El lunes Helga llegó temprano a la escuela y regresó a su puesto habitual. Cuando su amiga llegó con Gerald, le pidió que la acompañara un momento y fueron al baño de chicas. Le entregó a Phoebe su carta, quien la leyó con atención y la guardó de inmediato.

–Helga... gracias–dijo Phoebe y la miró un segundo– ¿Puedo abrazar...te?

Cuando terminó de decirlo, su amiga estaba apretándola con fuerza.

–En verdad lo siento–murmuró Helga.

–Está bien–dijo Phoebe–. Yo también lo siento. No volveré a espiarte

–Y yo no volveré a esconderte algo así. Y bueno–Se apartó y miró el suelo.–, no necesito explicarte por qué no me atreví a decírtelo

–¡Pero ahora tienes que contarme todo!

–Está bien – dijo riendo –. Después de clases, en tu casa ¿sí?

–¡Claro que sí!

Phoebe volvió a abrazarla.

Al regresar al salón, Gerald las miraba preocupado, hasta que su novia le sonrió y él entendió que se habían arreglado. No sabía si estar tranquilo o molesto por eso.

Las chicas compartieron los descansos e incluso fueron juntas a buscar los discos que Steve quemó.


...~...


Helga le había dicho a Brainy en donde encontrarse a la hora de almuerzo, así que luego de ir por unas galletas de las maquinitas, se encaminó al lugar. Lo saludó con un gesto indiferente y luego de verificar que nadie los notaría, subió ella primero y lo esperó tras la puerta. Minutos después, él la siguió, Helga lo hizo pasar y de inmediato presionó el botón de la cerradura para que nadie más fuera a entrar. Abrazó al chico y lo besó con intensidad. Estaba segura que hacer cosas a escondidas era parte de lo que disfrutaba de eso.

Subió con él a la azotea y lo llevó hasta la otra puerta, la que tenía la escalera doble. Ahí dejó la puerta que daba a la azotea abierta, bloqueándola con su mochila y se sentaron a charlar a la sombra. Ella estaba unos peldaños más abajo, entre las piernas del chico y él jugaba con su cabello.

–¿Ya te sientes mejor?–Preguntó Brainy, preocupado.

–Sí–Helga sonrió.–. Ayer me la pasé en cama y Miriam me preparó algunas cosas que sabían horrible, pero parece que funcionó

–Increíble

–Tal vez tuve suerte –dijo la chica con una risita–. O tal vez tus defensas son del asco

Brainy recordó como tuvo que obligarla a regresar a casa apenas llegó al parque el sábado. Ella evidentemente estaba mal. Le dijo que no se le ocurriera salir al día siguiente y ella prometió cuidarse, pero el domingo de todos modos él fue al parque y esperó un rato, por si a su novia se le ocurría hacer una tontería.

«Novia...»

–Me alegra que hayas sido obediente–dijo con una sonrisa.

–No te emociones, no se repetirá–contestó ella, girándose un poco para mirarlo con una mezcla de molestia y orgullo.

Brainy sonrió y la besó. Cuando se apartaron él volvió a jugar con su cabello.

–Creo que debo actualizarte sobre la semana pasada

–¿Qué ocurrió?

–Fue del asco, peeeeero tengo una buena noticia... creo...

Helga procedió a contarle en detalle la situación con su grupo de amigos.

–Debió ser incómodo

–Ya pasó lo peor. Entonces... –Añadió, dudando un segundo.– Phoebe ya lo sabe. Me refiero a que sabe que tú y yo salimos. Y los chicos saben que salgo con alguien

–¿Estás bien con eso?– dijo él.

–¿Lo estás tú?

Brainy asintió.

–Creo que es justo si quieres decirle a alguien–Continuó Helga.

–Te molestaría

–Un poco

«Mucho»

–No hace falta–Enredaba los cabellos de la chica entre sus dedos y luego los dejaba caer, observando como los espirales se desarmaban.–. Además, mis padres saben y los tuyos no

–¿Estás bien así?

El chico asintió otra vez.

–Gracias

La sonrisa de Helga era algo que él atesoraba. La notó más relajada y tranquila. Para otras personas el descanso que ofrecía la proximidad de las vacaciones podría ser una razón suficiente, pero él sabía que el panorama de pasar más tiempo en casa no era lo mejor para ella. Esa expresión en su rostro tenía otra causa, más interna. Ocultarle el secreto a su amiga no estuvo bien, ahora parecía liberada de un tormento. A Brainy le gustaba conocer esos detalles.

–Helga...–dijo él, pensativo.

–¿Sí?

–¿Qué harás este verano?

–No lo sé. Tal vez me arrastren una semana a la playa y tal vez vaya a casa de Phoebe unos días. ¿Y tú?

–Umh... cosas... –Evadió su mirada.

Ella se apartó para mirarlo de frente.

–Dime

Brainy jugaba nervioso con sus dedos.

–¿Saldrás de la ciudad?

Negó.

–¿Tienes algún plan?

Negó otra vez.

–¿Quieres que hagamos planes?

Asintió.

Helga se acercó y le dio un beso en la comisura de los labios.

–Claro que sí, tonto–Sonrió.–. Después de todo... estamos saliendo. ¿Tienes algo en mente?

Asintió otra vez.

–¿Quieres contarme ahora?

Negó.

–Está bien, cuéntame cuando quieras. Te diré de los planes del clan Pataki cuando los conozca

La chica se levantó, sacudiendo su pantalón. Le entregó al chico las copias de las llaves que había hecho.

–Las pequeñas son de las puertas que dan al pasillo, las grandes de las puertas de la azotea. Las doradas son de este lado, las plateadas del otro. Tú baja por aquí, yo bajaré por allá. Nos vemos en la tarde, en nuestro lugar del parque ¿sí?

Brainy asintió, tomando las llaves y guardándolas en su bolsillo. Helga le dio un último beso y subió a la azotea para caminar hasta el otro lado de la escuela.

El chico la observó desde la puerta hasta que la vio entrar y luego bajó también. Otro plan loco. Le agradaba.

El timbre sonó cuando cerraba la puerta y él regresó primero al salón, la chica llegó apenas segundos antes que la maestra y se sentó en su puesto charlando con Phoebe. La asiática volteó a mirar a Brainy y le sonrió antes de poner su atención al frente. Entonces era verdad que Phoebe sabía. Le animó un poco confirmarlo.


...~...


Las semanas que quedaban fueron bastante relajadas para la mayoría. Entregando las últimas tareas, ya sin exámenes, emocionados por los planes de vacaciones y por lo que significaba pasar a preparatoria. Incluso la «estúpida obra» que Eugene y Curly prepararon no estuvo tan mal (y los libró de una tarde de clases, lo que la mayoría agradecía).

El último día, Rhonda pidió a las chicas de la clase si podían darle unos minutos y le dijo a Gerald, que fue el último de los chicos en salir, que cerrara la puerta.

–Tengo que contarles algo–dijo Rhonda.

–¿Qué pasa, princesa?–dijo Helga, que solo quería irse.

–Me trasladaré a una escuela privada

Nadine casi de inmediato comenzó a llorar.

–Cielos... –Lila la miró con preocupación– ¿Por qué?

–Mis padres quieren que tenga otras... oportunidades

–Espero que sea un lugar agradable–dijo Sheena.

–Tendrás muchos desafíos académicos–comentó Phoebe.

–¡Llegarás a imponer estilo!–La animó Lila.

–No quieres irte, ¿cierto?–dijo Helga, poniendo su mano en el hombro de Rhonda.

La alta chica del cabello negro la miró. Los sollozos de Nadine eran lo único que interrumpía el silencio que las demás hicieron.

–No quiero irme–Admitió Rhonda, bajando la mirada.

–Eso apesta, pero supongo que tus padres no te dejaron opción. Te irá bien, sabrás arreglártelas.

–Gracias, Helga

–¡No quiero que te vayas!–Nadine no resistió más y la abrazó, llorando escandalosamente.

–Ya, ya, aún podremos vernos los fines de semana

–Pero no será lo mismo sin ti

–Tranquila, Nadine–Lila le acarició la espalda.–. Nosotras cuidaremos de ti, ¿cierto chicas?

Todas las demás asintieron, excepto Helga.

–La escuela está un poco lejos, así que no creo que podamos vernos después de clases, pero no quiero perder el contacto con ninguna de ustedes–Miró a Helga, que rodaba los ojos.–. Eso te incluye, Pataki

–Me siento honrada con tu real consideración–Añadió con sarcasmo.

–Como sea–Rhonda volvió su atención a las demás.–. Mis padres me dejaron hacer una fiesta de despedida. Están todas invitadas. Habrá botanas, música y juegos. Pueden quedarse toda la noche y habrá un almuerzo especial al día siguiente. ¿Qué dicen?

–¡Claro!–Fue el coro general.

–También invitaré a Patty, si no les molesta

–Claro que no es molestia – dijo Lila.

–¿Helga?

–¿Por qué me molestaría? –respondió la aludida, confundida.

–Porque una vez casi te mata

–Me lo busqué–Se encogió de hombros.–. Ya estamos bien

Rhonda sacó de su bolsillo varias tarjetas.

–Esta es la invitación, para que no olviden la fecha. No tienen que llevar nada, solo quiero verlas ahí... yo... –Empezó a ahogar sus palabras y sus ojos se anegaron.–¡Las voy a extrañar!

Dejó escapar su llanto, abrazando a Nadine y el resto de las chicas la acompañó en un abrazo grupal, al que Phoebe tuvo que arrastrar a Helga, que sentía que ese era un escándalo innecesario y en consecuencia no tuvo la iniciativa de unirse al grupo. Rhonda no vivía tan lejos, podían seguir viéndola. No era que se fuera a otro país o algo parecido.

Cuando Rhonda y Nadine se calmaron un poco más, Lila les ofreció pañuelos desechables y todas aseguraron que irían a la fiesta, incluso Helga. Lo que Rhonda agradeció con una sonrisa sincera. Luego de eso se despidieron y salieron del salón, deseándose lindas vacaciones unas a otras.

–¿Están bien?–dijo Gerald, preocupado–. Las escuché llorar–le murmuró a Phoebe cuando la mayoría se retiró.

–Sí, todo bien, solo un momento de catarsis femenina colectiva–La chica le sonrió y luego miró a su amiga.– ¿Verdad, Helga?

–Sí, algo así

–Parece que a ti no te afectó

–Ni lo de catarsis, ni lo de colectivo–Se encogió de hombros.

–Clásico

–¿Caminamos a casa?– dijo Phoebe.

–Sí, vamos–dijo Helga, luego miró a Arnold que estaba apoyado en un muro.– ¿Vienes, cabeza de balón?

El chico levantó la mirada.

–Sí –dijo con una sonrisa triste.

El grupo se dirigió a la salida y Helga vio que Brainy seguía en uno de los pasillos, sacando las últimas cosas de su casillero.

–Olvidé algo.–dijo–¿Me esperan afuera?

–Está bien, pero no tardes–dijo Gerald.

Phoebe había notado a Brainy, así que le sonrió y tomando a cada chico por un brazo, los arrastró a la salida.

–¿No les encanta que estemos de vacaciones? ¡Tiempo libre! ¡Tengo tanto por leer!

–¡El mejor día del año!–dijo Gerald, entusiasmado.

–Sí–Añadió Arnold, mirando hacia atrás, viendo desaparecer a la rubia por un pasillo.


...~...


Con cuidado Helga se acercó a su novio.

–Ey – dijo, mirando alrededor.

Brainy le sonrió, terminando de guardar sus cosas en su mochila.

–¿Ya vas a casa?–dijo él.

–Sí ¿Y tú?

–Tengo cosas que hacer

Helga sostenía los tirantes de su mochila, nerviosa. Volvió a mirar en todas direcciones, pero no quedaba nadie en la escuela. Se acercó y le dio un beso en los labios.

–Nos vemos en la tarde–dijo al apartarse.

Brainy asintió. Ella se dio la vuelta y se alejó con paso seguro, mientras él se quedó mirándola. Le parecía hermosa.


...~...


La chica se detuvo justo antes de salir, respirando profundamente para calmarse.

–Ok, Helga, nadie te vio–se dijo.

Atravesó la puerta y divisó a sus amigos. Phoebe volvió a sonreírle y Helga asintió como respuesta.

–En marcha–dijo.

–¿Entonces qué harán estas vacaciones? –dijo Phoebe.

Cada uno comentó sobre lo que quería hacer y lo que sus familias planearon, Phoebe y Gerald con entusiasmo, Arnold con resignación y Helga con algo de apatía.

En el camino Helga decidió que ya estaba harta de la actitud de Arnold. Se acercó a Phoebe.

–Johanssen, préstame a tu novia un momento–dijo, sujetándola del brazo.

–¿Se puede saber para qué?

–Cosas de chicas–dijo, sacándole la lengua.

Phoebe reía mientras soltaba a su novio y se adelantaban media cuadra.

–¿Qué pasa, Helga?–dijo.

–¿Puedes... –Comenzó a susurrar en su oído.– darme una excusa para quedarme a solas con... –Dirigió una rápida mirada hacia atrás, sin voltear del todo.– ya sabes? Solo unos minutos. Quiero arreglar algo

–¿Segura?

–Sí

Helga y ella se detuvieron y la más alta se apartó.

–Toda tuya–dijo, haciendo una teatral reverencia a Gerald.

–¿Qué tanto secreteaban?–Preguntó Gerald.

–Nada que sea de incumbencia

–¿Bebé?

–Lo que Helga dijo–respondió Phoebe con una risita.

–Chicas–dijo Gerald, rodando los ojos.

Cuando pasaron por Slausen's Phoebe jaló el brazo de su novio.

–Compremos helado–dijo con entusiasmo.

Los otros tres miraron el local.

–Me parece bien–Comentó Helga, encogiéndose de hombros.

–Hay demasiada gente–dijo Gerald.

–Podemos pedir para llevar. Podemos sentarnos en el parque–Insistió Phoebe mirando a Gerald con ternura.–. Por favor, bebé

–Está bien–Aceptó él, resignado. No podía resistirse a esa mirada.

–Vamos–dijo Arnold.

–Mejor esperen aquí, cuatro manos son suficientes–dijo Phoebe–. Helga, ¿qué sabor quieres?

–Chocolate–Respondió la chica, pasándole a su amiga un par de billetes.–. Con crema y una cereza arriba

–¿Arnold?

–Lo mismo estará bien–dijo el chico, también entregando algo de dinero.

–Vamos

Phoebe arrastró a Gerald dentro del local y se perdieron en la multitud de gente que hacía fila para comprar. Los rubios se miraron con incomodidad. Helga buscó un lugar a la sombra donde esperar y con un gesto se lo señaló al chico para que la acompañara. Una vez allí se apoyó contra el muro, con las manos en los bolsillos.

–¿Cómo está tu mejilla?–preguntó ella.

–Ya está bien–dijo.

Ambos miraron el suelo. Helga tomó aire un par de veces, pero no pudo decir nada hasta el tercer intent.

–Lo siento–Su voz sonaba sincera.–. No debí hacer eso, pero me sacaste de quicio

–Yo soy quien debiera disculparse. Me lo advertiste más de una vez... solo... no pensé...

–¿Qué fuera capaz de golpearte?

–Me tomó por sorpresa que realmente lo hicieras

–Lo siento, trataré de no repetirlo

–Trataré de no hostigarte

Los dos suspiraron, mirando a la distancia.

–Quería disculparme por todo, en realidad–Continuó el chico.–. No debí hacerlo, pero no pude evitarlo. Me importas mucho más de lo que piensas–La miró a los ojos.–y quiero que estés bien

Helga pestañeó perpleja. Y Arnold pudo ver por un segundo esos gestos que tenía antes que se distanciaran, fue solo un instante.

–¿Tú no habrías hecho algo loco o estúpido por alguien que te... importa?–Añadió él, bajando la mirada.

«Si solo supieras, tonto cabeza de balón»

–Como dije, soy la reina de los planes locos–Contestó Helga con una sonrisa.–, así que aprecio el esfuerzo

–Gracias

Arnold dudó un momento y luego la miró otra vez.

–Helga

–¿Sí?

–¿Podemos volver a ser amigos?

–Supongo que sí–Le sonrió.–. Podemos volver a ser amigos, pero no vuelvas a meterte en mis asuntos

–¡Gracias, Helga!–Arnold la abrazó en un impulso y ella se congeló.

Ese abrazo causó un leve cortocircuito en todo su ser, pero retomó la compostura de inmediato. No quería... NO debía... NO podía sentirse así.

–¡Ey!–dijo empujándolo– ¿Quién dijo que podías tocarme?

–Lo lamento–Se apartó.–. Creo que me dejé llevar–Añadió rascando su nuca, avergonzado.

Se quedaron mirando los autos pasar, mientras sus amigos compraban.

Phoebe y Gerald vieron todo desde el interior del local y se sonrieron mutuamente. Incluso si sus mejores amigos no estaban juntos, para ellos era importante que se llevaran bien.

Con los helados en su poder, salieron y caminaron hasta el parque para comer lo poco que aún les quedaba bajo la sombra de un árbol, donde se quedaron conversando el resto de la tarde.

–Bueno, chicos–dijo Helga poniéndose de pie–, hora de irme

–¿Te acompañamos a casa?–dijo Arnold.

–No. Tengo una cita–Les dedicó un guiño y se retiró.

Los tres que se quedaron se miraron entre sí.

–Phoebe... –Comentó Arnold.– ¿En verdad tiene una cita?

–Sí, es cierto

–¿Sabes quién es?

–Así es

–¿Y está bien?

–Sí, está bien

–Gracias

Arnold sonrió con tristeza, pero le daba tranquilidad. Si Phoebe aprobaba a esa persona, entonces él no iba a cuestionar más. Si Helga quería o no decirlo, era su problema y él debía aceptar hacerse a un lado.

Era su amiga y eso significaba que debía confiar en ella.

Helga Pataki era su amiga.

Y eso de alguna forma debía ser suficiente.