I

Kagome Higurashi tenía veintitrés años recién cumplidos. Había abandonado la carrera de enfermería, así como su ciudad natal porque anhelaba convertirse en actriz. Sin embargo, la escuela de arte dramático, así como la vida en Tokio eran costosas. Por eso, cuando vio publicado en Internet que la afamada empresa Tessaiga estaba buscando una secretaria ejecutiva para agregarla a sus filas no dudo ni un instante en postularse por el puesto.

Era consciente que competía ante jóvenes más preparadas que ella, pero nadie le ganaba en cuanto tenacidad y osadía. Ese empleo le aseguraba un sueldo fijo y competitivo para poder continuar con el plan de vida que se había trazado. Sí o sí el puesto sería suyo.

Con arrojó entró al lujoso inmueble, saludó con cortesía al vigilante y abordó el ascensor, en cuanto llegó al piso donde se llevaría a cabo la cita quedó sorprendida. El lobby se encontraba atiborrado de postulantes, las había de todas las edades, tallas y colores. Aquel ánimo que tenía en un inicio se apagó; conseguir el trabajo sería mucho más difícil de lo que imaginaba. Tampoco ayudó que le dieran el último turno. En algún punto contratarían a alguien y ella se quedaría con un palmo en las narices.

Los nervios se apoderaban de ella cada que una de las otras chicas pasaba a la oficina de recursos humanos, no obstante, la esperanza afloraba cuando salían rechazadas. Tan ensimismada estaba en esa montaña rusa de sentimientos qué no cayó en cuenta de la hora hasta que su estómago gruñó, miró hacía los enormes ventanales y contempló como comenzaba a caer la noche. ¡Dios santo! Llevaba un día entero ahí. Y aunque la imagen de un sándwich le hacía agua a la boca, no estaba dispuesta a moverse ni un milímetro de ahí.

Cuando faltaban sólo dos chicas por entrevistar, el jefe de recursos humanos salió para notificarles qué la entrevista se las realizaría personalmente el CEO de la empresa. Aquello le puso los nervios de punta.

Era del dominio público que el director de la empresa era un hombre joven, atractivo, de escandalosa reputación y demasiado franco e iracundo para el gusto popular. Estaba segura que no soportaría que la tratara con descortesía o que se hiciera el fresco con ella. Si había algo que podía sacarla de quicio era la patanería.

- ¿Escucharon chicas? - pregunto de pronto una de las jóvenes- ¡Nos entrevistará InuYasha Taisho!

- ¡Qué nervios! - repuso la otra- ¡Es tan guapo! - pronunció en medio de un suspiro- espero no enmudecer en su presencia.

Aquella inusitada emoción causó desconcierto en Kagome, ¿acaso esas se creían qué sería como en los doramas y k dramas?; era una entrevista laboral, por favor. Sintió una enorme confianza surgir en su interior, ahora se sentía en ventaja. Ella iba a trabajar no a ligarse al jefe.

Los cuchicheos cesaron en cuanto entró el director al lobby, vestía un impecable traje azul rey que resaltaba su porte elegante. Pasó como rayo y sin siquiera mirarlas.

- La que sigue, pronto- dijo secamente en cuanto abrió la puerta de la oficina.

La joven que esperaba no enmudecer se incorporó temblando e ingreso hecha un manojo de nervios. No estuvo ni tres minutos. Kagome la vio salir con los ojos llorosos, intuyó que había quedado muda en cuanto estuvo frente a frente al "guapísimo" CEO.

- ¿Quién sigue?

La siguiente muchacha mostraba tener un temple más frío. Se acomodó la ropa y desabotonó los dos primeros botones de su blusa; Kagome arrugó el ceño, esa iba por todo. No obstante, corrió la misma suerte que la otra, aunque duró tres minutos más. Salió hecha una furia, con los puños cerrados y mascullando improperios.

En este punto, nuestra bella protagonista no sabía si realmente conseguiría el empleo o no. Sin embargo, cuando escucho "la que sigue" en ese tono seco y monótono, supo que tenía que tomar al toro por los cuernos y quedarse con el puesto.

Caminó lo más segura que pudo, aunque sentía sus piernas como de gelatina, entró a la oficina y se quedó por un instante sin aliento.

La primera chica no exageraba cuando dijo que era guapísimo, lo era y mucho. Su cabello blanco y largo junto con sus ojos dorados le daban una belleza exótica. Ahora entendía porque decían que cualquier mujer caía a sus pies, aunque ella no era cualquier mujer, por lo menos no una que se impresionara fácilmente por un junior sexy.

Tragó duro cuando percibió que la observaba de pies a cabeza con intensidad, el ámbar de sus ojos brillaba y ella se sintió estremecer. Con un gesto de su mano le indicó que se sentará; en cuanto lo hizo, él se recargo en el respaldo de su asiento y llevó una de sus manos a la barbilla sin dejar de mirarla, antes de revisar su hoja de vida.

- Higurashi Kagome...- sus ojos se abrieron por la sorpresa- Universidad de Keiō- frunció el ceño- aspirante a actriz... - la miró de nueva cuenta con intensidad por algunos segundos- estás contratada.

- ¿Contratada? - preguntó sorprendida

- Sólo necesito a alguien que se conforme con el salario- se encogió de hombros- y por lo visto tú no tienes grandes aspiraciones.

- Pero que...- se incorporó rápidamente, la indignación afloró en su piel.

- El trabajo de secretaria es solo una fachada- soltó él al verla sublevarse.

- ¿Una fachada?

Kagome estaba en este punto realmente confundida.

- Pretenderás ser mi prometida por un tiempo- dijo con una sonrisa de lado.

- ¡¿Qué!?

- No es mi deseo, pero mi padre pretende casarme - se levantó de su asiento para quedar a la altura de ella- ya sabes un matrimonio arreglado- comenzó a pasearse por la oficina- por eso se me ocurrió conseguir una prometida- volvió a mirarla- eres joven, bonita y de buen ver... así que lo único que tienes que hacer es sonreír a mi lado durante un mes y medio de vacaciones.

- ¡Eso es una locura! ¡No puedo hacer eso! - intentó ir hacia la salida, pero una fuerte mano la detuvo por el brazo.

- ¿Por qué no? - preguntó- quieres ser actriz, ¿no es así? - soltó el agarre cuando la sintió relajarse- veló como un trabajo actoral más. Además, te pagaré diez veces más de lo acordado, eso te ayudará, ¿o me equivoco? No creo que sea una mala oferta.

Kagome suspiro y dio media vuelta para verlo. No se equivocaba, esa cantidad le costearía toda la carrera e incluso sobraba para conseguir un manager.

- Entiendo- le extendió la mano- acepto tu propuesta.

- Perfecto- tomo su mano y la estrecho animado- entonces actúa como una buena prometida. Discutamos los detalles esta noche.

Kagome asintió con la cabeza antes de tomar su bolso.

- Sólo una última cosa- se acercó peligrosamente a su rostro- es una regla muy importante- acarició su mejilla con su pulgar- de ninguna manera te enamores de mí.

- ¡Por supuesto que no! - exclamó alejándose de él- soy una profesional.

- ¡Excelente! - se acercó a su escritorio y sacó un par de cosas del cajón- antes de que te vayas, ten- le extendió una tarjeta- ve a las tiendas de Ginza y Omotesando y compra un guardarropa digno de mi prometida- sonrió divertido- si vamos a hacer esto, hay que hacerlo bien.

Kagome tomó la tarjeta, incapaz de creer en su buena suerte.

- Y toma esto también- le acercó un móvil última generación- ya tiene mi número en los contactos, por aquí me comunicaré exclusivamente contigo. Te enviaré un mensaje más tarde para decirte el lugar y la hora de la cena.

La joven sólo atinó a asentir con la cabeza. Cuando salió de la oficina se imaginó que así se sintió Cenicienta cuando la visitó el hada madrina, tan sólo esperaba que este repentino golpe de suerte no se convirtiera en calabaza.


N/A: ¡Hola! Aquí de nuevo. No continuo mis historias previas, pero me aventuro a escribir una nueva jejeje. En realidad esta historia estaba destinada a ser un One Shot, pero al parecer tiene potencial para ser un short fic.

Así que, espero nos estemos viendo pronto. ¡Gracias por leer!

P.D: Me aventure a publicarla también por Wattpad, así que sí la ven por ahí, soy yo también.