SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE

Por Inuma Asahi De

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desean que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).

Capítulo Tres:

Dorado y Gris

Kagome estaba en los muelles mirando las aguas del océano mientras se movían hacia la orilla antes de retroceder lentamente a la infinita corriente. La vista del agua regresando al mar era tentadora para ella. Quería correr con ella. Quería ser parte de su retirada; su escape. Quería desaparecer entre esas olas succionada a un mundo de libertad que siempre había imaginado. Kagome cerró sus ojos desde su lugar en el muelle, la cálida sensación de las lágrimas bajo sus pestañas hizo temblar su labio mientras permanecía sentaba en un pequeño barril, lo cual era increíblemente inapropiado para una dama de su posición. Un acto indecente del que no se preocupaba.

"Por qué?" Susurró ella abriendo sus ojos para mirar el océano, la madera del barril se clavaba en sus muslos. "Por qué, mamá, por qué?" Una lágrima bajó por su mejilla, recogiéndose en su mentón. "Por qué tenías que acabar con mi vida?" Se sonó y hundió su rostro en sus rodillas, "Por qué, por qué el océano no puede ser mi hogar?" Gritó en ellas sabiendo en el fondo que este puerto era su hogar y que siempre sería su único hogar. Estaba comprometida con Naraku Morgan, el hijo de trece años del Teniente Gobernador Henry Morgan e iban a casarse en cuatro meses cuando Naraku cumpliera catorce—una edad aceptada para que un joven se casara.

Kagome hundió su cabeza en sus brazos cruzados llevando sus rodillas hacia su pecho y dejó escapar un ahogado sollozo. Solo fue capaz de hacerlo porque había abandonado el miriñaque, sus guantes y su sombrero cuando dejó la casa y sin ellos estaba lo cómoda suficiente para moverse como una persona normal y no una delicada señorita. Abriendo sus ojos, pudo distinguir el color verde de su vestido y enaguas en la oscura caverna de sus brazos. En silencio, deseaba que fueran azules como el mar.

Suspirando, levantó su cabeza, la suave brisa se sentía agradable contra su acalorado rostro mientras miraba aquellas olas. Un pequeño pez saltó de la superficie, su cuerpo brillante destelló en la luz del sol antes de caer en las agitadas olas. Entrecerrando sus ojos, notó varios otros forcejeando contra la superficie, luchando e intentando encontrar comida en las aguas poco profundas de la playa. La intrigaba ver cómo luchaban en la corriente del océano, sus bocas abriéndose y cerrándose para luego escabullirse bajo el agua de la superficie. "Son afortunados." Le susurró Kagome a los peces mientras recogía más su cuerpo sobre el barril, "Al menos pueden pelear."

Con un resoplido, volvió sus ojos al océano para estudiar el barco que estaba anclado en el puerto a una buena distancia. Era un barco viejo, podía decirlo por el color envejecido de la madera y las andrajosas velas. Supuso que había enfrentado sus dificultades en las aguas del Caribe. Pero a pesar de su desgastada apariencia, velas andrajosas y mástil ausente era hermoso, robusto y musculosamente sonoro. Tenía cierta calidad en ello; cierta fuerza que la atraía. En las profundas aguas de su corazón deseaba poner sus pies a bordo en ese barco, aún si fuera por una vez, para poder experimentar la sensación de su cubierta y la forma en que se mecía cuando las olas golpeaban su proa.

Cerró sus ojos ante la idea, su corazón palpitaba suavemente en su pecho. La sola noción de estar en ese barco; la sola idea de disfrutar una vida lejos de los modales y la etiqueta la hizo sentir en paz instantáneamente. Abriendo sus ojos una vez más observó cuando el bote de las Autoridades Portuarias se alejaba del barco y comenzaba a remar de regreso a la orilla, a los dos hombres los reconoció como amigos de su padre. Desinteresada en lo que ya sabía se volvió hacia el barco desconocido, el cual estaba bajando su propio bote al agua y entrecerró sus ojos tratando de ver a las personas que lo ocupaban.

Vagamente, distinguió un hombre—no—dos hombres y lo que parecía ser una mujer en un fino vestido rojo. La vista de la mujer hizo pausar a Kagome: una mujer en un barco solo podría significar pocas cosas: la primera, era la esposa de un miembro de la tripulación (probablemente del Capitán) o era una viajera muy rica. De lo contrario, las mujeres no viajaban en barcos.

"Srta. Dresmont!"

Kagome se giró ante el sonido de la voz llamándola y sonrió levemente cuando se dio cuenta que era uno de los Oficiales en el bote regresando a la orilla. Estaba de pie en el bote, sus manos ondeando sobre su cabeza y una tonta expresión en su rostro. Un poco avergonzada pero complacida devolvió el saludo y sonrió ante la atención. Mientras todos los demás pensaban que era extraña, los Oficiales de los muelles parecían encontrarla fascinante. Con frecuencia, venía a ver barcos nuevos entrar al puerto y ellos le hacían compañía hablando y riendo e instruyéndola en el comportamiento de los barcos, desde el mástil hasta los diferentes tipos de barcos que navegaban. Con los años, desde que su padre los había presentado, habían desarrollado una especie de vínculo. Era agradable.

Después de varios minutos el pequeño bote llegó junto a ella y se levantó dirigiéndose al costado del muelle de madera. "Sr. Charles." Se dirigió al Oficial que la había saludado. "Mr. Ingram." Se dirigió al otro mientras levantaba los remos y le dirigía un pequeño saludo después de ponerlos a salvo.

"Srta. Dresmont," se dirigió el Sr. Ingram subiendo al pequeño tablón para detenerse junto a ella, sus manos inquietas intentaban arreglar su ropa mientras caminaba. "Qué la trae por aquí, hoy?" Su voz era amable y encantadora, una dulce nota en el aire que hizo sonreír a Kagome en respuesta, un gesto que no le otorgaba a cualquiera.

"El barco, por supuesto." Respondió ella mirando el pequeño bote que se acercaba y rió ligeramente.

"Esa sería la razón, verdad?" El Sr. Charles la llamó terminando de amarrar el barco antes de saltar al tablón para unirse a la conversación. "Siempre le encanta ver llegar a los barcos."

"Sí." Respondió ella amable mirando el enorme barco atracado en el puerto con no poca admiración. "Por curiosidad, cuál es la historia de este barco?"

"No estoy seguro de dónde vienen," dijo el Sr. Ingram con un movimiento de hombro mientras se apoyaba contra uno de los muchos postes que delineaban el pequeño muelle. "Pero se dirigen a Charleston—la suegra del Capitán vive ahí." Continuó ondeando su mano hacia el bote, señalándole al hombre de chaqueta sentado junto a la mujer con el vestido rojo escarlata. "En su viaje el barco enfrentó una tormenta, destruyéndole el trinquete." Sacudió su cabeza. "Debería verlo, parece como si alguien lo hubiese arrancado del barco."

"Hizo algún daño mayor cuando cayó?" Inquirió Kagome mirando al Sr. Ingram con ojos verdaderamente interesados.

"En lo absoluto." Sacudió su cabeza una vez más y se encogió de hombros incrédulo. "Es una tripulación afortunada de haber sobrevivido."

"Sí, lo son." Kagome miró el bote acercándose, la distancia entre los tres individuos y ella se hacía más corta.

"Es asombroso, verdad—"

Kagome fue vagamente consciente de que el Sr. Charles hubiese comenzado a hablar, sus ojos enfocados en la hermosa mujer en el bote. Sus enaguas eran inmaculadas y de un profundo rojo escarlata, su vestido de un hermoso y atrevido negro, el encaje en sus hombros simplemente angelical y su rostro, santo dios, su rostro era absolutamente maravilloso. Tenía piel bronceada, ojos y cabello castaños, recogido en un moño magnificentemente elaborado, ninguna hebra de cabello estaba fuera de lugar en su cabeza y estaba sentada con sus hombros atrás y su mentón justo en el nivel perfecto para verse atrevida y respetable al mismo tiempo. Kagome sólo podía imaginar lo que su madre diría de esta mujer, "Muy probablemente," se dijo Kagome sintiendo su boca desplomarse incrédula. "La llamaría espléndida y le pediría ser su hija."

Antes de que Kagome pudiera pensar un poco más en la mujer, movimiento del hombre a su lado captó su atención. Lentamente, movió su atención al hombre que tenía que ser el perfecto esposo de la mujer, el Capitán de ese viejo barco. Tragó saliva ante la vista, su corazón se aceleró asimilando su forma, sentado con su espalda recta y sus ropas perfectas a pesar del hecho de que estaba sentado en un bote. Era delgado y musculoso con anchos hombros y una fuerte quijada. Exhibía un poco la definición de un inglés o irlandés y aún había algo extraño en él, algo no estaba bien en su apariencia.

Kagome ladeó su cabeza, sus ojos fruncidos mirándolo en un intento por adivinar lo que era pero antes de que su mente pudiera ubicarlo algo más captó y cautivó su mirada además de sus músculos o su mentón. "Oro." La palabra se atascó en su garganta cuando vio sus ojos por primera vez. Eran dorados como la miel e intensos, concentrados y penetrantes mientras miraban al frente, aparentemente determinados, como si estuviera a punto de entrar en una batalla. Eran hermosos y diferentes a cualquieras otros ojos que hubiese visto, brillantes y tentadores.

Parpadearon una vez contra el sol, cerrándolos solo un segundo antes de abrirlos de nuevo, un rayo de luz sobre su cara. Y entonces, antes de darse cuenta, estaba mirando hacia la costa, esos brillantes ojos escaneaban su destino antes de congelarse y mirarla directamente a ella. Kagome sintió su corazón acelerarse mientras sus ojos se concentraban en su apariencia, la miraba tan intenso que pensó que podría estar buscando su alma dentro de su pecho. Ella observaba mientras la escaneaba, dimensionándola y acogiéndola, el dorado de sus irises se iba tornando más oscuros entre más la miraba. Ella sintió un rubor cubrir sus mejillas al darse cuenta que el Capitán estaba asimilando su apariencia.

Se sintió avergonzada ante la atención e insuficiente en comparación a quien estaba sentada junto a él. Su esposa era hermosa y decente y él estaba mirándola, pensando probablemente que se veía muy simple o como una niña jugando a vestirse con la ropa de su madre sin algo de sentido de la moda. Por un momento, se arrepintió de quitarse el miriñaque de su falda, se arrepintió de no dejar que su mucama le hiciera su cabello esa mañana, se arrepintió de no ponerse su mejor sombrero y sus guantes. Kagome se giró, su corazón palpitando en su pecho y latiendo contra su caja torácica. Miró sus manos sin guantes, "Es escandaloso," se dijo, regañándose en silencio por todo lo que tenía en este momento. "Qué pensará cuando vea mi piel sin guantes?"

Ella lo miró esperando que hubiese desviado la mirada y que hubiese perdido interés en ella pero sus ojos aún estaban en ella y esta vez buscaban en su rostro, en sus ojos, y mientras lo hacían se halló haciendo contacto visual con él, esos irises dorados miraban sus propias órbitas grises. Se estremeció ante el fuego de su mirada y por un momento Kagome pensó que podría morir.

Él aún estaba mirándola intensamente con esos irises miel enfocados en los grises suyos cuando su bote llegó al muelle y sin romper contacto visual logró pisar el tablón de madera. Sus ojos continuaron mirándola mientras le ofrecía una mano a su esposa, la otra mujer la tomó diciéndole un suave y airado gracias mientras la ayudaba a pisar el muelle. Aún hundidos en ella, mientras caminaban hacia ella y los oficiales, sus ojos parecían mirar tan profundamente dentro de ella que era como si estuviera tratando de saber cada secreto y pensamiento suyo.

Solo cuando el Capitán y su esposa se detuvieron a una distancia apropiada, desvió sus ojos eligiendo mirar a uno de los oficiales. Inmediatamente, Kagome sintió recorrerla una sensación de alivio cuando el Sr. Ingram llamó la atención del Capitán al avanzar y ofrecer las respectivas presentaciones con la mayor civilidad al presentar a las mujeres primero. "Mi Señora," dijo él mirando a la esposa del Capitán. "Ella es la Señorita Kagome Dresmont, la hija de nuestro Representante Humano en Port Royal."

"Es un placer conocerla, Srta. Dresmont." La voz de la mujer era como un carillón de viento en la brisa o una gentil campana en un campanario. La reverencia que le ofreció a Kagome fue tan encantadora, bajó su cabeza y desvió sus ojos, sus pestañas rozaban contra sus mejillas de tal forma que un hombre se hubiese enamorado inmediatamente.

Kagome sintió drenarse el color de su rostro mientras veía esa mujer perfecta con su voz suave y gentil reverencia. "Soy pálida en comparación." Admitió sintiéndose levemente nauseabunda al ver su límpido vestido sabiendo que haría de su reverencia una burla.

"Y Srta. Dresmont," continuó el Sr. Ingram haciendo que Kagome buscara sus modales más que nada. "Ella es la Sra. Elizabeth Smith, la esposa del Capitán."

Kagome copió la reverencia anterior pero se sintió completamente insuficiente al realizar el gesto. "Soy privilegiada de conocerla," trató de hacer que su voz sonara tan encantadora como la de la otra mujer pero de nuevo se quedó corta. "Sra. Smith."

"Créame, el privilegio es mío." La Sra. Smith, Sango disfrazada, respondió. "Permítame presentarle a mi esposo, el Capitán James Smith."

Kagome se volvió hacia el Capitán y encontró esos ojos mirándola de nuevo. Tragó saliva intentando ignorar la mirada mientras buscaba entrar en ella haciendo que su corazón palpitara pero sabía que en esta situación tendría que mantener unos modales respetuosos. Así que, con una sonrisa en su cara y un rubor verdadero pero encantador coloreando su piel, extendió su mano y esperó. Su corazón se detuvo cuando él avanzó con su esposa aún en su brazo y tomó su mano tocando su desnuda piel con sus guantes blancos. Ella sintió un sobresalto atravesarla ante la sensación de nunca haber sentido la piel de un hombre contra su mano de esa forma, excepto por la de su hermano y su padre pero todos sabían que los hermanos y los padres no contaban en situaciones como estas. Lentamente, sus dedos se envolvieron en los suyos acercando su mano a su cuerpo en un gesto asombrosamente sensual. Incapaz de respirar, miró sus ojos y vio cuando se inclinó colocando sus labios sobre sus nudillos desnudos. Sintió su respiración atorarse en su garganta cuando esos húmedos labios hicieron contacto con su piel desnuda. Por un momento, pensó que podría desmayarse y casi lo hizo cuando él dirigió la mirada hacia sus ojos, sus labios permanecieron en su piel el tiempo considerado apropiado antes de separarse ligeramente de su mano sin guante.

"Es un placer conocerla," dijo él, su aliento tocó su piel mientras hablaba, sus inmóviles ojos la hicieron sentir mareada mientras continuaba mirándola, brasas sofocantes en esos dorados irises. "Srta. Dresmont."

Kagome respiró profundo cuando él se retiró sosteniendo su mano un poco más de lo que era correcto. Vagamente, se preguntó qué estaba pensando su esposa. Sabía que había besado su mano un poco más, que había sostenido su mano un poco más, y estaba molesta de que hubiese tocado su piel desnuda con sus suaves labios? Kagome quería mirar a la Sra. Smith, quería medir su reacción a la situación pero no pudo obligarse a desviar la mirada de esos palpitantes ojos.

"El placer es mío." Dio ella esperando que su voz sonara tranquila. "Capitán Smith."

Él se retiró de ella llevando a su esposa consigo y rompiendo el contacto visual que habían compartido. Kagome se sintió mareada cuando la golpeó la verdadera magnitud del encuentro. Nunca antes se había sentido de esta manera en su vida, nunca había sentido su corazón latir así en su vida, nunca había sentido su estómago arder así en su vida. Miró al Capitán solo para ponerse más nerviosa al darse cuenta que sus ojos todavía estaban en ella.

Desviando su mirada, miró a su esposa y observó cómo la mujer parecía encogerse de hombros. Fue un gesto extraño que dejó a Kagome llena de incertidumbre. Se había dado cuenta? Estaba sintiendo odio hacia ella? Estaba molesta y planeando su venganza? Kagome sintió celos al mirarla mientras sus ojos se dirigían a los brazos unidos del Capitán y su esposa. Sintió envidia mientras se imaginaba que era ella en el brazo de ese hombre. Inmediatamente, Kagome congeló su tren de ideas. "Qué feo pensamiento." Se dijo sacudiendo su cabeza completamente decepcionada de su propia mente.

"Srta. Dresmont." Dijo el Capitán Smith en una voz suave mirando a su esposa y luego a ella. "Tengo algunos asuntos en el Puerto y no conozco los alrededores, nos haría el honor de acompañarnos en el Puerto?"

Kagome se paralizó, Sango se paralizó, ambas mujeres miraron al Capitán en shock mientras Miroku apretaba un puño tras él. Esto era algo con lo que no necesitaban tratar: una mujer involucrándose en sus asuntos ilegales.

"Capitán." Comenzó a intervenir pero fue interrumpido rápidamente.

"No sería agradable, querido Peter." Dijo Inuyasha detrás de su disfraz como el Capitán Smith. "Si la pobre Elizabeth tuviera otra mujer con quien hablar en vez de nosotros dos?" Él palpó gentil la mano de Sango y miró directamente a Miroku, sus ojos transmitían algo que no fue reconocido por nadie además de Miroku. "Odiaría que se aburriera con nuestros asuntos, las mujeres no pertenecen a los negocios pero odiaría dejarla fuera de mi vista."

Sango contempló codearlo en el costado pero sabía que eso sólo dañaría su fachada. Miroku sabía lo mismo y cedió tratando de descifrar el punto de vista del Capitán. "Sí, señor." Dijo y se inclinó ligeramente. No estaba seguro cuál era la perspectiva del Capitán pero sabía que iba a meterlos en problemas a este paso.

"Srta. Dresmont?" Inuyasha se dirigió a ella de nuevo, sus ojos tan concentrados y penetrantes en ella que sintió su corazón apretarse en su pecho.

Kagome lo pensó por un momento. Sería grosero negarse, lo sabía, pero ideas como esa nunca antes la habían detenido. Normalmente, declinaría tal oferta por no ser de su interés acompañar a una mujer que se veía tan regia y respetable. Mujeres así eran una propiedad y no pensaban. No eran educadas más allá que por la necesidad de conseguir un esposo y su único deseo era el de complacer a un buen esposo con quien pudieran salir y esa forma de vida no era para Kagome.

Sin embargo, otra idea la llevó a decir sí; una diferente del protocolo y los buenos modales. Fue la mirada en los ojos del Capitán: estaba queriéndola con ellos y suplicándole, pidiéndole decir que sí. Se preguntó por qué querría que hiciera ese trabajo (estaba verdaderamente curiosa) pero al mirar esos asombrosos ojos llenos de miel y determinación supo que no podía negárselo, sin importar cuál fuera su razón. "Estaría encantada." Terminó diciendo.

"Está dicho entonces." El Capitán avanzó hacia ella y se inclinó ligeramente. "Peter."

Miroku asintió y caminó hacia Kagome, se inclinó y ella le extendió su mano de la misma forma que con el Capitán. Él besó su mano y Kagome notó vagamente que el beso, aunque igual sobre su piel desnuda, no había sido poderoso como el del Capitán, de hecho fue más bien aburrido en comparación.

Miroku le ofreció su brazo a Kagome, el cual tomó fácilmente antes de mirar al Capitán y a la Sra. Smith. Sintió un extraño resentimiento por sus brazos entrecruzados que la hizo ruborizarse. Nunca había querido un escolta, siempre andaba sola por el pueblo pero en este momento gran parte de ella quería ser escoltada por el Capitán en vez del Primer Oficial. Con ambas mujeres caminando del costado interior y los hombres por el exterior, se dirigieron al final de los muelles después de brindarles a los dos Oficiales Portuarios una corta despedida.

"A dónde le gustaría ir primero, Capitán?" Preguntó Kagome acercándose al final del muelle, su corazón latía en su pecho mientras hablaba.

"Dónde está el Carpintero del lugar?" Preguntó el Capitán, sus ojos al frente para su decepción.

"Está a unas calles arriba, Capitán." Dijo Kagome mirándolo por encima de la Sra. Smith para ver si la miraría y sostendría su mirada. "A no más de cinco minutos caminando."

Inuyasha la miró y sonrió ante sus palabras haciendo que Kagome brillara ante la atención. "Y dónde está el mercado," inquirió antes de añadir una leve explicación, "Necesitamos reabastecernos?"

"El mercado está en la esquina oeste," respondió ella mirando al frente, sus mejillas aun enrojecidas ante la idea de tener sus ojos sobre ella y por su sonrisa. "Está a unos quince minutos caminando en dirección opuesta."

"Muy bien, por favor guíenos al carpintero, Srta. Dresmont." Él asintió firmemente avanzando con paso enérgico en la dirección que había indicado. "Será más eficiente verlo primero."

"Por supuesto, Capitán." Dijo ella y lo miró una vez más antes de ver por dónde iba.

Por un momento sus pensamientos se dirigieron hacia la Sra. Smith y se preguntó qué estaba pensando la otra mujer. Habría notado el extraño comportamiento entre ella y el Capitán? Había visto todo, estaba molesta? Kagome tomó un profundo respiro y aclaró las ideas de su mente pero sin importar lo mucho que lo intentara, no podía sacar esas ideas de su corazón. En su corazón, sentía dos cosas: la primera, una abrumante culpa por sus sucios sentimientos hacia el esposo de esta mujer y la segunda—la segunda era algo que nunca había sentido antes.

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Kagome y Sango disfrazada permanecían en el lobby del astillero del carpintero local con evidente incomodidad. El astillero no era un lugar al que iban comúnmente las mujeres (Kagome solo se había aventurado cuatro veces en toda su vida) y aún aquí se encontraba sosteniendo el brazo de la Sra. Smith mientras el Capitán y el Intendente hablaban con el administrador afuera bajo el sol ardiente. Las dos mujeres no se habían dicho una palabra mientras esperaban en el lobby de la pequeña oficina cobijándolas, ninguna pudiendo pensar en algo apropiado que decir.

Discretamente, Kagome miró a la mujer que parecía ser el exacto opuesto a ella en cada forma posible. Mirando por el rabillo de su ojo, Kagome vio la rigidez en los hombros de la esposa del Capitán y se forzó a no tragar saliva con su propio malestar. Esta mujer estaba perfectamente parada al igual que su cabello, su vestido y sus enaguas, estaba absolutamente inmaculada de cabeza a pies, "Me pregunto cómo será ser ella?" Preguntó Kagome desviando sus ojos de la otra mujer y mirando al piso. "Sentir la necesidad de cuidar la etiqueta y comportarse respetuosamente, cómo sería?" Kagome pausó con sus propios pensamientos notando que era una sensación que nunca había conocido realmente. Mirando al suelo, Kagome respiró profundo sabiendo que esta mujer estaba fuera de su liga, estaba en una posición más alta, una que Kagome no podría tocar, y tampoco se atrevería nunca. Discretamente, miró de nuevo a la Sra. Smith y vio la línea de su rostro mientras observaba a los hombres hablar afuera frente a mucha madera. "Apuesto que mi madre te habría amado como su hija."

Desvió la mirada de la Sra. Smith y vio de nuevo hacia las diferentes maderas que estaban apiladas por todo el enorme astillero. Esparcidas por el suelo, había de tantos tamaños y formas diferentes, hechas todas específicamente para barcos. Sin embargo eso solo le interesó ligeramente en el momento, debido a otra pieza de madera resistente que estaba en el patio hablando animadamente, sus manos agitadas y su rostro el maestro de la expresión—a diferencia de su esposa. Kagome sonrió levemente mientras lo veía moverse, cada gesto y movimiento de su muñeca, animado y encantador de apreciar.

En verdad le gustaba observarlo.

Sonrojándose, miró el piso de madera, su rostro se sentía tan caliente que sabía que debía estar de un rojo encendido, "Qué pasa conmigo?" Se quejó regañándose internamente. Nunca antes se había sentido así en su vida con nadie, ni un hombre o una mujer o incluso un objeto inanimado como un barco. Y eso sólo significaba que la primera persona por la que se sentía así sería completamente inalcanzable. "Aún si pudiera captar su—es un hombre casado y yo," tragó saliva. "Estoy comprometida." Ella cerró sus ojos, con un resoplo dejó caer sus hombros pero olvidó que había una mujer de pie junto a ella.

"Hay algún problema, Srta. Dresmont?" Comentó la Sra. Smith mirando a la otra mujer. Detrás de la fachada, Sango estaba genuinamente interesada en el extraño resoplo y desplomo de Kagome. Ambos movimientos iban completamente en contra de la etiqueta y ninguna chica de clase alta pensaría en dar tal paso en falso especialmente en público donde los hombres pudieran verla. "En verdad debe haber algo en su mente, digo, yo era una chica como ella y la única vez que hice ese sonido fue," detuvo sus pensamientos justo ahí, no atreviéndose a dejarlos ir más allá. "Bueno, nunca he hecho ese sonido en los tres años que he estado a bordo del Shikuro."

Kagome miró a la Sra. Smith y se sonrojó mientras intentaba sacar sus pensamientos de su mente. "No pasa nada, Sra. Smith."

La mujer sonrió gentil dándole un pequeño apretón a su brazo. "Esconde bien su nerviosismo," susurró ella suavemente mientras sus ojos transmitían que ni por un segundo no le creyó a Kagome. "Pero no lo bien suficiente, Srta. Dresmont."

Kagome pasó saliva y se preguntó qué hacer. La Sra. Smith había estado sugiriendo que ella estaba teniendo ideas incómodas sobre el Capitán—sobre el esposo de la Sra. Smith o simplemente estaba siendo amable, tal vez intentando romper el silencio? Antes de tener que formular la mejor respuesta posible y socialmente aceptada, Sango continuó hablando.

"No tiene que decirme si no quiere." Dijo la mujer animada mirando el astillero, sus ojos aterrizaron en Miroku, "Deseo estar afuera con ellos." Resopló internamente sabiendo no expresar su decepción en voz alta. En un lugar como éste no le estaba permitido mostrar tales sentimientos pero en el Shikuro, aunque era una mujer, le estaba permitido disfrutar de los placeres que se obtenían con el trabajo de un hombre. Aunque no era típico en cualquier barco pirata o de la Armada, a Sango le estaba permitido acompañar en tierra al Capitán y a Miroku para que ella y Miroku pudieran comprar mientras Inuyasha iba a vender solo. En la mayoría de los barcos ambas acciones habrían sido consideradas altamente inapropiadas. Para Sango esa inadecuación era obvia siendo que era una mujer en cuyo otro caso no lo sería tanto. Miroku, en ambos casos, hubiese tenido que ir solo a realizar los trueques y las compras, sin embargo, Inuyasha era muy activo como Capitán y le gustaba hacer casi todo el trabajo. Había tomado mucho años y muchos ruegos antes de que fueran capaces de desarrollar el divide y conquistarás que parecía funcionar increíblemente bien.

Kagome observó a la otra mujer que parecía perdida en sus pensamientos pero a pesar de la distracción de la Sra. Smith, Kagome se encontraba concentrada en sus palabras previas, "No tiene que decirme si no quiere." Se repetían en su cabeza gentil y segura al punto de que abrió su boca sin el consentimiento de su mente. Quería decirle a esta mujer sobre sus problemas, quería sacar todo. Eso no es decir que quisiera decirle de la extraña atracción que Kagome tenía por su esposo, sino sobre su vida, su madre y su compromiso. "Estaba pensando en—," tomó un profundo respiro controlado mientras salían las palabras. "Mi inminente matrimonio."

Sango la miró por el rabillo de su ojo viendo la forma en que Kagome se jorobaba y luego miraba a la distancia, sus ojos grises parecían grandemente contrariados. "No es una feliz unión?" Infirió ella ajustando su posición para encarar a Kagome un poco más.

"No—es horrible." Kagome miró el cielo despejado un poco decepcionada de que hoy el mundo hubiese decidido ser tan agradable. Frunciendo sus labios, desvió la mirada del cielo observando a la mujer. "Si no le importa que pregunte," habló suavemente como si temiera insultarla. "Su matrimonio fue uno bueno?"

Sango miró a Kagome y trató de pensar en una respuesta apropiada. Ella y el Capitán técnicamente no estaban casados, si algo estaba casada con Miroku (a los ojos de Inuyasha). Si lo pensaba de esa manera sabía que su respuesta sería que sí; tenía un hombre bueno y fuerte a su lado que la veía más que como una compañera de cama como una verdadera mujer. Pero, si ella pensaba en el Capitán qué diría? En verdad, era un buen hombre, un poco obstinado a veces para su gusto, y despiadado cuando su sangre de demonio era liberada pero bien, nada menos. "Es aceptable." Le concluyó a Kagome intentando mantener un aire de tranquilidad al hablar.

Kagome le asintió aceptando la respuesta antes de agitarse ligeramente con su próxima pregunta ya en su lengua. "Lo ama?" Preguntó tan suavemente que su compañera casi no la escuchó.

Sango miró a Kagome durante varios segundos observando a la joven esperar tensa por su respuesta. Tuvo el presentimiento de que esta joven estaba tratando de averiguar mucho más que de solo un compromiso insatisfactorio pero no podía dar con qué más podría estar pasando dentro de la cabeza de la joven. Preocupada, se giró para mirar por la ventana, sus ojos cayeron en Miroku mientras se movía para ayudar al Capitán a examinar algunas de las maderas que buscaban comprar. Sintió una lenta sonrisa comenzar a formarse en su cara ante la vista de su descuidado cabello comparado a la peluca del Capitán. Se veía como un desadaptado, desgarbado y un poco sucio, perfecto. "Sí, lo amo."

Kagome frunció ante las palabras de la otra chica y se giró para seguir la línea de visión de la Sra. Smith hacia los dos hombres afuera. Estaba casi segura de que la mujer miraba al Intendente y no al Capitán. "Qué extraño," se dijo. "Por qué la Sra. Smith miraría al Sr. Woodson?" Frunció sus ojos y miró a la otra mujer observando el rubor de sus mejillas y el color rosa de sus labios mientras los mordía pensativamente como Kagome había visto a Eri hacerlo cuando coqueteaba con hombres que no eran su esposo. "Sra. Smith—," comenzó a decir pero antes de que la conversación fuera más allá, el Capitán y Miroku entraron.

"Creo que es muy costosa, Capitán." Estaba diciendo Miroku mientras caminaban hacia las dos mujeres. "La calidad de la madera es mediocre."

"Podría ser pero qué opción tenemos?" Brevemente Inuyasha puso una mano sobre sus ojos antes de mirar a Miroku. "Una corbeta no navegará sin un mástil completo. Apenas logramos llegar a puerto por los remos en el barco."

"Pero una corbeta normalmente no tiene remos y típicamente tiene una vela." Kagome habló desde su lugar junto a Sango sorprendiendo a los dos hombres. "Su barco obviamente es una especie de Galera." Ellos se giraron y la miraron haciendo sentir a Kagome una ola de vergüenza. "Lo sien—,"

"No," Inuyasha la interrumpió acercándose, su rostro ilegible para todos en la habitación incluyendo a Sango y a Miroku.

Tras él, Miroku hizo una mueca mientras observaba los pasos lentos del Capitán, un sudor frío brotó de su cabeza pensando en la típica reacción del Capitán al ser contradicho, "Esto no es bueno, por favor no pierdas tu genio." Suplicó en silencio sabiendo que Inuyasha no era alguien que le gustara que le dijeran que estaba equivocado.

Kagome se sintió temblar levemente al darse cuenta de la magnitud de su error. "Santo dios, qué estaba pensando!" Se gritó mientras se acercaba el hombre. "Debe estar furioso conmigo. Digo, no conozco a estas personas y aquí estoy poniendo el pie en mi boca." Ella mordió su labio y desesperada buscó en su rostro esperando alguna indicación de lo que estaba sintiendo el Capitán y aunque lo mirara no podía encontrar ninguna señal de ira, no se veía irritado, si algo parecía intrigado.

Inuyasha se detuvo a unos pies de Kagome, una distancia apropiada, sus ojos fijos en ella mientras la observaba moverse nerviosamente bajo su mirada. Se obligó a mantener la sonrisa de su rostro mientras la observaba sólo para descubrir que no pudo sonreír en lo más mínimo cuando sus inquietos ojos finalmente se posaron en los suyos, parpadeando lentamente mientras hacían contacto visual. "Wow," pensó él mientras lo miraba con desconcertante curiosidad. "Nunca he visto ojos como esos o sí?" Notó mirando esos profundos pozos de blanco y negro. Eran extrañamente familiares de una manera que no podía ubicar. Bajo su ropa, la gema que mantenía atada a su cuello ardía levemente contra su piel haciéndolo sentir incómodo. Aclarando su garganta, levantó su mano discretamente para frotar su chaqueta moviendo la joya escondida y haciendo desaparecer el dolor antes de distraerse corrigiendo su suposición. "El barco en una Galera."

Kagome le sonrió agradecida de no haberla golpeado por hablar primero y contradecir su afirmación con sus conocimientos. "Pero dijo que era una corbeta, Capitán."

Los ojos de Inuyasha se abrieron sorprendidos ante sus palabras. No era frecuente que una mujer le contestara, de hecho, Sango era la única que lo había hecho en años. "Bueno, entonces," sonrió, a una parte de él le gustaba su franqueza y disfrutaba su coraje. "Permítame explicarle más a fondo lo que quise decir. Mi barco ahora es una Galera, originalmente fue una corbeta." Terminó él con una sonrisa ladeada en su cara que estaba llena de un extraño encanto infantil que también hizo sonreír a Kagome antes de fruncir sus ojos juguetonamente.

"Originalmente?" Susurró ella inclinándose con intriga. "Explique Capitán."

"Sí, con los años he modificado el barco." Él cruzó sus brazos sobre su pecho y la miró expectantemente curioso para ver cómo podría reaccionar a su afirmación una mujer que parecía saber algo sobre barcos de mar.

"Modificó su barco?" Dijo Kagome en tono sorprendido, su boca levemente abierta. "Nunca he escuchado tal cosa." Habló sincera, en los muchos años que el Sr. Ingram y el Sr. Charles habían estado instruyéndola sobre barcos en los muelles, nunca le habían mencionado la posibilidad de modificar un barco después de terminada su construcción. "Es decir, un barco es algo hecho una vez y reparado para siempre," habló ella franca, repitiendo las mismas palabras que el Sr. Ingram le había dicho una vez durante un acalorado debate de carpintería. "No es algo que se pueda modificar o manipular." Continuó levantando sus brazos para cruzarlos sobre su pecho en la forma más masculina posible. "De hecho, la simple idea no solo es peligrosa sino completamente ridícula."

Inuyasha tuvo que obligarse a contener la fuerte carcajada que estaba amenazando soltar desde lo más profundo de su estómago. "Sí, lo sé," le dijo con la voz más plana que pudo lograr. "Debe sonar realmente loco pero," se acercó más y luego se separó a su costado ofreciéndole su brazo para sorpresa de Kagome. "Creo que era la mejor elección para mi línea de trabajo."

"De verdad?" Dijo Kagome franca mientras aceptaba el brazo de Inuyasha, su rostro enrojecido y lleno de encanto mientras la guiaba lejos.

Tras ellos, los brazos de Sango se aflojaron no soportando más la figura de Kagome ahora en retirada y Miroku dejó escapar un respiro que no había sabido estuvo conteniendo. "Qué pasó?" Dijo la mujer mientras observaba confundida varios minutos antes de volverse hacia Miroku quien sacudía su cabeza de un lado a otro. "Miroku?" Lo cuestionó pero el hombre sólo se encogió de hombros y le ofreció su brazo sabiendo que era considerado lo correcto donde estaban ahora. "Qué podría estar pensando?" Le preguntó a Miroku en un tono silencioso mientras los seguían a una distancia segura.

Miroku guardó silencio por un minuto antes de dejar escapar un fuerte suspiro. "No lo sé."

"Esto podría ser malo para nuestra imagen." Continuó Sango, sus ojos en sus espaldas. "Los hombres casados no caminan por ahí sin sus esposas, es escandaloso." Ella miró a Miroku intentando dar su punto con sus ojos. El hombre la miró y asintió sabiendo que Sango había pasado diecisiete años de su vida en una familia de alto rango, más que nadie sabía cómo se veía esto para la sociedad.

"Crees que el Capitán sabe eso?" Preguntó Miroku observando a los dos en frente quienes simplemente conversaban.

"En verdad no lo sé," se encogió ella antes de continuar. "Pero él parece muy bien instruido en modales de los ricos. Digo," se detuvo un segundo para reunir sus ideas antes de mirar a Miroku con un frunce. "De la forma en que le habló a esos Oficiales y les ganó, eso no es algo que cualquiera pueda hacer." Se giró terminando y miró al Capitán mientras entretenía a la Srta. Dresmont con un movimiento de su mano libre y hablando animadamente.

"Sí," aceptó Miroku mientras observaba al par frente a ellos caminando como si fuera lo más natural en el mundo. "Y también al administrador del astillero," sacudió su cabeza aún asombrado. "Él se ocupó de eso con tal facilidad, era como una batalla con su boca." Miroku ladeó su cabeza pensativo. "Sabes, Sango," susurró suavemente mirándola casi conspirador por el rabillo de su ojo. "Él fue mi maestro de niño, me enseñó todo lo que sé incluyendo etiqueta."

Sango miró a Miroku, sabía que el Capitán lo había criado desde una joven edad pero nunca había escuchado del Capitán escolarizándolo en otras cosas además de las leyes de los barcos.

"Él me enseñó a leer y a escribir, aritmética, astrología," Miroku miró el cielo despejado pensando en su juventud con una afectuosa mirada en su rostro. "Idiomas extranjeros, cómo comer, cómo bailar." Chasqueó su lengua antes de volver su atención a la espalda del Capitán con sospecha. "Siempre pensé que era muy culto. Demasiado culto."

Sango frunció misteriosa y arrugó sus cejas, pensativa. "Crees que venga de una familia adinerada?" Hizo ella la pregunta sin respuesta dejándola en el aire entre ella y Miroku.

Miroku no respondió mientras observaba al Capitán. El Capitán no era el típico pirata, primero que todo porque era un demonio y segundo, porque estaba increíblemente bien formado en los modos de la alta sociedad. Miroku recordó aprender de él cuando niño, pasando muchos días aprendiendo a leer y a escribir en inglés antes que el Capitán lo llevara a idiomas más difíciles que le obligó a dominar bien como el francés y el latín, el griego y el alemán y unos cuantos más exóticos. Y cuando no estaba aprendiendo idiomas, estaba aprendiendo matemáticas para que pudiera ser el intendente del barco algún día, capaz de calcular las cuotas para la tripulación y la astrología para poder navegar en el mar. Ambas habían sido regalos inapreciables; algo en lo que eran buenos pocos hombres atravesando océanos pero Miroku sí. Y cuando no estaba involucrado en el mundo académico, aprendió propiedad y etiqueta. Inuyasha le había enseñado todo, demostrando y obligándolo a usar un comportamiento apropiado dentro de los mensajeros del Capitán. Afuera en el barco le era permitido hacer lo que quisiera en tanto como recordara sus modales cuando eran él y el Capitán, lo cual era muy común. A diferencia de la mayoría de los Grumetes, él había pasado mucho de su tiempo con el Capitán; algo que al Capitán nunca pareció importarle. Miroku siempre encontró extraño que el Capitán hubiese dejado que un pequeño niño de ocho años pasara su tiempo con él.

Con todo, había recibido una educación bien dirigida; el tipo de educación que solo los nobles obtenían y aún, Miroku la había recibido de un Capitán pirata. Un verdadero enigma de posibilidad, cómo un Capitán pirata había recibido una educación tan extensa en primer lugar? Miroku nunca tuvo el valor de preguntarle dónde había aprendido griego, latín, francés, alemán y gramática inglesa o dónde había aprendido a comer y a bailar. Todo era un gran misterio para él.

"No sé de dónde viene." Finalmente Miroku le admitió a Sango con un apologético frunce. "Sé que tiene una educación noble pero de si proviene o no de una familia noble, nunca me lo ha dicho." Miroku rascó su cabeza. "Aunque me enseñó todo sobre modales y academia. Pensé que era inútil en el momento pero ahora veo lo mucho que lo necesitamos cuando tratamos con gente de la costa."

Sango miró a Miroku y sonrió gentil. "Te educó bien."

"Sí," Miroku rascó su cabeza y le sonrió tras un mar de negros mechones. "Él es el único padre que he conocido." Levantó la mirada y le sonrió a la espalda del Capitán. "Solía parecer tan alto." Murmuró el joven con orgullo, una tonta sonrisa en su juvenil rostro. "Me pregunto si está orgulloso de lo que he crecido?"

Sango sonrió y dejó que Miroku disfrutara su momento. La conexión entre los dos hombres siempre la había fascinado. Tenían un vínculo irrompible como cualquier otro padre e hijo, hermano mayor y hermano menor, o mejores amigos, era profundo y maravilloso. Ella apretó la mano de Miroku gentilmente sacando al hombre de su burbuja. "Sin importar de cómo aprendió, creo que realmente conoce de propiedad mejor de lo que muestra, aun si nunca usa sus modales." Dijo ella gentilmente, sus ojos nunca dejaron a los dos en frente para enfocarse en Miroku. "Sabes algo de dónde es el Capitán?"

"He estado con él por diez años, Sango." Dijo Miroku con un despreocupado movimiento de hombro, "Y nunca he sabido que tenga un puerto de origen."

Sango asintió y tomó un profundo respiro que exhaló lentamente. "Bueno, haciendo eso a un lado, por qué está tan interesado en ella?" Señaló a la chica que parecía estar disfrutando, su cara estaba iluminada mientras hablaba con Inuyasha. "Digo, la trajo. Nunca trae mujeres, yo soy la excepción."

"Sí," aceptó Miroku con un movimiento de cabeza. "Es problemático. Creí que no quería otra persona involucrada en esta farsa especialmente una jovencita como ella."

Sango asintió en acuerdo mientras su mano apretaba el brazo de Miroku. "Ella está comprometida." Apenas dijo mirándolo, tratando de transmitir lo que significaba su sentir. "Una mujer comprometida comportándose así, podría arruinarla."

Miroku no reconoció sus palabras físicamente, sus ojos estaban fijos al frente observando al Capitán y a la joven Srta. Dresmont. "Qué estás pensando, Inuyasha?"

Unos diez pies adelante, Kagome se aferraba al brazo del Capitán, su corazón palpitaba en su pecho ante la sensación de su mano descansando ligeramente sobre la suya. Era un gesto muy íntimo y sin guantes era exquisito sentir su piel sobre su piel. Se sonrojó ante la idea, su mente divagó a otros lugares que podría tocar esa mano. Su mejilla, su cintura, un dedo en sus labios. Kagome respiró profundo, todos sus pensamientos la hicieron temblar.

"Puse remos en el barco, aunque no los necesito en el Caribe propiamente," estaba diciendo mientras miraba al frente caminando a paso animado pero pausado. "Para cuando viajo por las costas de África y en el Mediterráneo."

"Ha estado al otro lado del mar?" Kagome se sentía como una pequeña niña hablándole al Capitán, era tan mundano para ella: la pequeña niña que solo había conocido Inglaterra brevemente y establecido su hogar en Port Royal. Por lo demás, nunca había hecho algo o había estado en otro lado. "Siempre he anhelado viajar de esa forma."

Él la miró y sonrió ante su infantil felicidad, una vista refrescante viniendo de una mujer. La mayoría de las mujeres que conocía estaban lejos de ser niñas. Eran prostitutas y rameras que se acostaban con hombres por dinero no amor. Dándole una amable sonrisa miró sus labios mientras hablaba y se sintió tener una urgencia que nunca había tenido en su vida. "Quiero besar esos labios." Tragó ante la idea e inhaló un respiro tranquilizante, su aroma se cruzó por su nariz y sintió sus ojos comenzar a nublarse. Olía embriagadora, su aroma natural de mar y nenúfares para nada disimulado por el perfume.

"Cómo es el Mediterráneo?" Preguntó ella y lo miró con una sonrisa que se tornó un frunce cuando vio sus dorados ojos observándola, más exactamente mirando sus labios. Ruborizada, desvió la mirada y aclaró su garganta tan fuertemente como fuera posible.

Inuyasha volvió en sí ante el sonido y se encontró mirando la parte trasera de su cabeza. En el fondo de su mente apenas recordó su pregunta anterior y rápidamente trató de formular una respuesta decente. "Es muy similar al Caribe en el verano." Dijo él gentil, mirándola, esperando que se girara hacia él.

Ella lo hizo después de un momento y sonrió satisfecho antes de continuar.

"Las aguas son claras y los peces fáciles de ver." Contó él con un frunce de contemplación. "Una vez, mientras estuvimos en tierra, mi compañero y yo," señaló a Miroku. "Escalamos hacia un monasterio que estaba posado en la cima de un gigante acantilado en Grecia." Movió su mano de forma horizontal sobre el piso, mostrándole con sus dedos la forma del acantilado antes de abrirlos y expandirlos como si imitara sus propias palabras. "La vista era absolutamente la cosa más hermosa que haya visto en mi vida."

Kagome lo miró con admiración en sus ojos. "Cómo se veía?"

Inuyasha la miró, sus ojos destellaban con inocencia infantil. Quien lo conociera habría pensado que se veía extraño. "El agua estaba bajo nosotros," Colocó su mano paralela al piso moviéndola en círculos pequeños para mostrarle el agua. "Se veía como un espejo y en sus profundidades podíamos ver todo el fondo del mar." Bajó su mano hacia el suelo solo deteniendo el movimiento para mirarla animado.

Sus ojos grises destellaban ante sus palabras y su boca se abrió hambrienta de más. "El fondo?"

"Todo hacia el fondo marino." Sus ojos brillaron aún más mientras subía su mano hacia su rostro antes de extenderla tan amplia como pudo. "Y no pudimos ver nada más que agua clara y esos pequeños peces a cien leguas."

"Cien leguas?" Dijo ella en un susurro.

"Cien leguas." Él observó la felicidad expandirse en su cara y se sintió orgulloso por haber causado esa mirada en una joven tan bonita. No era algo que pensara en hacer con frecuencia; no era algo que realmente intentara hacer. En verdad nunca había estado interesado en las mujeres pero esta chica, su cara, sus ojos, sus simples expresiones, la forma en que se sentía su mano en la suya, la forma en que su piel se había sentido bajo sus labios cuando besó su mano lo hizo sentir temerario.

"Esa debe haber sido la vista más asombrosa." Susurró Kagome mirando al cielo imaginando lo que había descrito con gusto. "Deseo poder ver tal cosa."

Inuyasha sonrió y apretó su mano. "Tal vez algún día."

Ella giró su cabeza hacia él y le dio una mirada de shock ante sus palabras. "No lo creo." Habló honestamente, su expresión la de alguien que estaba obligada a no albergar esperanza. "Estaré atada a este puerto por el resto de mi vida."

"Nunca se sabe," le dijo suavemente. "Pensé lo mismo de mí y entonces me encontré en un barco," se encogió. "Como Capitán."

"Qué lo hizo unirse a la Armada de la Corona?" Preguntó ella, curiosa por sus extrañas palabras.

Inuyasha se paralizó completamente inseguro de lo que debía decirle, no habiéndose preparado para que alguien le hiciera semejante pregunta. "Cuál sería una buena razón para querer unirse a la Armada?" Se preguntó precipitadamente, "O al menos una razón que suene creíble considerando el hecho de que nunca he estado en la Armada." Tragó mientras su mente continuaba acelerando.

"Si yo fuera a unirme a la Armada—," comenzó la Srta. Dresmont antes de que pudiera hablar haciéndolo saltar y mirarla. "Me uniría, solo para ver cosas como el Mediterráneo desde un acantilado en Grecia." Ella lo miró, sus ojos una suave textura que lo volvía loco.

"Srta. Dresmont?" Preguntó él suavemente sin darse cuenta que se había detenido; ella tampoco pareció notarlo. "Se uniría sólo para ver el mar?"

Ella asintió, todo su rostro y cuello enrojecidos con su vergüenza. "Me uniría para ver todo eso. Aun si muriera en el mar, aun si mis dientes se pudrieran y me enfermara." Bajó la mirada avergonzándose más y más a cada segundo pero no terminando sus palabras. "Aun si pierdo una pierna o un brazo, me uniría y me quedaría." Lentamente levantó su cabeza, sus ojos grises miraban la transitada calle mientras permanecían lado a lado. "Estaría feliz de haber vivido mi vida en el mar." Se giró y lo miró, remolinos de blanco y negro se mezclaban ante sus palabras. "Habría estado en sus aguas aprendiendo sus más íntimos secretos."

Inuyasha sintió su corazón palpitar en su pecho mientras la miraba, sus palabras tocaron algo dentro de él que no podía entender.

"Capitán?"

Ambos, Inuyasha y Kagome saltaron cuando la voz de Miroku llegó a sus oídos. Kagome miró a la mujer en el brazo de Miroku e instantáneamente sintió una gigante ola de culpa golpear su corazón. Se separó del Capitán sin importarle si fue ruda y retrocedió. "Le gustaría caminar con su esposo, Sra. Smith?" Dijo ella suavemente, una parte le gritaba no ofrecer tal cosa y otra parte le decía que sí.

Sango miró a Inuyasha y luego a la joven ruborizada. Le envió al Capitán una mirada bien dirigida y caminó hacia Kagome en vez. Gentilmente, tomó el brazo de la joven y descaradamente ignoró al Capitán. "Caminemos juntas, Srta. Dresmont. Será más agradable que caminar con los hombres, no está de acuerdo?"

Kagome caminó con la Sra. Smith y se preguntó si la mujer estaba molesta con ella o con su esposo. Tal vez, la Sra. Smith estaba culpando a su esposo por su atrevimiento con una mujer comprometida. Tal vez la Sra. Smith no estaba enojada con ella en lo absoluto.

"Sí," respondió Kagome mientras la Sra. Smith la llevaba. Miró al Capitán y a su Primer Oficial, parecían estar en una profunda discusión.

"No puedo creerte." La voz de Miroku goteaba con rabia. "Ella es una jovencita. Sango dice que está comprometida en matrimonio."

"Y," se quejó Inuyasha caminando tras las dos mujeres. "Simplemente estaba hablando con ella."

Miroku resopló y apuntó hacia la espalda de Kagome. "Su rostro no parecía como si estuvieran hablando. Tenía una cara que decía 'fóllame ahora'."

"De verdad?" Inuyasha miró a las mujeres, sintiendo una fuente de orgullo brotar en su pecho.

Miroku gruñó muy realista y agarró fuertemente el mentón del Capitán, alejándolo de las espaldas de Kagome y Sango, sin importarle si la gente veía. "Ella está comprometida y es joven. No sabe lo que está haciendo y tú—tú estás interpretando el papel del Capitán muy bien. Y no de cualquier Capitán—un Capitán casado."

Inuyasha trató de no hacer contacto visual con Miroku pero fracasó. Respiró profundo y se soltó de Miroku rudamente. "No haré nada, solo quiero hablar con ella." Dijo él, sus ojos enojados.

"Es solo una niña." Le dijo Miroku tranquilamente. Nunca había visto al Capitán enojarse por una chica. Usualmente encontraba una apropiada, la follaba y la dejaba, nunca las llevaba al barco si podía evitarlo por el bien de Sango. Él era del tipo de callejones. Nunca parecía tener algún interés en las mujeres para cosas como hablar, pero qué era diferente con esta? "Es diferente—?"

"Es sólo una chica." Lo interrumpió Inuyasha y avanzó. El mercado ahora estaba justo en frente de ellos. "Vamos a terminar con esto." Fue a pasar a Sango y a Kagome pero fue detenido por la mano de Sango tocando levemente su brazo. Girándose para gritarle, se contuvo cuando notó el amistoso rostro en ambas chicas.

"Capitán." Dijo Sango con una pequeña sonrisa. "Después de reunir las provisiones, podemos cenar con la Srta. Dresmont?"

"Sí," dijo Kagome tímidamente. "Conozco un lugar maravilloso y la Sra. Smith estaba diciéndome que la comida de mar puede ser un poco simple."

Inuyasha estudió a la joven por un momento, sus pensamientos giraban entre ella y él. Aun cuando no pudiera estar con ella tal vez consentir un poco de tiempo con ella (sin importar lo poco que pudiera ser) valía el problema que pudiera causar. Sintió una sonrisa formarse vagamente en su rostro viendo que Sango lo miraba con ojos curiosos. "No creo que podamos hacerlo hoy, ya es muy tarde."

Sango y Kagome lo miraron, pechos ligeramente caídos.

"Pero, estoy cansado de la comida del cocinero. Es muy salada para mi gusto." Las miró sintiéndose sereno mientras sonreía. "Mañana, podemos venir y cenar con usted, si no le importa Srta. Dresmont?"

"Excelente," dijo Kagome con una sonrisa feliz. "Me encantaría verlos mañana de nuevo."

"Bien." Él la miró, una extraña sensación cubría su corazón. Estaba feliz de haberla hecho sonreír tan resplandecientemente. "Pero insisto que será mi invitación, estimada señorita."

Sango y Miroku de nuevo miraban al Capitán como si fuera el más grande extraño para ellos.

"Gracias, Capitán." Dijo ella aún más emocionada.

"Es lo menos que puedo hacer por las molestias."

Kagome miró la sonrisa del Capitán mientras hablaba y sintió su corazón saltar. Sus ojos se abrieron después de unos minutos y se sintió más acalorada. Estaba mirándola como antes, sus ojos felices pero entrecerrados, su mente parecía confusa con una especie de distracción acompañando sus pensamientos. Podría ser ella la distracción? Sintió el brazo de la Sra. Smith en el suyo y respiró profundo intentando hacerse sentir menos culpable de lo que ya estaba.

"Gracias." Le susurró ella e hizo una reverencia con una mano, sus ojos brillaban con deleite.

Fin del Capítulo

Dejen Review Por Favor

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Nota de Inu: Hola a todos! Espero hayan disfrutado mucho este capítulo, pensé que no iba a lograr subirlo este fin de semana pero desde ayer tengo la cabeza muy embolatada y no lograba concentrarme en la lectura y corrección. Espero haya quedado medianamente decente su traducción y redacción, jejejeje, y me disculpen si se me escapa algún error. Muchas gracias por sus comentarios, es un gusto saber que siguen esta historia. Recuerden que los créditos de autoría son para Inuma Asahi De, yo sólo me encargo de transcribirla al español. Hasta el próximo capítulo!