SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE

Por Inuma Asahi De

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desearían que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).

-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-

Capítulo Doce:

La Isla de Trinidad

"Bienvenidos a Trinidad." Dijo Inuyasha con una leve sonrisa en su cara mientras el barco entraba al muelle de Puerto España en la famosa isla de Trinidad.

Él y Miroku estaban en la cubierta del timón de su barco el Shikuro, ambos mirando el gigante puerto español. Era un hervidero de actividad—la mayoría de las cuales eran de mala fama. La isla de Trinidad era famosa en la piratería por lo fácil que era vender bienes en el puerto. Todo lo que tenías que hacer era poner un pie en tierra con algo de mercancía y el dinero prácticamente lo lanzaban en tus manos. La mejor parte, es que no hacían preguntas. Para esos hombres y mujeres no importaba de donde venía o de quién venía en tanto como tuviera un buen precio y fuera de uso.

Desde su actual posición (unas cuatrocientas yardas desde el muelle) podían ver los negocios ilegales, una ruta de comercio con la que estaban muy familiarizados. Había personas pasando cosas entre ellas, oro y plata, mercancía y productos intercambiaban manos así como algunos bienes eran ofrecidos de un lado a otro, era una cuidadosa combinación de un sistema de trueque y un típico intercambio de dinero. Inuyasha sonrió ante la vista, sabía que podría obtener dinero en Puerto España, podía ganar mucho dinero por los bienes que había 'adquirido.'

"Hay muchos barcos aquí." Comentó Miroku mientras Inuyasha conducía el barco a un muelle lejano. A diferencia de Port Royal, Puerto España tenía la facilidad para anclar justo en los muelles, haciendo innecesarios los botes que habían usado previamente en Port Royal. Era agradable tocar un puerto porque la mayoría de los barcos no tenían botes disponibles. A un Capitán pirata podría tomarle unos años 'adquirir' un bote o reunir suficiente dinero para comprar uno por medios legales.

Y desde que Puerto España tenía la facilidad para atracar sin uno, la mayoría de los piratas y las personas en general atracaban ahí porque podían entrar a puerto con facilidad. Esto hacía muy valioso el pueblo costero en el mundo pirata, después de todo, entre más fácil era atracar, significaba que más personas se reunían en el puerto en cualquier momento, lo cual significaba que había una gran probabilidad de que hubiesen personas con quienes negociar, lo que llevaba a un mejor precio posible en toda la mercancía o al menos el mejor negocio posible.

"Tienes razón," Inuyasha miró a Miroku asintiendo. "Hay muchas personas hoy." Inuyasha sonrió y viró ligeramente el barco fuera del viento. "Eso sólo significa mejores oportunidades."

Miroku también sonrió antes de volver su mente al trabajo por un segundo. "Amansen los aparejos!" Llamó cuando los notó desacelerados por el giro. Los hombres se apresuraron a formar las velas para que pudieran atrapar el viento lo suficiente para atracar. "Crees que obtendremos un buen precio?" Preguntó Miroku una vez seguro de que los hombres estaban haciendo su trabajo.

"Probablemente," Inuyasha se concentró en navegar, sus expertas manos en el timón giraban ligeramente el barco, grado a grado, sus agudos ojos miraban el agua juzgando la distancia, la marea, el viento, su velocidad, y cuánta velocidad necesitarían perder en orden de deslizarse seguramente en el puerto.

Miroku miró al Capitán y observó, esperando la inevitable señal que los dorados ojos le daría. No tuvo que esperar mucho. Los dorados ojos de Inuyasha se movieron hacia él, sus profundidades le transmitieron un mensaje sin tener que hablar.

"Amarren las velas!" Gritó Miroku y se dio la vuelta. Los hombres se escurrieron a obedecer, moviéndose tan rápido que apenas podían ser vistos mientras bajaban la primera vela cortando completamente el viento a un cuarto. Casi instantáneamente las dos velas más grandes también fueron recogidas, los hombres permanecían a cincuenta pies sobre ellos, recogiendo las velas antes de asegurarlas fuertemente con grandes sogas mientras se acercaban más y más a un lugar en los muelles.

Miroku corrió a un costado del barco, alistándose para su última tarea en el proceso de atracar mientras se deslizaban al lugar correcto. Desde el costado, observaba mientras el barco llegaba al muelle, unos buenos cincuenta o setenta pies los separaban de la madera de Puerto España. Miró al frente queriendo ver cuánto espacio tenían, aún les quedaban unos minutos a juzgar por la distancia antes de entrar al muelle firmemente.

Sonrió y comenzó a devolverse hacia el Capitán cuando algo captó su ojo. Era la vista del cabello de Sango suelto, ondeando en la brisa. Estaba vestida como un hombre para ir al puerto pero se había quitado su sombrero y deshecho el moño. Su rostro atrapó la luz del sol y sintió su corazón hincharse mientras miraba sus ojos felices y la amplia sonrisa en su rostro. Ella amaba el viento—lo sabía muy bien.

Sonrió y comenzó a girarse, de regreso a sus obligaciones, cuando algo negro captó su atención. Girándose lentamente, en dirección de Sango observó maravillado cuando la visión de la Srta. Dresmont llegó a sus ojos. Podía distinguir su sonrisa mientras su corto cabello rizado atrapaba el viento, sus ojos estaban cerrados mientras las gentiles manos invisibles acariciaban su rostro, removiendo su camisa.

Él sintió sus propios labios formar una sonrisa igualando la suya mientras se subía a la baranda y observaba el proceso de atracar, sus ojos abiertos en completa fascinación—era entrañable de observar. Se permitió continuar observando su cara, una gentil y fraterna sonrisa se formó en ella mientras observaba su hermosa e infinita inocencia. De repente, como si el viento le hubiera dado una ráfaga de inspiración, se giró para mirar tras él al Capitán, una sonrisa forzada en su rostro se formó cuando una idea también se formaba en su cabeza. "Capitán?" Llamó hacia atrás.

"Estoy ocupado." Respondió Inuyasha con un gruñido mientras giraba el timón ligeramente a estribor, sus ojos concentrados intensamente en lo que estaba haciendo.

"Capitán," repitió Miroku y le indicó al Capitán que lo viera. "Querrás ver esto."

"Qué?" Inuyasha prácticamente gritó girándose molesto hacia Miroku pero entonces sus ojos se abrieron cuando captó lo que Miroku estaba señalando con un dedo. "Srta. Dresmont?" Murmuró cuando su vista se llenó completamente de ella.

Estaba apoyada en la baranda, usando la ropa de su padre pero aun con esa ropa masculina podía ver su feminidad escondida debajo como si estuviera usando un vestido y enaguas. Estaba en sus mejillas en la forma en que sonrojaban por el viento, era la forma en que permanecía con sus manos en la baranda agarrándose delicadamente con sus nudillos de un tono rosa lo que lo hizo querer besarlos. Estaba en su espalda recta y la forma en que rotaba sus hombros hacia atrás, arqueándose levemente y haciendo que sus pechos se pronunciaran al frente, haciéndolos evidentes a pesar de su chaqueta. Estaba en sus ojos mientras miraba al puerto con una inocencia y amor por el mar que ningún hombre en este barco había poseído en años. Estaba en su cabello, los rizos encima de su cabeza que revoloteaban y flotaban en el aire salado pero mayormente vio la femenina naturaleza en su sonrisa, en sus labios que la formaban.

Miraba la forma en que sus labios formaban esa sonrisa, los observaba con una absorción casi enferma mientras se curvaban y cerraba sus ojos, el bulto de su pecho a través de su ropa aún más aparente mientras inhalaba un profundo y cautivador respiro, su pecho pesado con el esfuerzo de oler el aire salino tan profundo como fuera posible. Y todo el tiempo su sonrisa permaneció predominante en su rostro, encantadora y fascinante mientras la formaban sus gruesos labios. Miró esos labios mientras se separaban, sus dientes blancos (muy blancos para ser naturales) quedaron a la vista, un desconocido hoyuelo en su mejilla izquierda se creó por la acción, otro hoyuelo en la derecha siguió la formación de la izquierda.

Pero lo que más veía de todo esto era el color rubí de sus labios, completamente natural y no fabricado. Ese color era algo que ningún hombre podría tener en su cara, que nadie sino ella podría tener—hermosos y atractivos labios rojos, llenos—curvos—eran el tipo de labios que nunca quisieras dejar de besar.

"Ancla," gritó Miroku, sacando a Inuyasha de sus reflexiones.

Miró alrededor, dándose cuenta de que ya estaban en el puerto. No estaba seguro de cómo había pasado con total honestidad. Había estado tan concentrado en la mujer en la cubierta principal que francamente no había prestado atención a su responsabilidad. Mirando abajo observó a los hombres dejar caer el ancla por orden de Miroku. Cayó duro en el mar y rápidamente hizo su camino hacia el fondo del océano, hundiéndose en el sustrato y deteniéndose con un ligero brinco como si los mantuviera en posición.

"Aún no sé cómo lo haces." Comentó Miroku mirando al Capitán quien había retirado sus manos del timón.

"Hacer qué?" Preguntó él dirigiéndose hacia las escaleras un poco tembloroso. El Capitán Inuyasha estaba ligeramente nervioso por dos cosas. Primero, había sido capaz de atracar inconscientemente y segundo, había estado tan fijado en los labios de la Srta. Dresmont, cabello, pecho y cara que su mente literalmente se nubló. Nunca en su vida se había nublado al mirar a una mujer, especialmente una que muy claramente estaba vestida como un hombre y con su cabello tan corto como el de un hombre.

"Atracaste como si fuera lo más natural en el mundo." Observó Miroku mientras los hombres bajaban la rampa, que golpeó el muelle con un fuerte sonido y Miroku sonrió expectante cuando un hombre comenzó a subirla.

"Bueno, aparentemente lo es." Murmuró Inuyasha, agradeciéndole a Dios y a su suerte innata que no los hubiese estrellado en el muelle de madera. Se estremeció ante la idea—les habría costado mucho dinero trabajar en sacarlos de ese hueco (o habría perdido la habilidad para atracar en Trinidad otra vez y no estaba dispuesto a arriesgar algo así).

Miroku miró al Capitán con ojos sonrientes pero rostro calmado. Había observado a Inuyasha todo el tiempo—mirando la expresión del hombre cuando se giró para observar a la Srta. Dresmont. No había duda en la mente de Miroku que el Capitán aún estaba atraído por ella. La mirada en el rostro del otro hombre lo había dicho. Tal vez, con el tiempo podría cambiar la opinión de Inuyasha y la Srta. Dresmont por el otro si continuaba mostrándoles a los dos lo mucho que se gustaban—en secreto.

Se detuvieron en la cubierta principal justo cuando otro hombre abordó el barco. Era un pequeño demonio mapache, era fácilmente visto por las marcas naturales en sus ojos, parches negros de piel cubriéndolos ambos. No tenía pelaje, sin embargo, lo cual era extraño para un mapache. Miroku supuso que, o era muy viejo y estaba calvo o había sufrido de alguna de esas grandes enfermedades de occidente. Caminó hacia la rampa rápida y eficientemente y los encontró en segundos. Los miró a todos en el barco con ojos aburridos, antes de poner sus ojos en el tripulante más cercano.

"Quién es el capitán de este barco?" Preguntó el pequeño demonio mapache mirando expectante a Myoga.

El hombre más viejo del barco lo miró, inseguro de lo que estaba diciendo. Miró alrededor, mirando a los otros hombres, sabía que ninguno de ellos hablaba una palabra de español además del Capitán. Incluso Miroku sólo sabía algunas frases.

Desde su lugar a unos pies, Kagome y Sango miraban al hombre, una llena con curiosidad y la otra claramente aburrida. "Qué idioma fue ese?" Preguntó Kagome en una voz acallada mientras estudiaba al hombre moreno con la mancha de cabello y el interesante bigote. Su rostro una mezcla entre ojos ennegrecidos y piel bronceada. "Y qué tipo de demonio es él?"

"Español y es un mapache." Respondió Sango fácilmente mirando al hombre con ojos evaluadores. Parecía un hombre honesto, pero nunca lo sabías en un puerto como este.

"Alguien habla español?" Inquirió Kagome, preguntándose cómo se comunicarían con el hombre si no tenían a alguien a bordo que hablara el idioma.

"El Capitán lo habla." Dijo Sango como si fuera lo más natural en el mundo que el Capitán fuera capaz de hacerlo.

Kagome se giró hacia Sango en shock, sus ojos abiertos con la información. "Habla español?"

Sango se encogió de hombros en respuesta mirando al Capitán, "Nunca he escuchado de un idioma que no pueda hablar."

Kagome miró al Capitán con un sentimiento ligeramente nuevo en su corazón—un sentimiento que le causó aún más confusión que los sentimientos del día anterior. Obviamente el Capitán era un hombre culto si podía hablar múltiples idiomas, eso era algo que debía enseñarse en los sistemas educativos más altos. Si este era el caso, entonces tal vez había más del Capitán que sólo el asesino sediento de sangre que era en las leyendas o tal vez—solo estaba intentando darle sentido al hombre.

Kagome cerró sus ojos ante la idea. El Capitán era solo un pirata o también era educado? Recordó sus conversaciones en Port Royal, había parecido tan bien hablado, tan culto, tan inteligente y aun—recordó la forma en que le había hablado el día anterior. Era un horrible pirata y nada más, pensó para sí, su rabia regresó a toda fuerza. Probablemente había aprendido español de alguna forma extraña, tal vez vivió en un pueblo español alguna vez o conoció a un marinero español. De cualquier manera, Kagome sabía que estaba molesta con él y muy enojada con él y aun así—

Kagome miró al Capitán y observó mientras se dirigía hacia el pequeño mapache. Sus ojos dorados atraparon el sol y sintió su corazón palpitar más rápido en su pecho. Cerró sus ojos fuertemente y se maldijo—cómo podía estar atraída a semejante idiota? Abrió sus ojos y se regañó más mientras escuchaba al Capitán saludar al demonio mapache.

"Yo soy el Capitán de este barco." Declaró Inuyasha al pequeño hombre mientras se le acercaba. Los dos estrecharon manos brevemente antes de que Inuyasha mirara al hombre con ojos curiosos. "No quiero ser grosero, pero por qué estás en mi barco?"

"Tenemos una tarifa base ahora, dos pesos." Respondió el hombre buscando en su bolsillo y sacando algo para que Inuyasha leyera.

Inuyasha asintió ante la vista de los papeles antes de mirar al hombre con ojos considerados. "Por qué el cobro?"

"De qué otra manera podría un hombre ganarse la vida?" Respondió el hombre la pregunta de Inuyasha con otra pregunta.

"Entiendo." Respondió Inuyasha con una sonrisa en su cara y un ligero resoplo. "Dame un minuto."

"Tómese su tiempo."

Inuyasha se giró hacia Miroku, "Miroku necesito dos monedas de oro."

"Seguro." Miroku asintió, sus cejas fruncidas en confusión, había entendido algo de la conversación, el hombre le había dicho al Capitán que había un precio que pagar de inmediato de dos pesos. Para conocimiento de Miroku el Puerto España nunca había tenido una tarifa en toda su existencia pero Miroku confiaba en el Capitán para saber lo que estaba haciendo y alcanzó en su bolsillo para sacar dos monedas fácilmente, caminó hacia los dos hombres y le alcanzó el dinero a Inuyasha dándole una significativa mirada.

Inuyasha se giró hacia el hombre y le mostró el dinero. "Funcionará?"

Los ojos del hombre se abrieron y miró de Inuyasha al dinero varias veces. "Sí, Capitán, gracias."

"De nada, tenga un buen día."

"Les deseo una feliz estancia en Puerto España." Ofreció el hombre con un leve movimiento de cabeza antes de bajar del barco y desaparecer en los muelles entre una masa de personas.

Inuyasha sonrió y rió levemente antes de mirar a la tripulación. "Estaremos en puerto por un día y una noche."

Kagome frunció ante la forma en que el Capitán hablaba ahora, no sonaba culto en absoluto.

"Si no están de regreso en la mañana," continuó el Capitán inconsciente de los pensamientos de Kagome. "No serán más tripulantes y olvídense de su pago."

Varios hombres en el barco sisearon ante la idea de perder sus pagos si no estaban a tiempo pero lo entendieron a largo plazo. Cuando se refería a recibir un pago en un barco pirata, cuando el pago no era dinero, joyas u oro, tenían que esperar hasta que el Capitán o el Intendente pudieran vender lo que habían conseguido. Una vez vendido, el dinero era repartido apropiadamente y si algún hombre dejaba la tripulación antes, ese dinero era delegado en las manos correctas y perdía todos los derechos de reclamarlo como suyo.

Con empujones y suspiros los hombres comenzaron a descender del barco, algunos de ellos felices de compartir sus destinos con bebidas alcohólicas y mujeres y otros gruñeron de no tener dinero para disfrutar el tiempo en tierra.

Miroku caminó hacia las dos mujeres residentes del barco y se detuvo a su lado mientras observaban a los hombres salir del barco. "Eso fue extraño." Comentó mirando a Sango.

Sango lo miró de reojo, sus ojos llenos de curiosidad. "Qué es extraño?"

Miroku se apoyó en la baranda y pasó una mano por su cabello. "El hombre que abordó el barco, pidió un pago. Hemos venido a este puerto cientos de veces y nunca tuvimos que pagar."

"Esto es extraño." Sango respondió estirándose y recostando su cabeza en el hombro de Miroku.

Kagome miraba muy curiosa el contacto físico entre los dos. Ella había visto cientos de hombres y mujeres casados pero nunca en su vida había visto una pareja que se tocara tanto como Sango y Miroku. En el corto tiempo que había estado en el barco, los había visto abrazarse, besarse (muy apasionadamente), e incluso había visto mientras Miroku sentía a Sango. Kagome se sonrojó ante la idea y desvió la mirada de los dos. No podía creer que hubiese visto tal cosa, nunca había visto a sus padres hacer algo así. Demonios, no podía contar en una mano cuántas veces había visto a sus propios padres besarse.

Mirando a Sango y a Miroku, Kagome se preguntó si tenía algo que ver con el amor del que hablaba Sango. Podría ser que el amor era así de diferente del matrimonio que realmente cambiaba la forma en que lo interpretabas y aceptabas tus obligaciones maritales? Si el amor hacía todo tan grandioso como parecía ser para Sango y Miroku, entonces esperaba algún día ser capaz de disfrutarlo como ellos. Kagome tragó, sonrojándose ante sus atrevidos pensamientos.

"Miroku." Llamó Inuyasha llegando junto a ellos. "Necesitamos vender las cosas que sacamos de ese barco."

Kagome miró sorprendida al Capitán; su lenguaje había cambiado otra vez, ahora estaba hablando como un hombre culto en vez de un pirata analfabeto. Era extraño escucharlo cambiar tan fácilmente entre hablar como un inculto callejero a un socialité.

"Entre más pronto mejor," respondió Miroku mirando a Sango sugestivamente. "Me gustaría dormir en mi cama otra vez."

"Con eso te refieres a mí." Bromeó Sango empujando a Miroku.

Kagome se sonrojó ante la broma, todo su rostro leyó el significado tras las palabras de Miroku. Eso no fue lo único que la hizo ruborizar, sin embargo, había un significado oculto en la oración de Miroku del que no era consciente. Si ellos vendían todo lo que planeaban vender, entonces tendrían el dinero para comprar la cama extra para la habitación del Capitán, lo cual significaba que tendría que dormir en la habitación del Capitán. Kagome sintió acelerarse su corazón en su pecho ante la idea de dormir en esa habitación con el Capitán Inuyasha cerca.

La noche previa le había sido permitido quedarse con Sango porque tenían una falta de provisiones para ella vivir en el dormitorio del Capitán pero esta noche—esta noche podría estar en la habitación del Capitán, encerrada con él, durmiendo cerca de él. Instantáneamente su mente volvió al día de ayer cuando había puesto sus manos en su cuerpo, cuando la había besado tan forzadamente, su cuerpo moldeado en el suyo en una forma que elevó su propio calor. Tragó y desechó la imagen cuando una estremecedora sensación, familiar y aun extraña, se encendió en su estómago.

Inuyasha miró a Kagome muy confundido. La chica olía embriagadora, su excitación asaltó su nariz pero—qué le había causado oler así? Miró a Miroku, preguntándose si el hombre tenía algo que ver con el delicioso aroma que venía de Kagome. Ante la vista de Miroku besando el cuello de Sango supo que eso era imposible, a menos que Kagome se calentara por esa vista. Con cuidado, miró de nuevo hacia Kagome, sus ojos buscando los suyos. Estaba mirando lejos de todos hacia el puerto, viendo algo desconocido que estuviera en su línea de visión.

Observó sus ojos iluminados en el puerto, parecía curiosa pero también aprehensiva. Con lo que sea que estuviese aprehensiva no estaba seguro. Una risita de Sango hizo girar a Kagome del puerto, miró a la otra mujer y suspiró con un tímido rubor en sus rasgos. Bajó la mirada, el rubor desapareció ligeramente, antes de que sus ojos se movieran y lo miraran a él.

En ese momento, sus ojos se encontraron y él observó maravillado cuando sus mejillas se sonrojaron ante la vista—podría ser, que oliera así por él? Había estado pensando en él? Antes de poder actuar por esos pensamientos, el sonido de un tripulante llamándolo desvió su atención.

"Capitán?" Se dirigió Myoga desde atrás haciéndolo maldecir levemente.

Girando hacia el hombre, lo miró teniendo que bajar la mirada hacia él. "Qué?"

Myoga tragó y frotó su brazo incómodo, viéndose casi como un niño que sabía estaba en problemas. "Myoga solo quería preguntar si Inuyasha-sama se va?" Pausó y miró al Capitán, observando al hombre con cuidado. "Myoga podría cuidar el barco por Inuyasha-sama."

Kagome ladeó su cabeza ante el sonido de su voz, tenía un acento extraño, uno que no podía reconocer.

"No vas a ir a tierra?" Preguntó Miroku soltándose de Sango, Kagome estaba ligeramente agradecida por eso.

"Myoga no tiene oro." Admitió Myoga y desvió su mirada con vergüenza. "La tripulación apostó anoche y Myoga perdió todo lo ahorrado."

"Te lo mereces." Sango resopló sacudiendo su dedo en el aire ante el anciano. "Apostaste tu dinero, apostaste por diversión, Myoga."

El hombre miró sus pies y asintió, un rubor en sus mejillas que claramente fue por el hecho de que una mujer lo hubiese regañado. Movió un pie en el piso de la cubierta, moviendo pequeñas manchas de arena y tierra con su zapato.

Inuyasha resopló y se recostó en la baranda, observando a uno de los pocos hombres en el mundo que conocía sus secretos más íntimos—uno de los pocos hombres en existencia que lo conocía desde antes de nacer. "Seguro, puedes cuidar el barco." Dijo mientras estiraba sus manos sobre su cabeza. "Iremos a vender la carga, haremos las compras y comeremos algo, cuando regresemos puedes salir."

"Mo!" Dijo Myoga en una pequeña voz, la palabra extraña para todos menos para Inuyasha. "Myoga no tiene nada de oro para salir." Le dijo al Capitán una vez más mientras rascaba la parte trasera de su cabeza, su rostro aun rojo con su humillación.

Kagome miraba sintiendo pena por el anciano, su cabello gris y su arrugado rostro eran entrañables para ella de forma extraña. Le recordaban a un hombre que no había visto desde que era una pequeña niña—su abuelo. Lo extrañaba mucho. Siempre le había dado golosinas o le compraba barcos de juguete cuando sus padres no. Le había enseñado las partes del barco con un modelo que había construido en los confines de una botella. La idea contrajo su corazón en su pecho, le había dado ese barco en la botella cuando habían dejado Inglaterra hacia Jamaica y en su apuro por dejar su antigua vida, había dejado atrás esa botella, guardada en una caja en un cajón en el tocador de su habitación. La culpa pesó en su corazón, transferida a Myoga, deseando poder darle algo al hombre con acento divertido, cualquier cosa, para poder sentir que era su abuelo y estaba arrepintiéndose.

"Bueno," dijo Inuyasha mirando al hombre con una amable sonrisa que captó la mirada de Kagome. "Por cuidar el barco, te daré un pago."

"Inuyasha-sama?" Dijo Myoga sorprendido, la forma en que se dirigió al Capitán no pasó desapercibida para Kagome, o Sango y Miroku.

"Sólo el suficiente para algo de comida y bebida." Inuyasha se encogió despreocupado, intentando parecer como si la necesidad no fuera una gran cosa. "Entendido?"

Kagome observó a Inuyasha con un leve respeto formándose en su corazón pero también más miedo. Por un lado, estaba maravillada ante este lado de él, la parte de él que mostraba amabilidad. Le recordaba al Capitán de Port Royal. Este era el Capitán que pensó conocer, el Capitán que mostraba gran amabilidad con un anciano pidiendo nada a cambio pero, por otro lado—recordó lo que había hecho, recordó las cosas que le había hecho a su corazón.

Sintió su traición en ese instante más que antes, sintió su rabia y su dolor, sintió su temor, sintió la indeseada marca en su hombro. Una buena acción podría no borrar tantas malas—concluyó envolviendo sus brazos alrededor de sí misma en un abrazo—sus ojos cerrados. Aun—

"Soy mejor que eso."

Kagome puso una mano en su pecho, esas palabras tocaban cada rincón de su mente en la misma forma en que el agua del océano tocaba cada parte del mundo. Sepultada en esas palabras como alguna vez habían caído en su memoria había una pequeña parte de su corazón que pensaba que el Capitán de Port Royal existía de verdad.

"Arigato." Myoga sonrió ampliamente y se agachó ante el Capitán, de manos y rodillas. "Watashi wa anata no shakkin no gozen."

Miroku, Sango y Kagome sintieron confusión ante el lenguaje que venía de boca del pequeño hombre, ninguno de ellos había escuchado algo así en sus vidas.

"Myoga!" Regañó Inuyasha y miró a los tres antes de llevarse a Myoga a un lado. "Recuerda las reglas." Dijo y Myoga agachó su cabeza con pena.

"Myoga lo siente, Inuyasha-sama." Respondió Myoga sintiéndose como un idiota agachando su cabeza con pena.

Inuyasha se golpeó en la cabeza. "Capitán, Myoga, Capitán!"

"Sí, Inuyasha-sa—ano, Capitán Inuyasha." Se recuperó rápidamente, frotando su nuca y mirando al hombre ligeramente confundido. Después de todo, había estado llamándolo 'Inuyasha-sama' la mayor parte de la conversación, así que no tenía sentido cambiar ahora de repente. "Myoga no está acostumbrado a este idioma."

Inuyasha miró al hombrecillo y respiró profundo antes de golpearlo en la cabeza con gentileza. "Han pasado años."

"Myoga lo siente." Se disculpó con la cabeza gacha, una señal de respeto en el país de su nacimiento.

Inuyasha suspiró fuertemente y frotó sus ojos. "Nunca más, entendido?" Inuyasha acercó al hombre a su rostro, haciendo un peligroso contacto visual. "Entendido?"

"Sí." Dijo Myoga en una temblorosa voz. "Myoga lo siente de verdad." Añadió mirando a Inuyasha con ojos suplicantes.

Inuyasha suspiró y perdió su agarre en la ropa de Myoga. "Está bien," dijo separándose de su criado de toda la vida. "Sólo no dejes que suceda de nuevo."

A una distancia, Miroku, Sango y Kagome se encontraban completamente confundidos por el dialecto de Myoga, la reacción del Capitán y la brusca retirada con el hombre.

"Qué idioma fue ese?" Preguntó Kagome a los dos a su lado, sus ojos abiertos ante las extrañas palabras.

"No lo sé." Respondió Miroku, sus ojos también abiertos. "Sé que los he escuchado hablarlo antes pero—nunca he preguntado."

"Qué quieres decir con que nunca has preguntado?" Dijo Sango en tono encubierto mirando sorprendida a Miroku. "Has pasado diez años aprendiendo de él, has sabido todo lo que sabe, verdad?"

"No he aprendido todo todavía." Respondió él, sus ojos aún enfocados en el Capitán. "Dejamos las lecciones hace un año y aun entonces dijo que tenía más cosas que enseñarme si quería aprender."

"Entonces estás diciendo que todavía tiene cosas que enseñarte?" Inquirió Sango tocando su brazo. Kagome miró también, su propia curiosidad difícil de igualar.

"Sí, no creo que aprenda todo lo que él sabe." Miroku miró a Inuyasha con una insondable adoración que Kagome sintió crecer su propia adoración. "Soy solo humano, después de todo."

"Vamos." Inuyasha los llamó y comenzó a dirigirse hacia la rampa inesperadamente.

Miroku y Sango salieron de su veneración y caminaron hacia el hombre, pero Kagome permaneció en su lugar. Miroku había sido aleccionado por el Capitán, lo había escuchado antes pero aun así. Miró a ambos hombres mientras sus preguntas aumentaban diez veces. Realmente no conocía mucho de ellos pero si preguntaba le dirían y si lo sabían querría saber?

"Srta. Dresmont?" La llamó el Capitán.

Ella lo miró asustada. No le había dirigido una palabra desde que la había dejado con Sango ayer y ahora estaba dirigiéndose a ella, sus ojos enfocados en ella. Miró en esos ojos y esperaba que pudiera aprender de ellos. Se encontró hechizada, quería saber todo, quería saber qué tipo de hombre era.

"Soy mejor que eso."

El incidente con Myoga había probado que tenía un corazón, y había demostrado inteligencia también porque sabía al menos dos idiomas y sabía de protocolo y modales sociales y de sociedad. Parecía tan diferente de los piratas promedio, incluso del hombre promedio. "Quiero saber qué tipo de hombre eres," concluyó Kagome en su mente. "Tengo que saber."

"Srta. Dresmont?" Dijo de nuevo, esta vez algo de molestia mostraba su rostro. "Va a venir?"

Ella se encogió levemente. "Ir a dónde?"

"Con nosotros, al puerto." Dijo él su rostro mostraba algo de irritación. "O esperaba otro lugar?"

El tono de su voz la molestó, rompiendo la anterior buena impresión del hombre en frente de ella. "A dónde más iríamos?" Respondió ella arrogante comenzando a caminar, su malestar con el hombre le dio coraje.

Inuyasha resopló cuando lo alcanzó y se inclinó, su expresión una de casi descaro. "Podríamos ir a mi habitación, sé cómo complacer a una mujer." Le sonrió forzado y levantó sus cejas sugestivamente. "A menos que estés muy asustada, niñita?"

Kagome se calló, rabia emanaba de su corazón—pura rabia—todo lo que había pensado de él, todas sus opiniones cambiantes parecían derrumbarse a su alrededor. Miró su rostro sonriente y sintió la dominante necesidad de arañarlo con sus uñas pero entonces, para su sorpresa la voz de su madre de hace mucho tiempo entró en su mente.

"Una dama no debe actuar llevada por la rabia, la violencia no está en su vocación; sin embargo, si eres verbalmente asaltada chérie, estás en tu derecho de usar tu lengua como arma. Recuerda, una lengua bien usada es tan afilada como una espada."

"Gracias Madre," pensó Kagome en silencio mientras su mente rápida formulaba su estrategia de ataque, sabiendo que tendría que golpearlo rápido y bajo pero cómo? Kagome escondió un trago de saliva, sabía exactamente cómo. "Tendré que darle lo que menos espera."

Pero era capaz de eso? La joven de diecisiete años era capaz de hacerlo reaccionar a ella, en la forma en que ella estaba reaccionando a él? Cerrando sus ojos por un segundo, fingió su rabia para comprarse algo de tiempo, se obligó a recordar todo lo sexual que había visto del Capitán así como de Sango y Miroku quienes con frecuencia eran afectuosos y juguetones en público (o al menos lo habían sido toda la mañana). Aun, podría hacerlo, podría verse como el Capitán ayer, como Sango cuando Miroku besaba su cuello, como Miroku cuando Sango le daba esa amplia sonrisa con ojos encapuchados? "Puedo hacerlo?" Kagome inhaló un profundo respiro para calmarse, "Tengo que intentarlo."

Kagome se permitió sonreír con esa idea, le permitió a sus ojos cerrarse a medias como Sango lo hacía, la forma en que parecía hacer feliz a Miroku. Entonces, paseándose lentamente como había visto a Sango hacerlo, dio un paso hacia el Capitán, esperando que más allá de toda esperanza no se viera ridícula. Una ráfaga de confianza la invadió cuando vio el incómodo cambio en la postura del Capitán, estaba inclinándose ligeramente hacia atrás, sus cejas juntas mientras Kagome trataba de hacer brillar sus ojos en la misma forma que los suyos cuando la había mirado el día anterior. Pudo ver por el rabillo de su ojo la mirada de shock en las caras de Sango y Miroku y su sonrisa se tornó divertida mientras se acercaba más al Capitán Inuyasha, su propia valentía la sorprendió, sus propias acciones la atraparon con la guardia baja.

"Qué estoy haciendo?" Se preguntó en su propia cabeza mientras miraba al Capitán de arriba abajo, notando la distintiva forma en que su rostro se retorció mientras se ponía visiblemente incómodo. "Yo hice eso?"

La idea tomó el control de la cabeza de Kagome, ella había causado esa mirada de sorpresa en su rostro? Lo había atrapado con la guardia baja al avanzar, en vez de retroceder? Era capaz de hacerlo retroceder al día anterior? Kagome tragó saliva ante la idea, esperando más allá de la esperanza que lo que estaba a punto de hacer funcionara.

"Basta! No sabes lo que estás haciendo, solo harás el ridículo." Repetía la voz de la razón en su cabeza pero la ignoró. No iba a ser atropellada, no iba a ser tratada como una niñita inocente. "No seré una marioneta con la que puedes jugar."

Tal vez era adrenalina lo que estaba encendiéndola, tal vez era la innata necesidad de probar que no era una niñita con quien pudiera jugar, lo que sea que fuera—Kagome Dresmont estaba sorprendida consigo misma mientras se movía, no sabiendo que era capaz de sus propias acciones. No reaccionó a su propia sorpresa, mientras alcanzaba y retorcía una de sus orejas de perro.

"Bueno, entonces Capitán Inuyasha." Dijo ella en una voz embriagadora mientras se inclinaba contra él, presionándose ligeramente contra su costado de la misma manera que él se había presionado en ella ayer. Observó mientras los ojos del Capitán parecían nublarse esperando que fuera un gesto sexual, supuso que lo fue por la forma en que parecía tensarse y apretar sus dientes. "Si es tan bueno complaciendo a las mujeres." Dijo ella y escuchó el jadeo de Sango y Miroku tras ella. "Entonces complázcame." Susurró presionándose más cerca, su cuerpo enrojecido, su corazón acelerado, cada nervio reaccionando a él justo como el día anterior pero ninguno igualaba su fuerte voluntad.

"Srta. Dresmont?" Dijo el Capitán, ella podía sentir su cuerpo reaccionando a ella. Kagome sintió todo su cuerpo hormiguear ante la sensación y también ante la mirada en la cara del Capitán. Sus ojos estaban bien abiertos, su boca ligeramente abierta y estaba inhalando bocanadas rápidas y cortas.

"Yo causé eso?" Preguntó intentando ignorar el orgullo creciendo dentro de ella. Sonrió—esta vez una verdadera sonrisa forzada de completo orgullo y determinación. Se sentía bien, se sentía grandioso en realidad. Era extraordinario saber que podía afectarlo tanto como él la afectaba. "Ves eso Capitán." Se dijo mientras preparaba la última parte de su plan. "No soy una niñita con la que puedes meterte, verdad?"

Con esa última idea, alcanzó y tiró de su oreja hasta su nivel, usando la única arma que le habían enseñado a usar mientras gritaba en su oreja. "Complázcame dejándome en paz, maldita sea!"

Con eso soltó su oreja y se alejó caminando, en total y completo shock de que en realidad hubiese tenido el valor para hacer lo que hizo. Pero al mismo tiempo—estaba absolutamente orgullosa de ella. "Toma eso, Capitán." Murmuró dirigiéndose hacia la rampa sobre los muelles. "No soy solo una niñita, verdad?"

Inuyasha la miró con total incredulidad, su mentón casi golpeaba el piso del barco mientras bajaba la rampa lejos de ellos. Nunca la había escuchado maldecir así, nunca había pensado que sería capaz de exudar sexo de cada poro de su cuerpo, era una niña inocente, era joven y estaba confundida e insegura de su sexualidad y aun—lo había engañado—lo había encendido.

"Bravo, Kagome!" Gritó Sango mientras corría detrás de la chica, los dos hombres tras ella miraban con gran confusión.

Tragando fuertemente, Inuyasha parpadeó rápidamente y miró a Miroku. "Eso pasó?"

Miroku lo miró, sus propios ojos abiertos en confusión. "Qué parte?"

"Esa donde ella—qué demonios hizo?" Tartamudeó Inuyasha intentando recuperar el control de su cuerpo y su mente. Nadie nunca lo había hecho sentir así de nervioso.

Miroku se encogió de hombros y observó a las dos mujeres conspirar abajo. "No sé qué fue lo que hizo pero demonios que fue muy sexy."

Inuyasha gruñó y antes de saberlo, su lado demonio golpeó a Miroku en el brazo y se alejó con un resoplo, su lado humano completamente de acuerdo con la decisión de la sangre de demonio.

Algunos pies adelante de los dos hombres, Kagome miró hacia atrás, ignorando a Sango quien estaba efusiva a su lado por el ataque. Los ojos de Kagome veían con un propósito, buscando la figura de Inuyasha. Pero sus ojos no estaban buscando su rostro, no estaban buscando el producto de su victoria verbal (tan vergonzosa como fuera la idea)—no—aquellos ojos estaban buscando las orejas encima de su cabeza. Aun cuando había ganado, aun cuando había igualado sus palabras, incluso con todo eso pesando en su mente—lo único que podía pensar en realidad era en cómo se habían sentido esas orejas cuando las había tocado con su mano desnuda.

Habían sido más suaves de lo que había imaginado..

Fin del Capítulo

Dejen sus Reviews

-.-.-.-.-.-.-

Traducción de la oración en japonés:

Gracias. Estoy en deuda.