Había olvidado lo divertido que es esto de escribir fanfics.
I: De rosaditas y rubios idiotas
Sasuke abre los ojos, desconcertado, sin saber muy bien cuándo se ha quedado dormido junto al fuego. Para cuando despierta, el sol ya comienza a salir y la fogata frente a él está extinta por completo. Su cuerpo se siente pesado y dolorido, pero su brazo no está molestándole en lo absoluto, lo que le parece raro de inmediato, pero él no va a quejarse.
Busca a Kakashi con la mirada y no lo encuentra, tampoco está Naruto inconsciente junto a él. Aunque Naruto tiene esta extraña habilidad de curarse con rapidez, supone que un envenenamiento es una cosa grave y si bien su sensei tiene conocimientos de primeros auxilios, no cree que el rubio sea capaz de estar despierto tan pronto. También le parece raro, pero tampoco va a quejarse, lo mejor es ir rápidamente por Sakura y acabar de una vez por todas con la bendita misión que no ha hecho más que joderle un poquito más la existencia.
Se pone de pie y se tambalea, su cuerpo de nuevo se siente demasiado pesado, pero lo raro viene cuando observa sus piernas y ve un par de pantalones oscuros que le quedan muy por debajo de las rodillas y que no se parecen para nada a sus muy usuales shorts blancos. No puede evitar notar además, una capa larga y estorbosa que cuelga de sus hombros, cubriendo una oscura (de nuevo) camisa manga larga totalmente diferente a su camiseta de mangas cortas color azul.
No que las gamas oscuras no le gusten, pero esa definitivamente no es su ropa.
No lo notó, pero tal vez resultó herido también y está alucinando un poco por el veneno que noqueó a Naruto.
Tiene que ser eso, porque no hay otra explicación coherente.
Mierda, sí que es difícil mantenerse de pie con esa ropa y la pesadez que siente.
De alguna manera, parece que se ha puesto de pie sobre algo; esa no es la altura a la que está acostumbrado.
—Sasuke— escucha que le llaman y da la vuelta, totalmente confundido, solamente para encontrarse con un tipo de lo más raro. Al demonio con la ropa, Uchiha se pone en posición de combate y cuando quiere acercar la mano a su cintura para tomar un kunai, se topa con la empuñadura de una espada.
¿Pero qué rayos?
El joven parece retroceder cuando le ve tomar la katana y Sasuke se relaja un poco. Kakashi no está por ningún lado, Naruto tampoco y si está en lo correcto, va a ser atacado por el sujeto de cabello blanco y
¿esa es la espada de Zabuza?
La espada debe pesar unos cuantos kilos y en seguida activa su Sharingan, alguien capaz de sujetar esa espada tan fácilmente (vamos, que el tipo la tiene colgando de un hombro como si no fuera la gran cosa), no debe ser tomado a la ligera.
El recién llegado comienza a sudar y tiene una mueca desesperada en su rostro, mientras intenta evitar sus ojos —No hay necesidad de ser tan hostil en la mañana, Sasuke. Mira que es un bello día, es mejor que comencemos a movernos ¿sí? ¡No hay necesidad de derramar sangre innecesariamente! ¡Nop! ¡No hay razón!—
¿Moverse hacia dónde?
Sasuke lo examina un poco más; el tipo parece aterrado de él, y aunque puede ser solamente una estrategia para hacerle bajar la guardia, también le habla con cierta familiaridad que le desconcierta.
¡Si es que nunca lo ha visto en su vida!
El ninja frente a él tiene casi su misma estatura, es más bien flacucho y posee una apariencia extraña similar a un pez. No porta insignia de ninguna aldea, por lo que supone que es un renegado.
Mierda, bien podría estar a punto de morir y de Kakashi, ni las luces.
Piensa fugazmente en Sakura y en que (como si no hubieran perdido suficiente valioso tiempo ya), tendrá que esperarles un poco más.
Una presencia más, salta para quedar a sus espaldas, se trata de una mujer pelirroja, de la estatura de Sakura, supone, un poco extraña y con una de esas miradas que le lanzan varias chicas en Konoha. Sin embargo, a diferencia de las otras chicas, ella no duda en arrojarse hacia él y Sasuke desenvaina su katana, listo para usarla, aunque no sepa cómo.
Pero extrañamente, y muy a pesar de lo que ha pensado en un principio, la espada se siente... bien.
Casi como si el peso en sus manos fuera reconfortante.
Se observa a sí mismo, esta vez con un poco más de claridad; sus manos son enormes y sus piernas se ven más largas, en su frente no siente el usual metal de su banda de Konoha y definitivamente sus brazos son mucho más anchos. Sasuke está confundido, y no es para menos, el cuerpo en el que está no le pertenece, es mucho más musculoso, alto, y (por lo que pudo notar al desenvainar la espada) más rápido; su sharingan también se siente diferente, más agudo, su visión es mejor.
Pero si es tan diferente, ¿por qué el tipo con cara de pez le ha llamado por su nombre?
¿Qué demonios está pasando?
Las quejas de la mujer se sienten molestas en sus oídos y voltea a verla, con la mirada más envenenada que puede. Ella guarda silencio al instante con el rostro pálido y retrocede.
No es que no disfrute del silencio, pero en condiciones normales, los ninjas adultos (como los dos que están allí) no retroceden ante la mirada de un muchachito de trece años.
Todo es tan confuso.
Y la cosa se pone peor (todavía peor, como si no tuviera ya suficiente) cuando un hombre muchísimo más grande que él salta de un árbol para aterrizar junto al tipo de pelo blanco que sostiene a la mujer pelirroja (¿ella realmente está llorando porque la ha mirado ligeramente mal?); él aún les apunta con su katana y no quiere pensar demasiado en la postura que tiene, demasiado cómoda y experta. —Sasuke-sama, es bueno que se sienta más recuperado de sus heridas, pero deberíamos comenzar a andar. Una tormenta se avecina desde el sur.—
¿Sasuke-sama?
—Déjalo, grandulón. Sasuke no se siente bien hoy, creo que al fin el chakra podrido de la perra le ha comenzado a afectar.— Dice el otro, soltando con rapidez a la chica, a sabiendas de la patada que va a soltarle segundos después. Sasuke no puede evitar levantar una ceja en consternación; nunca ha visto que sus enemigos se atacaran entre sí, esta gente está resultando de lo más rara y mira que él convive con un adicto al ramen con el cerebro de una nuez, un adulto que lee pornografía frente a menores de edad y una chica que puede reiniciarte el día de un golpazo (que afortunadamente él nunca recibe).
—¡Estúpido cara de tiburón, voy a partirte la cara de imbécil que tienes!— la mujer se acomoda los lentes que lleva y le lanza otra patada, una que él no esquiva, sino que en cambio evita, volviéndose agua y escurriéndose por el suelo.
Sí, en agua.
Así, muy normales no es que estén resultando.
Pero él está acostumbrado a cosas peores, Sakura y Naruto nunca se callan. Aún así, la paciencia que generalmente tiene con sus compañeros de equipo, no sale a la luz y se ve a sí mismo más irritado de lo que debería estar por un asunto tan ridículo como ese.
El más grande del trío de raros se le acerca y el cuerpo de Sasuke quiere reaccionar, pero no se siente en peligro; su instinto nunca falla, sin embargo, el maleante es enorme y en teoría debería sentirse algo prevenido (no asustado porque él se mordería la lengua hasta la muerte antes de admitir que siente algo similar al miedo): —¿Se siente mal?— pregunta, con un rostro casi consternado, poniendo una mano sobre su hombro. Aunque el tipo se ve gigante a lo lejos, cuando se acerca, Uchiha no puede evitar sorprenderse al darse cuenta que la diferencia entre los dos no es mayor a una cabeza.—Deberíamos parar en alguna aldea para que lo vea un doctor?— sugiere y a Sasuke le parece una idea muy razonable.
Comenzando con que tal vez un doctor le diga qué demonios está pasando con él, con su cuerpo y con su cabeza. Tal vez se golpeó muy fuerte, o ha caído en un genjutsu.
Los otros dos dejan de golpearse casi al tiempo y con una sonrisa sardónica, el hombre se dirige hacia él: —¿Y a dónde vamos a ir? ¿A Konoha?— sus palabras destilan veneno y a Sasuke le da la impresión de que es una indirecta para él, pues el tiburón le observa con ojos profundamente indignados y dolidos, a pesar de que le está contestando a su compañero —¿Quieres que nos maten? La última vez, Sasuke le atravesó el pecho a la rosadita con su kusanagi; el rubio idiota podría estar buscándonos todavía.—
Al pelinegro se le hielan los huesos, no sabiendo muy bien qué deducir de esas palabras llenas de odio dirigidas hacia él. A esas alturas ya está más que claro que ellos le temen más de lo que él les teme, pero eso no evita la desconfianza que nace de su pecho.
Además, el tipo está delirando.
Solo hay una rosadita y un rubio idiota que él conoce.
—No tiene que ser Konoha, pero alguien debería revisar a Sasuke; su cuerpo quedó muy lastimado.— interviene el grandote con tono conciliador; de todos es el que mejor le cae, si es que puede elegir en una situación tan rara como esa.
¿Y esa gente por qué está hablando como si un Uchiha no pudiera pisar Konoha? Su familia fue uno de los pilares de la aldea. Su propio padre dirigía la policía ninja.
—¿A cuál rosadita?— pregunta antes de poder detenerse, sus manos tiemblan por la sospecha, aunque está seguro de que se trata de una estupidez. Él no sería capaz.
—En serio que no tienes corazón, Sasuke.— como si fuera posible, el tipo con cara de tiburón le lanza una mirada más envenenada y una sonrisa sarcástica, luciendo realmente indignado por su pregunta. —Pues a la rosadita esa tan guapa que siempre estaba con Naruto. Le atravesaste el pecho con la katana, sin siquiera parpadear.— Musita como si cualquier cosa, sacando una cantimplora y dándole un sorbo, intentando no perder su fachada despreocupada.
Las palabras se clavan en el pecho de Uchiha, como una daga certera; a pesar de estar seguro de que él no ha hecho algo semejante, ni lo haría en ningún futuro, el aire comienza a faltarle, porque ese día apenas comienza y todo está patas arriba. La sola idea se le antoja ridícula, pero también le parece ridícula la posibilidad de despertarse en otro cuerpo y rodeado de tres ninja de mala muerte con pinta extravagante. Y allí está.
La posibilidad existe.
Al menos hasta que sepa qué sacar de toda la situación.
Sin embargo, Sasuke está seguro de que sería incapaz de ponerle un dedo encima a Sakura ¿cierto?
Lo duda un segundo, solo cuando recuerda, en serio recuerda que ella suele interponerse en cada combate que él podría perder. Lo hizo para protegerlo de Gaara, lo hizo cuando los del sonido los atacaron en el bosque de la muerte. Lo hizo cuando él y Naruto se enfrentaron en la azotea del hospital y casi, casi la lastima con su chidori.
Estuvo a punto de cometer un pecado imperdonable.
Sakura suele protegerlo, y si, por alguna extraña razón, ella hubiera intentado protegerlo a él o a Naruto otra vez...
Los accidentes pasan.
Estuvieron a punto de pasar.
La posibilidad existe.
¡Dios sabe que él solo está intentando usar la lógica en un escenario tan perturbador como en el que se ha despertado, porque el solo pensarlo le revuelve el estómago!
Por supuesto, él nunca lo haría. Naruto no lo permitiría y Sasuke tampoco se atrevería. Nunca a Sakura; ella debe ser protegida, cuidada, nunca lastimada. Menos por su mano, jamás por su mano. El tipejo seguro está delirando o hablando de alguien más.
Además, ¿cuándo habría podido hacerlo de todas maneras? Solo el día anterior era un genin que no tenía idea de cómo utilizar una espada.
Intenta convencerse, y se siente tranquilo por unos muy cortos instantes, hasta que la mujer pelirroja le da un codazo en las costillas al cara de pez y observa a Sasuke con cautela, como temerosa de su reacción.
—Basta de estupideces, a los muertos se les deja quietos.— murmura ella, regañándo al peliblanco en voz alta, pero luego se acerca más a él, susurrándole con el ceño fruncido y ligera tristeza: —Sakura no querría que Sasuke se sintiera culpable. Cállate de una vez.—
A Sasuke le flaquean las rodillas.
