Rose se levantó agotada aquella mañana. El cansancio con el paso de los días se acrecentaba, le costaba dormir por las noches. Cuando intentaba dejar de tomar la poción de dormir sin soñar, las pesadillas volvían a ella como si solo hubieran estado esperando ocultas bajo su cama a encontrarla indefensa. En algunos de aquellos sueños, pasaban cosas que hacía que se despertara gritando de puro terror. En el de aquella noche Ann despertaba siendo como Sameor, y con una maldición asesina acababa con Harley. Y ella estaba allí inmóvil, no podía moverse, solo presenciar el horror.

Eran las cinco de la mañana. Muy pronto, pero supo en seguida que no se volvería a dormir. Albus dormitaba en la cama de al lado. Suspiró y se levantó despacio, sin hacer ruido. Bajó a la cocina y se preparó un té, mientras abría el libro que ahora pertenecía a Ann, estuviera donde estuviera ella. Lo había leído mil veces por lo menos, pero seguía descubriendo que su memoria olvidaba ciertas frases. Solo cuando oyó el crujido de la madera del suelo del pasillo, levantó la mirada.

Yem asomó la cabeza despeinada en la cocina.

-He olido el desayuno- saludó, como excusándose.

Rose se tensó un poco, pero procuró sonar todo lo amable que pudo.

-Pasa. Buenos días.

En silencio, se hundieron cada uno en su propio mundo, aunque ambos estaban pensando prácticamente en lo mismo. Al cabo de un rato largo, Yem suspiró. Tomó aire para comenzar su confesión.

-He hecho algo que a lo mejor tú y Albus no aprobáis del todo.

Se levantó ante la incrédula mirada de Rose, y regresó al cabo de un tiempo con un cuaderno que la pelirroja conocía muy bien.

-Los dibujos de Ann- musitó. De pronto, recordó algo, y saltó de su asiento a pesar del sueño- ¡estaban protegidos por un candado mágico!

Notó cómo Yem se ruborizaba levemente.

-No era un hechizo particularmente potente- se excusó- sobretodo después de...bueno, ya sabes. De lo que le ha pasado a su magia.

Le mostró tímido los dibujos de Ann. Casi todos eran de Harley, de Andrew...en fin, ya eran la misma persona.

-Este es de cuando era niño- se sorprendió Rose- ¿cómo es posible?

Un niño de ojos azules y mirada triste la miraba desde un paisaje de árboles verdes y espesos.

-No es la primera vez que Ann es capaz de ver más allá de las apariencias.

Rose había sido la tercera chica en descubrir la verdadera apariencia de Yem, y la segunda que el chico había elegido, ya que Ann lo había descubierto ella sola. Atónita, había escuchado el relato de Yem. El chico no confiaba demasiado en Albus. Era consciente de que sus palabras convencían al que las escuchara, y no estaba seguro de querer fiarse de un cautivador inseguro. En cambio, la mejor amiga de Ann era más real. Y siempre podías fiarte más de las mujeres.

Rose siguió contemplando los dibujos, deteniéndose en el que Rose y Harley se miraban a los ojos, sentados en la cama que estaba justo encima de sus cabezas ahora mismo. La chica bajó exasperada el dibujo.

-¿Cuánto tiempo?- preguntó a la nada- ¡esto podría ser hoy mismo!

El chico asintió, cómplice.

-Al menos sabemos que pasará- la consoló, y a él mismo.

Inspiró hondo, pero se interrumpió súbitamente, levantando la ceja.

Era el último dibujo de Ann, supuso, ya que no estaba del todo acabado. Solo salía Andrew. Lo contempló, con esa expresión de desconcierto en su mirada.

-Este lugar...

Yem se incorporó para verlo también.

-Parece una habitación muy pequeña- comentó, con desagrado- qué agobio. ¿Cuándo ha estado o estará Harley en una situación así?

-No es nada de eso- contradijo, todavía más desconcertada- Yem ¡es una playa!

El chico la miró como si se hubiera vuelto loca.

-¿Estamos viendo el mismo dibujo?- se burló.

Rose cayó en la cuenta.

-No. No estamos viendo el mismo dibujo.

Victoire Weasley se apareció poco después en el linde de la casa, y su prima y su amigo estaban allí con el dibujo, demandando su atención sin ni siquiera saludarle.

-¿Qué ves?- preguntó Rose.

Vic boqueó ante la bienvenida. Miró la hoja del cuaderno.

-Es Harley- contestó.

-Ya pero, ¿dónde está?- insistió.

-En el bosque prohibido, diría yo- la expresión de terror lo dijo todo.

-Cada persona ve una localización diferente- concluyó Rose- recuerdo este sitio- siguió contando, mientras entraban en la casa- soñé con él una vez, con la playa que yo veo en este dibujo. Harley estaba allí, con el aspecto de Andrew- aclaró- decía...

-Lo has contado- le cortó Yem. No hacía falta de nuevo esa explicación.

-¡Y luego Ann dibuja esto! ¡No podéis seguir insistiendo en que solo fue un sueño!

Los otros dos no parecían saber qué decir. Rose en cambio, se sentía más activa y pensante que nunca.

-Todo funciona mediante magia...-solo fue capaz de decir en voz alta- y toda la magia procede de Ann- mostró el dibujo como para afirmarlo- pero están inconscientes...

Los retazos de su sueño con Harley que había olvidado acudieron a su mente, revividos por la desesperación.

-Enseñarme cómo salvarle...-murmuró. No se dio cuenta, pero llevaba un tiempo murmurando como una loca.

-¿Rose?- se asustó Victoire.

Pareció reaccionar.

-Ann está inconsciente- afirmó- pero aún hay algo que sigue haciendo. La magia sigue funcionando.

Yem fue el primero en salir corriendo detrás de Rose. La pelirroja siguió su carrera e ignoró a Albus, que bajaba las escaleras todavía en pijama.

-He oído ruidos... ¡eh!- exclamó, cuando su prima lo empujó levemente.

Entró en la habitación de los hermanos Anderson y con menor brusquedad, pero sin detenerse, se subió a la cama hasta que las manos unidas de los chicos quedaron bajo su vista. Los Sanadores habían comprobado que no era posible separarlos.

-Yo puedo- se convenció, en voz baja.

Lo intentó con sus propias manos. Al principio solo hizo el ridículo. Parecía imposible. Probó a unir su mano con las otras dos. Nada pasó. Cerró los ojos. No podía ser de nuevo otro fracaso. Empezó a sentir ese chispazo insoportable que todos sentían al tocar ese punto de unión, pero se aguantó el dolor, apretando mucho los dientes para no gritar.

-¡Rose, ¿Qué demonios estás haciendo?!- le gritó Yem en el umbral.

Pero el dolor la cegó y la volvió sorda. Su cuerpo inerte cayó sobre Ann y Harley.

La cama se transformó en arena fina y la brisa empezó a correr, como si alguien hubiera abierto la ventana. Se sintió muy ligera, como si no pesara ni un gramo. Se levantó, como si hubiera aterrizado en una nube y ella fuera de algodón.

Si tuviera su corazón con ella, palpitaría desenfrenado.

"Estoy aquí"

Sonrió cuando se vio en su sueño de hacía meses. El mismo lugar. Ahora era capaz de recordarlo con total claridad. Ahora lo estaba viviendo de verdad. No era un sueño. Aunque parecía incluso mucho más irreal. Contempló el mar, casi blanquecino, ya que el cielo era blanco como si fuera una pared. La arena era también muy clara. Era una playa sin fin, intentó mirar más allá de ella en el lado contrario al mar, pero solo había más playa y, al final, en el horizonte, una negrura que le heló la sangre (si es que tenía cuerpo)

Una voz acarició su alma, por un segundo, vacilante.

-¿Rose?

Se giró. Andrew Anderson la miraba sorprendido de tener compañía en aquel solitario y desierto lugar.

De tener ojos, se le habrían llenado de lágrimas.

-¿Harley? ¿Eres tú?

-¿Y eres tú Rose?

No lo podía creer. De alguna manera, había conseguido encontrarlo.

Asintió fervientemente y corrió a su encuentro.

Cuando se abrazaron, no sintió el contacto físico, pero sí sintió cómo se llenaba de bienestar.

-Me habéis hecho tanta falta- le dijo Rose, sin poder contener la emoción- ¿Dónde está Ann? Tengo que sacaros de aquí.

-Estoy solo- confesó Harley- siempre he estado aquí solo- por el tono en el que lo dijo, no le cupo duda de que así había sido.

-Pero...- se desconcertó Rose.

Recordó que en su sueño solo salvaba a Harley, no a Ann. Y luego el dibujo de la chica...

Una teoría se hizo hueco en su cabeza.

-Ann es esto, ¿verdad?- preguntó, dirigiendo su vista a todas partes- estamos dentro de su cabeza.

Harley tragó saliva.

-Era una posibilidad que barajaba. ¿Cuántos días llevo aquí?- preguntó. Necesitaba saberlo ya.

-Casi dos meses- contestó con gravedad, tras una pausa.

Él suspiró.

-El tiempo ha pasado de la misma forma.

-Hace meses, más tiempo-aclaró- soñé contigo, con este sitio- explicó- me dijiste que tenías que enseñarme cómo salvarte. Sé que no tiene mucho sentido...

Harley frunció el ceño.

-Eso no ha pasado jamás.

-¡Pero el caso es que sé cómo sacarte de aquí! Tenemos que meternos en el agua. Cuando nos ahoguemos, habremos salido de aquí. No sé cómo, pero tú mismo me lo contaste.

-Rose, aquí el único agua que hay está a metros del suelo- contestó.

-¿Dónde estamos para ti?- interrogó.

-¿Para mí?

-Para mí estamos en una playa. Cuando era niña fui a casa de mi tio Bill- comenzó a relatar- estábamos todos jugando en la arena, y acabaron tentándose a ver quién se metía más profundo en el agua. Era una cosa entre Victoire, Roxanne, Teddy y James y Louis, pero yo los estaba escuchando, y quería demostrar que podía dar más. No había adultos demasiado cerca y nadie se dio cuenta. Para cuando me metí mucho en el mar, perdí el control, no sabía nadar, y los nervios me pudieron. Papá me sacó entre gritos de desesperación, pero yo estaba teniendo un ataque de pánico brutal y apenas oía nada. He tenido miedo al agua desde entonces- concluyó.

Harley, que había escuchado el relato atentamente, tardó en hablar.

-Estamos en un acantilado- explicó, despacio- y no podemos marcharnos a pie, porque más allá hay un vacío negro y no quiero probar a llegar hasta él. Siempre me han dado mucho miedo las alturas, pero en especial desde que tuve una crisis mágica cuando tenía cinco años, un poco antes de que mi madre...mi supuesta madre- se corrigió- se marchara. Oí decir a mi falso padre que me tiraría por el acantilado más cercano si seguía dándoles tantos problemas. Creí que lo decía en serio.

Rose miró al mar.

-Tienes que saltar, Harley. Es la única manera de salir de aquí.

Harley negó, asustado. Nunca lo había sentido tan frágil.

-No puedo- dijo, con un hilo de voz.

Ella tampoco se veía capaz de meterse en el agua. Una cosa era soñar que se ahogaba y otra, meterse en el mar y ahogarse de verdad.

"Esto tampoco va a ser real, aunque se vaya a sentir como si lo fuera"

-Lo haremos juntos- lo tomó de la mano. De nuevo sintió esa emoción. Harley también lo sintió. Llevaba solo tanto tiempo...cerró los ojos.

Rose dejó que él diera el primer paso.

El agua mojó sus pies.

-Nos estamos acercando al borde- informó Harley, temblando. Avanzaron. El agua ya les llegaba por los muslos. Rose también temblaba.

-No me sueltes- pidió, mientras se pegaba lo más posible a él y avanzaban todavía más. Él negó. El agua estaba helada. Se enrolló en el delgado nuevo cuerpo de Harley. Él, que era unos centímetros más bajo, apenas hacía pie. Ambos respiraban irregularme.

-Cuando tú digas- balbuceó.

Rose lo abrazó todavía más.

-Ahora- pronunció.

Chilló. Sus miedos se fusionaron, y se vio cayendo metros y metros. Quería gritar, pero el agua se metió por su garganta, y se hundía en el océano, que de pronto se había vuelto salvaje y vivo, como en una tempestad. No se soltaban. Rose intentó desesperadamente llevarlos a la superficie, pero era imposible. Habían caído desde muy alto. Se hundían. Se hundían. Se ahogaban.

Hasta que consiguió respirar por fin.

-¡Rose!- le chilló Victoire justo al oído, mientras Albus la zarandeaba. Cuando empezó a reaccionar, sus primos se quedaron helados por un segundo. Pero ella ya sabía lo que había pasado, y digirió su vista hacia las manos que antes estaban unidas.

El vínculo se había roto. El cuerpo de Harley se movía. Estaba despertando.

-Merlín Santo- exclamó Yem, al ver cómo los ojos azules de Andrew Anderson se movían por la habitación.

-¡Harley!- lo llamó Albus, conmocionado.

Vic seguía sujetando a Rose, que empezó a reírse histéricamente.

-Al- pronunció con su nueva voz grave, mientras su amigo lo estrechaba con ganas entre sus brazos.

-¡Sí, sí!- contestó- ¡¿Cómo estás?!

Miró a los lados, desorientado. Sus ojos chocaron con los de Rose.

-Como si acabara de tirarme de un precipicio.

Vic soltó a su prima. Solo tuvo que agacharse para abrazarlo también. Las lágrimas de emoción mojaron las mejillas pálidas de Andrew.

Albus se levantó rápidamente para examinar a Ann. Yem ya estaba pendiente, comprobando su pulso.

-Sigue viva. Es probable que despierte en seguida- comentó, emocionado.

Y despertó poco después, pero no como nadie había esperado. Esa fue la primera vez que no consiguieron traer a Ann completamente de vuelta. Por ello, Harley solo estuvo un día con ellos; después decidió volver a tomar a Ann de la mano y sumergirse en el coma, por el bien de su hermana, para traerla de vuelta también. Rose se sentía impotente: sabía cómo salvar a Harley y prácticamente a Ann, pero no era suficiente. La segunda vez que Harley despertó una semana después de la primera, tal y como habían acordado, y volviendo a saltar del acantilado de la mano imaginaria de Rose, Ann parecía más humana porque al menos balbuceaba, pero seguía sin ser suficiente. Incluso ahora, que solo le faltaban su plena magia y su memoria, no era suficiente, no podía serlo.

La echaban de menos. Tanto que dolía, física y psicológicamente.

Rose se levantaba como aquel día de hacía un mes, pero sabía que ahora los hermanos Anderson dormían por primera vez separados, y que lo que sí que no habría cambiado sería Yem que, desvelado como ella, esperaba el momento en el que no fuera tan temprano, y pudiera comenzar con Ann a sumergirse en los recuerdos de los demás e intentar traer a la vieja Ann de vuelta.

Y esperaba con todas sus fuerzas que aquello fuera posible.