Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.
Advertencias: Contenido LGBTQ. Relación chico x chico. Personaje transgénero. Hurt/Comfort. Fluff and Angst. Misoginia. Homofobia. Transfobia. Porn WITH Plot.
Pareja: Draco Malfoy/Harry Potter (Drarry)
Nota de la autora: Hola, gente bella
Me demoré en subir porque es Semana Santa y pues muchas cosas. Pero aquí estoy :)
Este capítulo es larguísimo, pude haberlo acortado, es cierto, pero me gustó como quedaron los tres momentos que hay, así que así se queda
¡Disfruten la lectura!
Capítulo 5: Convivencia
Draco y Potter llevaban viviendo juntos 10 días. En ese período apenas habían cruzado un par de palabras ya que el auror estaba demasiado ocupado con su trabajo. Los únicos momentos donde se veían eran en las comidas con los Malfoy, y no eran situaciones que les permitieran tener una charla.
El Gryffindor había terminado por darle a Draco todo el poder de decisión sobre la mansión y sobre Kreacher. Además, le había dado una llave de su bóveda para que pudiera sacar todo el oro que necesitara. Con su nueva identidad el Slytherin había obtenido todo el patrimonio de los Malfoy, sin embargo y debido a que era una mujer soltera, no había podido tocar nada y cualquier gasto que hiciera era controlado por Lucius. Era un alivio tener algo de independencia, incluso si se trataba de oro que no era suyo. Por supuesto, no comentó nada ni agradeció, solo gastó.
Lo primero que hizo Draco fue redecorar su habitación en la mansión. Grimmauld Place era una casona enorme, pero demasiado oscura y anticuada, por lo mismo había decidido arreglar el resto de la casa. La única condición que le había dado Potter cuando Draco le comentó sus planes fue que no se metiera en su cuarto, podía hacer lo que quisiera con el resto de habitaciones.
—¿De verdad te gusta la snitch o la vas a elegir porque a Potter le gusta? —preguntó Draco al pequeño Teddy.
Había sido una oportunidad perfecta para seguir ganándose al mocoso. Con la excusa de personalizar su dormitorio, Draco lo había ido a buscar donde su tía y se lo había llevado de compras. Sitio donde fueran, sitio donde eran observados. Teddy había tenido una actuación magistral tomándole de la mano y moviendo sus pestañas con dulce inocencia. El Profeta y Corazón de bruja tendrían mucho material para los próximos días.
—No fastidies —le susurró Astoria como advertencia.
Draco nunca había tenido amigos cercanos, siempre había algo que lo mantenía lejos de sus compañeros de casa. Sin embargo, Astoria se había ido transformando en su única confidente con el pasar de los días. No solo tenía buena disposición y un gran intelecto, toda su personalidad era agradable, era la mezcla perfecta entre ternura y maldad. Draco se preguntaba si, de no haberse convertido en mujer, habría conocido así de bien a la joven. Tal vez no, pero tarde o temprano se habría enamorado de ella, eso seguro.
Aquel hecho hacía aún más trágico lo que le había pasado por culpa de la maldición. Podría haber tenido a la chica de sus sueños y, en su lugar, había conseguido a un Gryffindor con complejo de héroe. Era obvio que había salido perdiendo.
—Me gustan —dijo el niño, fijando sus ojos en Astoria.
—Tranquilo, ella es mi amiga —aclaró, recordando lo obsesivo del niño—. No te robará a Potter.
—Juro por mi magia que no tengo ningún interés en Harry Potter —dijo solemne la bruja—. Lyra me contó del trato que tienen, puedo ayudar también.
El crío analizó sus opciones, escaneando con sus ojos verdes a la mujer.
Draco había descubierto que a Teddy le gustaba cambiar sus rasgos para parecerse tanto como fuera posible a Potter y así conseguir mimos y halagos. El estúpido y miope auror parecía inflarse de orgullo cuando veía el cabello negro y los ojos verdes, sin darse cuenta que el crío lo hacía por su lógica enfermiza.
Lo peor de todo era que Draco sentía que se estaba paseando con una mini copia de Potter. Era lo que más lo amargaba.
El niño asintió hacia Astoria, aceptando sus palabras. Sin embargo, no parecía confiar lo suficiente en ella, porque se apegó a Draco y le tomó la mano, jalándolo para seguir mirando los distintos diseños de papel tapiz.
—Si no te gustan, no importa —continuó Draco—. Potter se va a esforzar en hacer las cosas que a ti te gustan, deberías aprovechar de mostrarle tus intereses
—¿De verdad? —preguntó el pequeño, mirándolo con esos grandes ojos verdes.
—Por supuesto. Además, el quidditch lo hace cercano a la familia Weasley, ¿no? Si a ti no te gusta tanto, Potter no los visitará tanto.
No era una buena lógica, Draco lo sabía, pero para el niño parecía haber sido suficiente como para replantearse elegir un tapiz con una rápida snitch sorteando un brillante cielo que en realidad no le gustaba.
Si bien Teddy era alguien manipulador que nunca perdía de vista sus objetivos, también reprimía lo que sentía o quería en beneficio de lo que los demás esperaban de él. El niño era tan obsesivo que se adecuaba para cumplir el ideal de Potter. No era muy sano para ninguno de los dos y si Draco iba a criar a ese mocoso, no podía permitir que continuara actuando de esa manera. Era necesario establecer límites.
—Anda, dime, ¿qué cosas te gustan? —insistió—. Si luego ya no te gustan, podemos cambiar la decoración.
Teddy se mantuvo en silencio por un par de segundos, miró hacia atrás para asegurarse que Astoria no lo escucharía y luego volvió a observar a Draco.
—Los hongos —dijo con timidez—. Me gustan los hongos que crecen en los árboles caídos o en los animales muertos.
Era un gusto extraño para un mocoso de seis años. No obstante, había sido un gran esfuerzo para el niño admitir aquello. Draco sentía su manito sudada aferrándose a la suya y podía ver que las mejillas estaban ruborizadas. Era probable que nunca le hubiese contado sobre ello a nadie, así que el Slytherin no podía cuestionar sus intereses y desalentarlo.
—¿Pero te gusta el ambiente de naturaleza y humedad o te gustan solo los hongos?
Los ojos de Teddy cambiaron hasta adquirir un color ámbar y su cabello se volvió azul eléctrico.
—¡Todo! Los hongos son geniales, se pueden comunicar entre sí, ¿sabías eso, Lyra? Lo leí en un libro, ellos hablan por debajo de la tierra. Y sus efectos son distintos, unos sirven para pociones, otros para comer, otros te envenenan y otros te hacen tener aluciciones.
—¿Alucinaciones? —corrigió y preguntó a la vez.
El pequeño asintió, sonriendo radiante.
—¿Sabías que los hongos son muy importantes en la cadena alinticia, Lyra? Los herbíveros comen plantas, los carníveros comen herbíveros y cuando mueren, los hongos hacen que sus nutrenties lleguen a las plantas. ¡Son importantes!
La chismosa de Astoria había estado escuchando toda la conversación, así que había sido testigo del extraño fanatismo del niño. La joven se había apartado, cubriéndose la boca para no soltar carcajadas. Por suerte, Teddy no había notado nada. Draco quería seguir a su ex prometida y dejar la risa salir, pero no podía dejar al crío hablando solo. Además, era una prueba de la confianza que le tenía Teddy. Más allá del trato acerca de Potter, el pequeño creía que podía contarle algo personal a Draco.
El Slytherin tragó saliva y se dijo mentalmente que no podía burlarse de un mocoso.
—¿Quizás buscar algo con temática de bosque? —tanteó—. Al menos poner eso en las paredes. Los muebles, la alfombra y tus cosas pueden tener hongos, si así quieres.
Draco sentía que moriría atragantado por los comentarios crueles y sarcásticos que se estaba guardando. Y después la gente decía que era una mala persona. ¡Debería ser considerado un santo!
—¿También puedo tener una lámpara con un animal taximizado? —Teddy se le acercó con ojos anhelantes.
—¿Un qué?
—Un animal taximizado, un animal disecado —explicó el crío—. Los vi en una tienda.
—Ah, claro, la taxidermia —murmuró.
Draco no sabía que había un negocio con tales productos. Sonaba grotesco, ilegal y perturbador. Era sorprendente que una tienda de ese estilo pudiera funcionar y exponer sus aberrantes creaciones.
—En el callejón Knockturn está la tienda —mencionó el crío.
—¿Cuándo fuiste allí? —Draco frunció ligeramente el ceño.
—En verano vine con la abuela a comprar un regalo. Como era aburrido, me puse a mirar todo y vi una tienda en el callejón que tenía animales en su vitrina. ¡Parecían vivos! —explicó el niño—. ¿Puedo tener uno, Lyra?
Teddy estaba demasiado emocionado, su cabello parecía brillar y sus ojos estaban abiertos de par en par. Draco se mordió el labio inferior. No quería negarle algo, complacerlo le servía para afianzar su relación con el niño, pero tampoco quería comprar algo tan turbio. Menos si luego Potter se lo fuera a echar en cara, pensando que había sido su idea y no la del crío.
—Eso hay que preguntarle a Potter.
El niño se desinfló y miró sus zapatillas. Seguramente se había dado cuenta de lo perturbador que estaba siendo. Draco volvió a tomarle la mano para llevarlo hacia un tapiz con el diseño que buscaban, esperando que su atención se desviara del tema de animales muertos a algo menos escabroso.
Draco suspiró, pensando en el futuro. Luego de que Potter muriera, la afición de Teddy crecería. Debía ser cosa de huérfanos el tener una inclinación a la muerte, quizás ahí encontraban la conexión con los padres que perdieron. Tal vez el niño se volvería un nigromante o desataría una pandemia zombie. Era mejor no pensar demasiado en ello.
Draco se había sentido mal desde hace días. Había pensado que eran los nervios por tener que acompañar a Potter a ver a los Weasley. Hasta el momento se había reunido solo con Weasel y la sabelotodo, no había tenido el placer de soportar a una manga de pelirrojos sin modales. Sin embargo, apenas abrió los ojos en aquella fatídica mañana, sintió calambres en el abdomen. Al principio creyó que se había ganado una gastritis por tanto estrés, pero el recuerdo de la maldita menstruación llegó a su mente.
Sin querer salir, se hundió bajo las mantas, cerrando los ojos con fuerza. Sentía húmedo de su cintura hacia abajo, mas no le dio importancia. A los pocos minutos escuchó la puerta abrirse y fingió dormir, sin embargo, Harry malnacido Potter se puso al lado de la cama.
—Malfoy, es hora de despertar.
—No quiero, me siento mal… —murmuró ahogado por tener el rostro oculto en la almohada.
—Prometiste que irías a la Madriguera hoy. No inventes excusas.
El Slytherin sintió como le era arrebatada la manta y el frío se instaló alrededor de su cuerpo. Se hizo un ovillo, soltando un gemido lastimero.
—No quiero ir a…
—¡Estás sangrando! —gritó horrorizado el Gryffindor.
Draco hizo un esfuerzo para girar la cabeza. Había una gran mancha roja en el colchón, específicamente donde estaba su culo y su pelvis. Pensó que eso explicaba la humedad, pero solo volvió a acomodarse.
—¡Malfoy! ¡Debemos ir a San Mungo!
Antes de que el auror se pusiera sobre él, Draco lo miró de mala forma.
—¡Es mi período, imbécil! —quería sonar digno, pero volvió a gimotear.
Un nuevo calambre se hizo presente y pudo sentir como más sangre salía de su cuerpo. Atrajo sus rodillas a su pecho y abrazó la almohada. Odiaba el dolor.
—Yo… eh… tú…
—¡Maldita sea, Potter! ¡Granger es tu mejor amiga! ¡La Weaselette y Chang fueron tus novias! ¡No me digas que no sabes de esto! —la indignación se entremezclaba con irritación.
—¿Estás bien? —cuestionó dudoso el auror.
—¡Por supuesto que no! ¡Me estoy desangrando!
—Pero… ustedes… quiero decir, las chicas… las chicas… ¿No tienen cosas para…?
Entonces Draco recordó las pociones que le había suministrado su madre, además de unas especies de trapos que Astoria le había enseñado. No había traído nada. Con esta, sería la tercera vez que vivía tal martirio y siempre había tenido alguien que sabía qué hacer. Obviamente no se había preocupado de su período al irse a vivir con Potter.
Volvió a lloriquear, abrazando más su almohada.
—Pídele a alguien… A Astoria… O a mi madre… Pero déjame morir…
Potter dudó un momento para luego tomarlo en brazos como si fuera una princesa, Draco se quejó por el cambio de postura, pero casi de inmediato el Gryffindor lo recostó. Bajo él sintió una tela rugosa, estaba recostado sobre una toalla de baño.
—Ya vengo —avisó el auror.
Draco intentó volver a dormir, pero el dolor era insoportable. No encontraba ninguna postura cómoda y tenía muchas ganas de vomitar. Pasado un rato, llegó Granger y Potter, la primera parecía un tanto incómoda, aunque no superaba al Niño Dorado.
—Pon agua caliente en la bañera, Harry —ordenó ella.
La joven se arrodilló al lado de la cama.
—¿Lyra? ¿Es normal que sea así?
Draco se tuvo que morder la lengua. Exceptuando por sus padres, Astoria y Potter, nadie sabía quién era en verdad. Cerró los ojos e intentó inventar una mentira.
—Mi madre suele darme unas pociones… Pero las olvidé…
—Está bien. Sé que no nos conocemos, pero no te molestará que Harry te vea desnuda, ¿verdad? Tomarás un baño para limpiarte, cambiaremos las sábanas y… —la joven hizo una pequeña mueca, mostrándose apenada—. Solo tengo compresas muggles, pero te juro que funcionan igual que lo que sea que usan los sangre pura. También tengo una poción para el dolor. Anda, bebe esto.
Draco, tembloroso, tomó el vial y bebió el contenido. Tenía un sabor dulzón y era un tanto espesa, se parecía bastante a la poción que su madre le había dado. De todas formas, se obligó a tragarla.
Volvió a hacerse bolita hasta que Potter regresó y lo tomó en brazos, sacándolo del dormitorio para llevarlo al baño. El auror lo sentó en el retrete y Draco volvió a gimotear cuando sintió otro calambre. Dejó que el Gryffindor lo desnudara y aceptó su ayuda para entrar a la bañera. No tenía las fuerzas para ponerse recatado.
El agua estaba demasiado caliente y de inmediato se tiñó de rojo, Draco se aguantó las lágrimas.
—Perdón, tus padres no estaban en la mansión y no supe cómo contactar a Astoria —murmuró él, evitando ver la bañera.
—Está bien…
Los vapores calientes y su propio dolor empezaron a adormecerlo, las ganas de vomitar aumentaron y comenzó a escuchar un pitido en los oídos.
—Potter… —su voz le sonó lejana y cerró los ojos para evitar el mareo—. Oye… Harry…
Sintió las manos callosas del auror rodearle y sacarlo de la bañera, Draco se refugió en su pecho, volviendo a lloriquear. No sentía la sangre saliendo, pero sí un fuerte dolor abdominal. Quizás había hecho algo mal y ahora iba a morir.
—¡Hermione! ¡Hermione! —el grito desesperado de Potter lo mantuvo en la consciencia.
La bruja entró rápidamente y se detuvo al ver la imagen. Seguro Draco se veía patético. El Slytherin intentó ocultarse en el cuerpo de Potter, pero éste lo había apartado para ponerle una toalla y secarlo.
—¿Es normal…?
—No mucho, pero pasa —comentó la sabelotodo.
Traía una camiseta de Potter además de esas horribles y asquerosas bragas.
—Perdona… —dijo ella apenada.
Entre ambos Gryffindor lograron secar a Draco lo suficiente como para colocarle la camiseta. El rubio no se quejó, seguía sintiéndose más cerca de la muerte que otra cosa, le daba igual lo que le dieran para cubrirse.
Aún con Potter presente, la muchacha sacó una cosa blanca y rectangular.
—Esto es una toallita femenina, la pegas a la ropa interior y absorbe la sangre. Debes cambiarla cad horas, dependiendo de cuánto sangres —explicó ella, mostrándole cómo poner la compresa en las bragas.
Draco asintió medio ido, la poción empezó a hacerle efecto, pero seguía sintiendo dolor. Observó a Potter, esperando que retuviera la información para después, pero el joven tenía el rostro completamente rojo y se veía demasiado avergonzado. No sería útil.
Granger, también incómoda, le ayudó a colocarse la ropa interior. Después lo guío al dormitorio donde ya habían sábanas limpias. Le dejó en la mesita de noche los viales con las pociones, instrucciones y una alarma para cuando tuviese que "cambiar la toallita", aunque le dijo que iba a sentir cuando fuera el momento.
Draco se acurrucó en la cama y antes de que se cubriera con las mantas, la muchacha le entregó una especie de cojín que estaba agradablemente calentito. Lo puso en su abdomen y suspiró de alivio ante la calidez.
—Pídele a Harry que renueve el hechizo, ya se lo enseñé —susurró ella dulcemente.
Draco asintió distraído.
—Granger… No le cuentes a nadie sobre esto…
Ella lo miró sorprendida, pero pronto sonrió.
—Tranquila, Lyra, jamás podría burlarme. Descansa y recuerda mantener la zona caliente, beber infusiones y tomar las pociones. Le dejaré instrucciones a Harry también —dijo antes de irse con Potter.
Luego de un rato de quedar solo, el Gryffindor apareció. Se veía incómodo y avergonzado. Draco, que se sentía de igual forma, sacó la mano de debajo de las mantas y buscó la del auror. El Gryffindor de inmediato se acercó, preocupado.
—¿Puedes acostarte conmigo? —susurró.
Era vergonzoso, pero Draco tenía la excusa de que se estaba desangrando. Potter asintió a la petición, se quitó las zapatillas y rodeó la cama para acomodarse al otro extremo. El Slytherin hizo un esfuerzo para darse la vuelta y mirarlo de frente, buscando una posición cómoda.
—Gracias…
—Un Malfoy agradeciendo —susurró en broma Potter, sonriendo un poco.
—No te acostumbres.
Hecho bolita, con el cojín mágico en el abdomen, la cabeza en el pecho de Potter y su mano fuertemente agarrada al del auror, se quedó dormido.
Al fin de semana siguiente, Potter lo obligó a ponerse un estúpido vestido y aparecerse en la Madriguera.
Al principio todo había ido bien. Los Weasley no parecían apreciarlo y Draco entendía su rechazo. Nadie sabía nada de Lyra, era extraño que su querido Harry Potter de repente se enamorara de una desconocida. El Slytherin había lidiado con las sospechas lo mejor que pudo, mordiéndose la lengua para no soltar algún comentario mordaz.
El problema había surgido cuando empezaron a hablar de la boda. Draco solo sabía que se realizaría en primavera en el Mansión Malfoy, lo demás se lo había dejado a su madre. Molly Weasley le había hecho mil preguntas que apenas había podido responder y cuando Potter demostró tener más conocimiento de los preparativos que Draco, se levantó un murmullo juzgándolo.
El Slytherin podía manejar aquello. Se había dado cuenta que desde que se había vuelto Lyra lo cuestionaban más. Así que trató de no tomárselo personal.
Fue entonces que Charlie Weasley soltó un chiste, humillando a Draco y burlándose de Potter. El Slytherin se había levantado de la silla en la que había estado durante todo el almuerzo y se fue a la sala. Su primera intención había sido irse por red flu, pero no había contado con que Potter le había seguido para exigirle regresar a la comida.
—¡No me importa! ¡Lo odio! ¡Odio este lugar!
—¡Teníamos un acuerdo!
Draco frunció el ceño y observó hacia la chimenea. Quería irse y dejar de escuchar todas esas mierdas de comentarios.
—Yo detengo a mi familia cuando se está pasando —murmuró el rubio.
—¡Dios! ¡No te hicieron nada!
—¡Eres una mierda, Harry Potter!
Draco dio un par de pasos hacia la chimenea, pero Potter le agarró del brazo y lo obligó a subir unas angostas escaleras. El auror lo arrastró hasta una habitación y cerró la puerta para tener más privacidad. Ambos se miraron y Draco abrió la boca para soltar una serie de insultos.
—Creo que lo pensamos mal, esto no va a funcionar —declaró el auror.
Draco sintió como si le hubieran tirado un balde de agua fría.
—¿Qué quieres decir?
Potter suspiró, se desordenó el cabello y comenzó a pasearse de un lado a otro en la pequeña habitación. Draco sabía que estaba buscando las palabras para terminarle, pero no podía permitir ese desenlace.
Sí, los Weasley eran insoportables y sí, Draco y Potter habían funcionado porque apenas se habían visto. Pero el Gryffindor era mejor opción que un viejo decrépito. Si el auror rompía el compromiso, sus padres lo obligarían a casarse con cualquier idiota. Al menos al cuatro ojos lo conocía y lo podía manejar.
—Malfoy, lo mejor es…
—¡No! —interrumpió, intentando pensar rápido en una solución—. Me necesitas, Teddy me necesita.
Potter hizo una mueca, sus ojos fueron más allá de Draco y terminó negando con la cabeza.
—Sabes que soy tu mejor opción, Potter —susurró un tanto desesperado.
—¡Pero no estás haciendo fácil las cosas! —gritó el Gryffindor frustrado—. ¿Cómo quieres casarte si te quejas por todo?
Draco se mordió el labio inferior. Era cierto que no había hecho mucho para facilitar la convivencia, pero eso no significaba que Potter lo pudiera botar. Nadie terminaba con Draco Malfoy.
—¿Y qué otras opciones tienes? Sin mí, no habrá nadie para cuidar a Teddy cuando te mueras.
Draco sabía que era uno de los comentarios más ruines que alguna vez había utilizado. Y el Gryffindor parecía pensar lo mismo. La expresión del auror se cerró y sus ojos chispearon. Estaba enojado. Muy enojado. El Slytherin se arrepintió de inmediato de su metida de pata. Necesitaba a Potter de su lado, no enemistarse más con él.
—Potter…
Antes de que pudiera soltar una disculpa, que no sería para nada sincera, Potter se le acercó. Draco cerró los ojos, pensando que sería golpeado, pero ningún puñetazo llegó. El Gryffindor lo agarró de los hombros y lo atrajo hacia su cuerpo, estampando su boca contra la del rubio. Sus dientes chocaron y el Slytherin estaba seguro de que algo se había roto.
Draco no se quedó atrás, apenas pudo hacer reaccionar su cuerpo devolvió los mordiscos con la misma agresividad. Su primera intención fue quitarse a Potter encima, así que apoyó las manos en sus bíceps y le enterró las uñas para generarle dolor, sin embargo, lo único que consiguió fue que el Gryffindor lo atrajera todavía más hacía sí y lo levantara, sujetándolo desde los muslos. Para no caer, Draco rodeó el cuello del auror con sus brazos y el torso con sus piernas. Debió haberse preocupado de su imagen y de los intentos de Potter por dominar en el beso, pero lo único que podía pensar era que no quería que el imbécil le ganara.
Potter lo llevó contra una de las paredes y de allí consiguió mantenerlo en el aire para poder mover las manos con mayor libertad. Si bien lo seguía sujetando con la zurda, la diestra se había movido para ir hacia la ropa interior, pasando los dedos con suavidad. El Slytherin jadeó contra los labios del auror, aquello fue como una señal para Potter, quien se apartó de la boca de Draco y se inclinó para dar besos por el cuello. El rubio tiró la cabeza hacia atrás para exponer más piel mientras se aferraba al cabello del auror con una mano y ahogaba sus gemidos en la otra.
Mientras Potter seguía chupando, lamiendo y mordiendo la blanca piel, sus dedos continuaban acariciando la entrepierna de Draco, haciendo que la tela se humedeciera y que el rubio moviera las caderas para incentivar el contacto.
—Espera un poco o te vas a caer —susurró Potter con una voz ronca que mandó señales a la parte más oscura de Draco.
Cuando el rubio volvió a poner los pies en el suelo sintió sus piernas temblar. Potter seguía arrinconándolo contra la pared, pero había puesto distancia entre ellos. Su mano se había alejado para apoyarse en la pared, rehuía la mirada de Draco y su respiración estaba agitada. Parecía intentar encontrar el dominio sobre sí mismo. Draco bajó un poco los ojos y observó el bulto que había en la entrepierna del auror.
—No dejes que nadie entre —susurró con más valentía de la que sentía.
Se arrodilló en el suelo y se apresuró a quitar el cinturón y abrir el pantalón. Aunque no era tan difícil, le era ajeno todo ese movimiento. Antes de que Potter se quejara le bajó los pantalones y la ropa interior lo suficiente para exponer una erección. Draco no pudo evitar recordar las palabras de Astoria y admitir, para sí mismo, que ella había tenido razón. Potter la tenía grande.
Con algo de inseguridad tocó la cabeza con la punta del dedo. Potter gimió bajo y Draco miró hacia arriba para averiguar la reacción que estaba teniendo.
—No tienes que hacerlo —susurró el auror, pero su cuerpo no parecía estar de acuerdo.
Draco se lamió los labios nervioso y pudo ver de reojo como la erección reaccionaba al estímulo visual. Era obvio que el Gryffindor sí quería que lo hiciera.
—Solo cállate —ordenó.
Lamió la palma de su diestra y tomó el miembro con la mano temblorosa. No era tan diferente a masturbarse, pero Draco no tocaba una polla desde que había despertado en ese maldito cuerpo y seguía siendo un miembro que no era suyo. Respiró hondo y comenzó a mover la mano en un bombeo, intentando encontrar un ángulo donde su muñeca no doliera. Potter se estremeció y enredó sus dedos en la coleta que llevaba Draco y que apenas había sobrevivido al agresivo beso.
Draco intentó recordar lo que había hecho su ex prometida la única vez que habían avanzando tanto. Detuvo el movimiento de su mano y con lentitud se acercó, rozando la erección con la punta de su lengua. Potter volvió a gemir, algo más fuerte que antes. Draco juntó todo el valor que tenía y se dedicó a recorrer el miembro una y otra vez con cortas lamidas. Su mano estaba cerca de la base sin moverse y cuando la recordó trató de sincronizarse.
—Buen uso de lengua, Draco… —murmuró Potter.
El Slytherin volvió a levantar la mirada y sus ojos grises se cruzaron con los verdes, oscurecidos por el deseo. Potter tenía una expresión de placer mal contenido que hizo que Draco se convenciera de que debía arriesgarse un poco más. El rubio abrió la boca y se llevó la erección a los labios, atrapando solo la cabeza. El auror cerró los ojos por un momento y soltó un sonido gutural. Draco sonrió para sí, había logrado quebrarlo.
Usar la boca era más difícil de lo que parecía. Casi de inmediato se le cansó la mandíbula y las mejillas le incomodaban por el extraño movimiento. Draco se estaba preocupando de no usar los dientes, pero se le estaba haciendo agotador. En un momento de valor, y esperando que Potter se corriera luego, metió toda la erección a su boca, aguantándose la arcada que le dio.
—Mierda, Draco —gimoteó Potter.
El auror lo agarró mejor de los cabellos y presionó para que se mantuviera cerca. Draco se asustó cuando lo quiso sacar y no pudo. El tipo le tenía sujeta la cabeza y estaba moviendo la pelvis, buscando únicamente su placer. El rubio apoyó ambas manos en las caderas ajenas y lo empujó con fuerza, tosiendo con algo de desesperación en cuanto estuvo liberado.
—Lo siento, lo siento, me emocioné —murmuró angustiado Potter.
—No lo vuelvas a hacer —respondió Draco con la voz extraña.
Se limpió la saliva que le había caído por el mentón y tratando de detener la tos. Sentía los ojos de Potter sobre él y por alguna razón se sintió como una presa.
—Lo sé, de verdad lo siento —continuó el auror—. Entenderé si quieres parar, me pasé. Disculpa.
—Solo cállate, Potter.
Draco volvió a tomar la erección y se apresuró a masturbarlo. Sentía la boca extraña y prefería no seguir usándola. Potter no se calló, solo dejó de decir palabras coherentes y en su lugar jadeaba y gemía, soltando palabras al azar. El Slytherin aprovechó de analizar la polla que tenía enfrente. El contraste de la erección con el oscuro vello púbico solo aumentaba la impresión de aquel falo. Draco jamás lograría verse así, menos ahora que ya no tenía un jodido pene. No iba a admitir que sintió algo de envidia.
—Draco… Draco, espera… Me vengo —avisó el auror en un nuevo gimoteo.
Draco siguió moviendo la mano, tomando el líquido preseminal para lubricar la erección. Estúpidamente se quedó en aquella posición, ignorando que frente a su rostro había una polla a punto de explotar. Cerró los ojos cuando sintió el semen sobre su rostro y se maldijo internamente por no haberse apartado a tiempo.
—Mierda, lo siento…
Draco abrió los ojos y observó a Potter. Parecía muy satisfecho y apenado. Tal vez él tampoco quería correrse en su cara. El auror se apresuró en arreglarse el pantalón y buscar un par de pañuelos. Se acuclilló frente al Slytherin y comenzó a limpiarlo, haciendo una pequeña mueca.
—Oye, Potter…
—Ya dije que lo siento, lo voy a limpiar.
—No, no es eso —se apresuró a decir—. Me llamaste Draco.
—¿Te molesta? Puedo volver a Malfoy, no me importa. O me puedes decir Harry, prefiero eso —el chico seguía limpiando, asegurándose de no dejar semen, sin entender el problema.
—No, imbécil. Mi nombre es Lyra, no Draco.
Potter detuvo su mano e hizo contacto visual. La razón le llegó y su expresión reflejó varias emociones. Draco suspiró. No le importaba que lo llamase por su nombre ni llamarlo por el suyo, pero era peligroso que Potter fuera a decirle así en público. Si alguien descubría su verdadera identidad estaría en graves problemas.
—Si es muy difícil dime Malfoy —mencionó.
—¿No puedo llamarte Draco cuando estemos solos?
Draco suspiró de nuevo y le quitó los pañuelos para terminar de limpiarse. No iba a negar que se sentía bien que lo llamara por su nombre, Potter era el único que lo seguía tratando como si fuera Draco Malfoy y no su versión femenina sin importar dónde estuvieran.
—¿Y si alguien te escucha? —cuestionó, exteriorizando su mayor temor.
—Bueno, se armaría un malentendido —Potter se rascó la ceja izquierda—. Pero todos pensarían que estuve enamorado de Draco Malfoy y te uso como reemplazo.
Draco le dio un fuerte empujón y se puso de pie, arreglándose el vestido.
—No seas idiota, nunca seré un reemplazo.
—Lo sé, lo sé… —Potter se apresuró a levantarse—. Es solo que lo hago inconscientemente, será difícil no llamarte Draco cuando sé que eres Draco.
Eso pasaba por confiar en un troglodita. Draco lo miró, intentando encontrar una solución viable.
—¿Y si apostamos? —mencionó no muy convencido.
—¿Apostar?
—Puedes decirme Draco cuando estemos a solas, pero en público no puedes usar mi nombre. Si lo logras, te daré una mamada.
Los ojos de Potter se iluminaron y Draco pensó que tal vez era un incentivo demasiado bueno. Ni siquiera estaba seguro por qué lo estaba ofreciendo. No era que le molestara la idea de volver a chupársela, pero no debería estar tomándose la situación tan a la ligera.
Tal vez debía empezar a analizar si seguía en negación y había empezado a optar por hacer cosas estúpidas porque su mente no le encontraba sentido a su jodida situación. Era lo más probable al ver qué estaba ofreciéndose a dar mamadas al Salvador del Mundo Mágico.
—¿Y si la cago? —preguntó Potter, ignorante de los dilemas internos de Draco.
—Me comes el coño —dijo rápido, intentando nivelar las cosas—. Es lo más justo, ¿no crees?
—¿Entonces ahora…?
Potter miró hacia abajo, a la falda del vestido. Draco se sonrojó y se apresuró en cubrirse, como si sus manos pudieran impedir la mirada ajena. Había hecho un pésimo movimiento, ahora parecía como si quisiera que Potter lo tocara.
—Ahora volvemos y no me obligas a estar aquí —logró decir.
—Bien —Potter hizo una pequeña mueca—. Podemos irnos.
—Sabía que podíamos llegar a un acuerdo, Harry.
Draco se acercó al auror y le dejó un corto y pequeño beso en los labios como forma de cerrar el trato. Casi de inmediato recordó que con esa boca se la había chupado, pero Potter no parecía molesto. Todo lo contrario, sonreía radiante, como si le hubiesen dicho que los Chudley Canon habían ganado la temporada.
—Quizás no sea buena idea que uses mi nombre —mencionó el auror en un tono bajo—. Me hace querer llegar al final y…
—Olvídalo, Potter. ¿Quién dijo que haríamos algo al volver?
Draco salió de la habitación sonriendo con suficiencia. Potter se apresuró en seguirlo, atrapándolo en las escaleras, le tomó la mano y le quitó la cinta con la que el Slytherin se sujetaba el cabello, dejando libres los rubios mechones.
—Volvamos a casa —mencionó con una gran sonrisa.
Potter lo guió hacia el primer piso para despedirse y así irse por la chimenea. Draco debió haberse sentido humillado porque era obvio que los Weasley sabían lo que había ocurrido en la habitación, sin embargo, estaba satisfecho con haber conseguido irse de esa horrible casa.
Tal vez, y solo tal vez, Potter no era tan mala elección.
¡Muchas gracias por leer!
Bien, creo que puede surgir la duda de por qué Harry está actuando como si no tuviera drama con casarse sin amor si se supone siempre se odió con Draco. Ahora es algo que no importa porque Draco consigue lo que quiere, yo escribo porno y ustedes leen drarry (o harco, pero odio como suena, así que será drarry)
Tendremos más respuestas en el próximo capítulo
¡Nos vemos!
