Aclaración: Shingeki no Kyojin no me pertenece, es de su creador "Hajime Isayama". Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sin lucros de su magistral obra.
Capítulo 04: "Pasatiempos cercanos y cálidos"
(Secretos)
—¡Un titán a las cinco en punto!
Un grupo de soldados montados en caballos pudieron divisar la presencia de un titán de 8 metros que iba a su posición. La mayoría era novatos que recién habían ingresado a la Legión, por el cual en cada grupo se encontraba un experto soldado para evitar pérdidas innecesarias.
—¡Yo me encargo! ¡Ustedes quédense ahí!—avisó Eren, quien aumentó la velocidad de su caballo para acercarse lo más posible, ya teniendo cerca de su rango dio un gran salto e impulsándose gracias a su equipo tridimensional lo atacó directamente a su punto débil.
El titán cayó al instante mientras Eren pisaba tierra firme, luego se puso a mirar al gigante que comenzó a soltar humo. Los ojos del soldado solo lo vieron con pena y lástima.
—Descansa en paz, hermano Eldiano —le dijo en un susurro.
—¡Capitán Jaeger!
Eren observó la llegada de su grupo, que traían consigo a su propio caballo.
—Vayamos en busca del siguiente —enseguida se subió a su caballo.
—¡Sí, señor!
Ya en el mediodía la Legión había regresado al distrito de Trost tras haber cumplido su misión de eliminar a los titanes que seguían dentro de la muralla María. Hoy solo pudieron eliminar a unos pocos, regresando más temprano de lo habitual, además de recargar gas y alimento para los equinos. Aunque los novatos lo tomaron como una nueva victoria para la humanidad.
Había pasado seis meses desde la terrible batalla en Shingashina, donde Eren y sus compañeros tuvieron momentos difíciles en cumplir bien su trabajo con el poco personal que tenían disponibles, pero gracias al apoyo de los altos cargos y de la mismísima Reina pudieron conseguir nuevos reclutas para fortalecer las defensas de sus tropas.
Cruzando entre las largas calles toda la población los esperaba con gran festejo y emoción.
—¡Por fin en casa! —gritó a todo pulmón Jean, recibiendo los elogios de unas bellas chicas que se encontraba entre la multitud y aclamaban su nombre. Eso aumentó mucho su orgullo varonil—. Nunca pensé que me encantaría cumplir con mi trabajo.
—Tienes razón, Jean. Incluso me siento como un héroe —secundo un emocionado Connie, que también recibía los elogios de la gente. En eso dirigió su mirada por simple curiosidad a su compañero que estaba de al lado, Eren se encontraba viendo de frente y sin mostrar emoción alguna—. Oye, Eren. ¿No te emociona sentir la admiración y respeto del pueblo?
Eren quien pasó su vista a su compañero luego de escuchar su llamado, observó a la gente que les gritaba por su reciente victoria. ¿Victoria, de qué? Lo único que hicieron fue asesinar a su propia gente que culpa no tenía de volverse en esos gigantes come hombres.
—Para nada —respondió secamente.
—Déjalo Connie. Ya sabes que a este idiota suicida no le interesa esas cosas —dijo Jean, queriendo disfrutar de su momento popular.
Sin embargo, Eren no le recrimino por ese insulto. Ahora su cabeza se encontraba en otro lugar para tomarle importancia a peleas infantiles y sin sentido.
—Eren. ¿Qué piensas hacer con tu tiempo libre? —preguntó Armin, que estaba cerca de su lado. Sus demás compañeros estuvieron atentos e interesados en saberlo.
—Iré al orfanato.
—Oooooh... El orfanato —se oyó la voz divertida de Sasha, sonriéndole pícaramente. Eso extraño mucho a Eren por su repentino cambio de comportamiento.
—¿Qué ocurre? ¿Acaso no puedo ir?
—No, no. Claro que puedes ir, Eren. Pero ¿para qué motivo irás? —atacó ahora con una pregunta muy directa la castaña, la cazadora fue muy astuta en acorralar a su presa.
Y no era muy extraño esa pregunta, porque desde hace algunos meses atrás sus compañeros se habían dado cuenta de las constantes visitas que hacía Eren a dicho lugar sin decirles el motivo o la razón. Incluso Mikasa comenzó a preocuparse por la poca compañía que pasaba junto con el muchacho que la salvó de aquellos secuestradores, sintiéndose como un total desconocida para el mismo Eren.
—Solo voy a ayudar con los trabajos pesados, nada más —respondió fastidiado.
—¡Vamos, Eren! Sé sincero con nosotros. En realidad lo haces para tener un tiempo a solas con Historia. ¿Cierto? —Connie también sonreía de la misma forma que su compañera, solo añadiendo un leve sonrojo. Esa última oración molestó en grande a Mikasa.
—No sé lo que estás insinuando, Connie. Pero Historia se encuentra ahí por su trabajo en organizar todas las funciones principales del orfanato —el soldado mostró una expresión natural, debido a que no entendió el doble sentido que le hizo su compañero.
Tanto Jean, Connie y Sasha soltaron un largo y pesado suspiro. Era imposible fastidiar e incomodar al denso de Eren, hasta llegando a pensar que podía ser asexual.
—¿Qué rayos les pasa a esos tres? —Eren se preguntó confuso por sus reacciones.
De pronto se oyó la pequeña risilla de Armin.
—Creo que entiendo bien el por qué ellos están así. Después de todo, Historia era la chica más popular en nuestros tiempos como cadetes.
—¿En serio? —abrió un poco los ojos—. Eso no lo sabía.
—Bueno, eras el único que no estaba enterado sobre eso.
Eren se mantuvo en silencio y marcharon hasta la base militar. Había muchas cosas que les ocultaba a sus compañeros, un secreto que nadie debía enterarse, incluyendo a aquella persona que le ayudaba a descubrir la verdad a través de los recuerdos de sus antecesores.
—¿Dónde pongo esta caja?
—La puedes colocar junto con la reserva de comida.
Una vez que dejó la caja en el lugar indicado, Eren regresó a donde Historia quien se encontraba afuera del establo. Para cuando llegó ella le ofreció un vaso con agua.
—Gracias —dijo, tomando el vaso y bebiendo al instante.
—Te agradezco que de nuevo me ayudarás con los trabajos difíciles —Historia recostó su espalda en la cerca, mirando a los niños que corrían en la extensa pradera—. ¿Y cómo estuvo la expedición de hoy?
—No es gran cosa —respondió vagamente. De repente sintió la mirada enojada de su pequeña amiga rubia—. ¿Ahora que te sucede?
—"No es gran cosa". Por favor, Eren, en serio no tienes otra manera de hablar que no sea la misma en cada visita que haces —soltó un corto suspiro, no tenía caso regañarlo por su falta de interacción social—. Supongo que ahora quieres continuar con el experimento de la otra vez.
—Suena raro si lo dices de esa forma —contestó el soldado algo incómodo por ese nombre que se inventó. A Historia le pareció graciosa su reacción.
—Al menos intento ponerle algo de sentido a lo que estamos haciendo cada tarde, o prefieres llamarlo tocaditas de manos —dijo de modo sarcástico. Historia podía ser una chica amable y muy confiable con los demás, pero con Eren era más directa y sincera debido a que la hacía sentirse ella misma.
De pronto corrió una fuerte brisa de viento en toda el área. Historia colocó su mano en su cabellera rubia para evitar que se despeinada, pero enseguida notó como el cabello del chico se alborota de un lado a otro. Para cuando el viento cesó, la joven soberana no podía evitar reírse por la forma graciosa en que quedó la cabeza de su amigo.
—Esto es un fastidio —murmuró el soldado.
Historia pudo relajar su expresión para acercarse.
—Veo que de nuevo te crecio el cabello.
—Sí... A veces me complica mantenerlo en su lugar.
—¿Quieres que te corte como la anterior vez? —le sugirió, a lo cual Eren aceptó su ayuda. Historia todavía recordaba que hace cuatro meses el cabello de Eren le llegaba hasta el cuello, incluso se sentía preocupada por la falta de interés en su propia imagen.
En el interior de la casona, Eren se encontraba sentado en una silla mientras Historia sacaba unas tijeras del escritorio cercano a la librería para luego regresar hasta el muchacho de ojos esmeraldas.
—No te vayas a mover —le advirtió, colocándose por detrás de él.
—De acuerdo.
Ella comenzó con su trabajo de forma calmada, cortando primero la parte de atrás con sumo cuidado. Eren se mantuvo en silencio, sintiendo como cada parte de su pelo caía al suelo que estaba cubierto con papeles para evitar ensuciar el piso. Cuando sintió las manos frías de la chica, una repentina corriente eléctrica recorrió por todo su cerebro, mas no sucedió nada que le afectara su cordura, ni siquiera un recuerdo de su padre o del otro Eren. Sabía de antemano que ese "experimento" no siempre tiene resultados favorables.
Pero, de alguna forma, hubo algo que le intrigaba demasiado.
—Historia.
—No hables. Estoy ocupada —le dijo, siguiendo con su labor.
—Solo quiero hacerte una pregunta —continuó, perseverante.
Historia prefirió no rechistar a su insistencia, conocía perfectamente lo cabeza dura que era.
—¿Qué quieres preguntar?
—Yo... —dudó por unos segundos, pero al final decidió hablar sobre la duda que rondaba por su cabeza desde hace unas horas—. ¿Es cierto que fuiste popular durante nuestro tiempo en el reclutamiento?
—¡¿Q-qué?! —esa pregunta la tomó por sorpresa, y casi le corta una oreja a su compañero. Jamás se esperó que le hiciera tal pregunta—. ¿Para qué quieres saber de eso?
—Curiosidad, nada más —dibujó una media sonrisa—. ¿O es que acaso te incómoda decírmelo?
—¡Para nada! —frunció el ceño, enojada. ¿Acaso la estaba retando? No tenía ni idea de su propósito en saber algo del pasado, pero tampoco se iba a quedar de brazos cruzados—. Te lo diré si tú también me dices un secreto tuyo.
—¿Mío? —la miró intrigante.
—Claro. De esa forma estaremos a mano, pero tiene que ser un secreto que no le hayas dicho a nadie, y eso incluye a Mikasa y Armin. ¿De acuerdo?
Eren se mantuvo indeciso por esa propuesta, debido a que no tenía ningún secreto qué revelarle a ella. Ah no sé qué...
—Está bien —aceptó firmemente.
Historia sonrió victoriosa, empezando a recordar aquellos días cuando era Krista Lenz.
—Pues... Me enteré de eso al siguiente mes cuando ingrese a la milicia —relató, mientras reanudaba su trabajo con las tijeras—. Al comienzo no comprendía muy bien por qué todos me miraban extrañamente cuando pasaba a su lado, o la vez cuando entrenaba en los combates cuerpo a cuerpo.
Por la mente del joven soldado se puso a recordar la vez que dejó a Reiner inconsciente en el entrenamiento cuando este volteó su mirada hacia otro lado, dejándole la victoria a su merced. ¿Acaso esa distracción habría sido causado intencionalmente por Historia?
—No fue hasta que Ymir me explico el motivo de sus miradas hacia mí, e incluso recuerdo claramente lo que me dijo en ese entonces: Krista, corres un grave peligro con esos hombres acechándote en cada día. Así que yo estaré a tu lado para protegerte, y luego de graduarnos nos casaremos —dijo, imitando torpemente su voz—. Aun sabiendo la causa que yo provocaba, realmente me sentí feliz por ser importante y valiosa para los demás —de pronto puso una expresión decaída—. Pero, ellos solo adoraban a la amable y gentil Krista.
—Fue lo mejor, ¿no?
—¿Eh?
—El hecho de que dejarás atrás tu farsa como Krista para mostrarte ante todos como realmente eres —bajó un poco la mirada—. Ahora todos te conocen y valoran por lo que eres en realidad. ¿No es así, su Alteza?
—Sí. Fue lo mejor —sonrió levemente, para luego mostrar una cara seria—. Eren. No sé si ya lo olvidaste, pero hace poco me prometiste que ibas a dejar de llamarme así cuando no estemos en el palacio.
—Ah, claro.
—Ahora te toca a ti contarme.
Eren medito bien las palabras que iba a usar para contarle, soltó un pequeño suspiro.
—Yo, tengo un hermano mayor por parte de mi padre.
—¡¿Qué?! —Historia se quedó perpleja.
—Su nombre es Zeke —prosiguió—. Eso es todo lo que puedo decirte.
—¡Wow! —fue lo único que pudo decir, jamás se imaginó tremenda sorpresa. Eren tiene un hermano de sangre, y tal vez lo supo a través de los recuerdos de su progenitor. De alguna forma se sentía muy identificada con él, y no solo por descubrir que tenían un hermanastro sino también por las cosas trágicas que tuvieron que afrontar con el tiempo.
Para cuando termino de cortarle el pelo, Historia se retiró directo al lavado del comedor. Eren se levantó de la silla y caminó hasta el espejo colgado en la pared, ahí pudo notar que tenía de vuelta su viejo estilo. Ya cuando volvió ella, el soldado la miró a los ojos.
—Te agradezco por el corte.
—No fue nada —dijo, secando sus manos con una toalla—. Pero si quieres mi opinión, yo creo que te quedaría bien tenerlo largo.
—¿Acaso olvidas el problema principal de tenerlo largo?
—Eso se puede arreglar fácilmente si lo tienes amarrado en una cola —repentinamente le guiño un ojo—. Además, podrías atraer la atención de las chicas nuevas en la Legión.
—No necesito tal cosa superficial —respondió neutral—. Pero igual tomaré tu consejo.
El atardecer se deslumbró a través de las ventanas de la sala, justo en ese momento, Historia miro hipnotizada la silueta del soldado que parecía brillar gracias a la luz solar.
—Eren —se mordió el labio inferior al llamarlo, dudaba.
—¿Qué ocurre?
Ya no tenía caso, debía hablarle con sinceridad.
—¿Por qué me contaste lo de tu hermano? Sabes que podías decirme cualquier cosa, incluso una simple mentira para que te creyera —su boca se movió por sí sola, quería, no, deseaba saber el verdadero motivo de contarle tal secreto—. Tenía entendido que no ibas a revelarme nada que fuera del mundo exterior. Entonces, ¿por qué me lo dices ahora?
—Eso es porque confío en ti —esa fue su respuesta, fácil y directo. No tenía motivos para explicarle el por qué le contó eso. Tan solo sucedió así nomás—. Somos aliados.
Historia le tomó un par de segundos en responderle. ¿Merecía tener ese privilegio de confianza? Por extraño que pareciera realmente la hizo muy feliz.
—¡Por supuesto! —le dedicó una sonrisa sincero, contagiando su alegría a su compañero.
—Creo que sería mejor continuar con el experimento antes que anochezca —dijo con voz cantarina, tocándose la parte de atrás de su cabeza.
—¿No qué te parecía raro el nombre? —ella lo miró con ojos acusadores.
—Ah... Supongo que podríamos dejarlo de esa forma.
Y, sin decir nada más, ambos se retiraron de la sala para ir a un lugar más privado.
Tal vez las demás personas quedaron fascinados por la gentileza y amabilidad de Krista, pero solo Eren conocía a la verdadera Historia. Aquella chica que sonreía como una persona normal y no como una diosa.
Continuará...
