SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE

Por Inuma Asahi De

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desean que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).

-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-

Capítulo Seis:

Solo un beso

Habían transcurrido tres días desde que Kagome vio el condenado beso y ahora se encontraba sentada en el pequeño bote del Capitán, desplazándose sobre las aguas del puerto de Port Royal. Miraba por el costado del bote, miraba las cristalinas profundidades. Era maravilloso, qué tanto podía ver, qué podía ver. Bajo ella había una playa submarina, la cual parecía volverse más y más lejana con cada giro de los remos del primer oficial. Y sobre esa playa había un banco de peces, brillantes y plateados, resplandeciendo por el sol.

"Vaya." Pensó para sí mientras miles de pequeños cuerpos se desplazaban de un lado a otro en una cerrada formación, moviéndose como si fueran uno en mente y cuerpo, el plateado de sus escamas se borraba mientras se movían al unísono, esquivando otros bancos de peces.

De repente, notó algo más grande en la formación, una sombra oscura moviéndose a paso lento. Sus ojos se abrieron cuando la sombra volvió a la vida, un color verde en el agua azul y vio algo que nunca antes había visto, una tortuga gigante nadando. En toda su vida sólo había visto a la bestia en la orilla, asoleándose mientras ignoraba a las personas o poniendo sus huevos. Pero ahora—veía a esa criatura gigante moviéndose en el agua, deslizándose con facilidad, una habilidad sorprendente para algo que se veía tan grande. Sus enormes aletas se movían como alas haciéndola ver como si estuviera volando sobre la playa submarina—una gran ave en un cielo despejado.

La tortuga de mar giraba su gran peso, irrumpiendo entre uno de los bancos de peces plateados, partiéndolo en dos. Los peces parecieron entrar en pánico, dispersándose en todas direcciones e intentando cerrar el espacio mientras el intruso se abría camino. En momentos, estuvieron juntos, fuertemente juntos como antes y la tortuga marina continuó moviéndose sobre sus alas carnosas. "Asombroso." Dijo ella en voz alta con una sonrisa, haciendo que la Sra. Smith se girara hacia ella desde su lugar en el pequeño bote.

Sango miró en el agua, viendo la tortuga marina pasando debajo de ellos. "Sí," reconoció ella. "Son hermosas, no es así?"

Kagome se volvió hacia ella y sonrió brillantemente, todo su rostro iluminado de tal forma que Sango sintió su cuerpo estremecerse. No de algo malo per se, sino de una sensación que hizo eco en su corazón—quería proteger esa sonrisa.

"Las he visto en la playa, pero nunca nadando." Kagome regresó al agua como una niña emocionada en su asiento. "No puedo creer que algo tan grande pueda moverse así. Como un pájaro."

Sango sonrió gentil y asintió antes de desviar su mirada de la joven, perdida en sus propios pensamientos. Rezaba porque esta joven no los descubriera, que hoy nada saliera mal, que simplemente los visitara y se fuera—se irían por caminos separados, a sus vidas separadas. Aun, otra parte pensaba diferente. Sango miró a Kagome por el rabillo de su ojo. Habría sido maravilloso que Kagome pudiera venir con ellos—era una chica dulce que parecía entenderlos sin saber quiénes eran pero—una joven de sociedad nunca podría amar sus vidas una vez que se viera forzada a ella. Sango se había enamorado de ella pero su caso había sido diferente al de Kagome. Kagome estaba viviendo como se esperaba que viviera, casarse con un hombre rico de alta posición, dirigir su casa, ganar riquezas y honor para su familia. Ese era el tipo de vida—para una mujer pura. Y la piratería no le atraería a la mujer que estuviera hecha en esa cultura.

Brevemente, su mente retrocedió a tres días atrás, la imagen de la chica en el Fuerte, la mirada distante en los ojos de la joven.

"Habría sido grandioso haber nacido hombre."

Pudiera ser posible que quisiera decir lo que había dicho? Sango sacudió su cabeza, la chica no tenía idea de lo que estaba hablando—no entendería. Eran, solo las palabras de una joven que se sentía atrapada pero conocía sus deberes.

Sango miró de nuevo a la joven, detallando su respetable apariencia de hoy, lo cual decía mucho—era diferente a la chica que habían visto la primera vez. Estaba manteniendo las apariencias con sus enaguas y vestido azul, su miriñaque en su lugar y su corsé más apretado de lo necesario, el encaje en sus hombros, y su mejor sombrero en su cabeza. Incluso su cabello estaba hecho hoy, en vez del típico moño lo había rizado y dejado caer por su hombro, una fina cola de caballo que caía sobre su seno derecho.

Esta joven, sin importar lo que dijera, aún era de la alta sociedad, era educada y creía en la estúpida propiedad. Eso era muy cierto de su reacción a la 'aventura.' Sango escondió un resoplo y se giró antes de escuchar un pequeño jadeo. Mirando a Kagome, observó asombrada cuando la chica tuvo plena visión del barco tan cerca.

"Es asombroso!" Gritó ella prácticamente saltando en el asiento del bote como una niña emocionada.

La vista era entrañable e hizo sonreír a Sango genuinamente, tal vez estaba equivocada, tal vez esta chica no era una firme creyente de la propiedad. Por un momento, su mente volvió a la primera vez que había visto a la joven sin su corsé puesto y sin guantes, su cabello un desastre y su miriñaque fuera. Se veía desastrosa pero—también se veía como Sango se sentía.

"Estoy tan emocionada." Dijo Kagome girándose hacia la Sra. Smith quien la miraba con una sonrisa que de cierta forma era entre emocionada y preocupada, tal vez triste. Kagome la dejó pasar—tal vez la Sra. Smith aún estaba preocupada de que le dijera algo al Capitán sobre lo que había presenciado el otro día.

Kagome alcanzó y tomó la mano de la otra mujer. Sango la miró confundida pero Kagome continuó sonriendo, sus ojos cerrados mientras el sol cubría su rostro, haciéndola brillar a los ojos de Sango. "Gracias," dijo Kagome, su sonrisa pareció ampliarse. "Esto—es un sueño hecho realidad para mí."

Sango la miró en silencio antes de sonreír de vuelta, resplandeciente—iba a extrañar a esta chica. "Me alegra haberle causado tanta felicidad, Srta. Dresmont."

Acercándose a la proa del enorme barco ambas mujeres olvidaron su conversación mientras Miroku llamaba a los hombres arriba, gritándoles sus órdenes. Ellos lanzaron una soga, la cual alcanzó el primer oficial, arrastrándolos hacia ellos. Kagome sabía que tendría que trepar por la escalera de soga para llegar a la cubierta del barco. Realmente era la única manera de entrar al barco a menos que fueras un mono o el barco pudiera atracar en un puerto de verdad. Ella observaba mientras Peter (como aún era su disfraz) tomaba la mano de la Sra. Smith y la ayudaba a la escalera mientras el pequeño bote se mecía con el océano. Una vez que la señora agarró la escalera, subió rápidamente y se detuvo en la cubierta. Fue impresionante para Kagome, la manera en que la mujer se movía como si lo hubiese hecho millones de veces. Kagome, entonces, vio una mano alcanzar por la Sra. Smith y supo—sin tener que ver la cara del dueño que era la mano del Capitán.

"Srta. Dresmont?"

Ella escuchó la voz de Peter. Extendió su mano por la suya y ella la aceptó, permitiéndole ayudarla hacia la escalera. Se giró a ella, aferrándose a la primera muesca de la cuerda, las manos de Peter en su cintura ayudándola. A diferencia de la Sra. Smith, ella temblaba mientras se movía, perdiendo su piso fácilmente cuando la suave corriente meció el pequeño bote. Miró el costado del barco, era empinado, muy largo de escalar, y pasó saliva cuando sintió el pequeño bote balancearse en el agua, las manos de Peter solo pudieron mantenerla estable por un momento. Por segundos, cerró sus ojos temerosa pero una voz arriba detuvo sus miedos.

"Srta. Dresmont," la llamó con confianza. "Está bien."

Ella levantó la mirada ante la voz y fue encontrada por esos mismos ojos miel que había visto cuatro días atrás. Estaban fijos en ella—estudiándola como si contemplara sus habilidades. El Capitán estaba concentrado en ella otra vez—mirándola en la misma forma que debería haber mirado a su esposa.

"No tenga miedo." La llamó y Kagome sintió que el miedo en su corazón se derretía al mirar esos ojos y escuchar esas palabras.

Con cuidado, subió a la escalera, sintió las manos del Sr. Woodson dejar su cintura mientras comenzaba a ascender hacia el barco. El viento golpeaba sus enaguas y las movía ligeramente, era una sensación emocionante: el viento soplando alrededor de sus piernas mientras se aferraba a la escalera de cuerda. Se sintió extrañamente libre mientras el viento parecía bailar alrededor—tal vez era una de las pocas veces en su vida que se sentía completa y enteramente a cargo de sí misma.

Lentamente subió, la sensación del viento y el aroma salado regocijaban aún más sus sentidos. Le tomó solo unos momentos y entonces estuvo en la cima de la escalera, el Capitán mirándola con una pequeña sonrisa, sus ojos fijos en ella, ardiendo en ella. Para su decepción, extendió una mano cubierta por un guante de Capitán. Ella depositó su mano en la suya enguantada, sus propios dedos parecían más pequeños cuando esa enorme mano se cerró en la suya.

Una sensación de ingravidez la golpeó cuando la haló hacia arriba, sin esfuerzo, depositándola sobre sus pies antes de que pudiera jadear ante la sensación. Él sostuvo su mano incluso después de estar en cubierta y sus ojos continuaron mirando los suyos. Kagome sintió latir su corazón y su estómago revolverse—la sensación de ardor regresaba un millón de veces más intensa comparada a su baile de la otra noche.

Esta vez fue diferente a las otras veces en las que había estado con él—esta vez no sintió la misma culpa desgarradora por sus pensamientos. Los ojos de Kagome se abrieron cuando la idea la golpeó duro, era una horrible realización la que había hecho. La Sra. Smith no amaba a este hombre, él simplemente era su esposo, el hombre que había sido obligada a desposar. Su amante aún estaba en el bote meciéndose en las olas. Era una idea extraña de comprender—le gustaba un hombre en un matrimonio sin amor.

Kagome tragó, podría ser verdad, tal vez si la Sra. Smith no amaba a su esposo entonces, tal vez, el Capitán Smith no amaba a su esposa. La idea hizo saltar su corazón en su pecho y luego la hizo sentir muy sucia. Seriamente estaba mirando a este hombre como una aventura, estaba pensando cosas con alguien además de su prometido.

Kagome habría maldecido si no estuviera tratando desesperadamente de lucir digna de cierta forma. Casi se sintió un poco disgustada con ella por contener su personalidad. Cuándo le habían importado los modales y la etiqueta, cuándo había comenzado a comportarse como una dama? Ella miró al Capitán que aún sostenía su mano—había comenzado al segundo que vio esos ojos.

"Es bueno verla otra vez, Srta. Dresmont." Dijo el Capitán y llevó su mano hacia sus labios, besándola. Kagome se sintió extrañamente decepcionada de que la acción fuera hecha con las manos cubiertas. Una parte de ella realmente quería sentir otra vez esos suaves y húmedos labios contra su piel.

Él soltó su mano finalmente y ella la retiró, arrepintiéndose de la falta de contacto. "Estoy muy encantada de verlo de nuevo, Capitán Smith." Hizo una reverencia y luego desvió la mirada, mandando sus sentimientos a la boca de su estómago, al fondo de su cerebro. Buscando un área más segura para poner su atención, sus ojos detallaban el barco rodeándola, estudiando las personas que estaban caminando por la cubierta, todos en uniformes de la marina.

La mayoría de los hombres estaban al final del barco, donde el trinquete había sido lanzado al mar. Estaba asombrada de ver que el nuevo mástil ya había sido montado en el barco, la posibilidad era extraordinaria. Había visto construir barcos, un mástil demoraba al menos un mes con hombres trabajando día y noche, no era algo que pasara de la noche a la mañana y aun este barco sólo había estado en Port Royal por cinco días y el mástil ya estaba montado.

"Las reparaciones han progresado muy rápido." Comentó ella mirando al Capitán.

"Supongo, nuestro carpintero es muy bueno en su trabajo." El Capitán Inuyasha le ofreció su brazo, ella miró su rostro sintiéndose extrañamente insegura de sí misma pero también de por qué.

Él no era diferente al que había sido el primer día que se conocieron, sus ojos eran del mismo oro intenso a la primera vez que la había observado, aún taladraban en ella, derritiéndola como miel en una olla sobre el fuego. Tímidamente, alcanzó y cerró su mano en la suya. Para su sorpresa, él tomó su otra mano, la que no estaba escoltándola, y la depositó encima de su propia mano. Él la miró ejecutando el gesto y ella sintió un rubor colorear sus mejillas mientras le sonreía.

"Está bien, Srta. Dresmont?" Preguntó suavemente y Kagome sintió que había un significado mucho más profundo en sus palabras. Mirándolo, asintió brevemente, su rostro ardía ante el significado del romántico gesto.

"Entonces vamos, mi esposa pronto se unirá en el almuerzo." Dijo él comenzando a desplazarse por la cubierta principal del barco. "Me ha dicho que tiene algunos asuntos con mi Primer Oficial, el Sr. Woodson." Dijo delicadamente.

Kagome sintió su corazón saltar a su garganta, pensando en cuál podría ser el asunto de la Sra. Smith y el Primer Oficial. Desconocido para ella, el Capitán estaba mirándola, observando su reacción, complacido ante el incremento del sonido de su corazón.

"Creo que están preparando el almuerzo juntos." Añadió él mientras caminaban hacia el timón.

"Pensé que tenía un cocinero a bordo?" Cuestionó ella tratando de mantener alejada su mente de otras cosas que la Sra. Smith y el Sr. Woodson podrían hacer cuando el Capitán estaba incapacitado.

"Lo tenemos pero Peter disfruta cocinar para las visitas." Él la miró con una gentil sonrisa. "Peter es muy buen cocinero y ha estado enseñándole a Elizabeth por diversión."

Kagome se sonrojó, apostaba a que se estaban divirtiendo. "No sé nada de cocinar." Dijo ella débilmente.

"Ni yo." Él la miró y ella lo miró intentando formar una suave sonrisa para su contemplación.

Él sintió su corazón comenzar a acelerarse y apretó sus labios en una línea de incertidumbre. Por qué su corazón estaba acelerado? Qué pasaba con esta chica que lo hacía sentir ligeramente mareado? En sus épocas había estado rodeado de muchas mujeres hermosas, había dormido con muchas mujeres hermosas, y aún esta joven—esta joven lo hacía sentir extraordinario. Sólo hubo en el mundo una joven que lo había hecho sentir cercano a la forma en que se estaba sintiendo ahora y ella había muerto tiempo atrás, tanto que en verdad no podía recordar su rostro.

"Entonces supongo que tenemos algo en común, Capitán." Kagome lo miró con una sonrisa, haciendo a un lado las ideas de la Sra. Smith y el Sr. Woodson y enfocándose mejor en una diferente, una que hizo arder su corazón con pasión: la vista de los ojos del Capitán mientras la miraban y parecía sonreír junto con sus curvados labios.

"Bueno, entonces mientras ellos cocinan podemos recorrer el barco, comenzando," llegó a las escaleras. "Con el timón."

Él la subió por las angostas escaleras, pudiendo continuar caminando lado a lado. Una vez arriba, cerca al timón, Kagome sintió su corazón saltar en su garganta. "Extraordinario," susurró asimilando la vista de una vieja brújula al lado del timón y una pequeña mesa con una silla para el navegante.

Pero lo que realmente cautivó su corazón fue la vista del mar infinito detrás del timón. Desde aquí podía ver la lejana e inalcanzable marea. El lugar que siempre había anhelado aventurar, el lugar en el que había soñado estar ahora mismo. Llevó su mano libre a su pecho y, con el Capitán aun sosteniendo su brazo, caminó hacia la baranda con él siguiéndola.

Él la observó mientras se movía, la mirada en su rostro lo hizo sentir caliente y necesitado. "Maldición." Pensó cuando la brisa del océano atrapó su cabello, ondeándolo alrededor de su delicioso cuello. "Es tan hermosa."

Él continuó observándola mientras colocaba su mano libre en la baranda, mirando las aguas con admiración. Ese rostro—al menos para él—era la muestra de la verdadera inocencia. En él había expresiones que no había visto en años. Una curiosidad infantil, un amor infantil por algo, una devoción por algo que sólo alguien podía ver en sueños, sueños que él no tenía más. Él miraba el mundo que ella estaba viendo y deseó poder verlo a través de sus ojos pero ojos como los suyos no podían mirar el mar de la forma en que podían los de ella.

"Capitán," dijo ella, su voz ligera como la brisa y giró sus ojos hacia él. "Parece eterno." Dijo, su sonrisa tan brillante que él sintió su corazón latir más rápido.

De repente, el viento arreció alborotando su cabello y llevándolo en frente de su cara. Parpadeó varias veces antes de levantar una mano para retirar los rizos. Antes de que pudiera, él se estiró, atrapando el mechón suelto y lo colocó detrás de su oreja. No omitió el rojo tinte, la mirada en su rostro que mostraba lo verdaderamente inocente que era. La mayoría de las mujeres con las que había estado, en su vida, no habían sido capaces de ver a un hombre con esa verdadera inocencia—incluso ella no pudo darle esa mirada. Para ellas una caricia era dinero, para esta joven—para la Srta. Kagome Dresmont, una caricia era algo electrizante.

"Capitán," dijo otra vez tan suavemente que Inuyasha deseó que sus orejas no hubiesen estado escondidas bajo el sombrero y la peluca.

"Sí," respondió él. "Srta. Dresmont?"

Kagome miró sus ojos y vio deseo en su rostro. Era tan extraño—él era un hombre casado—y aun, incluso su esposa estaba teniendo una aventura. Podría ser que él quisiera lo mismo que la Sra. Smith? Quería a alguien que amara para tener a su lado y no a alguien con quien se casó obligado? De cualquier manera, Kagome sabía que nunca podría ser una adúltera, no estaba en su naturaleza, no quería lastimar a ninguna de las partes, no quería lastimarse a sí misma. Sintiéndose casi entristecida ante sus pensamientos se separó del Capitán, mirando las tablas de madera de la cubierta.

"Me gustaría ver más del barco, si es posible Capitán. Solo he estado en un barco en mi vida y era muy pequeña," levantó la mirada tímidamente. "Me gustaría explorarlo ahora que soy lo mayor suficiente para apreciar los barcos hermosos."

Por un segundo Inuyasha se sintió decepcionado pero lo borró de su corazón. Se alejó de la baranda, ofreciéndole su brazo de nuevo, esta vez más formalmente. Ella lo tomó con calma y él mantuvo su mano a su lado mientras la conducía hacia las escaleras. "Entonces continuemos con nuestro recorrido, Srta. Dresmont. Hay mucho para ver."

Una vez en la cubierta principal comenzaron a caminar a lo largo del barco, ambos sintiéndose levemente incómodos por primera vez desde que se habían conocido y sabiendo que había sido el silencioso rechazo de Kagome lo que lo causó. Caminaron en silencio por el barco, Kagome viendo los diferentes aparejos y sogas colgantes, preguntándose y sabiendo al mismo tiempo cómo funcionaban.

Inuyasha, por otro lado, estaba perdido en sus pensamientos no notando lo que estaba haciendo la Srta. Dresmont mientras se preguntaba sobre su silencioso rechazo. Por qué lo había hecho? Tendría que ver con su crianza, Sango y Miroku tenían razón, era una verdadera joven de sociedad? La miró, detallando su apariencia de hoy. Lucía positivamente real, su vestido maravilloso sobre su cuerpo, su cabello encantador sobre su delgado hombro—la Srta. Dresmont en realidad se veía como parte de la sociedad y aun, sabía, sabía que esta chica en frente de él no era la chica del interior, era falsa.

De repente, sus pensamientos fueron espantados cuando la Srta. Dresmont llamó a un alto, su rostro lejos de él y mirando hacia arriba. Confundido, siguió su línea de visión y frunció, no veía nada excepto el mástil principal y la vela principal atada. Mirándola de nuevo se sorprendió de ver una mirada de completa alegría en su joven rostro.

"Srta.—" comenzó pero no pudo terminar cuando se giró abruptamente hacia él, su rostro iluminado de felicidad.

"Nunca pensé que un mástil fuera tan alto!" Gritó deleitada girándose otra vez. "Parece como si pudiera tocar las nubes." Jadeó y se separó de él, sus manos juntas bajo su mentón. "Hay hombres allá arriba?"

Él no respondió en el momento porque no estaba seguro de qué decir. Finalmente levantó la mirada y notó la presencia de algunos de sus hombres, estaban sentados en las velas realizando rutinas de mantenimiento bajo los ojos vigilantes de Myoga. "Sí," respondió estupefacto. "Están trabajando."

"Qué divertido."

Él la miró incrédulo viendo esa ola de deleite incrementarse.

"Ha hecho eso?" Preguntó antes de mirarlo, sus ojos llenos de admiración. "Es decir, creo que estaría asustada pero, apuesto que es divertido estar arriba tan alto, probablemente se puede ver por millas, verdad?"

Inuyasha le sonrió, tal vez había estado equivocado. "Puedes, puedes ver infinito." Le dijo ofreciéndole de nuevo su brazo. Ella lo aceptó sujetándose fuerte física y mentalmente mientras analizaba cada palabra suya.

"Hábleme sobre eso." Insistió ella comenzando a caminar.

"Bueno, la primera vez es un poco intimidante." Comenzó a decir mientras caminaban, sus ojos en ella, enfocados en cada expresión que hacía. "Pero, cada vez, se hace más fácil y te encuentras disfrutándolo más y más."

Kagome asintió, sus ojos puestos adelante. "Creo, que lo disfrutaría mucho."

Inuyasha asintió, sus ojos tornándose suaves aunque sabía que no podía verlos. Valientemente, colocó su mano sobre la suya, encantado cuando no pareció importarle. No estaba seguro de qué había cambiado en esos segundos pero sabía que tenía algo que ver con la verdadera joven en el interior. "Sé que sí."

Ellos continuaron su recorrido, la incomodidad olvidada mientras Inuyasha la llevaba por todo el barco, respondiendo sus preguntas con felicidad y viendo su amor por su barco con facilidad. Cada pequeña cosa la maravillaba, la gigante soga de acoplamiento, el ancla, la cocina donde encontraron brevemente a Sango y a Miroku, las historias, los desvanes, todo creaba una sonrisa de deleite en su joven rostro.

Finalmente, llegaron a la habitación del Capitán y Kagome sintió su rostro enrojecerse, dándose cuenta de que entrarían y estarían solos. Cuando alcanzaron la puerta, él soltó su brazo y la abrió, apartándose para que pudiera entrar sin obstáculos. Ella entró por el umbral y sintió que su cuerpo se enrojecía mientras acogía la vista de la espaciosa y decorada habitación.

Había una cama a un lado, las sábanas estaban tan apretadas que una moneda podría haber rebotado de ellas. Por un momento, se preguntó si la Sra. Smith dormía ahí con su esposo pero la idea originó una extraña sensación en su pecho y la dejó ir. Al otro lado de la cama había una mesa llena de mapas. También había libreros y diferentes catalejos así como unos cuantos platos antiguos. La decoración era principalmente roja, las sillas y la cama coloreadas en un hermoso carmesí, pero la pequeña alfombra era de un color bronceado que casi se mezclaba con el piso de madera debajo.

Avanzó más en la habitación cuando las ventanas llamaron su atención por primera vez. La parte posterior de la habitación tenía unas sólidas ventanas con cortinas de un rojo oscuro, recogidas y enmarcándolas, había una mesa en frente de las cortinas lista para la comida. Los ojos de Kagome no fueron atraídos hacia la mesa o las cortinas, fueron atraídos al océano afuera de las ventanas—podía ver Port Royal, se veía tan insignificante desde aquí, el océano acompañándolo, encerrándolo.

"Este es mi camarote." Dijo el Capitán casualmente, deteniéndose tras ella. "Qué opina?"

"Está—" susurró ella. "Muy bien decorado, la Sra. Smith lo decoró?"

"Oh no, esta es mi habitación solo, esté conmigo en el mar o no." Entonces se alejó de ella, hacia las ventanas mirando el océano. "Ella tiene su propia habitación decorada a su propio gusto."

Los ojos de Kagome se abrieron ante la idea. No compartían una cama, la simple idea era extraña para ella. Cada pareja que conocía compartía una habitación, era lo que se hacía hoy en día. "Ya veo," dijo deteniéndose junto a él. Ideas corrían en su cabeza de por qué dormirían separados. "Me gustaría ver su habitación antes de irme."

"Estoy seguro que puede arreglarse," él la miró y sonrió gentilmente. Sus ojos sonreían con él, haciendo derretir su corazón ante la vista.

Desesperadamente, él quería guiarse por las emociones en su interior pero no se atrevió—podría empeorar las cosas y por encima de todo eso ella ya había rechazado sus avances—aun si no hubiese dicho una palabra. Sin embargo, eventualmente se había tornado cómoda con él tomando su mano en silencio e incluso ahora cuando Inuyasha la miraba a los ojos vio curiosidad, no temor, le dio una ligera carga de confianza. Tal vez, no objetaría si al menos lo mantenía inocente?

"Qué estoy pensando?" Se dijo mientras la observaba mirar por la ventana. "Ella me rechazó, es el final, lo intenté y fallé." Inuyasha resistió la urgencia de golpearse en la cabeza. Aun si esto fuera verdad, pensaba que al menos tenía algo de esperanza, tal vez, solo un intento. Si ella lo rechazaba otra vez, se daría por vencido y lo dejaría ir pero al menos tenía que intentarlo. Tenía que saber, absolutamente tenía que saber de una forma o de otra.

Él lamió sus labios y lentamente alcanzó por ella, colocando sus manos en sus hombros. Kagome se giró hacia él, sus ojos aun curiosos, no asustados, mirándolo a los ojos. Aún más motivado, él la giró completamente, posicionándola para encararlo y bajó su cabeza ligeramente, sus ojos fijos en los suyos, ella no se movió. Optimista, se acercó más.

Kagome se sintió congelar en el sitio, intentando imaginar lo que iba a hacer ahora que la había girado. Su corazón estaba acelerado en su pecho, estaba pegada en su puesto, sus ojos fijos en sus ojos. Notó que esos ojos parecían estar acercándose más—su mente vagamente le dijo por qué. No era tan ingenua como pudieran pensar; sus amigas le había hablado mucho sobre sus vidas maritales, dejándola muy consciente de ciertas cosas. En el fondo de su mente sabía lo que él estaba haciendo, lo que no sabía, era qué hacer. Ella ya había tomado su decisión, no era una adúltera pero—

Él estaba inclinándose hacia ella, estaba acercándose más. Su mente gritaba, le decía alejarse de él y aun no podía sin importar lo mucho que quisiera—lo cual no era mucho. Cerró sus ojos inmóvil. Su corazón estaba diciéndole no moverse, estaba diciéndole disfrutar este momento que pudiera ser la única vez que besara a alguien que quería besar. Y entonces, para su sorpresa sintió algo en su frente y abrió sus ojos. Su mentón quedó a la vista y se dio cuenta, que estaba besando su frente.

"Capi—tán." Susurró con un tembloroso respiro sintiendo sus labios rozar su piel y cabello.

Ella podía sentir su respiración en su frente, era cálida y fuerte. Su corazón se calmó en su caja torácica, todo se calmó mientras lo veía separarse y quedar a la vista. Él la miró, sus ojos brumosos mientras se acercaba más, hasta que pudo sentir esa misma cálida respiración en sus propios labios. Ella cerró sus ojos, sintió una ligera presión en su boca, una presión ilusoria. Fue tan leve que se preguntó si pasó pero cuando abrió sus ojos confundida lo vio mirándola, sus labios a una pequeña distancia, sus caras muy cerca.

Estaba estudiándola, como si debatiera consigo mismo, sus ojos concentrados en sus labios. Tomó un profundo respiro y se inclinó, apoyando su frente contra la suya. Ella cerró sus ojos, permitiéndole descansar ahí por un segundo. Las manos en sus hombros bajaron hacia sus codos y la mantuvo en posición como si temiera que pudiera huir. Permanecieron así por unos momentos antes de separarse de nuevo y besar su frente afectuosamente.

El corazón de Kagome se detuvo en su pecho, sus ojos abiertos ante la acción; la ternura, la gentil presión, todo el amor que ella sintió brotar de su cuerpo al suyo—Kagome no podía respirar—nunca había conocido un sentimiento como este en su vida. "Esto es amor?" Se preguntó cerrando sus ojos, su mente embriagada y su cuerpo fuerte. "No quiero que este sentimiento termine nunca."

Con eso, la resolución de Kagome se disipó como una nube en un cielo despejado y abrió sus ojos ligeramente. Inuyasha abrió sus ojos justo cuando ella abrió los suyos y los dos se miraron mutuamente por un segundo, perdidos en los ojos del otro.

"Srta. Dresmont." Preguntó él en una pequeña voz, sus ojos lucían casi temerosos, inseguros. "Puedo besarla?"

Ella lo miró confundida, no la había besado ya? No fue esa la presión en sus labios? Ella tragó, el momento escapándosele. Quería besarlo? Quería tener un momento de felicidad? Quería traicionar a la Sra. Smith—no—la Sra. Smith ya había traicionado a su esposo. La Sra. Smith no amaba a este hombre y aparentemente el Capitán Smith no la amaba pero eso lo hacía correcto? Kagome cerró sus ojos mientras la golpeaba duro el dilema emocional. Qué debía hacer? Qué debía hacer? No era una mujer que tuviera una aventura—no era esa chica pero, la forma en que sus labios se habían sentido en su frente, el casi toque de sus labios en sus labios, quería sentir más. Quería sentir el amor que tenían en ellos, que había estado ahí—amor, estaba segura de eso aunque no supiera cómo había crecido en tan corto tiempo.

Abrió sus ojos otra vez, mirándolo, suplicando con él pero sus ojos simplemente le rogaban. Ellos la deseaban, decían que la deseaban y ella—los deseaba. "Sí." Murmuró suavemente antes de poder cambiar de opinión. "Sí."

Inuyasha no sabía qué demonios estaba haciendo. Estaba arriesgando todo porque quería besar a esta joven, sólo por esta vez quería besarla—nunca había querido solo besar a una chica. Había querido follarlas, había querido llevarlas a callejones oscuros, había querido rentar una habitación por media hora, o visitarla a ella en las noches sin luna pero nunca había—nunca en su vida había querido simplemente besar a una mujer como con ella. Incluso aquella ella de mucho tiempo atrás nunca había provocado este sentimiento.

Antes de que pudiera delatarse en voz alta, se inclinó y sin titubear presionó sus labios en los suyos. La sintió jadear en su boca, sintió una de sus manos subir a agarrar su abrigo. Era delicioso. Era inexperta, podía decir, sus labios no sabían cómo presionar contra los suyos. Parecía incluso estar temblando un poco por la acción. Él puso una mano en su hombro, la otra aun sostenía su codo y con las dos manos combinadas, la acercó más a él. Sintió su otra mano subir a apretar su chaqueta, ambas manos ahora se aferraban a él por la vida. Colocando sus manos en su espalda, haló su calor contra él, perdido en la sensación de tan pequeño cuerpo contra el suyo.

Finalmente, después de varios segundos, él se separó de ella. Sus brazos aun rodeando su cintura. Hicieron contacto visual y él miraba en sus pozos grises, eran tan profundos, tan vastos como el mar. "Srta. Dresmont," susurró él absorbido en esos pozos. Comenzó a inclinarse hacia ella de nuevo, esta vez queriendo enseñarle el significado de la verdadera pasión.

Justo cuando sus labios tocaron los suyos; escuchó el conocido sonido de la puerta abriéndose. Soltándola precipitadamente se detuvo a una distancia apropiada y miró hacia la puerta. De pie ahí con una bandeja en sus manos estaba Peter o mejor aún, Miroku, sus ojos ya fruncidos con algo parecido a una rabia profunda mientras entraba en la habitación, seguido de cerca por Sango.

"Perdóneme Capitán." Dijo él mientras depositaba los platos. "Puedo hablar con usted un momento?"

Inuyasha miró entre Kagome y Miroku brevemente antes de asentir y seguir al otro hombre fuera de la habitación, tras él Kagome permanecía de pie, sus ojos fijos en los hombres salientes mientras la Sra. Smith entraba a la habitación. Instantáneamente, Kagome sintió horror en su corazón mientras la mujer le sonreía,

como saludo.

"Qué he hecho?" Se preguntó mientras lágrimas indeseadas se formaban en sus ojos. "Qué hice con el esposo de la Sra. Smith?"

No importaba—nada de eso importaba—el hecho de que la Sra. Smith estuviera teniendo una aventura no importaba. Lo único que importaba, era lo que había hecho. Había besado a un hombre casado, lo había besado muy consciente de eso y lo había disfrutado. Encima de todo—Kagome miró su mano enguantada, la imagen de un anillo se formó en su dedo—estaba recién comprometida. Eso la hacía una mujerzuela, una adúltera, y una pervertida.

"Pasa algo, Srta. Dresmont?"

Kagome miró a la mujer y sintió su corazón hundirse en su pecho. "No, Sra. Smith," respondió con una falsa sonrisa, esbozada en su rostro de años de práctica. "Estoy disfrutando mucho."

-.-.-.-.-.-.-.-

"Vi lo que creo que vi?" Dijo Miroku mientras él y el Capitán se detenían en el corredor.

"Y qué, besé a una chica." Inuyasha se encogió de hombros y se recostó contra la pared. "Cuál es el problema."

"Besaste a una joven de sociedad!" Miroku trató de mantener algo de tranquilidad pero fue inútil. "Eso podría arruinarla, sin mencionar que si habla, arruinará nuestra oportunidad de vivir otro mes."

"No, no lo hará." Dijo el Capitán arrogantemente. "Sólo fue un beso y además nos iremos pronto así que qué importa?"

"Importa para ella." Respondió Miroku frustrado mientras colocaba una mano sobre sus ojos. "Ella es una buena mujer, Capitán, esto la perseguirá por el resto de su vida."

"La perseguirá? No soy así de mal besador." Inuyasha rió ante el comentario pero Miroku simplemente lo observaba, no queriendo tratar con nada de sus disparates.

"Recordará esto para siempre: el momento en que ella, siendo una mujer comprometida, besó a otro hombre, un hombre casado." Miroku le apuntó un dedo acusador a Inuyasha. "Serás la persona que le cause ser una mujerzuela adúltera ante sus propios ojos. Se odiará—guardará su secreto hasta que se la coma viva."

Inuyasha frunció. "Lo dudo." Se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia la puerta, optando por ignorar lo que Miroku estaba diciendo y haciendo.

Miroku gruñó con frustración y pasó sus manos por su cabello. "Esto es justo como lo que le pasó a Sango."

Los ojos del Capitán destellaron violentamente y antes de que Miroku pudiera reaccionar, se encontró sujetado contra la pared por un agarre tan fuerte como para poder respirar. "Lo que hice no es nada como lo que le pasó a Sango. Sango fue violada, repetidamente por un idiota y maldito chupapollas."

Miroku luchaba por mantener la conciencia mientras la presión en su cuello se tornaba más y más grande. Levantó sus manos y las colocó en las del Capitán, intentando deshacerse de la inminente falta de sangre en el cerebro—algo mucho peor que la sofocación. "Cap—it—án." Luchó por decir.

"No te atrevas a insinuar que hice lo que ellos hicieron. No soy un pirata violador y asesino y tú más que nadie lo sabe. Y esa chica no es una adúltera."

Miroku se sintió mareado, el Capitán estaba presionando su yugular en ambos lados de su cuello, cortando el vital flujo de oxígeno al cerebro. Sus ojos se tornaron pesados y comenzó a desmayarse. Instantáneamente, sintió el agarre soltarlo y cayó de rodillas, sintiéndose desorientado. Levantó la mirada y vio la sorprendida mirada en el rostro del Capitán.

"Cachorro?" Dijo el Capitán con una mano temblorosa mientras alcanzaba y tocaba la espalda de su primer oficial. "Mierda, Miroku estás bien?"

Miroku asintió y agarró su garganta. Esto solo había pasado una vez antes—la completa falta de control dominó al Capitán, en ese entonces lo había asustado ligeramente, mientras la incontrolable naturaleza era dirigida hacia alguien más. Esta vez, había sido dirigida hacia él y había sido aterrador. "No me llames cachorro." Gruñó él intentando añadir algo de humor a la situación pero el Capitán lo hizo a un lado.

"Lo siento."

La cabeza de Miroku se levantó de golpe, el Capitán nunca decía que lo sentía—aun cuando realmente debería haberlo estado. Eso solo podría significar una cosa, el Capitán se sentía tan mal—se sentía tan horrible que tuvo que tragarse su orgullo.

"Estoy bien." Dijo Miroku con una sonrisa. "Estaré bien."

Inuyasha miró a Miroku como si no fuera a aceptar la respuesta pero ante la gentil sonrisa de Miroku tomó un profundo y tembloroso respiro y cayó contra la pared. En su cabeza sabía que había actuado en una forma muy demoníaca, estaba protegiendo el honor de una mujer pero no cualquier mujer—una mujer con la que su demonio quería acostarse. Ahora se dio cuenta, se dio cuenta en el fondo—su lado demonio deseaba a esta chica, su lado demonio estaba peligrosamente cerca de hacer que eso pasara. Era como la última vez con ella y justo como antes—estaba controlándolo muy pobremente.

"Lo siento—mierda Miroku." El Capitán puso su cabeza en sus manos y respiró profundas y temblorosas inhalaciones. "Sólo—solo quería besarla."

"Besarla." Cuestionó Miroku, conocía bien al Capitán, el Capitán no era un hombre de besar. De hecho parecía odiar la idea de besar—como si le disgustara. Durante una conversación el Capitán le había dicho que era una cosa de demonios—los demonios no besaban y usualmente cuando iba por una mujer era el demonio que la deseaba y solo quería follar. "Por qué querías besarla? Tú nunca besas."

"Se te ocurrió que nos conocemos demasiado bien?" Dijo Inuyasha evadiendo su pregunta.

Miroku le sonrió en respuesta. "Conozco mucho sobre ti. Prácticamente te he conocido toda mi vida, eres como el padre que nunca conocí."

Inuyasha miró a Miroku con ligera incredulidad. Miroku nunca admitía cuán profunda era su relación en realidad, ni tampoco Inuyasha. Simplemente lo sabían, sabían que eran una familia. Miroku era el hijo y el hermano que el Capitán nunca tuvo e Inuyasha era el padre o el hermano mayor que Miroku nunca había conocido. Era una relación que mantenían bien escondida de todos, incluso de ellos mismos.

"Y por eso," continuó Miroku frotando su cuello. "Sé que tú no eres así. No te vuelves loco por las mujeres. Así que qué es diferente esta vez?"

"No lo sé." Él puso su cabeza en sus manos y miró a Miroku de entre sus dedos. Pensando en eso se dio cuenta que tal vez no era sólo su demonio el que la deseaba. Tal vez era un lado de él que era más fuerte de lo que pensaba. "Algo en mí," dijo lentamente, "La deseaba."

"Tu demonio?" Preguntó Miroku suavemente, sabía que los instintos del demonio en el Capitán eran fuertes pero para reaccionar así?

"No," respondió Inuyasha cuando una extraña realización entró en él. "Mi humano."

Los ojos de Miroku se abrieron incrédulos. Había conocido al Capitán la mayor parte de su vida y en ese tiempo nunca había sabido que el Capitán dejara que su lado humano lo influenciara en algo, especialmente en las mujeres. Era peligroso hacer tal cosa, el humano pensaba con el corazón y el corazón era la parte más fácil de destruir de cualquier hombre. Por lo tanto, el Capitán siempre mantenía su corazón fuertemente sellado, y en efecto su humano fuertemente sellado con él. "Qué quería el humano de ella?"

"Sólo quería un beso." Dijo él, sus ojos aturdidos. "Sus labios, se veían tan atractivos y antes de saber lo que estaba haciendo le pregunté si podía besarla."

"Le preguntaste?" Dijo Miroku con asombro estudiando el rostro del Capitán.

"Sí." Inuyasha miró la puerta del camarote del Capitán, una mano sobre su boca como si se hubiera dado cuenta de la verdad tras la situación. "Ella dijo que sí."

-.-.-.-.-.-.-.-

Después del encuentro, el almuerzo había sido servido en una mesa silenciosa. Nadie habló realmente, excepto Sango quien aún era inconsciente del incidente que Miroku había presenciado. Incluso la animada Kagome miraba su plato, reflexionando con su comida. Pronto después, partió con Miroku como su único escolta quien la llevó a los muelles de la misma manera que había usado para llegar al barco y luego de los muelles hacia su casa con apenas una palabra entre ellos durante la duración del viaje.

De regreso en el barco, Miroku se encontró en la puerta del Capitán mirando el viejo pomo con sus brazos cruzados en frente de su pecho. Lamió sus labios golpeteando su pie en el piso, debatiendo si debía entrar a la habitación con o sin golpear, ningún prospecto parecía ser muy prometedor, sin embargo. "Si golpeo podría no dejarme entrar." Se dijo Miroku con un tenso suspiro mientras cerraba sus ojos pensativo. "Pero si no lo hago me podría sacar." Gruñó y dejó caer sus manos a sus costados. "De cualquier forma tengo que hablar con él." Murmuró abriendo sus ojos levemente y se inclinó hasta quedar mirando las tablas de madera del piso del barco en vez de la puerta. "Bueno," inhaló profundamente como si reuniera coraje y no oxígeno. "Aquí vamos."

Con una burlona expresión en su cara y sus hombros atrás para que su cabeza pudiera estar tan alta como fuera posible, Miroku alcanzó el pomo que lo dejaría pasar a la habitación del Capitán. Su mano tembló por un momento mientras se preparaba para abrir la puerta y hacer su entrada sin permiso. Sabía que el Capitán estaría molesto por permitirse entrar sin golpear pero al mismo tiempo sabía que valía el riesgo, tenían que hablar ahora, quisiera o no el Capitán.

Con la mano en el pomo, Miroku lo bajó y abrió la puerta a la habitación escuchándola crujir con necesidad de ser aceitada. Frunció ante el ruido sabiendo que lastimaría los oídos del Capitán. "Tendré que ponerle un poco de aceite a eso mañana." Se dijo mientras soltaba su mano del pomo permitiéndole a la puerta abrirse el resto de la trayectoria. La vista que lo encontró fue una que no le sorprendió del todo.

El Capitán estaba de pie en el fondo de su habitación, sus ojos miraban por la ventana que alineaban toda la parte trasera del barco desde la habitación del Capitán hasta su propia puerta al lado. Su cuerpo estaba encorvado, una mano descansaba en la ventana sobre su cabeza mientras la otra contra su cadera. Su chaqueta estaba tirada en la cama dejándolo solo en su camisa blanca y su peluca esparcida sobre el escritorio dejando su despeinado cabello hecho un enredo peludo en su cabeza. "Qué quieres?" Susurró él pero no se dio la vuelta mientras continuaba mirando afuera, sus orejas moviéndose en su cabeza en su dirección y escuchando por cualquier sonido.

No deteniéndose por el tono de voz del Capitán, Miroku entró en la habitación y agarró la puerta cerrándola tras él. "Tenemos que irnos." Le dijo a la espalda del Capitán sin pensar; su voz solo encontró silencio así que continuó. "No puedes confundir a la chica más de lo que ya está." Dio un paso más en la habitación, las tablas crujían bajo su peso. "Ella está comprometida y se siente realmente horrible por lo que pasó." Frunció cuando las orejas del Capitán se detuvieron y en vez se aplastaron contra su cabeza como si esto fuera algo que no quisiera escuchar. "En el trayecto a su casa estuvo distraída y estresada," presionó Miroku francamente sabiendo que el hombre aun podía escuchar. "Se siente culpable, puedo decirlo sin que diga una palabra."

El cuerpo del Capitán se encorvó un poco más antes de retirarse de la ventana, el brazo que había estado sobre su cabeza cayó a su lado mientras se giraba y miraba a Miroku. "De acuerdo, tu punto?" Su rostro y tono parecían indiferentes pero Miroku lo sabía mejor.

El joven veía a través del Capitán aun sin intentarlo. "Ella va a casarse con otro hombre en cuatro meses." Habló planamente observando los pequeños movimientos de las orejas del Capitán y la arruga de su nariz dijeron más que cualquier palabra.

Inuyasha desvió la mirada de Miroku, sus manos se cruzaron fuertemente sobre su pecho girándose para mirar por la ventana al océano, el sol poniéndose al fondo creaba sombras en la habitación. "De nuevo, tu punto?" Su voz era fría pero sus músculos reservados.

"Ella no puede verte." Continuó Miroku, sus ojos captaron un extraño movimiento del Capitán mientras Inuyasha parecía apretar sus manos en las mangas de su camisa creando pequeños agujeros con sangre brotando de ellos. "Verte sólo la pondría peor." Dijo gentilmente mientras observaba las garras del Capitán clavarse más en sus brazos. "De camino a casa la vi tocar sus labios y lágrimas se formaron en sus ojos." Él dejó su voz desvanecerse por un segundo mientras escuchaba una especie de gruñido ahogado proveniente de la garganta del Capitán. Sabiendo que estaba llegando a algo dio otro paso en la habitación antes de continuar. "Luego miró a la distancia y la nostalgia invadió su rostro."

Inuyasha gruñó bajo en su garganta antes de resoplar y en un intento por controlarse, clavó aún más sus garras en su propia carne.

"He hablado con ella, quiere huir de su vida pero no podemos ofrecerle lo que quiere." Miroku sabía que su voz ahora era suplicante. Inuyasha tenía que entender, tenía que hacerlo. "Es una mujer de sociedad, no necesita huir de sus obligaciones y terminar en un barco pirata." Miroku trató de captar los ojos del Capitán pero no pudo. "Necesitamos irnos antes de que nos pida venir con nosotros." Dio un paso más encontrándose ahora en medio de la habitación a unos pies del otro hombre. "La mataría si dijéramos que no." Con valentía, Miroku añadió, "Te mataría."

Inuyasha no dijo una palabra por varios minutos, solo continuaba mirando mientras el sol se ponía sobre el pueblo de Port Royal. Cuando desapareció finalmente, dejando la habitación en una semi oscuridad, dejó escapar un suspiro y se movió de su lugar hacia su escritorio. Alcanzando en uno de los muchos cajones, sacó un fósforo y sin respirar encendió una vela que descansaba en su superficie. Prendió en segundos y Miroku suspiró agradecido cuando la oscuridad que ahora rodeaba la habitación lentamente se desvanecía. A diferencia del Capitán quien tenía los ojos de su contraparte animal, Miroku, un humano puro, no podía ver en la oscuridad.

"Entiendo." Dijo Inuyasha alejándose de la vela y observándola solo por un momento mientras su pequeña llama danzaba. Con un fuerte suspiro, desvió sus ojos y se movió por la habitación a donde había estado antes y colocó sus dos manos en los bordes de las ventanas mirando en la fría oscuridad, sus ojos tristes. "Qué pasa conmigo?" Se preguntó mirando hacia el mar, inconscientemente una mano subió para tocar la joya alrededor de su cuello sujetándola como si fuera un salvavidas. En muchos años lo fue, era la única conexión que tenía a una mujer de mucho tiempo atrás. "Okaa-san." Pensó mientras le permitía a su mano aterrizar de nuevo en el alféizar. Escuchó a Miroku moverse tras él y suspiró cuando las palabras del joven entraron en su corazón. "Kagome."

Sintió una gran fuente de orgullo desconocido golpearlo ante la idea de que esta chica quisiera venir con él, dejar su vida para estar con él. No podía imaginar por qué pero algo en él le decía que era un gran problema que esta chica, esta, esta joven en particular quisiera estar con él tan incondicionalmente. Aun, otra parte de él sabía que Kagome Dresmont quería estar con un Capitán de Armada, uno casado nada menos, y que no quería a un pirata. Demonios, probablemente odiaba a los piratas. Inuyasha resopló sabiendo que si ella supiera la verdad nunca pondría de nuevo un pie en este barco.

"Ella es una dama de sociedad, Capitán," dijo Miroku como si supiera lo que estaba en la mente de Inuyasha. "Y una dama nunca besa a nadie que no sea su esposo." Cuando Inuyasha no respondió en el momento, Miroku continuó. "Probablemente ese fue su primer beso."

Inuyasha se giró lentamente para mirar a Miroku mientras las palabras del joven se asentaban en su ya turbulenta mente. "Primer beso?" Las palabras sonaban extrañas para él, en realidad nunca había pensado en alguna chica teniendo un primer beso, eso era algo en lo que los hombres no pensaban en realidad, supuso. "La joven—esa jovencita—nunca ha besado a un hombre y yo fui el primero?" Su diálogo interno se desvaneció desviando la mirada de Miroku hacia la oscura noche. "Fui el primer hombre en tomar sus labios." No estaba seguro de cómo sentirse con esta realización. "Debo sentir orgullo? Nunca había tomado nada virgen de una mujer." Típicamente las mujeres que veía ya estaban encaminadas a ser prostitutas si no lo eran ya. Pero—sin importar qué pensara de eso no podía pensar en ella como un trofeo. "Ese beso," se dijo. "Ese fue solo un beso." Tragó. "Pero ella es una mujer de sociedad, con excepción de Sango, una mujer como ella nunca podría querer a un pirata." Rió y apoyó su frente contra el vidrio de la ventana. "Miroku prácticamente lo dijo." Cerró sus ojos mientras las ideas parecían apagarse en su mente. "Cuándo estará listo el barco?" Apenas murmuró.

"Totosai dijo que mañana en la mañana si trabaja toda la noche." Suplió Miroku, sus ojos fijos en Inuyasha, enfocados en cada movimiento del hombre.

Inuyasha asintió y miró al mar, sus ojos de demonio eran capaces de estudiar el descenso de la marea a pesar de la oscuridad. Levantó sus ojos hacia la luna y la observó con intensidad, su mente divagando hacia la chica que probablemente nunca vería otra vez. Un triste sentimiento entró en su corazón mientras pensaba en ella, pensaba en nunca verla de nuevo en toda su vida. Eso lo entristeció grandemente y aun—era lo mejor—él lo sabía.

"Dile que tiene hasta el amanecer." Inuyasha miró hacia Port Royal y una sensación golpeó su estómago—una sensación de rabia. "Dile a los hombres que se preparen para una pelea."

"Una pelea?" Miroku sintió una extraña sensación atravesar sus tripas. "Qué quieres decir con una pelea?"

"Vamos a dejar Port Royal con estilo."

Esa sensación se duplicó.

Fin del Capítulo

Por favor, dejen sus Reviews

-.-.-.-.-.-.-.-

Notas:

Las Tortugas Marinas son nativas de Jamaica donde está ubicado Port Royal y son conocidas por quedarse bajo el agua por varios días. Solo 1 de 10,000 de sus huevos alcanzan la madurez, son una especie protegida. En los 1700's habrían sido más predominantes en número pero también eran consideradas muy sabrosas.

Peces Plateados – los peces que vio Kagome era Martín pescador, también nativos de Jamaica.