NOTAS:
La fiesta de Rhonda: Sangre, sudor y lágrimas.
Disfruten.
...~...
–¡Helga! Por favor–Rogó Phoebe por teléfono.
–¡No iré!–dijo la rubia– Y es mi última palabra
–Pero...
–No tengo un disfraz
–¡Vamos, eres tú! Podrías inventar un disfraz en quince minutos y hacerlo interesante
–¡Pero!
–Pasaré por ti en una hora y más vale que estés lista
«Rayos»
Helga miraba la ropa sobre su cama. Sí, tenía un disfraz, pero no quería usarlo. No quería salir, no quería ir. No estaba cómoda. Bastó un minuto a solas con el cabeza de balón y estuvo a punto de contarle que ya no salía con Brainy ¿Por qué? ¿Por qué quería que él lo supiera? Ni siquiera le había dicho a Phoebe.
Pero su amiga tenía razón, ella podía inventar un disfraz en minutos. Además, quizá era un buen momento para aprovechar de hacerle una broma a sus compañeros... ¿por qué no? Perdió el día de los inocentes porque fue en fin de semana y no pudo ir al baile, porque estaba muy ocupada con los preparativos de la boda de Olga, así que... Bien ¿Cuál era el plan de esa noche? No podía arruinar la fiesta de Rhonda, porque la princesa Lloyd la mataría si lo hacías, así que tenía que decirle qué quería hacer o al menos evitar que se viera involucrada.
Mientras le daba los toques finales a su disfraz, se le ocurrió una broma. Fue a la cocina y sacó lo que necesitaría, preparando sus provisiones. En el garaje encontró las otras cosas que necesitaba. Cuando terminó de reunir y preparar su broma le quedaban veinte minutos para arreglarse y disfrazarse. Tomó una ducha rápida y dejó su cabello desordenado cayendo a su derecha y el flequillo cubriéndole el ojo izquierdo. Acomodó su disfraz y los últimos detalles.
– Bien, esto es perfecto–dijo revisando otra vez que todo estuviera en su lugar–. Ya verán
Un plato roto la sacó de sus pensamientos. Los gritos de Bob volvieron a llenar la casa. Suspiró y cerró los ojos, intentando ignorarlo, pero la cantaleta continuaba. Miriam parecía responder de vez en cuando con un tono indiferente al principio, luego complaciente y finalmente temeroso.
Helga tomó su sombrero, su bolso y bajó la escalera con precaución. Logró captar algunas palabras. Algo sobre una mala esposa y la comida recalentada. Algo sobre el trabajo y los horarios. Algo más sobre que debía cumplir con su deber.
Salió para esperar a Phoebe. No era su problema, no quería volverlo su problema y si tan solo se atrevía a preguntar, podía desde perder su oportunidad de salir hasta terminar involucrada en la discusión de alguna forma. No iba a arriesgarse.
Vio a su amiga acercarse y caminó hacia ella.
–Guau, Helga, te ves espectacular–dijo la chica de lentes.
–Y en apenas una hora–Bromeó.
–Helga–dijo Phoebe arrastrando las letras y entrecerrando los ojos.
–Ya tenía preparado el disfraz
–¿Y por qué no ibas a ir?
–No quiero hablar de eso–Interrumpió, la miró de arriba a abajo.– ¿Y tú de qué vas?
La asiática lucía un hermoso vestido que parecía de la época victoriana o algo así, con un peinado como el de la princesa Leia decorado con un cintillo y flores.
–Soy Ada Lovelace–Explicó la chica entusiasmada.–. Fue una mujer inteligente y es considerada la primera programadora de la historia. Tomó el trabajo de Charles Babagge y predijo el funcionamiento de las computadoras cuando ni siquiera existían, creando algoritmos que permitieran cálculos complejos...
–Basta Pheebs, no pedí una clase de historia
–Lo siento, Helga
La rubia la miró.
–Solo bromeo–Le sonrió.–. Cuéntame más
–Bueno, Ada fue la única hija legítima del Poeta Lord Byron
–¿En serio?–La miró con interés, conocía al tipo.– ¿Ella también escribía poesía?
–Sí
–Interesante, una mujer brillante, perfecto para ti
–Gracias–Miró el bolso que Helga cargaba.– ¿Y qué llevas ahí?
–Una sorpresa
–No irás a arruinar la fiesta de Rhonda, ¿no?
–Me vi en la tentación, pero no, me contendré por hoy
–Helga
–Te prometo que no haré nada terrible...
–¡Helga!
–Confía en mí, Pheebs
...~...
Cuando llegaron a la casa de huéspedes, fueron recibidos por sus locos y raros habitantes, todos con disfraces. El abuelo iba de Frankenstein y la abuela de un soldado de la guerra civil. Ernie era un hombre lobo, el señor Hyunh se disfrazó de enfermero y el señor y la señora Kokoshka iban de zombies.
–¡Lindos disfraces!–dijo el abuelo– ¿Caramelos? –Les acercó un tazón rebosante de dulces.
–No, gracias–dijo Phoebe–. Veo que todos se esforzaron mucho
–Gracias, jovencita–dijo Suzie.
–Con su permiso–Añadió la chica.
–Adelante, señoritas–dijo el señor Hyung.–Tengan cuidado con las escaleras
Subieron a la azotea, donde ya estaban Rhonda con sus amigas de la nueva escuela a las que presentó. A Helga le incomodó un poco. El disfraz de Rhonda era de Jessica Rabbit y no había escatimado en maquillaje o relleno. Las otras chicas no se quedaban atrás, sus trajes estaban al límite de haber salido de una tienda para adultos. Sabía que eso pasaría eventualmente, pero se lo esperaba para un par de años más. Mientras Rhonda las presentaba, trató de ser neutral, porque tampoco era su maldito problema.
Helga se alejó del grupo y luego de sacar ponche para ella y Phoebe, se ubicaron en un rincón y comenzaron a mirar al resto de los asistentes.
Harold estaba disfrazado de un competidor de la lucha libre mexicana, con máscara y todo. Patty de She-Hulk, Curly se había pintado rayas de tigre y se paseaba en cuatro patas, dando saltos o actuando como un gato, Eugene tenía un traje de Hércules de Disney, Sheena era una novia zombi, Stinky de esqueleto y Sid vestía de negro, con un crucifijo, una biblia y una estaca.
«Y sigue con la tontería de los vampiros»
La rubia se rio para sus adentros.
Los chicos del equipo de baseball también fueron invitados, pero llegaron pocos, un par tenía disfraces de zombis, otro de hombre lobo y uno de Drácula. Nadine llegó en ese momento con un disfraz interesante: un vestido con un patrón que parecía una telaraña, con un poncho con el mismo efecto y un montón de arañas de plástico -o al menos Helga esperaba que fueran falsas–repartidas por todo el traje.
Pudo contar un Neo de Matrix, un espantapájaros, dos zombis más y otro hombre lobo, pero con chaqueta deportiva roja, que le sonaba de alguna serie o película cuyo nombre no venía a su memoria.
Pero el cabeza de balón no estaba por ningún lado. ¿Por qué? Después de todo era su casa, debía aparecer.
«Cálmate, Helga, ¿para qué quieres verlo? Tú solo pasa un buen rato, espera el mejor momento para hacer tu broma y luego te puedes ir»
Gerald se acercó en ese momento a saludar a Phoebe.
–¡Señorita Lovelace!–le dijo, haciendo una reverencia.
–¿Y tú qué eres?–dijo Helga, arqueando un lado de su ceja.
–Un bardo–dijo él, con propiedad.
A Helga le pareció un traje genérico de feria renacentista, no había absolutamente nada que lo distinguiera, pero era Gerald y como guardián de las leyendas, claramente era un bardo en la vida, solo le faltaba el traje. Entonces notó que en su espalda sobresalía lo que parecía el mástil de un instrumento de cuerda.
–Un par de nerds, perfecto–dijo con una sonrisa torcida.
Phoebe ahogó una risita, mientras Gerald la miraba con molestia.
En ese momento se acercó Arnold sosteniendo dos vasos de refresco.
–Toma, Gerald–Le entregó el vaso y luego miró a la novia de su amigo.– Phoebe, te queda muy bien ese disfraz, pero ¿Quién eres?
La chica le dio la misma explicación que le dio antes a Helga.
–Guau... suena interesante–Arnold le sonrió.– ¿Y Helga no vino contigo?
La chica volteó porque hasta hacía un minuto su amiga...
–¡Estaba aquí!–Miró alrededor.– Oh, allá está, charlando con Patty
Arnold la miró. Helga llevaba el cabello suelto y ondulado, bajo un gorro inclinado y entre el flequillo notó un parche cubriendo su ojo izquierdo. Una chaqueta larga, abierta. Una blusa con vuelos, ajustada a su cintura con un pañuelo, un pantalón azul marino con muchos botones, que se metían dentro de unas botas altas y complementaba todo con dos cinturones cruzados que sujetaban una espada.
–Vaya coincidencia–dijo Gerald, mirando a su amigo quien también tenía un disfraz de pirata.
–Tal vez debería cambiarme–Comentó Arnold, un poco incómodo.
El disfraz de ella era mucho mejor, o quizá solo le parecía mejor porque le quedaba mejor, se veía ruda y seria, incluso a pesar de sonreír. Mientras él debía verse como un niño patético jugando a ser un bucanero.
–No seas tonto, son cosas que pasan
...~...
Helga volteó para mirar a su amiga y ver si era seguro volver con ella, pero se topó con la mirada de un pirata con cabeza de balón. ¿Por qué tenía que pasarle eso? No es que quisiera monopolizar el disfraz de pirata, pero ¿por qué justamente él?
En ese momento una voz dulce llamó su atención.
–¿Helga? Guau, este disfraz es impresionante–Comentó la pelirroja.
La rubia la miró de arriba abajo y le sonrió. Lila lucía un vestido colorido, brillante y ajustado en la cintura y con una falda de varias capas irregulares. De su espalda surgía un par de enormes alas de mariposa.
–Así que un hada–dijo, inclinando el rostro con una media sonrisa.
–¿Te gusta?–Lila tenía las manos cruzadas en la espalda.
–Gira–Ordenó.
–¿Qué?
–Para verte bien
Lila asintió y con elegancia giró, el vestido siguió su movimiento. Helga notó que hubo un momento colectivo de suspiros contenidos, en especial de los hombres presentes. ¿Su amiga sabía que tenía esa clase de poder? ¿Podía explotarlo de algún modo?
–Te ves muy bien... y creo que es perfecto para ti. Una hermosa criatura en apariencia inocente–dijo, luego se acercó a ella y tomando su hombro le susurró al oído–, con una poderosa magia oculta y experta en engaños
Lila sintió un escalofrío. No estaba segura de lo que Helga intentaba decir, pero no le parecía una amenaza, más bien era como si estuviera dándole ánimo y a la vez "autorización", pero ¿para qué?
–Cielos... gracias–Fue lo único que pudo decir, nerviosa.
También llegó Edith, vestida como un ángel, con pequeñas alas en la espalda, un vestido blanco que arriba tenía un corsé y desde la cintura se convertía en una falda suelta hasta medio muslo. Usaba calcetas cortas con vuelos y zapatos de tacón. Sumó a su traje varias joyas doradas y un halo sujeto con un alambre. Era un traje comprado. También llamó la atención.
McDougal fue de inmediato a saludar a Arnold y se quedó hablando con él. Así que Helga se ahorró la excusa para no saludar al rubio de sus sueños .
«No, Helga»
La música sonaba fuerte, varios bailaban y otros charlaban. Los chicos del equipo se acercaron al grupo de Rhonda y hablaban con las chicas de la otra escuela. Phoebe secuestró a Gerald para llevarlo a la pista de baile, donde Eugene, Sheena, Lila y Nadine bailaban. Mientras Curly daba saltos alrededor del grupo, gruñendo y rugiendo, comprometido con el papel.
Patty y Helga charlaron un buen rato, mientras compartían ponche.
Eugene y Sheena se tomaron un descanso como en la décima canción, acercándose a ellas, para tomar refresco.
–¿Ya se cansaron de tanto revolotear?–Preguntó Helga.
–Solo nos tomamos un respiro–dijo Sheena, entregándole un vaso a Eugene, luego sirvió jugo de naranja para ella– ¿Qué traes en esa bolsa, Helga? ¿No estarás planeando arruinar la fiesta?
–Creo que mi reputación precede–Sonrió.–, pero no esta vez. Solo es el botín de mi último saqueo–Abrió la bolsa y les enseñó un montón de monedas
–¿De dónde sacaste eso?
–De la tienda de dulces–dijo con una sonrisa, repartiendo una moneda de chocolate para cada uno de los presentes
–Muchas gracias–dijo Eugene con entusiasmo.
Al ver que todos rodeaban a Helga, Lila se acercó con curiosidad.
–¿Monedas?–dijo con un tono melódico.
–De chocolate ¿Quieres?–Respondió Helga con entusiasmo.
–¡Gracias!–dijo Lila, tomando una moneda con una sonrisa– ¡Este es el mejor tesoro pirata de la historia!
–Definitivamente ganaste el premio al mejor complemento de disfraz–Añadió Sheena.
–Otra victoria a mi lista–Rio Helga.
Stinky se acercó al grupo en ese momento y la rubia le ofreció una moneda.
–Recórcholis, gracias, Helga–dijo él, luego la miró un poco incómodo– ¿Quieres bailar?
–Ya quisieras
–¡Vamos! Es solo un baile
Helga miró de reojo a Harold y Sid, que no dejaban de cuchichear, vigilándolos.
«Claro, es eso»
–Está bien
Se quitó el pesado abrigo, dejándolo sobre una silla y le arrojó la bolsa a Lila
–Cuida mi tesoro, Campanita
–¡Oye!–dijo la pelirroja, sujetando la bolsa.
–Puedes comerte las que quieras como pago–añadió, mientras Stinky la arrastraba a la pista.–¿Recuerdas cómo bailar?–Siguió Helga, mirando al chico.
–Espero que sí ¿y tú?
–Más de lo que me agrada
Stinky era de los pocos chicos más alto que ella –y siendo justos, también era más alto que Rhonda y Sheena-, así que bailar con él era bastante cómodo para Helga. Podía dejar que la guiara, pero era tan tímido, que resultaba más divertido darle órdenes o eso recordaba, pero en cuanto las guitarras sonaron anunciando un rock and roll, el alto granjero comenzó a bailar con soltura y ella comenzó a seguirlo, girando una y otra vez mientras él pasaba su brazo sobre ella. En un momento su sombrero pirata cayó y él lo atrapó en el aire con la mano libre y siguiendo el ritmo del baile lo acomodó sobre su propia cabeza. Helga se estaba divirtiendo mientras Stinky sonreía. Un par de las amigas de Rhonda bailaban con los chicos de baseball... y Edith arrastró a Arnold también, pero Helga decidió ignorarlo y concentrarse en el alto muchacho que la había invitado.
Cuando la música acabó recuperó su sombrero y se apartó, todavía sonriendo. Cuando empezó a sonar otra canción, ella intentó volver con sus amigas, pero Stinky le tomó la mano.
–Ya ganaste la apuesta–dijo Helga, despacio.
–¿Cómo sabes que aposté?–dijo el chico, avergonzado.
–Oh, vamos ¿quién querría bailar conmigo? Soy yo, Stinky, la novata más insoportable, boba y poco femenina de la clase–dijo, imitando la voz de Harold.
–Lo siento, Helga. Aunque yo no pienso eso de ti
–Está bien. ¿Qué apostaron?
–Setenta fichas para los arcades
–Quiero la mitad
–Todavía no las gano
–Pero si ya bailaste conmigo
–La apuesta no era bailar
–¿Y cuál era?
Stinky decidió intentar algo, le ofreció la mano para invitarla otra vez.
–Te lo diré al final de esta canción
Helga, curiosa, aceptó, esta vez era al ritmo del Jazz, pero ninguno de los dos era muy bueno en eso, así que se dedicaron a girar intentando darle algo de sentido a sus movimientos.
–No sé si tú eres un inepto o yo soy muy torpe–Comentó Helga cuando la canción terminaba.
–Lo siento
–Es una broma, Stinko
El chico sonrió.
–¿Y? ¿Cuál era la apuesta? –Quiso saber.
Stinky ajustó el cuello de su traje, nervioso.
–Me retaron a besarte
Helga trató de no mostrarse sorprendida, porque sabía que arruinaría la apuesta si ellos notaban que él le había dicho.
–¿Setenta fichas dijiste?
Asintió.
–Quiero cuarenta
–¿Qué?
Cuando la siguiente canción empezó, Helga lo sujetó, le dio un beso rápido en la comisura de los labios y luego le susurró al oído.
–Cuarenta fichas y diles que me invitaste a salir, nos vemos en los arcades
Helga se apartó, dejando a todos sorprendidos, incluyendo a Phoebe, que la miraba con la boca abierta.
–¿Qué fue eso, Helga?–dijo su pequeña amiga, cuando la rubia se le acercó.
–Oh, nada–dijo ella, quitándole importancia.
Lila le entregó el bolso casi con brusquedad.
–Gracias, Campanita–dijo Helga, extrañada.
–De nada
Se alejó de inmediato para unirse al grupo de Arnold, Edith y Nadine.
–No puedo creer que lo hayas hecho–dijo Harold demasiado fuerte, todos lo escucharon.
–¡Sí! Quién lo diría–Se sumó Sid.
Helga miró alrededor y notó que ella y Phoebe estaban solas. Se quitó el sombrero para agitarlo frente a su rostro. Incluso en esa época del año y al aire libre bailar la agitó bastante. Sacando comida de la mesa, para darle la espalda a los demás, susurró a su amiga.
–Harold y Sid le apostaron setenta fichas de los arcades si me besaba, le pedí cuarenta
–¡Pero Helga! Eso está mal
–¿Por qué?
–Porque lo besaste...
–Por favor, es solo un beso... y una actuación, no es importante
–Pero... ¿Qué hay–Bajó mucho el volumen.–de él?
–¿Quién?
–Ya sabes...
Helga la miró, así que Phoebe se acercó a ella y puso su mano en su mejilla para ocultar sus labios del resto.
Moduló el nombre de Briany, sin que ni un sonido escapara de su boca.
–Ah... eso. Olvidé decirte. Terminamos
–¡¿QUÉ?! ¿Cuándo? ¿Qué pasó?
–No quiero hablar de eso
–Oh, Helga, lo siento tanto
–Descuida, estoy bien, estamos bien, solo no quiero hablar de eso
Phoebe la miró con tristeza, aunque Helga sonreía.
–Estos canapés están deliciosos–dijo– ¿Los probaste?
–Sí–Suspiró.
Luego ambas vieron que Gerald regresaba a la azotea.
–Ve–dijo la rubia.
–Pero Helga...
–Ya te dije que estoy bien, en serio–Sonrió.–. Ve con tu novio
Phoebe asintió y fue donde el chico.
La música seguía y los bailes también. Helga dejó su sombrero sobre su chaqueta, tomó un vaso de refresco y volteó apoyando su espalda en el borde de la azotea, mirando a los demás.
Entonces notó que Curly se acercó al grupo de Rhonda y sus amigas, que reían entre conversaciones, bailando entre ellas.
–Me comeré a esta conejita–dijo cuando pasó junto a Rhonda, lanzando mordiscos al aire.
–¡Aléjate, fenómeno!–dijo la chica.
–Sabes que me quieres–Se acercó a ella, parado en cuatro patas.
–¡Claro que no! –Lo miró con asco.– ¡Ni siquiera te invité!
–Imaginé que mi invitación se había perdido en el correo, sé que no puedes resistir verme
–¡Ya basta! ¡No te soporto!
Helga se acercó.
–¿Necesitas ayuda, princesa?–Preguntó.
–¡Helga! Este rarito...
La rubia se interpuso entre Rhonda y el niño bestia.
–¡Aléjate de ella, fenómeno!–Lo espantó con las manos, como si fuera un perro.
–¡Nunca!
Helga entonces desenvainó su espada de plástico, apuntándolo.
–¡Tu arma no me asusta!–dijo él, amenazando con sus manos como si fueran zarpas.
–¿No? ¿Y qué tal Betsy?
–¡No lo harías!
–Oh, sí lo haré. Deja en paz a Rhonda si quieres seguir en la fiesta o tendré que sacarte a la fuerza
–¡No! Rhonda aún no lo sabe, pero tarde o temprano caerá a mis pies
–¡Eso nunca!–Gritó la chica tras Helga.
Curly volvió intentar acercarse a Rhonda y Helga lo empujó enterrándole la punta de la espada en el pecho.
–Te lo advertí–Amenazó la rubia.
Curly apartó la espada y saltó sobre ella con furia. Entre golpes, cayeron y de pronto ambos estaban rodando por el suelo, intentando mantener el control. Hicieron caer un par de sillas y la gente se apartaba de su camino. Helga logró dominarlo primero sujetándole las manos, luego le puso la espada al cuello, sujetándola por el mango y la hoja.
–Ya basta, fenómeno–dijo.
Estaba demasiado cerca.
Entonces Curly lanzó un zarpazo hacia el rostro de la chica y Helga se apartó, cubriendo su ojo con la mano, dejando escapar un grito de dolor.
Incluso el loco bajo ella se paralizó cuando vio la sangre entre sus dedos y goteando por rostro de la chica. Helga lo miró con una mezcla de furia y temor en su rostro.
–¡Qué me hiciste!
Se levantó con dificultad, apoyando la espada en el suelo, mientras su mano izquierda cubría la mitad de su rostro.
–Yo... no... –Curly miró su mano, las garras de su disfraz estaban manchadas y se quedó temblando, asustado.
–¡Helga!–Gritaron Phoebe y Lila, corriendo a verla.
Varias personas murmuraban, alguien paró la música. La rubia mantuvo a sus amigas a distancia apuntándolas con el mango de la espada.
–No-se-acerquen–Moduló cada sílaba, respirando con dificultad, sus hombros subían y bajaban.
–Pero Helga... –Murmuró Lila.
Con el ojo que no cubría, Helga miró a Curly con ira y apartó su mano de su rostro y su flequillo ocultó el ojo que antes tenía el parche, ahora desgarrado y colgando de su oreja. Contempló la sangre en su palma, que escurría por su brazo. Comenzó a temblar, mientras el líquido rojo bajaba por su mejilla, goteando por su mentón.
–Tú... –dijo– Tú...
Le enseñó un globo ocular, cubierto de sangre y un líquido viscoso y trasparente. Alguien vomitó. Otras personas lloraban, pero la mayoría estaba en shock.
–¡¿QUÉ?! ¡NO!–Gritó Curly, viendo con terror como ella se acercaba.– ¡LO SIENTO!
–¡Helga! Tienes que ir a un hospital–dijo su amiga.
–¡NO!–dijo, furiosa, mirando con desprecio a los demás, con su ojo derecho–. No se me acerquen... –Miró de nuevo a Curly.– ¡Nada lo va a arregla! ¡Vas a pagar, fenómeno!–Caminó hacia él, mientras el chico intentaba alejarse, arrastrándose.
Helga parecía tan alterada, que nadie se atrevió a intervenir. Todos contemplaban con miedo como avanzaba hacia el chico en el suelo, que había chocado con una mesa y ya no tenía dónde retroceder.
–¡Helga, detente!–dijo Arnold.
La rubia sujetó a Curly por el cuello con una sonrisa maniaca. Pasó el "filo" de la espada por su propia mejilla, machándola. Luego la acercó al chico, que temblaba. Le subió los lentes hacia la frente empujándolos con el mango de la espada.
–Ojo–Comenzó a decir, con un tono macabro.– por–Marcó con el borde de su arma una pequeña línea diagonal desde la ceja hasta la mejilla del chico.– ojo–Hizo otra línea en la dirección contraria, dibujando una cruz.–. Diente por diente–Añadió, poniendo la punta de la espada en la boca de Curly.
El chico apretó los labios, temblando.
–Vamos, pruébala–dijo Helga–. Si no lo haces te cortaré la boca–Movió la espada hacia la oreja del chico.–, desde aquí –Bajó suavemente hasta los labios de él, dejando otra línea más tenue.–, hasta aquí
–No lo harías
–Oh, si lo haré, veo que no has aprendido de lo que soy capaz
Seguía respirando agitada, a ratos cerraba con fuerza su ojo derecho, mientras el líquido rojo y viscoso fluía por su mejilla izquierda.
Curly, temblando, abrió la boca y sacó la lengua esperando el sabor metálico de la sangre.
–¿Jarabe de maíz?–dijo, sorprendido.
Todos se quedaron en silencio y abrieron los ojos. Entonces Helga rompió en una carcajada, y luego de apartarse del chico, saboreó su propia mano y apartó el flequillo del rostro.
–Jarabe de maíz y colorante de comida–dijo entre risas, revelando que su ojo izquierdo estaba intacto tras su cabello.
–¡HELGA!–Gritó Phoebe, molesta.
–¿Entonces... estás... bien?–Preguntó Curly detrás de ella.
–Sí, gracias por ser mi víctima, fue perfecto–Se reía la rubia.
–¡No es gracioso, Helga!–dijo Arnold– Realmente pensamos... creímos...
–¿Y de dónde sacaste ese globo ocular?–Interrumpió Eugene, acercándose a ella.
Otros chicos se acercaron a ver, curiosos.
–Corté una pelota de tenis de mesa, usé marcadores, esmalte de uñas transparente para el brillo, gelatina y sangre falsa–dijo ella, con una sonrisa de suficiencia.
Lila se acercó y examinó su rostro, apartándole el flequillo
–¿En serio estás bien?–dijo, todavía preocupada.
–Sí, solo quería darles un susto
–¿Y en verdad no es sangre? Se ve muy real
Helga volvió a pasar su mano izquierda por su mejilla y la acercó hacia el rostro de Lila, estirando su índice.
–Prueba
–Huele dulce–Lila saboreó su dedo.–Sí, es dulce...
–Jarabe de maíz–Repitió Curly con una risa loca.–. No puedo creer que me engañaras... estas garras plásticas no podrían haberte lastimado tanto
–Oh, si podrían, solo soy más rápida... ten más cuidado–dijo Helga, amenazante–. Y no vuelvas a molestar a Rhonda, porque la próxima vez te golpearé en serio
–¡Helga! Eso fue espectacular–dijo Sid.
–Recórcholis–dijo Stinky–. En verdad nos engañaste–Rio nervioso.
–Buena broma–dijo Patty–. Nos asustaste bastante
Helga hizo un par de reverencias.
–Y con eso concluye el show principal–dijo con una sonrisa segura– ¿Qué esperan? Esto es una fiesta, ¡que suene esa música!–Añadió
Lila se ría despacio junto a ella cuando los ritmos electrónicos regresaron a la azotea.
Phoebe se acercó.
–¡Debiste decirme que harías algo así! ¡Casi me matas del susto!–Reclamó.
–Lo siento, Pheebs, no quería arruinar la sorpresa
–La próxima vez avísame
–Lo consideraré–Sonrió.–. Creo que iré a limpiarme
Helga se encaminó hacia la puerta para ir al baño. Los chicos del equipo de baseball la aplaudieron.
–¡Buena broma, Luisa Lane!–Le dijo uno.
–¿Luisa Lane?
–Eres del periódico escolar, ¿no?
–Preferiría en verdad sacarme un ojo antes que tener que ser rescatada por un extraterrestre con esteroides. Grábatelo bien, mi nombre es Helga G. Pataki
La chica se fue, seguida por Lila. Bajaron las escaleras y entraron al baño.
–Te ayudaré, Helga–dijo la pelirroja.
–No es necesario, se manchará tu vestido
–No si tengo cuidado
–No quiero que lo hagas
–Oh...
Lila parecía triste y eso le hizo gracia por medio segundo.
–No es personal, no me gusta que me toquen, pero puedes acompañarme si quieres
Helga se quitó el parche y lo arrojó a la basura. Mojó una toalla y con cuidado limpió su cabello, rostro, cuello, escote y su brazo izquierdo lo mejor que pudo.
–¡Qué lástima!–dijo la pelirroja, mirando la blusa– Quedará manchada. Es bonita
–Era de Olga–Explicó Helga, restándole importancia.
–¿Cómo se te ocurrió esa broma?–Preguntó Lila.
–No lo sé, simplemente llegan a mí–Se encogió de hombros.–. No es Halloween si no asustas a alguien
–Bueno, creo que oficialmente eres la estrella de esta noche
–Lo sé
Lila vio en el espejo la sonrisa de la rubia. Bajó la mirada y con sus manos estiró su falda, sentándose en el borde de la bañera.
–¿Curly no sabía nada de tu broma?
–No
–Pudo lastimarte
–¿Ese fenómeno? Imposible, soy más fuerte y rápida que él
Lila dio un suspiro.
–A veces me gustaría tener tu seguridad, ¿sabes?
–Deberías aprender a reconocer tus virtudes y potenciarlas, en lugar de querer ser como otros
–¿Qué quieres decir?
–Tienes el poder que tienen las chicas de tu tipo: dulce, femenina, sensual
–¿Crees que soy sensual?
–Hermosa como los medios dicen que son las chicas hermosas–Explicó, girando su mano.–. Por eso cuando estamos juntas todo el mundo se queda en silencio, tú tienes la belleza, yo tengo la autoridad. Si quisieras, podrías tener a tus pies a la mayoría de los chicos
–Realmente eso no me interesa
–Lo sé–Se encogió de hombros y volteó, cruzando los brazos y apoyando su espalda en el lavabo.–. Sería molesto que fueras ese tipo
–¿Qué quieres decir?
–Que me agradas con esa ingenuidad y esa alegría tuya, eres como un rayito de sol en una mañana de invierno
Lila se rio despacio.
–Aunque... sé que a veces nos engañas a todos. Así que definitivamente te queda bien ser un hada–Medio le sonrió.– ¿Volvemos arriba?
–Sí
La pelirroja se puso de pie y caminó hacia la puerta pasando junto a ella.
–Y Lila
–Ya sé, ya sé, me golpearás si le digo a alguien que fuiste amable conmigo–comentó con entusiasmo.
–No–Se acercó y con su pulgar le limpió la comisura de los labios.–. Tu labial se corrió
Lila se quedó congelada, mirándola, con los ojos muy abiertos y un ligero rubor.
–Sé que no dirás nada, no necesito amenazarte cada vez que hablamos
Helga salió del baño y Lila se quedó congelada un segundo. Tomó aire, apagó la luz y la siguió de regreso a la fiesta.
...~...
–Arnold, ya relájate–decía Gerald, bromeando.
–No fue gracioso–dijo el chico.
–¡Pero si Helga siempre ha sido así!
–Creo que estás exagerando–Se involucró Phoebe.–. Yo también me asusté, pero debo reconocer que fue una buena broma
–Cuando le pase algo en serio nadie va a reaccionar
–Vamos, Arnold, es Helga, si le pasa algo en serio sabrá arreglárselas–dijo Phoebe–. Siempre lo ha hecho
El rubio suspiró, intentando calmarse. Ni siquiera sabía por qué le molestaba tanto. Cuando vio a Helga herida , sintió un peso enorme en su interior, al tiempo que la imagen de ella, en la nieve, con las manos lastimadas, los ojos hinchados, despeinada, furiosa y asustada, volvió a su memoria y revivió la culpa.
De pronto sonó una canción que él sabía que la pareja amaba.
–Vayan–dijo–. Ya se me pasará, solo estoy nervioso
–¿Estás seguro?–Preguntaron Gerald y Phoebe a coro.
–Sí
–Regresamos enseguida–dijo Phoebe, mientras Gerald tomaba su mano para llevarla a bailar.
El rubio cerró los ojos un momento y se cruzó de brazos. Helga besando a Stinky y Helga luchando con Curly. Demasiado para una sola noche y ambas situaciones le molestaban. Gruñó.
–Te ves alterado, Arnold–dijo de pronto Rhonda.
Arnold abrió los ojos y la miró incómodo.
–Oh, lo siento, no quiero arruinar tu fiesta–respondió.
Había estado tan concentrado que ni siquiera notó sus pasos, a pesar del ruido que generaban los tacones.
–No estás arruinando nada–Comentó ella, con una sonrisa.–. Es una buena fiesta y te agradezco por tu ayuda
–Realmente no hice nada
–Sí, conseguiste un lugar donde pasar un buen rato, sin un lugar no hay fiesta
–Supongo que no–suspiró.
–Y hay que admitir que Helga siempre da buenos espectáculos
–Supongo que sí
Rhonda volteó, sirvió dos vasos y le entregó uno al chico.
–Toma, para que te sientas mejor
–Gracias, Rhonda–Arnold aceptó el vaso y bebió un poco. Era muy dulce.
Las cosas dulces te hacen sentir mejor, aunque no quieras
Arnold se bebió todo el vaso. Rhonda lo observó, lo imitó y volvió a servir.
–Por cierto, buen disfraz–Comentó el chico, recibiendo el nuevo vaso y bebiendo sin pensar.
–Gracias–Giró de lado a lado para lucirlo.– ¿No crees que exageré un poco?
–Bueno, el personaje es un poco "exagerado"–Hizo las comillas con los dedos de su mano libre.- ¿me equivoco?
–No–Rio.–. Gracias. Sentía que... quizá estaba un poco fuera de lugar
–¿A qué te refieres?
–Bueno, Sheena, Helga, Lila, Nadine y Phoebe tienen lindos trajes, pero ninguna de ellas tiene algo... emh... así
–No entiendo lo que quieres decir
–Ay Arnold, siempre tan ingenuo–Sonrió.
–No sé cómo sentirme con ese comentario
–Olvídalo–Le sonrió –. Volveré con mis amigas. De nuevo, gracias por todo, Arnold
Rhonda le dio un beso en la mejilla y regresó con sus amigas de la otra escuela, quienes la recibieron entre risas.
El rubio se quedó confundido, preguntándose qué había sido eso.
–¿Bailamos, Arnold?
La voz se le hizo familiar. Miró a su izquierda.
«Ruth...»
«No, Edith»
– Claro
El chico bebió al seco el segundo vaso que Rhonda le había pasado.
Solo entonces cayó en cuenta de lo que estaba tomando y por qué era tan empalagoso. ¿De dónde había sacado alcohol? ¿Y por qué le dio eso?
«Para que te sientas mejor»
Cerró los ojos un momento y sintió que Edith sujetaba su mano y lo alejaba de la mesa, dándole apenas tiempo para dejar el vaso sobre ésta.
La música sonó fuerte, las luces eran extrañas y la chica bailaba con él, mirándolo a los ojos mientras balanceaba las caderas. La mirada del chico siguió los movimientos de sus manos y bajaron por su traje. Con esa falda sus piernas lucían largas y hermosas.
La chica giró a su alrededor y él intentó seguirle el ritmo, entusiasmado. Reía, mucho más relajado que antes. Rhonda había acertado. De hecho...
«¿Por qué estaba tan preocupado?»
Edith frente a él pestañeó lentamente y le tomó las manos acercándolas a su cintura, abrazándolo para decirle algo al oído.
Gerald y Phoebe también se divertían cerca de ellos y echaban una que otra mirada a Arnold, pero en cuanto escucharon su risa, dejaron de prestarle atención.
Las chicas de la escuela de Rhonda bailaban entre ellas, aunque una se escapó del grupo para bailar con uno de los chicos de baseball. Harold otra vez bailaba con Patty. Sheena bailaba con Curly y Eugene. Lorenzo con Nadine, aunque Peapod se acercó a ellos para pedirle el siguiente baile a la chica.
Sid y Stinky bromeaban jugando con la comida.
...~...
En cuanto Helga y Lila subieron, se acercaron al grupo de amigas de Rhonda.
–¡Esa broma fue una locura!–dijo una de ellas– ¿Dónde compraste las cosas?
–Las hice–Se encogió de hombros.–. Soy muy creativa
Luego miraron a Lila, alabando su disfraz y entre la conversación, comenzó a mostrarles pasos de ballet, que algunas intentaron imitar. Helga entonces volvió a apartarse, mirando a los que bailaban. Sus ojos escapaban hacia Arnold y odiaba la sonrisa tonta que tenía en ese momento.
Vio de reojo que Rhonda se le acercaba.
–Lindo traje, princesa–dijo la rubia.
–Gracias–La miró.–. Hiciste una buena broma, casi nos matas del susto
–Lo único malo de eso, es que significa que el próximo año tendré que hacer algo mejor, o sea, más complejo
–O tal vez no hacer nada, para variar
–¿Y perder mi toque? Olvídalo
Helga se tomó el refresco que tenía y comió un canapé.
–¿Dónde puedo poner una queja?–dijo.
–¿Por qué?
–¡¿Dónde demonios están los cócteles de camarón?!
Rhonda dejó escapar una carcajada sincera.
–No los consideré apropiados para este tipo de celebración
–Me siento estafada
–Bueno, la próxima vez que te invite a algo recordaré que te gustan. Te debo un favor por lo de Curly
Ambas miraron al chico con lentes y cabello negro que volvía a actuar como un gato, dando saltos entre los bailarines.
–Más le vale quedarse lejos–Comentó Helga. Luego miró a su amiga.– ¿Y por qué elegiste ese disfraz?
–¿Crees que no me viene?
–Más bien fue inesperado, aunque–Miró a las amigas de Rhonda.–. Creo que todas están en un plan similar
–Las chicas y yo hicimos una lista y luego sorteamos los disfraces
–Parece que te diviertes con tus nuevas amigas
–Sí, a veces, pero no es lo mismo. Extraño jugar baseball o rugby con ustedes. Allá jugamos hockey sobre pasto... y practicamos equitación. También extraño visitar a Patty y tejer con ella y su madre. Sé que siempre he sido superficial y me gusta recordarle a todo el mundo el dinero que tiene mi familia, lo elegante que soy, pero... –Ahogó un puchero.– pero en esa escuela todo el mundo es así y no lo soporto... ni siquiera me hubiera imaginado lo molesto que era para los demás que yo fuera así todo el tiempo
Rhonda comenzó a llorar y abrazó a Helga. La rubia quedó sorprendida por un momento, pero entonces su olfato la alertó.
–¿Estuviste bebiendo, princesa?–dijo, apartándola, para mirarla a los ojos.
El maquillaje corrido le recordó al dramático llanto de su hermana. Rhonda asintió y volvió a abrazarla. Helga la sacó de ahí, llevándola junto a la puerta, lejos de las miradas de otros.
–Rhonda, estás haciendo un espectáculo, así que mejor cálmate–dijo en un tono firme, pero despacio, para que solo ella lo escuchara.
–Es que...
La rubia rodó los ojos y luego de un buen rato decidió darle unas palmaditas en la espalda.
–Mi familia es horrible ¿por qué mis padres me quieren lejos?–dijo la chica– ¿Por qué me enviaron a esa escuela donde solo hay chicas presumidas?
–Rhonda Wellington Lloyd–La sostuvo por los hombros.– ¡Contrólate!
–Pero...
–¿Y qué si todas tus compañeras son unas estiradas hijitas de papá? Tú eres Rhonda Wellington Lloyd. Y sí, eres la niña rica del vecindario, pero también eres leal, asertiva y graciosa. Sigues siendo nuestra amiga, sigues siendo parte de este barrio y tal vez... piensa si estás dispuesta a hacer un sacrificio por tener lo que quieres... porque si tanto odias esa escuela y quieres volver, siempre puedes hacer que te expulsen
–¿Qué? No... yo no... podría
–Oh, sí, sí podrías... y yo puedo ayudarte...
–¿Harías eso por mí?
–Claro
–Pero ¿por qué?
Helga se encogió de hombros.
–Tal vez sin razón, tal vez porque soy la reina de las bromas, tal vez porque somos amigas–Le sonrió.–. Pero, princesa, no sigas bebiendo... te hará mal y prometiste no volver a hacerlo
–Tú también lo harías si tuvieras que soportar lo que yo soporto
–Oh, no, esa excusa no–Iba a discutir, pero decidió callarse.
Helga sabía que hablar con alguien en estado de intemperancia era una pésima idea y que esa discusión no llevaría a nada. Tal vez otro día.
Miró alrededor, asomándose por un costado. Nadine estaba cerca, le hizo un gesto y la llamó.
–¿Qué pasa, Helga?
–Es Rhonda... –dijo.
–¿Qué le pasó?
–Bebió
–¿Qué?
–Está ébria ¿Puedes llevarla a casa?
–¡No quiero irme a casa!–Discutió Rhonda.
–Y yo no creo que quieras que te vean así
–Vamos, Rhonda–Insistió Nadine.–. Iremos a mi casa
–¡No!–Contestó la pelinegra, haciendo un puchero.
–Sí–Ordenó Helga.–. Irás y lo harás con una enorme sonrisa
–No
Rhonda buscó en el relleno de su ropa, sacó una botella y trató de abrirla.
–Ah, no, eso no–dijo Helga, quitándosela de las manos.
–¡Pero!
–¡Pero nada!–Miró a la otra rubia.–. Nadine
–Sí, déjalo en mis manos–Respondió con tranquilidad, luego abrazó a Rhonda.–. Vamos, Rhonda, iremos al baño, te lavarás la cara, beberás algo de agua, arreglaremos tu maquillaje y te sentirás mejor
Nadine se llevó a su amiga y Helga se quedó mirando el cielo, apoyada en el muro. Trataba de encontrar gracioso todo eso, pero incluso convencida de que los problemas de la princesa eran tonterías, sentía lástima por ella.
Decidió rodear la entrada y dirigirse nuevamente a los bocadillos. En cuanto lo hizo, dejó la botella sobre la mesa y buscó que comer, mientras bebía jugo.
La música seguía sonando fuerte, pero quedaban pocas personas bailando. No veía a Lila, Edith, Phoebe, ni Arnold.
–Ya nos vamos, gracias por todo, espero que el lindo chico pirata se sienta bien pronto
Helga escuchó eso y se puso en alerta. La voz era de una las amigas de Rhonda y solo podían referirse a Arnold. ¿Por qué decían eso?
«No, Helga, él no debería importarte»
Las escuchó reír, cuchicheando entre ellas. Mientras los chicos de baseball les daban cumplidos un poco subidos de tono.
–¡Así que fuiste tú!–Escuchó la acusación de Gerald.
–¿Qué?–Helga volteó y lo miró.
El moreno estaba molesto.
–¡Te pasaste de la raya, Helga!–Continuó.
–¿De qué hablas?–La rubia arqueó la ceja.
–¿Qué le diste a Arnold?
«¿Qué le pasó?»
–Nada–dijo Helga, mirando a Gerald con toda la seriedad que podía–. Ni siquiera me he acercado a él
–¿Y qué hay en esa botella?–Insistió el moreno.
«¿Qué demonios hiciste, princesa?»
–No lo sé –dijo ella, pestañeando lento–. La encontré en el suelo
«Me debes una»
–No te creo–Continuó Gerald.
–¿Qué le pasó a Arnold?
–¡Lo embriagaste!
«Maldición»
–Escúchame, Geraldo, me gusta hacer bromas, pero esto no lo considero gracioso, es una tontería y no le haría eso a nadie
Gerald la miró molesto.
–¿Sabes qué?–Concluyó ella, frustrada.–. No es mi problema si no me crees
Helga levantó los brazos dramáticamente y decidió alejarse. Se quedó apoyada contra el borde de la azotea, pero minutos más tarde notó que Gerald la seguía mirando con enojo. Phoebe apareció en ese momento y se acercó a decirle algo, luego lo vio desaparecer por la escalera.
–Nos vemos, Pheebs–le dijo a su amiga, sin esperar respuesta.
Era buen momento para irse. Terminó su vaso de refresco y se dirigió a la puerta.
Bajó las escaleras y notó que la puerta del baño estaba entreabierta. No era su maldito problema, pero reconoció la voz de Lila.
–Tranquilo, Arnold, pronto te sentirás mejor.
Se acercó y pudo escuchar también a Gerald.
–Es todo–dijo de pronto el chico, furioso–. Pataki no puede salirse siempre con la suya, ya verá
–¿Qué vas a hacer?–dijo Lila.
En ese instante escuchó que desde la azotea algunos chicos de baseball bajaban la escalera.
–Hablar con ella–Continuó Gerald.
–Eso no resultará–dijo Edith.
–En ese caso, ella no es la única que sabe pelear
«Ya quisieras»
–Gerald, espera–dijo Arnold, con dificultad.
Helga sabía que podía delatar a Rhonda, pero eso solo traería más preguntas y probablemente Gerald pensaría que solo lo decía para librarse, en especial porque si ya había mentido antes. ¿Por qué iba a creerle ahora?
No podía volver a la fiesta, ni lograría bajar por las escaleras a tiempo, solo había un lugar donde esconderse.
–Rayos–se dijo Helga, cubriendo su ojo con su palma y arrastrando su mano hasta su mentón.
Subió las escaleras de forma silenciosa y se ocultó tras la puerta, sin cerrarla. Todavía escuchaba parte de la conversación.
–¿Estás seguro que fue ella?–dijo Lila–No creo que...
–¿Entonces qué pasó?–Interrumpió el moreno.– ¿Esa botella apareció mágicamente? Apuesto que la escondió en su abrigo
Una arcada.
–Ya, ya, Arnold–Se escuchó la voz de Edith.
–Va a tener que escucharme–dijo Gerald.
Helga notaba los pasos pesados y furiosos rumbo a la azotea.
Definitivamente no quería pelearse con el novio de su mejor amiga y mejor amigo del cabeza de balón. Si perdía, su reputación sufriría, pero, había que aceptarlo, eso ni iba a pasar. Cuando ganara, porque eso si era realista, todos la mirarían con miedo y probablemente Phoebe se enfadaría, también Arnoldo estaría decepcionado de ella, Patty la regañaría e incluso Lila podía distanciarse y, rayos, le era difícil hacer nuevas amistades. Sin importar el resultado, terminaría perjudicada.
Las luces de la habitación estaban apagadas y se concentró en los sonidos del exterior. Era extraño estar en la habitación de Arnold. Incluso en penumbras podía reconocer la mayoría de los muebles. Respiró profundo y decidió que cuando los demás volvieran a la fiesta simplemente saldría por la puerta. Escuchó las voces de Edith y Lila todavía en el pasillo, aunque no entendió lo que decían. En la azotea Gerald preguntaba por ella. Logró escucharlo apenas.
–Se fue hace un rato–dijo Phoebe, con clara preocupación.
–Maldición, Pataki–dijo Gerald.
Helga trató de mantener la calma. Podía esperar un poco más.
Contempló la habitación, recordando las veces que estuvo ahí. El estúpido cuaderno rosa, el maldito loro, incluso cuando perdió su relicario. Debía escribir su último poema y deshacerse de toda la evidencia. Quemar todo era lo más sensato. Si los arrojaba a la basura arriesgaba la posibilidad de que alguien los encontrara y aunque sonaba absurdo, ese barrio tenía un don particular para los sucesos absurdos e improbables. O tal vez ella solo tenía una suerte rara.
De pronto las voces de Arnold y Gerald se acercaron. Se apartó de la puerta, buscando dónde esconderse.
«¿Otra vez el closet? ¿Qué estúpido deja vu es este?»
Helga se quedó lo más al fondo que pudo.
–¡Estoy bien, Gerald!–Decía el rubio con una voz que dejaba claro que no.
El moreno lo ayudó a llegar hasta la cama, lo sentó, le dio de beber de una botella de agua y luego lo obligó a recostarse.
–Amigo, descansa, yo iré a asegurarme que todos se vayan y volveré a ver cómo sigues
–¡Que estoy bien!–Insistió.– Volveré arriba
–No, la fiesta acabó, todos se irán en unos minutos, quédate aquí
Gerald apagó la luz y cerró la puerta.
Helga pensó que era su oportunidad de escapar.
–¡Abner, vigila la puerta y no dejes que salga!–Escuchó decir a Gerald.
El cerdo gruñó como respuesta.
«Criminal»
...~...
Notas:
Próximo Capítulo: Solo un sueño
