Lila despertó con el calor matutino. Estaba un poco mareada. Intentó sentarse, pero de inmediato desistió. Le dolía la cabeza y tenía el estómago revuelto. Odió esa sensación. Giró a su izquierda y se encontró con Helga. Algo en su amiga -seguía procesando eso- tranquila, dormida, respirando con calma, le transmitía paz. Se quedó varios minutos admirando sus pestañas, nunca antes se había fijado en lo largas que eran. Y ahora que al parecer había empezado a cuidar su cabello se veía sedoso, aunque tenía algunas puntas partidas y a veces tenía algo de friz, supuso que no sabía qué productos eran los más adecuados.

–Ay no–dijo Nadine–. Mi cabeza

–No hables tan fuerte–dijo Rhonda.

–Y eso pasa con el alcohol–dijo Patty con un tono que indicaba "se los dije"

–Beban–dijo Sheena, que se había acercado con una botella de agua para cada una.

Helga despertó en ese momento y Lila se sentó de golpe, abrazando sus piernas.

–Cielos... tengo náuseas–dijo la pelirroja– ¿Esto es normal?

Patty la ayudó a ponerse de pie y la acompañó al baño.

Helga rodó para ver a su mejor amiga.

–¿Cómo estás, Pheebs?

–Ciertamente no en mis mejores condiciones–dijo la chica sin siquiera abrir los ojos–. Nunca volveré a beber

Sheena también les acercó agua.

–Gracias–dijo Helga, sentándose con cuidado.

Después de ver como reaccionó Lila con el movimiento brusco, pensó que era buena idea tomárselo con calma, aún así bebió casi toda la botella de inmediato, mientras Phoebe bebía pequeños sorbos sin moverse de su lugar.

Helga abrió el saco de dormir, porque el calor era demasiado. Estaba completamente empapada en sudor y apestaba.

–Oye, princesa ¿Puedo tomar una ducha?

–En cuanto Lila desocupe el baño–dijo Rhonda.

–Tendrás que esperar–dijo Nadine, poniéndose de pie–, porque yo también... –Contuvo una arcada.

–Oh no–Sheena se acercó a ella para ayudarla a levantarse.

–Vayan al baño de invitados–dijo Rhonda.

Las chicas salieron de la habitación y Rhonda se dejó caer en la cama.

–Esa fue una idea estúpida. Recuérdenmelo la próxima vez que lo sugiera

–Anotado–dijo Phoebe.

–Beber es estúpido–dijo Helga–. Aunque fuera de eso, fue una gran fiesta

–¿Entonces estamos de acuerdo en que ninguna de nosotras volverá a beber hasta la graduación?–dijo Rhonda.

–Me gustaría ver eso–dijo Patty de pie en la puerta del baño–. La mayoría de la gente no aguanta tanto

–¡Pero si se siente fatal!

–Bueno, chica, espero que recuerdes eso la próxima vez que te estés divirtiendo y te ofrezcan alcohol

–Oh, lo recordaré... –Cerró los ojos y se cubrió hasta arriba– ¡¿Por qué el sol brilla tanto?!–Se quejó bajo las tapas.

–Traeré más agua–dijo Patty, saliendo de la habitación.

Lila se asomó unos segundos después.

–Rhonda... ¿podrías... prestarme algo de ropa?

–Claro, ¿quieres ducharte?

–Si fuera posible

–Saca una toalla del armario en el baño, te llevaré algo que ponerte... –La chica se levantó con esfuerzo, sujetando su cabeza.–. Demonios

–Espera, te ayudaré–dijo Helga, poniéndose de pie lentamente.

La rubia no se sentía tan mal, aunque le dolía un poco la cabeza.

Abrió el armario de Rhonda y miró la enorme cantidad de prendas.

–Cualquiera de tus vestidos le quedará bien–Comentó.– ¿Cuál le llevo?

–Hay uno celeste a la derecha–Indicó Rhonda con una mano, mientras con la otra se sujetaba la cabeza.

Helga repasó un par de veces la sección, intentando distinguir entre las muchas telas, hasta que dio con una azul claro. Lo sacó y se lo enseñó.

–¿Este?

–Sí–Rhonda intentó asentir, pero eso solo empeoró su dolor de cabeza, obligándola a cerrar los ojos y sujetarla entre sus manos.

Helga se acercó al baño y tocó la puerta.

–Pasa–dijo Lila desde adentro.

Estaba arrodillada junto al retrete, con una rápida cola de caballo y su vestido se había manchado.

–Oh, rayos–dijo Helga, acercándose– ¿Necesitas ayuda?

–¿Cómo es que tú estás bien?

–Tal vez porque trago comida como camionero–Se encogió de hombros.–. O porque bebí más agua que ustedes antes de dormir

«Definitivamente no por mi genética... ¿o tal vez sí?»

La ayudó a levantarse. Lila desabotonó su vestido, mientras Helga sacaba una toalla del armario y se la alcanzaba.

–Estaré en la puerta. Grita si necesitas ayuda–dijo la rubia.

–Espera, Helga ¿Puedes... quedarte? No me siento bien

–Como sea–Le dio la espalda cruzando los brazos.

Lila terminó de desvestirse y se metió a la ducha, jugó un poco con la llave hasta regular la temperatura.

Helga estaba incómoda. No quería quedarse sin hacer nada. Recogió el vestido y comenzó a limpiarlo con papel higiénico para quitar un poco del vómito. Luego le puso algo de jabón, abrió el agua fría del lavamanos y comenzó a restregar. Recordó que no era la primera vez que hacía algo así y sintió un dejo de ira creciendo en su pecho. Intentó calmarse. Miriam ya no era esa persona y definitivamente Lila no sería esa clase de persona.

Cuando escuchó que el agua dejaba de correr Helga le dio la espalda a la ducha otra vez. La pelirroja tomó la toalla y se secó y vistó detrás de la cortina. Al salir notó lo que Helga había hecho.

–Gracias–dijo, tomando su vestido húmedo.

La rubia se encogió de hombros y la ayudó a regresar a la habitación. Lila se sentó en la cama, junto a Rhonda y Phoebe. Patty le pasó una botella con agua a la pelirroja, quien le sonrió como respuesta y bebió lentamente.

–Tomaré un baño–Anunció Helga.–. A menos que una de ustedes necesite ir con urgencia...

–Yo–dijo Phoebe, levantándose de golpe. Pésima idea.

Helga la sujetó y la ayudó a llegar, quedándose afuera, pero junto a la puerta, por si la necesitaba.

Después de lavar sus manos y su rostro, Phoebe se sintió un poco mejor y salió del baño con una expresión más calmada y compuesta.

–¿Princesa?–preguntó Helga.

–No quiero moverme–dijo Rhonda.

–Te van a regañar–dijo Patty.–. Bebe más agua... bien... y luego tomarás un baño

–Sí, mamá–dijo con un tono familiar para todas.

Helga desde el baño se rio despacio de que repitiera su broma, mientras se desvestía para meterse a la ducha. Agradeció que Rhonda tuviera un baño en su cuarto, era cómodo.

Sacó una toalla del armario y abrió el agua helada para despertar. En cuanto se sintió mejor, cerró el agua, se secó, envolvió su cabello en la toalla y se vistió para reunirse con las demás.

Nadine y Sheena ya habían regresado. Las chicas tomaron turnos para ducharse y estar un poco más presentables a la hora de la comida.

La sirvienta tocó la puerta.

–Señorita Lloyd–Llamó.

–¿Sí?

–Dicen sus padres que la esperan a usted y sus amigas en el comedor en quince minutos

–¡Gracias!–Rhonda abrió la puerta.– ¿Podría hacerme un favor?

–¿Sí, mi pequeña?–dijo la mujer, con afecto.

–Mis amigas necesitan esta ropa lavada y seca antes de irse ¿podría?

–No hay problema–La mujer recibió la ropa de Lila y Nadine.–. Estará para después de la comida... supongo que jugando derramaron sus bebidas–Le guiñó el ojo.

–Sí, exactamente–dijo Rhonda–. Gracias

La mujer se retiró. Nadine usaba un conjunto de su amiga, una falda a cuadros color crema y una blusa roja.

–¿Entonces esa será nuestra excusa?–dijo Lila.

–Sí, estábamos jugando y sin querer dieron vuelta sus bebidas–dijo Rhonda– ¿Estamos todas de acuerdo?

–Sí–dijo Helga.

En general ya todas se veían un poco mejor. Podían atribuir el mal estado a que se durmieron a las cinco de la mañana y ninguna de ellas era precisamente el tipo de chica fiestera, así que tenía algo para reforzar la historia de la ropa. Sumado a "no acostumbramos dormir en el suelo", parecía una buena coartada.

La comida con los padres de Rhonda estuvo tranquila. Por fortuna no preguntaron nada, ya sea que no les importaba o que no querían saber, pero las adolescentes agradecieron la omisión.

El banquete fue variado y cada una pudo elegir qué comer. Durante el postre los adultos agradecieron la amistad que tenían con su hija, diciendo que esperaban que encontrara al menos una o dos personas tan agradables como ellas en su nueva escuela.

Luego de comer, volvieron a la habitación de Rhonda, dispuestas a guardar los sacos de dormir, pero se encontraron con un lugar ordenado y la ropa de Nadine y Lila sobre la cama.

Las chicas se cambiaron. Nadine dijo que se quedaría el resto del fin de semana con su amiga, mientras las demás se despedían.

Una vez fuera de la casa, Patty y Sheena se alejaron de inmediato para dirigirse a la parada de autobús.

–¿Irás a ver a Olga?–dijo Phoebe a la rubia.

–Sí–Se encogió de hombros.

–Helga–Con un movimiento de sus ojos apuntó a la pelirroja.

La rubia dio un largo suspiro y luego volteó.

–Lila ¿quieres acompañarme?

–Oh, cielos... –Respondió, sorprendida–. Yo... no me siento capaz...

–¿Estás segura? Es una oferta única, tal vez no vuelva a visitarla hasta navidad, o nunca, si de mi depende–dijo con una sonrisa torcida.

–Está bien, vamos–Respondió con entusiasmo– ¿Y tú qué harás Phoebe?

–Tomaré el autobús a casa, necesito ropa limpia, tengo una cita más tarde–Sonrió.

Helga olió su camiseta y se encogió de hombros. Iba a ver a su hermana, no al papa. ¿Qué importaba si su ropa olía un poco a sudor?

–Nos sirve el mismo autobús–dijo, acompañando a Phoebe a la parada.

Las tres subieron charlando entretenidas. Cuando Phoebe bajó, entre las dos restantes se instaló un incómodo silencio.

Helga miraba por la ventana, pendiente de las calles. No estaba segura de cómo llegar a la casa de su hermana y solo había ido una vez con su madre, en el auto, cuando su hermana estaba de Luna de miel y le llevaron las últimas cosas que quedaban en la residencia Pataki.

Mientras Lila intentaba hacer conversación, la rubia le respondía monosílabos.

Cuando bajaron, Helga estaba un poco desorientada hasta que reconoció un almacén.

–Es por acá–dijo.

–Gracias por invitarme, Helga...–dijo Lila de pronto–, pero... ¿estás segura de que no te molesta mi presencia?

–Claro que no, te veo todos los días en la escuela, ya soy inmune–Respondió.

–Oh...

Lila no supo qué más decir.

–Era una broma–La rubia la miró.–. No te detesto, así que cambia esa cara

–¿Lo dices en serio?

–Sí, simplemente no somos compatibles–Se encogió de hombros.–. Somos dos polos opuestos, princesa... tú eres toda delicadeza, buenos modales y amabilidad, yo soy rudeza, groserías y sarcasmo

Lila dejó escapar una risa cubriendo sus labios.

–Te queda bien el cabello suelto–dijo luego de un rato.

–Gracias... y a ti te queda bien la coleta que tenías cuando entré al baño

–Oh, eso... lo hizo Patty para que no ensuciara mi cabello.

–Te viene–Se encogió de hombros otra vez.–. Y espero que nadie se entere que estoy siendo amable contigo

–No me atrevería–Volvió a reír.

Caminaron un poco más en silencio, pero menos incómodas.

–Aquí es

Helga tocó el timbre y unos minutos después salió Olga a recibirlas, contenta.

–¡Hermanas!–dijo abriendo la puerta– ¡Que grata sorpresa!

Las abrazó a ambas, Lila le correspondió, mientras Helga se tensó, tratando de resistir el impulso de apartarla.

La señora Miller las invitó adentro y les enseñó la casa. Era un espacio más que suficiente para la pareja: Una linda cocina, un comedor, una sala, la habitación principal, otra de invitados y una más pequeña que ocupaban como oficina. El patio era lindo y tenía un árbol. Olga les ofreció jugo y se sentaron las tres afuera, a la sombra. Conversaron sobre cómo iban las cosas. Olga y Lila hablaron bastante, mientras Helga medio escuchaba, recordando constantemente por qué no las soportaba y haciendo uso de toda su fuerza de voluntad y sus años de terapia para no salir corriendo. Intentó involucrarse un poco en la conversación, pero estaba claro que ella no encajaba ahí ni a la fuerza.

Después de un rato decidió ir al baño y se tomó más tiempo del necesario para calmarse y regresar intentando mantener una postura afable. Falló miserablemente apenas quince minutos después. Pero por suerte para ese momento llegó el señor Miller, quien fue a saludar a las chicas. Olga lo invitó a sentarse con ellas y el hombre aceptó, sacando una cerveza del refrigerador. Helga notó un claro parecido con algunos gestos de Bob y sintió un poco de repulsión instintiva.

El hombre les contó con entusiasmo anécdotas de cuando estaba en la universidad, con comentarios de Olga del tipo "¿No es maravilloso?" y "Tengo tanta suerte de haber encontrado a un hombre así"; y otros de Lila en plan "¡Guau! Ni siquiera sabía que eso existía". Helga hizo su mejor esfuerzo por no vomitar. A eso de las cinco treinta dijo que debían irse.

–Gracias por la visita, hermanitas–dijo Olga, entusiasmada.–. Pueden venir cuando quieran

–Sí, claro–dijo Helga, con las manos en los bolsillos, encogiéndose de hombros.

–Muchas gracias por recibirme sin aviso–dijo Lila–. Fue un placer visitarlos–. Le hizo un gesto amistoso al esposo de Olga, que él respondió con un asentimiento.–y estaré encantada de volver con Helga en otra oportunidad, ¿verdad, Helga?–Le dio un suave codazo.

–Claro, claro, como sea–Respondió la aludida.

Olga comenzó a llorar.

–Me hace muy feliz ver que por fin se llevan bien–Las abrazó.

–No es para tanto, Olga, cálmate

–Es que yo...

–Helga, tu hermana está emocionada, está bien–Lila abrazó a Olga y le dio palmaditas en la espalda.–. Sabemos que es importante para ti, así que lo estamos intentando llevarnos bien. A pesar de nuestras diferencias, las dos te queremos

–Aunque me cueste admitirlo, tiene razón–dijo Helga, mirando en otra dirección.

Tanto Lila como Olga sonrieron. Se despidieron y las dos jóvenes se alejaron, de regreso a la parada del autobús.

–Gracias de nuevo, Helga – dijo Lila.

–Ni lo menciones... en serio... NUNCA lo menciones–dijo Helga.

–Claro–Lila cubrió sus labios mientras reía.

Helga cruzó los brazos en el respaldo del asiento delante de ellas, que estaba vacío y luego apoyó su cabeza, mirando a su amiga. Ella y Lila hablaron de los planes para el resto de las vacaciones. Se levantó en cuanto pasaron por el parque Tina.

–Esta es mi parada, campirana–dijo.

–Que te vaya bien, Helga

La miró extrañada unos segundos. Sabía que la rubia no vivía por ahí, pero no quiso preguntar.

–Que llegues bien–Añadió, con una media sonrisa.

En cuanto Helga bajó, Lila sintió una extraña soledad. No era un sentimiento común. Quizá era porque había pasado casi 24 horas seguidas con sus amigas y eso no era habitual. También porque era raro que pasara tanto tiempo con Helga sin que fuera una especie de trato retorcido. Aunque en cierto modo Helga la utilizó para no estar a solas con su hermana, así que seguía en la misma categoría de instrumentalización. Suspiró y trató de no darle muchas vueltas, conformándose con la idea de al fin ser amiga de Helga G. Pataki.