FRAGMENTOS

¡Hola! Nuevo capítulo.

- Cbt1996: No sabes cuánto me emociona leer tu comentario. Sé que el capítulo fue una tormenta de emociones y que cada personaje tiene una carga muy pesada sobre sus hombros. Entiendo completamente lo que dices de Inuyasha, y creo que es justo verlo desde esa perspectiva, porque Kagome ha sufrido muchísimo y su dolor es profundo. Pero, como bien mencionas, hay muchas capas en esta historia, y poco a poco iremos descubriéndolas. Me encanta que sientas tanto por los personajes, que te duela, que te frustre, porque eso significa que la historia te ha atrapado y que estos momentos realmente importan. Lo que más quise es que el reencuentro de Kagome y Moroha se sintiera real, con todo el peso de lo que han pasado. Y muchísimas gracias por tus palabras sobre la escritura, de verdad significan el mundo para mí. :) Y sobre lo de la página de Facebook, sí, ha sido un golpe fuerte, pero me da mucha paz saber que están ahí, siguiéndome en otros espacios. No sabes cuánto valoro tu apoyo. Nos seguimos leyendo, mi bella, y mil gracias por acompañarme en esta historia. ¡Un abrazo enorme!

- joiscar: Sentí todo tu coraje en cada palabra, y créeme, lo entiendo. Este momento es difícil, porque la herida sigue abierta y las decisiones del pasado siguen doliendo. Inuyasha ha cometido errores, y aunque haya razones detrás de ellos, eso no quita el dolor que causó. Kagome, por otro lado, ha sido increíblemente fuerte, pero también ha sufrido en silencio, cargando con todo mientras él parecía seguir adelante. Lo que viene no será fácil, pero tienes razón en algo: Kagome es fuerte, y no está sola. Su madre, sus hijos y quienes la quieren de verdad estarán ahí para ella. Inuyasha tendrá que enfrentar todo lo que dejó atrás, y cuando la verdad salga a la luz… bueno, ahí veremos si realmente está listo para asumir lo que significa ser padre. Me encanta leer todo lo que te hace sentir esta historia :) Nos seguimos leyendo, ¡te mando un abrazo enorme!

- Rosa. Taisho: ¡Mi bella! No sabes cómo me he reído con tu comentario, aunque también siento tu dolor, lo prometo. Primero que todo, realmente lamento muchísimo lo de tu página, y sí, sé lo frustrante que es perder algo en lo que pusiste tanto esfuerzo (por cierto, ya te sigo en tu nueva página). Ahora, sobre el capítulo… ¡Ay, ay, ay! ¿Cómo te explico que yo también sufrí escribiéndolo? Sé que lo de Moroha fue un golpe bajo, pero tenía que pasar. No podía ser fácil, porque el dolor que ha acumulado estos años no desaparece de un momento a otro. Y sí, Yura tenía que aparecer en el peor momento, porque si algo sabe hacer es destrozar lo que queda en pie. Me declaro culpable de ser la Teresa suprema en ese capítulo, pero qué le vamos a hacer, me gusta el drama intenso. No me mates todavía, que la historia no ha terminado y aún hay mucho por ver. Te agradezco de corazón por vivir cada capítulo con tanta pasión, eso es lo que hace que escribir esta historia valga la pena. Nos leemos en el próximo, mi bella, ¡te mando un beso enorme!

- Karii Taisho: ¡Hola, hola! Primero que todo, es increíble cómo logras desglosar cada parte de la historia y vivirla con tanta intensidad. ¡Me encanta! Lo de Inuyasha y Kagome es un dolor de esos que se clavan hondo, porque ambos han sufrido demasiado y, lamentablemente, también han hecho sufrir a Moroha sin quererlo. Como dices, ella es la más afectada, la que carga con la confusión y el peso de la verdad a medias, y es inevitable que sufra con todo esto. Me parte el alma, pero era necesario mostrar este lado de la historia. Kagome ha tomado decisiones difíciles, y aunque su intención siempre ha sido proteger, la falta de comunicación entre ambos solo ha creado más heridas. Inuyasha, por su lado, creyó lo que quiso creer y siguió adelante sin cuestionarse mucho, algo que ahora le está explotando en la cara. Y claro, Yura tenía que aparecer en el peor momento para clavar la daga aún más profundo. Moroha, por su parte, es un enigma. Nadie sabe realmente qué piensa o siente, y ese silencio es lo que más duele. InuYasha pecó de ingenuo al no hablar con su hija desde un inicio, y ahora está pagando las consecuencias. Va a tener que luchar muchísimo para recuperar a Kagome y a su familia, pero si alguien puede hacerlo, es él. Ahora la pregunta es… ¿será demasiado tarde? ¿Podrán sanar todas las heridas que se han abierto? Hay mucho dolor, pero como bien dices, ese lazo que los une es inquebrantable. ¡Mil gracias por el apoyo y por pasarte al canal de WhatsApp! Me emociona mucho saber que disfrutas tanto de la historia, aunque me quieras lanzar de un barranco de vez en cuando jajaja. Nos leemos en el próximo capítulo, mi bella. ¡Te mando un abrazo gigante!

- Carli89: ¡Hola! Primero que todo, muchísimas gracias por animarte a comentar. Saber que has seguido la historia desde el principio y que te ha sorprendido con sus giros me llena de alegría. Me encanta que hayas analizado tanto la situación de Inuyasha y Kagome porque, como dices, ambos han tenido razones para actuar como lo hicieron, pero eso no significa que sus decisiones hayan sido las mejores. Inuyasha creyó en lo que veía, en lo que le decían, y aunque la amaba, también es un ser con dignidad, con heridas y con la necesidad de protegerse del dolor. Por otro lado, Kagome, con el miedo y el peso de la responsabilidad, tomó una decisión que los separó aún más. Ninguno es completamente culpable ni completamente inocente, y eso es lo que hace su historia tan compleja y dolorosa. Y bueno… Moroha, pobrecita, se encuentra en el centro de esta tormenta emocional, pero como tú, también tengo fe en que todo se solucionará. Porque a pesar del dolor, del orgullo y de los errores, el amor que los une es fuerte y real. Me alegra muchísimo que disfrutes de la historia y que valores los matices de los personajes. De verdad, comentarios como el tuyo me motivan muchísimo a seguir escribiendo. ¡Gracias por tomarte el tiempo de compartir tus pensamientos! ¡Te mando un abrazo enorme y espero verte en los próximos capítulos!

- Kayla Lynnet: ¡Dios mío! ¡Este comentario es una montaña rusa de emociones y yo aquí sintiéndome como la villana de la historia! Jaja. Primero que todo, gracias por tomarte el tiempo de escribir esto con tanta pasión. En serio, sentir la intensidad con la que has vivido este capítulo es el mejor cumplido que puedo recibir como escritora. Sé que te he hecho sufrir, que te he roto el corazón (y no solo el tuyo, sino el de Inuyasha, Kagome y Moroha en el proceso), pero cada palabra que has escrito demuestra que la historia te ha atrapado por completo, y eso es invaluable. :) Entiendo tu frustración con Inuyasha, y créeme, todo lo que dices tiene fundamento. Él también falló, y aunque duele verlo así, a veces necesitamos que los personajes toquen fondo para poder ver cómo resurgen. Kagome ha cargado con mucho dolor, y la reacción de Moroha es otro golpe más que ella no se merece. Pero las heridas tardan en sanar, y el camino para la reconciliación nunca es fácil. Sobre Yura… bueno, no diré nada, pero digamos que tus sospechas son más que razonables. Y sí, me imaginé que este capítulo te iba a hacer gritar, llorar y querer buscarme con un sartén (o algo peor), pero ¿no es esa la magia de las historias? Que nos hagan sentir, aunque sea rabia y desesperación jaja. Gracias por tu apoyo incondicional, por seguirme a pesar de que las redes a veces nos juegan en contra, y por estar ahí en cada capítulo, sufriendo conmigo y con los personajes. No te prometo que la tormenta acabará pronto, pero sí que cada palabra tiene un propósito. Y sobre Koga… bueno, ya veremos qué pasa. Pero quédate cerca, porque todavía hay mucho por contar.

- rueda9363: Tienes razón, ella no merecía esto. No merecía el encierro, las amenazas, la angustia constante de no saber si el mañana traería un poco de paz o una nueva pesadilla. Nadie le dio la oportunidad de entender que había otras maneras de proteger, nadie estuvo ahí para enseñarle que podía confiar, que no tenía que cargar el peso del mundo sola. Y ahora, cuando finalmente tiene la oportunidad de recuperar algo de su vida, todo lo que encuentra es odio y desprecio. El dolor de Moroha es un golpe más a su corazón ya destrozado, porque la única razón por la que Kagome soportó todo fue para protegerla. Sin duda, es una herida sobre otra, un sufrimiento sin tregua, pero como bien dices, Kagome es fuerte. Ella luchará, ella sanará, y cuando lo haga, el mundo tendrá que reconocer la gran mujer que es. E Inuyasha… él también tendrá que enfrentar su verdad, el peso de sus decisiones y el dolor de haberle fallado a la persona que más amaba. Tal vez aún no lo ha entendido del todo, pero llegará el momento en que el arrepentimiento lo consuma y entonces, ¿será demasiado tarde…? Eso lo veremos más adelante. Gracias a ti por leer, por sentir la historia en cada fibra de tu ser, por dejarme ver cuánto te ha tocado el alma. Prometo que seguiré contando esta historia, y aunque la angustia nos haga sufrir, cada capítulo nos acercará un poco más a la respuesta que todos buscamos. No me iré, y no te dejaré esperando demasiado. Lo prometo.

- Marlenis Samudio: ¡Hola! Primero que nada, gracias por leer y por compartir todas tus impresiones. Me encanta lo metida que estás en la historia. :) Sobre Koga, entiendo perfectamente tu frustración. Su papel en todo esto es bastante ambiguo, y sí, pudo haber hablado en su momento, pero también hay razones detrás de su silencio. ¿Las correctas? Eso ya queda a criterio de cada quien. Lo que sí es cierto es que su presencia complica las cosas más de lo que ayuda, y no es casualidad. Inuyasha... Ay, Inuyasha. Lo que dices es muy cierto, está cegado por su dolor y su enojo, lo que no le deja ver la verdad, aunque la tenga enfrente. Afortunadamente, al menos Kagura tuvo ese momento de lucidez y pudo hacerle ver que había más en la historia de lo que él creía. La conversación entre Kagome e Inuyasha fue un momento clave porque, como bien señalas, aquí se enfrentaron a la realidad de su falta de confianza mutua. No solo fue el engaño de terceros, sino también sus propias decisiones las que los llevaron hasta este punto. Y lo de Moroha... Es desgarrador. Toda esa injusticia, el dolor de ambas, la forma en que la inocencia de Moroha termina hiriendo aún más a Kagome sin ella siquiera saberlo. Tienen un camino muy difícil por delante para reconstruir su relación, pero si algo tiene Kagome es que no se rinde fácilmente. Sobre la supuesta información de la boda y la relación que tiene la maestra en todo esto... bueno, digamos que tus sospechas no son infundadas. Hay más hilos moviéndose tras bambalinas de lo que parece. Y en cuanto a Yura... digamos que ella no es de las que dejan ir lo que creen que les pertenece sin luchar. Lo de Hoshi es otra de esas heridas que Inuyasha tendrá que cargar. No solo se equivocó con Kagome y Moroha, sino que también lastimó a su propio hijo sin siquiera saberlo. Como dices, queda ver cómo afrontará la verdad cuando la tenga de frente. En fin, muchas gracias por compartir tu sentir. Me encanta leer teorías y reacciones como la tuya. Nos seguimos leyendo.

- Ferdi Arevalo: Si te dejé en pedazos y te hice llorar un lago entero, entonces mi misión ha sido cumplida con éxito. Pero eso de que me vas a jalar las patas... mejor me duermo con luces prendidas por si acaso jaja. Lo de Hoshi e Inuyasha, sé que me quieres ver lanzándoles un salvavidas, pero ¿será que lo haré? Y lo de Kikyo... un manicomio podría ser poco castigo, pero tranquila, que las vueltas de la vida en esta historia son crueles. Gracias por estar aquí a pesar de que FanFiction ande con sus locuras. ¡Nos seguimos leyendo, mi bella!

- DR: ¡Exacto! No todo lo que brilla es oro, y en esta historia, cada quien tiene sus sombras bien guardadas. Koga puede ir de héroe, pero de ahí a que realmente lo sea... mejor no nos adelantemos. Kikyo ya demostró que las apariencias engañan, y Yura... bueno, otra que tiene bien afiladas las garras. Aquí nadie es completamente inocente, y cada uno carga con lo suyo. Me encanta que estés analizando todo, porque créeme, las verdades todavía no han terminado de salir a la luz. ¡Se vienen más revelaciones!

Muchísimas gracias. Quiero dedicar este agradecimiento especialmente a las hermosas personitas que se unieron al canal de WhatsApp. Han sido días difíciles después de lo que hizo Facebook… porque sí, no solo perdí la página, sino también mi perfil personal. Para mi mala suerte, tenía mi cuenta de Instagram vinculada, así que fue una pérdida dura. A pesar de todo, ver sus reacciones en el canal me ha dado un poco de alegría. De corazón, gracias por todo su apoyo. :)

Ahora bien, sobre el capítulo de hoy… Seremos testigos de los efectos que dejaron estos cinco años, de las consecuencias de ciertas ausencias y, sobre todo, de decisiones inevitables. Pero ya les adelanto que aún quedan más giros por venir. Por ahora, disfruten la lectura. Y una vez más, gracias infinitas por su apoyo.

P.D. Mi querida Rosa. Taisho, gracias por tu hermoso mensaje. Por ahora, no tengo cuenta en X, pero si algún día me animo a abrir una, les avisaré por el canal para que sigamos en contacto. ¡Gracias por todo tu apoyo! Que tengas un día maravilloso.

Atte. XideVill


Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.


CAPÍTULO 37.

INUYASHA

Me llevé una mano al rostro, tratando de contener el temblor en mis dedos. La imagen de Kagome, rota, destrozada ante mí, no dejaba de repetirse en mi cabeza. Su voz temblorosa, su mirada llena de furia y dolor… Me das asco.

Ella tenía razón.

No había otra forma de verlo. No solo la había perdido, la había destruido.

Porque no fue solo la ausencia. No fue solo el tiempo. Fue lo que hice con ese tiempo. Fue que la dejé atrás y permití que otra mujer ocupara su lugar.

Yura.

Cerré los ojos con fuerza, sintiendo el peso de todo lo que había hecho. Sabía lo que Kagome debía haber sentido al enterarse. Lo imaginé. O tal vez ni siquiera podía acercarme al verdadero infierno en el que la sumergí.

¿Cómo debe sentirse saber que la persona que amas, la que un día te juró que siempre estaría a tu lado, terminó con alguien más? ¿Cómo debe haber sido para Kagome ver que, mientras ella sufría, mientras luchaba por soportar mi ausencia, yo…?

Un escalofrío me recorrió la espalda.

No podía justificarme. No podía decir que fue un accidente, que simplemente pasó. Nada simplemente pasa. Fueron mis decisiones, una tras otra, las que nos trajeron hasta aquí.

Quizás al principio fue la soledad. La necesidad de llenar el vacío que dejó Kagome, de encontrar algo que me hiciera sentir menos… roto. Pero ahora, ahora que la vi ante mí con el corazón hecho pedazos, me daba cuenta de que lo único que hice fue empeorarlo todo.

La herí de la peor manera posible. No con palabras, no con indiferencia, sino con hechos.

Y ahora ya no había vuelta atrás

–Inuyasha.

Levanté la vista, apenas consciente de su presencia. Sesshomaru me observaba con esa expresión fría e impenetrable de siempre, pero había algo en su mirada… algo que no supe descifrar.

No respondí de inmediato. ¿Qué podía decir? ¿Que mi mundo acababa de derrumbarse? ¿Que el peso de mis errores me estaba asfixiando? ¿Que el odio en los ojos de Kagome me había atravesado más profundo que cualquier herida?

Me pasé una mano por el rostro, intentando borrar el ardor en mis ojos.

–¿Qué pasa…? –Mi voz sonó áspera, casi rota.

Él no dijo nada al principio, solo me estudió en silencio, como si estuviera evaluando cuán bajo había caído.

–Nuestro padre quiere hablar contigo –sentenció al final, con esa frialdad suya que siempre me sacaba de quicio.

Pero esta vez no había rabia en mí. No tenía derecho a enojarme. Todo esto, todo este desastre… era mi culpa.

–Bien… –solté resignado mientras pasaba por su lado.

Mi hermano caminaba detrás de mí, su presencia pesaba como la de un verdugo escoltando a su condenado. El pasillo parecía interminable, cada paso se alargaba con el peso de lo inevitable. Entonces, unas voces rompieron el silencio. Me detuve en seco al reconocer la de Kagura… pero no estaba sola.

–...yo sí les creo –dijo ella, con aquella voz cálida que la caracterizaba–. Y espero de corazón que algún día Kagome me perdone por haberla abandonado.

–Bueno, tampoco es que nosotros te dimos más opciones –dijo Koga con una sonrisa.

No me atrevía a avanzar, pero tampoco podía alejarme. Sesshomaru se detuvo a mi lado, sin decir nada. Ambos sabíamos que era mejor si nos manteníamos en silencio.

–Me gusta… –susurró Kagura.

–¿Qué cosa?

–Volver a verte.

Koga se movió un poco, solo para estar más cerca de ella.

–¿Cómo ha sido tu vida en estos años? –preguntó sin dejar de mirarla.

–¿Quieres que sea honesta?

–Te agradecería si lo fueras.

Kagura sonrió compartiendo el momento.

–Me he sentido… como un ave enjaulada –comentó, y sus palabras pesaron más de lo que podía admitir.

Sesshomaru a mi lado también se tensó. Él más que nadie sabía que era cierto, que desde que Kagura llegó, había tenido que renunciar a su libertad.

–Pero no todo es tan malo –continuó–. Tengo a Kanna y ella está bien, a salvo. Supongo que eso es lo que importa.

–¿Qué hay de ti? ¿Te sientes a salvo?

Ella analizó la pregunta. Tal vez nunca se había puesto a pensar en ello. O tal vez sí.

–Creo que si algo llegara a suceder… –murmuró con un suspiro entrecortado–, dudo que alguien pensara en protegerme.

–¿Lo dices por él?

Asintió.

–Pero supongo que está bien… –murmuró con una sonrisa apagada–. Dejé de preocuparme por mi propia seguridad el día en que Kanna nació.

–Yo las protegería.

Aquella sentencia caló en mi hermano, lo supe por la forma en la que se movió incómodo a mi lado.

–¿Quién se cree ese idiota…? –murmuró entre dientes, con la furia contenida en su voz.

–Basta –advertí en un susurro–. No es nuestro asunto.

–¿Qué dices? –cuestionó desconcertado–. No se supone que está con Kagome, ¿qué pretende ahora con Kagura?

–No…

¿Cómo podía hacerle entender que lo de Koga y Kagome no era real? Que, si él quería proteger a Kagura, tenía todo el derecho de hacerlo. Pero, aun así, dudaba que Sesshomaru estuviera dispuesto a aceptarlo.

–Tal vez suene un poco loco lo que voy a decir –soltó, Kagura algo nerviosa–. Pero… había estado pensando en irme de la mansión con Kanna, tal vez tú…

–¿Sí? –Koga la miró con expectación, acercándose apenas un poco más.

Kagura tomó aire, como si estuviera reuniendo el valor necesario para continuar.

–Bueno… solo si tú quieres.

Por un instante, la duda pasó por su rostro, pero Koga no tardó en responder.

–Sí quiero.

Ambos sonrieron, como si por fin compartieran un mismo anhelo.

–¿Te gustaría venir con nosotras…? –preguntó ella con cautela, como si temiera la respuesta.

Pero antes de que Koga pudiera decir algo, una voz gélida los interrumpió.

–De ninguna manera.

Sí. Sesshomaru había hablado.

Sus ojos dorados se posaron en Kagura con una expresión fría, pero supe que detrás de esa mirada inmutable había algo más, algo que ni él mismo comprendía del todo.

–No irás a ninguna parte –declaró con firmeza.

Kagura tensó la mandíbula, y por un instante, una chispa de rebeldía cruzó su mirada.

–¿Y quién te crees para decidir eso por mí?

–No confundas las cosas, Kagura. No es una petición –sentenció con dureza.

Koga avanzó un paso, con los puños cerrados.

–Si ella quiere irse, se irá. No tienes ningún derecho a detenerla.

Sesshomaru apenas le dirigió una mirada de advertencia antes de volver su atención a Kagura.

–Si crees que puedes simplemente tomar a Kanna y largarte sin más, entonces has olvidado con quién estás tratando.

El aire se volvió pesado. Kagura desvió la mirada, apretando su labio con frustración. Koga, en cambio, parecía listo para desafiarlo en cualquier momento.

No podía intervenir, no aún. Esto no era mi lucha… pero sabía que, en algún punto, lo sería.

–No puedes detenerme…

–¿A dónde irías? –preguntó con calma, ignorando por completo la presencia de Koga.

–A cualquier lugar donde pueda ser libre –respondió ella sin titubear–. Y si Koga quiere venir con nosotras, ¿qué importa?

Koga la miró con sorpresa ante sus palabras, pero luego esbozó una sonrisa segura.

–Déjala ir, por qué te empeñas en quererla aquí si ella no te importa en lo más mínimo –soltó Koga con acidez.

–Porque allá afuera no hay garantías de que estarán a salvo. Aquí, sí.

–¿A salvo? –Kagura repitió con amargura–. No me hagas reír. ¿Desde cuándo esta jaula se convirtió en protección?

–Desde que empezaste a depender de ella para mantener a Kanna con vida –replicó Sesshomaru sin titubear.

Un silencio pesado cayó entre ellos. Kagura respiró hondo, temblando de rabia y frustración.

–Me llevaré a mi hija, Sesshomaru y ni tú ni nadie me lo va a impedir.

–No te llevarás a mi hija –soltó severo.

–Te recuerdo que Kanna no lleva tu apellido, tú no tienes derecho sobre ella.

Miré a Sesshomaru, tal vez queriendo que pare ya con esta absurda discusión. Que, si Kagura quería vivir su vida, él no tenía derecho a interferir.

–Puedo pelear por ella, saber que lo haré. No me orilles a eso, Kagura.

Ella lo miró con odio mientras se acercaba para confrontarlo.

–No lo harías… –susurró con desesperación–. Lo prometiste…

–Bueno… tal vez cambié de opinión.

–Basta, Sesshomaru.

–No interfieras –me dijo con firmeza.

–Me iré…

Kagura sostuvo la mirada de Sesshomaru, esperando alguna reacción más allá de su frialdad habitual. Pero él solo la observó, inmóvil, como si su decisión no le importara en absoluto.

–Bien, entonces vete –dijo al fin, con una calma que se sentía como una sentencia–. Pero mi hija no saldrá de esta casa. No mientras yo viva.

Kagura apretó los labios.

–Eso está por verse... ¡Suéltame!

–¡No la toques!

Koga reaccionó antes que yo, alcanzándola en un instante. Sesshomaru apenas tuvo tiempo de girarse cuando Koga lo embistió con toda su fuerza, obligándolo a soltar a Kagura. Ella tropezó hacia atrás, sorprendida, mientras Koga se colocaba frente a ella en una postura protectora.

–Kagura ve por Kanna. Nos iremos ahora.

–Idiota…

–¡Basta! –El grito de Rin llegó en el momento preciso.

No sabía cómo habría acabado todo si ella no se hubiera aparecido.

–Rin… –susurró.

–Déjala ir.

–Pero…

–Se lo prometiste. ¿Recuerdas? –dijo acercándose a mi hermano.

–Pero es mi hija…

–Sí, y no dudo que ella también lo sepa –dijo mirando a Kagura–. Pero… he visto a su madre siendo infeliz por cinco años. ¿No crees que tu hija merece tener una madre feliz?

Kagura apenas lograba contener las lágrimas. Saber que Rin era consciente de lo miserable que había sido durante estos cinco años sólo hacía que se sintiera aún peor.

–Rin…

–Solo déjala ir, Sesshomaru… o seré yo quien se marche, y esta vez para siempre.

Sesshomaru no respondió de inmediato, pero su expresión se endureció. Su mirada gélida se posó en Kagura, luego en Koga y finalmente en Rin.

Esta era, sin duda, la encrucijada más difícil de su vida. Soltar a su hija significaba perder también a Kagura, su primer amor… y su primera gran herida. Pero aferrarse a ella significaría perder a Rin, la única luz que lo había mantenido de pie en sus momentos más oscuros.

Su pecho se oprimió bajo el peso de la decisión. No podía tenerlo todo. No esta vez. ¿Qué camino tomaría? ¿Cuál de sus dos mundos estaba dispuesto a ver desmoronarse?

–No tienes que decidir –murmuró Kagura, secándose las lágrimas con la punta de los dedos–. Porque ya sé cuál será tu elección. Nunca fui yo… nunca lo seré.

Su voz tembló, pero se obligó a continuar.

–Sé que todo esto lo haces por Kanna, no por mí, y está bien. No voy a quitarte a tu hija, jamás lo haría. Puedes verla cuando quieras, siempre estaré dispuesta a que sigas siendo parte de su vida… porque sé cuánto la amas. Y ella también te ama –Su sonrisa se quebró en los bordes, frágil como ella misma en este momento–. Pero yo… yo también necesito algo, Sesshomaru. Necesito mi propio espacio, necesito aprender a respirar sin sentir que me ahogo, necesito recordar lo que es ser importante para alguien… así como Rin lo es para ti.

Sus ojos buscaron los suyos una última vez, como si esperara encontrar algo allí, algo que la hiciera cambiar de opinión. Pero solo encontró el mismo abismo de siempre.

Y Sesshomaru la miró en silencio, con su expresión impenetrable, pero sus ojos reflejaban una batalla interna que solo yo noté. Kagura había dicho en voz alta lo que ambos sabían, lo que él jamás admitiría: nunca la elegiría a ella.

–No quiero perder a mi hija –murmuró, con un tono más sombrío de lo habitual.

Kagura sonrió con tristeza.

–Y no lo harás… Pero yo ya me perdí hace mucho tiempo, Sesshomaru. Y no puedo seguir así.

Por primera vez en años, él sintió que no tenía control sobre la situación, que no importaba cuánto intentara aferrarse, todo se le escapaba de las manos.

Sus ojos encontraron los míos, y en ese instante supe que era una despedida. No una cualquiera, sino aquella de la que habíamos hablado, la que parecía lejana pero que ahora se hacía realidad.

Ella se iría.

Y yo… yo me quedaría solo con mis fantasmas, sin nadie con quien compartir el peso de mis decisiones, de lo que fui, de lo que soy.

.

Esperé en silencio, sin atreverme a moverme. Mi padre estaba frente a mí, sentado en su escritorio, con esa calma imperturbable que siempre lo rodeaba. Su expresión no delataba nada, pero el peso de su presencia hacía que el aire en la habitación se sintiera más denso.

–La pérdida es la única certeza que nos acompaña siempre –comenzó, mientras dejaba todo y me miraba–. Puede que sea sorpresa para todos, pero yo ya estaba enterado.

–¿Hablas de Kagura? –pregunté mientras me acomodaba en mi asiento.

–Así es. Tuvo el coraje de decírmelo de frente. A pesar de todo, la valentía es una virtud que pocos poseen. Y yo valoro eso.

–La casa no será la misma sin ella y Kanna.

Mi padre dejó escapar un suspiro pesado y se recostó en el respaldo de su silla.

–Lo repito una vez más: la pérdida es la única certeza que nos acompaña siempre. Es parte de la vida.

Asentí en silencio, sin saber qué responder. ¿Qué se supone que debía decir en un momento como este?

–He hablado con Naomi –Lo miré atento–. Fue ella quien dio con Kagome.

–¿Qué…?

–Creí que lo sabías.

Negué. Me di cuenta de que había pasado por alto algo importante: no le pregunté a Kagome cómo había logrado escapar.

–Lo hizo ella sola. A nuestras espaldas, incluso sin que Rin supiera nada.

–¿Por qué? –increpé algo molesto.

–Dijo que, sin importar cuál fuera la verdad, nunca la abandonaría… No como nosotros lo hicimos.

Me dejé consumir por la culpa y vergüenza que sentía al haber dudado de ella.

–También me dijo que apoyará cualquier decisión que Kagome tome en adelante.

–¿Decisión?

–Así es, y si ella decide recuperar a Moroha por la vía legal, entonces Naomi la apoyará.

–No puede hacer eso… Moroha está demasiado vulnerable ahora. Un enfrentamiento legal sería otra herida más –afirmé.

–Solo queda esperar qué pasará. De cualquier modo, Myoga ya está al tanto.

Fruncí el ceño.

–¿Myoga? ¿Para qué?

Mi padre me miró con serenidad, como si ya hubiera previsto cada uno de mis cuestionamientos.

–Para asegurarnos de que, si esto avanza, tengamos la mejor estrategia posible.

–No. No quiero tener una pelea legal con Kagome.

Mi padre me observó en silencio por un momento, como si estuviera evaluando mis palabras.

–Lo entiendo –dijo finalmente–, pero si Kagome decide tomar ese camino, no podremos hacer nada para evitarlo.

Apreté los puños. La sola idea de enfrentarme a ella en un tribunal me revolvía el estómago.

–Debe haber otra manera… –murmuré, más para mí mismo que para él.

–Si la hay, tendrás que encontrarla antes de que sea demasiado tarde –advirtió con calma, pero con firmeza–. Te diré esto no como padre, sino como abuelo. Ya perdí a una de mis nietas. No pienso perder también a Moroha.

Sus palabras cayeron como una losa sobre mi pecho. No me hablaba como el hombre sereno que siempre había sido, ni siquiera como el líder que solía mantener la compostura en todo momento. Me hablaba como un abuelo que temía perder a su nieta, como un hombre que ya había sufrido una pérdida irreparable y no estaba dispuesto a permitir otra.

Tragué en seco, sintiendo el peso de su mirada sobre mí.

–Yo tampoco quiero perderla… –admití en voz baja–. Pero tampoco quiero ganarme el odio de Kagome.

Mi padre suspiró y asintió con gravedad.

–Entonces encuentra la manera de evitarlo. Antes de que esto se convierta en una guerra en la que nadie gane.


KAGOME

El techo de mi habitación era lo único que veía durante horas. A veces cerraba los ojos y deseaba que, al abrirlos, todo hubiera sido un mal sueño. Pero la realidad seguía ahí, pesando sobre mí como una losa imposible de mover.

No sé cuántos días habían pasado desde la última vez que salí de la cama por algo más que una necesidad básica. Y tampoco he sabido algo de Koga. Tal vez entendía que aún no estaba lista para hablar… o tal vez, como todos, también ha decidido alejarse. Mi madre entraba de vez en cuando, dejaba la comida en la mesita y se iba sin decir mucho. Y Hoshi…

Mi pequeño.

Era la única razón por la que aún seguía respirando.

Aun así, no quería que me viera así. No quería que sus ojitos inocentes se fijaran en mí y me descubrieran rota, hecha pedazos. No quería que sintiera el peso de mi tristeza ni que su risa infantil se apagara por culpa de mi patético dolor.

Pero… ¿hasta cuándo podría seguir escondiéndome? ¿Hasta cuándo podía fingir que el mundo allá afuera no existía?

Sé que debo levantarme. Sé que debo intentarlo, por Hoshi, por mí. Pero mi cuerpo no respondía y mi mente… mi mente solo repetía una y otra vez el mismo pensamiento cruel:

No vales nada. No mereces nada. Y sobre todo… eres fácil de olvidar.

Y tal vez… tal vez tenía razón.

–Mami… mami…

Asomé la cabeza por encima de las sábanas que me envolvían.

–Mami…

–¿Hoshi...? ¿Qué ocurre, cariño?

Sentí cómo se subía sobre mí, esforzándose por mantener entre sus pequeñas manos un peluche en forma de oso.

–Estoy aburrido… –musitó, mirándome con esos grandes ojos que siempre lograban ablandarme.

Aproveché el momento para deslizar mis dedos por su suave cabello plateado.

–¿A qué quieres jugar? –pregunté con una leve sonrisa.

–A tú me buscas y yo me escondo.

Su inocencia era enternecedora, un contraste tan puro con el peso que oprimía mi pecho.

–¿Dónde está tu abuela? –pregunté, incorporándome con él en brazos.

–Dijo que volvería pronto.

–¿Te dijo a dónde iba?

Negó con la cabeza mientras salíamos de la habitación.

–¿Te dejó solito…?

Antes de que pudiera terminar la frase, una voz profunda me sobresaltó al llegar a la planta baja.

–Buen día, señora.

Me giré de inmediato y mis ojos se encontraron con un rostro vagamente familiar. Lo observé por unos segundos hasta que, de golpe, mi mente hizo la conexión. Él… él era el hombre al que mi madre había enviado por mí. Mi salvador.

–Hola –respondí, aún procesando su presencia–. Nos volvemos a ver.

–Es un placer verla de nuevo.

Bajé la mirada un instante antes de volver a enfrentarlo.

–Nunca te agradecí por lo que hiciste por nosotros…

–Bankotsu –interrumpió suavemente, presentándose antes de que pudiera continuar.

–Bankotsu, nunca te agradecí por salvarnos.

–No hace falta que lo haga –dijo finalmente–. Es parte de mi trabajo.

–¿Te dedicas a salvar damiselas en peligro?

Él sonrió ampliamente antes de mirarme a los ojos.

–Se podría decir.

Le devolví la sonrisa mientras bajaba a Hoshi con cuidado.

–Asumo que estás aquí por petición de mi madre. Algo así como mi guardaespaldas personal.

Bankotsu inclinó ligeramente la cabeza, con esa expresión neutra pero firme que parecía natural en él.

–Algo así –confirmó sin rodeos–. Aunque preferiría decir que estoy aquí para asegurarme de que esté bien.

Solté un suspiro, sin estar segura de cómo sentirme al respecto. No era la primera vez que mi madre tomaba decisiones por mí, pero en esta ocasión… tal vez no estaba del todo mal.

–Quiero salir un rato –dije, observando a Hoshi mientras se refugiaba detrás de mis piernas–. Tal vez al parque. Está aburrido, y la verdad, no me queda más opción que darle un poco de diversión –Suspiré y volví la mirada hacia Bankotsu–. Después de todo lo que hemos pasado… creo que nos vendría bien un poco de aire fresco.

Bankotsu asintió con tranquilidad, como si ya hubiera anticipado mi respuesta.

–Me parece una buena idea. Un poco de aire fresco siempre ayuda.

Hoshi asomó la cabeza detrás de mis piernas, observándolo con curiosidad, pero sin atreverse a decir nada.

–Entonces, ¿nos acompañas? –pregunté, más por cortesía que por otra cosa.

–Eso depende –respondió con una media sonrisa–. ¿Me lo está pidiendo o me está informando?

Rodé los ojos y tomé la mano de Hoshi con suavidad, pero con una sonrisa.

–Haz lo que quieras –murmuré antes de encaminarme hacia la puerta–. Pero si vienes, espero que al menos sepas jugar a las escondidas.

Escuché su leve risa antes de seguirnos en silencio.


INUYASHA

Había pasado más de una semana desde la llegada de Kagome a la mansión. Más de una semana desde que mi mundo se desmoronó y me despedí para siempre de Kagura y Kanna.

El ambiente en la casa era sombrío. Mi madre apenas hablaba; la ausencia de su pequeña nieta la afectaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. Y Sesshomaru… bueno, él no era indiferente a la pérdida. A veces lo veía deambular por el jardín, tal vez esperando que, en cualquier momento, la puerta de la habitación donde solían estar Kagura y su hija se abriera y ella corriera hacia él, como solía hacerlo cada mañana mientras lo llamaba papá.

Pero si había alguien que me preocupaba más que ellos, era Moroha. Nuestra cercanía ya no era la misma. Apenas me dirigía la palabra y, cuando lo hacía, sus respuestas eran cortas y frías. Se había encerrado en su habitación como si así pudiera aislarse del mundo entero, como si esconderse la ayudara a escapar del dolor. Lo entendía, en parte, pero… ¿hasta cuándo? ¿Cuánto más pensaba seguir evitándonos?

Yo ya estaba harto. Harto de verla encerrada en ese caparazón, de su silencio, de esa mirada vacía cada vez que cruzábamos caminos. No iba a permitir que se siguiera consumiendo en esa prisión autoimpuesta.

–Moroha, voy a entrar –advertí antes de abrir la puerta de su habitación.

Al hacerlo, ella se incorporó de inmediato, dejando caer su celular.

–No quiero hablar con…

–No, esta vez no vas a huir. Sabes muy bien que tenemos una conversación pendiente.

–Pero, papá…

–Pero nada –sentencié, cerrando la puerta tras de mí–. Francamente, me sorprende tu actitud. Yo no te eduqué así.

–Lo siento… –murmuró, bajando la cabeza.

–Moroha…

–Pero dolió que la defendieras.

Solté un suspiro y avancé hacia ella. Me senté en la cama y le hice un gesto para que hiciera lo mismo.

–Hija, a veces las cosas no son lo que parecen.

–Le creíste –espetó, con una acusación en la mirada–. Creíste sus mentiras, papito. Ella nos dejó y se olvidó de nosotros. Lo leí en una revista virtual. Vi las fotos de su boda con otro hombre… con el mismo con el que tuvo el descaro de volver a esta casa.

Cerré los ojos un instante y dejé escapar un largo suspiro. Me odié por creer que protegerla significaba ocultarle la verdad, por pensar que mantenerla al margen era la mejor opción. Pero no… solo la había dejado con una historia incompleta, con un vacío que terminó llenando con resentimiento.

Ahora lo entendía.

Ahora lo veía con la claridad de quien ya no tiene derecho a cerrar los ojos.

–¿Recuerdas cómo llegaste a mí?

Moroha me miró sin comprender mi pregunta.

–Hace muchos años me encontraba en una iglesia a punto de dar el sí a una persona que no era tu madre.

–Ella no…

–Escúchame –dije, tomando sus manos antes de que pudiera protestar–. Durante mucho tiempo, he cargado con la culpa de una pérdida dolorosa. Y tu abuelo… él estaba en medio de una crisis financiera enorme. Fue por eso que acepté casarme con la heredera de una familia importante.

Moroha me miraba en silencio, completamente absorta en mi relato.

–Pero el día de mi boda, justo cuando estaba en el altar frente a Kikyo, pedí una señal. Si ese no era mi destino, necesitaba saberlo. –Respiré hondo, recordando aquel instante–. Y entonces llegaste tú… tan pequeña y frágil, con tu pijama rosa. Gritaste "papá" y corriste hacia mí. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer.

–No recuerdo nada de eso…

–Es normal, eras muy pequeña. Tenías la misma edad que Kanna.

Moroha mantuvo su mirada en la mía, expectante, esperando que continuara.

–Se suponía que Kagome estaba muerta… o al menos eso fue lo que me hicieron creer durante años. Lloré su ausencia, me culpé por lo que pasó… pero la verdad era que todo ese tiempo la tenían secuestrada.

–¿Qué?

–No lo recuerdas, pero estuviste con ella durante cinco años. Fue tu tía Sango quien te sacó de allí por petición de tu madre.

–No lo recuerdo…

–Y, sinceramente, prefiero que nunca recuerdes ese pasado. Pero, por otro lado, me gustaría que al menos recordaras los momentos felices que viviste con Kagome.

–¿A qué viene todo esto, papito?

Me acomodé en mi sitio, soltando un suspiro antes de hablar.

–No te cuento esto para lastimarte, hija. Te lo digo porque Kagome no es la villana de esta historia, como piensas. Y antes de que digas algo… –me apresuré a añadir–. Tu madre no se fue con otro hombre.

–Pero la revista…

–La obligaron. La amenazaron.

–¿Quién?

–Kikyo.

–¡¿Kikyo?! ¿La mujer con la que te ibas a casar?

Asentí con seriedad.

–Así es. Ella, al igual que su padre, es de lo peor. Pero ese hombre ya está muerto… en vida utilizó a tu madre para conseguir lo que quería. Si prestaras atención a esas revistas que leíste, lo habrías notado. –Tomé su celular y le mostré la pantalla–. Mira la foto. Esa es tu madre, Kagome. Pero dime… ¿qué dice en los titulares?

Moroha bajó la vista a la pantalla y leyó en voz alta.

–Escargot Hirano…

–Naraku fue quien la obligó a cambiar de nombre. La volví a ver bajo esa identidad… y no tienes idea de cuánto me costó mantener la calma en ese momento.

–Entonces ahora… ella…

Moroha parecía confundida, más de lo que había anticipado.

–Ahora ella ha regresado, después de cinco años. Fue tu abuela Naomi quien nunca dejó de buscarla.

Mi hija no apartaba la vista de la pantalla.

–Moroha…

–¿Estás seguro? ¿No será otra mentira de esa mujer solo para…?

–No –afirmé con firmeza–. Mi error fue ocultarte la verdad…

–Tú no ocultaste nada, no lo sabías. No sabías nada de esto.

–Tal vez, en el fondo, sí lo sabía –murmuré con amargura–. Pero me resultó más fácil aceptar que se había ido con otro, que pasar años buscándola sin respuestas.

–Papito…

–Te dije todo lo que necesitas saber –continué, mirándola con seriedad–. Ya eres lo suficientemente grande para decidir qué hacer con esta verdad. Solo te pido algo… no vuelvas a alejarte de nosotros. Somos tu familia, y lo único que queremos es lo mejor para ti.

Moroha me observó en silencio durante unos segundos eternos, hasta que, finalmente, se inclinó hacia mí en busca de un abrazo. La sostuve con firmeza, sintiendo cómo su respiración se acompasaba contra mi pecho.

–¿Hay algo más que deba saber?

Tomé nota mental de su pregunta. ¿Algo más…? Tal vez lo de Yura, pero ese era un asunto que debía resolver por mi cuenta.

–Sí, hay algo más… –suspiré antes de continuar–. Tienes un hermano pequeño. Se llama Hoshiro.

Moroha se apartó de inmediato, sus ojos brillaron al encontrarse con los míos.

–¿Eso es verdad?

–Tan cierto como que te apellidas Taisho.

Su rostro se iluminó con una sonrisa antes de lanzarse a mis brazos con ímpetu.

Sabía cuánto anhelaba tener un hermano. De pequeña, cuando aún no entendía cómo llegaban los bebés, me lo pedía a cada rato, como si fuera un simple juguete. Pero con el tiempo dejó de hacerlo… tal vez porque asumió que nunca sucedería.

–Te quiero mucho, papito.

–Y yo a ti, princesa. Quiero que sepas que pase lo que pase siempre te voy a querer.

–¿Por qué lo dices?

Sonreí antes de besar su frente.

–Por nada en especial.

Pero en el fondo, quería que recordara esto. Porque si algún día Kagome llegaba a reclamar legalmente la custodia de Moroha, yo… simplemente aceptaría sin oponerme. Amaba a mi hija más que a mi propia vida, pero el daño que le causé a Kagome era irreparable. Y si ella quería recuperar a nuestra hija, entonces yo… no pelearía.

.

Tenía un sinfín de llamadas y mensajes sin responder de Yura. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarla, pero en estos días no tenía ni la paciencia ni el ánimo para lidiar con ella otra vez. Kagura tenía razón… había sido un gran error darle un lugar en mi vida por segunda vez.

Suspiré hondo, intentando concentrarme en la brisa fresca que traían los árboles, mientras observaba a Moroha a unos metros de distancia. Estaba empeñada en hacer que Kuma comiera sus lombrices premium en lugar de las que salían del estanque. Sonreí para mí mismo… supongo que todavía le costaba aceptar que su pato, después de todo, era solo eso: un pato.

–...dos, tres…

Sostuve al niño cuando se aferró a mis piernas, y en ese instante, todo mi mundo se redujo a él. Sus ojos, dorados como los míos, me observaron con curiosidad, mientras su cabello plateado, corto pero imposible de ignorar, brillaba bajo la luz. Era tan pequeño… y, aun así, tan imponente en su sola existencia.

–Hola…

–¡Hoshi!

Alcé la mirada al tomar conciencia de la dueña de aquella voz. Me puse de pie, buscando el origen del llamado, y en ese preciso instante, el pequeño niño tomó mi mano con total naturalidad, como si siempre hubiera estado allí.

–Mami –dijo, señalando en una dirección que seguí de inmediato con la mirada.

Y entonces, nuestros ojos se encontraron. Kagome y yo nos observamos a la distancia, atrapados en un instante suspendido en el tiempo. No sabía qué pasaba por su cabeza, pero podía sentirlo con certeza: no le agradaba verme ahí… y mucho menos sosteniendo la mano de su hijo.

–¡Bankotsu! –llamó a la distancia.

Quise dar un paso hacia ella, pero me detuve en seco cuando vi a un hombre aparecer a su lado. Kagome le dijo algo que no alcancé a descifrar, y él, tras dirigir una mirada en mi dirección, comenzó a caminar directamente hacia mí.

–Buen día, señor –saludó con cortesía–. Lamento si lo hemos incomodado. Vamos, Hoshi, tu mamá nos espera…

Pero una parte, tal vez primitiva de mi existencia, se negó a soltar al niño. El hombre frente a mí lo notó y pareció titubear. Antes de que pudiera reaccionar, la voz de Moroha irrumpió en el momento.

–Papito, ¿ocurre algo?

Volteé hacia mi hija, quien al parecer aún no había reparado en el pequeño que seguía aferrado a mi mano.

El silencio se instaló entre nosotros, denso y cargado de tensión. No duró mucho cuando su voz rompió el aire.

–Moroha…

Fue apenas un susurro, pero lo suficientemente profundo como para estremecerme hasta los huesos.

Moroha se tensó a mi lado de inmediato, su mirada saltó hacia Kagome, quien ahora estaba más cerca, de pie junto a aquel hombre desconocido.

–¿Moroha…? –la vocecita del niño rompió toda la tensión mientras la observaba con asombro–. ¿Tú eres mi hermana Moroha?


KAGOME

No estaba en mis planes, para nada, encontrarme con Inuyasha por casualidad. Y mucho menos que conociera a Hoshi de esa manera. Pero no pude evitarlo… cuando volví a ver a Moroha, todo lo demás dejó de importar.

Y ahora estábamos aquí, de pie, uno frente al otro, mientras nuestros hijos interactuaban como si nada más existiera. Moroha sonreía sin apartar la vista de Hoshi, y él, por alguna razón, parecía extrañamente fascinado por su pato. Ambos estaban completamente ajenos a la tensión que flotaba entre nosotros.

Yo intentaba ignorar la presencia del hombre frente a mí, pero, de vez en cuando, levantaba la mirada para observar sus reacciones ante cualquier ocurrencia de Hoshi. Sin embargo, en varias ocasiones, nuestras miradas se encontraron, pero, la mayoría del tiempo prefería evitarlas.

–¿Quiere que vaya por el auto? –me dijo Bankotsu al oído, y yo asentí lentamente.

–Sí, será mejor que lo tengas listo.

El hombre asintió con la cabeza antes de irse.

–... este es mi oso –dijo Hoshi, mientras se lo enseñaba a Moroha–. Su nombre es Kuma.

–¿Kuma? Mi pato también se llama igual –Ella sonrió–. Y creo que también tenía un oso cuando era pequeña. ¿Verdad, papá?

Moroha miró a Inuyasha en busca de aprobación y él sonrió al mirarla.

–Así es…

–¿Papá? –soltó Hoshi–. ¿Qué es un "papá"?

La sola pregunta me golpeó en el corazón. Había hablado con él sobre Inuyasha, pero, al igual que Moroha, para Hoshi, Inuyasha era su "papi", no exactamente su papá.

–Verás… –dijo Moroha antes de que pudiera interferir–. Un papá es alguien fuerte y grande, es la persona que te cuida y te quiere mucho.

La vi mirar a Inuyasha con una sonrisa antes de continuar.

–También es quien está contigo cuando te enfermas, se preocupa por ti, juega contigo y te carga en brazos cuando ya no quieres caminar.

Vi a Hoshi fijar su mirada en Inuyasha por un instante, pero antes de que pudiera reaccionar, noté una figura acercándose detrás de él. Koga.

Me saludó a la distancia con una sonrisa despreocupada, y justo cuando iba a responderle, la voz de Hoshi desgarró el aire con un grito que me congeló.

¡Papá!

El mundo pareció detenerse. Vi cómo Inuyasha se quedó inmóvil, sus manos temblaron apenas, y su expresión era imposible de descifrar. Pero antes de que pudiera hacer o decir algo, Hoshi pasó corriendo a su lado sin siquiera mirarlo.

Se lanzó a los brazos de Koga, quien, ajeno a la tensión que nos envolvía, lo sostuvo con facilidad y lo llenó de besos. La risa de nuestro hijo resonó como un eco cruel en el silencio.

Inuyasha no se movió. Yo no me moví.

Entonces, como si un reflejo se activara en ella, vi a Moroha levantarse de golpe. Sus ojos fueron directo a su padre, y sin dudarlo, corrió hacia él, abrazándolo con fuerza por la cintura.

Inuyasha tambaleó, pero no tardó en corresponder el abrazo de nuestra hija.

–Ve por el auto, papito. Ya no quiero estar aquí.

–Moroha… –dije en un susurro, y ella evitó mirarme.

Inuyasha acarició con suavidad las mejillas de Moroha antes de inclinarse y depositar un beso en su frente. Le susurró algo en voz baja, lo suficiente para que solo ella lo escuchara, y sin dudarlo, la vi echar a correr hacia donde estaban las cosas de Kuma. Mientras tanto, Inuyasha dirigió su mirada en mi dirección, pero en lugar de decir algo, simplemente asintió con la cabeza en un gesto breve y distante de despedida. Luego, sin siquiera mirarme una vez más, se dio la vuelta y se alejó, dejándome con un extraño peso en el pecho.

Lo vi irse, vi su silueta alejándose con cada paso, y sentí cómo algo dentro de mí se quebraba. No era rabia, no era alivio… era un dolor sordo, el tipo de herida que no sangra, pero deja una marca imborrable.

No volteó. Ni una sola vez.

Ni siquiera para asegurarse si olvidaba algo o no.

Y yo me sentí como aquello que estaba olvidando.

Por favor no te vayas.

Regresa.

Por favor…

Continuará...