LOS PERSONAJES SON DE LA SAGA CREPÚSCULO Y DE BANDAS RECONOCIDAS.

LA HISTORIA ES DE UA AUTORA ANÓNIMA.

¡DISFRUTALA!

CAPÍTULO 1

Ya va a hacer casi 10 años que vivo en Nueva York, y por momentos sentí que tocaba el cielo con las manos. Trabajo en Eclipse Productions, una compañía fundada ni más ni menos que por el cantante Edward Cullen y sus managers, Aro y Cayo Vulturi, hace ya ocho años. ¡Sí, yo… Isabella Marie Swan, trabajando en una de las mejores empresas de Nueva York!

Soy una de las tantas secretarías que esta compañía tiene, y aunque mis tareas son bastante monótonas, adoro realizarlas. Tengo un buen sueldo, jornada laboral de seis horas diarias con los fines de semana libres, y una excelente cobertura médica para mi hijo y para mí. Así que puedo decir con tranquilidad que sí… ¡Amo mi trabajo! ¡Ay, sí! ¿No lo había dicho? Tengo un hijo. Un hermoso retoño de cuatro años, a punto de cumplir cinco. Billy es lo mejor que me pasó desde que llegué a esta gran ciudad.

Conocí a Jacob hace unos siete años, cuando por accidente tomé el metro equivocado y terminé en la otra punta de Nueva York. Llevaba un año viviendo aquí, pero aún no dominaba bien las líneas de metro. Estos "accidentes" se repetían tanto que decidí finalmente comprarme un coche y dejar el transporte público en el pasado. Pero en ese entonces, ahí estaba yo: perdida otra vez. Entre la desesperación por no saber dónde estaba ni cómo volver a casa, apareció Jacob. Me ofrecí ayuda con una sonrisa que dejaba ver sus perfectos dientes blancos y alineados. Y no voy a mentirles: ¡el morocho me transmitió confianza y me hizo sentir segura! Desde ese día se convirtió en mi príncipe azul.

Charla va, charla viene, cafecitos de por medio, citas… y bueno, después de un tiempo, terminamos siendo pareja. Pero, como no estaba viviendo en un cuento de hadas, después de casi dos años juntos, Jacob decidió dejarme. Estaba embarazada de dos meses y aún no lo sabía. Él nunca dudó que el bebé fuera suyo, me conoció y sabía la clase de mujer que soy. Intentamos volver a estar juntos, más que nada por Billy. Queríamos darle una familia. Pero no lo logró. Solo duramos un año más. La relación venía mal, y con Billy siendo un bebé, no fue nada fácil mejorarla. Así que decidimos que lo mejor era separarnos… otra vez.

Y así fue como Billy se convirtió en mi todo. Tenía una vida de ensueño, a mi manera, pero vida de ensueño al fin. Hasta que llegó ese viernes al mediodía, el día en que sentí que todo estaba a punto de irse al demonio.

—Pasa, Isabel. Siéntate, por favor —Me pidió Cayo, una de las manos derechas de Aro y, por supuesto, mi jefe. Aro también estaba en la oficina, apoyado en el escritorio de Cayo, con los brazos cruzados. Los miré a ambos y tragué saliva.

—Permiso —Dije, sentándome frente a ellos con las manos cruzadas en el regazo, un poco nervioso.

No sabía el motivo de esa "reunión", pero una parte de mí estaba convencida de que sería una buena noticia.

"¡Seguro te ascienden!", gritó mi subconsciente.

Carraspeé y sonreí apenas.

—Usted dirá… ¿Cuál es el motivo por el que me llamó?

Cayo acomodó unos papeles, los miró de reojo, y luego se recostó en su silla, cruzando una pierna. Se tocó la barbilla, frunció el ceño y dijo:

—He notado que hace ya casi diez años que trabaja con nosotros, ¿no es así?

—Así es —Asentí, mientras mi subconsciente seguía festejando el ascenso que no llegaba.

—Bien… También he visto que sos extranjero.

—Es correcto —Carraspeé, algo nervioso—. Soy de Argentina. Pero todo este tiempo he tenido visa de trabajo. Ya mandé la solicitud de renovación.

—Sí, estoy al tanto de eso. Se vence en un par de meses, ¿No?

—Así es.

—Bueno, el asunto es, Isabella, que… No han aprobado la renovación.

—¡Qué!? —Grité, confundida—. ¡No, no puede ser! ¡Tiene que ser una maldita broma!

—Se nos acaba de informar. Y sin esa visa, no solo no podrás seguir trabajando con nosotros, sino que serás deportada —Intervino Aro.

—No… No puede ser —Sentí que me faltaba el aire, que el corazón me latía con fuerza—. ¡Presenté todos los papeles necesarios! ¡Ustedes también los presentaron!

Me puse de pie y empecé a caminar de un lado a otro, desesperada.

—¡Tiene que haber un error!

—Lo siento, Isabel. Es lo que se nos informó —Dijo Aro, mientras tomaba los papeles—. Como verás, te quedan solo tres meses de trabajo. Luego deberás volver a tu país. Es la tolerancia que la empresa puede darte hasta que soluciones tu situación.

—Pero… ¡no puede ser! ¡Tengo mi vida acá! ¡Mi hijo!

—Lo siento, Isabel. Si pudiéramos ayudarte, lo haríamos.

—¡Sí que pueden ayudarme! —Grité, apoyándome sobre el escritorio, con lágrimas en los ojos—. ¡Tienen que volver a mandar mis papeles!

—Lo siento. Ya hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance. Toma el resto del día si quieres, y piensa qué vas a hacer.

Me señalaron la puerta. Ninguno de los dos mostró la más mínima emoción. Salí llorando de la oficina, bajo las miradas curiosas de mis compañeros. Agarré mi cartera y celular, y me fui directo a casa.

.

.

.

.

Bien... pensé en miles de posibilidades como solución a mi problema.

Una de ellas era pedirle a Jacob que firmara los papeles otorgándome el permiso para sacar a Billy del país y olvidarme por completo de mi vida en Nueva York para empezar de nuevo junto a mi hijo en Argentina. Pero ya sabíamos la respuesta a eso... Jacob jamás permitiría que Billy viviera en otro lugar que no fuera aquí, y yo... bueno, ¡Amo esta ciudad! Y tampoco quiero irme.

¡Así que! Posibilidad uno... ¡Al tacho de basura! —Mi subconsciente hace un bollito de papel y lo lanza hacia atrás por encima del hombro, haciendo de esta una más de mis tantas ideas descartadas.

La otra opción —Y debo confesar que me parecía la más descabellada— Era casarme.

Había estado averiguando qué otras formas existían para que una persona obtuviera la ciudadanía, y la mayoría de quienes habían pasado por lo mismo que yo... Se habían casado con un estadounidense. Y así, lograron obtener la visa y la residencia permanente.

¿Los contras de esto?

Bueno... No tengo pareja con la cual casarme.

Obviamente, todas esas personas se habían casado con alguien a quien amaban. ¡Ni una lo había hecho en un estado de desesperación como el mío!

Solo conozco a un hombre al que podría llegar a pedirle un favor semejante... Jacob. Pero tampoco estoy seguro de que quiera hacerlo.

De todas formas, tengo que arriesgarme.

Hablarle de mi situación y pedirle que se caso conmigo.

Después de todo, el "no" ya lo tengo... ¿no?

.

.

.

.

-Bien, aquí estoy. ¿Qué es lo que pasó? —Preguntó Jacob, entrando sin mucha ceremonia.

Bueno, en primer lugar, no estaría nada mal saludar primero. Pero como se trata de Jacob… ¿Qué otra cosa podía esperar más que esto?

—No sé cómo empezar. Yo… —Dios, estaba estrujando mis manos de los nervios.

— ¿Pasó algo con Billy? —Preguntó esta vez con preocupación.

—Oh, no, no. Él está bien. Pero… No voy a negar que lo que voy a decirte puede afectarlo…

—Dios, Isabella, me estás preocupando. ¿Podés hablar de una vez por todas?

Ok, Bella… escúpalo.

—Van a deportarme —Listo, lo dije.

—¿Qué? —Abrió los ojos como platos. Tragó saliva, bajó la mirada y empiezo a estrujar mis manos sobre la mesa.

—Por alguna razón que de verdad no logro entender… No renovaron mi visa de trabajo.

—Tenés que estar bromeando.

Negué despacio.

—Me lo informaré esta mañana —Sentía los ojos humedecidos.

—No lo puedo creer… —Jacob se tapa el rostro, se tira el cabello hacia atrás y se acomoda en la silla—. ¿Qué vas a hacer, Bella?

—Bueno… —Bajo la cabeza—. Había pensado en volver a Argentina y…

—No te vas a llevar a Billy contigo. ¿Lo sabés, no? —Se adelantó a decir, cortándome en seco.

—Supuse que dirías eso, así que… —Desvié la mirada de la suya y suspiré. No podía mirarlo para decirle lo que iba a decir—. Estuve averiguando y puede que haya una solución para todo esto.

—¿Y cuál sería esa solución? —Preguntó frunciendo el ceño.

Ok… Aquí vamos.

—Que nos casemos.

Jacob se quedó en silencio unos segundos… y después se quedó en carcajadas. Pero al ver mi rostro, serio, sin rastro alguno de humor, entendió que lo decía completamente en serio.

—Tenés que estar bromeando… —Susurró, dejando de reír de golpe.

—Eso quisiera. Pero no… —Sabía que era una locura lo que le estaba pidiendo, pero sinceramente no encontraba otra salida. Él no iba a dejar que me llevara a Billy conmigo, y yo no me alejaría de mi hijo por nada en el mundo.

—¡Es una locura, Isabella! Yo… —Murmuró casi gritando. Miró hacia los costados y se inclinó sobre la mesa, acercándose a mí—. ¿Sabes que es un delito lo que quieres hacer?

—¿Delito? No pensé que casarme con la persona que más amo en el mundo… —Jacob abrió los ojos como plato y luego hizo un mohín con los labios— …fuera un delito.

Ok, estaba siendo sarcástica. Pero si quería que esto funcionara, tenía que parecer real.

—Estás loca. Yo no puedo hacer eso, Isabella.

—¡¿Por qué no?! —Me quejé, cruzándome de brazos.

—Isabella… —Jacob rió nervioso y se pasó una mano por el cabello hacia atrás—. Primero que nada, estás tratando de engañar al Estado, y podríamos ir presos si descubren que nuestra relación es falsa. Y segundo… no puedo casarme con vos porque…

Carraspea, visiblemente más nerviosa, y desvia la mirada.

—Porque voy a casarme.

¿¡WHAAAT!?- Grita mi subconsciente, tan sorprendida como yo.

—Vas… ¿Vas a casarte? —Ahora la nerviosa era yo. Me removí en mi silla y reí apenas, mordiendo mi labio inferior—. ¿Cómo…? Digo, ¿cuándo? ¿Con quién?

Jacob largó una sonora bocanada de aire y respondió:

—Su nombre es Vanessa. Llevamos casi un año juntos y…

Eleva las cejas, completamente incrédula.

—¡Llevan un año y recién me lo decís!? —Fruncí el ceño, sintiéndome molesta—. ¡Por Dios, Jake! Soy la madre de tu hijo. Debería saber estas cosas.

—Iba a decírtelo este fin de semana cuando pasara por Billy. La idea era presentarlos a los dos juntos.

Negué en silencio, en completo estado de shock. No es que me interesara su vida amorosa, ni mucho menos. Pero sí me preocupaba el hecho de que mi hijo tendría una madrastra. Y por el bien de ella y las pelotas de Jacob, esperaba que fuera buena con mi hijo.

Pero lo que más me preocupaba en ese momento… Es que yo estaba completamente perdido. ¡Iba a ser deportada! ¡Y ya no tenía opciones reales para evitarlo!

.

.

.

La reunión con Jacob había sido una completa pérdida de tiempo. Por no decir, una verdadera mierda.

Enterarme de que va a casarse, de que está rehaciendo su vida, mientras yo estoy atrapada entre la soltería eterna y la deportación… Bueno. ¡Sinceramente, no podía irme peor!

Detengo el auto frente a mi departamento y me quedo un buen rato sentado, sosteniendo el volante, con la mirada perdida en la nada y los pensamientos completamente desconcertados.

¿Qué se suponía que iba a hacer ahora?

—Bueno, para empezar, deberías bajarte del auto e ir a tu casa, donde tu hijo está esperando a que llegues —Hablarme sola y contestarme también se había vuelto un hábito últimamente.

Saco un pie del coche y entra al edificio, dirigiéndome directo a los ascensores.

Presiono el botón, y este me lleva a mi piso.

—¡Mami, mami! —Exclama Billy, recibiéndome con un abrazo.

—¡Ey, hola, pequeño! —Me agacho y lo abrazo, aspirando su aroma—. ¡Te extrañé muchísimo!

—Yo también, mami. ¡Mira! Te hice un dibujo hoy en la escuela —Toma mi mano y me lleva corriendo hacia el living.

—Hola, señorita Swan —Saluda la niñera de Billy mientras recoge unos juguetes del piso—. Volvió temprano hoy.

—Hola, Jess —Saludo amablemente a la joven que ya hace tiempo cuida de mi hijo mientras trabajo—. Sí… Me dieron el día para resolver unos asuntos personales.

—Lamento el desorden. Billy quiso que armáramos un fuerte.

—Tomá, mami, mirá —Me entrega Billy un papel, con una enorme sonrisa en el rostro—. Nany me ayudó a escribir nuestros nombres. ¿Ves? —Señala las figuras—. Esta sos vos, y este soy yo.

Miro la hoja de papel y, con lágrimas en los ojos, sonrío con ternura a mi hijo.

—Es hermoso, pequeño.

—Podés llevar a tu trabajo y pegarlo en tu escritorio. Así lo vas a ver todo el tiempo.

Largo una sonora bocanada de aire y limpia las lágrimas antes de que caigan. Le acaricio la mejilla y sonrío.

—¡Es una excelente idea!

—¡Sí! —grita alegre Billy.

—Ok… ¿Ya tomaste tu baño?

—No, señora, estaba por preparar la bañera —Responde Jess mientras guarda los últimos juguetes en el canasto.

—Está bien. No te preocupes, yo me encargo de bañarlo. Podés irte a casa, Jess.

— ¿Está segura? Puedo quedarme y ayudarla si lo prefiere —Dice con amabilidad.

—Te lo agradezco, Jess, pero no hace falta. Podés irte tranquila.

—Está bien —Sonríe. La acompaña hasta la puerta.

—¡Oh, espera! —Tomo mi billetera y saco algo de dinero para dárselo—. Esto es lo tuyo. Muchas gracias por todo, Jess.

—No me agradezca nada. Es un placer cuidar a su hijo. Es un niño muy bueno.

—Lo es —Contesto, sonriendo con orgullo.

—¡Adiós, Billy! —Grita la niñera, saludando con la mano.

—¡Adiós, Nany! —Responde Billy desde algún rincón de la casa.

Me despido de la chica y cerro la puerta detrás de mí.

—Está bien, Billy. Hora del baño.

-¡Si! —Grita, corriendo desde su cuarto hacia el baño—. ¡Y jugamos a los piratas!

—¡No corras, que...! —Suspiré resignada, negando con una sonrisa—. ¡Y sí, jugamos a los piratas!

Me dispongo a bañar a mi niño, y por un rato dejo de pensar en mis problemas.

Después de todo, mañana será un nuevo día…

Y estoy más que seguro de que encontraré la forma de solucionar todo esto.