Presente.

Pasado.

Pensamientos en el pasado.

Pensamientos en el presente.

DISCLAIMER: One Piece no me pertenece, pero sí los personajes originales.


Estaba ya bien entrada la noche cuando Kid y Killer caminaban por el pueblo costero tras notar una presencia inusual, apenas perceptible, pero lo suficiente como para reparar en ella. Ocurrió después de destrozar la taberna local y un par de casas contiguas, meros efectos colaterales de una pelea con locales que no les ofrecieron una grata bienvenida, como solía ser habitual cuando armaban el mínimo alboroto en cualquier sitio. El capitán solía implicar civiles en sus peleas, y aunque normalmente solo actuaba contra los que le plantaban cara, estas podían llegar a ser muy numerosos en algunas ocasiones, pero su orgullo no le permitía dejar ir a nadie sin un escarmiento. Y tampoco soportaba un trato inferior o que los desafiaran, a él o a cualquier tripulante.

Caminando sin rumbo y sin ninguna pista más que la que habían notado hacía unos minutos, llegaron a la playa donde encontraron a lo que debían ser unos doscientos hombres tirados en el suelo. Algunos estaban ilesos, otros malheridos, pero todos estaban inconscientes, o quizá muertos, no lo sabían con certeza. Kid y su segundo al mando comenzaron a caminar entre los cuerpos que yacían en la arena para escudriñarlos con la mirada. No eran marines, eso seguro, más bien parecían piratas, pero en el barco que se veía a lo lejos no hondeaba ninguna bandera negra. Qué extraño, pensó.

En dirección al este en la misma playa, pero alejado del resto, se distinguía a otra persona en el suelo. Kid y Killer se miraron y se acercaron al cuerpo, y cuál fue su sorpresa al descubrir a una joven. A diferencia de los demás, parecía que tan solo dormía plácidamente, no tenía una expresión de dolor grabada en la cara como el resto. Debía de tener una edad parecida a la de Kid, con el pelo castaño oscuro y ondulado disperso por su cara, tapándole algunas de sus suaves facciones. Se fijó en que sostenía un par de dagas, una en cada mano, ensangrentadas. El pelirrojo se agachó a su lado, desvió la mirada hacia el resto de hombres inertes y volvió la vista hacia Killer, dejándole caer con su expresión que no entendía nada, que eran demasiados enemigos para una sola persona que parecía tan endeble como esa chica.

—¿Crees que ha sido ella? —le preguntó el rubio.

—No tengo ni idea, pero aquí ha ocurrido algo raro —respondió Kid, con el semblante serio.

Por unos instantes consideró todas sus opciones. Podían irse de allí y hacer como que no habían visto nada, pero en seguida descartó esa idea. Tenía curiosidad por saber lo que había pasado. La chica tenía todas las papeletas para ser el origen del extraño poder del que tenía una ligera sospecha por saber de qué se trataba, aunque se negaba a considerarla como primera opción para una posible explicación.

La volteó para ver si reaccionaba, dejándola boca arriba, pero no lo hizo.

Uno de los hombres alejados comenzó a quejarse y a moverse, poniéndose finalmente en pie, tambaleante. Kid caminó de nuevo hacia ellos, se acercó hasta el que ya estaba de pie y se frotaba las sienes y lo agarró con fuerza del cuello, para sorpresa del supuesto pirata que no se lo vio venir, todavía algo aturdido.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó con un deje de amenaza en su voz, con intención de intimidarlo.

Al principio no contestó, solo gruñó, negándose a darle la información, así que el pelirrojo apretó más su agarre, comenzando a asfixiarle.

—E-Esa chica… Teníamos órdenes —soltó viendo que comenzaba a faltarle el aire, con voz ahogada.

—¿Qué clase de ordenes? Habla —replicó sin ceder ni un segundo en su agarre.

El hombre cerró los ojos con fuerza. Su cara ya estaba comenzando a coger un color morado, pero finalmente habló.

—Debe morir.

Kid tardó un par de segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo, utilizó su poder para atraer una de las espadas que yacían en el suelo y lo atravesó con ella. Después simplemente lo soltó para dejarlo moribundo en la arena.

No sabía qué había hecho la chica, pero le parecía injusto que tantos hombres se hubieran enfrentado a ella sola y, para colmo, que hubieran sido enviados, sin molestarse personalmente en ir quien fuera que hubiera dado la orden. Desde luego debía de haberlo o haberla cabreado mucho, pero le pareció un acto cobarde no tomarse la molestia personal de intentar acabar con su vida, y apretó los puños con fuerza ante aquellos pensamientos, en señal de irritación.

Sin pensarlo más, volvió a donde estaban la chica y Killer y se la cargó al hombro de un rápido movimiento. Sabía que, si la dejaba allí, más como el que acababa de morir terminarían reanimando y sería una victoria fácil para ellos. Demasiado fácil. Así que decidió apartarla de allí, al menos hasta que despertara. Además, tenía curiosidad por descubrir el origen de la extraña presencia, al primero que despertó no le había dado tiempo a dar detalles antes de perder la vida.

—Deberíamos partir al alba —dijo Killer al ver cómo comenzaba a andar en dirección al puerto con ella al hombro.

El segundo al mando dejó escapar un pesado suspiro y se agachó para recoger las dagas que se habían quedado medio enterradas en la arena.

—Pues entonces tendrá que acompañarnos hasta la siguiente isla—. Ante el silencio del rubio, añadió: —Es eso o la muerte, y creo que no está en posición de elegir.


No tardó en despertar. Lo primero que sintió fue el dolor de cabeza y el cansancio generalizado. Pensó en seguir durmiendo, ya que estaba muy a gusto en aquella cama, pero sabía que no era la misma en la que había descansado los últimos días, así que se obligó a terminar de despertar. Cuando por fin abrió los ojos se descubrió en una estancia oscura. Advirtió que todavía era de noche, y pudo distinguir que el cuarto era todo de madera, y que había más gente durmiendo a su alrededor. A Oliana le dio un vuelco el corazón. No sabía dónde estaba ni con quién. Aunque imaginó que no se trataban de enemigos ya que no parecía estar retenida. Cerró los ojos de nuevo para intentar hacer memoria. Entonces recordó el enfrentamiento en la playa. Cómo la habían encontrado y perseguido. Había peleado con todas sus fuerzas, pero no podría con tantos hombres, así que se había dado a la fuga sabiendo que tarde o temprano la alcanzarían, y después… Después no recuerda nada más. Lo siguiente es despertarse allí.

Aun así, suspiró aliviada. La habrían salvado por los pelos. De repente, la cama donde se encontraba se tambaleó un poco. O quizá fue toda la habitación. No estaba segura y pensó que quizá había sido su imaginación, pero entonces el hecho de que todo estuviera hecho de madera y que se encontrara compartiendo estancia cobró sentido.

Estaba en un barco.

Oliana sonrió para sí misma. Era el mejor sitio en el que podía haber terminado. Jamás la encontrarían allí. No se atreverían a buscarla en otro barco que no fuera el de sus atacantes.

Viendo que no había mayor señal de vida que la suya en el cuarto, decidió relajarse y aprovechar para descansar todo lo que pudiera. Quién sabía cuánto duraría aquella paz.


Emma miraba a la nueva con curiosidad. No tenía ni un rasguño y parecía dormir plácidamente. Le dio un poco de pena, pero el capitán le había ordenado que la despertara y le exigiera respuestas, así que suspiró resignada y la zarandeó con suavidad hasta que abrió los ojos, un poco alterada.

Oliana se reincorporó de inmediato y la miró con desconfianza. Llamaba la atención su cresta en lo alto de la cabeza y el color de pelo, rosa, pero tenía una expresión tranquilizadora.

—¿Cómo te llamas? —Emma decidió comenzar por algo fácil—. ¿Recuerdas lo que te ha pasado?

La chica tardó un par de segundos en reaccionar a sus preguntas, ya que acababa de despertarse de nuevo. Frunció el ceño al recordar todo otra vez, pero decidió satisfacer su curiosidad, intuyendo que no era una amenaza.

—Me llamo Oliana —respondió con la voz todavía un poco ronca—. Me atacaron y… Me desmayé, no sé qué pasó después.

Decidió omitir muchos detalles con aquella respuesta. No quería contar por qué la atacaron a una desconocida, temía que pudiera usar la información en su contra. Emma intuyó su falta de confianza, así que decidió tutearla para intentar ganársela.

—Yo soy Emma, la médica del barco —replicó con una sonrisa—. Formo parte de la tripulación de los piratas de Kid. Así se llama el capitán, fue quien te sacó de la playa de la última isla. —Entonces, cayó en la cuenta de un pequeño detalle—. Ya hemos partido de allí.

Aquellas últimas palabras las dijo esperando una reacción negativa por parte de Oliana, pero cual fue su sorpresa al notar cómo suspiraba, aliviada, así que continuó.

—El capitán querrá que vayas a dar explicaciones tú misma —dijo mientras le pasaba algo de ropa limpia—. Ten, creo que te vendrá bien.

Cuando la dejó sola, se cambió y se puso los vaqueros y el top negro que le había prestado, junto a las zapatillas que ella ya traía, y se personó donde Emma le había indicado. Llamó antes de entrar y, al no obtener respuesta, optó por abrir la puerta y asomarse. Un chico alto y pelirrojo estaba inmerso en un montón de mapas repartidos por la mesa y levantó la cabeza al notar por el rabillo del ojo algo de movimiento.

Oliana se quedó clavada en el sitio cuando él la atravesó con sus ojos ambarinos. Eran los más llamativos que había visto nunca. Y los más extraños también. Tras unos segundos de duda, se atrevió a escudriñar el resto de su cara. Llamaba la atención su ancho mentón; no tenía cejas, su nariz tenía una forma bastante característica y su pelo se alzaba algo salvaje y despeinado, sujetado por unas gafas sobre su frente. Parecía tener rastro de kohl en los ojos, lo cual le daba un aspecto algo intimidante, y sus labios eran de un color oscuro, así que contrastaban con su tez pálida. Por último, se fijó en su atuendo y pensó que nunca había visto nada parecido, pero era normal teniendo en cuenta que aquel era un mundo muy grande y extremadamente diverso.

—¿Vas a quedarte ahí todo el día o piensas entrar? —inquirió con tono autoritario, sacándola de su letargo.


Cuando por fin cerró la puerta tras de sí y se acercó con cautela, la observó con atención y con más detenimiento. No había nada nuevo en aquella vista, excepto sus ojos. Eran grandes y de un color gris claro, y también lo que más llamaban la atención. Su ropa también había cambiado, no era la misma que llevaba cuando la encontró, y también pudo reparar en su talla; le sorprendió notar que era bastante alta, pero no tanto como él. Lo miraba con interés y curiosidad, aunque también percibió algo de desconfianza. A Kid le pareció tener a otra persona delante ahora que estaba despierta, una que le evocaba algún tipo de interés.

—Gracias —dijo ella en voz baja pero lo suficientemente audible.

Oliana pensó que lo primero que debía hacer era mostrarse agradecida por el gesto que habían tenido con ella, pero Kid sonrió con sorna al oírla.

—No quiero tu agradecimiento —replicó él—. Espero que hayas pensado qué vas a ofrecer a cambio.

No estaba dispuesto a dejar que se fuera sin recompensarlo por salvarle la vida. Ya había quedado en evidencia con aquel gesto, así que pedir un pago era una forma de ganarse el respeto del resto.

—No tengo nada, lo poco que tenía se quedó en la isla —contestó encogiéndose de hombros.

Kid agachó la cabeza para mirar de nuevo a los mapas. Estaba acostumbrado a que la gente que no lo conocía se sintiera algo intimidada a su alrededor, pero ella no parecía titubear en sus respuestas. La curiosidad que le despertaba fue en aumento, pero se obligó a enfocarse en lo que podría pedirle por salvarla. No era ningún héroe, así que tendría que ser ojo por ojo, pero empezó a considerar que quizá no tendría forma de compensarlo. Se le pasó una imagen fugaz por la mente, solo duró una milésima de segundo, pero fue tan inapropiada que tuvo que sacudir la cabeza levemente para quitársela de la cabeza. Él no pedía esa clase de cosas. No lo necesitaba.

—Sabía que era una mala idea —susurró él, notando cómo comenzaba a enfadarse.

—En realidad… —Oliana desvió la vista, algo tímida— Si me lo permites, me gustaría unirme a tu banda.

Oliana había estado meditando aquellas palabras desde que la médica de a bordo le había dicho que fuera a hablar con él. Ahora que querían darle caza más que nunca, lo más seguro era mantenerse en continuo movimiento. Lo había intentado por su cuenta, pero no contaba con los suficientes medios para hacerlo de forma eficiente y sin ser detectada. Por eso aquella banda de piratas, que de seguro estaría navegando de isla en isla, era perfecta dada su situación actual.

—¿Es en serio? —inquirió Kid volviendo a hacer contacto visual con ella, preguntándose si se trataría de una broma.

—Sí —respondió ella tensando los hombros y alzando el mentón en un intento de parecer más firme.

Se hizo el silencio entre ambos. Kid no habría imaginado nunca que pudiera darse esa situación, pero dada la tesitura en la que habían estado a punto de asesinarla, le pareció que estaba intentando tomar la decisión más sensata. Aun así, no se lo podría fácil.

—¿Qué sabes hacer?

Ella todavía se tensó más si era posible, y lo miró con toda la seriedad y valor que fue capaz de reunir.

—Sé pelear y… Tengo nociones básicas de navegación.

Kid soltó una carcajada.

—¿Solo eso? Entonces te dejaré en la próxima isla —soltó con expresión de suficiencia.

Oliana se acercó a la mesa y puso las manos sobre la mesa, inclinándose sobre ella para recortar la distancia entre ambos.

—¡No! Puedo ser útil, de verdad —exclamó con un tono entre la súplica y la exigencia.

No pensó que pudiera ser tan cruel como para no atender a su demanda, pero al parecer tendría que pelear por un puesto en aquella tripulación.

Kid perdió la sonrisa al notar su cercanía. Sus ojos grises lo taladraban, y comenzó a sentirse incómodo. Eran todavía más bonitos de cerca.

—¿Tienes alguna ligera idea de con quién estás hablando? —preguntó con tono amenazante, al notarla tan desafiante.

Ella respondió rápida y ágil.

—No, pero poco puede importarme quién seas ahora mismo. Necesito un lugar aquí

Notó que no lo dijo con sorna, sino con un deje de desesperación en su voz. No pasaron desapercibidas sus últimas palabras. Ya sabía que huía de algo, ahora solo faltaba saber de qué se trataba, pero no sería él quien le preguntara.

Kid la escudriñó de nuevo. Sus facciones eran suaves, pero su mirada era dura, determinada. Era la clase de gente que solía encajar bien en el barco, ya que le gustaba ese tipo de carácter, pero tendría que ver hasta qué punto no se convertía en uno desafiante.

—Está bien —cedió finalmente, poniendo algo de distancia entre ellos—. A la mínima insubordinación o si se te ocurre escurrir el bulto estás fuera, niñata —dijo desviando la vista de nuevo hacia la mesa, dando por zanjada la conversación y pensando que quizá se arrepentiría tarde o temprano.

La chica frunció el ceño al escuchar aquella última palabra.

—Creo que soy mayor qu-.

—Eso no quiere decir que no seas una niñata —la interrumpió a la vez que volvía a alzar la vista hacia ella, endureciendo su expresión—. Ahora, lárgate de mi sala de mando"

Frunció el ceño al escucharlo, algo molesta, pero decidió no responder. Al parecer había dado con un barco cuyo capitán tenía muy malas pulgas, así que se dio la vuelta y se dispuso a salir del cuarto, no sin antes decir unas últimas palabras.

—Me llamo Oliana —sentenció justo antes de cerrar la puerta.

Kid frunció el ceño al escucharla. ¿Oliana? ¿Qué clase de nombre es ese?, no pudo evitar pensar en la soledad de la sala.


No tardó en hacerse con toda la dinámica del barco. Al principio solo se dedicaba a cumplir recados que otros le encomendaban, pero en unas semanas ya había aprendido a calcular y conseguir todos suministros que se solían necesitar. En cuanto perdió un poco la timidez inicial por formar parte de aquella tripulación se interesó por la log pose y siempre se afanaba por conocer cuántos días, semanas o meses iba a tardar en cagarse en la nueva isla. Aunque le costaba mantener conversaciones largas de primeras o a veces se la veía retraída en su propio mundo, rodeada de libros, tenía un talento natural para hablar con desconocidos fácilmente. Unas veces era más difícil que otras, pero conseguía toda la información que necesitaban tarde o temprano, y su presencia se hizo imprescindible en el barco. También había aprendido a leer el humor del capitán, a mantenerse alejada cuando no tenía el día y a apartarse cuando iban a causar algún altercado en los pueblos o ciudades que visitaban a su paso por el Grand Line. Aquel tipo de situaciones la solían superar, así que normalmente no estaba presente cuando ocurría o terminaba dando parte de su asignación a los locales más afectados a escondidas, a sabiendas de que eso podría costarle la expulsión de la banda.

Sin contar con todos los contratiempos que podían surgir en una tripulación de piratas en busca del One Piece, los días transcurrían con normalidad. Cuando no estaba con la cabeza metida en uno de sus libros, estaba atareada, trabajando, haciendo listas de suministros o aprendiendo sobre el funcionamiento del barco y la navegación. Después de unas semanas de continuo aprendizaje, Killer empezó a recompensarla con unas monedas extra a la semana por el buen desempeño y porque les había evitado más de un dolor de cabeza al capitán y a los comandantes. Kid no se interesó en darle dinero, ya que consideraba que su trabajo era el pago por haberle salvado el pellejo, pero el segundo al mando consideró que, después de un par de meses de trabajo duro sin obtener nada más que una estancia en el barco, su deuda estaba más que saldada.

Después de ganar su asignación por haber realizado las tareas básicas en algún lugar nuevo, solía desaparecer unas horas y volvía con libros y ropa nuevos. Poco a poco se había hecho con un arsenal de ambos, en un intento por reponer todo lo que había perdido desde que desertó de su isla natal. Kid no podía evitar lanzarle una mirada de soslayo cada vez que se dejaba ver con un nuevo atuendo, fijándose en que casi siempre vestía con ropa más bien holgada. No le gustaba que fuera a las islas sola, pero siempre se las apañaba para evitar los problemas aprovechando que era la única cuyo aspecto llamaba menos la atención, en comparación con el resto de los Piratas de Kid, y llegó a pensar que se le daba bien pasar desapercibida. Tampoco quedaron inadvertidos los libros que solía adquirir. Algunos llamaban la atención por sus títulos extraños, otros parecían ser muy antiguos. Unos hablaban de la historia del mundo y otros que lo hacían sobre técnicas de lucha. Aunque nadie le dio mayor importancia ni se interesó más allá de eso por sus lecturas. Todos pensaban que era una rareza intrínseca en su carácter.

Aunque era algo introvertida, también era una líder nata; Kid lo intuyó en cuanto pasaron unas semanas juntos en el barco. Solo le faltaba desinhibirse de lo que fuera que rondara su mente. Se preguntó en múltiples ocasiones si ese carácter, a veces demasiado tímido, sería fruto de alguna situación comprometida del pasado. Sabía muy poco de ella, ya que al principio no quiso soltar prenda sobre nada que fuera más allá de lo que había ocurrido el día que la encontró tirada en la arena. Se había asegurado de que Killer le preguntara por ello, todavía intrigado por saber qué había ocurrido realmente aquella noche en la playa, pero con su respuesta solo consiguió sembrar la desconfianza entre el capitán y la tripulante. Simplemente le dijo que la perseguían para venderla como esclava en Sabaody, pero Kid conocía las órdenes que tenían aquellos bandidos porque lo escuchó de los labios de uno de ellos. Su objetivo era asesinarla, no secuestrarla, así que, con aquella mentira como respuesta, decidió no indagar más. Él no suplicaría por una explicación, pero determinó tratarla con cautela, considerando que no podía fiarse de una tripulante que ocultaba la verdad, por mucho que aportara al barco.

—Todos tenemos secretos —le había dicho Killer al notar el ceño fruncido de su capitán cuando le contó lo que ella le había dejado saber.

—Pero así no podemos confiar en ella del todo.