Disclaimer: Desde las profundidades siniestras de nuestra mente, hemos vuelto, con esta pasión prohibida, rompiendo con las parejas establecidas y desafiando los estándares de la sociedad mágica, claro, los personajes le pertenecen a JK Rowling. Este fic pertenece a la Celebración «Halloween» del Drinny fest del grupo Drinny/Dranny: ¡El mejor amor prohibido!
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BLOODY KISS
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
*¿Estàs seguro de que estamos despiertos? Me parece que aún dormidos soñamos. —William Shakespare.
*º*º*º
Dulces sueños.
Ginevra había estado tomando un par de copas para celebrar su triunfo, pero todo el entusiasmo había ido en descenso conforme la noche avanzaba, sin mayor interés en perseguir la fiesta arribo a su casa yéndose directo a la cama. El cansancio del juego la había dejado molida, pero con una grata sensación. Sin duda había sido un gran partido y un triunfo más que tendría que estar disfrutando con él, esto era de lo que habían hablado en esos días robados en Hogwarts, pero al final todo les había sido arrebatado, no podía ser…
Tocó su collar añorando el ayer, se recostó y no tardo en perderse en el mundo de los sueños.
La noche avanzaba como cualquier otra, sin contratiempos ni tempestades, el cuchicheo del barrio se fue disolviendo hasta que cayó en una quietud inquietante, siendo este el preludio de algo más oscuro. Si Ginny hubiese tenido un animal mágico tal vez hubiese podido ser advertida, pero incluso las alarmas del lugar cayeron sin más ante la maldad presente.
La suave tela de la cortina que cubría el ventanal del departamento se fue deslizando de forma tan tenue que pasaría inadvertida de no ser por el responsable de esto, una espesa bruma fue colándose por la rendija inundando el lugar en un espectáculo por demás espeluznante.
Draco fue tomando su forma física hasta que estuvo completamente materializado, la oscuridad que aún yacía no terminaba de esconder la poderosa figura masculina de rasgos aristocráticos que llenaba el lugar.
Se quedó quieto analizando su siguiente movimiento, forzando las riendas de su autocontrol para mantener a raya al monstruo que llevaba dentro de él, no quería comportarse como un animal, no quería que recordara a la bestia que a él había llevado a la muerte. No podía ser así y por más tonto que sonará quería ser una última vez el mago que Ginny había conocido.
Y por todos los magos conocía bien que estaba rompiendo mil reglas del aquelarre en este momento, seguramente Usrid se enfurecería, pero él mismo lo había puesto en esta encrucijada, era más que obvio que había previsto esto, era un jodido maldito... .
Por fin estaba al borde de la cama de la mujer que le era totalmente prohibida y al mismo tiempo le pertenecía, era su principio y su fin, porque la había reclamado como suya robándosela al salvador del mundo mágico y esa decisión había sellado su infortunado destino, recordándoles porque su amor jamás debería haber existido, ellos jamás iban a poder ser felices… este amor seguiría quemándolos y el enlace de magia, al no poder ser burlado los desgarraría haciéndolos aún más infelices.
Sus fosas nasales se expandieron aspirando el dulce aroma que desprendía Ginevra, tuvo que tragarse el gruñido gutural que deseaba escapar de su garganta y que venía de lo profundo de su ser. El perfume a flores nunca había sido su favorito, pero en ese momento lo enloquecía tanto o más que la Amortentia, ¡por Slytherin!, justo estaba para irse directo a St. Mungo al ala de los locos.
La deseaba con todas sus fuerzas, con un hambre que no respondía a ninguna razón. Sus encías dolían, su garganta rugía por esa sangre y su cuerpo ese estaba más despierto que nunca, le dolía la entrepierna por las ganas que tenía de hacerla suya una y otra vez.
Y por fin se atrevió a romper las ataduras que lo mantenían con los pies en el mismo sitio, rodeó la cama con tal sutileza que parecía más un fantasma que un vampiro, se detuvo frente a ella y deslizó su rodilla dejando que descansara sobre la alfombra, parcialmente hincado observó a Ginny su cara de muñeca salpicada por pecas, sus labios carnosos entreabiertos y esa pequeña nariz de duendecilla.
Todo le resultaba tan atractivo y nuevo, con su visión mejorada podía incluso contar sin problema la cantidad de pestañas que tenía, era sencillamente increíble. La melena roja como la sangre esparcida por la almohada, lo invitaba a deslizar sus dedos por ella y su piel lechosa que resplandecía en la oscuridad lo tentaba a tocarla. El pulso en su garganta y su sangre corriendo por su cuerpo, lo hipnotizaba, cuánta vida había en ella y cuánta belleza.
Era una imagen tan tentadora para un sediento de todo como él. Sin temor a mentir el cuadro perfecto que incluso podría pintar con los ojos cerrados, una verdadera obra de arte, estaba atravesando el camino hacia Hades nuevamente, no tenía duda de ello, porque esto era una cruel tortura.
Ginny ajena a aquel escrutinio y lejos de saber de la batalla que carcomía a Draco, seguía perdida en el mundo de Morfeo, dejando escapar un murmuró sin sentido, girándose hacia él con movimientos adormilados.
Malfoy sabía que no podía quedarse ahí por siempre, el reloj apremiaba, no es como si el tiempo se hubiese detenido desde su llegada. Se levantó en un movimiento elegante y desenfadado, anduvo por la habitación como animal encerrado, como una pantera cazando a su presa, varias ideas disparadas asaltaban su mente hasta que finalmente se sentó en el sillón que se encontraba ahí, recargó los brazos en sus rodillas, mientras sus manos permanecían unidas, su cabeza descansó sobre éstas en un gesto de concentración y gravedad.
«Puedo llevármela ahora y nadie lo sabría.»
Cuán loca y deliciosa sonaba esa idea, pero por más que fantaseara con eso, al final se encontraría con ella alcanzando su destino con él: la muerte..
La palabra difícil se queda corta para describir por lo que estaba atravesando en este momento. Apretó su mandíbula sintiendo sus colmillos filosos, que estaban deseosos de rasgar su piel clavándose profundamente hasta probar su sangre.
Malditos fueran todos lo que lo habían llevado a estar así, maldito fuese Usrid por hacerlo tomar una decisión que no deseaba y que sin embargo lo había arrastrado ahí.
Ginny abrió sus ojos aún aturdida por el sueño, tenía una extraña energía recorriéndola del tipo que experimentas cuando alguien te esta observando fijamente, confundida pasó su mirada soñolienta por la habitación pero no había nada ahí, y aún así no se sintió tranquila al contrario tuvo un extraño presentimiento buscó a tiendas su varita, pero cuando la afianzo una fuerte pesadez tomó posesión de su cuerpo.
«Deja la varita, sólo es un sueño.»
Malfoy repitió una vez más el mensaje adentrándose en la mente de Ginny. Apenas y había logrado ocultarse en las sombras, repitió su mensaje una vez más con mayor seguridad. Esto era lo más cercano a la maldición Imperius qué podía realizar.
Se quedó cerca de la ventana, observando a la hermosa mujer. Dejando ir sus poderes, continuó tejiendo una red por la mente de ella, sumergiéndose en su subconsciente. Si su tía Bellatrix estuviese viva sin duda lo felicitaría por su acto de manipulación mental.
Ginny se removió en su colchón, parpadeó acostumbrándose a la oscuridad, ¿qué sensación era esa?, recordaba haber despertado antes y buscar su varita, porque había percibido algo.
«Qué extraño.»
Tomó su varita, pero no alcanzo a pronunciar ningún hechizo cuando un peso sumió el colchón, ella se ladeó confundida buscando al causante de esto, su sobresalto fue tal que saltó de la cama hasta pegarse en el ventanal con su rostro totalmente desencajado.
«¡Qué carajos!».
¡Era él, era Draco, su amor, su tormento…!
El corazón golpeaba tan fuerte su pecho qué sentía que saldría de él en cualquier momento, no tenía control de su cuerpo, estaba totalmente en shock. ¿Cómo podía ser? ¡Él estaba muerto, ella había presenciado como lo asesinaban!
Draco se deslizó lentamente hasta quedar frente a ella. Ginny había perdido todo su color tal parecía que estaba a punto de desfallecer. Él podía parecer estoico e impasible, pero en realidad estaba luchando tan fuerte consigo mismo para no atacarla.
Ginevra no lograba terminar de digerir lo que estaba pasando, estaba fuera de sí, varios sollozos ahogados escaparon de su boca, su ojos se llenaron de gruesas lagrimas que hacían caminos por su rostro. ¡Era increíble el parecido de aquel sujeto con Draco!
Porque no podía ser él, ¿acaso era alguien más usando una poción multijugos? Pero quién podía ser tan cruel para presentarse en su casa y jugarle esa broma. Pero si no era eso, ¿podría tratarse de un dopplerganger o qué diablos era esa cosa frente a ella?
El hombre o lo que fuese no estaba vestido como aquel chiquillo mimado del Colegio que recordaba, ni siquiera su aspecto era el mismo, el que estaba frente a ella, no era un chico más, era más maduro, con faciones marcadas, lucia arrasadoramente atractivo y sin embargo había algo más, algo que la asustaba aún más…todo él emanaba peligro y oscuridad, hacia que se le pusiera la piel de gallina.
Sus ojos consternados se hundieron en los profundos del sujeto, intentando darle sentido a su presencia, buscando respuestas que sólo la hicieron estremecerse hasta la médula, la arañaban sus recuerdos, su amor, su tormento, su locura. ¿Si Draco hubiese tenido oportunidad de madurar así es cómo hubiese lucido?
No, no podía ser.
Sintió que la sangre se le helaba ante la perturbadora idea que se estaba formando en su cabeza.
Balbuceó un par de veces antes de que por fin lograse que de su boca brotara una frase elocuente:―¿Q-quién eres? ―No, no estaba formulando la pregunta incorrecta―¿Qué eres?
A dónde es que había dejado su varita, de inmediato volteó hacia el suelo, seguramente la había dejado caer cuando había saltado de la cama tan estrepitosamente.
Pensó en lanzarse por ella, pero él la detuvo con una sola frase.
―No la necesitas.
Esa voz, ese arrastre de palabras, sus ojos volaron hacia él con horror. ¿Cómo era posible? ¿Qué era todo esto? ¿Una pesadilla? ¿Un delirio? ¿Una cruel venganza? ¿Un inferis?
―¿M-Malfoy?
La línea de su boca tiró hacia un lado en una mueca llena de sarcasmo, tan característica del chico que había pertenecido una vez a la Casa de las serpientes. ―No ―pausó―. No soy a quién recuerdas.
La verdad la golpeó como lo hubiese hecho un ataque desarmador, aturdiéndola, dejándola tan vulnerable como un muggle ante un mago, como una persona ante una bestia. Él no era Draco, más sin embargo, lo era.
Observó su mano y ahí estaba la prueba que le hacía falta, el anillo que relucía con fulgor. En verdad estaba sucediendo y eso no dejaba paso a pensar que era un engaño, pues ese ella se lo había colocado a Malfoy durante el ritual mágico que habían hecho, era casi imposible que alguien pudiera replicarlo con tal exactitud.
Su mundo dio un giro por completo. Sintió que sus piernas flaqueaban y tuvo que sostenerse de las cortinas.
¡Por Morgana, era Draco! ¡Había vuelto! ¡Él había regresado por ella! ¡Pero estaba muerto, ella lo había visto con sus propios ojos! ¡Los muertos no regresaban, no deberían hacerlo!
―No tienes que esforzarte por ponerle lógica a un sueño.
«¿Un sueño? ¿En verdad es esto un sueño?».
Para Ginny esto era demasiado real, la oleada de dolor lo era tanto que no concebía que estuviese dormida.
―Es una estupidez, he perdido las canicas…―Todos tenían razón había perdido ya la cabeza.
Él avanzó con pasos medidos y cautelosos, acortando la distancia hasta el punto que ella lo sintió acorralando con toda su imponente figura, alzando por varios centímetros sobre su cabeza. Devolviéndola a su época estudiantil en que habían estado así.
Ni siquiera tenía las fuerzas para huir, se quedó apeñuscada contra el ventanal, temblando como una presa acorralada. Él frunció su ceño profundamente, mostrando apenas un atisbo de emoción. Elevó su mano y dejó que cubriera la curva de su cuello. Gienvra respingó al sentir el tacto, las puntas de sus dedos estaban heladas, pero su tacto se sentía terriblemente real, tan real como la electricidad que la recorrió.
Malfoy se deleitó con la suavidad de su piel, todo se sentía tan diferente a como lo recordaba, su cuerpo rugía por ella, el demonio dentro de él pedía reclamarla, tomarla hasta el final, cuán duro estaba luchando para poder permanecer en este momento así, quieto, sin herirla. Se inclinó con lentitud hasta alcanzar el otro lado de cuello, respiró su aroma en el punto en donde su pulso brincaba salvajemente, su sangre lo llamaba como una hipnotizante melodía.
La punta de su nariz rozó la zona soltando un sonido gutural, refrenándose. Enredó sus largos dedos en las hebras rojas retorciéndose ante su propio dolor, las encías le escocían ¿cuánto más podía estar junto a ella sin causarle daño?
―Olvida y jamás pienses en eso de nuevo…
Ginevra expulsó un angustioso quejido, ¿por qué estaba sintiendo que esto era nuevamente una despedida?
No entendía, nada de eso tenía sentido y aún así... se sentía tan real.
―No.
―Los muertos no vuelven.
Ginevra lo sabía, era lo que todos los días se decía. Sus manos se aferraron a la capa qué llevaba el hombre, incluso sentía la textura de la tela y podía percibir su loción. Aun sin una explicación lo único que podía pensar era que él estaba ahí, ¡era real, estaba ahí, con ella!
―Pero... estás aquí… ¿Nigromancia…?
Malfoy soltó una risa sarcástica. ―No. ―Se alejó como una sombra, pasó las manos por su cabello plateado en un gesto que estaba lejos de tranquilizarlo.
Aún en medio del shock y sin tener la certeza de lo que ocurría se lanzó por su varita, apuntándole al instante. ―Q-quiero respuestas... ―balbuceó.
Él se giró con una mueca mordaz ante la amenaza de un posible ataque, la contempló con un rictus rígido, su mirada era una tormenta plateada que la hizo perder la firmeza con la que sostenía su varita. ¡Por las barbas de Merlín podía desarmarla si quería! Esos ojos, los reconocía… ¿cuántas veces se había sentido atravesada por ellos?
―No tienes que ser masoquista, no soy quién tú crees, a quién buscas esta muerto, jamás volverá…
El dolor explotó en su alma, bajó su varita y fue hasta él tomándolo de la mano.
―¡¿Por qué tienes esto?!
Draco le arrebató su mano, lanzando un gruñido que dejó ver dos filas de dientes afilados. Ginny brincó hacia atrás abriendo sus ojos con terror, comprendiendo lo que tenía enfrente. Él avanzó hasta colocarle una mano en su cuello, sintiendo nuevamente su pulso contra su piel. Ella respondió retorciéndose alzando su varita.
Ya no existían más dos corazones que latieran al mismo ritmo.
La soltó con la terrible sensación de un Crucio partiéndolo y la empujó por los hombros contra el vidrio , alejándola. ―Olvídalo, a quién esperas no es más que polvo…
¡Por Morgana, que carajos era todo eso! Ginevra resintió el golpe, sentía que estaba a mitad de un laberinto mental. No era él malcriado del Colegio y sin embargo era él, pero no de la forma en que se había ido, no era un mago, no era un inferis... no era Nicromancia, era una criatura que le pertenecía a la oscuridad.
¡Era una jodida locura!
Tal vez si había perdido la cordura, probablemente estaba alucinando, quizás era culpa del alcohol... pero no importaba cómo había sido o de que manera había vuelto... estaba ahí, como tantas veces deseo, tal vez si habían respondido a sus plegarias los grandes magos... o tal vez no, tal vez algo prohibido, no lo entendía... pero su corazón ese si que estaba desbordado por tenerlo enfrente.
―Malfoy ―barbotó soltando su varita y aferrándose a los brazos de él.
Draco con la furia que burbujeaba en su interior quiso arrancarse su toque, pero ni siquiera fue capaz de apártese siquiera un paso. ―No.
Entonces pronunció su nombre nuevamente, desarmándolo... haciendo que olvidase todas las putas razones por las que no debía dejarse llevar.
―Draco ―sollozó con el rostro cubierto de hilos de lágrimas.
Él no pudo más resistirse a esa mirada desbordante de dolor, amor y suplica.
Se inclinó sumergiéndose en su boca reclamándola, sintiendo como su cuerpo se estremecía ante el sabor que tanto había estado extrañando. La estrechó con fuerza, presionándola contra el vidrio, recibiendo la misma olea de necesidad, sintiendo cada latigazo de pasión e intensidad, de anhelo y deseo… cuánto sufrimiento y cuánto amor había ahí.
Ginevra se regocijo de emoción ante el primer roce, ¡era real, estaba ahí! Se paró en puntillas y lo besó con todas las ganas que había guardado esos años como siempre como nunca, era una completa locura y sin embargo era él, lo sabía, cada parte de su ser lo reconocía. Lo tomó aferrando sus dedos a su ropa oscura, queriéndose perderse en él. No quería soltarlo, no quería perderlo, no deseaba sentir nuevamente ese frío vacío, ese infierno en el que había estado viviendo.
Que importaba que aquello no tuviese lógica, estaba ahí y ella era de él completamente. Por fin estaba con su tormento, su enemigo, su amor prohibido… con el amor de su vida.
Malfoy sólo quería fundirse con ella, poseerla hasta el final de los tiempos y por Morgana que quería hundir sus colmillos en su piel culminando así el acto más sagrado un «Beso de sangre». Y estando así comprendió que jamás iba a poder sentirse igual con nadie, mil noches, mil lunas, mil años podían pasar y seguiría siendo Ella.
Y la vida una vez más jugueteaba con ellos.
El sol comenzó a despuntar el cielo teñido de gris. Draco lo sintió en su ser, ese instinto que era como una alarma, que le indicaba que estaba en peligro, que lo obligaba a replegarse a las sombras, a la oscuridad.
Se apartó de forma violenta a pesar de la negatividad de Ginny de dejarlo ir, logrando así que en el proceso su labio inferior saliera rasgado por los colmillos de él, desencadenando una serie de reacciones desenfrenadas en una búsqueda por protegerse y por no arrancarle la vida con una sola mordida y dejarla vacía como un envase.
Y en medio de ese torbellino de locura el amanecer llevó a su fin un "sueño de una noche de verano"...
*º*º*º
Continuará...
