Capítulo III: Búsqueda del tesoro.

El sol comenzaba a despedirse del horizonte cuando Wall-e, tras regresar de la torre de basura, se dedicó a buscar nuevos objetos para agregar a su colección. Cada pieza que encontraba despertaba su curiosidad: una vieja calculadora con botones desgastados, un reloj de pulsera digital detenido en un tiempo olvidado, una caja de música sin cuerda. Todo eso lo examinaba con característica paciencia antes de decidir si valía la pena guardarlo en su mochila y llevarlo a casa.

Justo cuando estaba por terminar su exploración y regresar, un destello en la luz del atardecer llamó su atención: se trataba de un viejo refrigerador, cubierto de polvo y óxido, su puerta apenas visible entre la tierra seca. Algo en él le resultó intrigante, al acercarse e inclinar su oído, percibió un leve sonido proveniente del interior, un murmullo casi imperceptible, como el roce de algo frágil contra la estructura metálica.

Intentó abrir la puerta con ambas manos pero la oxidación y el paso del tiempo habían sellado el refrigerador en su lugar. Frustrado, buscó entre sus herramientas y sacó un pequeño láser de corte que llevaba en uno de los bolsillos de su uniforme, con cuidado trazó una línea en el metal hasta que la estructura cedió con un crujido. Apartó las piezas con precaución y, entre los restos de lo que alguna vez fue un compartimiento de conservación encontró algo completamente inesperado.

Era delgado, flexible, con un color verde vibrante. Pequeños puntos también verdes se extendían a lo largo de su superficie. Wall-e lo sostuvo con cuidado en la palma de su mano, temeroso de que pudiera romperse con el más leve movimiento brusco. Su corazón latía con una mezcla de asombro y confusión.

-¿Qué eres?-murmuró aunque sabía que nunca recibiría respuesta. Nunca antes había visto algo así. En su memoria, no había registros de un objeto similar entre todo lo que había recolectado. No era metal, ni plástico, ni vidrio. Parecía... vivo. Apretó los labios, inseguro sobre qué hacer con su nuevo hallazgo. Era diferente, extraño y misterioso. Pero también hermoso. Y algo en su interior, algo que no podía explicar, le dijo que debía protegerlo-hmm… debería protegerlo con algo, pero ¿qué?-miro a su alrededor en busca de un recipiente adecuado, hasta que oyó un maullido y sus ojos se posaron en Hal que llevaba una bota vieja y polvorienta en el hocico. La tomó y, con sumo cuidado, colocó la cosa verde dentro. No sabía por qué, pero sintió que allí estaría segura. De camino a casa no pudo dejar de pensar en su nuevo hallazgo ¿qué rayos era? ¿cómo funcionaba? ¿necesitaba algo para sobrevivir? Y si realmente estaba vivo ¿había algo que él pudiera hacer para mantenerlo así? su mente formulaba preguntas sin respuesta y una preocupación comenzó a formarse en su pecho: Hal. Su pequeño gato era curioso por naturaleza y tenía la mala costumbre de morder cosas desconocidas ¿y si la cosa verde terminaba como su próximo juguete? decidió que, al llegar a casa, buscaría la mejor manera de resguardarla. Quizá la colocaría en un estante alto, lejos del alcance de Hal. O tal vez la escondería en algún rincón secreto hasta averiguar qué hacer con ella. Lo que sí tenía claro era que, por primera vez en mucho tiempo, había encontrado algo más que un simple objeto. Había encontrado algo que valía la pena proteger. En un determinado momento estaba a punto de abrir la compuerta de su camión, no tenía ni idea de a qué hora había llegado a casa pero, en eso, notó algo muy extraño. Unos puntos rojos comenzaron a salir volando de los altos rascacielos y torres de basura, comenzaron a arrastrarse por el suelo en dirección a Wall-e, ante lo cual se sorprendió y trató de bloquearlos con su pala-¿pero qué...?-se sorprendió aún más cuando lo atravesaron y no sintió nada. Rápidamente se dio la vuelta y vio que todas las luces iban en la misma dirección, así que decidió ir a comprobar de qué se trataba. Se puso la mochila al hombro y se acomodó la pala tras la espalda. Mientras corría, súbitamente el suelo empezó a vibrar y a temblar obligándolo a detenerse por un momento. Retomó la carrera viendo que a unos dos metros de su posición se levantaba polvo, al cabo de unos minutos, llegó al borde de un acantilado y ante sus ojos protegidos por los googles apareció una nave espacial. Wall-e nunca había visto nada parecido por allí, el acantilado era demasiado alto para bajar y tuvo que observarlo todo desde arriba, vio que un dispositivo salía de la nave espacial y empezaba a iluminar la zona con una luz azul (un escáner), el hombre se apoyó en una roca a su lado que era un poco más grande que él. Después de un momento, vio como una parte rectangular se abría y algo parecido a una cápsula cilíndrica oscura se deslizaba fuera, en uno de sus costados estaban escritas las siglas «E.V.E.», un brazo mecánico colocó la cápsula en el suelo mientras que el otro comenzó a activar un código de activación. Al cabo de unos segundos, la cápsula se abrió y de su interior salió vapor etéreo, era obvio que algo o alguien estaba dentro. Wall-e enfocó mejor sus googles y vio que dentro de la cápsula había una... ¿mujer? la mujer que estaba en el interior despertó, estiró los brazos dando un bostezo, cuando estuvo fuera de la cápsula, comenzó repentinamente a cambiar de forma y abrocharse en la parte trasera de su traje. Los ojos de Wall-e se abrieron de par en par al contemplar a la hermosa mujer-ooohhh-murmuró observándola con los ojos bien abiertos y la boca apenas abierta. Tenía la apariencia de una mujer de unos veinte años, su cuerpo era delgado pero atlético, su cabeza y rostro estaban cubiertos con un casco espacial, vestía una armadura limpia con algunos detalles negros en sus piernas, la parte del pecho, rodillas y codos estaban diseñados como las articulaciones de una muñeca de porcelana, la parte trasera de su armadura [donde estaba sujeta la cápsula] tenía escrito el acrónimo «A-113», algo que Wall-e no pudo entender, ¿quizás era una especie de apodo? en el brazo izquierdo llevaba una extravagante muñequera con varios botones. Con solo mirarla, Wall-e sintió algo que nunca había sentido en su vida: se enamoró de ella, fue amor a primera vista. La mujer miró a los lados y por debajo de su cuello se acercó un poco más a su pecho blindado, entonces levantó el brazo izquierdo y de su muñequera salió una luz azul con la que empezó a escanear una parte de la zona. Wall-e se percató de que estaba utilizando la misma luz azul de la nave espacial. El brazo robótico de la nave se retira, Wall-e se sobresaltó ante el repentino ruido, se escondió de nuevo detrás de la roca inseguro de lo que harían esas máquinas por sí solas. Mantuvo la mirada fija en la mujer que ahora se alejó unos metros de la nave, se escuchó un zumbido y los motores se encendieron. ¡La nave estaba despegando! Wall-e intentó escapar pero fue arrastrado por el polvo que levantaron los motores de la nave, una columna de fuego y humo envolvió la superficie, Wall-e fue arrastrado a unos metros de distancia, en unos segundos, la nave espacial comenzó a despegar, subiendo hacia lo alto en el cielo contaminado y desapareciendo entre las nubes. Una vez que el polvo se disipó, fue posible visualizar unas marcas en medio del suelo, por un momento, la mujer miró hacia arriba en la dirección en la que la nave había despegado, luego continuó escaneando durante un rato hasta que decidió moverse un poco. Sonriendo, comenzó a flotar en el aire usando sus botas anti-gravitacionales con alas adosadas a ellas-¿puede volar?-pensó Wall-e sorprendido.

La mujer deja de girar, su armadura cambió ahora por algo estilizado como si quisiera moverse rápido, en un abrir y cerrar de ojos, giró con fluidez a lo lejos como un ave, deseosa de volar tras un largo sueño. Sentía la necesidad de ser libre.

Dio volteretas, trazando círculos acrobáticos, bucles y giros. Wall-e silbó por lo bajo ante el despliegue de tanta majestuosidad y belleza de la mujer en el aire y su poder de vuelo, siguió sus fluidos movimientos con la mirada, tratando de mantener el ritmo de su increíble velocidad, casi llegando a supersónico cuando ella terminó un bucle alto. Luego pasó a poca altura por encima de él, cerca del lugar donde había despegado, la mujer ni siquiera se fijó en él y lo dejó en el polvo de su estela.

Se movía de forma impecable, silenciosa y suave como si bailara en el cielo, su blanco casco espacial brillaba bajo los rayos del sol, Wall-e se quitó el polvo de sus googles y se quedó perplejo como si estuviera mirando a un auténtico ángel. Se embriagó de amor al verla volar por el aire a gran velocidad mientras dejaba estelas contorneadas a su paso, se apoyó en el lateral de la roca con su mano de piel pero accidentalmente tiró una piedrita, esto hizo que la mujer detuviera su vuelo, rápidamente cambió su muñequera por una pistola de plasma y disparó contra la roca, precisamente donde Wall-e se escondía.

La explosión levantó polvo y escombros, cubriendo a Wall-e mientras se encogía detrás de los restos de la ahora destruida roca. Su corazón latió con fuerza, su respiración se volvió entrecortada, el miedo y la adrenalina recorrieron su cuerpo. Permaneció inmóvil hasta que la mujer guardó su arma y continuó su patrullaje como si nada.

Wall-e se tomó un momento para calmarse y asimilar lo que acababa de ocurrir. Se sintió algo desilusionado: ella no era tan amigable como había esperado. Pero no dejó que eso lo desanimara. Su curiosidad pudo más que su temor, y decidió seguirla de lejos, sin llamar su atención... al menos por ahora.

Eve escaneó todo a su paso utilizando un pequeño holo-pad de electroforesis, delgado como un papel, instalado en su muñequera, que emitía rayos de luz azul que formaban una cuadrícula láser sobre cualquier objeto con el que se topara. Procesaba su composición material, verificando si tenía algún contenido biológico, de momento, no encontró nada aún, sólo tres pitidos de procesamiento seguidos de Comenzó su camino desde el lugar de aterrizaje hacia el Sector NA-001, yendo de un lado a otro para encontrar lo que estaba buscando. Tenía que hacerlo rápido, sólo le habían dado dos semanas para explorar quinientos kilómetros cuadrados de tierra estéril en este planeta de roca contaminada, aunque pudo disfrutar de un vuelo rápido, no podía imaginar quién podría sobrevivir aquí con las tormentas de arena, las lluvias ácidas y otros mortíferos desastres naturales, por no hablar de las temperaturas extremas o el aire espeso químicamente contaminado. Dicha persona la seguía de cerca mientras se adentraba en las ruinas del complejo de Manhattan. Por otro lado, Wall-e sigue a Eve desde una distancia más o menos prudente como un perrito detrás de su madre. Parece que no puede estar lejos de ella pero a su vez tiene la sensación de que ella está muy concentrada en buscar algo, casi como si estuviera jugando a una búsqueda del tesoro. Wall-e quiere intentar aproximarse más a la mujer e intentar al menos ser su amigo, pero ella parece no estar interesada, además de que es muy cuidadosa a la hora de toparse con desconocidos. Cada vez que intentaba acortar distancia, Eve se alejaba con rapidez, ignorándolo o viéndolo como una distracción irrelevante. Wall-e sentía un pequeño conflicto interno. Por un lado, sabía que ella no quería compañía. Por otro, su curiosidad y necesidad de hacer contacto lo impulsaban a seguir ideando formas de llamar su atención. Mientras Eve escaneaba un depósito de autos abandonado, el hombre se ocultó detrás de una pila de neumáticos. Hal, su fiel gato, lo acompañaba. De pronto, Hal vio a Eve a lo lejos y, sin previo aviso, salió de su escondite. -Psst… Hal ¡Hal!-lo llamó en voz baja queriendo llamar su atención-ven conmigo ¡no te acerques!-pero fue en vano. Hal se acercaba cada vez más a la mujer-oh no…- En un parpadeo, Eve sacó su pistola de plasma y disparó. Wall-e contuvo el aliento. Su corazón latía con fuerza mientras el disparo levantaba polvo y escombros. Creyó que Hal había sido aniquilado. Pero, contra todo pronóstico, el gato emergió del pequeño cráter ileso, sacudiéndose el polvo del pelaje. Tanto Wall-e como Eve quedaron sorprendidos. -Awww, ¡qué tierno! ¡un gato!-exclamó Eve con curiosidad y se acercó al animal. Su expresión, antes fría e implacable, mostró una ligera grieta. Lentamente, se quitó el casco, revelando por primera vez su rostro y su largo cabello blanco desde que llegó al planeta. Observó al gato con detenimiento y volvió a escanearlo, tratando de comprender cómo había sobrevivido al disparo; sin embargo, su expresión cambió al escuchar a Hal maullar insistente como si le pidiera que lo cargara. Con una mueca de indecisión, Eve finalmente accedió y tomó a Hal en sus brazos. Le hizo algunas cosquillas en el vientre, disfrutando de su ronroneo. Hal, divertido, trepó por sus hombros, enredándose en su cabello y frotando su cola contra su nariz. Eve, sin poder evitarlo, soltó una risa. La escena hizo sonreír a Wall-e, pero ese mínimo sonido bastó para llamar la atención de Eve. Su rostro se endureció de inmediato. Volvió a sacar su arma y disparó contra los neumáticos sin vacilar. Wall-e entró en pánico, protegiéndose como pudo tras los restos de hule destrozado. El miedo lo paralizó. Su admiración por la mujer se tambaleó. Por primera vez, se preguntó si seguirla había sido un error. Temblando, se encogió en el suelo en un intento instintivo de esconderse. Pero Eve ya lo había visto. Se acercó con Hal en sus hombros y sin dejar de apuntarle con su arma-¿quién eres?-su voz resonó fuerte y cortante-¡deja de esconderte y mírame cuando te hablo!-Wall-e se negó al principio, apretando los ojos con fuerza. Pero, poco a poco, cedió y levantó la mirada. Eve lo observaba con frialdad. Hal maulló, sacándola de su trance. Ella lo miró y luego volvió su atención a Wall-e-¿es tuyo?-Wall-e no respondió con palabras, solo asintió en silencio. Con un ademán, llamó a Hal para que regresara. El gato, sin dudarlo, saltó de los hombros de Eve y corrió de vuelta con su dueño-más vale que no vuelvas a seguirme- Sin decir más, Eve bajó su arma y siguió su camino. No podía permitirse distracciones, aún tenía una misión que cumplir. Wall-e, sin embargo, sigue decidido a volver a llamar su atención como lo hizo Hal.

Des yeux qui font baisser les miens

Un rire qui se perd sur sa bouche

Voilà le portrait sans retouche

Se las ingenia para encontrar un viejo aparato que mide radiación en la basura e intenta imitarla, pasándolo por diferentes objetos como si estuviera realizando un análisis. Eve sabía que ese hombre no parecía una amenaza creíble para ella, pero el hecho de que la siguiera a todas partes, imitando sus acciones, la hacía sentirse molesta, era una distracción de su misión, de su directiva. También la siguió hasta el supermercado de un centro comercial abandonado, donde, en un intento de acercarse más, terminó teniendo un accidente con carritos de compras los cuales cayeron todos al mismo tiempo por las escaleras mecánicas y cayeron sobre él antes de que pudiera salir por la puerta, haciendo que Eve lo observe con una mezcla de desconcierto y exasperación.

De l'homme auquel j'appartiens

Quand il me prend dans ses bras

Il me parle tout bas

Je vois la vie en rose

Qu'il me dit des mots d'amour

A pesar de sus fracasos, Wall-e no se dió por vencido. La noche cayó sobre la ciudad, está nublado pero no había probabilidades de tormentas de arena, la brillante luz azul del escáner de Eve ilumina la oscuridad de la muerta ciudad. Wall-e sentado con Hal encima de un gigantesco contenedor esférico de aceite, miraba con cariño a la mujer quien seguía haciendo lo que había estado haciendo desde que llegó, escaneaba una planta procesadora de combustible en ruinas de la ciudad en busca de cualquier indicio de lo que fuera que estuviera buscando.

Des mots de tous les jours

Et ça me fait quelque chose

Il est entré dans mon cœur

Une part de Bonheur

Eve llegó a una zona plana no muy lejos de la posición de Wall-e, sabía que estaba allí pero no se inmutó con él, ya que tras su primer día en la Tierra con un encuentro cercano, decidió dar por terminada la noche. Se quitó la cápsula que llevaba en la espalda, la cual resultó ser una cápsula criogénica, pulsó un botón y la dejó caer. Antes de que impacte contra el suelo, se expandió instantáneamente hasta convertirse en una cápsula criogénica de tamaño real. Desde lejos, Wall-e se estremeció ante el aparato futurista como si fuera a explotar ante la mujer, él no era de sorpresas. La cápsula criogénica se abrió para ella y se introdujo en ella bostezando con cansancio, vislumbró brevemente al hombre sentado en la torre de combustible mientras le deseaba en silencio buenas noches y cerró la tapa de la cápsula. Mientras Eve se dispone a descansar, Wall-e pasó toda la noche trabajando en un "gran gesto" para impresionarla.

Dont je connais la cause

C'est lui pour moi

Moi, pour lui, dans la vie

Il me l'a dit, l'a juré pour la vie..

Por la mañana, Eve despierta aparentemente descansada. Su cápsula se abre automáticamente apenas está consciente. Salió de la cápsula y la redujo al tamaño de una mochila, se la colocó en la espalda dispuesta a continuar con su misión, pero... -¿Eh?-se detuvo al ver algo ante ella, una extraña pieza de arte y la observó con cierta confusión. Una especie de escultura hecha con la parte superior de un maniquí, los brazos estaban hechos de tubos soldados y pintados de blanco con spray. Encima de la cabeza del maniquí hay una mopa sucia que representa su cabello con dos esferas de decoración navideña en el centro, azules como sus propios ojos-se supone que eso soy... ¿yo?- Escondido detrás de unas tuberías, Wall-e espera ansioso la reacción de la mujer pero al notar su falta de entusiasmo, su expresión se entristece, sintiéndose un poco decepcionado por no haber causado el impacto que esperaba. Justo en ese momento, la canción alcanza su clímax, Wall-e se da cuenta de que su gran gesto no ha sido entendido como esperaba y patea una de las tuberías lo que provoca que todas se desmoronen y caigan encima de él mientras deja escapar un suspiro de frustración.