Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.
Advertencias: Contenido LGBTQ. Relación chico x chico. Personaje transgénero. Hurt/Comfort. Fluff and Angst. Misoginia. Homofobia. Transfobia. Porn WITH Plot.
Pareja: Draco Malfoy/Harry Potter (Drarry)
Nota de la autora: ¡Hewwo!
La verdad es que el capítulo lo tenía escrito, pero era muy largo. Sigue siendo muy largo, pero me gustó como quedó, por lo que decidí publicarlo uwu
Como estoy saturada con mis estudios, no sé cuándo publicaré el siguiente capítulo, lo siento desde ya.
¡Drisfruten la lectura!
Capítulo 6: Noche de bodas
Durante los meses siguientes, Draco se esforzó en seguir ganándose a Teddy y en llevarse bien con Potter.
Lo primero había ido bien hasta que el mocoso se había enterado del matrimonio. Por suerte, Draco se había preparado para ello y había usado todas sus tácticas de persuasión para convencer al niño de que era su mejor opción para mantener lejos a todas las brujas cazafortunas, repitiéndole que no tenía interés en el auror. Había ayudado que él y Potter se la pasaran peleando. Al final, Teddy había terminado por aceptar la relación, aunque se había puesto exigente y chantajeaba a Draco con todo lo que podía.
Draco aún se sorprendía que todos vieran a una inocente ovejita cuando era claro que el mocoso era un zorro astuto.
Por otro lado, las cosas con Potter no habían sido tan fáciles. Un par de veces habían tenido grandes discusiones, pero el Slytherin siempre se rendía cuando estaban cerca de una ruptura. Así que el compromiso se había mantenido, a costa del orgullo de Draco. La relación entre ambos no había avanzado mucho más, aunque sí se volvieron a repetir situaciones donde una de las bocas estaba en el sexo del otro.
Draco había descubierto que Potter era un puberto que ante la mínima provocación se calentaba. También que era una persona violenta y agresiva que en vez de darle un puñetazo lo acorralaba contra una pared y llenaba su piel con notorias marcas. Por ello era que varias de sus discusiones habían terminado con ambos enrollándose. De todas formas, El Slytherin se había negado a ir más allá del sexo oral. Si el auror se llegaba a frotar contra él o le quitaba demasiada ropa, Draco se ponía histérico y huía. El Gryffindor había empezado a tener cuidado de no ir tan rápido, aunque su calentura solía cegarlo.
Maldito imbécil hormonal.
—Algo nuevo, el vestido… Algo viejo, los aretes de mi madre... Algo prestado, el prendedor de la tía Andromeda... Algo azul… ¡Por Merlín! No tengo nada azul.
Draco murmuraba para sí, observándose en el espejo de cuerpo entero. Una muchacha rubia, vestida de blanco y elegantemente peinada le devolvía la mirada. Narcissa se había esforzado para que Lyra se viera perfecta y el narcisismo de Draco lo obligaba a mostrar una imagen digna de su apellido.
—Puedes llevar esto —mencionó Astoria.
La bruja se colocó detrás de él y le colocó alrededor del cuello una cadena de plata con un zafiro en forma de lágrima.
—Espero te lleves bien con Harry Potter, Draco —susurró ella, dejándole un corto beso en la mejilla.
El joven se giró y observó a su ex prometida, con toda la intención de quejarse. La bruja le dedicó una pequeña sonrisa, sus ojos brillaban por las lágrimas acumuladas. Draco no podía decirle nada si se mostraba así de emocionada frente a él.
—Gracias —respondió en su lugar.
—¿Dónde está Narcissa? —preguntó la joven, cambiando de tema y alejándose un poco.
—Creo que fue a buscar algo.
El silencio llenó la habitación. Draco volvió a mirarse en el espejo, buscando cualquier detalle que arruinara su atuendo perfecto.
—¿Puedo preguntar algo? —cuestionó ella con algo de timidez.
—Claro, habla con tranquilidad —Draco la observó a través del reflejo, sentada en una de las butacas.
—¿Qué dice la maldición?
Draco se dio vuelta para mirar a la chica directamente. Astoria había sido la primera en ver los cambios de la maldición y por ello el Slytherin había creído que Narcissa le había explicado superficialmente lo ocurrido. No podía entender que por más de medio año la joven no hubiese buscado respuestas y recién ahora lo hiciera.
—Que cuando un Malfoy se enamore de un hombre, se volverá mujer —explicó de todas formas.
—Pero estabas hablando conmigo, ¿cómo puede significar eso enamorarse?
—No estoy muy seguro —Draco hizo una mueca—. Al parecer el shock que tuve al cambiar fue tan fuerte que mi mente bloqueó todos los recuerdos de nuestra conversación.
—¿No lo recuerdas? —preguntó sorprendida.
El joven suspiró, se agarró la falda del vestido y la levantó para luego caminar hacia la chica.
—Sé que salimos al jardín, pero luego todo es negro —mencionó, sentándose a su lado.
Astoria asintió y jugó con sus manos.
—Estábamos hablando de nuestro futuro —habló la chica—. Te pregunté si alguna vez estuviste enamorado y me dijiste que Pansy fue tu novia en cuarto. Te dije que no me refería a gustar, sino que a amor… Entonces hubo una explosión de magia y te desmayaste.
—Uhm… Tal vez ahí me di cuenta que me gustaba un hombre —murmuró dudoso.
—¿Quién?
Draco hizo una nueva mueca. La razón por la cual nunca le había respondido a su padre sobre cómo activó la maldición era porque no lo sabía. El Slytherin nunca se había enamorado o tenido algún sentimiento hacia otro hombre. No tenía ni idea por qué toda esa mierda le estaba pasando si con suerte le caían bien dos personas.
Se encogió de hombros y resopló.
—Ni idea.
Astoria se mordió el labio inferior.
—¿Qué decía la maldición exactamente?
—Te maldigo, Malfoy, a ti y a tu estirpe. Engendrarán solo un hijo, siempre y para siempre. El día en que uno de ellos se enamore de la misma forma en la que tú crees que nosotras nos enamoramos… Ese día dejará de ser un hombre y se volverá en lo que tú más desprecias: una mujer. Tu apellido morirá con ella, tus tierras te serán quitadas, los secretos compartidos con otros. Esa criatura seguirá siendo ella hasta que deje de ser un Malfoy y le dé la espalda a tus ideas. Te maldigo, Malfoy, a ti y a toda tu estirpe… —repitió las palabras que por meses lo habían perseguido.
—Tal vez lo pensaron mal, tal vez no se refería a amar a otro hombre…
La puerta se abrió y Narcissa entró al cuarto, interrumpiendo el argumento de Astoria. La dama miró a ambos con expresión seria y la joven se apresuró en levantarse y retirarse, susurrando palabras de ánimo a Draco. La bruja se acercó a su hijo y lo obligó a ponerse de pie para arreglarle el vestido, acomodando un vial con una poción azul en uno de los pliegues del vestido.
—Algo azul —susurró ella—. Una poción que debes echar en la copa de tu esposo, asegúrate de que la beba.
—¿Por qué? Astoria me dio un collar —dijo señalándose el cuello.
—Esto es más importante —Narcissa arrugó la nariz—. Es un afrodisíaco, sin importar el cansancio o el alcohol, al beber esto el señor Potter tendrá la necesidad de tomarte.
Draco dio un paso hacia atrás, empujando a su madre sin pensarlo. La mujer trastabilló, pero no dijo nada.
—¿¡Qué!? ¡No voy a drogar a Potter! Es cosa mía cuándo lo haga con él —mencionó indignado.
Si bien aún no había investigado el método muggle que el Gryffindor había mencionado, aún seguía entre sus opciones. Para no decir que era la única opción que veía viable. Eso no significaba que pudiera contarle a sus padres, en especial a su madre, que insistía en seguir tradiciones anticuadas.
—Lyra… —comenzó Narcissa.
—¡Soy Draco! —interrumpió con un grito.
—¡Detente! ¡Eres una chica ahora! ¡Compórtate como una! —Narcissa se obligó a recuperar la compostura—. ¿Crees que lograrás engatusar al señor Potter para tener relaciones por tu cuenta? ¡Estará agotado por la fiesta!
—No voy a follar con él, madre.
Narcissa lo agarró de los brazos y le dio un pequeño zarandeo. Draco debía verse perfecto, solo por esa razón no estaba recibiendo un golpe.
—Debes hacerlo, Lyra —dijo con desesperación—. Vas a tener una unión mágica, un matrimonio así solo se vuelve válido cuando la semilla del hombre está en el vientre de la novia.
—¿Qué? —cuestionó, sintiendo que el mundo caía a sus pies.
—Que debes tener relaciones con él para concluir con el ritual. Por eso la novia lleva algo azul, por la poción. Tu amor solo se asegura con el matrimonio y el matrimonio es a través de la copulación.
—Madre… —murmuró asustado.
—Recuerda dársela al señor Potter —Narcissa lo soltó y fue hacia la puerta—. Es lo único que puedo hacer por ti.
La boda transcurrió sin ningún problema. Para Draco había sido bueno que tuvieran un cronograma lleno de tradiciones tanto muggles como mágicas, así no tenía que pensar en lo que pasaría en la noche. Sin embargo, llegó un momento en que la fiesta tuvo que acabar, lo que hizo que el Slytherin empezara a ponerse ansioso, al punto que hasta Potter notó su nerviosismo.
—¿Estás bien? —susurró Potter cerca de su oreja.
Aún quedaban un par de invitados borrachos, pero los elfos ya los estaban despachando.
—Solo estoy cansado —respondió en el mismo tono.
—¿Seguro que es solo eso, Malfoy?
Draco se giró hacia su ahora marido, levantó la zurda y señaló el anillo que tenía en su dedo. Había pertenecido a los padres de Potter. El cómo los había conseguido era un misterio, el Slytherin nunca le había preguntado y no tenía ganas de averiguarlo en ese momento.
—Ya no soy un Malfoy, Harry.
Potter le dedicó una sonrisa avergonzada.
—La costumbre… No puedo llamarte por tu nombre aquí.
Draco recordó que solo un puñado de veces Potter lo había tratado como Lyra, y siempre había sido cuando hablaba con un tercero, nunca se lo había dicho directamente. Era ridículo que ese pequeño detalle lo hiciera feliz, pero no podía negar que disfrutaba que una persona en el mundo recordara permanentemente que seguía siendo Draco.
—¿Vamos a la cama? —propuso Potter.
Era una invitación inocente. Se suponía que pasarían el día recuperándose de la borrachera y ya luego irían por Teddy para iniciar sus vidas como una familia en Grimmauld Place. Narcissa había insistido en que pasaran la noche en la mansión Malfoy, les había arreglado una habitación y Potter no había tenido corazón para negarse. Draco sabía que su madre solo estaba creando el escenario perfecto para que pudiera drogarlo y acostarse con él. Sintió náuseas al recordar lo que tenía que hacer.
—¿Quieres agua? —preguntó Draco en cuanto llegaron al dormitorio.
—Te lo agradecería.
Potter se fue quitando el traje, tirando las prendas en el diván que había en el cuarto. Draco fue a un mueble donde los elfos habían dejado unos cuantos aperitivos, sirvió un vaso de agua y vertió la poción. Se la quedó mirando unos segundos antes de tomar el valor e ir con el Gryffindor.
—¿Cómo te va con el dolor? —cuestionó, intentando retrasar el fatídico momento lo más posible.
El Gryffindor lo miró algo sorprendido por la pregunta, pero pronto le dedicó una sonrisa borracha y extendió una mano para tomar el vaso con agua.
—No ha dado problemas. ¿Tú cómo estás?
En vez de responder, Draco observó el vaso con el agua adulterada que Potter llevó a sus labios. En el último momento se arrepintió y se apresuró a quitárselo. Debido al vestido y la cantidad de alcohol en la sangre, terminó tropezando, empujando al auror y botando el vaso al suelo. Los cristales se esparcieron y la alfombra se humedeció. El auror soltó una queja por el golpe que se dio al caer, pero el Slytherin estaba satisfecho con no haberlo drogado.
—¿Qué mierda, Malfoy? —se quejó Potter.
Draco intentó levantarse, pero estaba en medio de un enredo de telas, por lo que lo único que consiguió fue enterrar codos y dedos en el torso del Gryffindor. Potter se apresuró en agarrarle de las muñecas y lo apartó un poco para poder sentarse, mirándolo con el ceño fruncido.
—¡Malfoy! Estás ebrio. Es mejor ir a la cama.
Eso quería, pero no de la forma en que Potter estaba proponiendo. Tenían que tener relaciones, su madre había insistido en la relevancia de terminar el ritual. Draco se imaginaba que al día siguiente la mujer se pararía frente al tapiz familiar, esperando ver el nombre del Gryffindor en él.
—Cállate —murmuró.
Soltó la zurda y la apoyó en el hombro desnudo del auror, inclinándose para darle un beso en los labios. Potter lo rodeó con ambos brazos, correspondiendo al contacto con la agresividad usual en él. Draco ignoró las heridas que se causó al mover la pierna sobre los cristales rotos como también ignoró la sangre que manchó el blanco vestido. Logró colocarse a horcajadas sobre el Gryffindor y desde esa posición movió la pelvis para poder frotarse. Era humillante y vergonzoso, pero confiaba en la calentura de su ahora esposo. Tal vez podría hacer todo rápido y olvidarse en el futuro de lo rastrero que había sido.
—Draco, espera… —el auror puso distancia entre ellos y observó la tela humedecida por la sangre—. Tengo que curarte.
El Gryffindor lo tomó en brazos y lo llevó hasta la cama, donde lo dejó sentado y le quitó el vestido que solo molestaba. Cuando el auror rozó su piel herida y tiró unos cuantos hechizos, Draco se hizo muy consciente de su propio cuerpo apenas cubierto por la ropa interior.
—Potter… —llamó.
—Ya termino, ¿sabes si los elfos tendrán un ungüento? Lo siento, no soy muy bueno en esto.
El Slytherin se aferró a la colcha y trató de juntar valor. Luego se acercó al auror y volvió a rodear su cuello, apegándolo a su propio cuerpo. Ahora que tenía más piel descubierta, podía notar mejor a Potter, el calor que emanaba o lo muy grande que era. El Gryffindor le correspondió el beso sin quejarse y lo recostó sobre el colchón, acomodándose sobre él. Se apartó un poco para quitarse las gafas y luego se acercó a besarlo de nuevo. Draco se abrazó a su torso desnudo, enterrando sus uñas e intentando pensar que todo sería rápido.
Sus intentos se arruinaron cuando sintió algo duro chocar contra su pierna.
Tal vez el Slytherin nunca había tenido relaciones, pero no era estúpido y sabía que eso tenía que entrar en él. Sin pensarlo mucho, le dio un fuerte empujón al Gryffindor y se movió por la cama para crear distancia entre ellos.
—¿Draco? —cuestionó confundido el auror—. ¿Hice algo mal?
Potter se sentó sobre la cama y se desordenó el cabello frustrado. El Slytherin ignoró la pregunta y posó sus ojos en el pecho ajeno, luego bajó la mirada hasta el ombligo y siguió el camino del vello púbico al borde del pantalón. La erección del Gryffindor se marcaba contra la tela y Draco supo que no iba a soportarlo.
—No… Lo siento…
El rubio se apresuró a salir de la cama y corrió hacia la puerta más cercana, metiéndose en el baño. Cerró con fuerza y le colocó el seguro a la puerta, apoyándose de espaldas en la madera. Potter golpeó la puerta unos segundos después y trató de forzar la manija, pero la puerta se mantuvo cerrada.
—¿Malfoy? ¡Hey! ¡Ábreme!
Draco estaba asustado. Tal vez el único momento en donde había estado tan asustado fue cuando tuvo que pararse frente al Señor Tenebroso después de fallar su misión de matar a Dumbledore. Si tener relaciones era comparable a recibir un castigo, entonces no podía ser nada bueno.
—Draco… —el tono de Potter se hizo más suave—. Yo… Bien… No soy muy bueno consolando, pero quiero que sepas que no te obligaré a nada que tú no quieras.
—No entiendes, Potter —espetó molesto.
—¡Es cierto, no entiendo! Odio no entenderlo, porque no sé cómo arreglarlo —el auror suspiró y trató de forzar la manija de nuevo—. Draco, ábreme, por favor. Hablemos…
Por largos segundos solo hubo silencio. El auror no volvió a forzar la manija ni a pedirle que abriera. Al mismo tiempo que Draco sintió alivio, también se sintió increíblemente solo.
—Tenemos que tener relaciones —logró explicar—. Para sellar el matrimonio.
—No tienes que obligarte, Draco —mencionó Potter con voz dulce, intentando consolarlo—. Seguro hay miles de hechizos para saltarse ese paso, solo tenemos que mentir hasta que encontremos alguno. Podemos decir que yo estaba muy borracho o…
—Mi madre me dio una poción para eso, dijo que la echara en tu copa —interrumpió.
—Oh.
Draco se apresuró a girarse, observando la madera frente a él. Apoyó la mano y analizó el anillo en su dedo.
—No te la di, pensé que estaría mal —mencionó.
—Gracias, supongo.
El Slytherin quitó el seguro y abrió la puerta lentamente. Potter dio un paso hacia atrás y le dedicó una sonrisa incómoda. Draco salió del baño y observó la habitación para luego fijar sus ojos en el auror. Quiso reírse de lo irónico que era que él, sobre todas las personas, estuviera casado con Harry Potter.
—¿Acaso no te molesta que sea yo? —preguntó en voz baja apenas sintió que su voz no lo traicionaría—. ¿No te molesta que, aunque sea una chica, sea yo? ¿Que sea un hombre? ¿O, peor, Draco Malfoy?
—No, la verdad es que no. Todo lo contrario.
Potter abrió grandes los ojos apenas soltó la frase, sin las gafas se podía apreciar mejor el color verde. El auror se lamió los labios y retrocedió un par de pasos más, parecía algo disgustado por lo que acababa de confesar. Draco frunció el ceño y avanzó hacia él, agarrándole de un brazo.
—¿Todo lo contrario?
El Gryffindor suspiró, miró el techo y se rascó la nuca. Después hizo contacto visual y sonrió avergonzado.
—Me gusta el sexo, no te voy a mentir —comenzó—. Pero saber que eres tú lo hace más excitante.
—¿Es que acaso te gusto? —preguntó incrédulo.
—¡No! —Potter negó e hizo una mueca—. Yo… Es que… ¡Ay! Es que siento que te gané.
—¿Ganaste?
El auror se soltó del agarre y comenzó a pasearse por la habitación, mordiéndose la uña del pulgar. Draco soltó un suspiro y fue hacia la cama para sentarse, sentía un torbellino de emociones y no estaba seguro de poder aguantarlas. El Gryffindor finalmente detuvo su paseo y se paró frente al rubio, mostrándose avergonzado.
—Cuando pasó la primera vez pensé "wow, este es Draco Malfoy y el bastardo está gimiendo por mí" y cuando tú me la chupaste fue más como "WOW, Draco Malfoy se arrodilló ante mí" —Potter desvió la mirada—. La mayoría del tiempo creo que te odio tanto que siento que esto no funcionará, aunque es cierto que tenemos buena química… Pero lo que hace que no me importe que seas tú es que siento que te tengo en mi mano.
—Suena… —Draco no encontró una palabra para definir todo lo que había soltado el contrario—. Un poco pervertido.
—¡No es eso!
—¿Qué? ¿Vas a negar que fantaseas con amarrarme y azotarme? —bromeó con una sonrisa burlesca.
Potter se quedó callado y la sonrisa de Draco se esfumó.
—No jodas, sí has fantaseado.
—¡No! ¡Digo sí! ¡O sea no!
Draco no sabía cómo sentirse, pero decidió no analizarlo demasiado. Respiró hondo y trató de pensar como Potter. No era lo suficientemente sádico como para tener esas fantasías, pero si se trataba de Harry Potter, romperle la cara sonaba bien.
—Ven acá —llamó luego de varios segundos.
El auror se acercó y Draco lo observó. Intentó pensar qué cosa humillante le gustaría que el otro hiciera y que, a la vez, lo excitara, pero su mente estaba en blanco. Era difícil seguir esa línea de pensamiento si no eras un puberto calenturiento como Potter.
—Arrodíllate —ordenó al final.
El Slytherin sintió un cosquilleo en su estómago cuando lo vio obedecer, arrodillándose frente a él y levantando la cabeza para poder verlo. No tuvo mucho tiempo para deleitarse con la imagen, porque el auror le tomó la pierna y besó alrededor de la herida mal curada. La actitud que tenía era ligeramente diferente a su usual ímpetu, pero Draco podía ver en sus ojos que no pensaba dejarse dominar.
—No creo que… —comenzó Potter.
Draco le puso el dedo en los labios, el auror obedientemente se calló. Era extraño y anticlimático, pero la mirada entre enojada e indignada del Gryffindor le trajo viejos recuerdos.
—No supe hasta ahora que quería verte así —mencionó Draco, sonriendo complacido—. Desnúdate.
Potter alzó una ceja, pero de nuevo solo obedeció. Apenas se levantó un poco para desprenderse de las prendas que le quedaban. Mientras observaba el espectáculo, el Slytherin se tiró un poco hacia atrás, apoyando sus manos en el colchón. Cuando el auror volvió a su postura inicial, Draco movió el pie para empujar la barbilla del otro, haciendo que levantara la cabeza.
—Es divertido —canturreó.
—Y definitivamente no es lo mío —masculló Potter, agarrándole el pie.
—No te he dado permiso para hablar.
—Jódete, Malfoy.
—Jódeme, Potter.
Apenas lo dijo, Draco se dio cuenta del error que había cometido. El Gryffindor se levantó, mostrando su cuerpo desnudo sin ningún pudor y empujó suavemente a Draco para que, de nuevo, quedase recostado sobre la cama.
—Si algo no te gusta, dime —susurró.
Draco quiso decirle que eso no le gustaba, pero las palabras murieron en su boca cuando el Gryffindor se acomodó sobre él y dio pequeños besos en sus clavículas.
—Potter…
El auror subió y le dejó un pequeño beso sobre la frente.
—Soy Harry.
—¿Qué? —preguntó confundido.
—Dime Harry.
Sus ojos verdes brillaban y el rubio tuvo que apartar la mirada. El auror lentamente le fue retirando la ropa interior, lo que debió avergonzar a Draco, pero le era difícil concentrarse cuando unos labios recorrían su pechos y unos dedos acariciaban sus muslos con extrema lentitud.
—Potter… —llamó frustrado.
Los dedos del auror subieron hasta la entrepierna y acariciaron la zona desnuda. Draco se estremeció y se aferró al Gryffindor, enterrándole las uñas en la espalda.
—¡Potter! —dijo con algo de urgencia.
—Te dije que me dijeras Harry —murmuró el auror en un tono que hizo que los vellos de Draco se erizaran.
—Harry, te juro que…
Uno de los dedos se escabulló entre los pliegues ya húmedos, rozando aquel punto que mandaba miles de sensaciones al cerebro del Slytherin. Cualquier queja murió, dando paso a un jadeo sorprendido. El auror aprovechó para introducir el dedo, al mismo tiempo que dejaba pequeños besos en la barbilla. Draco se tensó, pero no pudo decir nada por culpa del cosquilleo en su estómago que se hizo más fuerte apenas los ojos verdes quedaron fijos en él.
—Se siente raro —susurró Draco.
—¿Te duele? —Draco negó—. ¿Te molesta? —Draco volvió a negar—. Bien.
El Gryffindor se escondió en su cuello donde lamió y besó, como si de la piel del rubio emanara miel. Un segundo dedo se hizo paso en su interior, el Slytherin lo notó cuando Potter trató de moverlos, pero antes de que se pudiera quejar, el auror volvió a estimular aquel dulce punto. Toda la dignidad de Draco se esfumó y el joven se frotó en busca de más.
—¿Sabes la cara que estás poniendo, Draco? —musitó Potter contra su oreja. El Slytherin negó, sintiendo sus mejillas enrojecer—. Una que está pidiendo más, ¿quieres más?
Draco asintió, sin preocuparse de lo arrastrado que podía verse, y Potter se soltó del abrazo en el que el rubio lo tenía para mirarlo con una sonrisa socarrona.
—Pídelo —ordenó.
A propósito el Gryffindor movió los dedos más lento, apenas y rozando el dulce punto. Draco gimoteó frustrado, pero en cuanto movió las caderas hacia arriba, Potter lo empujó contra el colchón.
—Pídelo, Draco —repitió.
—Más… —murmuró, demasiado avergonzado como para intentar ser más explícito.
—¿Qué quieres, Draco?
El Slytherin bufó, fastidiado, y trató de conseguir nuevos roces por su cuenta, pero Potter volvió a empujarlo contra el colchón, sacando los dedos del interior para mantenerlo quieto con esa mano. Draco se sintió vacío y miró mal al hombre que tenía encima.
—Debes decirlo, Draco —mencionó el auror, sonriendo.
—¡Potter! —masculló indignado.
—Soy Harry.
El rubio se mordió el labio inferior mientras Potter lo miraba divertido. Draco lo odió con todo su ser, pero terminó cediendo.
—Mete los dedos de nuevo, Harry —exigió.
—Como gustes.
Un sonido extraño invadió el cuarto cuando Potter volvió a frotar sus dedos en aquella zona ya mojada. Draco abrió las piernas por inercia, moviendo las caderas hacia arriba al mismo tiempo que se aferraba a las sábanas. Su corazón latía desbocado y se sentía cerca de algo, no estaba seguro de qué, pero sí sabía que se sentía fantástico.
—Más —medio ordenó, medio suplicó.
Por varios minutos el Gryffindor hizo lo que quiso en esa zona, convirtiendo a Draco en una masa que solo gemía y jadeaba. El joven notaba la humedad deslizarse por sus muslos y por la mano de Potter, pero no le dio importancia, solo quería alcanzar ese algo. Cuando sintió que estaba a punto de tocar eso, el auror se inclinó hacia él y apartó la mano con la que lo estimulaba. La frustración llenó al Slytherin, pero antes de que se pudiera quejar, varios besos fueron depositados en su cuello al mismo tiempo que algo más grande se presionó contra su entrada.
Draco se mordió la diestra al notar la erección entrando en él. No era del todo agradable, el joven sentía que se iba a romper ante esa intromisión. El auror se apartó de nuevo y se detuvo cuando sus caderas chocaron contra la pelvis del rubio. Aún con los dientes enterrados en su mano, el Slytherin hizo un esfuerzo por verlo. Potter estaba arrodillado entre sus piernas mirándolo, el sudor perlaba los músculos tensos y sus ojos tenían un verde más oscuro. No supo por qué, pero esa visión hizo que soltara un gemido.
—¿Estás bien? ¿Te lastimé? —preguntó preocupado el auror.
Draco negó con la cabeza, cerrando fuerte los ojos.
—Voy a moverme —avisó el Gryffindor.
Si lo de antes había sido fantástico, lo que sintió cuando Potter lo embistió fue glorioso. El Slytherin dejó de morderse la mano para poder aferrarse a las sábanas. Los sonidos vergonzosos salían de su boca sin ningún filtro, gemidos y jadeos que iban acorde al ritmo con el cual su cuerpo se movía ante cada nueva estocada. Draco sintió que se ahogaría de seguir así y quiso bajar el ritmo de las embestidas, pero solo consiguió que el auror se moviera con más fuerza contra él.
Luego de unos segundos, el Gryffindor se apartó un poco, le tomó una de las piernas y la colocó sobre su hombro. Las embestidas se volvieron más profundas y un estremecimiento recorrió a Draco, llenando su cuerpo de electricidad que culminó en un orgasmo.
—Mierda, Potter —sollozó, curvando la espalda hacia arriba.
Aunque había acabado, el Gryffindor siguió embistiendo contra él. Draco sentía su interior palpitar y ser sobreestimulado, haciendo que gimoteara por la rudeza con la que el auror se seguía moviendo. Se cubrió los labios con ambas manos cuando fue consciente de los gemidos que estaba soltando, pero Potter le obligó a quitar las manos, sus ojos verdes fijos en él.
—Draco, di mi nombre —con cada palabra se sumaba una embestida.
—Potter, ve lento… —murmuró.
—Mi nombre —repitió la orden, moviéndose incluso más rápido.
—¡Ah! —los ojos de Draco se llenaron de lágrimas y sintió su cuerpo tensarse de nuevo, a punto de llegar a ese algo—. ¡Harry!
El auror lo penetró aún más profundo, si es que eso era posible, y Draco sintió todo su cuerpo tensarse. Por un momento vio todo blanco y todas sus preocupaciones desaparecieron, el algo se sentía tan bien que quiso quedarse en esa sensación para siempre. Luego el relajo lo invadió, como si todas sus fuerzas hubiesen desaparecido y apenas tuviera la energía para seguir respirando.
Harry salió con cuidado de su interior y se dejó caer sobre él, jadeando. Casi de inmediato se apartó y lo miró. Su mano callosa se acercó a su rostro para apartar algunos mechones y limpiar las lágrimas. Draco cerró los ojos ante el contacto y soltó un suspiro.
—¿Estás bien, Draco?
El Slytherin asintió medio ido. Notaba algo líquido salir de su interior, pero cuando trató de moverse, su cuerpo tembloroso no le respondió. Harry se acomodó a su lado y lo abrazó, atrayéndolo a su cuerpo. En otro contexto, Draco se habría sentido asqueado, pero en ese momento no le importó apegarse a un cuerpo sudoroso.
—Venga, a dormir —murmuró el auror.
—Te odio mucho, Harry —susurró.
El Gryffindor soltó una risita divertida y cubrió a ambos con las mantas que se habían deslizado hacia el suelo. Draco se apegó contra él con los ojos cerrados, se sentía agotado, pero inmensamente satisfecho.
—Yo también te odio mucho, Draco —respondió Harry.
Draco sonrió y pronto cayó profundamente dormido.
¡Muchas gracias por leer!
Nos vemos quién sabe cuando, pero nos veremos BD
