III: De rocas, árboles de cerezo y campos de flores.
Cuando al fin Karin y Suigetsu dejan de pelear, Juugo se encarga de guiar el camino hacia no se sabe dónde, pero al mencionarlo, el ambiente se ha puesto más pesado. Los dos peleoneros se han quedado tranquilos y seguido el camino sin si quiera murmurarse un solo insulto. Como mansos corderitos.
En lo que Sasuke lleva de conocerlos, puede deducir que eso no es muy natural en las dinámicas del equipo y se pregunta a dónde van, que es tan importante para ellos, pero no menciona nada; supone que es mejor esa extraña calma, que recorrer el bosque llamando la atención de cualquier escuadrón ninja enemigo.
Después de casi cinco horas de viaje en el silencio más sepulcral (a excepción de los ya muy usuales quejidos del tiburón por el calor, por la sed, por el agotamiento y las subsecuentes miradas de odio por parte de la única chica), el equipo llega a un campo de flores algo descuidado, junto a un lago y con un árbol de cerezos en medio.
Por la temperatura, Uchiha asume que es casi el final del verano y las hojas del cerezo no están en su mejor momento; a pesar de que sigue siendo una vista bellísima, él nunca ha sido muy de observar flores, ni árboles, ni nada, así que no encuentra el punto en visitar el lugar con tanta urgencia como sus compañeros lo quisieron hacer ver.
Eso es hasta que ve una roca, acomodada con mucho cuidado justo bajo las ramas del cerezo y escondida entre la maleza, propia de un lugar que no es frecuentemente visitado, tal como aquel. Sasuke como que comienza a entender la idea de todo.
Suigetsu le da un leve empujón, instándolo a acercarse al gran árbol.
Pero cuando nota su mirada desconcertada, siente que el peliblanco lo odia un poquito más. —¿Qué? ¿Ya se te olvidó dónde dejaste a tu esposa?— escupe con rabia, mucha rabia y Juugo tiene que intervenir para que el peliblanco no arme una pelea en el lugar.
Karin está más silenciosa de lo que ha estado todo el camino y le lanza una mirada insegura.
Y aunque es cierto que él mismo se ha sentido perdido, desconcertado y totalmente fuera de lugar desde que se despertó, lo de la esposa lo dejó mucho peor.
Y una esposa muerta, ni más ni menos.
¡Tengo trece años, ni siquiera es legal que me case!
Si es cierto que viajó al futuro, supone que es posible que se haya casado con alguien, pero para que eso hubiera sucedido, Itachi tendría que estar muerto ya, porque, de no ser así, no pondría en riesgo a su futura familia, ni tampoco tendría mucha cabeza para pensar en otras cosas.
Aunque no quiera, muy dentro de sí, se pregunta con quién habría de casarse; nunca se ha sentido especialmente atraído por las mujeres (ni por los hombres tampoco, para aclarar) y supone que para restablecer su clan, habría escogido una mujer fuerte, su esposa tendría que ser la mejor kunoichi, porque si fuera por algún tipo de cariño, pues terminaría uniéndose con-
No. No. No.
Un viento frio le recorre con la sola idea.
Suigetsu se lo habría dicho. Lo habría insinuado. No parece del tipo de personas que se guardan sus opiniones, así que algo habría dejado escapar.
Y Sasuke se da cuenta.
Que Suigetsu sí lo hizo.
Tantas veces que le reprochó haberle hecho daño. Tantas veces que le habló con amargura. El silencio de Karin y la protección de Juugo, había algo ahí también, pero él no lo vio. Una razón por la que le protegen personas a las que, supone, supera en nivel.
Como si el pecado fuera demasiado grave como para confiar en que podría seguir adelante.
Como si no pudiera cuidarse por sí mismo.
Lo único que hacemos es acompañarte para que no te mates por la culpa.
No. No. No.
Él no habría sido capaz.
De alguna manera, se siente más real el hecho de que ella esté muerta. Ahora que está allí, a unos metros de su tumba improvisada, el peso de unas acciones que sabe que cometió, pero no pudo evitar, se hunde en su pecho, pesado como el plomo, asfixiándole, impidiendo que sus pulmones trabajen correctamente.
Había tenido la esperanza de que Suigetsu hubiera cometido un error, o de que ella se hubiera salvado mágicamente, o de que simplemente fuera mentira.
Pero la hierba en sus pies, húmeda, marca un camino hacia el árbol y la roca junto a sus raíces se dibuja cuando el aire juega con la maleza. Ella no solamente era su compañera, era su amiga, también su esposa y cuando lo piensa bien, eso último no es un hecho que le sorprenda demasiado, pero él se atrevió a hacerle daño y a cruzar una linea, a transgredir una regla inquebrantable.
Ella era lo único puro en el equipo. Naruto y él están tan jodidos y solos y amargados y traumatizados por un pasado cruel, pero ella no. Siempre intentó proteger su pureza, su buen corazón, su amabilidad.
Maldita sea.
Naruto nunca le perdonaría tampoco lo que le hizo a su adorada Sakura-chan.
Sasuke sabe que él mismo no lo haría si la situación fuera al revés.
Los perdió a los dos.
Y no se explica cómo.
El Sasuke de trece años no se atrevería a si quiera pensar en lastimarla, ¿pero el Sasuke de treinta?
La había dejado morir.
La había asesinado con sus propias manos.
Sasuke le atravesó el pecho a la rosadita con su kusanagi.
Se convirtió en Itachi. Tal como él, lastimó a las personas valiosas que le querían hasta el punto de no retorno.
Sus rodillas flaquean, pero no se atreve a dejarse caer. Permite que su flequillo le tape el rostro y avergonzado con ella, contiene las lágrimas. Ni siquiera es digno de llorar, porque es su culpa, porque él la mató.
Tal vez el Sasuke de trece años podría llorar y gritar y pedir que todo fuera una pesadilla, pero el Sasuke de treinta años que es ahora, tan culpable de su muerte, no merece nada. Ni siquiera el arrepentimiento que le quema el pecho.
Ni el sentimiento de abandono. Ni la soledad. Ni la tristeza. Ni la rabia.
No se atreve a dar un paso hacia ella y en cambio retrocede varios. Nadie se ha atrevido a decir una sola palabra más, simplemente están allí, en silencio y acompañándole con la mejor intención y Sasuke sabe que, si antes eran solo un trio de raritos molestos, este gesto no lo va a olvidar nunca porque ahora son personas valiosas también.
Aunque su cariño no valga nada.
Karin se atreve a recuperar el ramo de flores maltratado que cuelga de la mochila de Sasuke y se lo extiende, señalando con su cabeza, el cerezo no muy lejos de su posición actual. Ella le sonríe como si él no fuera un monstruo y le da un pequeño empujón también, respaldada por la húmeda mano de Suigetsu y el pesado tacto de Juugo.
Él no puede detener sus pasos, a pesar de que son cortos e inseguros, y de que con cada paso, las lágrimas arden más y más. El niño aterrorizado que es, le reprocha al adulto que será, el haber perdido a la poca familia que tenía por una venganza. No sabe si está conforme con haber cumplido su meta a costa de los sacrificios que tuvo que hacer, a costa de la soledad que le espera por el resto de su vida. Cree que Itachi está muerto, tendría que estarlo o no se habría casado jamás (ni con ella, menos con alguna otra), pero la satisfacción que esperaba sentir no llega. El dolor nubla cualquier otra emoción y le impide regodearse en la paz que debería inundarle.
¿Esto en serio vale la pena? ¿Aún a costa de Sakura?
Cuando al fin llega a la roca en el centro del campo de flores, se deja caer un poco, mientras se contiene porque él no puede llorar, no por ella, no si es así de culpable. Las flores que Karin le entregó, están maltratadas por el viaje y por la fuerza con la que las sostiene, pero a Sasuke no le importa mucho cuando las coloca en un altar descuidado que parece llevar allí unos cuantos años.
Se toma unos minutos, para reflexionar sobre lo que debería decir. La situación no le resulta extraña en lo absoluto, pues ha visitado la tumba de sus padres y su clan, limpiado sus altares y llevado flores los últimos cinco años de su vida, pero nunca ha sabido qué decirles. Ahora no encuentra muy diferente la situación, el nudo en su garganta no le permite decir absolutamente nada y el aire se hace espeso, pesado y abrumador.
Pasan algunos minutos hasta que es capaz de juntar algo de valor para hablar y aun así, las palabras le suenan cansadas y aturdidas: —Perdóname— murmura, como si ella fuera capaz de escucharle donde sea que esté. Sus puños están cerrados, sujetando la tela de su capa con tanta fuerza que sus nudillos se ponen blancos. —No esperaba que este deseo de mierda resultara así. Desde que desperté esta mañana llevo sintiendo como que cometí un grave error.— Hace una pausa, recomponiéndose porque su voz suena humedecida por las lágrimas y él no quiere, no puede, no merece llorar. —Todo está fuera de lugar, soy un adulto y parece que Itachi está muerto... pero tu también lo estás, por mi culpa.— Sin poder contenerse más, su voz se rompe y una lagrimita se le escapa hasta caer sobre la roca, dejando un rastro diminuto.
Las ramas del cerezo se mueven con el viento, y hasta su nariz llega el olor de las flores, tan vivaces y bonitas. Sasuke se permite a sí mismo, permanecer unos segundos más allí, mientras recupera el control nuevamente. —No sé si este futuro valga la pena.— Murmura un pensamiento que se le ha escapado fugazmente.
Su hermano está muerto ¿No era esa su meta diecisiete años atrás?
Si esa era su meta, todo sacrificio habrá valido la pena.
—Ni siquiera puedo creer que estés muerta, mucho menos que sea culpa mía.— continúa después de unos minutos más, y se permite un poquito de indulgencia consigo mismo cuando comienzan a escapársele más lágrimas. —No sé qué pasó, ni por qué estamos aquí ahora, pero lo siento.—
Lo siento.
Lo siento.
Lo siento.
—Lo siento.— Grita con fuerza mientras llora desconsolado porque parte de su familia lo ha vuelto a abandonar. No recuerda la última vez que se sintió tan desgraciado, la noche de la masacre de su clan, tal vez.
Taka, que le espera varios metros más allá, voltea la mirada, dándole privacidad a su líder a sabiendas del daño que le hace visitar la tumba de su esposa. Razón por la que no había regresado por allí después de cuatro años.
Varios minutos después, cuando Sasuke regresa con ellos, tiene la mirada gacha y los hombros caídos, luce tan derrotado que nadie hace un solo comentario. Karin pone una mano sobre su brazo y él se deja caer sobre su hombro, llorando un poco más.
Sasuke, el niño orgulloso, no tiene reparos en dejarse consolar.
Y Sasuke, el adulto atormentado, se siente tan cansado de pelear, que decide rendirse ante el confort que le ofrece su compañera.
Perdóname,Sakura
Actualicé super rápido porque hoy inicia el mes SasuSaku. Seguramente hoy les llegaron notificaciones de que actualicé muchas veces y es que tuve que arreglar los capítulos porque cometí un errorcito (?
