Aclaración: Shingeki no Kyojin no me pertenece, es de su creador "Hajime Isayama". Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sin lucros de su magistral obra.
Capítulo 03: "Secreto y revelación bajo un anochecer"
(Reina y Soldado)
Tras la gloriosa victoria que obtuvo la Legión. Al día siguiente, Historia mediante una conferencia pública declaró ese triunfo como un día festivo para homenajear por la recuperación de la muralla María. El grito de alegría del pueblo no se hizo esperar, oyéndose festejos y agradecimientos hacia la soberana de sangre real.
Ese mismo día también se hizo otra reunión, el tema principal fue establecer la fecha oficial para el servicio memorial, hubo muchas discusiones al respecto. Sin embargo, Historia puso la voz y decidió que se hiciera en una semana.
Ninguno se opuso a la decisión de su Reina, a lo cual Zackly terminó aprobando.
La mayoría no se dio cuenta de sus verdaderas intenciones, a excepción de algunos, puesto que la joven Reiss quería esperar con añoranza ese gran momento en que todos sus compañeros estuvieran reunidos como en los viejos tiempos. Un sentimiento de nostalgia brotó en ella. La imagen de Eren se le hizo presente dentro de su cabeza, queriendo saber su estado mental luego de tal experiencia que vivió durante esa batalla sangrienta.
Lo que Historia no supo es que Eren ya no volvería a hacer el mismo de antes.
El plazo del castigo para Eren y Mikasa había acabado, e Historia de inmediato solicitó una reunión personal con los soldados de la Legión que estaban disponibles, viajando hasta el distrito de Trost como punto central para dicha reunión. Todavía faltaba aclarar algunas partes de lo ocurrido en Shingashina, debido a que en las próximas horas se daría a cabo otra reunión para decidir si publicar la verdad o no sobre el origen de la nación Eldiana, conocido también por todo el mundo como la gente de Ymir.
Los primeros en llegar fueron Hanji junto a Jean, este último presentaba una fractura menor en su brazo izquierdo que pronto sanaría.
Y como lo había prometido, Hanji le entregó la carta, por lo cual Historia decidió leerlo enseguida aprovechando que los demás no venían aún. Su expresión mientras leía cada palabra de Ymir fue tan como ella lo esperaba. No hubo mucho asombro, al contrario, ahora podía comprenderla más por el duro pasado que afrontó y el motivo de ayudarla para que volviera a su verdadero yo.
A veces ella misma se preguntaba si merecía tener la ayuda de los demás para entender su verdadero propósito en este cruel mundo. ¿Casualidad o destino? Todavía no entendía muy bien las cosas importantes que la rodeaban, pero no quería hacer que ese último legado que le dejó Ymir fuese en vano.
Cuando acabó de leer, pequeñas lágrimas traicioneras se escurren en su rostro. El sentimiento amargo de perderla de esa forma era muy doloroso. Además se sintió como una inútil por no poder responder a las dudas de Hanji y Jean, ¿acaso ellos esperaban algo en especial de alguien que tenía la mente muy simple?
De repente oyó sonidos de la puerta, a lo cual rápidamente empezó a limpiarse la parte mojada de su cara. No quería mostrar ese lado débil a nadie, incluso para aquel chico que luchaba por cumplir con sus objetivos caprichosos de crear libertad y paz en el mundo.
Justo en el momento que se abrió la puerta, ahí lo pude ver, Eren parecía el mismo de siempre. Eso la alivió un poco, tal parece que había tomado las cosas con total madurez sobre la verdad afuera de las murallas. Pero, algo en ella lo hacía duda de aquello.
Los días pasaron volando hasta llegar al servicio memorial, donde se hicieron los honores a los soldados caídos en batalla y la entrega de los medallones para los sobrevivientes.
Todo iba tan bien en la conmemoración hasta que Historia se sorprendió por la mirada aterrada e impactada de Eren. No era tonta, supo al instante que él vio un recuerdo cuando le besó la mano, pero no sé digno a preguntarle en ese momento sobre aquello. Para cuando éste reaccionó ya todo había vuelto a su respectivo rumbo.
La noche se hizo presente a las siguientes horas.
Hubo festejos y bailes de las personas presentes en el palacio real, pues hoy era un día de celebración antes que la Legión inicié en los siguientes meses con la aniquilación de los titanes restantes dentro de las murallas.
En eso Historia abandonó el centro de la celebración para tomar un poco de aire fresco, el deber de la realeza en bailar con cada invitado fue muy agotador y estresante. Estando ubicada en el gran balcón, pudo ver a la Luna en su máximo esplendor, siendo rodeada de miles de estrellas. Agradece que el cielo estuviera sin nubes para detallar con mayor claridad el bello paisaje mediante sus ojos zafiros.
De pronto se oyó pasos acercándose a la joven Reina.
—¿Historia?
—Eren... —se volteó al escucharlo—. ¿Qué haces aquí?
—He venido a tomar un poco de aire —dijo, avanzando hasta llegar al barandal y luego pasando a verla a la cara—. ¿Y tú?
—Lo mismo.
Ambos no se esperaron encontrarse en este lugar. Hubo un silencio cómodo y relajado. A Historia no pareció sorprenderle que el soldado estuviera alejado de la fiesta, desde sus días en como soldado supo que él no era el tipo de persona que celebraba.
La Reina se dignó a verlo, Eren veía las calles de la ciudad con una expresión calmada, eso llamó su atención.
—Historia —la llamó de la nada, ella reaccionó de la sorpresa—. Tú... ¿Crees que tengamos oportunidad de recuperar nuestra libertad robada?
—¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso?
Eren se dio un tiempo para contestar, y dijo lo siguiente.
—Olvida lo que dije. No es nada importante —dio un corto suspiro, fijando su vista de nuevo en las calles.
Historia se quedó un poco pensativa sobre las palabras dichas por él. Su cerebro hizo "click" cuando recordó los incidentes extraños que protagonizó.
—Eren —el mencionado pasó a mirarla—. Esa pregunta que hiciste tiene algo que ver con el recuerdo que viste hace algunas horas, o cuando gritaste de la nada en plena reunión.
Los ojos del soldado se agrandaron por sus palabras, e incluso su boca le temblaba del miedo generado. ¿Acaso Historia sospechaba de lo que le ocurría exactamente? Tomó su tiempo en razonar, y recordó con torpeza la forma que se comportó en esas dos ocasiones.
—Ya veo —continúo Historia—. Es algo que no puedes decir a nadie, incluso a mí.
Eren siguió en silencio. No podía decirle a Historia de la teoría que halló en sus recuerdos y las de su padre, jamás pondría su vida en peligro por tratar de averiguar la activación de la coordenada. Era un precio muy alto. Quería evitar a toda costa sacrificarla por esa idea tan descabellada y sin confirmación, porque estuvo inseguro e intranquilo si funcionaría.
—Hasta luego, Eren.
No pudo reaccionar a tiempo cuando observó a Historia irse del balcón para volver a esa ruidosa fiesta. De repente su cuerpo sintió una tremenda adrenalina, esas palabras de despedida le parecía muy familiar a pesar que lo escuchó hace poco.
—¡Espera! —gritó Eren elevando su mano derecha, su boca se movió en contra de su voluntad. Miró a Historia que se detuvo justo antes de irse, entonces mordió con fuerza parte de sus labios y habló—. Yo... No puedo decírtelo. Lo siento.
Eren solo bajó su cabeza en resignación y escuchando los pasos de Historia alejarse, supuso que se había marchado de ahí. Su elección de mantener silencio fue la correcta o un terrible error.
Sumergido en esas dudas no pudo darse cuenta a tiempo cuando unas manos acariciaron su rostro, sintiendo electricidad en su cabeza, alzándolo, se dio con la imagen de Historia quien lo miraba con una expresión pacífica.
—Está bien. Lo entiendo.
—¿Eh? ¿Qué cosa? —hizo una mueca confusa.
—Sobre "eso" que no quieres revelarme —Eren pareció comprenderla, entonces prosiguió—. Por eso quiero ayudarte. No sé cómo, pero quiero serte útil para lograr nuestra libertad y la de todos.
Con solo oír la palabra "útil", Eren apretó los dientes.
—No tienes que hacerlo, Historia. Yo puedo encargarme de eso por mi cuenta —su voz sonó enojado—. Tú solo debes continuar con lo que haces por todos esos niños, ahora la gente comienza a aceptarte como su Reina, y...
—¡Igual quiero ayudarte! —lo interrumpió—. Soy tu aliada, ¿no? Por eso es mi propia decisión en apoyarte con estos problemas que se avecinan, idiota llorón.
Eren pudo notar unas lágrimas deslizarse por el rostro de Historia, igual cuando la observo leyendo aquella misteriosa carta. Parecía que no era el único que sufría con estas grandes cargas que llevaba en sus hombros.
—Ymir se fue para siempre de mi lado. A pesar que ya lo sabía de antemano, todavía no puedo superar su partida —estuvo destrozada tanto dentro como fuera, el soldado tan solo escuchaba sus lamentos para intentar que ella se desahogada—. Tú debes comprender ese mismo sentimiento de impotencia. ¿Verdad?
—Siempre lo hago. Incluso ahora me siento de la misma forma que tú —suspiró—. Tal vez tengas razón que no deba llevar esta responsabilidad solo, pero... Tengo que hacerlo, no solo por mis compañeros caídos, sino también por toda la gente que luchó para salir de la maldita esclavitud que esos bastardos Marleyanos les hicieron.
—Ahora lo entiendo todo. Tú, has visto los recuerdos de tu padre.
Eren se espantó enseguida, había revelado sin querer información del mundo exterior. Pero antes de que hablara sobre ello, ella se le adelantó dirigiendo sus manos con las de Eren.
—Te puedo ayudar a obtener más de esos recuerdos, de esa forma puede servir de mucho para la sobrevivencia de los Eldianos —las soltó, mirándole con ojos llenos de seguridad—. Sólo quiero que confíes en mí, por favor.
Se lo pensó mucho, pero hubo una dura realidad. Eren necesitaba de nuevo la ayuda de Historia para recuperar las memorias más profundas de su progenitor, aún le faltaba descubrir varias cosas del mundo exterior. Odiaba tener que compartir su triste realidad con ella.
—De acuerdo, Historia. Confiare en ti.
Esa misma noche ambos hicieron un pacto que cambiaría el rumbo que llevaban en sus vidas tranquilas. El destino una vez jugó un rol importante para ellos. Incluso parecía que fuera una simple casualidad que tuvieran las respuestas de lograr aquel difícil objetivo que no pudieron cumplir los revolucionados.
Continuará...
