Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.
Advertencias: Contenido LGBTQ. Relación chico x chico. Personaje transgénero. Hurt/Comfort. Fluff and Angst. Misoginia. Homofobia. Transfobia. Porn WITH Plot.
Pareja: Draco Malfoy/Harry Potter (Drarry)
Nota de la autora: ¡Buenas!
Lamento la tardanza, esta vez fue porque me deprimí feo y no por los estudios. Tuve que dejar muchas cosas pausadas y esta historia fue una de ellas, especialmente porque los capítulos en los que estamos ahora no tienen un tono deprimente... Y la mierda que estaba escribiendo sí. Tuve que esperar a sentirme un poco mejor y no pensar en destruir emocionalmente a todos y cada uno de los personajes. Me costó, pero lo logré :)
Espero les guste, lo hice con todo cariño para ustedes. ¡Disfruten la lectura!
Capítulo 8: Vacaciones familiares
Draco hizo una mueca cuando escuchó algo que caía al agua del retrete. Intentó no prestar atención a las arcadas de Harry y, en su lugar, trató de concentrarse en otra cosa. Por lo mismo llevó la zurda hacia la espalda del auror, para darle pequeñas caricias mientras el joven seguía expulsando todo lo que tenía en el estómago.
—¿Sabes lo asqueroso que es esto? —se quejó el Slytherin.
—No es como si yo me lo buscara —murmuró Harry antes de que una nueva arcada lo obligara a callarse.
Draco había decidido que quería evitar la mayor cantidad de eventos públicos, así que había convencido al niño de oro de tomarse un mes de vacaciones para así tener su luna de miel junto a Teddy. El Slytherin había organizado todo para estar fuera del país tanto en el cumpleaños del crío como para el aniversario de la Batalla de Hogwarts. No tenía deseos de convivir con los Weasley y mucho menos de enfrentarse a un montón de fanáticos víctimas del Señor Tenebroso.
—Odio esto —masculló el auror para luego escupir.
El joven se había agarrado a la porcelana del baño para vomitar, pero ahora que su estómago se había calmado, había apoyado su frente sobre sus manos.
—Al menos te esperaste a llegar al baño —intentó consolarlo Draco.
Harry giró un poco el cuello y lo miró con odio, aunque pronto volvió a meter la cabeza en el retrete. Habían cantado victoria antes de tiempo, el estómago del Gryffindor aún no estaba listo para funcionar como correspondía.
—Parece que ya estás vomitando solo bilis —murmuró el rubio luego de asomarse a ver el interior del retrete, arrugando la nariz al distinguir pedazos de comida flotando—. Lávate y trata de tomar algo de agua.
Draco había conseguido el contacto de una famosa pocionista que había revolucionado el mundo mágico al integrar el mundo fungi en prácticamente todas sus preparaciones. La mujer, que estaba casada con un botánico mágico, se había dedicado junto a su marido a estudiar las diferentes propiedades de los hongos y sus diversos usos. Bastó solo una carta para que el matrimonio aceptara recibirlos. En un principio sólo iba a ser una pequeña visita para contentar a Teddy, pero la pareja había insistido en que permanecieran más tiempo con la promesa de que los llevarían a explorar el bosque en busca de hongos. El Gryffindor se había emocionado ante la idea de acampar y había aceptado sin permitirle a Draco proponer otro plan.
Así que habían tomado un traslador a Madrid y desde allí otro para llegar a la casa de sus anfitriones. Harry había tenido náuseas desde el primer viaje, las cuales sólo empeoraron con el segundo.
—Creo que ya no voy a vomitar —mencionó con voz rasposa el auror.
El Slytherin salió de sus pensamientos y se apresuró a buscar el bolso donde Kreacher había guardado la medicina muggle. Apenas lo encontró, comenzó a sacar las píldoras según las indicaciones que algún sanador muggle había escrito en un papel.
—Tienes que tomar esto para las náuseas, esto para proteger tu estómago y ya te toca la dosis de estas para el dolor de cabeza —recitó el rubio mientras le entregaba las pastillas a Harry.
—Gracias —murmuró el auror para luego echarse los medicamentos a la boca y tragarlos con agua.
Draco usó uno de sus pies para bajar la tapa del retrete y tirar la cadena, no pensaba ensuciarse las manos. Al menos el Gryffindor no había sido desastroso y había devuelto todo dentro de aquel artefacto. El rubio dio media vuelta y analizó al auror, Harry estaba pálido y aún tenía el rostro húmedo por el agua que usó para refrescarse, pero al Slytherin no se le escapaban las pequeñas gotas de sudor. Tampoco las grandes ojeras, los ojos rojos por el esfuerzo y los labios secos. Al finalizar su escaneo, miró a un costado.
—No te ves tan mal —mintió.
—Sé que me veo mal, hay un jodido espejo allí, Draco —murmuró entre dientes el auror.
—Pero podrías estar peor, ¿no? —el rubio se encogió de hombros y lo miró con expresión seria—. Sé que no quieres, pero vas a comer un poco.
—Draco —rogó el cuatro ojos—. Solo quiero dormir.
El Slytherin abrió la puerta y salió, siendo seguido por el auror, por suerte la habitación tenía su propio baño. Se habían excusado con sus anfitriones diciendo que los trasladores mareaban al Gryffindor, pero ahora debían enfrentar la cena. El rubio pensó en arrastrar a Harry a la mesa, pero al pensarlo mejor se dio cuenta que el cuatro ojos no iba a soportarlo. Tampoco quería preocupar a Teddy y el aspecto de su estúpido marido era bastante alarmante.
—Puedes quedarte aquí —dijo luego de deliberar mentalmente—. Pero vas a comer.
El auror hizo una mueca de asco y se acomodó en el lado derecho de la cama, cubriéndose con las mantas y dejando las gafas en la mesita de noche.
—Hablo en serio, Potter —advirtió.
El Slytherin se mordió el labio inferior cuando Harry lo ignoró. Mientras iba hacia su equipaje, se recordó que debía ser amable con alguien que estaba enfermo, por muy terco y estúpido que fuera. Intentando dejar los malos pensamientos a un lado, se dedicó a rebuscar entre sus cosas. Astoria lo había ayudado a hacer las maletas y cuando Draco le había preguntado inocentemente qué se podía comer si se tenía náuseas, la chica casi había llorado de la emoción. Le tomó horas convencerla de que no se había embarazado y que solo quería saber porque tal vez usarían transporte muggle y eso lo mareaba. Su ex prometida se había mostrado decepcionada, pero le había dado una solución. El rubio al fin encontró uno de los tantos paquetes de galletas saladas que había traído y fue hacia el auror que no se había movido de su sitio en la cama.
—Astoria me dijo que servía para las náuseas —explicó Draco, extendiendo el paquete—. Al menos intenta comer una.
—Bien —murmuró Harry, sacando un brazo para tomar las galletas.
El Slytherin salió del dormitorio con una pequeña sonrisa victoriosa y cerró la puerta tras de sí para así ir al comedor. La mesa ya estaba puesta y la pocionista estaba terminando de colocar unas fuentes con comida. Teddy y el botánico mágico ya estaban sentados, aunque estaban inmersos en una conversación acerca del hongo que el hombre le estaba mostrando al crío.
—¿El señor Potter se encuentra mejor? —preguntó la mujer en un inglés con un fuerte acento—. A mí también me marean los trasladores, es una pésima forma para viajar si me preguntan.
El rubio asintió para darle la razón y se sentó a un lado de Teddy. La cena transcurrió alegremente con las conversaciones en torno a los hongos y los alimentos coloridos que habían preparado los españoles para ellos. En un principio el niño no se había mostrado muy dispuesto a probar la comida, pero cuando el tema de los hongos se llevó su atención, terminó comiendo sin preguntar qué era lo que Draco ponía en su plato. El Slytherin, por otro lado, había permanecido en silencio, demasiado preocupado por el estado del auror como para disfrutar la cena o unirse a la divertida charla.
Al terminar, Draco acompañó a Teddy al dormitorio en el cual dormiría. El matrimonio vivía en una cabaña en medio del bosque con suficientes habitaciones para que pudieran alojarse todos cómodamente. Lamentablemente, el Slytherin tendría que compartir cama con el cuatro ojos una vez más, se habían presentado como una familia feliz y lo normal sería que estuvieran juntos. El mocoso no había hecho una escena al descubrir aquello, pero sí había chantajeado al rubio para que lo cubriera con su abuela con ciertas travesuras que había hecho.
—Pasado mañana irás a acampar para buscar hongos —empezó Draco al llegar al cuarto—. Nuestro acuerdo ya está hecho, así que si haces algo, tendré que decirle a Potter.
—¿Tú no vas, Lyra? —preguntó Teddy, dejando que el rubio le colocara el pijama.
—No me gusta caminar —murmuró—. Te la pasarás mejor si solo vas con Potter.
El pequeño no volvió a mencionar el tema hasta que, después de todos los rituales nocturnos, Draco lo arropó en la cama y le dejó un beso en la frente.
—Quiero que vayas —dijo el niño con algo de timidez—. Será más divertido si vas, Lyra.
—Claro que sí, porque soy súper divertida, más que Potter —bromeó el rubio con una pequeña sonrisa—. Pero odio los insectos, la tierra y el ejercicio.
—Está bien —susurró el niño con un pequeño puchero.
Draco le peinó los cabellos y el crío borró el mohín, dedicándole una gran sonrisa en su lugar, luego se acomodó en la cama y se cubrió hasta el cuello con las mantas. El Slytherin fue hacia la puerta y apagó la luz del dormitorio.
—Buenas noches, Teddy.
—Buenas noches, Lyra —respondió el mocoso.
El rubio sonrió y cerró la puerta. El niño le caía bien.
Sin embargo, la noche aún no acababa para Draco. Debía enfrentar al otro mocoso testarudo que estaba a su cuidado. El Slytherin juntó paciencia y caminó hacia el dormitorio que compartía con el cuatro ojos, no tenía ganas de tener una discusión cuando extraños podían escucharlos, así que tendría que agachar la cabeza y morderse la lengua. Respiró hondo antes de abrir la puerta, el cuarto estaba iluminado por la lámpara que había del lado del auror y, por lo que podía apreciar el rubio, su terco esposo estaba dormido.
Al entrar tomó sus cosas y se dirigió hacia el baño para cambiarse y prepararse para dormir. Regresó a la habitación con el estuche con medicamentos del auror y una botella de agua, fue directamente hacia el lado donde Harry dormía y echó un vistazo a la mesita de noche para comprobar que al lado de las horrendas gafas estaba el paquete de galletas abierto y hasta la mitad. Al menos le había hecho caso sobre comer.
—Harry —llamó—. Despierta, hora de las pociones encapsuladas.
El auror abrió los ojos e hizo una mueca, se sentó en la cama y extendió la mano para recibir varias pastillas. Obviamente no había estado durmiendo, solo fingiendo. Tragó la medicina sin decir nada y luego se volvió a recostar, observando a Draco moverse y colocar un almohadón en medio de la cama para crear una barrera entre ambos. Todas las noches el Slytherin hacía aquello para establecer límites y todas las mañanas despertaban abrazados. Draco aún no se rendía sobre eso de los límites.
—Te despertaré para que tomes la siguiente dosis, trata de dormir —susurró el rubio, apagando la luz—. ¿Qué harías sin mí, Potter?
—¿Qué haría sin ti en estos momentos? —preguntó el auror con un tono lleno de malicia—. Fácil, vería una película porno mientras me masturbo.
El Slytherin lo golpeó con su propia almohada para luego acomodarse bajo las sábanas, tapándose tanto como pudo.
—Eres un cerdo —murmuró.
Harry soltó una pequeña risa. Draco trató de encontrar una posición cómoda, pero era demasiado consciente del cuerpo caliente que tenía apenas a un metro de sí. El Slytherin se hizo bolita y maldijo por lo bajo, tenía que decirle a su subconsciente que abrazarse al auror estaba mal.
—Duérmete, Harry —dijo luego de unos segundos.
—Como ordene, su majestad.
Sí, estaba totalmente mal abrazarse a ese hombre.
Draco observó el sostén deportivo, sin entender cómo debía ponérselo. Estaba metido en un cubículo con un espejo y una silla, y ya no recordaba cuántas cosas le había pasado el cuatro ojos para que se las probara. No le daba confianza aquel pequeño espacio, por lo que no se había quitado el vestido, solo se había calzado los pantalones por debajo de la falda y colocado las camisetas encima. Lamentablemente, no podía hacer lo mismo con esa prenda tan apretada.
—¿Te quedaron bien o busco otra talla? —preguntó Harry desde el otro lado.
Draco abrió la puerta y tiró del auror para meterlo dentro. Esperaba que Teddy fuera capaz de sobrevivir un par de minutos solo en aquella tienda muggle, confiaba en que el crío supiera sonreír a las dependientas españolas que se le fueran a acercar.
—Draco, soy un hombre, no debería estar aquí —se quejó el Gryffindor.
—Pero ya estás aquí —replicó el rubio.
Con el ceño fruncido se giró y le dió la espalda al auror. En esa posición podía verse en el espejo y podía ver a Harry y su cara de estúpido detrás suyo. El probador se sintió demasiado pequeño con ellos dos metidos.
—Algo está trabado, no puedo quitarme el vestido —explicó.
Draco sintió los dedos callosos y cálidos del cuatro ojos apartar el cabello rubio para luego posarse sobre su espalda. Cerró los ojos cuando el auror fue bajando al abrir la prenda y, sin darse cuenta, aguantó la respiración.
—Listo —susurró el Gryffindor.
El rubio sintió el aliento cálido sobre su piel, haciendo que sus vellos se erizaran y un cosquilleo se instalara en su bajo vientre. Se obligó a concentrarse en su motivo por el cual había traído al cuatro ojos, levantó la mano con la apretada prenda y la señaló con el mentón.
—No entiendo cómo va —murmuró, desviando la mirada e intentando no verse tan avergonzado como se sentía.
El Gryffindor soltó una pequeña risa y deslizó los tirantes del vestido por los blancos hombros del rubio para así dejar caer la prenda al suelo. Draco vio en el espejo su rostro rojo y su cuerpo cubierto solo por la ropa interior. Tuvo que reprimir el impulso de cubrirse con las manos.
—No es tan difícil —mencionó Harry contra su oreja—. Te ayudo a ponerlo si quieres.
Draco no podía pensar bien mientras el Gryffindor le quitaba el corpiño con lentitud. Se había vuelto muy consciente de la presencia del idiota de su marido, de sus manos cálidas que pasaban por sus brazos y mandaba señales a su cuerpo que se sentía demasiado sensible. Olvidando que el espejo era solo un reflejo, el rubio dió un paso hacia atrás con la intención de alejarse del cuatro ojos. Lo único que consiguió fue rozarse con el bulto duro que el auror tenía entre las piernas.
—Y ya está —concluyó Harry en un susurro grave.
Draco pestañeó rápido, confundido por el desarrollo de los eventos. El auror le había colocado la extraña prenda, la que ahora le cubría y sujetaba los pechos. Era mucho más cómodo que los corpiños de encaje que estaba obligado a usar y hacían parecer que tenía menos busto. Debía conseguir más de esas cuando volviera a casa.
—Puedes ajustarlo acá… —siguió el cuatro ojos en el mismo tono.
Antes de que siguiera hablando, Draco dio media vuelta para encarar al Gryffindor. El rubio estaba seguro de que Harry se había excitado y no era justo que actuara tan relajado cuando él estaba a punto de explotar. La táctica de enfrentarlo no fue una buena idea, la cara de estúpido del auror estaba demasiado cerca y el Slytherin temió perderse en el verde detrás de las gafas. Rodeó su cuello con ambos brazos, cerró los ojos y se acercó a su boca, agarrando el labio inferior de su estúpido marido con los dientes. De inmediato fue correspondido, las grandes manos rodearon su cintura y sus bocas iniciaron un beso intenso y agresivo. Draco pensó en la logística para poder hacer algo en un espacio tan pequeño y donde cualquiera los podía escuchar, pero apenas sintió los dedos del auror deslizándose hacia abajo por su espalda, recordó que era una persona con decoro.
—No te calientes, Harry —susurró Draco sobre los labios del auror, agarrándole de las muñecas para detener sus movimientos—. No haré nada en un probador muggle.
—Yo no…
El Slytherin no le permitió terminar, abrió la puerta y lo empujó fuera del vestidor. Se sentía demasiado avergonzado y necesitaba unos minutos para recuperar la compostura. Había sido él quien se había calentado y casi había hecho algo inmoral en público, no Harry. Escuchó como la dependienta preguntaba en español si necesitaban otra talla y al auror dar una respuesta nerviosa, probablemente no había entendido nada de lo que había dicho la mujer. Draco respiró hondo y se quitó el sostén deportivo para así colocarse su propia ropa. Necesitaba terminar con esa tortura de compras.
El Slytherin había sido demasiado ingenuo al creer que no iba a participar en el campamento por el bosque, Harry lo había obligado a unirse a través de un par de amenazas y mucha manipulación emocional. El primer problema a ese cambio de planes había sido que el rubio no había traído nada más que vestidos y sandalias, por lo que estaban usando el día para crear un conjunto apto para andar al aire libre. Al final, salieron de la tienda muggle con varias bolsas, todas llenas con prendas holgadas que ocultaban la figura femenina del rubio.
—Solo te faltan zapatos y debemos conseguir una gorra para Teddy —mencionó Harry intentando cubrir su entrepierna con una de las bolsas.
Draco se sintió orgulloso al pensar que la excitación que el auror intentaba ocultar era gracias a él, pero apenas tuvo el pensamiento lo invadió la vergüenza. Tenía que pensar en cosas feas y no en lo que casi había ocurrido en el probador.
—¿Tengo que probarme más cosas? —se quejó el Slytherin, tratando de evitar pensar en el cuerpo de su jodido esposo.
—Nunca pensé que odiaras comprar ropa —comentó Harry en una mezcla de diversión y sorpresa—. Creí que los niños ricos amaban gastar dinero.
—Pasa una hora en medio de telas, cintas métricas y agujas por cada prenda porque para Narcissa Malfoy solo puede existir la perfección —Draco hizo una mueca, recordando aquellas horribles salidas—. Comprar ropa me aburre, me estresa y lo odio, más cuando es con este cuerpo.
Teddy lo miró curioso y el rubio se obligó a sonreír. Tenía que tener más cuidado con las cosas que decía.
—Eres linda, Lyra —dijo el niño de forma inocente.
—Sí, eres linda —secundó el Gryffindor con expresión burlona.
—Sabes que me refiero a otra cosa —murmuró Draco para que sólo el auror lo escuchara.
—Lo sé, pero eso no quita que seas linda —Harry le dedicó una sonrisa divertida—. Lindos pechos, lindo culo…
Draco le pellizcó el brazo y se apresuró a caminar hacia una zapatería. No quería escuchar la risa del Gryffindor siguiéndole desde detrás, tampoco quería demostrarle que todo el asunto de ser mujer lo molestaba, sentía que era una debilidad que podía ser usada en su contra. Antes de poder entrar a la tienda, Harry lo abrazó por la espalda y apoyó su mentón en su hombro.
—¿Cómo crees que será nuestro hijo? ¿Rubio de ojos verdes o cabello oscuro con ojos grises? —susurró el auror.
—Lo haces sonar como si tú tuvieras buenos genes —respondió Draco, liberándose del abrazo.
—Si no los tuviera, no habrías aceptado casarte conmigo —canturreó Harry.
—Terminemos de comprar, Potter.
No iba a admitir que Harry Potter estaba bueno y que tenía un rostro atractivo. Astoria lo decía, pero Draco jamás diría que ese idiota era un hombre guapo de lindos ojos y una atractiva sonrisa. El Slytherin apretó los dientes al darse cuenta del tren de sus pensamientos y optó por enfocarse en encontrar los jodidos zapatos.
—Este viejo ya se retira —habló el botánico mágico, apartándose de la fogata—. Aprovechen que el niño duerme, también es su luna de miel, ¿no?
Harry se despidió alegremente mientras que Draco se hundió dentro de su chaqueta. Llevaban una semana recorriendo el bosque y no había sido tan terrible. Teddy estaba emocionado por los hongos que encontraban y la pareja estaba feliz explicándole sobre todos los aspectos del mundo fungi. Además, la naturaleza parecía haberle hecho bien a Harry, que solo había tenido un episodio de fuerte dolor.
—Nunca pensé que cocinar lo que encontrabas fuera tan delicioso —habló el auror—. En la guerra, cuando huíamos, ninguno sabía identificar alimentos comestibles y Hermione hacía lo que podía.
—¿Estuviste acampando en la guerra? —Draco no quería saber, pero la curiosidad le ganó.
—Lo mejor era moverse —el Gryffindor estiró sus manos hacia el fuego—. Siempre quise vivir una mejor experiencia acampando junto a mi familia, no quería que Voldemort arruinara otra cosa más en mi vida.
El rubio movió un tronco, observando las chispas que se crearon y la manera en que el fuego tragaba la madera que tenía al alcance.
—Espero que te la pases bien para que tu deseo se cumpla —murmuró el Slytherin.
—Ya la estoy pasando bien, pero gracias —Harry lo miró y le sonrió.
Todo el tema de Voldemort era incómodo, pero también lo era la futura muerte del auror. Draco no quería que alguien que había sacrificado tanto no pudiese disfrutar de la vida que tanto le costó tener. Volvió a mirar el fuego y suspiró.
—¿Has hecho una lista de cosas que quieres hacer antes de morir? —preguntó el Slytherin luego de unos segundos.
—¿Cosas que quiero hacer?
—Sí… Cuando el Señor Tenebroso se hospedó en mi casa hice una lista de las cosas que aún tenía que hacer, cosas por las que debía sobrevivir para cumplirlas —Draco se respiró hondo antes de continuar—. La primera era tomar un helado de chocolate con chispas de chocolate.
El Gryffindor soltó una pequeña risa y miró con diversión al rubio, al notar que hablaba en serio, sus carcajadas se hicieron más fuertes.
—Ríete, pero era una buena razón —se defendió avergonzado el rubio.
—Me imagino —canturreó el auror.
—Si se te ocurre algo, dime —Draco colocó su mano en el hombro de Harry—. Puedo ayudarte a cumplir tus deseos.
El Gryffindor giró la cabeza, las llamas se reflejaban en el cristal de las gafas y todo su rostro había adquirido tonos rojizos por la luz. El auror se relamió los labios y volvió su atención al fuego, inclinándose para mover unos leños.
—Hay algo que siempre quise hacer y tú puedes ayudarme —mencionó sin apartar su mirada de la fogata.
—¿Qué cosa?
Harry se echó hacia atrás y se volteó a observar al rubio, sus ojos brillaban con malicia y una sonrisa burlona se había dibujado en su rostro.
—Follar al aire libre, podemos movernos unos metros para no despertar a nadie.
A Draco le tomó tres segundos comprender las palabras del auror. Su rostro enrojeció en una mezcla de vergüenza y coraje. Se levantó con brusquedad y miró con el ceño fruncido a su estúpido y calenturiento esposo. Cuando lo escuchó reír, le dio un puñetazo en el hombro.
—De verdad que eres un cerdo, Potter.
—¿No me vas a ayudar? —la pregunta llena de burla concluyó con una fuerte carcajada.
—¡Intento ser amable! ¡Vete a follar con un jodido hongo!
Draco caminó con fuertes y decididas zancadas hacia la tienda, siendo acompañado por la risa del auror. Fastidiado por haber caído en su juego una vez más, se apresuró en lavarse los dientes y el rostro. Antes de ir hacia el cuarto que compartía con el cuatro ojos, se detuvo en la entrada. Harry le daba la espalda y contemplaba el fuego con una pose derrotada, se dijo a sí mismo que no tenía que preocuparse por un estúpido bastardo, pero la culpa le ganó.
—Venga, a dormir —ordenó Draco cuando llegó al lado del auror—. Tienes que tener energía para seguirle el juego a Teddy mañana.
Harry ladeó la cabeza y tomó la mano que el rubio le había extendido para así levantarse. El Slytherin apagó la fogata y se iluminó con la varita para volver a la tienda. No era demasiado tarde, pero sí lo suficiente como para escuchar los ronquidos del viejo matrimonio. Ambos entraron al cuarto que compartían y Draco cerró la puerta para tener algo de privacidad.
—Lo decía en serio —susurró el Slytherin mientras buscaba su pijama—. Te ayudaré con cualquier deseo que tengas.
Draco tuvo que obligarse a no cohibirse cuando se cambió para colocarse el pijama.
—Solo quería que Teddy tuviera una familia, no pensé en nada más —confesó Harry.
El Slytherin dejó el almohadón al medio de la cama y se metió bajo las mantas, intentando no mirar al auror que se estaba desvistiendo hasta solo quedar en bóxer. Draco sabía que lo hacía para molestarlo, así que se mordió la lengua y no dijo nada cuando se acostó casi desnudo a su lado. Al menos tenían un límite.
—Pero pensaré en algo —susurró el auror, acomodándose de costado para así ver a Draco—. Trataré de que no sea algo complicado.
—Puedes pedir lo que quieras, Harry Potter —respondió fastidiado—. Yo me preocuparé de cómo lo hago realidad.
—¿Y si te pidiera una estrella? ¿Cómo me la darías?
Draco rodó los ojos y tomó la mano del Gryffindor para que pasara los dedos por la sortija que llevaba en el dedo anular.
—Ya tienes una jodida constelación, Harry —resopló el Slytherin—. Lyra es una constelación, tarado.
—Pero Lyra no existe.
—¡Potter! ¡No seas exigente! —el rubio chasqueó la lengua y miró el techo, rogando por tener más paciencia—. Bien, confórmate con la constelación de Draco y duérmete.
Harry le soltó la mano y se removió para buscar una posición cómoda, manteniendo el límite del almohadón. El rubio cerró los ojos y trató de no pensar en el cuerpo casi desnudo de su estúpido y jodido esposo.
—Tengo un deseo —mencionó el auror luego de unos segundos—. Cuando volvamos a Inglaterra, sigamos durmiendo juntos.
—No te vas a aprovechar de mí, Potter —respondió indignado.
El Gryffindor intentó ahogar una risa contra la almohada, aunque Draco aún podía escucharlo. El Slytherin le dio la espalda al auror, sintiéndose ofendido, e intentó dormir. No lo logró, podía notar los movimientos del auror buscando una mejor posición. No se sorprendió cuando el cuatro ojos rompió el silencio:
—Siempre sabes qué hacer cuando la cabeza me empieza a doler o tengo pesadillas. Si te soy honesto, me siento seguro a tu lado —Harry se calló abruptamente y chasqueó la lengua—. Mi yo de la escuela me odiaría por confiar en Draco Malfoy.
El Slytherin dio media vuelta para quedar de frente al auror, subió una mano y acarició la mejilla rasposa por la falta de afeitado. Harry ladeó el rostro y besó la palma pálida. Draco sintió que estaban cruzando un límite que no debían y que ni siquiera el almohadón entre ellos les iba a ayudar. Quitó la mano y la metió bajo las sábanas.
—Acepto si me dejas redecorar la habitación —dijo, tratando de que las cosas volvieran a su lugar.
El auror soltó un bufido.
—Bien, tenemos un trato.
¡Muchas gracias por leer!
¿Qué les pareció? Ahora se tuvieron que unir más como familia y pareja... También vimos que Draco anda teniendo conflictos de interés (?) y que Harry está muy dispuesto a ayudarlo c:
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
