7 de Noviembre
Clary y Edith bajaron pronto a desayunar aquel día, cosa que no era nada común en ellas, solían bajar tarde y comer lo que fuera a trompicones. En lo que llevaban de curso, estaban cumpliendo bastante decentemente sus horarios. Las prisas de los T.I.M.O.S por suerte se habían acabado y gozaban de un año más o menos tranquilo.
Al menos, académicamente.
El E.M les quitaba mucho tiempo no solo físico, sino también tras las reuniones, que las dejaban exhaustas. Rose Weasley había diseñado unas tablas de hechizos complejos que practicaban día sí y día también. Magia avanzada que no se trataba en Hogwarts y que Clary supuso inteligentemente que le habría enseñado la prima de Hugo, Victoire Weasley, ya que muchos de los hechizos también podían aplicarse a la inversa para sanar, y Victoire quería ser Sanadora.
-Imagínate aplicar untrombocytusa alguien real...-decía Clary- coagulando toda su sangre...
-Lo matarías- completó Edith, igual de sorprendida con la importancia de los hechizos que aprendían.
-¿Y por qué no está prohibido?
-Será uno de los hechizos por los que irías a Azkaban sin ninguna duda, pero no me parece tan grave como una maldición prohibida- argumentó- el hechizo es reversible en cierto período de tiempo. No es como una maldición asesina.
-Vale, pero aun así... ¿qué está ocurriendo?
Ambas vieron cómo a la entrada del gran Comedor salía apresuradamente un gran tumulto de gente. Se aproximaron, corriendo. Clary se palpó el pecho: el collar de chapa no ardía. Hecho que le extrañó todavía más cuando vio a Hagrid el guardabosques saliendo con una alumna en brazos que sobretodo Clary reconoció deprisa.
-¡Es Rose!- le chilló a su amiga, que ya contemplaba la escena un tanto aterrorizada.
-¡Dejad paso, hay que llevarla a la Enfermería!- gritó Hagrid, mientras lo seguían la Directora, el profesor Patterson y la Profesora Badgreen, y adelantando puestos la Señora Pomfrey. Todos los demás procuraban apartarse a su paso. Clary fue la primera en localizar a Hugo, que se quedó rezagado a las puertas del Comedor.
-¡Hugo!- la chica corrió hacia él y Edith se vio obligada a seguirla- ¿¡Qué ha pasado!?- preguntó, urgentemente.
Edith observó cómo Albus Potter bajaba desorientado las escaleras del gran comedor, mientras miraba a los lados nerviosa. Él parecía ser ajeno a lo que ocurría.
-No lo sé- contestó Hugo mirando a Clary fijamente, de forma rápida y contundente- ha llegado muy alterada a desayunar y en cuestión de un minuto se ha puesto a hiperventilar y ha perdido la conciencia...tengo que ir a ver qué pasa- a Edith le extrañó desde un primer momento que Hugo no estuviera perdiendo los nervios. Algo le olió mal. Volvió a girar la cabeza para localizar a Potter, si bien un poco desmejorado desde el año anterior por su enfermedad había ganado un poco de altura y su rostro había perdido los rasgos de la niñez. Le pedía a su compañero de cuarto, Nick Brennan, que lo pusiera al corriente de lo que acababa de pasar. Sin embargo, la chica tenía el don de detectar mentiras, y supo que acababa de presenciar un gran acto de ellas.
Solo esperaba que nadie más se diera cuenta.
Hugo subió deprisa hasta la enfermería: era rápido y ágil. Puso todo en su empeño en ayudar a su hermana porque sabría que aquella etapa del plan no sería fácil.
Se encontró a varios profesores en la puerta: no les habrían dejado pasar.
Y en parte eso también era parte del plan, ya que entre ellos estaba el profesor Asterope. Hugo aún conservaba aquel mal recuerdo de cuando el hombre estuvo en su casa, interrogando a Rose sobre Ann y Harley. Hugo le había cerrado la puerta en las narices al salir. Llevaba en Hogwarts aproximadamente desde que Albus había vuelto, se suponía que como psicólogo o apoyo emocional tras los episodios del año pasado, pero Rose y su familia sabían que era un Neomortífago encubierto, y que solo buscaba descubrir el paradero de Ann, que la Weasley tenía muchas papeletas de conocer.
-¿Está dentro? ¿Está bien?- preguntó con falsa angustia a la profesora Badgreen.
Como a todo el mundo, Badgreen no le inspiraba confianza. Sin embargo, Hugo sabía que estaba al corriente del plan y participaba en él activamente. Si bien el chico sabía que a la profesora no le entusiasmaba ninguna causa, fuera la que fuera.
-La están examinando- informó- pero es posible que si no consiguen que recupere la consciencia la lleven a San Mungo a observación.
-Qué curioso caso el de esta chica ¿no?- observó Darius Asterope, tras unos tensos segundos- claramente no está lo suficientemente equilibrada como para continuar en el colegio- reflexionaba en voz alta, con su habitual tono mordaz e indiferente.
-Mejor en Hogwarts que encerrada en su casa ¿no cree?- contestó Hugo, irritado por el hombre.
Se miraron unos segundos, como si estuvieran dispuestos a decirse algo más, pero entonces se abrió la puerta y la Directora y Hagrid salieron por ella.
-¿Cómo está? ¿Qué ha pasado?
-Desgraciadamente, lo desconocemos, señor Weasley- contestó McGonnagall, a la que Hugo alabó interiormente por buena actriz- al menos Pomfrey ha conseguido estabilizar el ritmo de su corazón: estaba arrítmica- confesó a los profesores, incluido claro, al señor Asterope- nada común en una mujer tan joven- La señora Pomfrey ha ido con la alumna a San Mungo a que investiguen su dolencia.
-Yo sabía que le ocurría algo- afirmó Hugo, con sentimiento de culpa- estaba muy rara estos días, se quejaba, más de lo habitual claro...
-Señor Asterope- comenzó fríamente la Directora- si lo que dice el señor Weasley es cierto, entonces usted no ha cumplido con las funciones por las que está aquí... ¿no lo mandaba el Ministerio para velar por la salud psicológica, y asumimos que también física de los alumnos? La señora Pomfrey, desde hace cincuenta años muy competentes en su labor, se sintió bastante ofendida con su presencia, y ahora resulta que no ha cumplido satisfactoriamente con su trabajo.
Asterope pareció contrariado unos segundos, pero luego se recompuso.
-He estado pendiente de la alumna tanto como he podido, la he vigilado exhaustivamente, pero es...escurridiza, diría yo. Es más- recalcó para la profesora, que ya se marchaba intentando ignorar su presencia-, me atrevería a decir, y redactaré en el informe que el propio Zefirus Scarbot me pedirá en persona, que no solo se me escapa porque me huya ella, sino que recibe ayuda de otras personas- recalcó las últimas dos palabras- para escaparse de mí.
Hugo vio desafío en las miradas del resto de Profesores. Supuso que haber combatido en una guerra los hacía menos temerosos y más belicosos.
-Eso no lo tiene demostrado- contraatacó la Directora.
-¿Rose? ¿Rose, me oyes?
Escuchaba su voz en la lejanía, sí. Pero aún tardó un par de minutos en recuperar la consciencia. Sabía que iba a sentirse mal, pero aun así el dolor de cabeza la golpeó como martillazos sobre el cráneo. Parpadeó varias veces.
Tragó saliva.
-¿Ha salido todo bien?- preguntó, en voz baja.
-Muy bien. Estás aquí, y nadie sospecha nada.
Asintió y se incorporó lo más deprisa que pudo: era consciente de que no disponía de tanto tiempo como para quedarse tumbada mucho tiempo.
Localizó a Vic en el rellano de la puerta, sonriendo.
-Mucho tiempo sin verte- dijo la Weasley a su prima pequeña, con cariño, mientras la abrazó afectivamente.
-Demasiado-murmuró Rose. Todo Septiembre y todo Octubre era lo que la chica había tenido que esperar para poder salir de Hogwarts. Mucho tiempo- ¿Dónde están?- preguntó al aire mientras se soltaba del abrazo y salía de la habitación.
Casi se choca de bruces con una figura en el pasillo. De su altura o un poco más, un muchacho de ojos azules con la piel ligeramente bronceada se detuvo en seco al verla. Rose lo observó rápidamente, y sonrió aliviada.
La chica respiró su olor cuando él la envolvió en sus brazos, más fuertes que la última vez que le había visto.
-Cómo has cambiado- solo pudo decir, con los ojos brillantes.
-Rose- solo dijo Harley, mientras la apretaba contra sí. Incluso su voz estaba cambiando.
La pelirroja consiguió ver una figura pequeña tras ellos. En segundos también chocó con prácticamente los mismos ojos azules.
-Hola- saludó Ann, con una leve sonrisa, pero sincera. Se notaba que estaba realmente feliz de verla.
Ambas se abrazaron con fuerza también, cuando el momento llegó y Harley la soltó. Ann tragó saliva: esos momentos eran los que más dolía no recordar; se había tragado como pastillas mil recuerdos de Rose o con Rose, una forma muy rara de trabar amistad con alguien. Sin embargo, como hacía meses, una parte de Ann se llenó de alegría inconsciente.
Al igual que Rose, que ya tenía los ojos brillantes.
Aquel día no hubo recuerdos ni entrenamiento para Ann, y Harley se sometió a las medidas corporales habituales que Yem acostumbraba a controlar, y en seguida los tres pudieron disponer del poco tiempo que tenían. Rose sabía que no podía tardar en volver, o Darius Asterope y otra gente aún más peligrosa podía sospechar que la Orden del Fénix ocultaba algo: a Ann y a Harley.
-Pero tenía que venir- se excusó Rose, mientras los tres contemplaban cómo terminaba de amanecer semitumbados en la hierba- veros, y saber cómo estabais. Albus también os echa mucho de menos.
-Cuenta cosas- pidió Harley, demandante- cómo están Nick, Hugo...
-Hugo está ayudando mucho en el E.M. En cuanto a Nick...he querido decirle mil veces que estás vivo, pero quería tener tu aprobación, y por otro lado no estoy nada segura de que...
-¡Claro! Es uno de mis mejores amigos, Rose...
-Pero nada de esto es un juego, Harley. Si alguien más lo descubre...
-Tienes que decírselo.
Ella pareció querer discutirlo con él, pero Ann supuso que no quería hacerlo para el poco tiempo del que disponían.
-Pensé que se lo habrías dicho ya...
-Está bien- concordó, a regañadientes- cada vez hay más gente que habla conmigo sospechando que existe el E.M, y pidiendo unirse a la causa. No sé poner filtros respecto a la gente, así que lo único que puedo hacer es aceptarlos y hacer lo posible para enterarme por si alguien se va de la lengua. También soy consciente de que Asterope también se está ganando muchos simpatizantes en su despacho: chicos asustados o hijos de partidarios de Scarbot que preferirán subordinarse a Sameor si llegara el momento.
Ann se tensó, más si cabe de lo que hizo Harley, y se sintió un poco culpable por no dar el cien por cien de ella misma.
-Estoy aprendiendo mucho- se medio excusó a Rose- Yem y Vic dicen que lo hago deprisa, y a mí me da la impresión de que es verdad. Aún no he recuperado ninguno de mis poderes, pero...
-Los hechizos le salen mejor de lo que a cualquiera de los que se enfrenta a ella le gustaría- se burló Harley, que procuraba imprimir humor al asunto- y aunque a Paul- el gato del chico- no le haga mucha gracia no poder comunicarse con Ann estoy seguro de que eso no salvará el mundo, por desgracia.
Rose se sintió un poco aliviada con esa información. Pero como todos, tenían ansia porque todo volviera a su cauce cuanto antes.
Hablaron y se pusieron al día todo lo que pudieron: Albus había tenido la oportunidad de visitarlos hacía menos tiempo, el chico tenía la excusa de poder ir a San Mungo a vigilar el control de la supuesta enfermedad que lo había mantenido encamado todo el verano. Pero Rose no. Había costado mucho esfuerzo hacer la pocióncyclus,sobretodo en sus justas cantidades, para poder jugar con el ritmo cardíaco de Rose unos minutos para fingir que estaba enferma de verdad. El mérito era mucho de Yem, pero sorprendentemente, también de la profesora Badgreen. A pesar de cómo estaban las cosas y de que Rose no se fiaba mucho de la profesora de pociones, tenía que admitir que había sido todo gracias a ella.
Yem llamó a Ann tras un rato. La chica se levantó y dejó solos a Harley y Rose.
-Hace frío para seguir aquí fuera- comentó él, mientras la abrazaba. Eso la hizo sentir más feliz. Sentirse arropada por Harley era lo que había anhelado desde que lo conoció, y aunque se habían mantenido siendo amigos, ambos habían necesitado más.
Y aún en aquel momento también.
-Nos faltáis mucho en la escuela- confesó Rose, en parte porque sabía que ya llevaba más de la mitad de su tiempo gastado allí y la inapetencia a volver la llenaba poco a poco.
-Pues imagínate Al y tú aquí.
-Si alguna vez la guerra con Sameor termina...
-Cuando termine- corrigió.
-Cuando termine... ¿nos iríamos a vivir los cuatro? ¿Te imaginas? Y recuperar todo el tiempo que hemos perdido...
Harley se echó a reír, con guasa. Ella lo miró, sorprendida.
-No sé si podrías soportar recuperar todo el tiempo que tú y yo hemos perdido.
-Todo sería probarme- y se cansó de tanta palabra y lo besó largamente, no se le ocurría mejor forma de demostrarse lo mucho que se echaban de menos. Hacía frío, pero olía a sol, y el tiempo entre besos y caricias se les escapó de los dedos.
Albus salió de cenar bastante alterado. Rose llevaba ya todo el día fuera, y eso no era exactamente lo que se había hablado. Aunque entendía que la chica estuviera exprimiendo hasta el último de sus momentos en casa de Yem, ya casi todo el mundo había ido a preguntarle por la salud de su prima, y él no sabía exactamente qué contestar. ¿Qué iba a decir? ¿Que estaba bien? No podía decir que mal porque sembraría el pánico, pero tampoco podía decir que no pasaba nada grave por los seguidores de los discursos en Hogwarts de Darius Asterope, basados en un sufrimiento moral generalizado, pilar sobre el que también se fundaba el candidato a Ministro Zefirus Scarbot. Todos, incluso el propio Albus, contaban con la victoria inminente del Neomortífago, pero había veces que una parte de él rezaba por la cordura de magos y brujas.
En lugar de irse a su sala común, se desvió al pasillo de la izquierda, hacia aparentemente la torre de Ravenclaw. Luego atajó por otro pasillo que llevaba al aula de Transformaciones y se ocultó en la oscuridad. Confiando en que nadie lo viera, y asegurándose el que nadie lo viera tampoco después, sacó de la mochila su capa invisible, y se cubrió con ella. Y esperó. Y esperó.
Tras unos minutos, escuchó unos débiles pasos sobre el suelo. Pacientemente, aguardó a poder reconocer visualmente a la persona dueña de los pasos. Ella miró a un lado y hacia el otro, desorientada. Albus no pudo evitar sonreír levemente, a pesar de todo lo que ocurría. Se acercó a ella, que se mosqueó al escuchar un ruido cuyo origen no reconoció.
-¿Al?- murmuró Grace.
-Hola- saludó, casi en su oído.
La chica se sobresaltó, girándose rápidamente.
-Joder- masculló- me has asustado, no tiene gracia.
Él se quitó la capa sonriendo mientras ella lo observaba en la oscuridad, con la ceja levantada.
-¿Y Rose? ¿Por qué no ha vuelto aún?- preguntó urgentemente. Llevaba horas queriendo hacerlo.
Él negó.
-No lo sé, pero espero que ya haya llegado, o que esté a punto de hacerlo. Si tarda un día entero en regresar es posible que su excusa pierda un poco de credibilidad.
-¿Crees que traerá alguna buena noticia?
-Respecto a... ¿ellos? Dudo que algo que no se supiera ya. Por suerte muchos miembros de la Orden se mantienen constantemente informados unos a otros.
Silencio. Se miraron en la oscuridad, de nuevo. Verde oscuro sobre el mismo color. Ella fue aproximándose.
-Debería de volver a la Sala Común, por si vuelve Rose, o por si no vuelve.
-No me has saludado- le recriminó, muy seria. No quiso, pero volvió a alzar la ceja, siempre lo hacía inconscientemente- ¿tampoco vas a despedirte?
Albus procuró no sonreír, pero fue difícil. La chica fijaba su vista en la incipiente barba que eliminaba cualquier rastro de niñez que pudiera haber tenido.
-Estaba esperando una invitación.
A ella le encantaba que tomara la iniciativa, no se cansaba y sentía exactamente lo mismo que la primera vez. Le daba miedo: en cuanto sus labios se tocaban, perdía el control. Le había dado un rápido y casto beso, pero no se conformaba con eso y se lo hizo saber. Lo abrazó hasta que no pudieron pegarse más de lo que ya estaban mientras lo besaba como quería ser besada por él. La resistencia de Albus fue mínima, quizás en el fondo había querido provocarla. Se fueron volviendo más errantes con el paso de los segundos. Se respiraron, hasta marearse. Grace se desesperó por la posición gentil de las manos de Albus, pero solo protestó interiormente cuando el beso se rompió. No iba a decir nada, esperanzada de que el chico atacara su cuello y pudiera disfrutar un poco más de su contacto, pero solo escondió su rostro en él. La barba le hizo cosquillas. La arteria del cuello le iba a estallar de palpitar a mil por hora.
-En serio, tengo que irme- protestó Albus.
Grace seguía sin decir nada. Procuró calmarse
Se separó de ella para mirarla. Respiraban el mismo aire. Y él ya reconocía sus formas de mirarlo.
-¿Vamos a hablar de lo que te preocupa en algún momento?
Chasqueó la lengua.
-Me preocupan muchas cosas. Mejor vete, antes de que eches la culpa de secuestrarte, o algo del estilo, ya que no puedes decir que estamos juntos.
Albus recogió su bolsa y su capa del suelo un tanto desconcertado.
Creía que aquello ya lo habían hablado. La semana que Al regresó, vino con él el señor Asterope, y tampoco se fiaban de las nuevas figuras de la bibliotecaria y del nuevo profesor del coro. Además, algún que otro profesor que ya llevaba años en el colegio también podría estar de parte de Sameor, al haber abandonado Ann el mapa de la guerra. Si la alarma de San Mungo había reavivado la llama de los Mortífagos y la existencia de un líder competente entre ellos, no tardarían mucho tiempo más, tras un año y medio de ese accidente más el de Hogwarts, en renunciar al bando de Ann y los Aurores del Ministerio. Como Rose, Albus procuraba alejar a todas las personas que no fueran familiares Weasley de él, y Grace ya estaba en el punto de mira porque a los Slytherins se les implicaba, y se les quería implicar, en el bando de Sameor. Scorpius, Grace y Josh ya corrían suficiente peligro, como para agravar el de Grace dejando que el colegio los viera juntos.
Intentó convencerse mil veces de que esos argumentos tenían el suficiente peso en aquel momento como para no formalizar una relación normal a la vista de todos. Grace se había llegado hasta a enfadar días, pero finalmente accedió: ya no quería estar sin él. Y la verdad, él tampoco sin ella, pero las cosas eran inevitablemente, más fáciles así.
Pero los días pasaban, y todas las incertidumbres se acomulaban y supuso que también en el corazón de Grace se apelotonaban hasta formar una gigante bola insoportable.
Se despidió con un último beso, que supo un poco agridulce respecto al anterior.
-Hasta mañana- se despidió.
-Hasta mañana.
Lo que Albus no sabía era que no iba tan desencaminado respecto a sus precauciones. Sí había gente observando los movimientos de Grace. Quizás no siempre, pero en bastantes ocasiones. Sobretodo la vigilaban cuando más sola estaba, para detectar movimientos sospechosos. Por suerte, para las reuniones del EM se aseguraba mucho de no estar siendo seguida, o de ir acompañada por Josh y Scorpius.
El tiempo fue pasando, y con él, las sospechas de que alguien la seguía de cerca. Sospechas que apuntaban sobretodo a una persona: Cygnus Mawson. Cosa que se confirmó otra noche de prefectura.
-Grace- la llamó, mientras él salía por la puerta de la sala de Slytherin. Tendrían que patrullar la mitad del castillo. De la otra mitad se encargarían los prefectos Ravenclaw.
No sabía cuándo habían cambiado las cosas entre ellos para que la llamara por su nombre, pero lo cierto era que el chico llevaba aquel final de segundo mes mucho menos arrogante de lo que había sido a principio de curso.
-Qué pasa- respondió preguntando.
-Quedan apenas tres días para la elección del Ministro. ¿Cuánto crees que cambiará la situación de Hogwarts cuando salga Scarbot?
-Desgraciadamente, saldrá votado Scarbot- contestó- este país está lleno de magos estúpidos que solo velan por su dinero. Scarbot se ha aprovechado de la crisis que sufre el oro de los magos, además echando parte de la culpa al departamento de Aurores y sus cuentas...es normal que gasten más dinero que otros departamentos del Ministerio ¡Hay Neomortífagos sueltos!
Mawson parecía escucharla con la cara de un lector que lee un buen libro.
-Scarbot es uno de ellos- confirmó Cygnus.
-No hace falta ser muy listo para deducirlo, teniendo en cuenta lo que le hizo a Scorpius su hijo el año pasado.
-¿Y tu hermano, también es un Mortífago?
Grace se tensó. Michael. De vez en cuando se preguntaba qué estaría haciendo.
-Está claro que después de que lo vieran en el ataque a Hogwarts trama cosas con Neomortífagos. Espero por su bien que piense bien lo que está haciendo.
-¿Por su bien? No veo tan claro que esté en el bando perdedor. El señor Asterope no para de lavar cerebros en las casas, especialmente en Slytherin, Harry Potter solo se dedica a la busca de Ann Anderson, McGonnagall a que el colegio siga en pie, cosa que a estas alturas ya no sirve de mucho, Kingsley Shacklebolt a intentar concienciar al país de que los Neomortífagos son más poderosos que una crisis económica...pero la verdad es que de todo esto, hay dos cosas que no me cuadran.
Iluminaron sus varitas para comenzar a patrullar. Grace permanecía en silencio.
-¿Cómo es que los Neomortífagos son más poderosos que nunca? ¿Cómo es que particularmente busquen enfrentarse a Ann Anderson, cuando todos vimos sus magníficas habilidades en el Torneo y cuando sobrevivió a San Mungo? Lo que se me ocurre era que intentasen que se uniera a ellos, pero una vez no lo consiguieron... ¿cómo piensan eliminar a alguien así?
-¿Entonces no piensas que Anderson esté muerta?- preguntó, con fingida sorpresa.
-Oh, no lo está- se afirmó Cygnus- si lo estuviera, Asterope no estaría tan pendiente de Albus Potter y su prima Weasley. Quiere verlos vacilar. Está convencido de que Anderson vive, y el resto de Mortífagos también. Porque... quieren verla muerta a toda costa.
A Grace no le estaba gustando nada el tono que estaba tomando aquella conversación. Lo apuntó con su varita.
-¿A qué juegas, Mawson? Te he visto con compañeros de años anteriores y con algún Ravenclaw, si formas parte de los partidarios de Asterope, te sugiero que dejes de intentar reclutarme porque ni trabajo para Harry Potter, ni soy como mi hermano Michael. No me interesa meterme en problemas
-¡Oh, te fijas en mí!- ironizó él- aunque lamentablemente, no lo suficiente. No soy partidario de las ideas de los Mortífagos. Mi padre, como tu madre, pagó con su muerte sus delirios con muggles, así que no me interesa juntarme con los asesinos de mi padre.
Grace se sorprendió.
-Sé que llevas colgada al cuello una serpiente- confesó Cygnus- las niñas que te la regalaron me la pagaron, pero la idea del regalo fue mía.
Procuró no llevarse una mano al pecho mientras lo miraba extrañada.
-Quería que lo llevaras como un símbolo de lo que estaba pasando. De lo que yo y otros pocos estamos intentando hacer.
-¿Y qué se supone que intentáis hacer?- interrogó Grace.
Cygnus la miró durante varios segundos. Luego, finalmente, le tendió una mano.
-Acompáñame.
Grace miró a su mano tendida, varios segundos. Luego subió la mirada y comenzó a andar despacio.
-Te sigo- solo dijo.
Cygnus comenzó a recorrer pasillos, con una sonrisa ocultada por la oscuridad. Ella comenzaba a inquietarse.
-Ya casi estamos, Wilson. Paciencia.
Grace solo había estado una vez en las cocinas de Hogwarts. Cuando tenía doce años, y Josh era su mejor amigo y Scorpius era casi un desconocido para ella. Ambos eran jóvenes pero tenían mucha curiosidad por algunos de los recovecos de Hogwarts, y en seguida Josh tuvo la idea de descubrir las cocinas y dejar el misterio de los Elfos Domésticos atrás. La ley de hacía diez años los hacía tener unos dignos horarios obligatorios de descanso tanto en Hogwarts como en casas particulares (aunque desde hacía muchos años atrás en el colegio ya remuneraban y proporcionaban vacaciones a las criaturas). A la chica se le acabó la poca paciencia que tenía.
-¿A dónde vamos por las cocinas?
-A ningún lado. Vamos a las cocinas.
Y efectivamente. Llegaron, y Cygnus encendió las luces del lugar con un par de movimientos de varita. Grace miraba a los lados, desorientada. Se oían leves voces a lo lejos.
-Ya están aquí, como les pedí. Vamos, antes de que algún elfo se despierte muchas horas antes de lo que le toca.
En una gran mesa de una de las habitaciones contiguas a la cocina (donde comían los elfos), había varios alumnos que ella no esperaba encontrarse en absoluto. Unos diez o doce, no pudo contarlos a todos. Algunos eran Slytherin, pero también reconoció dos uniformes azules y uno amarillo.
-Buenas noches- saludó Cygnus. Pero no habría hecho falta, ya todos los miraban y habían terminado sus silenciosas conversaciones al verlos entrar.
-Al fin has conseguido que venga- soltó una admirada Alma Rogerts, al ver a Grace.
La aludida solo los miraba a todos, interrogante.
-Llevamos desde las primeras semanas de curso reuniéndonos aquí- explicó Mawson a la chica- al principio éramos Cravens, Bullstrode, Panton y yo- Grace miró sorprendida a sus dos compañeras de cuarto, que la miraban como disculpándose- pero como ves, el grupo va creciendo.
Tragó saliva, despacio.
-¿El grupo de qué?
Mawson se paseó.
-Cygnus habló conmigo tras una discusión que mantuve con Sarah y Alessia, dos amigas mías que...bueno, ya no lo son tanto. El profesor Asterope les había pedido que vigilaran a Rose Weasley, me lo contaron y yo no estuve de acuerdo. Ese hombre y sus partidarios van a tomar el control de Hogwarts o van a intentarlo en breves, y yo tengo claro en qué bando quiero estar. La profesora Lectern está muerta por culpa de Neomortífagos como él- soltó, dolida. Luego, miró al Slytherin- cuando Cygnus dijo que había un grupo pequeño de gente combatiendo contra Asterope y su también pequeño grupo, pero que cada vez se hace más grande, accedí encantada a entrar en un grupo paralelo para aplastarlos.
-Quería decírtelo mucho antes- se explicó Cygnus- incluso quería empezar este grupo contigo- miró a Grace tan fijamente que sintió que la traspasaba- pero dudaba, y Alma no hizo sino alimentar mi duda.
El corazón comenzó a irle muy deprisa.
-Sé que Rose Weasley organizaba quedadas de alumnos para enseñarles a combatir y luchar bajo la causa de Ann Anderson- completó Alma- yo misma asistí hace casi dos años. Luego, el curso pasado, dejé de ir cuando el que ya llamaban Escuadrón de Merlín recuperó su actividad. Tengo entendido que cuando hubo el ataque de los Mortífagos se organizaron bastante bien.
Grace no dijo nada. Claro, porque sabía que Alma no había terminado.
-Sé que tú ibas a esas reuniones. Al menos, hasta que yo misma dejé de ir.
-¿Eres miembro del Escuadrón de Merlín? ¿Sigue activo? ¿Quién lo lidera, Weasley, Potter, quizás la propia Anderson?
Esta vez fue Grace la que taladró con la mirada a Mawson.
No podía contar absolutamente nada. Se mantuvo en silencio. Cravens chasqueó la lengua, y Cygnus acabó levantando una ceja.
-¿Y bien, Wilson?- volvía a llamarla por su apellido. Ya no se fiaba tanto de ella.
-Lo único que puedo decir, es que el Escuadrón de Merlín ya no existe.
Y eso era cierto. Ahora se llamaba Ejército.
-Ya, pero entiendo, algo hay. Quizás liderado por Potter, te he visto hablando varias veces con él- Grace maldijo para sus adentros. Albus quizás tenía razón cuando decía que no podían verlos juntos- naturalmente, supongo que no podrás contarnos nada- Grace se mantuvo circunspecta. Mawson rio, al contrario que los demás, que parecían disgustados- eres leal, Grace Wilson. Cada día me gustas más. No te vamos a pedir que dejes a Albus Potter comiéndose los mocos pero...colabora conmigo, con nosotros. ¿Nos ayudarías en lo que te pidiéramos?
Grace volvió a mirar a los presentes. La mayoría Slytherins, como ella. Se sentía en casa. Si hacía un par de años lo habría dado todo por alejarse de los problemas...
Ahora no podía decir que no.
-Asumo que tenéis un nombre- dijo, por toda respuesta.
Protea Bullstrode contestó por Cygnus.
-Dado que los alumnos que están con Asterope se hacen llamar la C.D.O; "creadores de orden"- Grace no conocía ese dato. A Rose y a Albus les encantaría saberlo- nosotros, al ser casi todos Slytherin se nos ha ocurrido un nombre muy poco original.
Grace sonrió.
11 de Noviembre
Rose y Albus esperaban ambos en el sofá de enfrente de la chimenea. La Sala común se mantenía bastante en silencio: quedaban solo cinco minutos para saber quién era el nuevo (o no tan nuevo) Ministro de Magia. Ambos Rose y Albus ya eran mayores de edad, así que pudieron votar por Kingsley por carta hacía horas. Pero no tenían claro que esas cartas no hubieran sido interceptadas. Todo empezaba a parecerse más a una guerra. Rose miraba las llamas del fuego arder, preocupada. Hugo, Lily y el resto de la familia también permanecían allí, pensativos. La mayoría de los presentes hablaba en voz baja o intentaba estudiar, nerviosa. Rose no había sido capaz en aquella ocasión de hacer lo mismo. Cuando el tiempo por fin pasó, Henry Stump apareció por la puerta con semblante blanco. Era el encargado de comunicar la nueva. En ese momento, sí que se hizo el silencio absoluto.
-Scarbot -solo dijo.
Albus se quedó sin respiración unos segundos. Rose no fue capaz de pronunciar palabra, y subió a dormir sin decir nada más. El enfado de Albus fue creciendo con el paso de la noche.
-Ha tenido que ganar corruptamente- comentó Nick, una vez los tres habitantes del cuarto se prepararon para irse a dormir.
Albus, que ya estaba bastante caldeado, contestó.
-Es desesperante. ¿Cómo puede haber ganado? ¡Estuvo en el castillo el curso pasado, maldita sea! Lo siguiente será que liberen a los presos de Azkaban y los pongan de secretarios del Ministro, joder.
-No lo descartaría- comentó Stump, con el rostro ensombrecido.
La mañana siguiente nadie se levantó de mejor humor. Albus estaba deseando poder tener un momento a solas con Grace y contarle lo preocupado que estaba por sus padres y por James, que pisaban el Ministerio para ir a trabajar prácticamente cada día. Y por el resto de su familia. Y por la Orden del Fénix. Y por Ann y Harley, que se recuperaban a un ritmo aparentemente dadas las circunstancias demasiado lento. Bajó a desayunar con el sabor amargo en la boca que deseaba quitarse con un poco de zumo. Se encontró a su hermana en el pasillo, que le contaba o escuchaba a Scorpius Malfoy, que gesticulaba deprisa. Se acercó, en parte porque Lily últimamente hablaba mucho con él y tampoco le hacía mucha gracia.
-¡Albus!- exclamó Lily al verlo- ven a ver esto- lo agarró del brazo.
Él la siguió, extrañado. Estuvieron andando un minuto hasta que le mostró lo que quería que viera.
Había una pared llena de eses dibujadas, casi de diferentes caligrafías y diferentes colores, aunque la mayoría eran verdes. Habría aproximadamente una docena. Arriba de las enormes S, había un mensaje en verde escarlata, que varios alumnos se acercaron a leer.
"No es una S de Scarbot. Es S de Serpiente,
Si Scarbot sale escogido...la Orden de la Serpiente se rebela. A los corruptos: temednos"
Albus frunció el ceño. Ya sabía por Grace quién estaba detrás de todo eso. La propia chica participaba, una S verde era suya seguro. Hinchó el pecho, preocupado.
