Presente.
Pasado.
Pensamientos durante el presente.
Pensamientos durante el pasado.
DISCLAIMER: One Piece no me pertenece, solo los personajes originales.
La celda estaba fría y oscura. Y el tiempo a solas no le venía bien, nada bien. Hacía que le vinieran a la mente ciertas imágenes y momentos de hacía bastante tiempo. Sacudió su cabeza con fuerza, intentando alejarlos de su mente. Ahora no. Pero daba igual lo que él quisiera, su mente hacía lo que le daba la gana. Demasiada soledad, demasiado tiempo sin distraerse y descargar su ira. Aunque todavía era de día, lo habían encerrado por pelearse con otro preso y todavía quedaban muchas horas por delante hasta que pudiera quedarse dormido.
No podría haberle venido a la mente cualquier otro recuerdo, tenía que ser ese. Imágenes fugaces comenzaron a pasarle por la cabeza. Cómo se quedaron hasta tarde hablando en la cubierta. La manera en que le brillaban los ojos grisáceos con la luz de la luna. El sonido del mar de fondo mientras ella hablaba y hablaba, mientras le contaba cosas de las que no podría acordarse aunque quisiera, porque estaba demasiado ocupado pensando en de qué manera iba a asaltar aquellos labios que no paraban de moverse.
Recordó cómo Oliana había intentado insinuarse torpemente, rozando sus manos como si hubiera sido sin querer o dándole un pequeño empujón con el hombro a modo de reprobación cuando él le soltaba alguna sandez. Y cómo, aunque le había parecido un movimiento algo estúpido, se le había acelerado la respiración.
Dejó que se le cerraran los ojos. Superado. Aquello ya estaba superado. Al igual que el recuerdo de cuando, desesperado porque no veía el momento en que ella dejara de hablar, la agarró de la cintura y la atrajo hacia sí en un rápido movimiento, dándole un par de segundos para reaccionar antes de, al fin, juntar sus labios.
Aquel recuerdo era de una de las muchas noches que pasaron juntos a escondidas.
¿Qué diría ella si lo viera así? Probablemente algo como que la vida es demasiado corta para estar encerrado en una celda. Que hay que aprovechar el tiempo al máximo porque nunca se sabe lo que puede ocurrir el día de mañana. Aquellas frases podían parecer insulsas y típicas, pero cuando ella hablaba de esos temas lo hacía sintiéndolo de verdad. Se emocionaba cuando hablaba de lo efímero de sus vidas. Le gustaba mostrar sus sentimientos abiertamente porque creía de verdad que en cualquier momento podría pasarle algo y ser demasiado tarde para demostrarle el cariño que ella pensaba que la gente a su alrededor merecía.
El pelirrojo se preguntó por qué, desde que la había conocido, era como si estuviera siempre presente, aunque fuera en segundo plano. Le producía curiosidad, pero a la vez hacía que se le revolviera el estómago y le asustaba pensar que quizá jamás se libraría de su presencia en su cabeza.
Kid suspiró en su celda, incapaz de hacer nada por evitar todos los recuerdos que se acumulaban como una pila de libros viejos de los que hay que deshacerse para dejar espacio a los nuevos, pero no quieres hacerlo porque te da pena, porque cada uno de ellos te ha aportado algo especial.
Ya había pasado algo más de un año, era tiempo de deshacerse de esa maldita pila de libros antiguos.
Superado.
Se deslizó poco a poco por las paredes de la cárcel intentando hacer el menor ruido posible. Subir había sido más difícil, pero no imposible, teniendo en cuenta que sabía escalar. Bajar desde el otro lado de la pared estaba siendo pan comido, la pendiente no era tan abrupta, por lo que una vez superada la parte exterior de la cárcel, el resto era un juego de niños. O lo habría sido, de haber sabido cual era la celda de Kid. No le habían dado más información más allá de que lo habían capturado y encerrado allí, supuestamente en el módulo que da a la entrada principal y en el que mayor vigilancia tenía, aunque todavía no había visto a ningún guarda; parecía que por la noche la seguridad disminuía.
Oliana se dedicó a asomarse en cada mazmorra por los bordes, con cuidado, para que los presos no la vieran y no pudieran dar la voz de alarma. Aunque dudaba de que pudieran hacer algo así, era mejor ser precavida. Celda tras celda, fue revisando su interior moviéndose con rapidez, tal y como había aprendido. Nadie estaba advirtiendo su presencia por el momento.
Al fin, al fondo de una de las más grandes divisó una figura que se parecía a él, al menos en tamaño y forma. Llevaba un abrigo y pensó que seguramente se trataría de él. Se le iluminaron los ojos y se le aceleró el pulso. No estaba preparada para aquello. Nadie lo estaría. Desertó de su tripulación y ahora estaba allí, dispuesta a sacarlo de la prisión pero, ¿qué le iba a decir? Tragó saliva, incómoda, a punto de darse la vuelta a la espera de que se hiciera de día y, con suerte, reunir algo más de valor para hacer lo que estaba a punto de hacer.
Cuando se decidió a dar un paso hacia atrás, chocó con una cadena y cayó al suelo de culo. Oliana no se lo podía creer. Ella no era así de torpe. Había entrenado día y noche para poder hacer frente a los desafíos del Nuevo Mundo y acababa de tropezar con una cadena abandonada que, para colmo, había visto al acercarse a la celda de primeras. Para cuando levantó la vista del suelo, notó un movimiento en el interior. Mierda. Desde su posición, le llegó el sonido de un gruñido.
Acababa de despertar a quien quisiera que hubiese dentro. Porque ya no estaba tan segura de que fuera Kid la persona que estaba allí encerrada. ¿Y si no era él? ¿Aquel tipo se pondría a gritar y allí acabaría todo? Podría huir, pero…
El flujo de pensamientos se vio interrumpido cuando se dio cuenta de que el hombre se estaba incorporando. Fuera quien fuera, no tardaría en resolver sus dudas. Se puso en pie de un salto y se acercó a la reja instintivamente para agarrar los barrotes, colando los dedos al otro lado, mientras intentaba escudriñar la oscuridad intentando ver más allá de ella. Sus ojos empezaron a terminar de adaptarse y pudo distinguirlo irguiéndose, imponente, y caminando lentamente en su dirección. Oliana sonrió genuinamente al distinguir aquellos ojos ambarinos que tantos suspiros le habían provocado. Quizá se arrepentiría, pero no pudo evitar lo que dijo a continuación mientras su sonrisa se ensanchaba.
—¿Cómo está mi pelirrojo favorito?
¿Qué demonios…?
Un fantasma. Estaba seguro de que estaba viendo un fantasma. O estaba teniendo una puta pesadilla fruto de una mala postura al intentar dormir en aquella celda. Debía ser eso. Su mente estaba intentando despertarlo.
Se llevó una mano a la cara y frotó sus ojos con la esperanza de que aquello le hiciera despertar del todo. Pero en vez de eso, cuando volvió la vista a la puerta metálica, todavía la puso distinguir con más claridad que antes.
Oliana estaba al otro lado, sonriente. Kid frunció el ceño, todavía escéptico ante aquella visión.
—Tú —soltó con un tono menos amenazador de lo que le habría gustado, ya que su voz sonaba todavía algo ronca.
Ella notó la hostilidad que desprendía, y su sonrisa desapareció en un segundo.
—He venido a sacarte de aquí —fue directa al grano, algo que siempre le había gustado de ella, pero no era el momento adecuado para pensar en eso.
—Qué coño estás haciendo —exigió saber.
Aquello empezó a sonar como la conversación más estúpida de la historia. Por supuesto que ya le había dicho lo que estaba haciendo, pero Kid no podía creerse que de verdad la tuviera delante, con aquellos ojos grandes y penetrantes mirándolo expectantes.
Allí estaban, mirándose a través de la reja de kairōseki, incapaces de decir nada.
Sabía que se iba a enfadar, sabía que le iba a sentar como si le dieran un puñetazo en el estómago que ella se presentara delante suya precisamente para intentar sacarlo de allí. Así que intentó romper el hielo dándole a Kid una pequeña victoria.
—No ha pasado un solo día sin que haya pensado en ti —dijo en voz baja, pero sabiendo que él la iba a escuchar perfectamente.
Llevaba mucho tiempo queriendo hacerle saber todo lo que sentía y había sentido por él. Irse sin mirar atrás aquel día había condenado su mente y su corazón. Le había pesado aquella decisión todo el tiempo que estuvieron separados y había vivido con miedo por si a alguno de los dos les sucedía algo malo sin haberse despedido antes en condiciones. Y en realidad sucedió algo terrible, aunque no llegara a ser tan grave como perder la vida. Oliana bajó la mirada a donde debería estar su brazo izquierdo. Nadie le había mencionado nada al respecto y se sintió terriblemente disgustada al verlo por primera vez después de tanto tiempo así, además de culpable por no haber estado a su lado cuando sucedió.
—¿Qué pasó exactamente? —se atrevió a preguntar todavía mirando el hueco donde antes estaba su brazo.
Él frunció todavía más el ceño, si es que eso era posible.
—Lárgate. No quiero volver a verte.
Ella agachó la cabeza y suspiró. Iba a ser más difícil de lo que pensaba.
—Kid, por favor, déjame explicarte…
—¡Que te largues! —rugió él, desesperado por perderla de vista.
Oliana lo miró sorprendida y alarmada, con un atisbo de traición en los ojos. Cualquiera podía haber escuchado ese grito, así que se levantó y se fue corriendo, escondiéndose entre las rocas altas de la cárcel, ya que había notado movimiento más allá de la celda de Kid.
