-¿Por qué a nuestras espaldas?- preguntó Yem, ansioso.
Ann estaba frente a él. Al chico le ponía de un humor insoportable la templanza de la chica, como si fríamente hubiera estado calculando durante un tiempo aquel momento. Seguramente, así era, y eso no hacía más que doler y doler en el pecho del joven.
-No habríais estado de acuerdo con nuestra decisión.
-No me engañes, vamos. Esto no ha sido cosa de Harley, ha sido solo idea tuya, y su desesperación por abandonar este sitio lo ha llevado a hacerte caso- la apuntaba con un dedo acusatorio. Estaba perdiendo el control sobre sí mismo. La versión apaciguada, en su caso habitual, estaba siendo reemplazada con un histérico con ganas de una buena explicación. Llevaba dos enteros días sin dirigirle la palabra a Ann, pero finalmente, como una bomba, había estallado. Era de madrugada, solo ellos dos y estaban en la casa, a excepción del señor Thomas, que roncaba plácidamente en su cama.
-Es posible, sí. Ha sido idea mía- reconoció, sin muchos problemas.
Yem se tocó la cara de nuevo, nervioso.
-Contéstame. ¿Por qué?
Ella pareció dispuesta a contestar, al menos a medias.
-Si voy a enfrentarme a...él, necesito saber ciertas cosas antes, no solo hechizos o maldiciones. No solo necesito saber quién soy, si no lo que soy y lo que soy capaz de hacer. Y necesito saber también quién y qué es el, de qué pie puede llegar a cojear, y si tiene ya esa magia poderosa que decidirá quién de los dos sobrevive, o si sabe cuál es esa magia, y puedo llegar antes a ella.
Pasó tiempo antes de que él hablara de nuevo.
-Así que no vas a contármelo, en resumen. No sé dónde encaja exactamente la marcha de Harley en todo esto.
-Nadie puede saberlo- solo dijo.
Pero en el fondo, Yem era consciente de que quería ocultárselo.
-Yo no voy a moverme de aquí, por si no te habías dado cuenta, no tengo a nadie a quien contarle nada- comentó, ácidamente.
Ann lo miró largamente. Finalmente, se levantó.
-Lo siento, Yem- y lo decía en serio.
-¡Harley se debilitará si no está cerca de ti, Ann! ¡Tú misma puedes llegar a perder el poder que has recuperado, esto es una absurda tontería!
-Harley sabía perfectamente lo que pasaría si se marchaba- respondió, ya un poco más alterada- Escucha, si te sirve de algo, no hemos trazado este plan solos, el señor Potter nos ha ayudado- Yem abrió mucho la boca. Ni siquiera el señor Potter, que parecía guardar secretos de todo el mundo, había confiado en él para contarle el plan- hemos calculado los tiempos aproximados en los que mi hermano y yo podemos estar separados, y es bastante, el suficiente tiempo como para que mi hermano haga lo que tiene que hacer. Me aseguré de que no corría peligro.
-¿Cuánto tiempo es ese? ¿Cuánto tiempo estaréis separados?
-Máximo un mes. El señor Potter lo traerá de vuelta- aclaró, al ver el desconcierto de Yem.
-Para entonces Harley volverá a tener el aspecto que tenía antes: delgado y débil.
-Empeorará, sí, pero no mucho.
-Merlín...has perdido la cabeza. Esto no saldrá bien.
Y no pudo aguantarlo más. Se levantó también, disgustado y enfadado, dejando a Ann sola en el salón.
La chica parpadeó varias veces, una vez que Yem la hubo dejado, como si por fin pudiera permitirse sentir. Y se sentía fatal por el rechazo de Yem, como si él le hubiera cogido el corazón con una mano y lo hubiera estrujado un par de veces, pero estaba aprendiendo a disimular bastante bien: cada día le era más fácil ocultar sus emociones a los demás. Miró hacia el punto fijo donde Paul el gato estaba apoyado: la silla del comedor. No hubo palabras entre ellos, Ann había cerrado sus canales de conexión. Todos los canales.
Era consciente de que estaba construyendo una barrera demasiado grande entre ellos. Seguía bastante disgustada con Yem, le había mentido sobre sus poderes, pero sabía que el chico no merecía que no se abriera a él, porque al fin y al cabo, sus intenciones jamás habían sido malas. Pero su cabeza decía una cosa, y su corazón otra.
Por las tardes, mientras echaba tanto de menos a Harley que dolía como una herida, constantemente preocupada por si estaría bien, salía al enorme terreno de la casa, se alejaba lo más posible de esta, y practicaba sus hechizos y habilidades. Su poder crecía, y crecía.
Cerraba los ojos, y se concentraba en discriminar cada pequeña voz que se permitía escuchar: en poco tiempo aprendió a escuchar lo que decían las hormigas, los gusanos, y los pocos animales que estaban a su alcance. Le asustaba, sí, pero al mismo tiempo podía llegar a ser divertido. Luego volvía a casa y también volvía a cerrar su mente, para que Yem no llegara a sospechar lo que Ann había descubierto.
Un día, cuando Yem estaba en su cuarto, y Ted Lupin y el Sanador Thomas estaba hablando en el piso de abajo (creyendo a ambos muchachos dormidos), Ann deambulando perdida en sus pensamientos entró en el cuarto donde guardaban el pensadero. Vio los recuerdos perfectamente ordenados.
"Rose"
Un montón de botes estaban bajo el nombre de su amiga. Solo quedaban un par de recuerdos, bastante insignificantes por lo que la chica había dicho en alguna ocasión.
"Harley"
Los había visto todos. Unos habían sido muy duros, como los recuerdos de su infancia que su hermano había accedido a mostrarle. Lo vio sufrir, por culpa de la magia de Ann que no había sido capaz de doblegarse a él, a pesar de que Ann se la había entregado. Sonrió. A pesar de todo, había momentos bonitos.
"Albus"
No eran tantos frascos como los de los dos anteriores, y supuso que se habían puesto de acuerdo para que los recuerdos del chico fueran bastante felices, para que no todo fueran cosas malas. Aún quedaban por ver, pero a la chica le gustaba ver cómo Albus siempre había sido para ella de las amistades más puras que se pueden tener. Quizás no era tan especial como Harley ni su mejor amiga como Rose, pero había algo muy bonito entre ellos.
El resto de etiquetas pertenecían a bastantes personas, pero eran muchos menos recuerdos. Ann se paseó tranquila, mirando todas las botellitas: el humo ascendía y descendía, ahí se escondían los distintos rostros de Ann, en distintos recuerdos. Estuvo unos minutos así. Quitó de delante las que estaban en primer lugar, todas nombradas, como ordenando sus propios inexistentes recuerdos, hasta que vio algo que le extrañó.
Tres frascos lucían respectivamente recuerdos en su interior, pero no estaban etiquetadas. Ann frunció el ceño. Qué extraño. En seguida elaboró una teoría.
"Yem no quiere que yo sepa de dónde vienen estos recuerdos"
Y quizás, tenía razón.
Rose lucía devastada. Estaba sin peinar, con el pelo recogido en una coleta demasiado improvisada, y grandes ojeras cubriendo una gran parte de su rostro. A su lado, Grace respiraba nerviosa, sin saber muy bien qué decir. Cygnus también estaba allí, un tanto más tranquilo que las chicas, pero igualmente, nervioso.
Albus llegó dos minutos después.
-Neville acaba de avisarme...- dijo, sin resuello.
Rose parpadeó, nerviosa. Tenía los brazos cruzados, como protegiéndose el corazón. Grace sintió la necesidad de cogerla del brazo, mientras Albus se aproximaba a ellas. Cygnus lo observaba todo, sin decir nada, un poco más lejos. Los dos Slytherins lucían pálidos y cansados.
-¿Cómo ha podido pasar?- se preguntó Al, o preguntó a los demás, furioso y entristecido a la vez. Solo Cygnus pudo contestarle.
-Tu hermana dice que habían ideado un plan a vuestras espaldas para entrar en el despacho de Asterope.
Rose hizo un ruido extraño, como si tosiera.
-No podré soportar mirar a mis padres a la cara después de esto...
-No es tu culpa, Rose- la excusó Al, rápidamente.
-¡Si lo es! Permití que Hugo se involucrara demasiado en esto...y mira cómo ha acabado.
-¿Quién lo ha hecho?
-Nadie lo sabe- respondió Grace, mirando por primera vez al chico a los ojos. La mirada de ambos lo dijo todo por ellos- tu hermana supuestamente estaba con él, pero Hugo se quedó solo al menos un minuto- echo una significativa mirada a Mawson, que este interpretó bien, y se alejó de las puertas de la enfermería para que pudieran hablar más tranquilos- Lily y Scorpius tenían la capa puesta, así que...
-¿La capa? ¡Lily la cogió de mi baúl!- exclamó Albus, sorprendido.
De pronto, la puerta se abrió y los dos de los que estaban hablando salieron fuera. Scorpius llevaba una mano vendada: se había hecho daño al cargar con el cuerpo mutilado de Hugo.
Rose se soltó del agarre de Grace sin que ella apenas tuviera tiempo de reaccionar. En pocos segundos había empujado bruscamente a Scorpius, pero este no llegó a caerse.
-¡Tú lo sabías! ¡Tú lo sabías y no me dijiste nada! ¡No debiste hacerlo!- lo reprendió. Él pareció sorprendido, pero no contraatacó. Sabía que Rose actuaba así por pura angustia. Se sentía muy culpable. Lily parecía más dispuesta a discutir, cuando Rose cargó contra ella.
-¡Esto no es un juego, mirad lo que ha pasado! Nunca debisteis hacerlo sin más apoyos... ¡nunca debisteis de hacer esto en absoluto!
Lily quería llorar, de hecho sus ojos ya brillaban, pero en lugar de caer en el llanto, se aclaró la garganta.
-No sabríamos que habría alguien esperando a que nosotros...
-Siempre habrá alguien- contestó Albus, intentando sonar apaciguador, pero nervioso como el resto hasta sonar amenazador- ellos están esperando a que hagamos una cosa mal, como esto, Lily- acto seguido, echó una mirada asesina a Scorpius.
-Ya podéis volver a entrar a verle- solo dijo, en voz baja.
Rose pasó por delante de todos con rapidez y en seguida volvió a entrar en la enfermería, sin reprochar nada más a nadie. Pero estaba en su derecho. Su hermano había estado a punto de morir.
Se creó un tenso silencio.
Albus miró a Grace y a Cygnus, al que en aquel momento odiaba menos que a Scorpius, aunque ese odio fuera irracional e injustificado.
-Tenéis que iros ya a clase, se preguntarán qué hacéis.
Mawson pareció aliviado de que lo dijera.
-Ya nos vamos.
Scorpius también comenzó a alejarse, pero Grace mantuvo la mirada puesta en Albus, con el cuerpo tenso. Ella también lo sabía. El chico se decepcionaría con ella, aunque no había sido ni mucho menos su culpa. Pero no le había contado que Cygnus, Scorpius y ella sabían que Lily y Hugo planeaban entrar en el despacho de Asterope. Les habría salido muy bien, de no ser porque les había salido muy mal.
-No es como otras veces- informó Pomfrey, mientras Rose y los primos más mayores de Hugo la escuchaban, consternados- el cerebro se ha afectado bastante se dio un fuerte golpe al caer por el hechizo que le hicieran. Solo sé que es magia negra, magia que no estudiamos- informó, sombría.
Rose soltó un gemido. Hugo descansaba con los ojos cerrados en la cama de la enfermería. No se había despertado. Temían que no fuera a hacerlo.
-¿Y eso qué quiere decir?- preguntó Albus.
-Mientras se mantenga dormido...podremos intentar reparar el daño, pero si lo hacemos despertar...-se aclaró la garganta- quizás no vuelva a ser el mismo.
Rose sintió como si le hubieran tumbado de un puñetazo en el pecho.
-Mis padres tienen que saberlo...-titubeó. Fue lo único que se le ocurrió decir. Necesitaba a sus padres, aunque fuera en aquello. Aunque le echaran la culpa a ella de lo que había pasado. Quizás sí era su culpa. Hugo siempre se metía en líos, y ella nunca estaba allí para que no lo hiciera, ocupada siempre en asuntos que suponía un poco más serios. No era una buena hermana.
-Weasley no puede quedarse aquí- contestó Pomfrey- lo trasladaremos a San Mungo, no hay más remedio.
-Estará mejor allí- aseguró Fred, después de que a todos se les cayera el mundo encima. Había salido herida gente en Hogwarts desde hacía varios años, pero ingresar en San Mungo...eso parecía grave- aquí, con Asterope y el resto del C.d.O...no es seguro para él. Y allí podrán ir los tíos a verle sin que corran tanto peligro. Que se presenten aquí es lo último que deberían hacer.
-San Mungo tampoco es demasiado seguro, aunque Adrien está allí, recuperándose, y no ha pasado nada...-reflexionó Lily, refiriéndose a un buen amigo que aun intentaba recuperarse de un potente hechizo que un Mortífago le hizo en la batalla del año pasado.
-Adrien Daniels no es alguien cuya familia está implicada en esta guerra, Lily- contestó Rose, entre molesta y angustiada.
-Ya, tienes razón...-contestó, en voz inaudible.
-¿Y cuánto podría tardar en recuperarse?- preguntó Albus.
-Podría no...
-Cuánto- volvió a preguntar, interrumpiendo a Pomfrey.
-Un par de meses. Quizás más.
-Meses- repitió Rose, desviando la mirada, como si fueran los meses de su condena más injusta.
-No tienes que sentirte culpable, Grace- dijo Cygnus, cuando la encontró encorvada sobre su libro de pociones, ausente. Albus llevaba dos días sin hablarle, y le daba vergüenza hasta compartir aula con Rose- no fue nuestra culpa.
Se sentó a su lado, ya que estaba sola. Desde que Scorpius no paraba de seguir a Lily a donde fuera ella, y Josh debía de hacer otro tanto con alguien que todavía no había presentado, Grace se sentía quizás más sola que nunca. Pero casualmente, Cygnus solía aparecer en esos momentos.
-No es culpabilidad, exactamente. Pero...siento que cada cosa que hagamos va a ser en vano.
-Nada es en vano- Cygnus sonaba tan convencido que era difícil no escucharle atentamente, aferrándose a sus palabras como si fueran un salvavidas. Se acordó de cuando Albus y ella se conocieron. Él parecía muy convencido de que las cosas mejorarían. Ahora...si lo pensaba así estaba demasiado ocupado manteniéndola alejada como para que ella lo supiera- y al final a este chico lo único que le ha pasado es que se ha alejado de Hogwarts, cosa que la mitad del colegio desea.
A Grace no le pareció muy justo ese comentario, pero estaba centrada en otra cosa, otra cosa que la atormentaba día y noche.
-¿Qué te pasa?
Negó varias veces, despertando de su atontamiento.
-Te he demostrado que puedes confiar en mí...
Creía que podía. De todas formas...estaba a punto de estallar. No se lo había dicho a nadie todavía.
-Vi a Michael.
Al chico le llevó unos segundos procesar la información. Cuando por fin cayó en la cuenta, vio a Albus y a Rose entrar en el aula. El Gryffindor no tardó dos segundos en ubicar a Grace, y en cruzar con Cygnus una significativa mirada. El Slytherin desvió la vista, de nuevo a ella, como si no se hubiera percatado de ello.
-¿El hijo de tu madre?- preguntó, escogiendo las palabras con tiento.
-Era un Mortífago- confesó.
-Debió de ser chocante, o no tanto, teniendo en cuenta cómo es su padre...
-No lo entiendes- replicó, como si hubiera dicho algo incoherente- Michael me vio, me ocultó al otro Mortífago. Teniendo en cuenta lo que el otro le hizo a Hugo...me salvó de eso. O de algo peor: de que me matara.
Cygnus reflexionó sobre esas palabras.
-Quizás la historia se repita, como con Draco Malfoy, ¿no crees? Quizás él no sea del todo malo...
Ella ya le había estando dando muchas vueltas. Quizás Michael nunca había sido tan malo como ella había creído, visto lo visto. Cruzó con ella mínima palabra en el colegio, y solo se enfrentó a ella dos veces. Una, para advertirle que se alejara de la inminente guerra, cosa que casi había hecho, y otra...por el dolor de haber perdido a su madre, prácticamente por culpa de que había tenido una hija.
Todavía recordaba los brazos del chico aprisionándola a la entrada de la Sala común, por sorpresa y sin dar posibilidad de que reaccionara. Nadie acudió en su ayuda en ese momento (al menos hasta que Josh entró de volver de cenar, tan temprano como siempre) porque de los pocos que estaban presentes, todos eran amigos de Samdon, o le tenían el suficiente miedo.
-Vas a escucharme atentamente, Wilson-ella había estado a punto de gritar al notar como la estrellaba contra la pared, pero solamente inhaló aire, ahogando cualquier sonido- si sabes lo que te conviene, vas a procurar mantenerte al margen de todo. De todo ¿entendiste? O te pasarán cosas que vas a lamentar. Vas a lamentar, y mucho- le gruñó.
-Siento que se me acaban los motivos para odiarlo- confesó, con voz queda.
-E incluso te gustaría ayudarlo- completó- sigue siendo tu hermano, y compartís la pérdida de vuestra madre.
Silencio. Badgreen entró en el aula, tan gélida como siempre. Los alumnos se pusieron en tensión, pero no tanto como antes. Al menos la profesora no era una neomortífaga.
-Yo nunca la tuve del todo- soltó Grace, de repente. Sin querer, desvió la vista hacia la mesa de Albus y Rose- como otras cosas en la vida.
-Pero no olvides...que hay cosas que sí puedes hacer tuyas- le recordó, cuando ella volvió a mirarlo.
Albus entró en el despacho de la directora, después de que la Gárgola se hiciera a un lado para dejarla pasar. Subió las escaleras deprisa y llamó a la puerta, urgentemente.
-Pasa- dijo McGonnagall desde el interior.
El chico abrió rápido. Su corazón parecía haber subido a su garganta. Le había costado ocultar a Rose que iba a ver a la directora: había puesto la excusa de que iba a ver a Grace, pero obviamente no era así.
No se lo habría ocultado de no ser porque la mujer así se lo había pedido.
Efectivamente, la directora estaba sentada en el despacho. La observó un segundo: siempre había aparentado menos años de los que en realidad tenía hasta ahora. Su rostro estaba lleno de arrugas, que parecían dar forma a su serio y preocupado semblante. Y a pesar de parecer una anciana, nunca la había visto parecer tan fuerte.
Sin embargo, en seguida otra figura llamó su atención.
-¡Papá!- se sorprendió. Su primera reacción fue de alegría, pero en seguida pasó a preocuparse- ¡No deberías de entrar en Hogwarts!
Harry Potter se acercó en varias zancadas a su hijo.
-No es la primera vez que me cuelo en el colegio, Albus- dijo, por toda respuesta.
Se abrazaron.
-¿Y Hugo? ¿Está bien Hugo?- preguntó, ansioso por saber una respuesta. Desde que se lo habían llevado a San Mungo, todos los Weasley que quedaban en Hogwarts estaban muy preocupados por saber de él.
-Lo está. Y tardará, pero se pondrá bien. Ron y Hermione están siempre con él, pero están muy ansiosos por sacar a Rose de aquí. Normal después de lo que le ha pasado a su hermano. También yo estoy preocupado- su semblante cambió- McGonnagall dice que estás dando mucho de qué hablar a Asterope y los demás.
Albus supo que se avecinaba otra discusión con su padre.
-Si has venido a decirme que pare, no voy a hacerlo.
-Me gustaría, pero no es por eso. Ni siquiera es para sacaros a todos de aquí, no podemos hacer eso.
-¿Entonces...
-Entonces se podría decir que tenemos otros planes- intervino una tercera persona, que debía de estar escondida, por lo que no lo había visto antes.
Albus abrió mucho los ojos.
-¡Harley!
Poco quedaba ya de Andrew en el chico. Su piel era oscura de nuevo, y volvía a medir el metro noventa. Solo sus ojos, azules como los de Ann, delataban quién era en realidad.
Esta vez no hubo abrazo. El chico estaba demasiado desconcertado.
-¿Qué haces aquí, sin...espera, ¿¡Ann ha recordado!?
Harley negó, despacio.
-Está donde ha estado hasta ahora- aclaró Harley- yo he salido- suspiró, mirando a Harry- tu padre va ayudarme a resolver ciertas cosas.
Albus se giró para mirarlo, interrogante.
-Una de ellas os implica a Rose y a ti.
-¿Y por qué no está ella aquí?- miró a McGonnagall- usted misma dijo...
-Sé lo que dije- interrumpió- y se trata de que la señorita Weasley no sepa nada de lo que tramamos; precisamente porque ello la implicará más.
-¿Y qué tramamos?
-Procurar que los Neomortífagos no se adueñen de Hogwarts- respondió Harley, deseoso de contar a su mejor amigo todo lo que pudiera-...aunque, no será fácil.
-Cambios- pronunció el señor Asterope, despacio y en voz alta, para que todos y cada uno de los alumnos lo escucharan.
Era la clase de Defensa contra las Artes Oscuras, que como en otros tiempos, había pasado a ser más bien una clase sobre las Artes Oscuras, a secas. Hasta el momento, habían hasta practicado maldiciones: no entre ellos, pero sí practicarlos, al fin y al cabo. El señor Lauven era estricto y malvado; Rose tenía que hacer un gran esfuerzo para no enfrentarse a él (cosa que también sabía que era una estupidez, ya que él le podía) por las cosas que decía y que les hacía hacer. Pero por lo visto, no era lo suficientemente malvado.
-¿Y qué clase de cambios? Bueno, chicos...estáis en último año. Poco os debería de quedar por aprender, pero...para nuestra sorpresa, no es así. El señor Patterson os enseñó demasiado poco. Debemos de apretaros un poco las tuercas.
Tanto los alumnos de Gryffindor como los de Ravenclaw permanecían en silencio. Un par de los últimos parecían hasta emocionados porque el señor Asterope decidiera subir el nivel de Artes Oscuras.
-Como todos sabéis, el examen final, el É.X.T.A.S.I.S de esta asignatura consistirá en una dura prueba que examine vuestros conocimientos en hechizos y encantamientos que hayáis estado practicando...la semana que viene, se os hará una prueba simulacro, en la que deberéis de poner en practica todo lo que hayáis aprendido de nosotros- remarcó- y como ya sabéis...no será fácil, y haremos especial hincapié en obligaros a olvidar esa...enseñanza anticuada que os daba el señor Patterson. Para que veáis que no todo es tan injusto como suena, os daremos una pequeña pista...
Lauven destapó un estante que había permanecido cubierto por una enorme tela. Todos pudieron ver un enorme recipiente de vidrio, que contenía un espeso humo. Lo observaron bien. Cambiaba. A veces gran parte se tornaba líquido, otro, formaba una piedra sólida, y de nuevo, humo.
Rose sabía lo que era, y ello le heló la sangre, y se la hirvió, al mismo tiempo.
-Eso está completamente prohibido- soltó, sin poder evitarlo. Toda su vida había hablado sin pudor en las clases.
-¿Qué es?- preguntó Ewan, sin dejar de observalo.
-Tal vez la señorita Weasley pueda ilustraros, si es tan amable.
Albus observó a Rose, que parecía tener un nudo en la garganta. La verdad es que a todos les costaba apartar la vista del contenedor.
-Hace no muchos años se descubrió que mezclando sangre de boggart con...restos de dementores, conseguías crear una "sustancia" bastante potente, que potenciaba los perjudiciales efectos sobre los magos de ambas criaturas. No es una sustancia perfecta- siguió diciendo la chica- ya que no es capaz de mantenerse en un solo estado de la materia, pero...
-Se llamainmateria- continuó Lauven- como bien dice vuestra compañera potencia los efectos de ambas criaturas, así que... ¿qué hay mejor para vuestro examen final?
-Pero...Rose ha dicho que es ilegal- interrumpió Charlotte, que se había vuelto más osada desde que era prefecta.
-Lo era- solo dijo Asterope, con una sonrisa en los labios.
-Lo siento mucho, Lily.
La chica se sorprendió, girándose para mirarlo. No esperaba tener a Scorpius detrás después del lío en el que lo había metido.
Boqueó, poniéndose firme.
-Soy yo la que debería pedirte disculpas...y ni siquiera lo he hecho todavía. Perdóname.
-Rose tiene razón. Debimos de avisar a alguien.
-No nos habrían dejado hacerlo si les hubiésemos dicho a Al y a Rose lo que pretendíamos- intentó justificarse.
-Fue muy imprudente.
-Estamos prácticamente en guerra- contestó Lily- las cosas prudentes ya no existen.
Se miraron.
-Tenía mucho miedo de que te pasara algo, por eso accedí a ayudarte- confesó Scorpius- aunque tampoco quise que alguno de los demás saliera herido.
Lily no supo qué decir. La turbaba.
-Precisamente por Hugo, tenemos que seguir intentando ganar.
Él asintió.
-Al me ha contado lo que os van a hacer en Artes Oscuras- se acordó Lily.
-No me da miedo lainmateria...- se encogió de hombros- es posible que ya sepa lo que me va a mostrar. Ya nos hemos enfrentado a boggarts alguna vez.
-Pero no a dementores- dijo, seria.
-Ann dijo que teníamos que usar un recuerdo para combatirlos, ¿no? No ya tengo el mío.
Lily soltó una media sonrisa.
-Por Merlín...espero que sea suficiente. Quién sabe si un patronus funcionará.
-Lo sabremos.
Y efectivamente, lo supieron.
Christinne Bennet fue la primera a la que vieron salir del aula Gran Comedor, donde intuyeron que habría una enorme plataforma para el alumno y la inmateria, rodeados de gradas de alumnos de otros años académicos. La expresión de la chica estaba ida, y se tambaleaba como un péndulo. Parecía que le hubieran robado toda la felicidad. Rose y Grace la observaron atentamente, como el resto de alumnos dispuestos en fila por orden alfabético, dispuestos a entrar a pasarlo tan mal como su compañera.
-Podemos hasta morir ahí dentro- murmuró Rose, en voz baja. Pero Grace la escuchó.
-No nos va a pasar nada. No pueden matar alumnos a los ojos de todos.
-Sí, si hacen que parezca un accidente.
Grace miró a los lados, nerviosa. Se había reconciliado con Rose después del accidente de Hugo, pero aún no había tenido demasiado tiempo para hablar con Albus.
El cuarto de los objetos perdidos empezaba a ser demasiado caluroso. Y llevaba demasiado tiempo esperando al chico. Tras otros cinco minutos, decidió que no esperaría más, pero justo en ese momento, la puerta comenzó a abrirse. Se colocó deprisa tras ella, pero al ver que nadie, aparentemente abría la puerta, se relajó. Se cerró con un ligero "clac". Acto seguido, Albus se quitó la capa.
Grace puso cara de circunstancias. Albus la imitó.
-Siento mucho lo que ha pasado- se disculpó ella- sé que eres el que más enfadado está conmigo.
Él tardó en contestar.
-No estoy enfadado contigo- dijo, y era verdad. Pero al mismo tiempo, era mentira.
-Hace días que ni me miras. Si no te llego a decir de vernos aquí, ni siquiera te habrías molestado en verm...
-¡Es por Mawson, Grace! ¿No te das cuenta? ¡Te pasas el día con él!- por un momento, le pareció un loco ataque de celos- Le dejamos formar parte del E.M, confiamos en él...y de repente empiezan a pasar cosas como esta. Por no hablar de la inmateria. Lo que aparezca cuando Rose y yo tengamos que enfrentarnos a ella puede darle a Asterope muchas pistas sobre Ann o Harley...
-Eso no tiene nada que ver con Cygnus- negó Grace- ¿Por qué pagas tu nervio con él?
-El otro día Charlotte lo vio hablando con el profesor Lauven- parecía estar deseando contárselo a alguien, pero supueso que su prima ya habría oído aquello- ;que casualmente es el que trajo la inmateria a Hogwarts; que casualmente es Neomortífago; que casualmente...
-Bueno. ¿Pero qué decían?- insistió.
-¡No lo sé! Pero no podemos fiarnos de alguien que se ha llevado bien con Scarbot o Samdon durante bastante tiempo.
-¿Bastante tiempo son los dos primeros años de Hogwarts? En fin...estás sacando las cosas de quicio. Como otras cosas- soltó, mordaz- no voy a alejarlo de nosotros. Está de nuestra parte.
Albus la miró largamente.
-Me gustaría mucho que tuvieras razón, pero nada es seguro- dijo, firme- y no me fío de él.
-¿Por qué? ¿Porque es Slytherin?- preguntó, secamente.
Resopló. Estaba agotado.
-No. Porque no lo conozco.
Iba a marcharse, pero Grace se interpuso entre la puerta y él. La distancia fue mínima. El calor los estaba matando, y sus cuerpos respiraron despacio, con gran esfuerzo por parte de los dos. Era fácil abandonarse a la desesperación.
-Si no confías en él...confía en mí entonces.
-Debiste de haberme dicho que Lily y Hugo querían entrar en el despacho de Asterope- le molestaba no haber participado.
-Sé que no ha salido bien y que si hubiera salido bien podría decirte esto y sonar mejor, pero...no puedes implicarte en todas y cada de las cosas que se hagan en contra de los Neomortífagos. Y Scorpius y Cygnus también se sienten mal por Hugo, aunque no sean familia suya.
Albus apoyó la frente en la de Grace, cansado.
-No te voy a decir nada más.
-Bien. Es un avance.
Uno a uno comenzaron a entrar. La mayoría que salieron por su propio pie, salieron como Christinne. Otros, solo un poco desorientados.
De los que no salían, no podían saber nada. El pequeño grupo de profesores que guardaba la fila no decía palabra.
Rose aun no podía creer cómo ni McGonnagall ni nadie había conseguido prohibir aquello. Sus nervios aumentaron cuando a Scorpius le llegó el turno. Lo vio desaparecer por las puertas, y no volvió. Se giraba nerviosa a vigilar a Grace cada poco tiempo. La rubia estaba al borde de un ataque de nervios, pero lo disimulaba bastante bien apretando los puños constamente, hasta hacerse daño. Cygnus Mawson tampoco salió por la puerta.
Se escuchó un sonoro "plof". Carl Phinnes cayó desmayado al suelo justo antes de dijeran su nombre. Se había desmayado.
-Potter, Albus Severus.
Se hizo un silencio sepulcral
Albus atravesó las puertas. A partir de ahí, poco se podía ver. Estaba en un oscuro pasillo, que solo al fondo mostraba una ténue luz blanca. Se preguntó cómo los Neos se las habría apañado para cegar un sitio abierto a los ojos de los magos que atravesaran por ahí. Tampoco se escuchaba nada, aunque sabía que estaba siendo observado por casi todo el colegio.
Avanzó despacio, poniendo un pie delante del otro conscientemente. Fuera lo que fuera lo que enfrentara, podía derrotarlo. Debía hacerlo. Era necesario que lo hiciera.
Subio los escalones y avanzó la tarima. Era como en el club de duelo. De momento, luz y negrura; y lo segundo ganaba por goleada.
No tardó en escucharlo, mientras el humo de lainmateriase acercaba a él.
-Albusss...-siseó una voz.
-Albus Potter...una nueva generación...
Al miró a todas partes, confuso. Giró sobre sí mismo.
-Potter...peor que tu padre...más derrotable...más débil
El humo fue formando un rostro, lentamente, culminando una alta figura. Calvo, pálido cual muerto viviente, con ojos rojos con pupilas verticales. En lugar de una nariz tenía dos orificios nasales como rendijas, parecidos a los de una serpiente, encima de una boca sin labios. Surgieron sus manos de la niebla, con dedos anormalmente largos, sosteniendo una varita. Y volvió a decir, con su voz fría y aguda.
-Más débil.
Albus tembló de pies a cabeza.
-Mi padre te mató- dijo mientras retrocedía, asustado.
-Solo los humanos mueren.
Intentó convocar un patronus, pero su mente se llenó de desesperanza. Se sentía desfallecer. Levantó la varita, vacilante, mientras Lord Voldemort se acercaba a él, riendo.
-Suerte que ahora tú eres el héroe...porque tú no vales nada. Eres patético.
No vales nada.
No vales nada.
-Siempre bajo la ssombra de todos...tú, que siempre has querido brillar...pobre Albus- se mofó. Albus comenzaba a perder la conciencia-pero cómo puede iluminar algo que no tiene luz...-el chico cayó al suelo, desalmado. Comenzó a abandonar su cuerpo. Pero vio su varita, a centímetros de su mano. Pensó en su primer día en Hogwarts, en lo que habían dicho sus padres antes de que se subiera al tren, en el abrazo de Lily, en el apoyo de James a pesar de las pequeñas burlas. En lo feliz que se había sentido de poder escoger quién ser, sin que nadie antes de él pudiera decidirlo o predisponerlo; sin dejar nunca de amar a su familia y su apellido.
-No...es...- estiró la mano, con todo su esfuerzo- cierto...¡Expecto Patronum!- chilló, una vez hubo agarrado su varita.
De pronto, se empezaron a escuchar muchos gritos. Y como un ruido de un cristal gigante desquebrajándose. Comenzó a respirar un poco mejor. De pronto, Lord Voldemort se había ido, y unos familiares brazos lo agarraron bruscamente, levantándolo sin problemas del suelo.
-Bravo, tío- dijo una figura que no pudo ver- siento que hayas pasado por esto, ojalá hubiera sido yo.
De pronto, estaba en una enorme plataforma en el Gran Comedor, tal como debía de ser. Los alumnos más pequeños se escondían detrás de los mayores, que alertas no sabían muy bien qué hacer.
Harley soltó a Albus, que ya casi se había olvidado de lo que pretendían hacer.
Harry Potter junto con un selecto grupo de Aurores de máxima confianza reducían lainmateriay la guardaban dentro de su enorme recipiente, deprisa, mientras otros apuntaban a cualquier profesor neomortífago, para que no se aceraran. Volaron un par de hechizos, pero al haber sido un ataque sorpresa llevaban las de perder.
A aquellas alturas, los alumnos que todavía estaban fuera esperando su turno habían conseguido entrar ante tal jaleo, y se apelotonaban unos encima de otros, intentando enterarse de todo.
Terminaron de guardar lainmateria.
-¡Harley, ahora!- corrió hacia él
Albus sabía lo que tenía que hacer. Que prácticamente nadie se acordara de él en aquel momento.
Harley se subió a los cimientos que los Aurores habían destrozado para conseguir capturar lainmateria,ágil y fuerte como siempre había intentado ocultar. Cuanta más gente lo veía, más murmullo parecía haber.
Grace, que no se había despegado de Rose ni un segundo en mitad del caos, la observó mirarlo con sorpresa infinita: ella no sabía de aquello; posiblemente Albus tampoco. ¿Estaría Ann también allí? ¿Aquello era ya una batalla? Sacó su varita.
-¡Estaba muerto!- chilló alguien, porque alguien tenía que ser la primera persona en decirlo.
Muchas miradas fueron desviadas hacia Rose, que estaba tan sorprendida que no dejaba de mirar a Harley, medio ausente. Todos, incluida Rose, le estaban viendo resucitado.
-¡Ann está viva y sigue luchando!- chilló Harley, con todas sus fuerzas- ¡Tenéis que seguir también luchando con ella, por el mundo mágico...por vuestras familias, por todos nosotros!
Como una coreografía planeada, los Aurores se fueron desapareciendo y Harry subió deprisa hacia donde Harley estaba, y, a pesar de que Asterope había perdido los nervios y había lanzado una maldición hacia ellos, se desaparecieron los dos antes de que los alcanzara.
La multitud estalló en un caos difícil de calmar. Todos empezaron a querer tocar a Rose, y a Albus, todavía tirando en la pista del examinado. Asterope perdió los nervios, y gritando, se preguntó cómo demonios habían conseguido aparecer y desaparecerse.
Grace se alejó para buscar a Josh, que en seguida la localizó y tiró de ella.
-¿Por qué han hecho esto? ¿Para librarnos de la inmateria? ¿Qué pinta Harley en todo esto?
-Creo que les ha dado a Albus y a Rose más apoyos. Recuerda que acaba de afirmar que Ann está viva. Acaba de darnos un motivo por el que luchar de verdad.
Albus observó un momento a su patronus, que lo miraba tranquilo.
La verdadera guerra parecía empezar ahora.
