Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.

Advertencias: Contenido LGBTQ. Relación chico x chico. Personaje transgénero. Hurt/Comfort. Fluff and Angst. Misoginia. Homofobia. Transfobia. Porn WITH Plot.

Pareja: Draco Malfoy/Harry Potter (Drarry)

Nota de la autora: ¡Buenas!

La verdad es que tendría que estar haciendo otra cosa, pero no podía sacarme de la cabeza a estos tontos, así que acá les traigo un nuevo capítulo :)
¡Qué disfruten!


Capítulo 4: Condiciones

Los días se sucedieron lentamente, haciéndose más fríos a medida que se acercaba el invierno. Draco y Harry habían continuado con su compromiso, viéndose cada ciertos días y compartiendo tiempo juntos. Antes de anunciar su relación, habían decidido convivir un poco y aprender a fingir ser una pareja, con Astoria como guía y mentora. Ese tiempo les había servido no solo para volver a conocerse, sino que también para que Draco y Teddy se acostumbraran a la existencia del otro.

Andromeda le entregó un álbum de fotos a Draco, quien lo abrió con algo de curiosidad, dejándolo sobre su regazo. Pronto se dio cuenta que se trataba de las fotografías del matrimonio de su tía con el nacido de muggles. Todas las imágenes eran estáticas y las personas que aparecían vestían prendas muggles. Draco se guardó sus comentarios sobre hacer un evento tan simple y soso.

—Quería mostrarte que se puede vivir sin tradiciones mágicas, Lyra —explicó la mujer—. Que el amor es suficiente para dejar de lado nuestras creencias.

Con ayuda de Astoria, Potter había hecho un comunicado para anunciar públicamente que estaba comprometido con la hija de los Malfoy. De inmediato surgieron quejas, teorías y un montón de gente ociosa que no tenía mejores cosas que hacer. El Gryffindor había manejado todo el caos mediático con agresividad, argumentando que lo que hiciera en su vida privada no debía ser interés de nadie. El hecho de que defendiera con garras y dientes aquella relación solo acrecentó los rumores acerca de esa muchacha que había llegado hace solo unas semanas a Gran Bretaña.

—No es como que Potter aceptara una ceremonia sangre pura —murmuró Draco.

—¿Están seguros de que se quieren casar tan pronto? —preguntó preocupada la bruja, sin escuchar la réplica—. Podrían tener un par de citas, conocerse y…

—A Teddy le agrada Lyra —interrumpió Potter desde el sofá, con el ceño fruncido. Definitivamente no estaba manejando bien el estrés—. No te preocupes por eso, ya hablamos sobre la adopción.

Andromeda asintió y observó a Draco, no se veía muy contenta, todo lo contrario. El Slytherin se removió en su asiento y trató de concentrarse en las fotos. No quería tener una discusión con su tía.

Teddy había sido brillante en hablar bien de él, quizás eso era lo que más asombraba de ese compromiso. Los allegados y amigos del Salvador del Mundo Mágico nunca habían podido cruzar las barreras del niño, y de pronto aparecía una chica sangre pura que lograba lo que nadie había conseguido. Draco sabía que mientras más tiempo pasara Teddy con Potter, más feliz estaría el pequeño y más le ayudaría en fingir esa jodida relación amorosa, así que había hecho hasta lo imposible por mantener al crío cerca.

—Entiendo, lo siento por molestar —respondió la bruja—. Harry, ¿puedes ir a buscar a Teddy? Se está haciendo tarde.

Teddy había pasado todo el día con Potter mientras Draco disfrutaba de su libertad haciendo cosas que ahora no se le estaban permitidas. Ya hace un rato que el niño se había dormido, antes de que Andromeda viniese a buscarlo.

El auror resopló y se puso de pie, masajeándose los ojos. Debió haber dormido poco por culpa de los periodistas.

—Ya vengo —murmuró antes de salir del salón.

Draco recordaba cómo había reaccionado Potter en cuarto año cuando le acusaron de querer más fama y usar el Torneo para ello. El Gryffindor era pésimo para manejar el estrés y para lidiar con la opinión pública.

—Lyra, querida, ¿podemos hablar? —preguntó Andromeda con una voz excesivamente dulce.

—¿Ahora?

—Sí… —ella se sentó frente a Draco—. ¿No puedes reconsiderar el matrimonio? Debe haber una cantidad inmensa de magos que mi hermana acepte más que a un pobre chico huérfano.

Draco cerró el álbum con brusquedad, vació su rostro de cualquier expresión, enderezó la espalda y observó con frialdad a su tía. Inconscientemente estaba sacando a luz las enseñanzas de su padre sobre negociaciones e intimidación, olvidando por completo las lecciones de recato y decoro que Astoria y su madre le habían tratado de imponer.

—Disculpa, tía No estoy entendiendo —respondió con lento y calmado.

Andromeda lo miró con severidad. Había dejado sus manos sobre su regazo, así que Draco pudo ver cómo las apretaba unos segundos. Iba a ser una discusión complicada.

—Tal vez no te criaste con tus padres, pero sigues siendo una Malfoy.

—¿No soy suficiente para Potter? —Draco alzó una ceja, al puro estilo Malfoy—. ¿Eso intentas decir?

—Harry y Teddy necesitan una bruja que sea dulce y abnegada, no una joven con ambiciones que en cualquier momento podría abandonarlos.

Draco se levantó, dejando caer el álbum de fotos. Había hablado poco con su tía porque trataba de no estar a solas con ella, siempre se sentía incómodo y juzgado ante su presencia. La bruja insistía en preguntarle en cada encuentro sobre todos y cada uno de sus proyectos como sobre la educación que había recibido en el extranjero. El mago había pensado que Andromeda estaba siendo así de molesta porque estaba preocupada por la Lyra que había sido echada del país por su propia familia, nunca había sospechado que ella quería medirla.

—Es nuestro problema si Malfoy decide trabajar o estudiar o lo que sea que quiera hacer. No el tuyo, Andromeda —interrumpió Potter con el pequeño durmiendo en sus brazos.

Tanto Andromeda como Draco se giraron a ver al Gryffindor. La bruja apretó los labios y levantó la barbilla, como si estuviera retando a Potter a cuestionarla por sus palabras.

—En un principio solo yo iba a adoptar a Teddy —continuó Potter—. Y a mí nunca me dijiste que debía abandonar mis proyectos personales.

—Tú eres un hombre, Harry. Nunca te pediría que dejaras tu carrera —Andromeda sacudió la mano como si espantara una mosca—. Lyra puede tener buenas intenciones, pero lo veo en sus ojos. Es igual a Bellatrix, su propia gloria es más importante que su familia.

—No me compares con esa loca —murmuró entre dientes Draco.

Andromeda observó de reojo a su sobrino, pero ni siquiera se dignó a mirarlo a la cara, la bruja volvió a enfocar su atención en el Gryffindor. Draco se tuvo que recordar que esa mujer era su tía y la abuela del crío que adoptaría, matarla o dañarla gravemente no era una opción viable.

—No puedo creer que esa sea tu preocupación —Potter suspiró.

El auror parecía querer continuar con la discusión, pero el niño durmiente que tenía en brazos se lo impedía. El Gryffindor se había contentado con susurrar palabras duras y mirar feo a la bruja. Había un acuerdo tácito de no elevar la voz ni hacer sonidos demasiado fuertes para no despertar a Teddy.

Cuando Potter se acercó a la mujer con la intención de entregarle al niño, Andromeda se puso de pie rápidamente, rodeando con cuidado a su nieto.

—Me preocupa porque Lyra es una chica superficial —Draco empequeñeció los ojos, indignado por el apelativo. Andromeda siguió—: Teddy la va a pasar mal si tiene una madre más preocupada de su propia su vida que de él.

—¿Sabes a quien me recuerda Lyra? A tu hija, Tonks —Potter se cruzó de brazos—. Estoy seguro de que ella habría odiado sacrificar su vida por cuidar a Teddy.

—Habría sido su deber como madre —masculló la bruja, mirando fijamente al auror.

—No, Andromeda. Tonks y Remus se habrían dividido las tareas, cosa que haremos nosotros. Si piensas que solo porque sea mujer debe hacerse cargo de todo no eres mejor que un mago purista.

Andromeda levantó aún más la barbilla y se apresuró a irse por la chimenea con el niño, dando fuertes pisotones para demostrar que estaba enfadada. Draco se quedó mirando las llamas, esperando a que se fuera para soltar un comentario sarcástico con el cual pudiese sacar toda la rabia. Se giró hacia Potter para comenzar a quejarse, no obstante, sus palabras murieron en su boca cuando vio la expresión adolorida del auror.

—¿Estás bien? —preguntó tentativamente.

Potter levantó una mano para indicarle que se mantuviera quieto y de un momento a otro se dobló hacia adelante para vomitar. Por suerte, justo en ese momento apareció Kreacher con un balde, haciendo que el vómito cayera dentro y no sobre la alfombra. El auror abrazó el balde, sin dejar de dar arcadas y verter sus entrañas en el interior metálico. Draco hizo una mueca de asco, pero de todas formas se acercó.

—¿Potter?

—Estoy mareado… —murmuró el joven en medio de una arcada—. Me duele la cabeza…

Draco lo agarró del brazo y lo llevó al sofá. El rostro del auror había adquirido un tono grisáceo y una capa de sudor cubría su piel. El Slytherin se dio cuenta que el niño de oro había estado usando un glamour para ocultar las señales de su malestar y que la debilidad física había roto el hechizo. Draco se apresuró en limpiarle el rostro con un pañuelo, pero se congeló cuando notó que tenía la piel fría.

—Potter…

—¡Señorita Lyra! —interrumpió Kreacher, apareciendo de nuevo—. Kreacher trajo la medicación del amo Harry.

El elfo le quitó el balde a Potter y en su lugar le dejó un vaso de agua y dos tabletas pequeñas de color blanco. El auror se tragó las tabletas con ayuda del agua y luego se recostó contra el respaldo del sofá, se quitó las gafas y colocó su antebrazo sobre sus ojos, soltando un pequeño quejido.

—¿Qué es eso? —preguntó Draco, intentando no sonar demasiado asustado.

—Mi medicina —respondió Potter sin moverse—. Las cosas que hacen que mi vida sea más fácil teniendo un tumor en la cabeza son también las cosas que me hacen sentir mal.

—¿Son como pociones? ¿Porque te hacen sentir mal?

—Sí, son como pociones… Se supone que deberían bajar el dolor, pero tiene varios efectos secundarios.

Draco se mordió el labio inferior, sin saber qué decir. Potter movió el brazo para verlo, sus ojos verdes tenían un brillo extraño por las grandes y oscuras ojeras. Su ceño seguía fruncido y la expresión de dolor se mantenía.

—Te ves como la mierda —soltó Draco sin ningún tacto.

—Me imagino…

—¿Desde hace cuánto te duele?

—Desde que desperté —murmuró el auror.

—¿Has jugado con Teddy, atendido a Andromeda y fingido estar enamorado de mí mientras tu cabeza te estaba matando? —preguntó medio sorprendido, medio indignado—. ¡Debiste decirme!

—Lo siento, estoy acostumbrado a lidiar con todo solo.

Draco negó con la cabeza y volvió a analizar al auror. Con el pasar de los minutos parecía que su medicina le había hecho efecto, porque su frente ya no estaba tan arrugada y no se veía tan adolorido como antes. No obstante, parecía necesitar una buena noche de sueño.

—Te ayudaré a ir a tu cama —declaró.

Con dificultad logró levantar a Potter, pero una vez de pie, el Slytherin solo tuvo que servirle de apoyo para llegar al dormitorio. Ya en el cuarto, Draco lo sentó sobre la cama y llamó a Kreacher para que trajera toallas y le entregara una muda de ropa limpia. Al haberlo ayudado había notado que la camiseta del auror estaba empapada y que su piel estaba cubierta por un sudor frío. El Slytherin pensaba que Potter se pondría peor si no solucionaba aquello.

—Puedo yo solo —murmuró Potter, intentando levantarse.

—No, a mí no me mientas.

Draco lo empujó para que se volviera a sentar y sin ninguna vergüenza comenzó a desvestirlo. Primero le quitó la camiseta y las zapatillas, después se enfocó en desabrocharle el pantalón. Estaba reprimiendo todo el miedo que le estaba causando la situación, nunca había sido bueno para atender a alguien enfermo.

—No sabía que eras tan ansioso —comentó divertido el Gryffindor—. Si me vas a devolver el favor, no me quejaré.

—¿Quieres tener hijos, Potter? —Draco lo miró, aunque no se detuvo en su tarea—. Porque si quieres, mejor cierras la boca y te ahorras los comentarios de doble sentido.

—Malfoy, eres tú quien quiere un hijo —el auror alzó las cejas, sonriendo—. No creo que te convenga dejarme infértil.

Draco maldijo por lo bajo y una vez que Potter estuvo solo en ropa interior, se apartó. El auror seguía mirándolo con esa expresión divertida. El Slytherin se recordó que lo necesitaba para seguir con el apellido y así no casarse con un viejo decrépito.

Decidió que después de tener a su heredero mataría a Potter.

—Dejaré que tu elfo continúe. —mencionó, buscando por toda la habitación—. ¡Kreacher! ¿Dónde carajos se metió ese elfo?

—Kreacher está aquí, señorita Lyra. Kreacher no quería interrumpir a la señorita y al amo —explicó el elfo rápidamente, haciendo varias reverencias.

El auror soltó una carcajada que pronto escondió tras su mano. Draco lo miró mal, pero se concentró en el elfo, dándole instrucciones para que limpiara al estúpido de Potter y lo vistiera. El elfo parecía radiante con todas las órdenes del Slytherin, diciendo que haría su mejor trabajo para complacerlo. Mientras tanto, el Gryffindor seguía aguantándose la risa, aunque no lo hacía muy bien

Draco decidió que el asesinato de Potter sería lento y doloroso.

—Estaré abajo —informó luego de instruir al elfo—. No salgas de aquí hasta mañana. Si lo haces, te corto las bolas.

—Nos vemos mañana, Draco —canturreó Potter.

Draco regresó a la sala, ligeramente fastidiado.

Se entretuvo hasta tarde leyendo, bebiendo vino y comiendo chocolates. Kreacher estaba dispuesto a cumplirle cualquier capricho y Draco no dudó en explotar aquello. Desde que su relación con Potter había iniciado, Grimmauld Place se había transformado en el único lugar donde podía ser libre, donde podía volver a ser Draco Malfoy.

Era trágico notar que estaba tan cómodo con el Gryffindor, especialmente porque Potter era amable con él solo porque moriría en un par de años.

Era mejor no pensar en ello.


Lucius se atragantó con su brandy, lo que lo hizo toser y mostrar una faceta para nada elegante. Narcissa se apresuró en asistirlo, entregándole una servilleta.

—¿Dije algo malo? —preguntó con fingida inocencia Potter.

Así como Draco comenzó a pasar más tiempo con Teddy y, por lo mismo, en Grimmauld Place, Potter había asistido a una cantidad considerable de almuerzos y cenas con los Malfoy. Lucius tenía la intención de usar al niño de oro para hacerse un lugar en la sociedad que actualmente lo despreciaba, el mago buscaba que dejaran de asociar a los Malfoy con Voldemort y los mortífagos. Verse en público con el Salvador del Mundo Mágico era perfecto para esos planes.

—No, por supuesto que no, Potter —dijo Lucius, apretando los dientes.

—Genial, entonces la próxima semana Malfoy se muda conmigo.

Potter había asistido a todos los eventos a los que Lucius lo había invitado. El auror permitía que lo viesen charlando con quien alguna vez había sido la mano derecha de Voldemort y no se quejaba por los titulares que salían a los siguientes días, al menos no mientras no cuestionaran su vida amorosa. Sin embargo, estaba lejos de comportarse como una inocente ovejita. El Gryffindor había logrado que los Malfoy se comprometieran a una serie de causas sociales a través de donaciones o trabajo voluntario.

Era probable que el patriarca de los Malfoy hubiera generado una úlcera gracias al niño de oro.

—Debo decir que no es bien visto que una joven conviva con un hombre, incluso si este es su prometido —se apresuró a decir Narcissa—. No quisiéramos que la reputación de Lyra se manchara.

Draco la observó. Su madre siempre había seguido las tradiciones sin cuestionar nada, era amante de los protocolos y los modales. Desde que Draco se había vuelto su hija, su obsesión por las normas sociales se había multiplicado. El Slytherin no podía evitar pensar en lo genial que era Astoria si había tenido que aguantar tales comentarios toda su vida.

—Es un nuevo milenio, Narcissa. Si siguiéramos esas normas, Dra… —Draco se apresuró a enterrarle el codo en las costillas, Potter rápido se corrigió—. Malfoy me vería menos, por consecuencia no podríamos tener estas comidas, ¿no?

—Potter tiene razón, Narcissa —Lucius trató de decir con calma, pero había una vena en su frente marcándose—. Los tiempos han cambiado y, eventualmente, se casarán. Dejemos que los jóvenes sean jóvenes.

—No sé si sea lo correcto —murmuró la dama.

La conversación continuó sin que se volviera a tocar el tópico. Aunque llamarlo conversación era demasiado. Parecía una batalla de sutilezas y comentarios sarcásticos entre Lucius y Potter. Draco suspiró, agotado, y trató de disfrutar el postre que se había pedido. No era fácil cuando su madre susurraba que ya había comido demasiado y que debía mantenerse delgado. Astoria no solo era genial, Astoria era una santa por aguantar tanta mierda.


Narcissa chasqueó la lengua, apretó los labios y observó el jardín que tenía delante. Después de su análisis se giró hacia Potter y le indicó algo para luego darle una nueva orden a los elfos. El Gryffindor asintió a las palabras de la bruja y se apartó unos cuantos pasos, moviendo su varita para crear ilusiones. Llevaban toda la mañana arreglando el jardín de la mansión, preparándolo para los planes del matrimonio.

La boda se iba a realizar casi en medio año más, cuando llegase la primavera. Narcissa había insistido que se hiciera en la mansión Malfoy y había querido reutilizar el plan que tenía para la boda de Draco y Astoria.

Cuando el Slytherin aún era un hombre, había dejado todo el tema del evento en manos de su prometida y su madre. Ahora, que era una chica, tampoco había querido ni tenido las ganas de involucrarse. Sorprendentemente, Potter sí parecía querer tener voz y voto, así que entre él y Narcissa habían empezado un nuevo plan.

—De algún modo era esperable —mencionó Astoria—. Es el primer paso para formar su familia, Potter debe estar emocionado.

Tanto la joven como Draco estaban sentados en una banca, usando abrigos y bufandas para soportar la brisa fresca que de vez en cuando corría.

—¡Por Salazar! Potter tiene el romanticismo de una piedra —Draco bufó—. Solo lo hace para molestar a mi padre.

—No estoy tan segura, se está esforzando para que sea una linda boda.

Ambos observaron al auror levantar unas macetas con flores mágicas y dejarlas en un nuevo sitio ante las órdenes de Narcissa. Debido a todo el ejercicio, Potter se había sacado la chaqueta y se paseaba con su camiseta de manga corta, exponiendo sus músculos que debió haber ganado desde que se había vuelto auror.

—Como sea, no podemos negar que está bueno —mencionó Astoria con una sonrisita.

—Ew, no me digas que ese es tu tipo.

Draco se obligó a sacar los ojos del pedazo de piel que el auror mostraba al levantar los brazos. El imbécil estaba tonificado, era cierto, pero seguía siendo un idiota. El Slytherin se recordaría eso cada vez que viese su abdomen y sus pensamientos fueran por un lado oscuro.

—¿Y tú qué dices? —la chica sonrió socarrona, apoyando su mano sobre el brazo de Draco—. ¿Ahora me dirás que no te gustó que te tocara? ¿Que no fantaseas con esa noche en la cocina de Grimmauld Place?

El Slytherin la miró horrorizado y le dio un suave empujón con el hombro para luego mirar a todos lados, asegurándose de que nadie los había escuchado. Astoria soltó una risa cantarina, inclinándose sobre sí misma y fijando sus ojos en Draco.

—Puedes confiar en mí, Draco —dijo la chica con una expresión de completa inocencia—. No te culparé, si yo viera ese cuerpo esculpido por los mismos dioses también estaría babeando.

—No estoy babeando.

—¿No? Eres demasiado consciente de Potter —Astoria se acomodó para volver a mirar al auror y se mordió el labio inferior—. Apuesto que la tiene grande.

Draco le dio un empujón más fuerte, haciendo que cayera de la banca. Astoria rió de manera escandalosa, atrayendo la atención de Narcissa y Potter. El Slytherin se levantó rápido para callar a su ex prometida. Sentía el rostro rojo por la vergüenza y sabía que sería muy malo si Potter se acercara a averiguar qué ocurría.

—Nunca pensé que fueras así —murmuró Draco, tomándole la mano para ayudarla a pararse.

—¿Por qué? ¿Por ser una chica? —Astoria alzó las cejas, su expresión había dejado de ser divertida.

Draco no respondió.

Había colocado a Astoria en un pedestal, incapaz de ver los defectos de ella, siempre la había considerado tímida, ingenua e inocente. No obstante, desde que era Lyra había descubierto un abanico de facetas. La pequeña Greengrass era reservada, pero una vez entraba en confianza era capaz de soltar los comentarios más cuestionables. Hablaba con facilidad sobre sexo y en doble sentido, le interesaban los chismes y siempre estaba pendiente de las relaciones de los demás, su tópico favorito en una conversación.

Astoria le besó la mejilla luego de sacudirse la tierra y se volvió a sentar.

—Creo que la pasarás bien, si Potter estuvo dispuesto a comerte el co… —Draco se apresuró a cubrirle la boca, horrorizado. Ella sacó su mano y le sonrió con fingida inocencia—. Si hizo eso, entonces debe ser muy considerado en la cama.

—¿Por qué sigues hablando así? ¿Acaso…? Espera, espera… ¿Tú lo has hecho? ¿Antes de que nos comprometiéramos? —Draco la señaló y luego a ella.

—¿Eso sería malo? —la joven alzó las cejas y ladeó la cabeza hacia un costado—. Sabía que me veías como alguien frágil y delicada, así que preferí no decir nada, ahora me arrepiento un poco.

—Lo siento…

Astoria soltó una nueva risa, le tomó la mano y lo obligó a sentarse a su lado.

—No es que hicieras algo malo antes. Debo decir que también fuiste muy considerado, supongo que pensaste que no tenía nada de experiencia y no quisiste presionarme. Estaba feliz de que me dejaras decidir sobre los límites… Aunque nunca los crucé porque pensé que sería demasiado para ti —ella hizo una mueca—. Tal vez sí debí ir más lejos, ahora tendrías más experiencia y sabrías qué hacer.

Draco desvió su mirada. Era probable que, cuando estaba en su cuerpo, si se hubiese enterado de que Astoria no era tan pura como había pensado, se habría molestado bastante. Quizás hasta se habría sentido engañado. Pero desde que era una chica había descubierto matices que no sabía que existían.

Había tratado de actuar como siempre, pero un montón de reglas y normas le habían caído encima. Le juzgaban incluso más que cuando tenía la Marca Tenebrosa en su brazo.

Aunque sí le molestaba un poco no haber hecho más cosas con Astoria.

Luego de haber vuelto a su casa ese primer fin de semana con Potter, Draco se había aterrado por la manera en que su cuerpo había reaccionado. Su primer miedo había sido que tal vez podría haber quedado embarazado. Luego pensó que tal vez estaba enfermo por ese líquido que había salido de él y la manera en que su cuerpo había quedado después de lo sucedido. Había acudido a Astoria quien, luego de reírse un rato, le había dado toda una clase sobre sexualidad. Era la cosa más vergonzosa que le había ocurrido desde que su cuerpo se había vuelto femenino.

—De todas formas, no necesito saber nada de eso.

—Claro que sí, ¿cómo esperas tener un hijo? —Astoria suspiró—. No es tan simple como solo meterla, ¿sabes? La idea es que disfrutes y para eso necesitas lubricación, no dudo que Potter sepa del tema, pero el punto es que también debes conocer tu propio cuerpo, saber si te gusta más que te chupen…

Draco le cubrió la boca con ambas manos y la miró con el ceño fruncido.

—¿No puedes ser más sutil? —murmuró, sentía sus mejillas arder—. Es vergonzoso.

—Sabía que eras mojigato —dijo Astoria luego de liberarse—. Pero no sabía que eras tan tímido.

—Tú eres la osada —Draco respiró hondo, tratando de tranquilizarse—. Lo de Potter fue… no lo sé, fue culpa del alcohol. En el futuro haremos esa cosa muggle para tener hijos.

—¿"Esa cosa muggle"?

Era difícil explicar el método, porque Draco no se había dedicado a investigar. Había estado demasiado ocupado acostumbrándose a su nueva vida y convenciendo a todos a su alrededor que no había podido hacer otra cosa. Trató de recordar las palabras de Potter y se las repitió a Astoria. La chica asintió y volvió a mirar hacia el auror, ahora estaba agachado frente a unas flores, escuchando una explicación por parte de Narcissa.

—Lyra, querida —canturreó Astoria, siempre le hablaba así antes de soltar un comentario que a Draco no le iba a gustar—. ¿Vas a negarte al placer de follar con ese espécimen? No importa cuán mojigato o tímido seas, estoy segura que follarán como conejos.

—¡Astoria! —chilló Draco.

Narcissa y Potter los miraron. Astoria soltó una risa escandalosa. Draco se sentía demasiado avergonzado como para hacer algo, especialmente porque el auror no los dejaba de observar.

—¡Por Merlín! ¡Cállate! —gimoteó Draco, cubriéndose el rostro.

La joven hizo exactamente lo contrario. Sus carcajadas aumentaron de volumen y las lágrimas salieron de sus ojos. Draco solo pudo encogerse sobre sí mismo, rogando que Potter no se acercara a descubrir qué estaba pasando.

No podía creer que en algún momento hubiese pensado que Astoria era una chica pura.


¡Muchas gracias por leer!
Bueno, seguimos viendo cómo Draco se adecúa a su nueva vida y cómo se va relacionando con otras personas. Al menos el niño ya amarró a su hombre B)
¡Nos vemos el próximo miércoles!