día era peor.
Anterior al ataque a Scorpius, o quizás durante esos precisos instantes, Ann estaba en la sala de los menesteres, justo donde se estaban empezando a reunir todos. Practicaba hechizos avanzados, como acostumbraba a hacer cuando Harley ensayaba para el coro y sus otros amigos estaban ocupados estudiando. No había uno que se le resistiera.
De pronto, algo muy extraño había pasado.
La varita había dejado de responderle. En su lugar, la magia salió de ella misma, de sus manos. De su interior. Sintió el poder del hechizo en sus venas, tal y como sentía el poder escapándose de ella cada vez que tenía que curar a alguien.
Se quedó maravillada, y a la vez aterrorizada. ¿Podría Sameor hacer algo como eso? ¿Podría conseguir controlar la magia sin varita? Para eso servían aquellos objetos, para canalizar magia. ¿Y si ella había dejado de necesitarlos?
Esos pensamientos y sentimientos se mezclaron con el corrosivo odio que la andaba recorriendo desde que había visto a Malfoy en las duchas, malherido y torturado. Scarbot, el peón de Sameor, estaba detrás de ello, no había ninguna duda. Recorrió los pasillos, cada vez con fuerzas más renovadas. Una voz cruel empezó a resonar en su cabeza.
"Tú podrías hacérselo pagar" "Mira lo fuerte que te has vuelto..." "Scarbot sufrirá, como sufrirá Sameor" "Él también..."
Ann. La débil Ann. Siempre haciendo lo correcto. Y perdiendo batallas, en consecuencia.
Scorpius había sufrido como su propio peón en aquella batalla, y Ann tenía claro quién sería el siguiente en sufrir: Harley. El odio siguió alimentándose dentro de ella. Recordó su enfrentamiento con el mago oscuro, como había visto ese rostro, tan parecido al de su amigo. Como él le había dicho que eran hermanos.
Se apoyó en una pared con una mano. La magia se arremolinaba dentro de ella.
"Harley es mío" había dicho aquel día. Con certeza y posesión.
Pero en aquel momento, su ambición se agrandó. Todos los que luchaban en su bando eran suyos.
Una vez más, no pudo controlarse, y los instintos la vencieron.
Algo tiró de ella, con fuerza. Se sintió como atravesando una estrecha tubería. Gritó. Pero a la vez, se sintió fuerte. Demasiado fuerte.
De pronto, su visión cambió. Las paredes eran todavía más oscuras, y un tinte verdoso las adoraba. Luces en movimiento. Lejos de preguntarse qué pasaba, porque en el fondo lo sabía, se giró hacia el lado en el que había oído a una persona soltar una risa socarrona.
Casi a las puertas de la sala común de Slytherin, Xantos Scarbot y sus amigos parecían demasiado satisfechos por algo.
-Ya no volverá a interponerse más en los planes del señor...traidor- insultó uno de los chicos.
El odio de Ann la obligó a mostrar su presencia, deprisa,
-¡Scarbot!
Todos se giraron para mirarla. Tras un par de segundos, algunos sacaron sus varitas.
Scarbot se limitó a observarla, pero Ann pudo ver el miedo en sus ojos. Pudo verse reflejada en ellos. Y se vio fuerte.
-Anderson- solo dijo él, en voz baja.
-Sé lo que le has hecho a Scorpius Malfoy- fue consciente de que unos cuantos retrocedían, asustados. Por fin, asustados de su poder. De ella. Su gozó aumentó. Siguió hablando. Fuerte. Segura- y sé por qué lo has hecho. Ha sido una mala idea- dictaminó.
Scarbot parecía por fin medio convencido de ello.
-Quiero que le digas a Sameor- ordenó, con voz clara e intimidante, que todos los presentes ignoraban que tuviera- que no va a volver a tocar a nadie más de los míos y- Scarbot comenzó a doblarse de dolor. Ann mantenía un puño cerrado, y apretado, con fuerza- y que si quiere pelea, estaré aquí, esperando a que venga a buscarla- Scarbot cayó al suelo, mientras los restantes empezaban a notar también un fuerte dolor en el pecho- y, en concreto, refiriéndome a ti- se acercó a él y se inclinó para mirarlo- toca a alguno de mis amigos, y te mataré- sonó tan real que el chico no se esforzó en esconder su expresión de terror y dolor- toca a alguien de Hogwarts, y te mataré- levantó la cabeza y miró al resto de presentes- haced algo de lo que ese mago oscuro os ordena, y no volveré a tener piedad de vosotros. Lo juro por mi madre.
Xantos no podía respirar, pero Ann lo miraba, impertérrita. Tendría el poder para matarlo. Era cuestión de segundos. Pararía su corazón. Él no era importante. Le molestaba.
-Por favor...-pareció que decía, arrastrándose por el suelo, pero en realidad era solo leves intentos de pronunciar esas dos palabras.
Solo entonces, cuando la vida se estuvo a punto de escapar de su cuerpo, Ann fue plenamente consciente de lo que estaba haciendo. Soltó su puño. Retrocedió. Xantos pareció volver a poder respirar con normalidad, por fin. Tosió repetidamente. Los demás también se fueron recuperando, y le ayudaron, temblando.
-¡Corred!- dijo alguien, detrás de los primeros.
Ella no pudo soportarlo más. Esta vez no se desapareció, cosa que estaba además de prohibida, incapacitada en Hogwarts. Nadie podría hacerlo, incluso aunque quisiera. Nadie excepto ella. Salió corriendo, horrorizada.
¿Qué era aquello que sentía? ¿Aquel odio, de dónde había salido? Ella no era así...corrió y corrió, aterrorizada. Salió huyendo del castillo, atravesando los pasillos, la puerta principal, los jardines...siguió corriendo, agotada, hasta llegar a los lindes del bosque prohibido.
Mareada, se apoyó en uno de los árboles, llorando. Estaba atardeciendo y el sol anaranjado iluminaba el claro del bosque. Ann se agarró a una rama, desesperada.
-No lo quiero...-murmuró aterrorizada- no soy capaz de manejarlo...
Se refería a su poder. Era demasiado. La destruiría, antes de empezar a controlarlo.
Una lágrima caía por su mejilla.
Se estaba volviendo como Sameor.
-¿Dónde está Ann?
-Posiblemente torturándose un poco por lo que ha pasado- respondió Rose, preocupada.
Harley comía con rapidez y abundantemente, de los nervios. Albus observaba a la mesa de Slytherin, atento. Acababa de tener su primera pelea con Christinne por ese motivo. La chica se empeñaba en pasar las veinticuatro horas con él. Eso tendría que esperar. No quería despistarse ni un poco. Tenía esa extraña sensación, ese mal cuerpo, esa premonición de que algo muy malo iba a suceder.
-Pues hay que buscarla- dijo Harley, con cierta ansia- es tarde para estar sola.
-Quizás esté con ese chico- comentó Rose, distraída. Eso atrajo por completo la atención de sus dos amigos- ya sabéis, el amigo de Victoire.
-¿El enfermero?
-Es aprendiz de Sanador- corrigió ella- y posiblemente llegue a medimago.
-Como sea- concluyó Harley- ¿por qué iba a estar con él?
Rose no supo qué responder.
-Solo digo que hay algo entre ellos...creo que la noche que nos pasó lo delveritantrumpasó algo.
-¿De qué estás hablando?- soltó Albus escandalizado.
-¡Oh, vamos, no me estaba refiriendo a eso! Decía que quizás...hayan hecho buenas migas. Eso es todo- concluyó, no muy segura.
Pero su primo ya no la escuchaba. Grace y Josh acababan de entrar en el gran comedor, de venir a ver a Scorpius. Albus se levantó un poco de la silla, y la siguió con la mirada, alerta. Rose y Harley se dieron cuenta de su reacción, y la pelirroja se giró para mirarlos.
-¿Alguien más ha notado que en la mesa faltan muchos Slytherins?
-Querrás decir Scarbot y sus amigos.
Harley masticó su trozo de tarta de fresa, con nerviosismo.
-Scarbot es un desgraciado- no pudo evitar soltar Rose- espero que McGonnagall lo expulse de este colegio cuanto antes.
-Lo dudo- rebatió Albus- es posible que Scorpius no recuerde quién lo atacó. Además, estamos casi a final de curso, y en séptimo empiezan antes los finales. Le dejarán quedarse, como le dejaron a Michael Samdon.
-No es justo- se quejó Rose- ¡no pudo haber sido otro! ¡Da igual que Scorpius acabe recordando o no!
-Es lo que ha dicho McGonnagall- concluyó Albus- si no lo recuerda...no hay pruebas.
Ann no aparecía. Los minutos sin ella se fueron convirtiendo en horas. En la Sala Común, ya pasada la hora de acostarse, Harley paseaba nervioso enfrente de la chimenea, mientras Rose y Albus fruncían el ceño, preocupados.
-Se acabó- decidió Harley- voy a buscarla- tosió un poco
-¿Seguro que estás bien?- preguntó Rose. Harley llevaba un par de horas quejándose de una dificultad para respirar que no era nada común en él.
-Estoy bien- mintió un poco- pero hay que salir a buscarla.
-Vale- aceptó Al- pero los tres. Juntos. No hay discusión- se adelantó, ya que su amigo había vuelto a abrir la boca para decir algo.
-Busquemos en la enfermería.
La Señora Pomfrey decidió que ella se iría a dormir la primera parte de la noche. Yem debía encargarse de cubrir el primer turno, vigilando a Scorpius y estar pendiente de que, a la hora pactada, despertaría a su tutora.
Mientras, la noche era larga y él no tenía mucho que hacer.
Extendidos en la mesa del despacho, tenía las historias médicas de varios alumnos, que hacía meses Victoire se había encargado de ordenar, como tarea de sus prácticas. Yem ojeó alguno con una leve sonrisa: estaban perfectamente colocados, todo en su sitio. Vic era mucho más ordenada que él. Llegó un momento, pasada una o dos horas desde su turno, que sus manos chocaron con una historia médica que iluminó los ojos de Yem.
"Ann Anderson"
Se incorporó un poco de su asiento, y bebió las palabras de aquellas hojas, casi ansioso. Sus ojos verdes brillantes se movían con rapidez, conociendo a Ann, y a sus estancias en la enfermería.
-Don de la curación...-leyó Yem, interesado, entre unas pocas líneas.
Había cosas que faltaban. Cosas como el poder que conectaba a Ann con animales y criaturas mágicas.
-Tercer año:...- leyó- ¿posible mordedura de hombre lobo?- se extrañó- resultado: negativo- Cuarto año: no cursado- recordó haber leído el nombre de la chica en los periódicos: ella era la campeona de Hogwarts en Beauxbatons. Claro, tenía que ser ella.
De pronto, algo le llamó la atención. Retrocedió en el tiempo.
Yem cumpliría veintitrés a finales de año. Para cuando Ann tenía once, y entraba en su primer año de Hogwarts.
Ellos se llevaban cinco años, casi seis. Lo que implicaba que...
El chico se quedó de piedra.
-Ella no podía verme.
El hechizo que protegía la verdadera apariencia de Yem había funcionado igual de bien siempre. Con once años, Ann podía haberlo burlado, tal y como le pasaba ahora...¿significaba eso que los poderes de la chica eran capaces de aumentar?
Sus ensoñaciones fueron interrumpidas bruscamente.
-Ann no está aquí, ¿verdad?
El chico casi se cae de la silla. Intentó tapar las historias como pudo, como si hubiera sido sorprendido haciendo algo malo.
Rose, Harley y Albus estaban en la puerta, con expresión de angustia.
-¿Ann Anderson?- preguntó, fingiendo que le quedaba una ligera duda sobre de quién hablaban- naturalmente que no. ¡Vosotros sí que no deberíais estar aquí!
-Ha desaparecido-le informó Rose. Sus amigos la miraron, como queriendo gritarle que no debería haber hablado tanto- hace horas.
Yem se incorporó rápido. Ellos le dejaron pasar al corredor donde estaban las camas.
-Señor Malfoy- comenzó a llamar, mientras se dirigía hacia él- intuyo que Ann no ha estado aquí, ¿verdad?
El muchacho lo miró, somnoliento.
-Y si hubiera estado- dijo Scorpius con voz débil, no me habría enterado.
Yem ya lo suponía. Había buscado una excusa para mirar por la ventana. Hacia el bosque prohibido.
-Nos vamos a buscarla- anunció Harley, decidido. Los tres ya se daban la vuelta.
-No- soltó el Sanador, de pronto.
Albus parecía más cabreado todavía que Harley. Se giró, en un abrir y cerrar de ojos.
-¿Cómo qué no?
Yem miró a Rose. La chica lo miraba, inquisitiva.
-Señorita Weasley, voy a tener que pedirle que se quede aquí con Scorpius. A no ser que prefiera avisar a Pomfrey de todo esto. Es libre de hacer cualquiera de las dos
-¿Por qué ibas a querer tú buscar a Ann?- exigió saber Harley. Parecía molesto por algo, no solo por Yem.
-No es que quiera buscarla. Es que seré capaz de encontrarla.
-¿Cómo sabes dónde está?- preguntó Albus.
-Vais a tener que confiar en mí.
-Adivina qué-ironizó Harley- no nos da la gana.
Rose pareció dudar.
-Harley, Ann confía en él...
-Lo que tiene con él no se llama confianza- replicó.
Yem se hartó.
-O hacéis lo que yo digo y seguimos mi plan- sobornó, mirando a Albus- o le diré a McGonnagall tu secreto. Y creo que sabemos que ello implicará tu expulsión, tal vez cosas peores ante el Ministerio.
Los tres palidecieron. ¿Se referiría al hecho de que Albus era un animago no registrado? ¿Cómo podía él saberlo?
-Acabo de revisar tu historial médico...pareces un chico corriente. Faltan un par de datos en ese papel. ¿No es eso ilegal?
-Albus- lo llamó Rose, nerviosa- por favor, haz lo que te dice.
-No me puedo creer que Ann se lo haya dicho...-murmuró Albus, incrédulo.
Harley agarró a Rose del brazo. Parecía que le costaba respirar.
-Rose...
-No te preocupes más por él- le dijo ella- Encontradla.
Se miraron un par de segundos. Después, acudió al encuentro de Scorpius, no sin antes cruzar una mirada con Yem, que fue de todo menos amistosa.
-Más te vale no desaprovechar nuestra confianza.
Él asintió.
Ann tenía frío. Caminaba sin rumbo aparente, por el frondoso bosque. La presencia de cada criatura inundaba cada poro de su cuerpo. Pero todos parecían ocultarse de ella. Llevada por la rabia, o la impotencia, gritó.
-¡Atlas! ¡¿Qué se supone que haces poniendo a todas las criaturas en mi contra!? ¡He venido a buscar ayuda! ¡¿No es eso lo que yo os he dado siempre que me lo habéis pedido!?- proclamó a gritos, esta vez dirigiéndose a toda criatura, centauro, acromántula, unicornio o hipogrifo que pudiera escucharla- ¿¡Por qué tenéis miedo!?
Se derrumbó de nuevo. Ella sí que tenía miedo. Miedo de sí misma. No podía volver al castillo. Llevada por sus impulsos, podría herir a alguien de nuevo.
Quiso que alguien la ayudara. No podía más.
Escuchó una voz en su cabeza.
"Ann..."
Su corazón dio un vuelco.
"Ann, ¿Dónde estás?"-preguntó la voz.
"Vete"
La sorpresa por escuchar la voz de Yem en su interior fue aplacada por el rechazo que sentía por acercarse de nuevo a alguien.
Los pensamientos brotaban de ella, sin que pudiera controlarlos. Siempre había podido hablar con animales, pero siempre había podido controlar lo que quería decir. En aquellos momentos, aquella conexión estaba a otro nivel. No podría frenar la expresión de lo que sentía.
"Casi mato a alguien hoy. A Scarbot. No me he reconocido. Estaba furiosa..."- cerró los ojos, odiándose-"¡casi le aplasto el corazón! Solo tuve que desearlo..." "Mis poderes crecen y no soy capaz de controlarlos"
"Lo sé- voz sonaba cada vez más cercana-déjame ayudarte"
"Nadie puede"-luchó ella-"Vete y olvida que existo" "No quiero implicarte"
Una rama crujió a sus espaldas, y se giró, sobresaltada.
Los ojos verdes de Yem brillaban con luz propia. De alguna manera, había sido capaz de encontrarla.
"Hacer el bien no significa no tener maldad ni ira. Significa tener el suficiente coraje de apartarlos a un lado. Tienes razón. No hay solo luz en tus ojos. Pero quizás haya llegado el momento de tu decisión. Y sabes que escoges el bien. No por tu destino, ni por una profecía. Sino por ti misma"
Ann no pudo decir nada más.
-¡Está aquí!- grito Harley, tras ellos. Parecía hablar con alguien. La figura de Albus apareció a unos metros- ¡Ann!- echó a correr, para llegar junto a ella, y la abrazó, sin delicadeza. Ella se dejó envolver, estallando en sozollos. Yem y Albus los contemplaban.
-Lo siento...-dijo, con las lágrirmas mojando el jersey de su amigo. Se abrazó a él. - Yo...
-Estás bien- solo respondió él.
Yem escuchó una ligera sibilancia.
Llegaron a la enfermería cuando Yem ya llevaba un par de horas del turno de Pomfrey despierto. Ni rastro de la enfermera. Dormía como un tronco.
Al ver a Ann, Rose corrió a abrazarla. Ann le devolvió el abrazo.
-Merlín, qué susto Ann- maldijo.
-Lo siento- se disculpó de nuevo Ann- ¿Malfoy? ¿Estás bien?- preguntó, desviando su atención.
Scorpius, medio atontado en su cama, respondió.
-Confuso. Me desmemorizaron. No recuerdo nada de lo que me pasó. Aunque a judgar por la preocupación de todos...creo que casi es mejor así. Sé que ha sido Scarbot por descarte, pero no puedo acusarlo sin acordarme. Puede ser que no haya sido él.
-Scarbot no volverá a molestarte- le dijo Ann- no me siento orgullosa de lo que he hecho, pero...ni a él ni a sus amigos les van a quedar ganas de hacerte algo. Te lo juro. Digamos que les he dado bastante miedo.
Él no dijo nada, pero pareció relajarse un poco.
Yem se dio cuenta de que Harley lo miraba, y se giró hacia él. El chico no tenía muy buena cara, y se doblaba, ligeramente. El Sanador le hizo una pequeña seña, hacia su despacho. Harley lo obedeció, después de pensárselo. Ninguno de los presentes preguntó nada y Scorpius consideró oportuno ser discreto también.
-¿Qué te pasa?- murmuró Yem, cuando ya no podían ser escuchados.
-No me siento bien.
-¿Crees que es...
-No, no lo estás entendiendo. No me encuentro bien. Cuando me da un..."brote", no es la misma sensación de ahora. El dolor del brote es un dolor insoportable. Y ahora es...
-Te cuesta respirar- completó Yem.
-Sí. Eso y dolor...estomacal. No sé. No me siento bien.
Observó cómo su pecho subía y bajaba con cierta dificultad.
-Pero estoy mejor ahora- añadió.
-¿Has hecho algo hoy a lo que puedas echarle la culpa?
-Está la desaparición de Ann- contestó- pero no creo que sea por eso.
-No- coincidió Yem, pensativo- ¿Qué has cenado?
-El pastel de carne...bastante abundante, patatas, zanahoria...tarta de fresa de postre. Con zumo de calabaza y...pan.
Yem asintió.
-Vamos a hacer una cosa. Lo vigilarás estas próximas horas. Si ves que te encuentras peor, avísame. Y no te preocupes más.
Harley pareció dudar, pero finalmente no dijo nada más.
-Deberíamos de irnos a dormir, incluido yo- dijo Yem, una vez se reunieron con los demás.
Todos estuvieron de acuerdo.
Al día siguiente, como si nada hubiera pasado, Pomfrey leía cómo hacer la nueva poción contra la urticaria canadiense, mientras Yem se debatía entre contarle o no contarle a su tutora ciertas cosas que lo inquietaban.
Por lo visto, a Pomfrey también lo inquietaban ciertas cosas.
-Hoy te he visto a la hora del desayuno.
Yem se tensó.
-Con Anderson. Parece que sois muy cercanos.
-No somos cercanos- negó Yem- solo preguntaba por el estado de Scorpius Malfoy. Solo eso- se puso nervioso.
La anciana lo miró durante unos segundos. Finalmente, suspiró, como si no quisiera realmente decir lo que dijo.
-Yemhal Naints- lo llamó- tu expediente tanto en Hogwarts como en la escuela sanitaria mágica es brillante. Podrás ser...lo que te propongas. Pero si alguien descubre alguna...digamos, conducta inapropiada a lo largo de tu carrera...chico, ¿realmente quieres echarlo todo a perder?
-¿A qué se refiere?- preguntó Yem, escandalizado.
-Estás interesado en esa chica- dijo Pomfrey- lo veo yo, lo nota el profesorado...no podré taparte con la directora si sigue así...
-Mi interés por Ann es puramente científico- aseguró Yem.
-Tú no eres capaz de notar cómo la miras.
El chico empezó a alterarse.
-En el caso de que eso fuera verdad...está a días de cumplir los diecisiete. No sería para nada inapropiado, o ilegal. O como lo quiera llamar.
-¿Cómo sabes la edad exacta de esa muchacha?- preguntó, mosqueada.
-¡Lo vi esta noche en las historias! ¡Estaba aburrido! ¡Toda la noche despierto...
-¿Y por eso me despertaste tres horas más tarde de lo que me tocaba?
Yem apretó la mandíbula.
-Mira, sé que ella no es como cualquier chica de dieciséis, diecisiete años, lo que quieras. Que no da la impresión cuando habla de ser tan joven. Pero...te aconsejo esperar al verano. No juegues con fuego en los muros del castillo, mientras tú seas el enfermero y ella sea una alumna.
Él aguantó la reprimenda, con la mandíbula.
-No te enfades conmigo- pidió cuando el chico ya salía del despacho- sé que si sientes algo por ella, no es nada indecente ni poco fundamentado- Yem escuchó, mientras sus propios sentimientos se mezclaban con las palabras- pero...espero que sepas bien dónde te metes.
Silencio.
El aprendiz salió de la enfermería, donde Grace Wilson y Josh Wracen hacían compañía al enfermo y justo cuando salía, levemente cabreado, chocó con Harley.
Inmediatamente, olvidó sus problemas.
-¡Hola!- saludó- ¿Tú dolor continúa?
Harley le saludó negando.
-Estoy bien de nuevo.
-No he podido dormir hoy- escupió Yem. Estaba enfadado con ciertas actitudes. A Pomfrey se le escapaban ciertas cosas que ocurrían, y confundía otras- después de que os fuerais, estuve estudiando tu historial.
Caminaron hacia un rincón donde nadie podría escucharlos.
-Qué ilusión- ironizó Harley- ¡Ahora lo sabes todo sobre mí!
-No seas ingenuo. Tu historial fue lo primero que Vic y yo estudiamos al entrar aquí. Pero lo revisé. Y he observado algo que seguramente a ti también te haya llamado la atención.
Él no respondió y esperó a escuchar lo que Yem quería decir.
Él aprendiz tomó aire.
-Los brotes de tu enfermedad...-separó las manos, que había mantenido juntas- se están espaciando. Cada vez más. ¿Cuándo fue la última vez?
El chico pareció pensarlo.
-Hace bastante- admitió.
-Demasiado para ser "normal"- confirmó Yem- he tenido a mi cargo a Emily Stump, tú la conoces. Ha tenido prácticamente durante toda su vida intervalos entre brotes tan cortos como debían de ser los tuyos con cinco años. Si solo mejoró con trasfusiones de tu sangre... ¿No te parece que eso quiere decir algo?
-Yo nunca fui como Emily. Mi enfermedad también me protegía de otras enfermedades. Me hizo, me hace fuerte. Fisicamente.
-¡Hasta ayer! Los síntomas que presentabas...podría ser una reacción de leve hipersensibilidad. Tus brotes se espacian cada vez más, y comienzas a sufrir dolencias normales- alzó las cejas.
Harley se quedó de piedra, durante unos segundos eternos.
-¿Estás queriendo decir lo que creo que quieres decir?
-Es importante que comprendas que es solo una teoría.
-¿Me estoy curando?
-Solo una teoría.
Harley tragó saliva.
-Jamás en mi vida me habría planteado la posibilidad de curarme- admitió. Comenzó a pensar- ¿crees que guarda relación con lo que ocurre con Ann? ¿Ella aumenta su poder y yo...me curo? ¿Crees que es Ann la que me está curando?- bombardeó a preguntas.
Yem frunció el ceño.
-Contemplaba más la posibilidad de que te curaras por ti mismo. ¿Qué te lleva a pensar en Ann?
-Ella no sabe esto- confió- pero creo que sin ser consciente nos hechizó a Rose Weasley y a mí. El hechizo sobre ella ya ha desaparecido. Si me ha hechizado...también quizás pueda curarme.
Él suspiró, agotado. Todos los caminos llevaban a Ann.
-Y entonces Charlotte dijo que no podía ser que ocupara toda su "zona" para mis cosas- siguió Christinne. Albus hacía ya tiempo que se había perdido, y no se esforzaba mucho por ocultarlo- y me sorprendió ¿sabes?- Albus asintió, despacio- ¡ella no suele pronunciar palabra! ¿Qué mosca le habrá picado?
-Simplemente estaría molesta contigo, sin más.
-¿Sin más? Albus, ¿Me estás prestando atención?
Él empezó a prestarle en ese momento real atención.
-No voy a hablar mal de Charlotte. Ella me cae bien, es una buena chica. Si alguien te cae a ti mal... ¿no puedes simplemente decir por qué te cae mal y punto? Tiene que haber una razón específica.
-¡Ella nunca ha querido ser mi amiga!
Albus contempló cómo Harley se sentaba con el sitio desocupado que estaba al lado de Rose, levemente animado, como comiéndose algo para sí.
-¡Eso no es verdad!- pudo contestarle- ¡tú siempre te estás metiendo con ella! ¡O al menos hasta hace un par de años!
-¡Yo siempre fui sincera con ella! ¿Qué pasa, que ahora está mal ser sincera? Porque en ser sincera Wilson se lleva la palma y no veo que te moleste en absoluto.
Al rodó los ojos. Desde hacía unos días, últimamente su novia sacaba a Grace hasta de tema de conversación con la ducha, estaba convencido.
-¿Por qué me hablas tanto de Grace? Ya te he dicho que no hay nada entre ella y yo...
Christinne pareció estallar.
-¡Ella no piensa lo mismo! ¡Tiene un...maquiavélico plan para que te fijes en ella!
-Eso no tiene ni pies ni cabeza, Chris. Lo sabes- le reprochó.
Ella no añadió nada más. Ya había hablado demasiado.
A Albus no le había parecido del todo mala idea comenzar a salir con ella. Rose le había aconsejado salir con otras, y aunque hubiera preferido a muchas otras antes, sabía que en cuanto le diera un poco de coba conseguiría ser su novio en seguida. Una inyección rápida para matar a Grace en él. Y al principio había sido divertido: los besos eran apasionados, entretenidos. Nada que ver con Ann, la única chica con la que había salido: su relación había sido mucho más casta y sus besos destilaban amistad.
El problema estaba en que los cien besos de Christinne no le hacían olvidar el único de Grace. Mataría por solo otro más. Aquello había sido real. Excitante y sincero, brusco pero lleno de amor. Justo como era Grace. Los besos que no diera ella...estaban vacíos en comparación.
Al menos ahora podrían ser amigos. Albus, después de estar a punto de perderla por completo, aquello le parecía un regalo.
Y de momento...aunque fuera levemente cruel, tenía a Christinne.
La besó en la mejilla, apaciguador. Y eso fue suficiente para ablandarla.
-No sé si deberíamos sentarnos juntos- saludó Rose, sin mirarlo directamente a los ojos.
-Scarbot ya no puede herir a Scorpius. Lamento mucho lo que le pasó, pero ahora soy libre de hablar contigo, si quiero. Nadie nos va a molestar. Además de alguna que otra habladuría, claro.
Ella negó.
-No es eso. Me refería más a...tu problema conmigo.
-Oh, eso- cayó él- bueno...ahora mismo estoy bien.
"Y más que lo estaré" no pudo evitar pensar.
Rose se atrevió a escrutarlo.
-¿En serio estás bien? Estás como...raro.
Harley supuso que su dicha se le escapaba de cada poro.
-Me alegro de que al final todos estemos bien- solo dijo- es decir, nos ha costado, pero...parece que todo empieza a ir bien ¿no?
Rose pareció dudar.
-No sé si yo tengo esa impresión.
Lo miró a los ojos. Desprendían tanta emoción que apabullaron a la chica unos instantes.
-¿Harley?
-Yo siempre te he envidiado- confesó.
-¿Cómo?
-Cuando te conocí- comenzó- no me caíste bien. ¡Pero era porque te envidiaba! Tú lo tenías todo. Padres que te querían, un hermano, una familia muy numerosa, y todos te querían. Habías recibido todo lo que necesitabas, y casi todo lo que habrías pedido. Para mí, eras perfecta- confesó. Rose boqueó- y te envidaba tanto...y me enfadabas, porque siempre querías más. Las notas perfectas, colocarte en la postura perfecta...desde mi punto de vista, tú ya lo tenías todo. Y poco después de conocerte, supe que tenías celos de mí, por Ann, porque tenías miedo de que yo la acaparara por completo. ¿Cómo pudiste creer eso? Merlín, conseguiste cabrearme muchas veces.
-Yo no podía saber cuánto habías sufrido. Pensé que eras un niño mimado y consentido.
-¿Empecé a gustarte cuando me conociste mejor?
A Rose le impactó la pregunta, pero supuso que tendría que acostumbrarse a que todas las conversaciones que mantuvieran acabaran llevándolos a ese punto.
-Me gustaste desde que nos peleamos en el tren, la primera vez que te vi.
-Eso es imposible-negó él.
-Conocerte solo me hizo que me gustarás. Y cada día fue a más.
Él no dijo nada.
-Ya que tú has hecho tantas preguntas... ¿puedo hacerte yo una? Si tanto me odiabas... ¿Cuándo empecé a gustarte yo?
-Todo se trataba de un error.
Rose estaba deseando que el profesor Binns no llegara jamás.
-¿Qué era un error?
-Tenía que darme cuenta de que no te envidiaba a ti. Sino a la gente que te rodeaba. Me hiciste algo tuyo con tanta naturalidad- tragó saliva- no estaba acostumbrado.
A la chica le brillaban los ojos. Procuró no hablar muy alto cuando pronunció la pregunta que proclamaba salir de su interior.
-¿Esta es tu curiosa forma de decir que me quieres?
Una sombra apareció por el rostro del chico, y Rose quiso arrancársela como si se tratara de una camisa.
-Yo...
-El cumpleaños de Ann- soltó Rose-quedan días. Dímelo en el cumpleaños de Ann. Lo que hayas decidido.
-¿Tú no me esperarías? Dijiste que lo harías- casi reprochó.
-Siempre voy a esperarte. Pero no puedo vivir así. Si tú no quieres quererme...entonces yo tengo que procurar tener una vida con otra persona. Pero sí. No voy a dejar de...-le seguía costando abrirse tanto a él- quererte. Pero al menos tengo derecho a fingir que no lo hago. No puedo estar cada día pendiente de si has cambiado de opinión. No es justo.
Harley seguía teniendo muy presente su conversación con Yem. La esperanza había comenzado a latir en él.
-El cumpleaños de Ann.
