SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE

Por Inuma Asahi De

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desean que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).

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Capítulo Nueve:

La Marca del Perro

"No tengo elección." Inuyasha tragó internamente mientras veía a la Srta. Kagome Dresmont disfrazada como un hombre. Su olor llegó a su nariz, tentador, trató de bloquearlo. "Lo siento, Srta. Dresmont, lo siento mucho."

Sin preámbulo, Inuyasha se agachó y levantó a la amarrada Kagome, colocándola bruscamente en frente de él. Olfateó la confusión en su aroma, el olor de inseguridad y temor hacía que el demonio dentro se agitara. Gritaba, aullaba, gruñía y roía su físico todo al mismo tiempo, enfurecido de que tal olor estuviera mezclándose con el hermoso aroma natural de Kagome. Inuyasha hizo una mueca por dentro, su rostro inmutable para los hombres a su alrededor que se habían callado. Miró sus caras y luego los asustados ojos de la joven mujer con el corte de hombre. Sabía que esto sería lo más difícil que cualquier cosa que hubiese tenido que hacer antes.

"Este polizón no es un hombre!" Dijo Inuyasha bruscamente luchando por el control con el furioso demonio dentro de él. El demonio estaba molesto ante el rudo manejo de la chica pero sabía que era lo mejor. Escuchó una ola de shock atravesar la tripulación, susurrando y jadeando en sus filas. Sus ojos se movieron entre sus rostros, asimilando las primeras señales de contemplación. Sabía lo que estaban pensando, conocía sus pensamientos perversos y perturbadores. Al mismo tiempo, sin embargo, también sabía que no le creerían sin una especie de prueba física.

La idea hizo sentir sucio a Inuyasha, sabía que tendría que proveer esa prueba. Miró a Kagome, sintiéndose monstruoso, quería disculparse, quería explicarle su razonamiento antes de hacer lo que iba a hacer y aun—no podía. Mordió su labio discretamente intentando pensar en la mejor manera para exponerla. Mirando su cuerpo, trató de evaluar qué parte de ella sería la más convincente; la respuesta no fue una que le gustara. Prácticamente resopló cortando las cuerdas que estaban atadas alrededor de sus manos y piernas, el sonido, parte de la interpretación que estaba ejecutando y una demostración de lo realmente enojado que estaba consigo mismo. Sin las sogas la movió completamente en frente de él sobre sus manos y rodillas, para que cada tripulante a pesar de su asiento pudiera ver su forma por un segundo. Necesitaba que lo vieran completamente, antes de mostrarles la verdadera figura debajo de esas ropas—era la única forma para convencerlos verdaderamente.

Todos los ojos estaban enfocados en el polizón amordazado mientras la delgada figura era dispuesta para una perfecta visibilidad, su corto cabello ligeramente rizado, ondeando mientras la brisa lo golpeaba. No podían creer que fuera una mujer—no lo creerían hasta que fuera expuesta una prueba física de su feminidad. Y así, como buitres observándola, sus ojos brillaban con interés y anticipación.

"Crees que sea una chica?" Susurró uno de los hombres desde su lugar colgando en los aparejos, sus ojos sin moverse de la joven en cuestión mientras se dirigía a la población general que lo rodeaba.

"No lo sé, se ve flacucho, no?" Respondió otro desde su lugar a unos pies a la izquierda del hombre. "Los niños no son así de flacos a menos que sea un enano."

La conversación murió alrededor cuando Inuyasha cortó la mordaza en la boca de Kagome, ignorando deliberadamente las palabras de los piratas que hacían eco desde cada rincón del barco. Kagome cayó de rodillas y tosió ante la sensación, sus ojos aguados mientras inhalaba grandes bocanadas de aire. Jadeando por aire se giró para mirar tras ella al Capitán, sus ojos fijos en él, llenos de confusión y duda.

"Qué estás haciendo, por qué estás haciendo esto? Qué pasó entre ayer y hoy?" Se preguntaba mientras los fríos ojos la miraban como si fuera la escoria de la tierra, como si fuera algo más por debajo de sus pies que el suelo. Su labio temblaba mirando ese rostro severo. "No todos los piratas son malos," razonó en su cabeza, pero esa cara, mirándola intensamente como un depredador cazando un conejo le decía lo contrario. Tal vez este pirata realmente no era un buen hombre.

Kagome se estremeció ante la idea. Cuando lo había visto la primera vez, vestido como un pirata—lo que era realmente el hombre—no le había importado. A quién le importaba si era un pirata? Al final no importaba realmente, aún sería ese hombre que había conocido antes, verdad? Aún sería ese hombre casado que había besado su mano, que había bailado con ella, que había hablado con ella, y eventualmente quien la había besado. Aún sería esa misma persona, verdad? Con dedos temblorosos llevó una mano hacia su brazo adolorido, le dolía donde él la había agarrado y estaba segura que tendría marcas en forma de mano y tal vez cicatrices en donde sus uñas habían cortado su piel.

"Todo fue fingido?" Sintió resonar la pregunta por dentro mientras notaba su quijada tensamente puesta. "Fue una fachada, un personaje que interpretó?"

Kagome desvió la mirada de esos ojos, sus ojos miraban la madera del barco rodeándola. Levantó la mirada y vio a los hombres, algunas caras eran familiares, había visto algunos de esos hombres cuando estuvieron vestidos en uniformes de la Armada pero ahora, estaban vestidos como corsarios. Su corazón se hundió en su pecho, "Todo fue una mentira?"

"Si es una chica, deberíamos divertirnos con ella."

La voz vino desde atrás, rápidamente se giró hacia ella y vio a un hombre con una jarra en mano, su cara enrojecida con alcohol, su lengua lamía sus labios mientras la miraba. Tragó, sintiendo repugnancia por el hombre y por ella misma. Se sentía engañada, se sentía estúpida. Miró de nuevo al Capitán quien se había girado por un momento, mirando a algún lugar tras él. Todas las voces rodeándola estaban haciéndose más fuertes, cuestionando su sexo, hablando sobre lo que podrían hacer con ella.

"Yo la follaría, cabello corto o no."

Escuchó la voz viniendo desde su izquierda.

"Oh sí, una chica es una chica, verdad?"

Otra vino desde su derecha.

"Debe tener tetas pequeñas para esconderlas."

Esta sonó como si estuviera casi sobre su cabeza.

"Mierda, tetas son tetas."

Esta fue a unos pocos pies, directamente en frente de su cara, gritando para que el otro hombre pudiera escucharlo. El grupo estalló en carcajadas, cada hombre en el barco altamente entretenido por sus pensamientos.

"Silencio!" Gritó una voz por encima del alboroto e instantáneamente los insultos y las risas cesaron. Kagome levantó la mirada y vio que el Capitán se había acercado más a ella en los pocos minutos que habían pasado. Él la miró, sus ojos fríos como hielo y ardientes como fuego blanco. La alcanzó, levantándola de nuevo, sosteniéndola por su brazo, sus uñas cortaban su carne como antes, podía sentir los hilillos de sangre y aparentemente los demonios podían olerla.

Rodeándola, varios hombres estallaron en gritos y silbidos cuando el olor a sangre golpeó sus narices, despertando a los demonios lujuriosos dentro de ellos como si fueran tiburones inhalando el primer olor de sangre del día. Se volvieron fieros, sonidos lujuriosos escapaban de sus gargantas mientras le gritaban al Capitán mostrarla, exponerla. Parecía que el barco se había vuelto un frenesí alimentado de sangre, apenas contenido por la imponente presencia del Capitán.

"Contrólense!" Ordenó de nuevo mientras la acercaba a él, su alta estatura sobre ella, sus manos presionaban más duro en su delicada piel haciéndola hacer una mueca.

"Queremos ver!" Gritó un hombre no muy lejos, varios hombres desde todos los rincones del barco corearon en acuerdo.

El Capitán gruñó de nuevo haciéndolos callar. "Pronto les mostraré."

Muchos de ellos se animaron.

Fue con esas palabras que Kagome estuvo cien por ciento segura de la verdad. Había caído por su encanto; había caído por su naturaleza 'agradable' en las costas de Port Royal. Era una gran actor, le había mostrado un hombre que era su completo opuesto y ella había caído, como una colegiala ingenua observando una obra de teatro y creyéndola real.

"Soy una tonta." Pensó mientras las primeras lágrimas se formaban en sus pestañas. "Por qué fui tan ciega?"

Cómo podría no haber visto su naturaleza cruel? Por qué no vio al hombre cruel debajo de esa falsa sonrisa? En los cinco días que lo había conocido, por qué no lo había visto o al menos alguna pista que estuviera ahí bajo el apuesto rostro y el fuerte mentón? Era así de torpe, era así de confiada, realmente era así de, estúpida?

Él había sido tan amable, tan gentil con ella, la había escuchado y reído con ella (no de ella como tendían a hacerlo sus amigos) pero ahora era diferente, ahora sostenía su brazo tan fuerte que ya podía sentir las heridas formándose en su carne tierna. Y ahora la mantenía frente a una horda de piratas rabiosos—ahora—no le mostraba nada de compasión o alguna emoción al respecto.

Ella miró a los hombres rodeándola y por primera vez notó a Peter, de pie a un costado. "Entonces también es un pirata?" Se sintió desmayar, todo había sido una mentira, Peter, el Capitán, ambos eran piratas, no eran hombres buenos de la Armada, eran horribles piratas. Una vez más miró las caras que eran conocidas, todos piratas, todos mentirosos y ahora estaban sentados, mirándola como si fuera un trofeo, carne para ser vendida en la puerta del cazador, una esclava en una subasta esperando por la oferta más alta.

Esos hombres, no eran piratas buenos (si había tal cosa como un pirata bueno, estaba comenzando a dudarlo ahora), esos hombres era piratas malos—eran personas horribles, mirándola como una mujer cuyo único uso era llevar a la cama. Kagome se sintió torpe cuando las uñas del Capitán se hundieron en su brazo una vez más. Cómo no se había dado cuenta? Cómo podría haber sido engañada así? La mente de Kagome comenzó a hundirse, sus ojos con ella, desapareciendo tras una negra cortina de rizos. "Soy una idiota."

Inconsciente de sus pensamientos, Inuyasha se preparaba mentalmente para lo que estaba por hacer. Nunca terminaría bien, eso lo sabía sobre todo lo demás pero aún, esperaba que ella eventualmente lo entendiera. Esta era la única opción, esta era la única manera en que podría ser protegida mientras abordara este barco. Apretó sus dientes, deseando poder regresarla a Port Royal y dejarla con sus padres pero sabía que regresar allá sería una muerte segura y probablemente un motín de la tripulación. Él la miró una vez más, preguntándose por un segundo por qué estaba aquí. "Por qué dejó Port Royal, Srta. Dresmont?" Cerró sus ojos cuando una horrible sensación lo cubrió. "Espero por Dios que no fuera por mí."

Sacudiendo su cabeza, se alejó de sus pensamientos, llevándolos al fondo de su mente por el momento, era tiempo de actuar, y no estaba viendo hacia la presentación. Inuyasha alcanzó, rezando porque su decisión fuera una buena, mientras ponía sus manos en la vieja chaqueta que Kagome estaba usando. La sintió estremecerse mientras deslizaba una de sus garras entre el primer botón de su chaqueta y su pecho. "Lo siento."

Y con eso desgarró cada botón de su chaqueta en un movimiento, los pequeños objetos cayeron en la cubierta, resonando con la fuerza de golpear la madera. La chaqueta se abrió instantáneamente, el Capitán la hizo a un lado con fuerza, soltando su brazo en favor de usar ambas manos para jalar el cuello de la chaqueta hacia atrás y abajo hasta que la chaqueta fue retirada de su cuerpo, descansando en sus codos, exponiéndola a toda la tripulación.

Por pura suerte, ella había pensado en ponerse una camiseta, le guardó algo de su modestia pero no por mucho. Cada pirata en la cubierta aún podía ver la curva de los pechos de una mujer a través de la camisa, el sutil color rosáceo de sus pezones contrastaban contra el algodón blanco.

"Tetas!" Gritó uno de los hombres más cercano a ella mientras el barco era conducido a un frenesí una vez más, los hombres estaban silbando y gritando, una y otra vez con curiosidad y lujuria.

"Es una maldita mujer." Dijo un hombre apoyándose contra la baranda no muy lejos de ella. "Por qué su cabello es así de corto?"

"A quién le importa, mira sus tetas. Que buena vista." Terminó otro hombre junto al primero con una profunda carcajada.

"Mierda, es verdad!" Respondió el primero y los dos hombres prácticamente se golpeaban con entusiasmo para darle un mejor vistazo.

"Qué vamos a hacer con ella, Capitán?" Gritó una voz arriba de Kagome, en la torre de vigía.

Temor entró en el corazón de Kagome, qué iban a hacer con ella? Kagome forcejeó contra el Capitán, tratando desesperadamente de alejarse de él, pero sus manos estaban firmes en sus codos, manteniendo su chaqueta en posición para que sus senos fueran expuestos, Instantáneamente, sintió lágrimas de vergüenza y rabia en sus ojos, de confusión y dolor. "Por favor," dijo ella tan suavemente que estaba segura nadie la había escuchado. Trató de empujarse de nuevo, pero no pudo lograrlo, el agarre era muy fuerte y era muy débil contra un hombre así de fuerte. "Por favor!" Dijo más fuerte, "Déjame ir."

"Ah," un hombre a su izquierda escuchó su voz. "La mujerzuela quiere irse."

Los hombres a su alrededor rieron, sus voces combinadas golpeaban cada nervio en el cuerpo de Kagome, su rabia comenzaba a tambalearse, su presión sanguínea disparada, cada músculo tenso en completa furia.

"Déjenme ir, maldición!" Gritó ella mientras tensaba todo su cuerpo, impulsándose en el segundo que las manos de Inuyasha se aflojaron con su propio shock. Se tambaleó hacia el frente, aterrizando en sus manos y rodillas a solo dos pies de él, agarrando su chaqueta se la puso rápidamente sobre sus hombros mientras los hombres reían de puro entretenimiento.

"Es una fiera, no!" La voz de un hombre se escuchó sobre la algarabía, haciendo que los otros pusieran sus propios centavos en humillarla.

"Apuesto que sería grandiosa en la cama!" Los hombres rieron más fuerte.

Kagome los ignoró y en vez, miró al Capitán en completa rabia y desprecio. "Cómo se atreve!" Gritó ella en la multitud, haciendo callar a todos los hombres mientras una pequeña humana vestida con la ropa de su padre le gritaba a su Capitán demonio. "Mentiroso, todo fue una mentira!"

"Qué?" Preguntó alguien en la multitud completamente confundido, los otros asintieron en acuerdo igualmente perdidos—ninguno de ellos reconoció a la chica de su recorrido por el barco.

Kagome continuó, "Fuiste un pirata todo el tiempo, un lunático vestido en ropa de la Armada, pavoneándose por ahí como un Oficial de alto rango, mintiéndole a todos a su alrededor tan casualmente como si estuviera en un picnic! Por qué? Por qué demonios haría tal cosa? Se regocijó en ello, era un juego maravilloso? Por qué!" Gritó ella tan fuerte que algunas de las aves que descansaban en el barco alzaron vuelo asustadas. "Por qué es un idiota sanguinario!"

Para cuando terminó, tenía lágrimas bajando por su rostro y el barco quedó en silencio, sus palabras confusas para los oídos de todos excepto unos.

"Srta. Dresmont!" Gritó Sango desde su lugar rompiendo el silencio cuando la realización finalmente la superó. Había pensado que reconocía al polizón, que algo era familiar pero no había sido hasta que gritó, no había sido hasta que sus palabras se registraron en la mente de Sango que se dio cuenta que era Kagome Dresmont, vestida como un hombre.

"No habría sido agradable, haber sido un hombre?"

"La chica tiene gran ímpetu." Comentó Sango para sí mientras comenzaba a empujar entre la multitud de hombres, quitándolos del camino para poder dirigirse hacia Kagome. Alcanzó, retiró su sombrero y dejó caer su cabello para que la chica pudiera reconocerla más fácil.

Kagome miró al hombre viniendo hacia ella, el que había gritado su nombre—su nombre real—y quedó boquiabierta cuando se dio cuenta quien era—los ojos y la figura de cierta manera menos masculina se dirigía hacia Kagome y encima de todo, la mujer disfrazada dejó caer su cabello, mostrándose realmente como una chica. "Sra. Smith," llamó ella solo para que los hombres alrededor estallaran en carcajadas una vez más, el hechizo de silencio momentáneo se destruyó.

"Esa no es la Sra. Smith." Gritó un hombre desde arriba de un aparejo.

"Esa no es la Sra. Nada!" Gritó otro desde la escalera del timón. "Es sólo la moza del intendente."

"Calla tu maldita boca." Gritó Sango, su rabia salió totalmente encendida. Después de años en el mar, se había convertido en una mujer de batalla. Todos los hombres sabían que era capaz de matar así como ellos con sus pistolas o cuchillos. "O te la callaré por ti."

"Me gustaría verte intentarlo, princesa." Gritó el hombre en el timón y rió. Los otros hombres en el barco comenzaron a reír a sus expensas.

Sango gruñó y se abalanzó hacia el hombre, sacando un cuchillo de su cintura pero fue detenida por Miroku deteniéndose en frente de ella. El hombre en el timón pareció perder algo de su vigor ante la vista del Intendente—no te metas con el Intendente, o podría meterse con tu pago.

"Mírenla detrás del Maestre!" Gritó un hombre más estúpido desde arriba sobre los aparejos, unos pocos hombres rieron.

"Cállate!" Gritó Sango en respuesta. "Agradece que está frente de mí o estarías muerto."

"Me gustaría verte int—"

"Silencio!" Gritó Inuyasha haciendo que el hombre se detuviera instantáneamente. Él los miró a ambos con irises llenos de rabia, sus ojos tinturados con rojo. Cada hombre en este barco conocía esa mirada y la conocían bien, era la mirada que hacía el Capitán justo antes de que alguien muriera.

Inuyasha respiraba fuertemente, Kagome gimió involuntariamente asimilando la vista de su pura e inalterada ira. Sin su consentimiento su cuerpo comenzó a temblar, nunca había visto algo tan aterrador en su vida; nunca había visto ojos tan llenos de absoluta rabia y disgusto. Nunca había visto a nadie con una mirada que pudiera matar. Todo de su anterior vigor la abandonó cuando posó esos fríos ojos sobre ella, peligrosos colmillos se mostraban mientras le gruñía y se acercaba un paso más. Ella hizo una mueca cuando su mano alcanzó y agarró su brazo de nuevo, levantándola sobre sus pies.

"Esa no es la Sra. Smith, no hay Sra. Smith." Le dijo él, el acto tan convincente que incluso Sango y Miroku observaban incrédulos. "En realidad su nombre es Sango—la perra del Primer Oficial."

Sango comenzó a protestar por la etiqueta pero fue detenida por la mano de Miroku en su hombro. Los dos se miraron mutuamente mientras el barco se callaba por completo, nadie se atrevió a hablar. Sango trató de suplicarle en silencio a Miroku pero el hombre solo cerró sus ojos y se dio la vuelta, una extraña mirada de auto odio cruzaba sus rasgos. "No hay nada que podamos hacer," apenas susurró pero Sango lo escuchó fuerte y claro. "Si hablamos, morirá."

Sango sintió las lágrimas golpearla ante sus palabras, "El Capitán no la mataría." Susurró ella mirando suplicante a Miroku.

El hombre suspiró y puso su mano en su hombro, acercándola para poder susurrar en su oído. "Pero la tripulación sí."

Los ojos de Sango se abrieron y luego los cerró con rabia y aceptación. Finalmente, mordió su labio y se volvió hacia la conmoción, todo su cuerpo temblaba con temor por la Srta. Dresmont.

Kagome miró al Capitán, sus ojos abiertos y confundidos, llenos de miedo y terror. Inuyasha continuó mirándola bruscamente, su boca en una delgada línea mientras se miraban mutuamente. "Capitán Smith?" Dijo ella en una pequeña voz—le tomó todo lo que tenía para no detener su odioso acto en ese momento. "Por favor?" Su voz era un susurro, la mayoría de los hombres en el barco fueron incapaces de escucharla.

Inuyasha se sintió llenarse con odio a sí mismo por lo que estaba por hacer pero no podía mostrar ninguna señal de debilidad en su cubierta, especialmente por una mujer. Era muy peligroso para él y especialmente para ella. Si sus hombres lo olfateaban siendo débil por ella, la usarían y lo negarían desafiantemente. Tenía que hacerlos creer que esta chica no significaba nada para él, que solo era un polizón mujer, que no era nada sino tierra bajo sus pies. Si pensaban algo más de ella, entonces tendrían una ventaja que no estaba dispuesto a darles.

Inuyasha tomó un profundo respiro para componerse, se concentró en la tarea en mano, se concentró en el acto, se concentró en el personaje que estaba tratando de representar—se concentró en ser un completo bastardo y entonces le sonrió, bajando su nariz. "El nombre es Capitán Inuyasha."

Los ojos de Kagome se abrieron cuando cada historia infantil sobre piratas entró en su mente de un golpe. El Capitán Inuyasha con frecuencia había sido la estrella en noches en las que su madre quería que se quedara en cama. Había sido un fantasma, un fantasma que permanecía en el rincón de su habitación—observándola, manteniéndola en línea por temor a que la matara en su sueño. Era fácilmente uno de los piratas más peligrosos en todo el Caribe y tal vez de todo el Océano Atlántico y estaba sosteniendo su brazo—manteniendo su vida en su garra.

Kagome respiró profundo cuando la golpeó la realidad de su situación. Este hombre nunca se había preocupado por ella, él era el despiadado Capitán Inuyasha—un demonio que mataba por diversión, violaba, asesinaba, y saqueaba. La había usado. Había fingido el romance del siglo, no era nada más que un pirata homicida. Todo lo que había pasado en Port Royal había sido una un mentira bien creada, diseñada para alejar la sospecha de él el tiempo suficiente para reabastecerse y reparar su barco. Eso era por qué había escuchado el cañón dispararse el día que dejaron el Puerto, había estado cerniéndose verdadero a su naturaleza real.

"Todo fue una mentira." Dijo ella mientras todo su cuerpo comenzaba a debilitarse con temor y tal vez depresión. "El barco, su esposa, Peter, la Armada, todo fue una mentita." Dijo ella en una pequeña voz mientras la actualidad de la situación la golpeaba en el fondo de su corazón haciéndola sentir enferma.

"Diste en el clavo, niñita." Rió él sosteniendo su brazo tan fuerte que casi podría romperle el hueso. Tenía que hacer que esto se viera real—el odio en su corazón se duplicó cuando jadeó de dolor.

Los hombres alrededor miraban con miedo al Capitán, sabiendo que verdaderamente era un hombre endurecido para lastimar a una mujer como esta. Él los miró y aflojó su agarre ligeramente; teniendo gran cuidado en asegurarse de que el movimiento no fuera visto sino solo sentido por Kagome.

"Nunca ha habido una Sra. nada a bordo de este barco. Tampoco una Armada." Su voz goteaba con veneno mientras hablaba, su actuación digna de premio. "Pero cambiaré la mitad de eso." Sonrió y dejó escapar un soplo de aire. "Puedo no tener una Sra., pero tendré una perra."

Kagome se sacudió en su agarre mientras el Capitán la levantaba hacia su costado, sus dedos apretados en su brazo y sintió lágrimas llenar sus ojos cuando sus garras punzaron su piel otra vez, la conocida sensación de sangre brotando a la superficie de su piel hizo que su corazón se detuviera en su pecho.

De nuevo, él aflojó su agarre, maldiciéndose por no darse cuenta de lo frágil que era.

Kagome lo miró con ojos confundidos, notando la forma en que su cuerpo se tensó y la manera en que aflojó su fuerte agarre en ella. Era todo hipócrita a lo que estaba diciendo. Por qué estaba diciendo cosas tan odiosas y luego cuidando soltar cuando comenzaba a lastimarla. No tenía ningún sentido, qué estaba pasando, qué demonios estaba pensando, qué demonios estaba diciendo y haciendo? Fue solo entonces que sus palabras golpearon verdaderamente sus oídos, "Perra?"

Él la miró cuando lo susurró pero no hizo movimiento por explicar, no lo necesitaba. Ella sabía qué era una perra, era el término demonio para compañera o esposa, pero no quería ser una perra contra su voluntad. Ella ya había huido de esa vida—y ahora, no podía escapar.

"Esta perra es mía." Cada ojo en el barco observaba al Capitán en completo shock, incluso Kagome. "Si la tocan, morirán, si la miran, los colgaré del mástil. Si le hablan les cortaré la garganta, y si descubro que algún hombre le ha hecho algo, un roce, una risa, un silbido, no se levantará al día siguiente porque estará muerto o tan golpeado que no podrá moverse."

El barco estaba en silencio, completamente en silencio. El Capitán nunca antes había tomado una perra en su vida, tanto como sabían. Incluso Myoga y Totosai, los marineros más viejos y las dos personas que lo habían conocido por más tiempo, no lo habían conocido por tomar una mujer y reclamarla. Los dos ancianos se miraron incrédulos, ambos habían conocido a Inuyasha desde que era un cachorro y no era este hombre—no actuaba como el hombre en frente de ellos. Totosai rascó su cabeza desde su lugar junto a Myoga en la cubierta del timón, qué estaba haciendo su amo?

"Crees, que Inuyasha-sama la marcará?" Preguntó Totosai a su amigo de mucho tiempo, su fuerte acento era mucho peor que el del hombre más pequeño por su naturaleza normalmente callada.

Myoga cruzó sus brazos sobre su pecho, su pequeño cuerpo de tres pies miraba al Capitán, viéndolo como sólo un muchacho. Este no era el niño que alguna vez lo había llamado Myoga-jii-jii, este no era el pequeño de cinco años con la amplia sonrisa y amor en sus ojos. Este no era el adulto que siempre había sido amable si no rudo en los límites. "Myoga no puede adivinar." Le respondió Myoga a Totosai con preocupación en su voz. "No hay forma de decir lo que pasa por la cabeza de Inuyasha-sama en este momento."

Inuyasha miró a los hombres, sabiendo muy bien que sus acciones podrían llevar a problemas, pero también sabiendo que en la situación actual era su mejor opción. Él miró a Miroku y Sango, ambos estaban mirándolo con rabia e incredulidad en sus ojos. Miró a Myoga y Totosai, estaban mirándolo como si le hubiese crecido una segunda cabeza. Desvió la mirada y luego a Kagome Dresmont quien estaba mirando al suelo, sus ojos abiertos en shock—entonces entendía, sabía lo que iba a pasar—o al menos se había dado cuenta de las connotaciones de esa palabra, 'perra'.

Los demonios en el barco esperaban, sabiendo que si el Capitán era serio literalmente la reclamaría como suya de la forma demoníaca. Era costumbre dentro de los demonios dejar marcas físicas, algo que los humanos no eran capaces de hacer con sus cuerpos, en vez optaban por usar anillos de boda como un sustituto por sus débiles sentidos.

Los humanos no eran muy conscientes de que los demonios hicieran algo por el estilo. Incluso en los matrimonios demonio-humano la práctica raramente se hacía. Solo se hacía entre familias de demonios porque los demonios encontraban inútil hacerlo con un humano, especialmente uno con el que te casas solo por las apariencias. Los humanos en el barco, no entendiendo o sabiendo de esta extraña faceta de la cultura demonio, continuaron observando perplejos pero inconscientes mientras el Capitán se giraba hacia la chica y la miraba rudamente preparándose para dejar oficialmente una marca en ella.

Por dentro Inuyasha se sentía horrible, se sentía gritar, se sentía lanzarse del barco por lo que iba a hacer pero también sabía que era la única forma de mantener a salvo a la joven. Forzadamente, ladeó su cabeza, moviéndola para poder ver fácilmente su cuello. Miró su cuello, el demonio dentro se emocionó ante la idea—y el lado humano gritaba de la rabia.

Kagome se paralizó ante la acción, todo su cuerpo entró en pánico mientras intentaba adivinar lo que estaba haciendo. Sintió lágrimas formarse en sus ojos mientras pensaba en el hombre agarrándola tan rudamente. Había pensado que le gustaba, había pensado que él estaba atraído a ella pero no—solo era un pirata que había jugado con su cabeza. Había sido una tonta en pensar lo contrario.

Una especie de odio se formó dentro de Kagome, se sentía traicionada, se sentía inútil, indeseada y no amada. La combinación de esos sentimientos la hizo sentirse incontrolablemente enojada con este hombre—lo odiaba. Lo odiaba por arruinar su corazón, dejándola amargada y sola en un espacio lleno con cientos de personas. "Bastardo."

Inuyasha se obligó a enderezar sus orejas en su cabeza, fue difícil, muy difícil pero lo logró. "Tiene razón, Srta. Dresmont." Dijo lo fuerte suficiente para que la tripulación escuchara. "Soy un bastardo en cada sentido de la palabra."

La rabia en el corazón de Kagome pareció volverse fuego y se movió en sus brazos, intentando quitarse al hombre. El Capitán Inuyasha solo la sostuvo más fuerte mientras los hombres rodeándolos gritaban, diciéndole cosas, diciéndole al Capitán terminar con lo que sea que fuera 'eso'. Ella pateaba y empujaba, al punto que incluso pensó en intentar morderlo pero sus manos estaban fuera del rango de su boca.

"Nunca te liberarás!" Gritó uno de los hombres a su derecha mientras bebía de su jarra.

"Nadie se escapa del Capitán!" Gritó otro hombre, muchos otros miembros de la tripulación gritaron en acuerdo.

Kagome comenzó a sentirse cansada, su resolución debilitándose mientras intentaba sin éxito patear al Capitán en las espinillas. Sus ojos escaneaban la multitud buscando por la Sra. Smith—la mujer disfrazada—cualquiera que fuera su nombre real—buscaba el rostro conocido. Lo encontró junto a Peter—o como sea que fuera su nombre real—la mujer estaba mirando sus pies, sus manos estaban cerradas a sus costados, inmóviles. El hombre junto ella tenía una mano en su hombro pero también estaba paralizado, sus ojos desviados.

Lágrimas caían por el rostro de Kagome cuando sintió una ola de completa soledad invadirla. Se sentía como una idiota, se sentía como una tonta, una tonta ingenua. Todos eran unos mentirosos, verdad? Sintió los brazos del Capitán tomar el control de ella cuando dejó de forcejear, este hombre era horrible, este hombre había tomado su corazón, lo sostuvo en sus manos, y luego lo partió por la mitad. Debió haberse quedado en Port Royal, habría sido mejor siempre haber pensado de este hombre como su primer amor en vez de una persona que fingió su atracción hacia ella.

Kagome miró el mar y pensó en su decisión. Las lágrimas se volvieron más abundantes—todo lo que había querido era ser ella misma por una vez, había querido vivir la vida de una mujer libre, había querido ir a Charleston y comenzar de cero, nunca iba a ser feliz, su felicidad fue una broma, tanto como su género.

Inuyasha tomó una profunda bocanada de su aroma y se maldijo por la cantidad de miedo, estrés, confusión y rabia que emanaba de ella como una ola. Realmente no quería hacer lo que estaba a punto de hacer pero viendo que tenía miembros demonios en la tripulación sabía que tenía que marcarla por el propio bien de la chica. Era la única manera de asegurar que nunca la tocarían y era la única forma de asegurar que podría protegerla mientras estuviera en este barco.

A diferencia de Miroku, sabía que nunca pondría un reclamo físico en la chica. Esa era la principal razón de por qué Sango estaba segura en el barco. Los demonios respetaban a un hombre que estuviera teniendo sexo con su perra. No la tocarían, así que el hombre no tendría que preocuparse en tanto como continuara teniendo sexo con ella regularmente.

No había manera de que Inuyasha le hiciera eso a esta joven. Le pondría un reclamo no sexual en ella por su propia seguridad pero no tenía idea de lo que iba a hacer con ella después. Sabía que no había forma en que pudiera regresarla personalmente a Port Royal—sería una sentencia de muerte para él y sus tripulantes y encima de eso, no tenía idea de por qué había dejado su hogar en primer lugar. Todo lo que sabía era que esto tenía que hacerse, no tenía elección, ella no tenía opción, a menos que quisiera ser violada, golpeada y en el peor caso, asesinada por los desagradables hombres que había empleado.

Agachándose, besó su cuello suavemente, intentando convencerla de cuánto sentía lo que estaba haciendo, tratando de decirle que no quería, que sin duda le había gustado y que todo esto era por su propio bien. Ella jadeó ante la sensación, por una especie de placer y también de una tremenda herida mental. Él aprovechó ese momento para envolver sus brazos fuertemente, halándola hacia su pecho para poder mantenerla segura durante todo el proceso. Encontrando el punto de su pulso, lamió sus labios antes de hundir sus colmillos directamente en su cuello. Ella gritó con horrible dolor mientras sus colmillos se clavaban profundos en su carne.

Inuyasha se obligó a mantener sus colmillos en ella mientras intentaba forcejear. El olor de sus lágrimas golpeó su nariz y se sintió como una total escoria mientras mantenía sus colmillos apretados en su carne, bebiendo de su sangre. Se separó solo por un segundo, sus brazos manteniéndola firmemente en posición antes de morder el interior de su mejilla. El sabor de su sangre y la suya propia, una distinción que sólo un demonio podría hacer realmente, se mezclaron en su boca y se inclinó una vez más, colocando sus colmillos en el lugar exacto de antes, se hundió en ella otra vez, esta vez su sangre mezclada con la suya por medio de la herida en su mejilla.

Kagome sintió su rabia y confusión hacia el Capitán volverse completo temor. Estaba asustada de lo que estaba pasando, estaba insegura de lo que estaba haciendo. Estaba tratando de matarla? El dolor en su hombro comenzó a desaparecer cuando mordió la segunda vez. Mientras menguaba sintió una sensación nueva y extraña, algo que nunca había sentido antes—era como alegría pero más fuerte, como amor pero más profundo. Ella empujó esos sentimientos más adentro, eligiendo estar lastimada y furiosa con él.

Después de varios segundos, él se separó y la sostuvo en frente suyo para que todos los tripulantes vieran. Las marcas de los colmillos en su cuello comenzaron a moverse y a cambiar mientras observaba la tripulación.

Desde su lugar, Miroku sintió su corazón desplomarse hacia su estómago. Había reconocido a Kagome al segundo que Sango había llamado su nombre. Sus dulces ojos la indicación más grande. Agachando su cabeza, pensó en lo que el Capitán le había hecho. Crecer, ser criado por un demonio y entre demonios, él era el único humano en el barco que sabía lo que había ocurrido.

La mordida en su cuello era un signo de protección, el signo de su sangre demonio. Con esa marca, si algún hombre o mujer la tocaban causándole dolor o miedo, Inuyasha lo sabría en segundos. Con esa marca ningún demonio se atrevería a mirarla porque Inuyasha sabría que sus ojos la habían mirado. Era una marca peligrosa, no permanente pero cerca—era una marca de eterna fidelidad, devoción y protección permanente. En tanto como esa marca estuviera en la piel de Kagome Dresmont el Capitán la protegería de todas las cosas y estaría vinculado a su alma. Aún, la marca podría ser removida, con el tiempo las cosas se pueden desvanecer pero Miroku sabía que en tanto como el Capitán tuviera una fuerte voluntad de proteger a la Srta. Dresmont esa magia no se desvanecería. No era la marca de una compañera, pero definitivamente era muy similar y casi tan atadora.

Levantó la mirada y observó cuando la marca se transformó en la forma de un perro—como un tatuaje en su omóplato. Debajo de la marca había un extraño escrito que Miroku no reconoció, casi parecía como líneas escritas pero sabía que estaban muy organizadas para no significar nada.

"Entienden?" Gritó el Capitán mientras continuaba exhibiéndola hacia los hombres del barco.

Kagome gimió mientras los hombres alrededor aceptaban en diferentes formas. Aunque su hombro no le dolía aún tenía un horrible dolor. Su corazón en su pecho estaba roto—destrozado—su rabia transformada en confusión.

"Miroku." Llamó el Capitán y el hombre que había conocido como Peter Woodson se detuvo y asintió. "Azota a esos hombres por sus transgresiones." Señaló a los dos hombres que habían estado peleando en un principio.

"Sí, señor." Dijo Miroku suavemente y miró a Kagome.

Ella encontró sus ojos brevemente y vio una mirada de tristeza en él, se preguntó si la conoció, si la reconoció y se sintió mal.

"El resto de ustedes, a trabajar!" Gritó Inuyasha y la arrastró con él, halando su brazo. La llevó directamente a su habitación, sabiendo que necesitada tratar de hacer algún control de daño antes de poder hacer algo, antes de abrir su boca para hablar, ella se desmayó.

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Dentro de la oficina del Sr. Henry Morgan, una figura permanecía de pie mientras la otra estaba sentada contemplando. Había tomado dos días para que el pueblo se calmara después del ataque inicial del barco pirata. Los incendios había sido lo más difícil de atender (aun con la gran fuente de agua rodeándolos) porque eventualmente habían golpeado un almacén de munición en los muelles causando una explosión. El Sr. Morgan apenas había sido capaz de contener el fuego en ese punto. Al final, había retrasado cualquier salida que el Sr. Morgan hubiese podido tener para perseguir al Capitán Inuyasha. El hombre era, después de todo, la única persona en el pueblo de quien se podría esperar que contuviera el fuego después de una explosión.

Pero aun ahora que todo estaba en calma, era requerido aquí. Tenía que comenzar la construcción en los muelles, tenía que supervisar los funerales, tenía que presupuestar para asegurarse que el pueblo pudiera costear esas cosas, y tenía que asegurarse de que estuvieran a salvo de cualquier otra amenaza.

Aun, había sobrevivido muy bien, mejor de lo que había pensado. Mayormente debido al hecho de que los piratas solo habían decidido atacar el muelle y las horcas, en vez de volar el puerto o peor, reducir todo el puerto a cenizas. Por esto, el Sr. Morgan había pensado que estaban en buena forma, eso hasta que el Sr. Dresmont había entrado en su oficina unos treinta minutos atrás para dar un reporte.

Había pensado que el hombre solo iba a decirle de las muertes totales (un número que sorpresivamente no fue muy alto), y el costo de los daños. Y el Sr. Dresmont de hecho le había dicho esas cosas pero también había revelado otra información, mucho más perturbadora.

"Entonces estás diciéndome que tu hija fue secuestrada?" Preguntó el Sr. Morgan en una voz apenas contenida mientras golpeteaba sus dedos en su escritorio, sus garras golpeaban la madera haciendo un extraño eco en la habitación.

"Eso es lo que pasó." Susurró el Sr. Dresmont mientras permanecía en frente del Sr. Morgan, su sombrero en su mano. El sonido de las uñas era aburrido, haciéndolo temblar. "Ella pasó tiempo con ellos, bajo la impresión de que eran buenas personas."

"Pasó tiempo con ellos, había escuchado que se estaba haciendo muy familiar con la supuesta esposa del Capitán." El Sr. Morgan continuó golpeteando sus uñas en el escritorio, el sonido creaba una extraña amenaza en la habitación para el Sr. Dresmont. "Cómo fue secuestrada?"

"Mi esposa dice que fue secuestrada en la noche."

"Ella vio al pirata secuestrar a la joven Srta. Dresmont?" Inquirió el Sr. Morgan mientras se recostaba en su silla, cruzando sus manos sobre su pecho, un frunce permanente en su cara.

Fue un alivio ligero que el sonido de las uñas se hubiese detenido. "Sí, ella lo vio, un fantasma en la noche." El Sr. Dresmont sintió un rastro de sudor bajar por su espalda mientras observaba al Sr. Morgan en frente de él. El demonio estaba mirándolo como si estuviera listo para golpear, un predador a punto de comer una presa desprevenida. El Sr. Dresmont extrañaba el golpeteo de las uñas.

"Estás seguro?" Presionó el Sr. Morgan, sus ojos aburridos en el Sr. Dresmont, tan duros que el otro hombre estaba seguro que iba a incendiarse del calor de la mirada.

"Positivo, señor." El Sr. Dresmont tragó, rezando porque el Sr. Morgan no pudiera ser capaz de ver su mentira.

La mayoría de los demonios eran muy buenos en distinguir entre la verdad y lo falso. Sin embargo, en el transcurso de muchos siglos sus habilidades naturales para detectar mentiras habían comenzado a desvanecerse, al menos en algunos de las más altas clases sociales. Tal vez era el hecho de que habían dejado de preocuparse por otras criaturas, o tal vez era porque el dinero hacía el trabajo por ellos—cualquiera que fuera la razón, el hecho era este: la mayoría de demonios no podían decir la diferencia entre alguien mintiendo y alguien diciendo la verdad. Aun cuando el Sr. Dresmont no podía estar cien por ciento seguro, estaba casi positivo de que la familia del Sr. Morgan era una de las que habían perdido la habilidad de discernir los hechos de la ficción en los últimos siglos.

Él miró a su jefe por clarificación y sonrió cuando notó que el hombre no estaba olfateándolo. Uno de los indicadores de un demonio que pudiera acceder a la mentira era la forma en que usaba su nariz cuando estabas hablándole, y el Sr. Morgan nunca usaba su nariz. Esto significaba que no podía sentir una mentira. El siguiente indicador eras las orejas.

El Sr. Dresmont miró las orejas del Sr. Morgan, no hubo mucho como una contracción o movimiento, otro indicador primario de que el Sr. Morgan no sabía cómo distinguir entre los hechos y la ficción. Lo que significada que sus orejas no eran lo sensible suficientes para captar las flexiones y cambios de los latidos humanos cuando estaban mintiendo. Aun, había un método de detectar mentiras, y este último método de detección no era algo que un humano pudiera determinar fácilmente si funcionaba o no.

Algunos demonios simplemente tenían un sexto sentido cuando se refería a la verdad y a la mentira. En otras palabras, esos demonios simplemente podían mirarte y saberlo. El Sr. Dresmont esperaba que Henry Morgan no fuera uno de esos demonios. Al final, pareció que no necesitó preocuparse demasiado.

"Ya veo." El Sr. Morgan se inclinó, colocando sus codos en su escritorio mientras acunaba su cabeza en sus manos. No mostraba señal de desconfiar del Sr. Dresmont. "Nuestro muelle es destruido, nuestras horcas eliminadas, y la prometida de mi hijo ha sido secuestrada por piratas." El Sr. Morgan estrelló su puño en la mesa, haciendo saltar ligeramente al Sr- Dresmont, el Sr. Morgan lo miraba expectante.

"Ese es el caso, señor." Dijo el Sr. Dresmont con voz temblorosa como una manera de responder la tácita pregunta mientras clavaba sus dedos en su sombrero en frente de él.

Henry Morgan se enfureció mientras miraba al tímido hombre. "Ese es el caso?" Se burló levantándose y rodeando su escritorio, sus ojos miraban al Sr. Dresmont. "Sé que lo es!" Gritó en la cara del humano. "Pero qué podemos hacer con la situación actual? El compromiso fue anunciado, si no busco a la joven perderé toda posición ante los ojos humanos en Port Royal. Podría perder mi puesto y sabe lo que eso significa, Sr. Dresmont?"

El Sr. Dresmont sacudió su cabeza negativamente.

"Tú perderás tu trabajo!" Terminó el Sr. Morgan mientras se alejaba de él y miraba por la ventana de la oficina. En un punto había pasado por alto los muelles, ahora pasó por alto un lugar en construcción. "Tenemos que ir tras ella, es el mejor movimiento político."

Una parte del Sr. Dresmont estaba furiosa de que el Sr. Morgan no pareciera preocuparse por la seguridad de su hija en todo esto, el hombre estaba más preocupado por su carrera pero aún, el simple hecho de que fuese a ir tras Kagome fue un gran alivio para el Sr. Dresmont. "Va a encontrar a Kagome?" Asumió con esperanza el Sr. Dresmont mientras aflojaba su agarre en su sombrero.

"Voy a encontrarla." El Sr. Morgan asintió en respuesta pero la mirada en su cara aún fue una que hizo estremecer la espina del Sr. Dresmont. "Pero solo voy a hacerlo por dos razones." Caminó hacia el hombre y lo miró malicioso. "Primero, para verme bien ante los ojos humanos y segundo," exhibió sus colmillos y dejó escapar algo como un gruñido amenazador. "Para poder ser quien capture al gran capitán pirata Inuyasha y enviarlo a su muerte."

Con eso el Sr. Morgan cerró su mano en un puño y lo estrelló contra su escritorio. Un gran ruido de quiebre llenó el aire y el Sr. Dresmont hizo una mueca antes de abrir un poco sus ojos, inmediatamente se abrieron más mientras veía el escritorio, roto en dos, papeles caían creando un extraño velo sobre la escena.

El Sr. Morgan sonrió y retrocedió. "Parece que voy a tener que comprar otro escritorio." Comentó despreocupado antes de girarse y rodear de nuevo el mueble ahora roto. Cuando volvió para dirigirse de nuevo al Sr. Dresmont se detuvo abruptamente. "Naraku?" Le preguntó al joven que estaba de pie en la puerta.

"Padre, escuché correctamente?" El joven se detuvo dentro de la habitación y se inclinó levemente. "La Srta. Dresmont está desaparecida?"

"Sí." Respondió el Sr. Morgan. "Siento decir que ha sido secuestrada por los piratas."

"Qué—desafortunado." Dijo Naraku con una sonrisa que grandemente resaltó. Parecía tan inapropiado considerando la situación. "Vas a ir por ella?"

"Sí." El Sr. Morgan señaló al Sr. Dresmont. "Saldremos en un día, tan pronto como tengamos provisiones."

"Me gustaría ir contigo, padre." Dijo Naraku en un tono extraño que le dio pausa a su padre. "Me gustaría estar ahí cuando sea rescatada."

El Sr. Morgan le asintió a su hijo, intentando entender el extraño comportamiento del muchacho. Naraku siempre había sido ligeramente apagado, aparentemente un poco más animalista que la mayoría de los demonios. "Está bien." Aceptó mientras miraba de cerca al joven intentando evaluar el extraño comportamiento. "Puedes venir con nosotros en la mañana."

"Gracias, padre." Naraku se inclinó de la cintura antes de darse la vuelta y salir de la habitación, una mirada de felicidad fuera de lugar en su rostro.

Fin del Capítulo

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Un comentario sobre la Sra. Dresmont: Muchos de ustedes han mencionado que la madre de Kagome parece más preocupada por su posición social por encima de su hija. Esto es extremadamente cierto, y algo muy común durante esta época pero puedo citar mi propio escrito, "La culpa en su corazón se fundió en un sentimiento de envidia." Esta es la conclusión de los pensamientos de la Sra. Dresmont sobre su hija, la extraña niña que había criado. Quería explicar esto para mostrar que la Sra. Dresmont envidiaba toda la personalidad de Kagome, amaba a su hija y deseaba poder haber sido más como ella, poder haber sido lo fuerte suficiente para valorar su propia felicidad por encima de su obligación. De cualquier manera, solo quería explicar eso en caso de que mi texto haya confundido; pensé que era una facera importante de ese personaje.