Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.
Advertencias: Contenido LGBTQ. Relación chico x chico. Personaje transgénero. Hurt/Comfort. Fluff and Angst. Misoginia. Homofobia. Transfobia. Porn WITH Plot.
Pareja: Draco Malfoy/Harry Potter (Drarry)
Nota de la autora: Buenas, buenas, acá les traigo el segundo capítulo :)
Disfruten la lectura!
Capítulo 2: Lyra Malfoy
Draco estaba incómodo en medio de la fiesta.
Le había tomado tiempo acostumbrarse a estar en ese cuerpo nuevo, pero lo peor había sido la ropa. No era su estilo vestir cosas tan ceñidas y, para colmo, de colores tan claros. Astoria había dicho que le quedaban bien y se había esmerado en elegir un vestido de gala que no fuera demasiado incómodo para él. Debía agradecerle a su mantra de "menos es más".
Claro que lo simple solo duró con el vestido. Astoria había insistido en peinarlo y se había dedicado casi una hora en recogerle el cabello, trenzando pequeños diamantes e hilos de plata con los rubios mechones. Draco odiaba el cabello largo, era la única tradición que no había seguido, si podía hacerse una coleta significaba que era hora de cortar. Su padre le había permitido aquello cuando era hombre, pero ahora lo había obligado a mantener el horrible largo.
Así que allí estaba, en su primera muestra en sociedad como una Malfoy. Tal como Lucius había exigido fue en la gala benéfica del Ministerio. Desde un punto de vista objetivo, era el mejor momento para presentarla. Una joven de la que recién se enteraba la sociedad mágica apareciendo allí, junto a los altos cargos del Ministerio y las familias de la alta sociedad. Si no salía en las portadas del día siguiente sería un milagro.
Draco tomó una de las tantas copas de vino y bebió un pequeño sorbo.
Su padre había cedido en algunos puntos para ser visto como un verdadero hijo de puta, le había dado a Draco flexibilidad para adornar la historia ya preparada: era preferible educar a un varón que a una niña, y esa niña había sido enviada al extranjero para no interferir. Era realmente estúpido, pero Lucius se había ganado una fama de tirano y déspota, era verosímil que le hiciera algo así a su propia sangre.
Draco bebió de nuevo..
Otro maldito problema. Su dieta había tenido que cambiar completamente. Al parecer no solo había disminuido el tamaño de su cuerpo, sino que sus órganos también, Narcissa estaba aterrada de que fuera a engordar y lo mantenía controlado para que no subiese ni siquiera un gramo. Draco no se lo había tomado tan mal, de por sí su estómago se saciaba pronto y con muy poco, el real conflicto había surgido cuando descubrió que ahora tenía una tolerancia bajísima al alcohol.
Draco dejó la copa vacía en una de las mesas y tomó otra.
Desde que había comenzado el evento varios ojos se habían posado en él. Sus rasgos lo delataban como un Malfoy, pero su vestido claramente femenino y su cuerpo más menudo hacía que nadie pudiese decirle que era Draco Malfoy vestido de mujer.
—Lyra, no deberías beber tanto —escuchó a Astoria.
Lyra. Ese era el nombre que se había puesto ahora que tenía que ser una mujer.
Dramático como era había estado buscando alguna constelación que sonara más o menos femenina y que tuviera una historia trágica detrás.
Le quedaba como anillo en el dedo.
Orfeo no cumplió con la única condición de no mirar hacia atrás al salir del Inframundo y su esposa desapareció para siempre. Él, como Malfoy, sabía que no debía enamorarse "como lo hace una mujer" y de todas formas lo había hecho. O eso suponía por la maldición que tenía encima, realmente no entendía por qué carajos le había pasado tal desgracia.
Ahora solo quedaba una lira como muestra de lo que había sido.
Ahora solo quedaba un cuerpo femenino que su padre despreciaba y al cual su madre buscaba con desesperación un buen prospecto.
—Me jode bastante que me miren como si fuera ganado —masculló por lo bajo.
—Lenguaje —corrigió divertida la otra chica.
Draco rodó los ojos y bebió todo el contenido de la copa de un solo trago para luego abandonarla junto a la otra. Empezaba a sentirse algo mareado. Astoria tomó su brazo con suavidad y comenzó a guiarlo por el salón, sabiendo que el vestido formal no le era del todo cómodo y en un estado más cerca a la borrachera le era más difícil moverse.
Esa bruja definitivamente se había ganado el cielo.
—Para tus padres es importante que te veas como un buen negocio, recuérdalo —susurró la menor.
Se detuvieron cuando un hombre gordo, calvo y sudoroso se les plantó delante. Alguien poco importante o Draco lo recordaría.
—Señorita Greengrass, siempre tan radiante. ¿Y con quién viene acompañada?
Draco sintió la mirada depredadora del viejo, era como lo desnudara con la mirada. No pudo evitar hacer una mueca de asco y apegarse a su ex prometida tanto como pudo.
—La hija de Lucius y Narcissa Malfoy —comentó alegre Astoria, era claro que ella tampoco sabía con quién hablaba, si no, lo habría saludado.
—¿Una Malfoy? Pensé que solo tenían un hijo —el viejo, aunque sorprendido, lo observó con un nuevo interés.
—Sí, bueno, una mujer no siempre es agradable, no puede heredar, ¿no? —respondió Draco de forma sarcástica.
Esas palabras fueron suficientes para espantar al viejo, quien se disculpó y, probablemente, fue a propagar el rumor.
—No deberías decir eso —por primera vez Astoria parecía molesta.
—¿Y seguir recibiendo sus miradas? ¡Por Merlín, Astoria! No estoy a la venta.
Se escuchó una risa detrás suyo. Ambos se giraron y vieron al bendito trío dorado. Weasley ahogaba la risa con una mano y tenía un codo de Granger clavado en el costado. Draco quería gemir de desesperación. Lo que menos deseaba era que ellos lo vieran así.
—¿Están bien? —cuestionó la sabelotodo, tratando de ignorar la risa del pelirrojo.
—Nada que no podamos controlar —respondió Astoria, usando su sonrisa de niña buena—. Astoria Greengrass, un gusto.
Draco la vio presentarse, mostrándose siempre como una muchacha ingenua. Decidió que era más sensato quedarse callado y esperar ser presentando, pero toda iniciativa acabó cuando vio a Potter.
—Vaya, pensé que el Salvador del Mundo Mágico sería mucho más imponente —su tono no había sonado tan afilado como en la escuela, era demasiado agudo, pero seguía siendo descortés.
Potter se removió incómodo, lo que lo hizo sonreír.
—¡Lyra! —regañó Astoria.
Draco se obligó a recuperar la compostura.
—Discúlpenla, lo poco que sabe de Inglaterra ha sido a través de Draco —comenzó la menor. El joven la miró traicionado—. Y creo que todos sabemos cómo ha sido la relación entre Slytherin y Gryffindor.
—¿Eres una Malfoy? —preguntó Weasley.
Su cara estúpida le pedía a gritos a Draco que se burlara.
—No ¡Qué va! Soy una veela que se ha carteado con el heredero de los Malfoy —diciendo eso, puso su mano izquierda sobre su mentón, intentando parecer serio y dejando que su anillo familiar se viera.
Debía ser prueba suficiente de su ascendencia.
—¿Eres su prima? —preguntó Granger, dudosa.
—Es su hermana gemela, ha estado en Holanda...
—Suecia —corrigió automáticamente.
—… Educándose. Ya que la guerra ha terminado y queremos volver a tener paz, Lyra ha decidido buscar marido en Inglaterra —concluyó Astoria, sonriendo de manera tensa.
Draco la miró de mala forma. Todavía odiaba aquello. Granger parecía compartir su indignación. Fue horrible compartir algo con esa simplona.
—¿Buscar marido? El matrimonio se trata de amor —soltó la chica indignada.
—Es un negocio, querida —Draco bajó su mano, fijando sus ojos en la chica—. Gryffindor, ¿no? No me sorprende que creas lo utópico que puede ser el mundo. Pregúntale a Weasel, quizás por primera vez sepa algo que tú no. Claro, si es que en su choza lo educaron bien.
Astoria lo agarró bruscamente, tirándolo hacia un lado. Granger había enmudecido y Weasley estaba rojo por la furia. Draco sonrió feliz por haber logrado aquello. Ni siquiera le importó que su ex prometida le clavara las uñas en el brazo. Estaba en una situación que conocía y eso era suficiente para él.
—Se te nota que eres hermana de Malfoy —Potter sonaba bastante calmado para la situación en la que estaban—. Lástima por el hombre con el que te cases. Claro, si consigues casarte con esa actitud.
—¿No sería triste no tener pretendientes? —respondió alegre Draco—. Aunque, ¿quién diría que San Potter me desearía tanto mal? Hablas como si las mujeres tuviésemos que ser seres de luz o alguna mierda así.
Incluso con Astoria enterrando sus uñas en su brazo y susurrándole que se detuviera, se sentía eufórico. Ese vino estaba bastante fuerte, no había otra razón para su comportamiento. O tal vez aún estaba en negación, quién sabía, no importaba.
—¿Qué? ¿Yo…? Nunca dije… —tartamudeó el cuatro ojos—. ¡No pongas palabras en mi boca!
—¿Realmente fue este quien terminó con el cabrón? Debió ser un Señor Tenebroso bastante patético si este troll pudo con él —dijo a la ligera, mirando de reojo a Astoria.
Weasley se acercó a él, levantando el puño para golpearlo. Draco, con rapidez, sacó su varita y señaló al pelirrojo, murmurando un hechizo que hizo que el pobretón saliera volando por el salón y chocara con la mesa con canapés.
Todas las miradas estaban en ellos, pero a Draco poco le importaba ser el centro de atención. En realidad, le convenía para el teatro que estaba armando. O eso se decía para no sentirse humillado.
—¡Intentar golpear a una chica! ¡Inglaterra es más horrorosa de lo que creía! —chilló, usando un tono agudo y lastimero.
Hecho eso, se soltó de Astoria, agarró la parte delantera del vestido y corrió hacia las puertas del salón, intentando tener una expresión adolorida. Ya afuera, se preocupó de buscar la salida hacia los jardines. ¿Sus padres querían mostrarlo en sociedad? Pues que se jodieran. Draco Malfoy nunca sería su hija.
Tuvo que detener su carrera apenas logró salir de la mansión. No estaba acostumbrado a hacer ejercicio y mucho menos en ese cuerpo tan pequeño. Se sentó en la escalinata, respirando hondo para recuperar el aliento. Los mechones habían escapado del elaborado peinado y algunos le caían en el rostro.
—¿Estás bien?
Draco se sobresaltó y miró hacia un lado. Harry Potter estaba a unos metros, aunque no podía ver bien su rostro por la poca luz del exterior.
—¿No deberías estar con tus amigos? ¿O disfrutando toda la atención que acaparas? —cuestionó en un tono venenoso.
—En realidad, todo el mundo está hablando de ti —Potter se apoyó en la pared del pórtico, cruzando los brazos sobre su pecho—. Y no me gusta la fama.
—No lo parece —masculló Draco, revisando el daño que le habían hecho sus zapatos a sus pobres pies.
—¿Cómo terminaste así? —continuó él con calma.
—¿Despeinada? ¿Sentada en un sucio escalón? ¿En una fiesta desagradable? ¿En Inglaterra? —soltó un bufido, todavía mirando las heridas.
—Siendo una chica.
Draco giró con violencia su cabeza hacia el niño de oro. Sintió un tirón doloroso en el cuello, pero no le prestó atención. El Salvador del Mundo Mágico miraba hacia los jardines, como si estuviera hablando del clima y no de algo que solo un par de personas sabían y que podía arruinarlo a él y a su familia.
—No sé a qué te refieres… —logró decir con una ligera nota de histeria.
—Venga, Draco, nos conocemos desde los 11. No es muy difícil distinguirte —Potter posó sus ojos en él.
—¿Será porque también soy una Malfoy?
Harry Potter se apartó del pórtico y se sentó a su lado. Draco quiso apartarse, pero tenía miedo de haber sido descubierto, así que solo se quedó quieto. Además, seguía cansado y tenía heridas en los talones. Era un pésimo momento para que alguien revelara su verdadera identidad.
—Tu varita… Espino, 25 centímetros, pelo de unicornio. Es la varita de Draco Malfoy, varita que le devolví acabado los juicios —explicó Potter—. Si fueras una hermana gemela y por casualidad tuvieras una varita igual, yo no habría podido sentirla.
Draco tragó saliva, poniendo su varita en su regazo y mirándola. No había pensado que eso lo podría delatar. Claro que la probabilidad era tan baja que a nadie se le hubiese ocurrido. Por supuesto que Harry jodido Potter tenía que ser ese pequeñísimo porcentaje de fallo.
—¿Le dijiste a tu séquito?
Potter soltó un suspiro.
—No. Quiero saber el por qué.
—¿Por qué crees que te lo diré?
—Porque lo odias. Y quizás pueda ayudarte.
Draco arrugó la tela de su vestido, negando con la cabeza. Los mechones se movieron todavía más. Con un movimiento de varita, deshizo el trabajo de Astoria, dejando el largo cabello caer por su espalda. No era más cómodo, pero al menos no se podía arruinar más.
Como su vida. Já.
—Nadie puede ayudarme…
—¿Vas a vivir como una chica?
El rubio miró al Gryffindor. Necesitaba desahogarse con alguien que no fuera Astoria. Con alguien que no fuera tan práctico ni se resignara a la vida. Tal vez hablar con Potter no era la mejor de sus ideas, pero en ese momento era el único que estaba allí. Luego culparía al alcohol. Sí, era un buen plan.
—Mi padre creó una nueva hija, Lyra. Como no existía, no estuvo en la guerra. Las propiedades y el dinero me los traspasó. Mi madre está buscando un buen esposo para mí, con dinero y con prestigio para que, al menos… Al menos mi hijo herede todo —terminó de explicar en un susurro, apretando aún más su vestido.
Potter abrió grandes los ojos, viéndose como un estúpido elfo doméstico.
—¿Vas a embarazarte?
El joven se encogió de hombros y soltó una risa sin humor. Increible que lo único que le sorprendiera fuera esa parte.
—Supongo. Y mis padres harán un acuerdo para que el varón tenga el apellido Malfoy. Lo que significa que quizás tenga que embarazarme dos veces… Si consigo tener niños, claro.
Draco se obligó a relajar los dedos y se quedó mirando sus manos. Sabía la importancia de todo ese asunto, pero no quería cumplir con esa obligación.
No quería nada.
—Es decir —volvió a hablar Potter—. Necesitas un esposo rico, con prestigio y que acepte que tu hijo se apellide Malfoy, ¿verdad?
—En palabras simples, sí.
—Entonces deja de buscar, me casaré contigo.
—¿¡Qué!?
El Chico-Que-Vivió se giró hacia él, dándole una mirada penetrante que lo puso incómodo, pero Draco no desvió su vista. No iba a aguantar que bromeara con su situación. Mucho menos que fuera el cara rajada el que se atreviera a burlarse.
—Conozco todo lo malo de ti, así que solo me queda conocer lo bueno —dijo rápidamente el cuatro ojos—. Sé que eres caprichoso, cruel y muy desagradable. Pero también sé que harías todo por tu familia, por mucho que te hayas comportado como un idiota en esta fiesta. Te vas a casar y vas a cumplir el rol de una chica sangre pura, ¿verdad?
—Eso es cierto, pero no veo las ventajas de estar contigo —Draco alzó una ceja—. Y no veo qué ganas tú.
—Soy rico. Tengo prestigio, es decir, soy el maldito héroe del mundo mágico. Y no tengo problemas en que a nuestro hijo le pongas tu apellido.
Draco tembló ante la idea de procrear con ese espécimen que no conocía el cepillo y se tiraba al peligro sin dudar.
—Mira, sé que eres San Potter y todo ese rollo, pero realmente no quiero tener un…
—Hay métodos muggles —interrumpió velozmente.
—¿Muggles? —preguntó Draco, totalmente perdido por el nuevo tópico.
—Bueno, realmente no me agrada para nada la idea de un vientre de alquiler, siento que estaríamos comprando un hijo —Potter hizo una mueca—. Pero sí existe la inseminación artificial.
Draco no sabía qué era un vientre de alquiler, pero no le agradaba comprarle un hijo a una muggle. Esa opción estaba completamente descartada. El problema es que tampoco sabía qué era eso de inseminación artificial. Su cara debió mostrar su confusión porque el Gryffindor se apresuró en aclarar:
—El hombre, en este caso yo, da su semen para que en un hospital lo pongan dentro del cuerpo de la mujer, en este caso tú.
—Igual tendría que pasar por el embarazo… —murmuró desanimado.
—Sí, pero no tendrías que pasar por el sexo, ¿no? —la seguridad del otro se deshizo de pronto—. La verdad es que no sé muy bien cómo funciona el método, pero no hay una persona penetrando a otra. No hay sexo.
—¿Y qué ganas tú con esto?
—Quiero una familia.
Draco lo miró con odio. Potter se removió incómodo. Era obvio que mentía, ese imbécil tenía una razón oculta que no quería decir y creía que el Slytherin era idiota. Pero no, señores. Potter se enfrentaba a Draco Malfoy, todos los chismes y secretos salían a la luz ante una mirada suya.
—La mayoría de la gente me ve como el gran héroe y estoy lejos de ser perfecto —se justificó con rapidez—. Conocer personas es difícil para mí. El mundo mágico me idolatra y en el mundo muggle hay muchas mentiras.
—¿Qué hay de la Weaselette?
—Terminamos. Y dudo mucho volver con ella, está enfocada en su carrera y funcionamos mejor como amigos.
—Potter, ¿podrías decir la verdad? —Draco bufó, fastidiado—. No dudo que tengas todos esos problemas, pero no es suficiente para que tomes la decisión de solo casarte con el tipo que te hizo imposible la vida en la escuela.
—No eras tan malo como Voldem-
—Potter —dijo con firmeza el Slytherin.
El Gryffindor volvió a moverse incómodo, estrujando sus manos. A Draco le daba curiosidad ese comportamiento, no entendía por qué tanto secretismo. ¿Había un sucio y humillante secreto? Parecía que no era el único con problemas.
—¿Sabes de Teddy? Es el nieto de tu tía Andromeda, ya sabes, la que expulsaron de la familia —Draco asintió, no tenía idea de la existencia de más descendencia, pero era esperable—. Es mi ahijado. Y es huérfano, su madre es Nymphadora Tonks y su padre Remus Lupin, nuestro profesor de Defensa en tercero, ambos murieron en la Batalla de Hogwarts.
Draco se aseguró de guardar todos sus pensamientos sobre procrear con un hombre lobo, quería ver a dónde iba a llegar todo ese discurso y no ganaría nada si comenzaba una discusión con el defensor número uno de criaturas peligrosas.
Potter continuó:
—Andromeda está viviendo con Teddy, pero ambos acordamos que lo mejor era que yo lo adoptara. Seguiría viendo a su abuela, por supuesto, pero yo podría protegerlo mejor y le estaríamos dando una familia —Potter se fue relajando a medida que hablaba del niño—. Realmente lo considero un hijo, es un chico adorable y muy inteligente, además que…
—El punto, Potter.
—Sí, claro —murmuró avergonzado. El Gryffindor carraspeó y se frotó las palmas antes de seguir—: Empezamos a tramitar la adopción, no es algo tan rápido, incluso para mí. Solo es una adopción legal, pero los del Ministerio siempre han sido burócratas.
Draco levantó una mano para detenerlo y negó con la cabeza.
—No puedo lidiar con un hombre lobo, me da igual si crees que soy cruel —explicó sin darle tiempo a seguir.
—Teddy no heredó la licantropía. En realidad, es metamorfomago, aunque su habilidad no está tan desarrollada por ahora.
—Bien, entonces estás tratando de adoptarlo… Si me caso contigo, este niño pasaría a ser mi hijo, ¿no? Siguen habiendo un montón de personas dispuestas a ser la madre en tu juego de la familia feliz.
El Gryffindor se puso todavía más nervioso. Se levantó y se paseó frente a Draco para luego volver a sentarse. Sin hacer contacto visual en ningún momento.
—Soy auror, no sé si lo sabes —Draco lo sabía, era imposible no saber de su vida con El Profeta y Corazón de Bruja—. Hace unos días tuve una lesión leve en una misión y por procedimiento fui a San Mungo. Era solo curar la lesión, pero ya sabes, los sanadores se toman muy en serio todo eso de revisar a su paciente…
—Potter —interrumpió Draco, impaciente.
—Me voy a morir —soltó sin tapujos.
Hubo un silencio luego de tamaña declaración. Mientras el cerebro de Draco procesaba la información, se le quedó mirando con el ceño fruncido, esperando que el otro dijera que solo era una broma de mal gusto.
Pero Potter seguía evitando su mirada y seguía inquieto.
—¿Cuándo? —preguntó con tranquilidad.
—Es… es relativo. En un plazo máximo de cinco años.
—¿No hay cura? ¿Qué es lo que tienes?
Potter soltó una risa nerviosa y, finalmente, lo miró. Sus ojos verdes brillaban tras las gafas. Draco no podía imaginar que en cinco años estuvieran apagados. Era anticlimático.
—Cáncer, tengo un tumor cerebral —el auror soltó un suspiro y volvió a estrujarse las manos—. Los magos no están acostumbrados a ese tipo de enfermedades y en el mundo muggle es algo tarde.
Draco apretó los labios. Tenía una idea muy vaga de aquella enfermedad, solo sabía que la gente se moría. Debía admitir que sentía algo de lástima por el niño de oro, había logrado sobrevivir a la guerra, pero un tumor lo iba a vencer. No sonaba muy justo y el Slytherin se sentía algo indignado de que tuviera un final tan indigno. Debía ser culpa del vino tener ese tipo de pensamientos.
Estuvo jugando un rato con su varita mientras pensaba en la situación de Potter y en la suya. El chico que vivió cumplía todos los requisitos que sus padres querían y ya había dicho que aceptaría que su hijo llevase el apellido Malfoy, lo mejor era ese detalle de embarazarse sin sexo. Sería demasiado humillante dejarse follar por un Gryffindor. Draco tampoco tenía problemas en adoptar al otro niño, Teddy, un cuarto de él era Black, prácticamente ya eran familia.
Era un negocio donde todo estaba a favor de Draco, pero seguía sin entender por qué Potter lo había elegido a él.
Mirándolo todo nervioso se dio cuenta qué era lo que ganaba el niño de oro.
—No quieres dejar huérfano al niño, no de nuevo. Eso es lo que ganas —ante las palabras del rubio, Potter hizo un pequeño gesto afirmativo—. Sabes que yo haré todo por mi familia. Si te vuelves mi familia… Teddy también lo sería. Y yo no lo dejaría solo.
—Básicamente —susurró Potter.
—Está bien —Draco suspiró—. Pero quiero conocer al crío primero. Además, nadie puede saber que soy Draco. Solo mis padres y Astoria tienen esa información.
—¿De verdad aceptas? —Potter se veía demasiado esperanzado para estar pactando un matrimonio con su rival escolar.
Debía estar desesperado. De nuevo surgieron las dudas de por qué él, pero decidió no preguntar. Solo porque Draco estaba en una situación tan particular era que el Gryffindor lo veía como una solución. Si Potter seguía siendo como en la escuela era probable que no le hubiese dicho a nadie sobre su enfermedad, ni siquiera a sus amigos. Era esa clase de idiota.
—Solo si el niño me cae bien —pero Draco sabía que ya estaba dando el sí.
—Claro. Este fin de semana lo tengo, ¿quieres conocerlo? —Potter le enseñó una brillante sonrisa.
—Mándame una lechuza —Draco se levantó—. Y mi nombre es Lyra.
Muchas gracias por leer!
Nos vemos el próximo miércoles :)
