EL PLAN DE DRACO

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Sinopsis: Narcissa siempre ha soñado con la boda perfecta para su único hijo. Draco tiene otro plan.


Para nadie era un secreto que Narcissa Malfoy llevaba años soñando con planear y organizar la boda de su hijo, desde que lo vio en su cuna, tan hermoso, como si fuera un querubín pintado por los mismos dioses.

El problema era que jamás imaginó que esa boda sería protagonizada por nada menos que por una bruja nacida de muggles, y no una bruja cualquiera… Hermione Granger, la mujer más famosa en la actualidad, no solo por su inteligencia, su papel en la pasada guerra, o las reformas que estaba implementando en el Ministerio Británico de Magia, sino también por ser la prometida del heredero sangre pura Draco Malfoy.

Quizá el peso del apellido no fuera el mismo que tuviera en otras épocas, pero un linaje de más de mil años no podía pasar desapercibido. No señor. Ni siquiera Lord Voldemort, el mago oscuro que los había pisoteado durante dos años, había logrado destruirlos. Los Malfoy se habían levantado como los fénix, de entre las cenizas de las habladurías y la humillación, y gracias a sus galeones e importantes conexiones con emporios no solo del Reino Unido sino de Europa continental y Asia, sus alas brillaban más que nunca. Habían aprendido a mantener la frente en alto, dejando atrás los errores del pasado, olvidando su historia mortífaga, mostrando con orgullo su rostro al mundo.

De todos modos, no tenían por qué esconderse. Habían sido juzgados y, le doliera a quien le doliera, el Wizengamot los había absuelto.

Después de eso, habían pasado casi desapercibidos, hasta que Corazón de Bruja los puso de nuevo en el ojo público cuando captó a Draco en compañía de Hermione saliendo de Flourish & Blotts, para luego dirigirse a una cafetería del Callejón Diagon. Esto había causado un revuelo en la prensa rosa que, a partir de ese momento, no los dejó ni a sol ni a sombra y había sido testigo, igual que el resto de la comunidad mágica, de cómo esa coincidencia en una librería iba convirtiéndose en amistad, luego en un noviazgo y finalmente, en un compromiso matrimonial.

Mucho se especulaba sobre la boda del año desde que anunciaron el compromiso.

Por supuesto, no hubo poder humano que hiciera a Draco cambiar de interés amoroso. Narcissa lo había intentado todo. Porque sí, ella y su marido ya no proclamaban a los cuatro vientos sus opiniones sobre la superioridad de su sangre mágica, y estaban de acuerdo con que se respetaran los derechos de los nacidos de muggles. Es más, apoyaban económicamente a muchos niños de bajos recursos provenientes del mundo muggle con programas que tanto Harry Potter como Hermione y Dennis Creevey habían creado para ayudarlos con la adaptación al mundo mágico previa su entrada a Hogwarts. Pero de ahí a que uno de los suyos mantuviera abiertamente una relación con una de ellos… eso era otra historia.

Narcissa despotricó, organizó citas con brujas de linaje y alcurnia provenientes de diferentes países, amenazó con desheredar e incluso desconocer a su amado hijo, todo con la esperanza de que Draco dejara a Hermione. Nada funcionó. Él se había ido enamorando poco a poco a través del trato constante, del trabajo en conjunto en materia legal y del apoyo a las causas que ella impulsaba. Había ido lentamente cayendo rendido a los pies de la mujer que siempre había catalogado como inferior para después tenerla en un pedestal, en lo más alto de su mundo, muy por encima de sus padres. Padres que lo habían orillado a vivir los momentos más oscuros y dolorosos de su vida. Los amaba, quizá un poco menos que en su infancia, los respetaba por lo que representaban en su vida, pero ya no se dejaba engatusar por ellos. Lejos había quedado el niño que buscaba siempre su aprobación para dar paso a un adulto que se negaba a volver a ser el títere de alguien.

Rendida de tanto ardid sin resultados positivos, Narcissa había aceptado a regañadientes que Hermione sería su futura nuera, y aquellos deseos de organizar la boda, la boda del año, empezaron a motivarla. Draco, a sabiendas que su madre podría ponerse muy intensa con el tema, ideó un plan con su mejor amiga Daphne Greengrass. Una vez afinado cada detalle, visitó a Hermione en su oficina del ministerio una tranquila tarde de finales de septiembre.

—¡Draco! ¡Qué linda sorpresa! —exclamó ella, colgándose de su cuello para darle un tierno beso en los labios. Aún se sorprendía de haberse enamorado tan fácilmente de él, el chico matón del colegio—. ¿A qué debo el honor de que el magnate y soltero más codiciado del mundo mágico me visite? —preguntó con mirada traviesa citando las frases que Rita Skeeter solía usar para referirse a él—. ¿Qué hice para merecer ese honor?

Draco sonrió; adoraba el humor de ella, la complicidad que tenían en sus momentos de intimidad. Tenían tres años de relación y un año viviendo juntos, y seguía disfrutando de esas espontaneidades como el primer día.

—He hecho una reserva en aquel café muggle que nos gusta, y estoy dispuesto a raptarte si te niegas.

Hermione negó con la cabeza, sonriendo con picardía, acostumbrada ya a las excentricidades de su futuro marido, que aparecían cuando menos las esperaba.

—Siempre podría activar el protocolo de emergencia si me siento amenazada —comentó fingiendo indiferencia, mientras rozaba con su dedo índice el borde de la mandíbula. Draco sentía cómo su entendimiento se iba nublando con aquella caricia. Esa mujer lograba encender la pasión con solo mirarlo.

—Es usted muy mala, señorita Granger —murmuró con una sonrisa ladeada, presionando con travesura la nariz de la bruja—. Se aprovecha de este pobre hombre que está muy enamorado.

Hermione se tensó ante esas palabras. Era la primera vez que Draco confesaba abiertamente lo que sentía.

—¿Lo estás? —preguntó en apenas un susurro, su corazón latiendo con fuerza.

—No creí que tuvieras dudas al respecto —murmuró a escasos milímetros de su boca, sus ojos vidriosos por la emoción.

Hermione lo abrazó con más fuerza y se besaron por lo que parecieron horas, mientras se repetían múltiples te amo. Una vez saciados, Draco la tomó de la mano y se aparecieron en la parte trasera de una cafetería, donde él rápidamente los desilusionó hasta asegurarse que no había nadie alrededor que los pudiera ver.

Una vez ahí, sentados en su lugar favorito, y tras deleitarse con la repostería, Draco tomó ambas manos de Hermione entre las suyas y le propuso su plan.

—Sé que el tema de la boda y mi madre te tienen nerviosa. Y te entiendo perfectamente. Sabes que ella tiene sentimientos encontrados con todo esto, nunca te lo he ocultado. Y aun así, está dispuesta a imponer su estilo en todo lo que tiene que ver con los preparativos. Es por eso que quiero proponerte algo: que nos fuguemos.

—¿Como Lydia y el señor Wickham? —dijo Hermione con mirada chispeante.

Draco sonrió por la referencia. Habían visto la serie del noventa y cinco días atrás, y habían discutido sobre el triste destino que le esperaba al hombre experimentado que había caído en las garras manipuladoras de una quinceañera inexperta. El embaucador había sido embaucado.

—Sé que es algo egoísta lo que te pido, y que quizá sueñas con una boda grande, con todos tus amigos…

—No quiero nada de eso, Draco —lo interrumpió mientras negaba con la cabeza—, y si no lo sugerí antes fue porque no quería desairar a tu madre. Pero si quieres una boda secreta, estoy completamente de acuerdo.

—¿Segura?

—Completamente. Sólo necesito al novio, a mis padres, a Harry y a Ginny. Nada de lujos, nada de exageradas túnicas ni gastos estrafalarios. Mucho menos cientos de invitados.

—Daphne, Theo y Blaise en mi caso. Y estoy de acuerdo.

—¿Theo nos casará? —preguntó Hermione fingiendo cara de tragedia. De los amigos de Draco, era su favorito, por su carácter alegre, muy dado a bromear. Draco asintió. Instantes después, Hermione recordó a Narcissa—. ¿Qué crees que dirá tu madre cuando se entere?

—No se lo diremos —respondió, acariciando el anillo que le había dado semanas atrás—. Nadie se enterará. Veremos cuánto tardan en darse cuenta. A lo mejor cuando lo note en el tapiz familiar, pero ya no podrá hacer nada.

—Y ¿cuándo propones que lo hagamos?

—Por mí, ya. Pero te dejo la tarea de escoger la fecha. Yo tengo el lugar —dijo guiñándole un ojo. Ella se sonrojó por la emoción. Draco siempre la sorprendía.

—¿Qué te parece este fin de semana? ¿Es muy pronto?

—Es perfecto —afirmó Draco con ilusión, besando cada mano con ternura.

Pocos días después, en un claro escondido de un bosque al que solían frecuentar en el condado de Sussex, debido a su encanto mágico y tranquilo, el sol iba camino hacia el ocaso, bañando todo el lugar en tonos dorados y cobrizos. Un pequeño arco de flores blancas y rosas pálidas servía como altar improvisado. Los pocos invitados sonreían complacidos, enviando sus mejores bendiciones a la pareja.

Hermione llevaba un sencillo vestido blanco perlado, con tirantes finos que cruzaban su espalda y caía de manera fluida hasta la media pierna. Su cabello suelto, con ondas naturales, era movido suavemente por el viento, y su único adorno era el ramo de flores a juego con el altar. Draco vestía una camisa blanca, corbata y pantalón negro, y a pesar de ese aspecto informal en él, se veía elegante, un reflejo de su porte refinado.

Ambos no habían dejado de mirarse mientras Theo, como representante del Departamento de Leyes Mágicas, recitaba las palabras que los unirían como marido y mujer para el resto de sus vidas. Tras los votos, Theo agitó su varita y conjuró un lazo dorado que envolvió a la pareja, sellando su unión con un antiguo ritual mágico. Los invitados aplaudieron con genuina emoción.

La cámara de Harry Potter retrató un emotivo momento en el que Draco, abrazando a Hermione como si nadie más existiera a su alrededor, besaba la cabeza de su esposa con cariño. Se había soltado el nudo de la corbata y arremangado las mangas hasta el codo, y parecía estar diciendo algo al oído de su esposa, quien con ojos cerrados, disfrutaba de la cercanía y sonreía.

Jamás se pudo haber imaginado el niño que vivió que vería a su mejor amiga, casi hermana, casarse con su antiguo enemigo del colegio. Y, sin embargo, había sucedido… Se habían odiado, se habían perdonado, y ahora se amaban… Las misteriosas vueltas de la vida.

Sonriendo ante el cuadro, buscó a su esposa y se abrazó a ella. Theo hacía lo mismo con Daphne mientras Blaise se servía, con aire divertido, otra copa de whisky de fuego en honor a la pareja. Estaba feliz de ver a sus amigos enamorados, a pesar de que él mismo no creía mucho en el amor. Aunque lo que sentía por Astoria quizá se le parecía, y era hora de sentar cabeza. Él también quería vivir un momento tan mágico como el de esa tarde.

Draco se volvió hacia sus amigos y les agradeció su presencia, recordándoles la importancia de mantener en secreto la ceremonia. Luego de un brindis por ellos y en especial por Narcissa —lo que provocó la risa de todos—, tomó una de las manos de su esposa, sus ojos brillando con intensidad. Se disculpó por no poderlos acompañar más tiempo, ya que lo esperaba su luna de miel. Blaise hizo un comentario pasado de tono que hizo sonrojar a Hermione y Ginny explotó de risa. Theo, más disimulado, puso sus manos sobre el vientre de su esposa, alegando que había niños presentes. Harry no sabía si reír o regañar a Blaise por la ocurrencia.

Al final, todos rieron para luego despedirse y seguir con sus vidas, mientras Draco y Hermione aparecían en un yate anclado en las Islas Griegas. El sol en el horizonte los recibió, el sonido del agua chocando suavemente contra el barco era lo único que se escuchaba. El ambiente parecía casi irreal, envueltos en la paz que les ofrecía el estar juntos, el poder disfrutar de su amor sin conflictos, sin tensiones.

Draco la miró, esbozando una pequeña sonrisa.

—Bienvenida a bordo, señora Malfoy.

Esas palabras llevaban implícito más que un cambio de su nombre, todo lo que habían construido juntos, lo que habían superado para llegar a ese momento. Hermione, con el corazón emocionado, sonrió a su vez.

—Gracias, señor Malfoy —dijo, entrelazando sus manos con las de él.

Acercándose a Draco, el cielo fue testigo del amor que se profesaban, que sellaba ese momento en su memoria, para siempre. Lo que pasara después, los tenía sin cuidado.


Este OS participó en el concurso Dramione San Valentín del grupo de FB «Yo amo el Dramione».

Temática: BODA

Inspirado en un fan art de Jaxx.

14 de febrero, 2025