Aclaración: Shingeki no Kyojin no me pertenece, es de su creador "Hajime Isayama". Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sin lucros de su magistral obra.

Capítulo 05: "Deseos profundos y sinceros"

(Toque)

Había pasado un año desde se que arregló el asunto en la muralla María, dándose el anuncio para que la población volviera de nuevo a su lugar de origen. Ya no había titanes que amenazan con la extinción de la humanidad, además de que el gobierno usó el presupuesto de la alta sociedad para la reparación del distrito de Shingashina.

Todo parecía indicar que llegó una época de paz y armonía.

O al menos eso quería creerse...

Cuando Eren sintió por primera vez la fría sensación del mar entre sus pies descalzos, no tuvo tiempo de reaccionar al tipo de sentimiento que albergaba en su interior. ¿Emoción de contemplarlo? ¿Fascinación por lo grande que era? ¿Un hermoso paisaje de color azul? ¿Un sueño imposible ahora vuelto una realidad? Ver el gran lago en el horizonte le produjo bastantes cosas que eran difíciles de explicar, pero esto ya no era un objetivo de su niñez.

Tal vez el Eren testarudo y optimista de aquel tiempo estaría ahora gritando muy eufórico junto a sus compañeros de la infancia que el océano es real, y que su amigo Armin tenía toda la razón cuando le enseñó las distintas maravillas que portaba el mundo exterior a través de aquel libro que fue prohibido para las personas dentro de las murallas.

Pero en la mente del joven Jaeger se puso a recordar la charla que tuvo en este lugar su padre con aquel Eren conocido como el Búho. La restauración de la nación Eldiana debía llevarse a cabo a como dé lugar. La misión que le encargó su padre como última voluntad fue el motivo por el cual seguía vivo hasta la actualidad.

La libertad que tanto soñó todavía se encontraba inalcanzable ante sus ojos.

El enemigo debía ser eliminado a cualquier costo. Las acciones injustas junto con el abuso de poder por parte de Mare hacia la gente de Ymir provocaron que le hirviera de la ira a pesar de encontrarse calmado ante sus compañeros de la Legión. Esos bastardos tenían que morir y dejar de existir, siendo recordados por todos los seres vivos de este inmenso mundo como la parte negativa y atroz de la historia.

Un sentimiento de satisfacción brotaba en su interior de tan solo pensarlo. Ya no le importaba que sus acciones fueran despiadadas y crueles, de todos modos la gente del exterior los conocían como los terribles demonios del mal, ¿no? Entonces sus acciones estarían muy acorde a su estúpida ideología.

La noche se hizo presente a las siguientes horas desde que se conoció el mar, y la Legión había decidido acampar cerca de la muralla. Mañana tendrían que hacer varias cosas al respecto para la futura llegada del enemigo, tales como instalar una base militar en cada área aproximada a la isla Paradis.

Eren se encontraba sentado encima de la muralla, sus ojos los tenía enfocados en el horizonte del vasto mar. Justo a su lado estaban sus pertenencias, puesto que le había tocado el turno de vigilar la zona.

—En este mismo lugar yacen la desesperación y el odio de los Eldianos, pero también se encuentra la promesa y el acuerdo de su futura liberación.

Al decir esas palabras sintió un sentimiento de melancolía a pesar de ser la primera vez que observaba la muralla.

—¡Eren!

El mencionado se percató de la presencia de Armin y Mikasa.

—¿Qué hacen ustedes aquí?

—Hemos venido a apoyarte con la vigilancia —respondió Armin.

Eren se mantuvo en silencio tras escucharlo, ambos se sentaron cerca de su lado.

—Pareces muy pensativo.

—No tanto —dijo Eren, elevando su vista en el cielo oscuro—. A veces me pregunto si realmente seremos... Ahh, mejor olvídenlo.

—Libres. Eso fue lo que querías decir, ¿cierto?

Para Armin, no era muy difícil comprender lo que pensaba su amigo; aunque en estos últimos meses se encontraba muy extraño y solitario con él, Mikasa, y los demás. No tardó en comprender que, tal vez, seguía agobiada e impactado con todo lo que se enteró a través de los recuerdos del doctor Jaeger.

—Yo también he pensado muchas cosas al respecto luego de saber la verdad del mundo exterior. ¿Por qué nosotros tenemos que cargar con los pecados de nuestros antepasados? ¿Por qué somos considerados los demonios del mal? ¿Y por qué nacimos para volvernos la mayor desgracia de toda la humanidad? A veces me pregunto el porqué de nuestra injusticia solo por ser descendientes de Ymir —explicó Armin, colocando sus manos cerca de sus rodillas y con la cabeza agachada—. Todavía no lo comprendo. Incluso ahora mismo soy un simple ignorante ante las distintas opiniones de cada persona que se encuentra más allá del mar.

Eren soltó un pesado suspiro, de alguna forma estaba de acuerdo con su opinión.

—¡Eso no es del todo cierto! —tomó la palabra Mikasa ante el estado de ánimo de sus dos amigos—. Nosotros no somos tan diferentes al resto. Aquellas personas que nos odia y acusa de haber provocado estas calamidades en el mundo no saben que nosotros nunca estuvimos enterados de esa cruda realidad, y todo por culpa de las ideas erróneas que les enseñaron.

Mikasa, que era la única chica silenciosa y reservada del grupo, por primera vez mostró confianza para entablar una conversación larga respecto a su opinión personal.

Eren comenzó a rascar su cabeza fuertemente.

—Me siento patético que Mikasa me haga aclarar mis propias dudas.

—Espera Eren. Yo no lo quería decir de esa forma.

—Se siente nostálgico este ambiente que tenemos ahora, ¿no lo creen? —habló Armin, llamando la atención de ambos. Sacó de su mochila un pañuelo con algo dentro en su interior, tras abrirlo se reveló la concha marina que había guardado desde el mediodía—. Ya ha pasado un año desde la última ocasión que estuvimos reunidos los tres. Recuerdo que esa vez nos quedamos hablando de recuperar la muralla María para por fin conocer el mar.

Por la mente de Eren se puso a recordar de otra cosa que se mencionó en aquella ocasión. Tratar de recuperar su ciudad natal del enemigo y retomar otra vez sus antiguas vidas. Esa misma charla se volvió a repetir, incluso esta noche era la misma donde los tres hicieron esa promesa.

Era cierto. ¿Cómo pudo haberse olvidado de aquello?

—Tienes razón. Al final logramos cumplir con nuestra promesa —dijo Mikasa en un tono calmado, cubriendo parte de su boca con su bufanda.

—Es verdad. Nosotros pudimos...

«Tienes que salvar a Armin y a Mikasa de nuestro cruel destino.»

La voz de su padre resonó en su cabeza, dejando sus palabras a medias. De nuevo ese recuerdo le causó miedo y desesperación. ¿Por qué ocurría esto tan de repente?

—Eren. ¿Qué te sucede? —se oyó la voz preocupada de Mikasa, tocándole su hombro.

—Estoy bien —dijo con una voz apagada luego de volver en sí mismo. En eso fijó sus ojos esmeraldas en ambos muchachos, no quería creerlo pero tenía una intuición de que algo malo ocurriría en el futuro—. Yo solo... Yo solo estaba pensando si volveremos a estar reunidos los tres en la siguiente ocasión. Las posibilidades para que sobrevivamos son muy escasas ahora que tenemos a un terrible enemigo de proviene de tierras lejanas, además que ni siquiera sabemos si podremos tener una oportunidad de ganar.

—Sobreviviremos —Mikasa tomó la palabra—. Sin importar las adversidades que se nos presente, o la avanzada fuerza militar que ellos posean. Todos nosotros lucharemos para ganar esta batalla y sobrevivir.

Armin dibujó una media sonrisa, levantándose de golpe.

—Mikasa tiene razón. Hasta ahora nosotros y toda la Legión hemos logrado grandes hazañas que nadie más pudo hacerlo. Todavía no podemos darnos por vencidos tan fácilmente, pues nada está dicho aún.

—Sí. Necesitamos pelear para poder ganar —diciendo esas palabras, Eren recuperó de nuevo su confianza.

El ambiente incómodo que se generó entre el trío poco a poco se volvió más relajado.

En ese momento Eren supo que necesitaba tiempo, el tiempo suficiente para lograr una estrategia de derrotar al enemigo que se avecina pronto a la isla. El camino era difícil, pero buscaría lo que sea para protegerlos.

—Espero que volvamos a estar juntos en la próxima ocasión —murmuró Armin.

Tanto Eren como Mikasa estuvieron de acuerdo con lo que dijo, mientras los tres siguieran juntos podrían lograr atravesar este complicado problema.

Pero, de alguna forma, Eren sintió que esta emotiva reunión sería la última.


Pasó un mes desde que la Legión conoció el lado oculto que guardaba el exterior de las murallas. Ese día, los altos funcionarios hicieron una importante reunión para hablar sobre el avance de la fortaleza que se hizo en los extremos de la frontera, como una medida de seguridad para confrontar al enemigo en caso de que vinieran por vía marítima.

—¿Cómo va el avance en la base militar, comandante Hanji? —fue la pregunta que hizo Darius Zackly, uniendo sus manos en forma de rezo.

—Por ahora hemos logrado un mejor rendimiento en cuanto a la vigilancia en dado caso que el enemigo apareciera, lamentablemente, no podemos asegurar su total eficiencia si hubiera por ejemplo una densa niebla. Además si el enemigo se transporta en varios barcos, tenemos a Eren y a Armin para frustrar su invasión, aunque lo malo es que todavía no conocemos el desarrollo avanzado de su armada —hizo una corta pausa—. Si tuviera que ser franca diría que necesitamos de toda la suerte posible para conseguir la victoria. Después de todo, nos estamos enfrentando al mundo entero.

—Ya veo. Entonces, lo único que podemos hacer es esperar lo peor si el plan de defensa fracasara.

—Señor, le pido permiso para hablar —dijo Eren, quien se levantó de su asiento.

—Adelante, nuestro titán.

—Viendo la situación actual en la cual nos encontramos, tengo una sugerencia que hacerle.

—¿Cuál es tu sugerencia?

—He estado pensado que en vez de destruir los barcos del enemigo podemos utilizarlos a nuestro favor —explicó con seriedad—. Si lo mantenemos en buen estado podremos averiguar la tecnología que portan y encontrar un modo de contraatacar, incluso podemos usar a su propia gente como rehenes si las cosas se empeoran. Y solo eso podría ser posible si Armin y yo usamos nuestro poder titán.

—Entiendo. Lo que tratas de decir es que hurtemos su avance militar aprovechando que nosotros los tenemos a ustedes, además que obtendremos información valiosa de ellos si los capturamos convida. ¿Qué opina de la idea del joven Jaeger, comandante Hanji?

—Diría que podría funcionar, aunque puede ser muy arriesgado llevarlo a cabo debido a que es un plan de doble filo. No tenemos el conocimiento exacto si el enemigo se ablandara con saber que tendremos a sus compañeros como prisioneros, y esto lo digo por la información del propio Eren cuando el poseedor del Titán Bestia abandonó a Bertholdt a su propia suerte luego de perder la batalla.

—No tenemos de otra más que intentarlo —habló Pixis—. La supervivencia de nuestra gente depende que este plan funcione, o tal vez haya otra persona que tenga otra idea.

Las personas en la sala se mantuvieron en silencio, nadie tuvo una objeción al respecto.

—¿Y usted qué opina, su Alteza? —preguntó Zackly.

Historia se quedó mirando a Eren fijamente, a lo cual él también hacía lo mismo.

—Si nadie en la sala tiene alguna propuesta que hacer, entonces daré por aceptado el plan de Eren Jaeger —pronunció con su voz firme y segura.

Luego de escuchar las palabras de la Reina se dio por finalizado la reunión de hoy.


—Te agradezco mucho por lo que hiciste en la reunión.

—En serio no tienes porque agradecerme. Yo solo lo hice porque confío en ti.

En el despacho de la Reina. Eren e Historia se encontraban sentados en el gran sofá y mirando la gran ventana que se encontraba abierta.

—Hoy tiene entrenamiento, ¿verdad? —preguntó ella sin verlo a la cara.

—En el mediodía —respondió enseguida—. Hanji-san dijo que debo ayudar a Armin a controlar su poder titán, incluso que tendríamos una pelea de prueba para mejorar nuestros puntos débiles. Mientras tanto el capitán Levi junto con Mikasa y los demás se encargarán de entrenar a los soldados novatos en el manejo y uso de la lanza trueno.

—Ya veo. Ustedes se encuentran muy ocupados, y si eso le añadimos con la futura llegada del enemigo. Todo parece indicar que estarán activos durante todos los días de la semana —recostó su cabeza ahora viendo el techo—. En algunas ocasiones he deseado volver a ser un soldado y apoyarlos en lo que pueda.

—Ya lo haces —interrumpió el soldado, viéndose a los ojos de forma sincronizada—. Me has ayudado en varias cosas que yo mismo no podía hacer, incluso lo hiciste en la reunión de hace poco.

—Ya te dije que lo hice porque confío plenamente en tu decisión.

En la habitación pasó unos veinte minutos, durante ese lapso de tiempo ninguno de los dos habló u opino de algo. Ellos ya estaban acostumbrados a ese ambiente tan silencioso y calmado, despejando sus problemas personales y poder relajarse en el corto tiempo que tenían de compañía.

De pronto Eren se levantó del sofá, e Historia supo la razón de eso.

—¿Ya te vas? —preguntó lo obvio, el soldado solo asintió con la cabeza—. Bueno, supongo te veré en la siguiente reunión.

—Historia... —la llamó de forma insegura—. Hoy vas a ir al orfanato.

—¿Hoy? —ladeó la cabeza—. No, no iré. Ahora el orfanato se encuentra en orden y sin ningún problema para necesitar mi presencia.

—Entonces, ¿puedo pedirte algo?

—¿Qué es? —lo miró con suma intriga.

—Puedo verte esta noche.


Esa misma noche Historia se encontró muy nerviosa, caminando inquieta de un lado a otro en su gran habitación. Todavía recordó aquellas palabras que le dijo Eren, incluso le pareció muy extraño que mencionada un encuentro nocturno considerando que era una petición indecente y peligroso. ¿Acaso Eren pretendía infiltrarse en su habitación con los guardias vigilando todo el palacio real?

Sabiendo de su pronta visita decidió vestirse con ropa casual, debido a que sería demasiado vergonzoso que él la viera usando su largo camisón para dormir.

Eran alrededor de la diez de la noche, y no hubo aparición del soldado. La habitación estaba oscura y el sueño le estaba venciendo a cada momento. Justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, oyó un sonido seco proveniente de su balcón.

La sombra de alguien misterioso apareció y se le acercó a pasos lentos.

—Historia... ¿Estás despierta...? —llamó aquella persona en voz baja.

Tras reconocer su voz, Historia se levanto apurada de su cama.

—Llegas muy tarde. ¿No sabes la hora que es? —le dijo con sumo enfado. Eren no pudo notar su expresión por lo oscuro que estaba el lugar.

—Te dije que vendría esta noche, jamás te mencione a qué hora estaría aquí —respondió el soldado con simpleza.

Historia dio un corto suspiro.

—Bueno, ¿de qué quieres hablarme? Debo suponer que es muy importante para tener un encuentro a estas horas.

—La verdad... Es que solo quería charlar un poco contigo.

—¡Eh! Es una broma, ¿cierto?

—No. No lo es.

A Historia le tomó un par de segundos en reaccionar, porque la situación estaba muy extraña entre los dos. O mejor dicho, Eren estaba raro en este día.

—Si solo era eso, podemos hacerlo en nuestro tiempo libre.

—Lo que ocurre es que ya no tendré tiempo para verte.

—¿Qué quieres decir?

Eren se mantuvo indeciso si contarle o no de la información que recibió de Hanji antes de comenzar la reunión. En ese instante tomó una elección.

—Teniendo al enemigo amenazando con atacar en cualquier momento la isla Paradis. La Legión decidió alojarse en la base que formamos cerca del mar, por lo cual ya no tendré tiempo para visitarte.

Ahora entendía claramente el motivo de su visita. Luego observó a Eren que caminaba de vuelta al balcón.

—Sígueme.

—¿A dónde? —fue lo único que pudo preguntar.

—A un lugar más cómodo para hablar.

Sin oponerse a su proposición, Historia le siguió el paso.

No podía creerse lo que acaba de ocurrir hace unos minutos, puesto que ahora se encontraba sujetando con fuerza la espalda de Eren mientras este se mantenía volando gracias a su equipo tridimensional.

Observo la ciudad iluminada, siendo un bello paisaje desde su propia perspectiva.

Luego un largo trayecto Eren aterrizó encima de la muralla Sina.

—Llegamos —le avisó.

Historia enseguida dejó de sujetarlo y sus pies tocaron el suelo.

—Cuando me dijiste que te siguiera pensé que me llevarías a un lugar cercano.

—Creí que este lugar era una buena elección. ¿O quieres que cambiemos de lugar?

—No, así está bien —le dijo, sentándose. Sería una pérdida de tiempo encontrar otro lugar dada las altas horas de la noche—. ¿Vas a sentarte?

Eren no dijo nada y pasó a sentarse a unos quince centímetros de ella. De repente notó la mirada de la Reina, viéndolo de forma atontada. Historia, tras percatarse de ello, se volteó rápidamente para no verlo a la cara.

—¿Qué te sucede?

—Nada. No me sucede nada —se excusó algo nerviosa. La verdad fue que ella se quedó embobada por su cabellera azabache—. Veo que tomaste mi consejo de mantener tu cabello largo —le dijo, sin voltearse.

—Ah, eso. Decidí cambiar un poco mi apariencia —dijo con total naturalidad. En eso oyó la audible risa de su acompañante—. ¿Qué es tan gracioso?

—Pues, me resulta gracioso saber que si te importa cuidar tu persona ya que siempre te he visto que Mikasa era la que se ha encargado de cuidarte desde que éramos cadetes. Incluso escuché de la boca de los demás que más parecías su hijo en vez de su hermano —lo miró a los ojos dibujando una media sonrisa—. Además, he notado que ahora quieres lucir mejor tu cabello que el promedio.

—No es para tanto. Tampoco me quiero comparar con Jean, que siempre me fastidia sin razón aparente cuando Mikasa estaba al pendiente de mí —le respondió, algo incómodo.

—En eso estoy de acuerdo —entonces alzó su mirada hacia el cielo estrellado—. Cambiando un poco el tema sobre tu cabello. Eren, dime, ¿cómo es el mar?

Eren miró también el cielo oscuro apoyando ambas manos hacia atrás para sostener su cuerpo. Recordó la experiencia de conocer el gran lago salado, la melodía agradable de la aves y la sensación increíble de descubrir nuevas criaturas que habitaban ahí.

—El mar es... Muy grande. Muy salado. Y muy azul.

—No tienes una mejor forma de explicarlo.

—Lo siento —suspiró con pesadez—. No soy tan bueno relatando cómo lo hace Armin.

—No importa. Solo con oír eso, yo también tengo interés de conocer el mar algún día.

Las primeras horas se pusieron a hablar de varias cosas, algunas fueron de sus vidas cotidianas y otras de sucesos únicos. Ambos se sintieron como unos niños que se contaban de todo para poder mantener su vínculo amistoso.

El amanecer y el crepúsculo tienen colores similares a la soledad

La infancia normal y corriente que jamás pudieron tener debido a que convivían en un mundo donde eran prisioneros en el interior de una gran jaula conocida como las murallas.

Las coincidencias de haberse conocido no existían, tan solo ocurrió lo inevitable.

Eren Kruger lo había dicho. La cadena de tragedias se repetía una y otra vez, como un molesto bucle, mostrando un angustiante sufrimiento de perder a tus seres más amados hasta lograr un cambio drástico para no volver a experimentarlo.

Durante la conversación ninguno de los dos se percató de la cercanía del otro, casi rozando la punta de sus dedos mientras una agradable brisa refrescaba sus rostros.

—Ojalá todos pudiéramos estar así para siempre —dijo Historia en un tono bajo pero audible—. Viviendo libres de cualquier discriminación que provocó nuestros antepasados. Un mundo nuevo donde todos podamos convivir en paz y armonía con el mundo exterior, eliminando las guerras sin sentido para ya no derramar más sangre de gente inocente.

Eren vio el rostro de Historia, que diciendo esas palabras pudo captar como sus ojos zafiros brillaban con cierta intensidad gracias a la luz lunar. Sintió una ligera sensación sofocante en su pecho. Ella aún tenía la esperanza de que este mundo podrido pudiera cambiar.

—Si derrotamos al enemigo... Si derrotamos a Mare estoy seguro que podremos encontrar nuestra libertad —entonces dirigió sus manos justo en su cuello, sacando la llave que le reveló la verdad del mundo exterior ahora convertido en un recuerdo de su pasado—. Mi padre antes de irse me dijo que la curiosidad de un ser humano no se puede reprimir, y gracias a esas palabras yo he podido avanzar hacia adelante. No solo fue el poder titán que me entregó, también fue el valor de poder cumplir todas mis metas si me lo propongo.

—Entonces, debemos seguir luchando hasta la muerte con esa nación extranjera. ¿Acaso es la única opción que tenemos? —ella bajó la cabeza, abrazando sus rodillas—. Sin embargo te comprendo Eren, y mucho. Es imposible hacerlos entrar en razón con acciones pacíficas porque de todas formas somos considerados como descendientes del mal.

Sumergida en sus propios pensamientos, Historia se percató tarde cuando sintió un cálido roce en su mano. Levantando un poco su cabeza se encontró con los ojos de Eren, su rostro expresaba seriedad y a la vez comprensión.

—Eren...

—Sin importarme las tragedias que ocurran en los siguientes días, meses o años. ¡Yo jamás permitiré que ellos destruyan el hogar donde hemos nacido! No mientras siga con vida en el tiempo que me queda de vida.

Historia sonrió ante su comentario, directa y un poco egoísta. ¿Acaso era un tremendo idiota en pensar que el mundo giraba en torno a él? ¿O como si fuera el protagonista de una historia trágica?

—En serio tú... Ni siquiera tengo palabras para decirte sobre eso.

—¿Ah? Yo solo estaba siendo sincero contigo.

—Lo sé. Eres tú, después de todo.

—Eso suena como si fuera algo malo.

La Reina no pudo evitar reírse ante el enojo infantil de Eren. A veces actuaba genial, pero otras veces parecía el mismo chico problemático de hace un año. No podía evitar sentirse más que aliviada de que no cambiará mucho tras descubrir la verdad en su sótano, aunque también hubo una parte de él que cambió ante sus ojos.

—¿Historia...? ¿Te ocurre al-...? —sus palabras quedaron a medias cuando sus labios fueron aprisionados por los de la joven Reiss.

Ella rápidamente detuvo el beso, alejándose un poco de su compañero que tenía la mirada perpleja. ¿Qué fue lo que había hecho?

—¡Eren! Yo, lo siento mucho. No quise... —y de la misma forma, el soldado también la interrumpió con un beso y colocando una mano en su mejilla.

Historia tan solo cerró los ojos y disfruto del momento. No sabía cómo había ocurrido esto, pero eso fue lo que menos le importo. Por primera vez experimentó un extraño sentimiento por él en estos meses, siendo muy raro en ella quien no entendía mucho de las emociones humanas. ¿Acaso esto significaba ser amada? ¿Un amor mutuo y compatible, o un simple deseo por el género opuesto? Esas preguntas fue lo que estuvo rondando en su cabeza.

Cuando ambos se separaron para tomar aire, ninguno tuvo el valor de hablar y romper el ambiente que se formó. Sin embargo alguien tuvo que hacerlo.

—¿Qué fue lo que acabas de hacer, Eren? —preguntó la soberana, levemente sonrojada.

—Eso mismo deberías preguntarte a ti.

—¡¿Qué?! —entonces cambió su vergüenza por enfado—. O sea, lo hiciste como un acto de venganza por el beso robado que te di.

—¡Tampoco lo quise decir de esa forma! —contestó, algo avergonzado—. Yo nunca creí que nosotros terminaríamos de... Ya sabes, eso.

Historia se quedó callada al escucharlo. La vergüenza volvió a apoderarse de su cuerpo mientras observaba la silueta de Eren viendo el horizonte.

—Pronto va a amanecer —enseguida se levantó y preparó su equipo—. Será mejor irnos antes de que todos descubran nuestra desaparición.

—Tienes razón —ella igual se levantó—. Imagínate los castigos severos que te hará el capitán Levi si no te encuentra en tu cuarto —bromeó.

—Ni siquiera yo quiero saberlo —respondió el muchacho, incómodo.

Y así ambos partieron de la muralla para regresar al palacio real.

En la mente de Eren se puso a memorizar lo que acaba de ocurrir con Historia. ¿Por qué fue impulsado a besarla frenéticamente sin pensarlo o razonarlo? No lo entendía claramente, y eso le trajo gran confusión. Ella era su amiga y su aliada. Entonces, ¿por qué tuvo la necesidad de hacerlo?

En medio de sus dudas, sintió como Historia ajusto más fuerte el agarre de sus brazos en su cuello. De nuevo apareció esa sensación sofocante en su pecho. ¿Qué fue lo que le estaba sucediendo? Esta sensación era muy distinta cuando estaba cerca de Mikasa o de Sasha.

Sin importarle el motivo de aquel cambio que solamente Historia Reiss le generaba. Solo tuvo como único deseo ver que ella siguiera tan llena de vida y por fin mostrara una sonrisa verdadera y normal.

Por eso mismo decidió esforzarse en lograr su objetivo de obtener la libertad de todos.


Nadie pudo predecir lo que ocurrió exactamente. Todo pasó tan rápido que ni siquiera los soldados de la Legión se esperaron tremenda sorpresa tan inesperada.

Un fuerte disparo se escuchó en toda la zona donde ambos bandos estaban presentes.

Aquel militar enemigo había disparado a su superior en frente de sus compañeros, quienes observaban impactados lo que acaba de suceder. Ese mismo militar neutralizó a sus propios camaradas, para luego rendirse ante los demonios de Paradis mientras se quitaba su casco revelando ser una chica.

La mujer conocida como Yelena, luego de ser nombrada por uno de su grupo, miró de forma asombrada al titán que había levantado su buque. Una sonrisa entusiasta se le formó tras reconocer a la persona que estaba dentro del gigante.

—He querido conocerte, Eren.

Desde ese momento la esperanza de salvarlos a todos se marchitó.

Continuará...