Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.
Advertencias: Contenido LGBTQ. Relación chico x chico. Personaje transgénero. Hurt/Comfort. Fluff and Angst. Misoginia. Homofobia. Transfobia. Porn WITH Plot.
Pareja: Draco Malfoy/Harry Potter (Drarry)
Nota de la autora: Hewwo, lamento la demora.
La verdad es que este año debo hacer mi tesis para licenciarme (no sé cómo mierda se llama en otros lados, pero es ese trabajo final en el que trabajas por más de un año y que te da el título de la carrera en la que estudias) y bueno, he tenido una semana muy ocupada y estresada. Aparte, este capítulo me salió extremadamente largo, traté de quitar el relleno, arreglar y obviamente corregir la redacción y ortografía, pero he dormido tan poco que mi cerebro funciona a la mitad. De verdad lamento todos los errores de gramática.
No sé si ya había mencionado que tendremos porno en esta historia, pero bueno, tendremos porno :)
Sin más que decir, les dejo el capítulo uwu
Capítulo 3: (Con)trato
Astoria había sido la primera y única en enterarse del acuerdo al que Potter y Draco habían llegado. No obstante, el rubio no le había dicho todo. Se había guardado lo de la enfermedad del Salvador del Mundo Mágico, por lo que la versión que le había contado no había sido muy creíble para la chica. Así que, tal como lo haría cualquier persona normal, su ex prometida se había mostrado en desacuerdo a tal estupidez, según sus palabras. Sin embargo, al ver a su Draco decidido a llevar adelante esa ficticia relación, la pequeña Greengrass se guardó sus comentarios y le ayudó en todo lo que pudo.
Por ese motivo fue que la joven se volvió la perfecta tapadera.
Astoria le había dicho a la familia Malfoy que sería bueno para Draco empezar a relacionarse con otras muchachas, y se había inventado un fin de semana lleno de actividades con jóvenes brujas de la alta sociedad. En un principio, Narcissa había sido aprensiva ante la idea, temerosa de que su hijo la cagara al no estar acostumbrado a ese tipo de eventos. Astoria la había tenido que convencer de que todo iría bien porque ella estaría vigilando a su ex prometido. Lucius le dio toda la autoridad a la joven Greengrass para decidir en futuros eventos, argumentando que no tenía tiempo para las nimiedades de las damas.
El problema, para Draco, surgió cuando debió hacer su maleta y en ella solo habían incómodos vestidos, horrible ropa interior y un camisón con pequeñas flores que le daba arcadas solo verlo.
Cuando el sábado llegó, Draco tomó sus cosas de mal humor y fue hacia la mansión de los Greengrass a encontrarse con Astoria. Se suponía que desde allí se iría con Potter, quien había insistido en que pasara la noche en su casa para hablar bien el tema del matrimonio luego de que Teddy lo aceptara.
—Odio los vestidos —murmuró Draco.
—Te ves bien —respondió Astoria, ocupada en cepillar los largos cabellos rubios—. ¿Sabes cómo llegar a la casa de Potter?
—Está viviendo en la antigua casa de los Black —Draco rodó los ojos, intentando no ver a la chica que el reflejo en el espejo le mostraría—. Grimmauld Place 12, Londres. Madre me llevó cuando era pequeño, un lugar sin nada de gusto.
Astoria rió divertida y tomó una cinta celeste para despejar el rostro de Draco, a lo que el joven agradeció en un murmullo.
Cuando Draco estuvo listo, la joven lo acompañó fuera de la mansión, dándole una serie de recomendaciones y advertencias.
—Que te vaya bien en tu cita, Lyra —se burló la menor, dejándole un sonoro beso en la mejilla.
—No es una cita, solo voy a conocer al niño. Si me cae mal, el trato con Potter se termina —el rubio miró indignado a la joven—. ¡No es una cita!
—Como digas, cariño.
Draco observó fastidiado a su ex prometida y se apareció en Londres.
No le tomó mucho encontrar la mansión en medio de tantos muggles, y una vez estuvo frente al número 12 tocó el timbre. Casi de inmediato la puerta se abrió y un viejo elfo lo invitó a entrar.
—Kreacher está feliz de servir a la familia Malfoy —saludó el elfo, haciendo una exagerada reverencia—. La habitación que usará la joven Lyra ya se encuentra preparada, ¿quiere que lleve sus cosas arriba?
Draco apretó los labios.
Los elfos domésticos no sabían de normas sociales, se referían a las personas por el nombre por el cual eran más conocidos. Por lo mismo todos llamaban "Quién-Ya-Tú-Sabes" al Señor Tenebroso. Draco, al convertirse en Lyra, había perdido su identidad y había perdido el derecho de llamarse "Draco". Incluso los elfos en su casa habían aceptado el cambio sin cuestionar, simplemente se habían adecuado para seguir cumpliendo sus funciones.
—Sí, llévate la maleta —el rubio dejó en el suelo su bolso y miró a todos lados—. ¿Dónde está Potter?
—El amo está en el salón de té con la señora Andromeda y el joven Teddy. Kreacher guiará a la señorita Lyra con ellos.
Draco hizo una mueca, no esperaba encontrarse tan pronto con su tía.
Siguió al elfo por la escalera, observando toda la casa. La recordaba más oscura y tétrica, pero al parecer había sido renovada. Ya no estaban las cabezas de los elfos colgando y los tapices eran más claros para iluminar la estancia. Kreacher lo llevó hacia un salón, entrando primero para presentarlo. La sala también era diferente a como la recordaba. Aún estaba el tápiz con el árbol familiar, pero los muebles habían sido cambiados junto a las decoraciones. Había un exceso de rojo, aunque era innegable que se veía mucho más acogedora.
—¡Malfoy! —saludó Potter, acercándose—. Pensé que llegarías más tarde.
—Me citaste a las 11 y son las 11 —comentó con una ceja alzada.
—Sí, lo sé, pero pensé… —el auror se rascó la nuca— Olvídalo. Ven, te presentaré.
En uno de los sofás estaba sentada una mujer idéntica a Bellatrix, claro que sin el aire psicópata. La dama se levantó e hizo una pequeña inclinación con la cabeza, Draco correspondió el gesto, recordando las lecciones de modales que Astoria le había impartido.
—Soy Andromeda Tonks, tu tía —se presentó la mujer.
—Lyra Malfoy, es un placer conocerla.
Potter se apartó para tomar del suelo a un pequeño niño de cabello negro y ojos verdes. El crío observó analíticamente a Draco para luego abrazarse al cuello del auror.
—Hey, Teddy, no seas tímido —el Gryffindor intentó apartar al niño de sí—. Malfoy es tu… ehm… ¿prima?
—¿Prima? —el pequeño le echó un nuevo vistazo a Draco.
—Es mi sobrina, Teddy, la hija de mi hermana —dijo dulcemente Andromeda—. Es parte de tu familia.
El niño pasó la vista entre los dos adultos que conocía para luego volver a fijarse en Draco. Con timidez, y sin soltarse de Potter, agitó su mano a modo de saludo. Apenas cumplió con ello, se escondió en el pecho del Gryffindor.
—Me encantaría quedarme a charlar, pero debo salir —mencionó Andromeda, colocándose de pie—. Podemos concertar una cita para charlar luego, Lyra. Sería lindo reunirnos.
—Claro, yo le escribo… —murmuró Draco.
La bruja usó la chimenea para irse, dejando el salón en silencio. Draco se sentía mucho mejor ahora que su tía no estaba, sin embargo, aún tenía un problema que resolver.
Potter le sonrió a Draco algo incómodo mientras trataba de convencer al pequeño de hablar correctamente. El niño parecía temeroso del Slytherin, aferrándose a la camiseta del auror como si su vida dependiera de aquello mientras negaba con la cabeza a todas las palabras del Gryffindor.
—Déjalo, Potter —suspiró el rubio—. ¿Me vas a invitar a sentarme o mantienes a todas tus visitas de pie?
—¿Eh? —el auror lo miró con toda su cara de idiota—. ¡Ah! ¡Sí! ¡Claro! Toma asiento donde gustes.
Draco fue hacia el sofá individual y se acomodó, intentó mantener la postura que Astoria le había enseñado, pero aún se le hacía incómoda. Potter, por otro lado, se sentó sobre la alfombra con el niño, quien se había acomodado entre las piernas del auror para luego ponerse a jugar con unos soldaditos.
—Lo siento, a Teddy no le gustan mucho los desconocidos —se disculpó Potter.
—Uhm…
—¡Pero ustedes son familia! ¡Ya se llevarán bien!
Antes de que Potter continuara hablando de todas las maravillas que podrían surgir en esa relación, una lechuza del Ministerio apareció volando. El auror tomó la nota que traía y la leyó rápidamente. Con una mueca se levantó, susurrándole al niño algo para luego dirigirse a Draco.
—Es trabajo, lo resolveré de inmediato —explicó—. ¡Kreacher! ¡Sírvele té a Malfoy!
El Gryffindor salió casi corriendo al mismo tiempo que el viejo elfo se apareció para preguntarle a Draco su gusto en té.
Cuando el Slytherin se quedó a solas con el niño, decidió que era mejor no incomodarlo y se dedicó a analizar el salón. Sus ojos se detuvieron en la parte del árbol genealógico donde se suponía debía estar su nombre. Bajo Narcissa y Lucius aparecía solo "Lyra", no había rastros de algún otro hijo, mucho menos de algún "Draco". El rubio rogó que el cambio no hubiese ocurrido también en algún documento oficial, si fuera así la gente empezaría a preguntar y ningún soborno sería suficiente para tapar tamaña historia.
Salió de sus pensamientos al sentir una mirada penetrante y hostil, al girarse vio al niño todavía sentado en la alfombra mirándolo fijamente. Su cabello se había vuelto azul eléctrico y sus ojos ahora eran ámbar.
—Harry es mío —dijo el niño.
—¿Qué?
—Harry va a ser mi papá, es mío.
Draco alzó una ceja y analizó al crío. Ya no se veía tímido y adorable, todo lo contrario.
—¿Y qué con eso?
—Ándate —el niño infló las mejillas y trató de colocarse lo más derecho que pudo—. Si no te vas, le diré a Harry que me gritaste y él te va a echar. A Harry no le gusta que me traten feo.
Era increíble.
Draco se había dejado engañar por la visión tan simplona y caballeresca del Gryffindor sobre el niño que pensaba adoptar. No obstante, la realidad era otra. El mocoso que se suponía era lindo y tierno lo estaba amenazando. Definitivamente la sangre era más espesa que el agua y Teddy había sacado varias cosas de los Black.
—¿No quieres hacer un trato, Teddy? —preguntó, inclinándose un poco hacia adelante mientras sonreía.
El niño arrugó la nariz.
—No, vete.
—¿Cuántos años tienes? ¿Cuatro? ¿Cinco?
—Seis y medio —corrigió el niño.
—Bueno, Teddy, creo que podemos ser buenos aliados —continuó—. No me interesa Potter, no te lo voy a quitar. Solo quiero quedarme aquí.
Debía sentirse mal por mentirle a un niño, especialmente a uno que luego también adoptaría. Pero estaba desesperado y necesitaba casarse con Potter antes de que sus padres lo emparejaran con un viejo decrépito. Todos los Malfoy sabían que el fin justificaba los medios y Draco no iba a ser quien cuestionara una creencia que tanto les había ayudado.
—¿Te quieres quedar porque tus papás son malos? —la pregunta era cruel, pero Teddy la había hecho con inocencia.
—¿Quién te dijo eso? —el rubio frunció el ceño.
Sería malo para su relación con el niño si este hubiera leído algo en la prensa o escuchado los rumores sobre su familia. Draco se preguntó qué tan inteligente era aquel crío si era capaz de descifrar los subtextos de lo que se decía públicamente sobre los Malfoy.
—La abuela dijo eso, la escuché decir que su hermana era mala porque echó a su hija para que no molestara.
Ah, claro. No había mejor fuente que la propia familia.
Draco trató de ver todo como una oportunidad. Si Andromeda lo veía con lástima, podía utilizar aquello en el futuro. No tenía ni idea de qué tipo de persona era o cómo había sido su relación con el resto de la familia. Solo sabía que la mujer se había enamorado de un nacido de muggles y se había fugado para casarse con él. Pero la lástima siempre servía.
—Bien, tiene razón —concedió—. No quiero estar con mis padres y Potter dijo que podía venir acá siempre y cuando yo te cayera bien. Aquí viene el trato, si tú le dices a Potter que te agrado, yo espantaré a todas las brujas que se quieran meter con él.
—¿Cómo? —el pequeño intentaba verse desinteresado, pero sus ojos brillaban emocionados.
—La gente me odia porque no soy simpático… digo, simpática. Hasta Potter me odia un poco —Draco encogió los hombros—. Si le dices que te agradé, prometo impedir que te lo quiten.
Era demasiado cruel decirle eso a Teddy cuando estaba pensando en casarse con Potter. Se dijo que no mentía. Si se volvía la esposa del Salvador del Mundo Mágico, impediría que el resto de brujas trataran de meterse en su cama. Pero tal vez el niño no se daría cuenta del vacío legal y solo lo odiaría. Trató de no seguir esa línea de pensamientos y se concentró en el mocoso.
—¿También vas a echar a Hermione y Ron? —preguntó el pequeño en un tono esperanzado.
—¿No te caen bien?
El niño tomó el peluche de una quimera que tenía al lado y lo abrazó. Luego miró a Draco y negó con la cabeza, haciendo un mohín al mismo tiempo que volvía a inflar las mejillas.
—A veces Harry me deja con la abuela porque tiene que salir con ellos. Y cuando estamos los cuatro, a veces Harry no me hace caso porque está hablando con ellos —explicó.
Draco se mordió el interior de la mejilla para no soltar una carcajada.
Tenía enfrente a un manipulador, obsesivo y controlador, que le había vendido a todos una imagen de inocencia e ingenuidad.
A Draco le agradaba más esta versión del niño. Sabía cómo manejarse en esas situaciones, después de todo él había sido igual cuando era pequeño. Quizás una parte de él se sentía mal por mentirle a un crío, pero su situación era más crítica y el instinto de supervivencia era más fuerte que cualquier regla moral.
—Ellos me odian, no creo que quieran venir si yo estoy —Draco frunció el ceño al recordar el último encuentro con el trío dorado—. En una fiesta que hubo hace poco Weasel me trató de hechizar.
—¿Weasel? —Teddy soltó una risita.
El Slytherin se mordió la lengua. Estaba bien manipular al niño y ganarle en su propio juego, pero Potter se enojaría si descubría que le había enseñado esos apodos.
Y como si el destino lo odiara, justo en ese momento apareció el Gryffindor por la puerta, pasando su mirada desde Teddy a Draco.
—Veo que ya entraron en confianza —comentó Potter con una gran y brillante sonrisa—. Lo siento, olvidé dejar unos documentos en el cuartel y me los estaban pidiendo. Pero ya estoy libre.
Teddy se apresuró en llegar hasta el auror y levantó los brazos, exigiendo que lo tomaran en brazos. El Gryffindor agarró al niño y le sonrió, recibiendo por respuesta la sonrisa más adorable que podía existir. El crío había vuelto a ser una cosita linda que no mataba ni una mosca, incluso su cabello había vuelto a ser negro y sus ojos verdes.
—No te preocupes, aproveché para hablar con Teddy. Le dije que me ibas a dejar quedarme aquí —dijo Draco, intentando no verse demasiado feliz—. Pero le comenté que tal vez no vendría mucha gente mientras yo estuviera, porque no me llevo con tus amigos.
—Oh, no lo había pensado… —Potter se mordió el labio inferior.
—Teddy dijo que no le importaba.
—¿Eso es verdad? Ni Ron ni Hermione podrán venir, ningún Weasley en realidad. ¿No te importa que seamos solo nosotros tres? —el auror observó atentamente al niño.
Draco también miró al crío. En apariencia, Teddy simplemente estaba pensando, pero el Slytherin sabía que el mocoso estaba midiendo los costos y beneficios. Le estaba demostrando que podía cumplir su parte del trato, acababa de despejar la agenda del Salvador del Mundo y Draco esperaba que aquello fuera suficiente para convencerlo.
—Quiero que se quede Lyra —mencionó el niño con voz dulce—. ¿A ti no te importa no ver a tus amigos, Harry?
Había tanta inocencia y preocupación en su pregunta que si Draco no hubiera interactuado con su faceta manipuladora, nunca se creería que Teddy estaba obsesionado con Potter.
—Los puedo ver en otro momento, no te preocupes —Potter sonrió de nuevo, intentando calmarlo—. Me alegra que te agrade Lyra, empezará a venir más y más, y luego se volverá tu…
—Sí, no quiero estar en mi casa —interrumpió, aún necesitaba moldear a su pequeño aliado y soltar lo del matrimonio no ayudaría—. Espero nos llevemos bien, Teddy. Gracias por ser tan amable.
El niño sonrió tiernamente y se abrazó a Potter, aparentemente avergonzado. El auror siguió dándole mimos, halagándolo por ser considerado. Draco aprovechó de servirse del té que el elfo había traído, demostrándole a Teddy que él no estaba interesado en Harry Potter.
Sería interesante volver a ese niño su hijo, pensó.
El día se había pasado rápido entre las relajadas comidas y los juegos infantiles. Teddy había estado feliz de poder disfrutar a Potter solo para él y le había susurrado a Draco que aceptaba su trato en un momento en que habían quedado a solas. Para el Slytherin aquello había sido suficiente, podía lidiar con la mentira de la familia feliz mientras tuviera un aliado. El verdadero peso de lo que estaban a punto de hacer no le llegó hasta que el auror se sentó frente a él en la cocina de la casa y le dejó una botella de cerveza. Draco no dudó en darle un largo sorbo.
—Necesitamos una historia creíble. Podemos decir que en la fiesta benéfica nos conocimos, lo que es verdad, y que luego coincidimos gracias a Andromeda, lo que es más o menos verdad. Eso sería suficiente para explicar cómo tú y yo terminamos juntos —mencionó el auror.
—Bien.
—Eso sí, debemos actuar como si de verdad nos amáramos.
Draco hizo una mueca de asco y se apresuró a dar un nuevo sorbo a su bebida. Se limpió la comisura de los labios con el dorso de la mano y miró a Potter. El Slytherin sintió la envidia correerle cuando notó que estaba vistiendo una camiseta vieja y un pantalón de pijama con unas snitch, mientras que él tenía que aguantar el estúpido camisón floreado.
—¿No podemos decir que somos tímidos o algo así? —preguntó, intentando sonar casual.
—No servirá, tengo que convencer a mis amigos también —Potter suspiró—. Es mejor fingir que somos una pareja de verdad.
—No aceptaré que finjas que soy Chang o la Weaselette —Draco fingió vomitar—. Tengo orgullo.
Potter rodó los ojos y el Slytherin dio un par de sorbos más a su cerveza. No era buena idea beber a ese ritmo, pero no tenía más opciones para mantenerse ocupado y calmar sus nervios. Le ponía mal toda la jodida situación y estar borracho era un alivio. Tal vez se volvería alcohólico en un futuro próximo.
—Solo actúa como si fueras Astoria Greengrass. Fue tu prometida, ¿no? Si actúas como ella lo hacía, todos nos creerán de que nos amamos —el auror se acomodó las gafas—. Tal vez te sirva pensar en cómo ella actuaba en la cama, antes de hacerlo, claro. Ya sabes, todo ese juego de seducción.
Draco lo miró sin comprender del todo, poco a poco procesó las palabras y se sonrojó con fuerza cuando entendió, negando con la cabeza.
—Espera… —Potter se inclinó sobre la mesa para acercarse—. ¿Eres virgen?
—¿Crees que te voy a responder eso, Potter? —preguntó con agresividad.
El Gryffindor retrocedió y levantó las manos, mostrando las palmas.
—No lo hagas más difícil, Malfoy. Si quieres un matrimonio sin tener que dar explicaciones, necesitamos una buena historia. Solo estoy dando opciones.
—¿Pero por qué tiene que ser con sexo? ¡Ni siquiera lo haremos, por Merlín! No pienso perder mi virginidad contigo. ¡Ni siquiera tengo pene!
Draco apoyó los codos en la mesa y enterró su rostro entre sus manos. Sabía que estaba siendo dramático, pero es que aún no terminaba de aceptar su nueva identidad. Potter se le acercó, se acomodó a su lado y le dio pequeñas palmaditas en la espalda. No daban mucho consuelo, pero era mejor que nada.
Siguieron bebiendo, intentando encontrar una buena explicación para un supuesto enamoramiento. Luego de un rato, Draco ya ni siquiera se esforzaba en pensar y solo miraba las botellas que se habían acumulado sobre la mesa. Estaba muy ebrio, todo por culpa de ese cuerpo que tenía una baja tolerancia. Aunque Potter parecía estar en las mismas condiciones y él era mucho más grande, cada dos frases soltaba una risotada y se trababa con varias palabras.
—¿Crees que si supiera cómo es el sexo podría fingir estar enamorado?
Fue difícil pronunciar todo, pero Draco se felicitó internamente por haber hecho una pregunta coherente.
—Probablemente —respondió el auror, encogiéndose de hombros.
—Pero ni siquiera sé cómo debería sentirme. Es decir, tengo una vagina, ¿cómo se siente bien?
—No me digas que nunca le comiste el coño a una de tus novias —Potter lo miró divertido—. ¿O meter dedos? No sé, cualquier cosa en donde te enfocaras en ella.
Draco negó y el Gryffindor lo observó con lástima.
—¡No es mi culpa! —se defendió—. ¿Acaso tú sí?
—Obvio que sí. Y para que sepas, doy orales muy buenos.
—Seguro es una mentira que te decía Weaselette.
Potter se levantó indignado y lo señaló con el índice. Draco también se puso de pie y le sonrió con superioridad, subiendo y bajando las cejas solo para fastidiarlo más. El Slytherin era mucho más bajo en ese cuerpo, pero seguía pudiendo hacerle frente a ese idiota con complejo de héroe.
—¿Quieres que te lo demuestre? —el Gryffindor lo miró retadoramente, cruzándose de brazos—. Si te hago sentir bien, me concederás un favor.
—¿Y si no?
—Yo te concederé uno a ti.
—Perfecto.
Potter asintió y empujó las botellas a un lado. Tomó a Draco de la cintura y lo obligó a sentarse sobre la mesa, en la zona que había despejado. Sus manos se apoyaron en los muslos pálidos y luego avanzaron para también subir el camisón. El auror observó a Draco con sus verdes ojos brillantes y el rubio sintió un cosquilleo de anticipación en el estómago.
El Slytherin no pudo evitar cerrar los ojos cuando los dedos callosos llegaron a su ropa interior y se frotaron sobre la tela. En la nebulosa de su borrachera cruzó el pensamiento de que estaba a punto de cometer un error, pero su instinto fue más fuerte y suprimió su lado racional. Draco levantó las caderas de manera inconsciente, buscando más contacto para sentir más placer
—Si quieres parar, solo dime —susurró Potter.
—¿No ibas a mostrarme que eras bueno?
El Gryffindor fijó sus ojos en Draco y él se obligó a mantenerle la mirada. El niño de oro sonrió socarrón y se arrodilló, acomodándose entre las piernas del rubio. El Slytherin lo miró con curiosidad, sin comprender del todo sus acciones.
Definitivamente estaba borracho.
Potter lo agarró de las pantorrillas y jaló de él para que quedara más a la orilla. Acarició los muslos con sus dedos y acercó su rostro a la entrepierna. Draco sintió el aliento cálido chocando contra su piel y no pudo evitar estremecerse. El rubio volvió a cerrar los ojos cuando una lengua húmeda recorrió la tela una y otra vez. Algo surgió de él y no supo si era la saliva de Potter u otra cosa, aunque tampoco era que le importara mucho.
Draco se aferró a la mesa, empezando a respirar agitado. Notó un dedo mover su braga a un lado y así exponer el sexo que él tanto odiaba, pero que ahora le estaba haciendo descubrir un nuevo mundo. Antes de que se pudiera quejar, el auror volvió a acercar su lengua, logrando que el rubio soltara un Gryffindor se enfocó en un punto que le mandaba señales eléctricas al cerebro de Draco, lamiendo una y otra vez. El joven auror se apartó y se apresuró en quitarle la ropa interior, casi de inmediato enterró su rostro en la zona descubierta, atrapando con sus labios aquella zona tan sensible que anteriormente había tocado.
—¡Por Merlín! —gimió Draco.
El rubio llevó sus manos a la cabellera negra y enredó los dedos en los mechones para luego empujar al auror contra sí, gimiendo y jadeando sin preocuparse de la imagen indigna que debía estar dando. Unos dedos gruesos y cálidos se unieron al trabajo que estaba haciendo la boca, separando pliegues y acariciando diferentes partes. Draco se sentía maravillado de la sensibilidad que tenía su nueva anatomía.
La cocina se llenó de sonidos de succión, chapoteo y los gemidos de Draco.
Luego de unos minutos, Potter se alejó un poco para poder acomodar al rubio sobre la mesa, obligándolo a recostarse sobre la superficie y haciendo que la mitad de su culo quedara afuera. Una vez logró la posición que quería, reanudó su trabajo de chupar y lamer. Draco, que en ningún momento le había soltado los cabellos, aprovechó de rodear su cuerpo con sus piernas, empujándolo con los talones hacia sí.
—Joder… —jadeó, observando el techo de la cocina.
Sentía más líquido saliendo de su interior, el cual se entremezclaba con la saliva del Gryffindor. Parecía que Potter sabía exactamente dónde tocar y cómo. Draco tuvo que cerrar los ojos, abrumado por todas las sensaciones e incapaz de hacer otra cosa más que gemir. Un nuevo estremecimiento lo recorrió cuando llegó al orgasmo, haciendo que el Slytherin se retorciera y apretara al auror con sus piernas y manos.
Aún sintiendo su cuerpo vibrar, sus músculos se fueron relajando y dejó caer las piernas y los brazos. Su pecho subía y bajaba agitado, y una sensación de satisfacción lo invadió. No había notado que Potter había parado hasta que volvió a pasar su lengua por su sexo. Su entrepierna estaba sensible, por lo que aquel mínimo roce lo hizo gimotear. Cerró las piernas y giró sobre sí mismo para quedar recostado de lado. Frente a él había varias botellas vacías.
Potter se puso de pie y Draco ladeó la cabeza para mirarlo. Los labios y la punta de la nariz del niño de oro brillaban por algo húmedo, y sus ojos se veían más oscuros por la dilatación de las pupilas. El Slytherin volvió a mirar las botellas, queriendo evitar ser consciente de lo que acababa de pasar.
—Me debes un favor —dijo el auror con voz ronca.
—Jódete —respondió en un susurro.
—Creo que en este caso serás tú al que van a joder.
El Gryffindor se le acercó y lo levantó, pasando un brazo por debajo de sus rodillas y el otro por la espalda, sacándolo de la cocina para subir hacia las habitaciones. Draco sentía sus piernas temblar, así que agradeció mentalmente que el auror fuera su transporte, aunque no le dijo nada.
Fue la primera noche desde que se había despertado en aquel cuerpo que pudo dormir bien.
Draco sintió náuseas y agradeció que Potter se viera tan confiado. Al menos uno de los dos sabía qué estaba haciendo.
—Aceptaré firmar un acuerdo prenupcial para asegurarles que nuestro hijo será un Malfoy.
—¿Por qué? —preguntó Lucius.
Luego de aquella extraña noche, Potter y él habían discutido sus opciones y habían creado la historia de amor perfecta. Ninguno había mencionado lo que había ocurrido en la cocina, pero había sido un evento que los había unido como nunca antes. Además, Draco ya no se sentía tan mal por estar en esa posición. Solo se sentía mal. Algo era algo.
—Porque es la condición, ¿no? —Potter soltó sarcástico—. Dudo mucho que puedan encontrar un mejor candidato que yo.
—¿Por qué quieres desposar a Lyra? —cuestionó el hombre fastidiado.
Unos días después habían decidido anunciar el interés de comprometerse a los Malfoy. Habían tenido que recurrir a Astoria, porque ninguno de los dos sabía sobre acuerdos prenupciales o dotes. La chica los había instruido para que pudieran enfrentar a Lucius, pero Draco se había quedado en blanco, intimidado por la presencia de su padre.
—Difícil pregunta… ¿Sabe qué veo en Lyra? A Draco Malfoy. Sus gestos, su manera de hablar, sus ideas… ¿Curioso, no?
Draco miró al auror con la boca abierta, no esperaba que revelara que sabía sobre la maldición. El Gryffindor lo miró de reojo y le dedicó una pequeña sonrisa para calmarlo.
—Señor Potter, usted… —comenzó Narcissa.
—¿Van a aceptar o no? Ya les dije que soy su mejor opción.
La dama se inclinó hacia su esposo y susurró algo que hizo que Lucius se pusiera lívido. El mago fijó sus ojos en su hijo, haciendo que Draco bajara la cabeza. Ante el acto de intimidación, Potter apoyó su mano sobre la pierna del rubio y le dio un suave apretón. El Slytherin respiró hondo y se recordó que había conseguido a un poderoso aliado.
—Es un trato, Potter —dijo al fin Lucius—. Firmaremos según lo hablado.
—Hay otra cosa, no se meterán en la educación de mi hijo.
—Potter, eso no es nego-
—Y Draco se irá a vivir conmigo en cuanto formalicemos el compromiso —continuó, ignorando la queja de Lucius.
Era la primera vez en la conversación que se refería a él por ese nombre, Potter no estaba hecho para las sutilezas. Draco miró a sus padres angustiado, necesitaba salir de la mansión y las nuevas responsabilidades que tenía, pero tal vez sus padres no estarían de acuerdo en que conviviera con un hombre estando aún soltera. Lucius, sorprendentemente, aceptó a regañadientes.
Formalmente, Lyra y Potter estaban comprometidos.
Draco se odió por haber activado la maldición.
Muchas gracias por leer uwu
Nos vemos el próximo miércoles!
