SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE
Por Inuma Asahi De
Traducido por Inuhanya
Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desearían que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).
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Capítulo Once:
Destino Decidido
"Srta. Dresmont, lo siento tanto." Dijo Sango por lo que se sintió era la millonésima vez mientras ella y Kagome se encontraban en la habitación del Capitán. Ambas estaban arrodilladas en el piso, ceñidas en un fuerte abrazo. "Quise detenerlo pero no pude, no puedo ir en contra del Capitán. Lo siento mucho, lo siento—tanto."
"Está bien." Respondió Kagome mientras abrazaba a la mujer aún más fuerte hundiendo su rostro en el suave cabello marrón de la mujer. "Y por favor, no me llames Srta. Dresmont," murmuró ella no muy segura de lo que estaba haciendo, "Kagome está bien."
No estaba segura de por qué le había pedido a la otra mujer dejar la formalidad, todo lo que supo fue que a pesar de todo no quería ser una Dresmont para esta mujer, quería ser cercana a esta mujer y quería estar conectada con ella. Después de todo, si iba a vivir en este barco, si iba a ser vista como la mujer del Capitán entonces al menos quería una amiga y Sango era la mejor opción—una compañera mujer obligada a vivir en un barco pirata.
Sango sonrió a través de las lágrimas y abrazó más a Kagome, las palabras de la joven hicieron menguar algo de su culpa. "Llámame Sango," susurró ella separándose, llevó sus manos a su rostro y secó las lágrimas y algo de tierra en el proceso. "Ese es mi nombre, no Sra. Smith."
"Sango." Kagome respondió suavemente y sonrió por primera vez desde que había abordado el barco. Su corazón se infló con un feliz sentimiento, estaba segura de que había tomado una buena decisión al confiar en esta mujer. "Es bueno conocerte, supongo."
"Kagome," dijo Sango gentilmente como si ensayara el nombre. "Soy la misma mujer que conociste en tierra, la única diferencia ahora es la vida que me ves vivir. Siento si no es lo que esperabas," rascó la parte trasera de su cabeza, quitándose el sombrero de cuatro puntas en el proceso, su largo cabello cayó. "Así es como es."
"Está bien." Respondió Kagome con una sonrisa forzada.
No podía creer que hubiese sido engañada al pensar que la mujer ante ella era una suave debutante cuando de hecho, mirándola ahora, era el completo opuesto. Sango se veía poco femenina con su cara sucia y su ropa holgada. Era difícil creer que esta era la misma mujer. Parecía tan improbable y aun aquí estaba esta mujer frente a ella, vestida como un hombre, y un hombre pirata. Kagome continuó manteniendo su sonrisa forzada, la dolorosa sensación en su pecho hacía difícil mantenerla en su lugar.
"Sango también me mintió, verdad?" Pensó Kagome tristemente. "Pensé que éramos amigas, que estábamos conectadas, que se sentía igual que yo, pero tal vez también eso fue una mentira."
Sango observó las emociones cruzando el rostro de Kagome, a través de la sonrisa forzada. Sango frunció y le permitió a su propio rostro cubrirse con tristeza. En cierto grado, entendía los sentimientos de la otra chica. Ser engañada por la gente, caminar desprevenida a una situación por la realidad de ella, siendo forzada a algo que no hubieses querido, era algo difícil de tratar, y estaba segura que Kagome estaba teniendo dificultades para manejarlo.
Mirando a la chica mucho más joven, Sango quería consolarla, decirle que todo iba a estar bien, realmente quería hacer sentir a salvo a Kagome, quería que Kagome se sintiera en casa, quería que Kagome entendiera que este barco era un buen barco y que estaba rodeada de buenas personas (en tanto como no contaras con la tripulación que vivía abajo). Esas personas, pensó Sango, no necesariamente eran buenas personas, simplemente eran unos buenos tripulantes.
Pero al final, Sango sabía que no era su lugar interferir con las emociones de Kagome, al menos no todavía. En el momento Kagome necesitaba que le permitieran sentir lo que sea que quisiera sentir, sin explicaciones innecesarias y promesas tranquilizadoras. Sango sabía, aun si lo intentara, que Kagome no sería capaz de escuchar—su corazón estaba muy lastimado para escuchar lo que quería decirle la otra joven.
Con esto en mente, Sango eligió no decir nada sobre la extraña curva de los labios de esta joven. "Kagome," optó por preguntar. "Qué pasó? Cómo terminaste en nuestro barco?"
Kagome miró a Sango y se preguntó qué debería decirle a la otra mujer, casi quería mentir. Quería decir que fue secuestrada o que había terminado aquí por accidente pero sabía que nunca funcionaría, no era creíble. Sango vería la farsa y de cualquier manera llegaría a la verdadera situación. Suspirando, Kagome alcanzó y trató de tomar un mechón de cabello entre sus dedos para enroscarlo pero su cabello ahora era muy corto para hacerlo. Bajando sus manos a su regazo miró los dedos recordando el día anterior, recordando cada paso que dio, recordando su decisión ahora resaltada por su falta de cabello.
Casi podía ver su cabello en el piso en la habitación de su padre.
"Hui de casa." Le dijo a Sango con voz suave, sus ojos no miraban a la mujer sino en vez estaban enfocados en un punto en su regazo.
"Por qué huiste?" Inquirió Sango suavemente, tratando de mantener su tono gentil y alentador.
"Porque yo no—yo—" Kagome cerró sus ojos y respiró profundo con resolución.
"Está bien Kagome, puedes decirme." Presionó Sango y colocó una mano sobre una de las de Kagome que estaba cerrada fuertemente en el regazo de la joven. "No te juzgaré."
Las palabras parecieron golpear algo en Kagome y la chica comenzó a lagrimear mientras le confesaba a la mujer. "Hui porque no quería ser más esa chica." Miró a Sango suplicante. "Quería alejarme de esa vida de modales y obligación, quería alejarme de la propiedad. Quería ser yo, quería ser libre, yo—," Kagome limpió lágrimas de sus ojos. "No quería vivir más para mis obligaciones y mi familia, quería vivir por obligación con mi corazón, como lo dijiste."
Sango miró a Kagome y prácticamente tuvo un flashback a su propia vida. Recordó diciéndole esas mismas palabras a Kagome, había visto la reacción en el rostro de la joven cuando había dicho esas palabras. Debieron haber impactado a Kagome mucho más de lo que pensó Sango originalmente. Aun, no podía culpar a Kagome por su decisión, la decisión de huir. De hecho, Sango deseó secretamente haber huido de su hogar mucho más pronto de lo que lo hizo. "Entiendo." Dijo gentil tomando la mano de Kagome en la suya en vez de solo dejar que sus dedos se suspendieran sobre ella. "Y no te preocupes," aseguró tratando de comunicar la verdad tras sus palabras. "Eres libre aquí."
"Libre?" Dijo Kagome en una voz suave mientras levantaba su mano libre para tocar su hombro. Su dedo hizo contacto con la marca en su carne y se estremeció involuntariamente.
"Aquí puedes ser lo que quieras ser Kagome, nadie te cambiará."
Honestamente, Kagome no estaba segura de sí le creía a Sango pero estaba muy cansada para pelear con ella por eso. La marca en su brazo no simbolizaba libertad, de hecho era lo opuesto, simbolizaba todas las cosas que no podía ser ahora. Simbolizaba el control del Capitán sobre ella.
Haciendo a un lado esas ideas, Kagome asintió levemente hacia Sango y miró la habitación alrededor, vio algunas de las cosas que no habían estado ahí en su recorrido. Las armas y los cuchillos, los mapas, los trofeos de sombreros de otros hombres o las pistolas, los extraños platos y figurines de países extranjeros, las pieles y la extraña ropa de terciopelo incluso una extraña chaqueta Calico que colgaba en el espaldar de la silla del Capitán en su escritorio. Dejó que sus ojos recorrieran todas esas cosas, viéndolas por primera vez. Aun cuando había despertado una hora atrás, no había visto nada de los afectos personales del Capitán. Tal vez su mente simplemente había estado muy preocupada para verlas. Mirándolas ahora, Kagome pensó que estaba ante un vistazo de la verdadera naturaleza de su captura, esto era parte de quién era él, era un invasor, era un peleador, era un destructor, era un pirata.
Kagome se giró hacia Sango y miró a la mujer vestida como un hombre. Decidiendo re direccionar la conversación a un tema más seguro, Kagome tocó la chaqueta de Sango y le dio un tirón. "Por qué estás vestida como un hombre, antes estabas vestida como una mujer?"
"Porque es más seguro." Dijo Sango despreocupada. "No hay otra mujer a bordo y los hombres, cómo debería decir esto," golpeteó su mentón brevemente. "Sus palmas comenzarían a arder si constantemente me vieran vestida como una mujer."
Kagome tragó ante la idea y se cerró más la chaqueta desde su posición en el piso junto a Sango. "Ellos—el Capitán dijo que ellos—um—me lastimarían. En verdad harían eso?"
Sango le frunció a Kagome, una mirada que le dio la respuesta a Kagome. "Sí." Dijo con un profundo respiro. "Pero nosotras estamos a salvo en tanto como estemos reclamadas."
"Reclamadas." Repitió Kagome y tocó su hombro ligeramente, su conversación con el Capitán regresó a ella. "Quieres decir esta marca?"
"Sí." Dijo con un movimiento de cabeza. "Esa marca te da protección del resto de la tripulación, especialmente de los demonios. No se acercarán a ti en tanto como sepan que está ahí." Algunas veces Sango deseaba tener una marca como esa. De lo que había escuchado de las costumbres de los demonios esa marca era tan buena como encerrarte en una habitación. Ningún demonio se atrevería a tocarte si tuvieras esa marca en tu carne, hacerlo sería morir, así de simple. "Para mí es un poco diferente."
"Diferente." Dijo Kagome en voz alta y entonces la curiosidad sacó lo mejor de ella otra vez. "Quién te reclamó?" Preguntó Kagome con pura curiosidad. Estaba muy segura de que ya sabía la respuesta a su pregunta, la demostración en el muelle decía mucho, y el beso en Port Royal—pero siempre era agradable escuchar las noticias del acusado y no del jurado.
Sango se sonrojó y desvió la mirada de Kagome. "Pensé que sería obvio." Sonrió ligeramente, un poco torcido mirando a Kagome a través de espesos mechones. "El hombre con quien tuve la aventura."
"Peter?" Reconoció Kagome, contenta de saber que al menos había habido algo de verdad en Port Royal.
"Bueno, su nombre en realidad es Miroku, pero sí, Miroku me reclamó."
"Es cierto," dijo Kagome asintiendo, recordando escuchar que Miroku sin duda era el verdadero nombre del hombre y no Peter. "Supongo que se me escapó." Kagome se permitió tranquilizarse con cada palabra, hasta que finalmente guardó silencio, su mente divagando hacia ideas y sentimientos más desagradables.
Por un momento, Kagome sintió algo filtrarse ante el hecho de que Peter no había sido el verdadero nombre del hombre, por cada verdad que esas personas le decían, aparecían un millón de mentiras. Le molestó mucho a Kagome saber que había sido engañada por una semana por personas que de verdad le agradaban—personas en las que había confiado. Sus pensamientos de nuevo se enfocaron en el Capitán y se llenó de rabia y confusión. En verdad le había gustado al Capitán, o era otra de las mentiras? Realmente no estaba segura de qué pensar. "Estoy tan—confundida."
Borrando las ideas de su mente miró a Sango. Estudió con cuidado a la otra mujer, preguntándose si Sango también tenía una marca en su piel, fue reclamada después de todo así que era lógico que la mujer también tuviera la piel marcada como Kagome. Kagome arrugó las cejas ante la idea, aun si fuera posible, altamente lo dudaba recordando al Miroku de Port Royal. Miroku era un humano y los humanos no se mordían entre ellos ni tenían tatuajes místicos con símbolos que aparecían en la piel. Aun si Sango no estaba marcada como Kagome entonces qué mantenía a los hombres lejos de ella? Había mencionado que había sido reclamada de forma diferente, pero cuán diferente podría ser?
Una vez más Kagome miró a la chica de arriba abajo, no podía ver bajo las ropas, Sango estaba muy bien cubierta pero incluso sin tener que ver la piel de la chica supo—no había manera de que Sango hubiese sido marcada por Miroku y si ese era el caso, entonces Sango no llevaba una marca en su piel.
Aun sabiendo esto, Kagome todavía sintió la dominante urgencia de preguntar. "No tienes una marca como la mía, verdad?" Señaló su hombro como un indicador, sus ojos apenas contuvieron su interés.
"No, no estoy marcada de la misma forma como fuiste marcada." Dijo Sango en una voz suave, su vergüenza la alcanzó. Era extraño. Cuando se refería a Inuyasha y a Miroku podían bromear sobre sexo fácilmente, era como un juego entre ellos y aun—cuando se refería a una chica como Kagome, se sentía de nuevo como una mujer de propiedad, no quería hablar de esas cosas.
"Pero si no tienes una marca como yo," Kagome continuó preguntando, sus ojos curiosos y grandes con asombro. Realmente quería saber qué mantenía a salvo a esta chica, tal vez si lo sabía podría pedirle al Capitán hacerle lo mismo y remover la marca—su cadena. "Entonces por qué los otros demonios hombres te dejan tranquila? Cómo saben que estás bajo la protección de alguien en el barco?"
Sango tomó un respiro y trató de controlar la forma en que sus manos estaban sudando. Miró el inocente rostro de Kagome, la joven realmente no entendía la relación física de ella y Miroku? Sango ya sabía la respuesta a eso, aun sin tener que preguntarle a la chica. Kagome no sabía nada de sexo, como una joven de sociedad (más importantemente, una chica soltera de sociedad) era obvio que nunca hubiese sido educada en las costumbres de la habitación. Inhalando otro profundo respiro colocó una mano sobre una de las de Kagome y la miró directo a los ojos. "Ellos pueden olerlo en mí así me dejan tranquila."
"Olerlo?" Kagome la miró sin señales de entender. Sinceramente, no tenía idea de lo que Sango estaba insinuando.
"Ellos huelen a Miroku en mí." Dijo ella otra vez tratando de enfatizar las palabras para que Kagome pudiera captar, la otra joven simplemente continuó dándole miradas vacías. Sango suspiró y retiró su mano para cubrir sus ojos con ella. "Tenemos sexo, Kagome." Dijo franca.
Los ojos de Kagome se abrieron como platillos viéndose como si pudiera desmayarse mientras le apuntaba un dedo a Sango. "Pero ustedes no están casados."
"Lo sé o al menos no estamos casados en el sentido técnico." Dijo Sango asintiendo, se sentía apenada por todo. Sí, ella y Miroku eran una pareja casada a los ojos del Capitán y la tripulación pero no a los ojos de la sociedad. La culpa y la vergüenza tocaron su corazón y presionó una de sus manos en su pecho antes de sacudir su cabeza. "No puedo dejar que la propiedad me domine, no es más que una tontería."
Kagome miró a Sango sintiéndose completamente sorprendida y no tan sorprendida al mismo tiempo. Debería haber sabido después de atestiguar ese beso de que sin duda los dos eran 'íntimos.' Aun, una parte de ella había pensado, después de descubrir qué tanto de lo que esas personas le habían dicho eran mentiras, que tal vez había sido una extraña mentira también. Pensándolo ahora no tenía sentido realmente.
Sango respiró profundo y miró a Kagome, viendo las confusas emociones en el rostro de la joven. Sabía que el sexo antes del matrimonio era el peor pecado que una mujer podía cometer bajo el manto de la propiedad y la sociedad pero para ella realmente no era nada porque sabía la verdad. Fue en ese momento que Sango decidió que Kagome necesitaba entenderlo también—sería el primer paso de Kagome lejos del mundo al que fue traída, el mundo de mente cerrada que le había impedido crecer como persona simplemente porque nació mujer.
"Kagome," comenzó ella, asegurándose de captar los ojos de la jovencita. Tan pronto como Kagome la miró y se concentró en ella continuó. "No necesitas estar casada para hacer el amor con alguien."
Kagome frunció sus ojos, perpleja por el término. "Hacer el amor?"
Sango sonrió y su cara se sonrojó pero no de vergüenza. "Amo a Miroku y él me ama." Suspiró ensoñadora colocando una mano en su cara. "Y el amor es más fuerte que cualquier certificado de matrimonio. Incluso los demonios piensan eso."
"Entonces no te avergüenzas de—hacer eso—" Kagome no pudo permitirse decir la palabra.
"No, no tengo razón para estarlo." Sango colocó una mano en su corazón, le sonrió a Kagome intentando transmitir todos sus sentimientos en esa sonrisa. "Porque es hecho con amor y nadie debe avergonzarse de amar."
Kagome asintió no segura de cómo tomar esta conversación. Las mujeres no tenían sexo antes de estar casadas, no se hacía, no estaba bien, se supone que no podían besar hasta el día de la boda y aun—Kagome miró a Sango y vio el brillo en su rostro, sus ojos perdidos como si pensara en algo. A veces, sus amigas en Port Royal habían hablado sobre las relaciones con sus esposos y siempre había tenido una mala connotación de ellas. Como que era horrible, como si el sexo fuera algo completamente repugnante pero mirando a Sango—y pensando en sus sentimientos cuando el Capitán la había tocado—se preguntó si realmente era tan malo como las otras chicas lo habían hecho parecer.
"Sango." Dijo Kagome en una voz pequeña casi un chillido mirando a la mujer más experimentada. "Te gusta—eso? Es agradable?"
Sango se coloreó de un rojo brillante saliendo de su fantasía y miró a Kagome con mejillas del color de una langosta. Miró al suelo y cubrió su rostro con sus manos mientras su vergüenza viajaba desde su rostro hacia su cuello. "Yo—bueno—hm." Sango rió un poco y se rehusó a encontrar los ojos de Kagome.
"Siempre he escuchado que es desagradable." Susurró Kagome también de un rojo brillante.
Sango miró a Kagome, una acción que le tomó toda su fuerza de voluntad, y se permitió ver la mirada en el rostro de la joven. Recordó ser una joven de sociedad, recordó a su madre hablarle, los familiares femeninos y amigas casadas que el sexo era una obligación y algo para no disfrutarse. Después de ser violada lo había pensado como algo horrible, detestable y como algo enfermo y malo. Recordó lo asustada que había estado de tener sexo con Miroku después de todas sus experiencias físicas y mentales. Pero—el sexo con Miroku no había sido nada como el sexo del que le habían hablado, el sexo que había enfrentado. El sexo con Miroku había sido lento y mágico, había sido gentil y libre, la había hecho sentir completa otra vez, como una mujer, como una persona.
Sango sonrió ante la idea—la primera vez había sido espantoso pero placentero una vez que se había calmado, la segunda vez había sido mucho mejor, más calmado, más largo y más relajado. Y ahora—era divertido y feliz, era algo que hacían en las mañanas, en las tardes, en la noche, o rápido antes de cenar. Era divertido y despreocupado, una actividad que los dos hacían juntos, simple para ellos y su amor.
El sexo era maravilloso cuando lo hacías con alguien que amabas. Esas chicas, su madre, la madre de Kagome y sus amigas, ellas nunca habían tenido el sexo que Sango tuvo en su vida. Habían realizado sus deberes maritales porque era lo que estaban destinadas a hacer, había sido su trabajo, había sido otra cosa para odiar por nacer mujer. Eso era por qué el sexo era tan horrible para ellas, eso era por qué siempre se hablaba de eso con malas implicaciones y con señales de remordimiento dentro de las mujeres. Si alguna de esas mujeres hubiese experimentado el verdadero amor y lo que era hacer el amor, entonces tal vez pensarían diferente, como Sango.
Sango miró a Kagome con esa idea y le sonrió a la joven, no sintiéndose más avergonzada, de hecho se sentía—increíblemente en paz. "El sexo es desagradable." Admitió suavemente y tomó la mano de Kagome por tercera vez, esperando que pudiera calentar el corazón de Kagome con solo sus manos. "Pero hacer el amor, con alguien que amas, es la experiencia más hermosa y maravillosa que tendrás en tu vida."
"Hacer el amor." Kagome repitió la extraña frase en voz alta. Nadie había llamado a las relaciones maritales hacer el amor cuando le hablaban de los deberes de una esposa.
"Sí. En verdad amo hacer el amor con Miroku." Sango sonrió feliz y miró los ojos de la otra chica.
Una extraña idea golpeó a Kagome entonces, se preguntó en los remotos confines de su mente cómo sería hacer el amor. Sabía los mecanismos básicos del sexo, Eri la había informado bien de eso cuando se había casado con el Sr. Hojo. Eri le había dicho sobre la extraña anatomía de los hombres—y a dónde iba esa extraña anatomía cuando estaba cumpliendo con sus deberes de esposa. En el momento se había estremecido ante la idea, especialmente cuando Eri le había dicho que era incómodo y un poco doloroso. Pero mientras lo pensaba su mente divagó a la única experiencia sexual que había tenido realmente.
La mente de Kagome regresó al Capitán, pensando en la forma como sus manos se habían sentido cuando tocaron su piel, la forma en que sus labios se habían sentido cuando chuparon su oreja. Pensó en la forma que había movido sus manos sobre su trasero, pensó en la forma en que se había movido contra ella—esa extraña parte de su anatomía rozando contra el lugar que siempre estaba cálido, ese lugar donde se supone debería encajar. Kagome tragó—no había manera en que eso pudiera sentirse bien, de ninguna manera en todo el mundo y aun así—
Ella miró a Sango quien se sonreía a sí misma, parecía que la otra mujer también estaba perdida en sus pensamientos.
Kagome respiró profundo y cerró sus ojos permitiéndose hacer una pregunta, dirigida sólo a ella. "Cómo sería," se preguntó internamente, "Hacer el amor con el Capitán?"
Los ojos de Kagome se abrieron de golpe cuando la idea pareció reverberar en su mente, cubriendo todos sus sentidos. Rápidamente sacudió su cabeza, queriendo sacar la idea de su psique porque sabía, que al final, sería imposible saberlo realmente. Después de todo, se dijo, para hacer el amor con alguien tienes que estar enamorada de él y Kagome no estaba enamorada del Capitán. De hecho, estaban tan lejos del amor que era completamente desagradable pensar en eso en su relación actual. Sentía el odio en su corazón, sentía la punzada de rabia en su pecho, pero al mismo tiempo sentía la lógica. El Capitán la había marcado por una buena razón—por protección—y si no hubiese usado esa marca entonces—
Los ojos de Kagome se abrieron cuando hizo la conexión. Mirando a Sango, reunió su coraje para hacer la pregunta más importante que haya hecho en su vida. "Si no me hubiese marcado así," señaló su hombro. "El Capitán me habría marcado como Miroku te marcó?"
"Habría sido su única opción." Le admitió Sango delicadamente. "Los demonios no reconocen los anillos de diamante o las declaraciones verbales Kagome, ellos son físicos." Ella hundió sus ojos en Kagome para reiterar su punto. "Si no hueles al hombre que te reclamó o no tienes su marca, entonces estás en el juego."
Kagome asintió sintiendo algo registrarse dentro de ella. El comportamiento del Capitán tenía sentido, muy ligeramente. Si no la hubiera marcado con sus colmillos entonces hubiese tenido que tener sexo con ella y Kagome—él debió haber sabido que no era el tipo de chica que iba por cosas como esas.
"Yo nunca te forzaré a hacer nada que no quieras."
Ella le creyó, lo entendió. Podría haberla tenido, podría haberla violado pero eligió no hacerlo. Eligió marcarla en vez de eso, de alguna manera esta marca la había protegido. Ella tocó su hombro y sintió el calor emanar de la marca hacia sus dedos.
"Él hizo esto para protegerme." Dijo en voz alta, su voz casi silenciosa en el aire silencioso.
Sango asintió. "El Capitán es una buena persona Kagome, sé que no lo parece ahora, pero es un buen hombre."
Kagome miró a Sango queriendo creerle desesperadamente. "En verdad es, un buen hombre?" La pregunta estaba dirigida tanto a Sango como a ella misma.
"Él es un gran hombre. En todos mis años de estar en este barco nunca me ha hecho nada que no quiera."
"Él nunca te forzaría." Kagome suministró las palabras del Capitán, continuaron haciendo eco en su cabeza aun después de haberlas dicho.
"No, no lo haría." Sango sonrió gentil. "Él es mejor que eso."
"Soy mejor que eso."
Los ojos de Kagome se abrieron ante las palabras y miró a Sango, casi preguntándose si le había sido dicho que dijera esas palabras en favor del Capitán, como si fuera algo premeditado entre los dos pero eso era imposible. Esas palabras eran desde el corazón de Sango—Kagome lo supo al ver el rostro de la otra mujer. Kagome miró sus rodillas, sumergida en el piso de madera del barco y la suave alfombra que el Capitán mantenía encima en su habitación. Mirando a Sango sonrió, la rabia y la confusión en su corazón se alivió levemente. Tal vez, el Capitán era un buen hombre que había sido obligado a tomar una difícil decisión. Kagome sonrió ante la idea, tal vez aún había esperanza para los dos.
"Soy mejor que eso." Las palabras reverberaron en su cabeza y se sintió calmada por primera vez en un tiempo.
"Realmente es un mejor hombre de lo que parece, Kagome." Repitió Sango por el silencio de Kagome.
Kagome miró a la mujer y adornó su rosto con una sonrisa genuina que atrapó fuera de base a Sango por completo. "Kagome?" Preguntó la mujer mientras sus ojos se iluminaban con asombro ante la vista.
Kagome sólo sacudió su cabeza y con una sonrisa que mostraba sus dientes, habló, "He escuchado esas palabras antes en algún lugar, Sango."
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"Por qué estoy aquí?" Preguntó Miroku por billonésima vez mientras intentaba dormir en la improvisada cama que había armado con sábanas en el piso. Después de la conversación de Sango y Kagome había sido decidido que las dos chicas se quedaran juntas hasta que Inuyasha pudiera organizar su habitación para acomodar a una mujer, sin imponerse sobre ella. Había sido una idea noble pero, en el momento, el único sufrido verdadero era Miroku.
Desde su escritorio Inuyasha estudiaba un viejo mapa, buscando un puerto adecuado para atracar y vender algo de la carga que había 'obtenido' del barco de la marina semanas antes de llegar a Port Royal. Por la inesperada tormenta no había podido venderla tan rápido como le hubiese gustado pero al menos ahora que se dirigían a La Española, podría descargarla de su barco fácilmente y, si daba con el puerto correcto, por un buen precio.
"Por qué tengo que dormir aquí?" Gruñó Miroku mientras enrollaba las sábanas intentando ponerse cómodo.
"Porque sólo tengo una cama." Respondió Inuyasha ingenioso mientras buscaba en su escritorio por tinta y una pluma. Colocó los dos en el escritorio y lentamente abrió el frasco de tinta, muy cuidadoso de no derramarla. El barco se meció ligeramente y preocupó a Inuyasha. Mirando alrededor agarró un pequeño tazón y abrió la botella de tinta dentro, por seguridad.
"Eso tiene sentido." Refunfuñó Miroku intentando acomodarse de nuevo. Se sentó y acomodó la almohada que le había dado antes de caer sobre el piso otra vez, de alguna manera lo había empeorado. Gruñó incómodo y frotó su cuello sabiendo que estaría muy adolorido mañana.
"Tiene mucho sentido." Rezongó Inuyasha comenzando a marcar las leguas en el mapa en frente de él, era un intento por estimar su tiempo de viaje. "Tengo una cama y me rehúso a dormir con esa bruja y no la dejaré dormir en el piso—"
"Tú me dejas dormir en él fácilmente." Miroku refunfuñó por lo bajo.
Inuyasha lo miró y continuó. "Fue una idea razonable dejar que la Srta. Dresmont se quedara con Sango por el momento hasta que pueda meter otra cama aquí."
"Tú no duermes." Se quejó Miroku colocando una sábana sobre su cara. "Ella puede dormir aquí y tú puedes merodear por el barco como siempre."
"Duermo algunas veces." Se defendió Inuyasha sin desviar la mirada de los mapas en frente. "Podría dormir esta noche."
"Algunas veces, podría—algunas veces y podría son las palabras clave en esa oración Capitán." Miroku se sentó en su cama improvisada en el piso y apretó sus dientes tronando su cuello, ya estaba comenzando a sentirse tieso. "Podrías pasar unos días sin dormir hasta que lleguemos a puerto y consigas otra cama."
"Pero no quiero." Suministró Inuyasha haciendo una marca en el mapa que estaba estudiando. Gruñó cuando se dio cuenta de lo lejos que estaban de cualquier buen pueblo costero. "Es más divertido verte actuar como un cachorro llorón."
Miroku levantó una ceja, el Capitán no lo había llamado cachorro en años. Dentro de los demonios perro era muy típico llamar a un niño cachorro y desde que Miroku había sido criado por el Capitán desde que tenía ocho años, era una expresión que había escuchado muchas veces. En varias ocasiones—usualmente cuando el Capitán estaba molesto con él—Inuyasha se refería a él como un cachorro. Como un niño no había sabido qué hacer de la expresión hasta que Myoga le dijo su significado. Era casi como si Inuyasha estuviera refiriéndose a él como su hijo—su cachorro. En ese entonces había sido entrañable escuchar al Capitán referirse a él como su hijo pero ahora era insultante. Era el equivalente a llamarlo un niño arrogante, aunque fuera un hombre adulto.
"No soy un cachorro." Miroku hizo puchero y se recostó derrotado en su incómoda cama. "No he sido un cachorro por años."
"Entonces no actúes como uno." Respondió Inuyasha y finalmente bajó el mapa. Se levantó y estiró luego se quitó su chaqueta y camisa, la gema casi se sale por su cabeza hasta que Inuyasha la agarró y la regresó a descansar contra su pecho antes de alcanzar por el cordel de sus pantalones.
"No podemos dormir vestidos?" Murmuró Miroku desde su cama de sábanas.
"Te estoy calentando?" Dijo Inuyasha con una sonrisa forzada mientras lentamente deshacía el nudo de sus pantalones, bajándolos por sus caderas como si le estuviera dando a Miroku un striptease.
Miroku levantó una ceja y se estremeció ante la idea antes de hacer un ruido atragantado, sus ojos cerrados fuertemente. "Primero, no soy un molly." Le dijo Miroku al Capitán, sus ojos aun fuertemente cerrados. "Y segundo, prácticamente eres mi padre o algo así, así que eso es incestuoso y muy perturbador."
Inuyasha miró a Miroku con una leve sonrisa. Aun cuando se hubiese referido a Miroku como su cachorro cuando era un niño o su hermano, era divertido escucharlo en voz alta. Esta era la primera vez, en mucho tiempo, que Miroku se refería a él como un miembro de la familia pero tenía sentido—había sido criado por el Capitán desde que era un pequeño cachorro, así que era natural para él sentir que Inuyasha y él eran familia de verdad. Era una idea que a Inuyasha le gustaba, en secreto siempre había querido hijos o un hermano que le agradara pero siempre había sabido que ninguna de ellas sucedería. Su sangre mestiza y su trabajo evitaban ambas cosas en muchos niveles.
"Bueno, entonces cachorro, me iré a dormir. No es tan divertido si me preguntas." Murmuró Inuyasha soplando la única vela en la habitación, la oscuridad los cubrió excepto por la luz de la luna que entraba por las ventanas.
"No me llames cachorro." Dijo Miroku con una carcajada desde su lugar en el piso antes de abrir sus ojos en la oscuridad. Después de varios segundos sus ojos se ajustaron a la oscuridad y pudo distinguir al Capitán acostado en su propia cama. "Crees que Myoga estará bien en el timón?" Preguntó suavemente en la oscura habitación.
"Él fue un navegador alguna vez y todo lo que tiene que hacer es ir con el viento hasta que decida un puerto." Inuyasha bostezó levemente, su cuerpo sintiéndose agotado no física sino emocionalmente.
"No has escogido un puerto todavía?" Inquirió Miroku estirándose y acomodándose en las sábanas.
Inuyasha miró al joven y por un segundo recordó cuando Miroku había sido muy joven. Cuando niño, Miroku con frecuencia se había quedado dormido en la habitación del Capitán debido a sus lecciones nocturnas y en esas ocasiones Inuyasha había acomodado al niño encima de sábanas en el piso junto a su cama a menos que supiese que no iba a dormir esa noche en cuyo caso le permitía al pequeño la comodidad del suave colchón. Aun, fuera que Miroku fuera puesto en el piso sobre sábanas como ahora o en la cama, sin falla, Miroku se haría una pequeña bola en esas sábanas o en esa cama. Observando a Miroku ahora, Inuyasha encontró entrañable que incluso después de todos esos años el hombre aún se recogiera en esas sábanas, manteniendo el hábito de infancia.
"Creo que vamos a detenernos en Trinidad." Inuyasha respondió finalmente cuando los recuerdos de Miroku como niño regresaron al precioso lugar en su corazón donde los conservaba.
"No está un poco lejos del camino?" Preguntó Miroku procediendo a recogerse en una bola.
"Sí, pero siempre obtenemos un precio alto allá." Razonó Inuyasha bostezando, por primera vez estaba muy cansado en realidad.
Miroku gruñó ante la respuesta sabiendo que el Capitán había hecho una buena elección de puerto aun cuando Trinidad le molestaba ligeramente. La única razón de que le molestara era porque era un pueblo español, lo cual significaba que tendrían que apoyarse en el Capitán para todo. Aun después de años de ser instruido por el Capitán nunca había aprendido mucho español, no era uno de sus mejores idiomas y el Capitán, como muchos otros idiomas que conocía, lo hablaba fluidamente. Miroku hizo mala cara un poco celoso de la habilidad del Capitán para los idiomas pero luego se regañó a sí mismo, después de todo Miroku había aprendido cuatro idiomas en diez años, lo cual comparado a algunos nobles no era malo después de todo.
Haciendo a un lado los pensamientos, Miroku regresó a la presente conversación. "Trinidad?" Murmuró antes de girarse hacia el Capitán en la oscuridad. "Será un buen lugar para vender el tabaco y la amapola."
Inuyasha gruñó en acuerdo girándose de costado, sus pensamientos dejaron a Miroku y se dirigieron hacia la Srta. Dresmont, no por algo que él y Miroku estuvieran diciendo sino porque podía escuchar las suaves voces de la otra habitación. Sango y la Srta. Dresmont estaban hablando tranquilamente como él y Miroku.
"Ahí también podemos vender los uniformes." Miroku continuó hablando, sin darse cuenta que el Capitán estaba distraído por la suave voz llegando del otro lado de la pared. "Cuánto crees que obtengamos por el lote?"
Inuyasha no respondió, estaba muy ocupado durmiéndose con la gentil voz de esa mujer, la gentil voz de Kagome Dresmont. No sabía lo que estaba diciendo, principalmente porque no podía concentrarse en sus palabras pero no eran las palabras lo que estaba arrullándolo, era el sonido. En verdad solo quería escuchar la cadencia de su voz cuando no estaba gritándole, el suave ritmo le recordaba a la Srta. Dresmont de Port Royal—la joven que le había gustado, la chica que había besado su mano, la chica que se emocionaba cuando hablaba del mar. Inconscientemente, alcanzó la gema alrededor de su cuello tocándola ligeramente mientras imaginaba a la chica que había conocido por unos días. Extrañaba a esa chica, pero parecía que no había mucho que pudiera hacer. No le había hablado desde la discusión/confrontación en su habitación horas atrás, en vez, se había quedado al lado de Sango como si estuviera rehusándose en silencio a dejar la seguridad de los brazos de la otra mujer.
"Inuyasha?" La voz de Miroku lo sacó de sus reflexiones.
"Sí," reconoció Inuyasha suavemente mientras le permitía a la gema deslizarse de sus dedos, su tren de ideas detenido para bien.
Miroku guardó silencio por varios minutos, cuando finalmente habló su voz era calmada pero confiada. "Estabas pensando en la Srta. Dresmont, verdad?"
"Duérmete Miroku." Resopló Inuyasha bruscamente y se dio la vuelta lejos del otro hombre.
Miroku asintió aun cuando Inuyasha no podía verlo y se acostó de espalda. Mirando el techo pensó en la Srta. Dresmont. Brevemente, había podido hablar con Sango y le había dicho de la decisión de la Srta. Dresmont de huir de casa. Le había hablado de Kagome queriendo ser ella misma, queriendo estar en un lugar donde fuera aceptada por quien era. Había huido porque ellos le habían dado el coraje de creer en sí misma y permitirle pensar por sí misma. Y ahora estaba viéndolos como una mentira, estaba viendo sus palabras como una falsa esperanza. Sango le había dicho de los sentimientos de Kagome y el hecho de que estuviera enojada y confundida.
Miroku suspiró ante la idea, sintiendo pena por la jovencita. Solo esperaba que Sango pudiera mostrarle que aunque hubiesen mentido sobre quienes eran, no habían mentido sobre sus sentimientos referentes a ella. Esos habían sido verdaderos, cada momento y cada palabra.
Miroku miró al Capitán, sabiendo que la Srta. Dresmont probablemente fue más lastimada por él. Se sentía traicionada, se sentía enojada y aun, al menos tenía que entender levemente la difícil decisión que Inuyasha tuvo que tomar. Era marcarla o ver a la tripulación comérsela viva. No había otra manera de protegerla. Incluso las palabras de un Capitán no eran así de fuertes cuando se referían a una mujer.
Esperaba que la jovencita pudiera ver esta verdad y entendiera el significado de lo que estaba pasando a bordo del barco. Tal vez si lo hacía entonces la emoción positiva sería suficiente para que Kagome se pusiera de su lado y los aceptara como piratas, los aceptara por quienes eran—de la misma manera en que ellos ya la habían aceptado sin su conocimiento. Mirando la quieta figura del Capitán, Miroku esperaba en silencio que ese fuera el caso.
"Buenas noches, Inuyasha." Susurró él en la oscuridad, sabiendo que el otro hombre lo escucharía.
Inuyasha, quien estaba mirando el cielo nocturno, movió una oreja hacia Miroku y contuvo un fuerte suspiro. Tenía mucho en su mente o al menos tenía a una persona pesando fuertemente en su mente. Haciéndola a un lado, movió una oreja hacia la habitación del otro lado de la pared. Las dos chicas ahora estaban en silencio. Decepcionado, se giró en su sueño y miró a Miroku en la oscuridad con una ligera sonrisa llena de tristeza, desilusión, y una extraña aceptación en su rostro. La gema contra su pecho lo quemó por un segundo haciendo que esa sonrisa se volviera un frunce. "Por qué ha estado haciendo eso últimamente?" Se preguntó sujetando la gema en la oscuridad esperando a que se enfriara. Después de un momento, lo hizo e Inuyasha suspiró antes de acomodarse sobre su espalda y soltar la pequeña joya. "Buenas noches, cachorro." Llamó él al aire con una ligera sonrisa burlona formándose en su cara cuando escuchó a Miroku resoplar en respuesta.
"Eres un cabrón." Miroku bostezó en la oscuridad; Inuyasha sólo sonrió más.
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Muy lejos del barco Shikuro, de pie en la cubierta del barco de su padre estaba Naraku Morgan, sus agudos ojos de demonio miraban el ondeante mar. Observaba intensamente mientras la luna era cubierta por nubes en el cielo, sus ojos cautivados por la vista. Había algo etéreo en la forma en que la luna era cubierta de repente, dejando solo las estrellas como guía. Observaba las constelaciones, ubicando varias que conocía de niño.
Podía distinguir a la Osa Mayor y a la Osa Menor, la Cisne, y la Orión, todas estaban mirándolo, fijas como si lo encontraran siendo el curioso y no al contrario. Cerrando sus ojos, asimiló el sonido de las olas, la sensación del movimiento del barco mientras el agua lograba encontrar su camino contra el costado del barco y también su rostro—era una sensación vigorizante, completa, entera, naturalmente.
Con una sensación de completa alegría Naraku abrió sus ojos y permitió que una ligera sonrisa iluminara su rostro, la vista ligeramente obsesionante mientras la luna escogía ese momento para regresar de atrás de las nubes, fundiendo una tenue luz en el rostro del joven. Mirando el cielo otra vez, agrupó las estrellas creando su propia constelación—era de una mujer, con grandes ojos grises, el mismo color del cielo oscuro donde la luz de las estrellas encontraba la negra noche.
"Tengo que agradecerte Srta. Dresmont." Murmuró él en el aire de la noche. "Si no fuera por ti nunca hubiese dejado ese olvidado pueblo del infierno."
Con otra sonrisa, Naraku lamió sus labios. Ahora podría hacer lo que quisiera y no había nadie que pudiera detenerlo, a la primera oportunidad simplemente desaparecería, removiéndose de una vida que también había odiado y luego procedería a hacer la vida que siempre había querido.
Naraku sonrió de oreja a oreja; no era una vista agradable de ver.
Fin del Capítulo
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Notas:
La Española es una isla mayor en el Caribe, conteniendo dos países, la República Dominicana y Haití. Tal vez La Española es más famosa por ser el lugar de las colonias fundada por Christopher Columbus en sus viajes en 1492 y 1493.
Trinidad no es parte de La Española y está localizada mucho más lejos de lo que La Española está de Jamaica donde está ubicado Port Royal. Está más cerca de Venezuela, mientras La Española está muy cerca de Cuba.
Molly es un término arcaico para hombre gay.
