SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE

Por Inuma Asahi De

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desearían que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).

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Capítulo Trece:

Puerto España

Caminar por este puerto era como caminar en todo un mundo nuevo para Kagome. Las mujeres estaban vestidas como vagabundas, los hombres estaban vestidos como piratas y la mayoría de ellos estaban ebrios aunque apenas era media tarde. Habían personas fumando opio en las canales, otros fumando tabaco como chimeneas y juró ver a una mujer aceptando dinero de hombres para tocar sus senos—media moneda de plata por cada toque, gritaba la mujer.

El shock cultural fue suficiente para que Kagome caminara más cerca de Sango, toda su fuerza anterior fue olvidada en ese momento de absoluto shock. Se aferró al brazo de la otra mujer mientras observaba hombres pasándolos con pistolas colgando de sus ropas, mientras hombres corrían con sus espadas en mano o con jarras de diferentes bebidas alcohólicas. Miró al Capitán y a Miroku sintiendo consuelo en el hecho de que ambos hombres también cargaban muchas armas. Si alguien los atacaba tendrían una oportunidad de pelear.

Kagome se frunció internamente, "Tanto por no ser una niñita." Suspiró ella y observó a todas las personas rodeándola. Toda su anterior valentía se había disipado ante la vista de tantos matones en un solo lugar. Deseaba en realidad ser más valiente de lo que era, pero aparentemente Kagome Dresmont era una niña débil que necesitaba ser protegida en este extraño nuevo mundo. Kagome quiso patearse ante esa idea—ella era fuerte—sabía que era fuerte, sabía que no era sólo una niñita débil, se había probado momentos antes en el barco y aún, Kagome miró a su alrededor la tremenda cantidad de matones y hombres de malvada apariencia—la vista la hizo encogerse, estaba asustada.

Rodearon una esquina en la calle y llegaron a una hilera de tiendas. No había muchas personas en esta calle, la mayoría de ellas estaban en la calle principal del pueblo costero. Kagome observaba asombrada mientras caminaban hacia una tienda en particular. La señal era la de una flor que no reconoció.

"Miroku, quédate aquí afuera con la Srta. Dresmont y Sango." Ordenó Inuyasha caminando hacia la puerta.

Miroku asintió y fue a detenerse junto a las dos mujeres mientras Inuyasha desaparecía dentro de la tienda débilmente iluminada. Kagome miró alrededor y observó mientras varias personas los pasaban, algunas de ellas la miraban, otras los ignoraron completamente. Algunas de ellas parecían ebrias y otras parecían estar completamente desilusionadas mientras se tambaleaban e intentaban caminar. Kagome se presionó más cerca de Sango cuando una se acercó a las dos.

Ella se tambaleó ante el olor de su aliento; era como carne podrida y vegetales podridos mezclados en una horrible combinación. Sintiendo nauseas pensó que podría desmayarse hasta que Miroku empujó al hombre lejos de ellos, gritándole en español que se alejara. Era una de las pocas frases que podía decir con completa confianza.

Kagome escondió su rostro en la manga de Sango, su mente mareada con las cosas que estaba viendo. "Está bien Kagome," dijo Sango en una voz consoladora mientras envolvía un brazo alrededor de los delgados hombros de la joven. "No nos molestarán en tanto estemos con Miroku."

"Qué los detiene?" Preguntó Kagome mirando a la otra mujer no muy convencida.

"Reputación." Respondió Miroku recostándose contra la pared del edificio.

"Quieres decir tu reputación como pirata?" Kagome se separó de Sango ligeramente para poder mirar al hombre que era responsable de su protección en el momento.

"Exactamente," Miroku la miró complacido. "El Capitán es un hombre temido por la corona y por otros piratas. Nadie aquí se atrevería a meterse con él o conmigo, su primer oficial, por miedo a morir."

Kagome tragó y miró al suelo. "Él—el Capitán mataría personas por cruzarse con él?" Preguntó ella en una voz muy pequeña, como si temiera vociferar su pregunta.

"Podría," le dijo Miroku honestamente mientras miraba a la joven sintiendo un leve sentido de compasión. "Pero lo he conocido por diez años y nunca ha matado a alguien que no lo mereciera."

"Y qué clasifica como 'merecer'," preguntó Kagome mirando a Miroku y sintiéndose un poco más confiada, algo de su fuerza anterior regresó ahora que el choque cultural estaba disipándose. "Cómo podemos decir que un hombre merece morir y otro no, quién tiene ese derecho?"

Sango y Miroku se miraron mutuamente, ambos inseguros de cómo responder su pregunta. Después de todo ella tenía razón, quién tenía el derecho de castigar a un hombre, quién tenía el derecho de determinar si un hombre vivía o moría? Miroku respiró profundo y avanzó hacia Kagome, tocó su brazo gentilmente, haciéndola mover nerviosa. Retiró su mano y rascó la parte trasera de su cabeza, no queriendo que se sintiera incómoda con él.

"No creo que alguien pueda decir que tiene ese derecho, Srta. Dresmont." Dijo él gentilmente. "Pero las personas tienden a darse ese derecho. Lo hacen en el nombre de la justicia y además crean gobiernos y Reyes y Reinas, todo en el nombre de lo correcto y lo incorrecto, para que puedan tener el don de declarar la vida de un hombre y la muerte de otro."

Kagome lo miró, asimilando en silencio esta extraña y nueva filosofía.

"Como piratas esto nos pasa mucho. Somos declarados un problema pero," Miroku aclaró su garganta fuertemente. "Sabías que fuimos creados por la corona?"

"Creados por la corona?" Repitió Kagome como un pez fuera del agua.

"Sí, me han dicho muchos lobos de mar que hace mucho los piratas fueron creados por la corona para ayudar a controlar las aguas sin tener que pagarle a alguien para hacerlo. En otras palabras," dijo él con una ligera burla en su voz. "Los piratas, corsarios como los llamaban entonces, eran una especie de armada mercenaria, hasta que los monarcas decidieron que querían controlarlos. Los piratas pelearon y se liberaron del control nacional, y de la rabia las monarquías los declararon enemigos. Además, los piratas no pudieron regresar a tierra sin temer a la muerte porque las coronas creían que estaban en su derecho de declararnos dignos de morir."

Miroku terminó y miró a Kagome, intentando medir su reacción a esta información. La chica miraba al piso, sus ojos enfocados intensamente asimilando esta nueva información. "Entonces, la piratería fue creada por el reino, era un servicio gratuito para la corona?"

"Sí, para muchas coronas, Inglaterra, España, Italia, Grecia, todas crearon piratas para su propio beneficio y cuando no funcionó como querían—decidieron declararnos enemigos de sus reinos."

Kagome no estaba segura de cómo tomar esta información, debería creerlo viniendo de una persona que le había mentido tanto? Miró a Miroku, sus ojos concentrados en él, buscando alguna señal de deshonestidad, desde su lugar no pudo ver ninguna. De hecho, sus ojos se veían dolidos por la información, como si tampoco pudiera creer que fuera verdad.

Kagome desvió la mirada de Miroku y se preguntó por qué la corona le haría tal cosa a hombres que solían servirles, era injusto, estaba mal—eso si fuera cierto. Antes de poder pensar más, el Capitán Inuyasha salió de la tienda, una gigante sonrisa en su cara mientras miraba a Miroku.

"Adivina cuánto vamos a ganar por las amapolas?" Dijo él, sus ojos felices como los de un niño en Navidad mientras se acercaba a Miroku. "Adivina."

"Una pieza de plata por libra." Votó Sango desde su lugar para sorpresa de Kagome.

"De ninguna manera," murmuró Miroku y llevó una mano a su cara pensando. "Media pieza de plata por libra." Respondió él.

"Eso es bajo." Respondió Sango y miró al Capitán expectante.

El Capitán estaba mirándolos alegremente. "Ninguno se acerca." Respondió feliz mientras sus ojos se tornaban más infantiles.

"Sobre qué están apostando?" Preguntó Kagome confundida desde su lugar junto a Sango. De nuevo estaba aferrada a las mangas de la otra mujer. No estaba segura por qué pero una parte de ella estaba asustada de ver a Inuyasha, aun si su anterior demostración hubiese sido fuerte y confiada, ahora estaba sintiendo las consecuencias de eso—se sentía severamente cohibida de solo mirarlo. "Dios, Kagome, tranquilízate!" Se dijo antes de soltar el brazo de Sango y separarse, orgullosamente, si no, un poco nerviosa.

"El precio por las semillas de amapola que tenemos." Respondió Sango mientras continuaba pensando en el posible precio que Inuyasha podría haber conseguido.

"Qué es tan importante de las semillas de amapola?" Preguntó Kagome en voz alta mirando de Miroku a Sango.

Inuyasha la miró por el rabillo de su ojo y respondió por sus amigos. "Son usadas para hacer opio." Dijo franco.

Kagome lo miró incrédula. "Están vendiendo semillas para opio?"

Él asintió y se recostó contra la pared de la tienda. "Las encontramos en un barco de la Armada que iba a Inglaterra, las tomamos y ahora estamos vendiéndolas. Podemos hacer mucho dinero."

"Esperen." Kagome frunció sus cejas cruzando sus brazos sobre su pecho desafiante. "Estaban en un barco de la Armada?"

"Síp." Dijo Miroku y miró a Kagome, sus ojos tristes con la verdad. "La Armada no es tan buena como quieren que pienses."

Kagome frunció ante esta información y miró con tristeza el suelo. No estaba segura qué pensar sobre esto, siempre le habían dicho confiar en la corona, confiar en su marina, confiar en su armada, esas cosas estaban diseñadas para protegerla y aun—eran mentirosos más grandes que los piratas rodeándola? Miró a estas personas, se habían disfrazado como la Armada para reparar su barco en un puerto, habían pagado por todos sus bienes, no le habían hecho nada a las personas de Port Royal excepto destruir las horcas como Sango le había dicho, y estuvo de acuerdo con su destrucción. Colectivamente, esas personas no habían hecho algo tan malo y aun así eran los condenados. Sí, no deberían robar o saquear pero si no tenían otros medios para sobrevivir entonces qué se supone que deberían hacer?

Kagome recordó leer alguna vez una cita de la gran Reina Victoria. "Quién hace al huérfano en la calle, quién lo hace robar pan? Es el hombre que no lo aloja, el hombre que no lo alimenta, nuestra monarquía era ese hombre y no hemos hecho nuestro trabajo, así que no tenemos derecho a castigarlo."

Kagome sacudió su cabeza completamente confundida, sintiendo como si todo su mundo se estuviera poniendo patas arriba a su alrededor.

"Y entonces, cuánto obtuvimos?" Preguntó Miroku desviando la atención de ella, dejándola con sus pensamientos.

"Cuatro piezas de oro por libra!" Declaró Inuyasha y Kagome quedó atrapada en un baile de celebración con los otros.

Desde su lugar junto a Sango fue incluida en un abrazo entre Sango y Miroku que terminó rápidamente. Jadeando, observó mientras Miroku corría hacia el Capitán y lanzaba sus brazos para rodearlo con una fuerte carcajada.

"Es así de bueno?" Le preguntó Kagome a Sango mientras la otra mujer reía ante los dos hombres que se abrazaban.

Sango se giró hacia ella con ojos llenos de felicidad. "Es grandioso. Tenemos como veinte libras de esa cosa en el barco, veinte libras Kagome!" La mujer la abrazó fuertemente. "Vamos a hacer casi ochenta piezas de oro!" Sango se giró hacia Miroku, sus ojos abiertos con emoción.

El hombre la miró, su sonrisa adornaba su rostro. "Puedo comprarte un anillo." Dijo él con un profundo respiro y una amplia sonrisa.

Sango se dirigió hacia Miroku abandonando a Kagome mientras se lanzaba a los brazos de Miroku. El hombre rió y la abrazó fuertemente. "Voy a tener un anillo!" Gritó ella besando a Miroku. "Que sea de oro."

"El mejor oro." Dijo Miroku con convicción.

"Y un rubí." Enlistó Sango. "Y dos diamantes, no unos pequeños, unos grandes."

"Sólo lo más grande para ti." Respondió Miroku y los dos se besaron de nuevo.

A un costado, Inuyasha le sonrió a los dos. Miroku había estado ahorrando durante los últimos dos años para darle un anillo a Sango. Aunque solo estaban casados bajo la autoridad de Inuyasha (o al menos estaban casados bajo el mandato de la ley del Capitán) Miroku nunca había podido darle un anillo de bodas humano como un verdadero símbolo de que estaban casados. Ahora, con su pago por la venta de las semillas de amapola, podría permitirse el mejor anillo para ella.

Kagome observó la emoción entre los dos, nunca había visto una pareja tan emocionada por tener un anillo de bodas. Miró su dedo desnudo, su anillo de compromiso nunca fue hecho para ella, así que nunca usaría un anillo—extrañamente—observándolos a los dos, se sintió desilusionada. Quería tener un anillo pero más que eso, quería tener un anillo que le causara la misma emoción, un anillo que la hiciera tan feliz como a Sango y Miroku.

Ella miró el feliz rostro del Capitán—su cara se sonrojó.

"Bueno, ustedes dos," llamó Inuyasha y rio mientras los dos se besaban de nuevo. "Aún tenemos más cosas que vender. El tabaco también puede venderse por un buen precio."

"Olvida el rubí, quiero una esmeralda." Dijo Sango sin preámbulo. "Si vamos a tener más dinero puedes costear una esmeralda."

Miroku rió y esta vez besó su mejilla. Era lo más dulce que Kagome hubiese visto. "Te compraré lo que quieras." Dijo él. "Incluso te compraré un collar a juego."

"Gracias!" Chilló Sango abrazándolo fuertemente del cuello.

Miroku rió y luego se separó, apuntando un dedo hacia el Capitán. "Gracias a las habilidades de negociación del Capitán."

Sango miró a Miroku y luego al Capitán. "Gracias." Le dijo ella al Capitán y se precipitó hacia él, para sorpresa de Kagome.

La mujer abrazó fuertemente al Capitán, sujetándolo tan fuerte que Inuyasha en realidad se veía incómodo mientras le devolvía el afecto. "Sango." Dijo él. "Esto en verdad se ve extraño, un hombre sobre emocional abrazando a otro hombre." Tocó su ropa para resaltar su punto.

"Estuviste bien cuando estaba besando a Miroku y eso es mucho peor que un hombre sobre emocional abrazando a otro hombre." Bromeó y se separó secando algunas lágrimas de sus mejillas. "Estoy tan feliz, tus negociaciones nos dieron el dinero y yo—estoy tan agradecida de que seas mi Capitán."

Inuyasha asintió y le sonrió a la joven. "Yo estoy agradecido de que ese cachorro encontrara a una chica como tú."

"Oye!" Miroku marchó hacia los dos y sacudió su puño. "No soy un cachorro."

Inuyasha dejó escapar una pequeña carcajada y agarró a Miroku abrazándolo hacia su costado. "Cachorro, mi cachorro."

Miroku se tornó rojo y se separó. "Basta, estás avergonzándome."

Inuyasha rió más fuerte y haló más a Miroku. "Me haces un viejo orgulloso."

"Suelta!"

Desde un costado, Kagome observaba paralizada, confundida y desconcertada por el intercambio entre los dos hombres. Parecían tan cercanos, como una familia. Miró al Capitán mientras llamaba a Miroku cachorro una y otra vez. Kagome recordó de sus estudios sobre la cultura de los demonios con su padre que todos los demonios estaban muy conectados a su lado animal y que algunas veces eso llevaba a la forma en que se dirigían a la gente. Por ejemplo, llamaban perras a las mujeres en una sociedad de demonios perro porque ese era el término para un perro hembra. O llamaban a sus hijos cachorros, donde los demonios zorro los llamaban zorritos y en los demonio gato, gatitos.

Esta idea era muy extraña para Kagome, si el Capitán estaba refiriéndose a Miroku como un cachorro tenía que significar que el Capitán veía a Miroku como su hijo de una u otra forma. Miró a Sango quien estaba besando la mejilla de Inuyasha—una punzada de celos entró en su corazón por un segundo pero se desvaneció cuando Sango se separó y muy claramente llamó a Inuyasha, papá.

Inuyasha rió y alejó a la joven juguetonamente, un leve rubor en su cara. "No me llames así." Rió más fuerte. "No soy papá de nadie, y nunca lo seré."

Sango sonrió ante el comentario y rodeó el brazo de Inuyasha. "De acuerdo, entonces hermano mayor."

Miroku sonreía también y Kagome observaba con ojos perplejos y afectuosos. Nunca había visto una familia así de feliz y cercana. La familia en la que había crecido se odiaba entre ellos en comparación a esta. Habían sido fríos y se preocupaban de los modales, la propiedad y la etiqueta. Nunca se habían abrazado o besado ni eran felices.

Kagome miró al suelo—sería tan malo ser parte de esta vida? Miró al Capitán, su mente haciéndose la pregunta eterna—qué tipo de hombre era él? La forma en que sonreía ahora, la manera en que reía, la forma en que Miroku y Sango se conectaban con él. Podría ser, que fuera un buen hombre como había dicho Sango, podría ser que fuera un hombre agradable, podría ser que simplemente había hecho lo que necesitó hacer para protegerla? Kagome estaba comenzando a creer más y más que ese era el caso.

Cerró sus ojos sintiendo lágrimas llenar sus ojos—nunca había estado tan insegura de algo en su vida, nunca había estado tan completamente perdida, insegura y perpleja. Olvidando las lágrimas miró de nuevo al grupo justo a tiempo para ver a Sango acercándosele.

"Nos dirigimos a nuestra próxima parada," le informó Sango pero se detuvo ante la vista de las lágrimas en sus pestañas. "Estás bien?"

Kagome forzó una sonrisa y asintió. "Sí, supongo que sólo estoy un poco atrapada en el momento."

Sango le dio una extraña mirada pero tomó su brazo para dirigirse en la dirección del Capitán y Miroku. "Tenemos que vender algunas otras cosas y luego iremos al barco a distribuirlo. Mañana recibiremos nuestros pagos, tendré un anillo y tú tendrás una cama."

Kagome asintió y trató de sonreír pero encontró que su sonrisa escondía por dentro una ola de confusión.

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La mañana siguiente llegó y después de otra noche de sueño en la habitación de Sango y Miroku, Kagome se encontraba caminando de nuevo junto a Sango en el corazón de Puerto España. Era un lugar fascinante donde se obligaba a enfocarse en las diversas razas de diferentes tipos de personas, en vez de la enorme cantidad de actividad ilegal alrededor y la desconcertante cantidad de hombres que fácilmente podrían violarla o matarla.

La simple idea hizo a Kagome tomar un respiro profundo y tranquilizador, no podía asustarse, no aquí. Miró a los hombres rodeándola y notó las diferentes armas que tenían en mano. La mayoría de ellos estaban cargados con pistolas; algunos tenían largos cuchillos visibles desde los bordes de sus botas. Miró al frente al Capitán y a Miroku revisando inconscientemente para ver si estaban tan bien armados como ayer. Suspiró cuando se dio cuenta que parecían mejor armados hoy, "Gracias a Dios."

Sintiéndose ligeramente más segura, miró la forma en que ambos hablaban tranquilamente, completamente imperturbados por los peligrosos hombres que los rodeaban. Kagome solo podía suponer que era porque también eran hombres excepcionalmente peligrosos.

Mirando por el rabillo de su ojo, notó que Sango parecía igual. Sango parecía despreocupada del peligro, despreocupada de los hombres rodeándolos pero de nuevo—Kagome miró su ropa—Sango parecía un hombre. Ella tocó su propio cabello corto y miró su propia ropa masculina solo para suspirar—también se veía como un hombre. Esa debía ser la razón de que no las hubiesen molestado todavía. Ninguno de esos hombres sabía que eran mujeres, incluso ayer los hombres del puerto no lo habían podido decir.

Eso le produjo un poco de alivio a su corazón. No sería molestada en tanto se viera como un hombre. Suspirando se sintió un poco más valiente y se separó de Sango ligeramente, permitiéndole a la mujer suficiente espacio para caminar sin obstáculos. "Es igual que ayer, exactamente igual." Se dijo mientras caminaba por sí misma, esperando verse como un hombre cuando caminaba. Sango la miró y sonrió mientras continuaban siguiendo al Capitán y a Miroku.

"Ves, no es tan malo." Le dijo Sango en voz baja. "Nadie sabe que somos mujeres. Incluso los demonios."

"No había pensado en los demonios!" Kagome abrió sus ojos con leve pánico. Los demonios eran diferentes a los hombres humanos, los demonios podían ver a través de cosas como un cabello corto y la chaqueta de un hombre. "No nos huelen?"

Sango resopló. "Incluso aquellos que pueden no van a tomarse el tiempo." Ella señaló hacia unas pocas mujeres cuestionables en la esquina de una calle. "Cuando tienen qué mirar."

Kagome asintió y miró alrededor en el puerto, notando a las mujeres. Estaban vestidas en ropa barata, el rojo el color predominante, sin usar chales y vestidos que tenían las partes altas descubiertas en el pecho permitiéndole a sus senos abultarse sobre la prenda. "Esas mujeres," le susurró a Sango señalando a unas cercanas. "Son prostitutas?"

Sango asintió sombríamente mirando a las chicas, si no hubiese sido por el Capitán y Miroku había una buena posibilidad de que ella hubiese terminado como una de ellas, vendiendo su cuerpo como un objeto dañado.

Kagome miró a las mujeres y sintió una horrible idea entrar en su cabeza. Ahora ella era como esas mujeres? No era mejor que las rameras comunes? Miró al Capitán y tragó mientras llevaba su mano a su cuello, sintiendo la marca a través de la prenda en su hombro. Era una mujer reclamada, era la perra del Capitán contra su voluntad. Mordió su labio y miró al suelo, deseando que su cabello fuera lo largo suficiente para cubrir su rostro. "Sango," dijo en voz suave aun con la mirada gacha. "Nosotras—" sintió su cuerpo tensarse. "Somos como ellas?"

"No," dijo Sango rápida y firmemente. "No son nada como nosotras y nosotras no somos nada como ellas." Se giró hacia Kagome, sus ojos intensos. "Ellas son mujeres caídas que tienen sexo por dinero, nosotras," señaló entre ella y Kagome. "Mujeres que vivimos libremente en un barco pirata."

Kagome sintió algo de su inocencia abandonarla en ese momento mirando a las mujeres de los muelles. Observó mientras envolvían sus brazos intencionalmente bajo sus senos para hacerlos ver más grandes, observó mientras levantaban sus faldas mostrando sus piernas, observó a los hombres acariciarlas, observó a las chicas reír sin alegría, observó mientras subían y bajaban sus manos por los cuerpos de los hombres, pero mayormente observó sus rostros. Sus ojos eran vacíos, sin vida, vacíos de felicidad pero llenos hasta el borde con desprecio, eras los ojos de personas que deseaban morir.

"Siento pena por esas chicas." Dijo Sango inconsciente de los pensamientos de Kagome. "Yo nunca podría hacer lo que hacen ellas."

"Pero—" Kagome se detuvo de completar su idea en voz alta.

"Pero qué?" Sango la miró expectante, como si la desafiara a decir lo que había intentado.

Kagome miró al suelo y respiró profundo. "No somos no mejores? Servimos a hombres." Señaló hacia el Capitán y Miroku. "Y no tenemos opción."

Sango dejó de caminar y agarró el brazo de Kagome haciéndola detener. Kagome miró a Sango sorprendida cuando la otra mujer la miró directo a los ojos. "Yo siempre he tenido una opción. Tú tienes una opción. Estoy con Miroku porque lo amo y él me ama, y esa es la única razón." Dijo ella con fuerza. "Miroku nunca me forzó o me pagó, y el Capitán," inhaló un profundo respiro. "Él nunca te llevaría a la fuerza a su cama. No es por eso que estamos hoy en el mercado?"

Kagome no dijo una palabra, sólo miró al suelo contemplando las palabras de Sango.

Sango asintió y sonrió viendo esa mirada cruzar el rostro de Kagome—una mirada de comprensión. "Nosotras no somos esas mujeres, Kagome." Ella señaló hacia las prostitutas. "Tenemos control sobre nuestros hombres. No somos un juguete. Y el Capitán y Miroku, lo saben, nos respetan aunque no lo parezca."

Kagome no pudo evitar la extraña risa que retumbó en su garganta, una sarcástica. "Respeto? No sé de Miroku pero el Capitán no me respeta en absoluto."

"De verdad, es así?" Sango la miró, sus ojos firmes, casi severos mientras miraban a Kagome.

Kagome se movió incómoda, Sango nunca la había mirado así, ella nunca la había mirado como si estuviera mirando directo al alma de Kagome. Kagome desvió su mirada incapaz de mirar a Sango a los ojos.

"Eso es lo que pensé." Dijo Sango haciendo que la cabeza de Kagome se levantara y la mirara. "Sabes que es verdad, Kagome, el Capitán nunca te forzaría a hacer algo contra tu voluntad y lo sabes."

Kagome miró a Sango con ojos iluminados cuando el recuerdo de su primer día en el barco pirata volvió con total fuerza. La mordida en su hombro, la lujuria en los ojos del Capitán y las palabras que había dicho:

"Nunca te haría hacer algo contra tu voluntad." Declaró suavemente. "Soy mejor que eso."

Pensando en eso, incluso ahora estaban en el mercado porque el Capitán estaba haciendo un esfuerzo directo para separarlos mientras dormían. Iba a darle, su propia cama para que no tuviera que preocuparse por acciones inapropiadas pero todavía viviría en la protección de la habitación del Capitán. Sango le había explicado que la marca sería ignorada si dormía sola en el barco y fuera del rango de su reclamador.

Aun, esto indujo preguntas para Kagome. Él la había reclamado con su marca entonces por qué no solo la tomaba? Aparentemente estaba en su derecho de acuerdo a la cultura de los demonios—incluso la cultura humana en lo que se refiere al barco pirata. Entonces por qué? Por qué no estaba siendo tratada como esas otras mujeres, qué era tan diferente entre ella y ellas?

Kagome miró a las prostitutas y notó que una de las chicas estaba mirando en su dirección, sus ojos estaban vacíos y sin vida cuando encontraron los vibrantes de Kagome. Se miraron mutuamente por largo rato, el hombre sobre ella estaba besando su cuello, chupándolo, un gesto íntimo que la joven no parecía notar. Kagome mordió duro su labio mientras los ojos de la chica penetraban profundo en su alma—ella terminaría como esa mujer? Eventualmente el Capitán la tomaría contra su voluntad como lo había insinuado brevemente?

Kagome desvió sus ojos de las chicas y buscó por el Capitán necesitando ver su rostro, necesitando que sus preguntas fueran respondidas, solo para entrar en pánico cuando se dio cuenta que no estaba por ningún lado. "Sango, dónde está el Capitán?"

La joven la miró asustada y se giró hacia donde Miroku y el Capitán habían estado minutos antes, solo para ver desde su lugar a un hombre muy borracho viniendo hacia ellas. Kagome se escondió detrás de Sango, las dos mujeres juntas, esperando crear un frente unido para que el hombre las dejara en paz. No tuvieron tal suerte.

Él les sonrió, le faltaba la mayoría de sus dientes o estaban ennegrecidos mientras sostenía una botella de whisky en sus manos. "No tienen arma, huh?" Lamió sus labios resecos. "Quieren pelear?" Rió ante sus propias palabras y alcanzó por Kagome automáticamente.

Kagome chilló cuando el hombre la separó de Sango con fuerza, arrastrándola a su lado. Miró en shock su cara cuando le sonrió, el olor a alcohol era fuerte en su aliento. Sus cejas se fruncieron mientras la analizaba.

"Qué linda cara." Dijo él lamiendo sus labios. "Te follaría, hombre o no."

Todo el rostro de Kagome palideció mientras el hombre levantaba su mano y comenzaba a pasarla por su cabello, bajando por su cuello. En el proceso su brazo rozó su pecho y sus ojos se abrieron con deleite. Ella sintió todo su cuerpo convulsionar con temor cuando su mano subió y tocó su seno izquierdo, amasándolo ligeramente con su mugrienta mano.

"No eres un hombre." Dijo él encantado mientras su mano apretaba dolorosamente haciendo gritar a Kagome.

"Suéltala!" Gritó Sango, saliendo de su propio shock. Se abalanzó hacia el hombre pero fue detenida por una mano que llegó de la nada aparentemente.

"Se supone que esta también es una mujer?" La voz de la mano fantasma habló cuando otro hombre salió a la vista. "No es muy honesto disfrazar sus hermosos cuerpos." Sonrió alcanzando el rostro de Sango.

"Suéltame bastardo!" Gritó ella forcejeando mientras comenzaba a sentir pánico, no por ella sino por la indefensa Kagome. Sabía que estaría bien, ella podría patear fácilmente el trasero de este hombre pero Kagome—estaba indefensa.

Miró alrededor apresuradamente, dónde estaban el Capitán y Miroku? No estaban por ningún lado, se habían alejado inconscientemente cuando ellas se habían detenido a hablar de las prostitutas.

"Estamos solas." Su voz interna anotó en completo temor observando a Kagome, tendría que actuar rápido—muy rápido.

"Por qué cortaste tan corto tu cabello?" Preguntó el hombre rozando suavemente su mano por la mejilla de Kagome. "Apuesto que antes eras una cosita muy linda."

Kagome retrocedió intentando alejarse de sus sucias manos, lágrimas se formaban en sus párpados mientras temblaba, todo su cuerpo quería vomitar. Escuchó la voz de Sango al fondo y quiso desesperadamente liberarse y correr hacia la otra joven. Sango era más fuerte que ella, Sango era capaz, Sango probablemente sería capaz de soltarse. "Sólo soy una niñita, una niña débil! Por qué no puedo ser fuerte?"

Sango apretó sus dientes mientras observaba a Kagome comenzar a llorar, fue el límite que necesitó para liberar su adrenalina. Con un profundo respiro codeó al hombre en el estómago antes de darse la vuelta, agarrar su cabeza y estrellarla en su rodilla—rompiendo su nariz. Libre, se giró de nuevo hacia Kagome, preparada para correr al rescate de la joven pero antes de que pudiera acercarse al hombre y a Kagome, el Capitán se materializó en frente de ella.

Kagome sintió las repugnantes manos del hombre abandonar su cuerpo y escuchó el obvio sonido de carne conectándose con carne. Abriendo sus ojos, observó con sorpresa cuando el Capitán lanzó al hombre contra una pared cercana, una mano alrededor de su cuello presionaba la tráquea del hombre.

"Hijo de puta." Dijo el Capitán por lo bajo mientras empujaba con fuerza, la gema que siempre usaba alrededor del cuello brillaba irrealmente a la luz de la tarde mientras se balanceaba desde su chaqueta abierta. El hombre forcejeaba jadeando y gorgoteando intentando en vano retirar la mano en su cuello. "Cómo te atreves," espetó el Capitán en el rostro del hombre antes de echar atrás su puño y golpear al hombre directo en la nariz. "A tocar lo que es mío," de nuevo echó hacia atrás su mano, un poco de sangre de sus nudillos salpicó su camisa y la gema blanca haciendo que se tinturara de rojo. "Borracho bastardo!" De nuevo mandó su puño.

Kagome lo miraba en shock. Ella le pertenecía a él, el Capitán lo reconoció, entonces eso no significaba que era suya para hacer lo que le plazca? Inconscientemente pensó en la mujer que había visto en los muelles, sin importar lo que Sango dijera aun sentía una conexión con esa chica. Eran lo mismo; ambas tenían que obedecer a un hombre por miedo a lo que podría hacerles, por temor a una vida sin estabilidad.

Sus pensamientos se desintegraron cuando vio al Capitán golpear al hombre tan fuerte en la cara que un hueso se rompió a través de la carne. Instantáneamente, se giró cubriendo sus ojos pero no podía cubrir sus oídos mientras escuchaba el ruido de más huesos rompiéndose y el obvio sonido de sangre salpicándose. Un fuerte golpe la hizo girar sorprendida y observó con asombro mientras el hombre herido yacía en el suelo, su cara ensangrentada y uno de sus ojos cerrados de la hinchazón. Ella miró al Capitán y jadeó cuando notó el cambio en sus ojos, estaban coloreados con un rojo casi siniestro.

"Capitán." Susurró ella asustada, retrocediendo mientras el Capitán se acercaba al hombre tirado en el piso. Sintiéndose aún más nauseabunda, se dio la vuelta mientras el sonido del Capitán pateando al hombre alcanzó sus oídos. "Por favor," dijo ella sin pensar. "Por favor, detente." Cubrió sus oídos. "Detente!"

Inuyasha se paralizó cuando el sonido de la voz de Kagome hizo que la niebla en su mente desapareciera. Parpadeó varias veces antes de ver al hombre en frente de él, lo había perdido, notó Inuyasha, no lo había perdido así en años—no desde que era joven, muy joven. Llevó una mano hacia sus mechones y momentáneamente hundió sus dedos en su cabello. "Qué pasó?" Se movió hacia el hombre solo para detenerse ante el sonido de la voz de Kagome.

"Basta—"

"Srta. Dresmont?" Preguntó él girándose para mirarla, había caído de rodillas, sus oídos cubiertos y ojos cerrados. "Srta. Dresmont." Llamó otra vez sintiendo su corazón desplomarse hasta su estómago, la rabia lo inundó ante la vista de su cuerpo conmocionado. La mujer de ayer, la mujer que lo había desafiado sin miedo estaba en frente de él abatida y asustada y él había causado ese temor. "Mierda."

Kagome abrió sus ojos y levantó la mirada para verlo cuando escuchó su voz. "Por favor, basta." Dijo otra vez, sus ojos suplicantes. "No lo vale, por favor," lágrimas bajaban por su rostro. "No más."

Lenta realización cubrió a Inuyasha mientras recordaba lo que había pasado. Recordó la sensación de peligro golpear su corazón, recordó darse la vuelta buscando a la Srta. Dresmont, recordó entrar en pánico cuando vio que no estaba, recordó ver al hombre tocándola, y entonces todo quedó en blanco. Inuyasha tragó, su lado demonio había tomado el control en su rabia queriendo proteger y defender a su mujer. Inuyasha cerró sus ojos fuertemente, sus puños apretados a sus costados. "Estúpido," se dijo a sí mismo. "Estúpido!"

"Estás bien?" Preguntó antes de abrir sus ojos para mirarla arrepentido.

"Sí." Dijo en una pequeña voz y observó asombrada cuando los labios del Capitán se curvaron ligeramente pero sus ojos permanecían tristes. Por un momento pensó que lucía apologético pero tan pronto como lo pensó, sacudió su cabeza. "Un hombre como él no puede—" detuvo la idea, la incertidumbre pesaba en su corazón mientras lo miraba una vez más, sus ojos captaron la gema que colgaba alrededor de su cuello, la sangre del otro hombre goteaba en la camisa del Capitán. Se sintió hipnotizada por la sangre y por la gema misma, parecía haber algo extraño en esa gema, la forma en que el Capitán tocaba esa gema como si fuera una guía moral. No había querido darse cuenta pero de alguna forma lo hizo, "Él siempre la toca cuando está nervioso o inseguro." Parpadeó cuando levantó su mano para tocar la gema mientras sus pensamientos se desvanecían, sus dedos inconscientemente removieron la sangre moviéndolos sobre ella de una forma bien conocida. Mirando más arriba vio su rostro observando la oscuridad de sus ojos dorados mientras miraban el suelo, viéndose verdaderamente arrepentido. "Gracias." Ella escuchó las palabras salir de su boca pero no estaba segura de si las había dicho.

Los ojos del Capitán se abrieron sorprendidos ante sus palabras. "Yo," comenzó a decir pero fue detenido por Sango pasándolo hacia Kagome. La mujer envolvió sus brazos alrededor de Kagome abrazándola fuertemente.

"Oh, Kagome, lo siento—estaba distraída y yo—no vi venir a ese borracho." La mujer alisaba su cabello intentando darle algo de consuelo. "Estás bien?"

Kagome asintió pero sus ojos aún estaban enfocados en el Capitán cuya mano ahora había caído de la joya dejando pequeños rastros de sangre en su superficie. Por un segundo, se miraron mutuamente y luego se dio la vuelta para alejarse. Con los brazos de Sango apretados a su alrededor, Kagome se encontró concentrada en esa mirada de culpa y arrepentimiento que rápidamente había cambiado a shock cuando le había agradecido. Parecía tan sorprendido de que lo hubiese hecho y no podía culparlo. "Por qué lo hice?" Se preguntó mientras Sango continuaba llorando en sus oídos palabras de disculpa que apenas escuchaba. "Por qué le agradecí por semejante violencia?" No lo sabía, pero esa parte de él la asustó. Era violento, sus ojos eran aterradores. Esta era la parte de él que era el pirata malvado y sádico? La parte de él a la que debería temer, la parte de él que podría poseerla, la parte de él que la reclamó, la parte de él que podría violarla y matarla—usarla sexualmente como eran usadas las mujeres de los muelles?

O esto era algo más? Ella lo observó alejarse por unos segundos más antes de notar a Miroku en la vista. Se detuvo y miró al Capitán quien señaló tras él distraído. Los ojos de Miroku se iluminaron en las dos mujeres y vio el pánico en su rostro.

"Están bien?" Dijo Miroku mientras corría hacia ellas sin aliento. "Nos dimos la vuelta y habían desaparecido. Lo próximo que supe fue que el Capitán." Él alcanzó y tocó los mechones de Sango, el resto de su cabello escondido de sus dedos. "Gracias a Dios el Capitán reaccionó rápido."

Sango asintió mientras ayudaba a levantar a Kagome. "Fue mi culpa, no estaba prestando atención y me enceguecí."

Miroku sonrió, claramente aliviado. "Me sorprende que no fueran derribados por ti." Miró a los dos hombres que estaban inconscientes en la calle.

"Yo golpeé uno." Sango señaló al menos lastimado antes de hacer una mueca ante el de la cara pulverizada. "Pero el Capitán realmente lo golpeó duro."

"Nos vamos!" Llamó el Capitán desde unos pies adelante interrumpiendo a Sango y a Miroku—casi parecía intencional. Kagome miró su rostro y vio una mirada de irritación o al menos irritación cubierta de alarma.

"Ya vamos." Gritó Miroku mientras les indicaba a las mujeres que avanzaran.

Comenzaron a caminar de nuevo mientras Kagome miraba a los dos hombres en el suelo, el que Sango había incapacitado y luego el que el Capitán había golpeado implacablemente, ambos estaban exhibiendo narices rotas, aunque el que el Capitán había atacado se veía mucho peor. No estaba segura de cómo sentirse por el hombre que había golpeado el Capitán. De cierta forma, se sintió mal de haber causado tal reacción y que el hombre hubiese sido lastimado por ella. Aunque por otro lado, estaba contenta, contenta de que el Capitán hubiese llegado y la salvara—sin embargo—

Se detuvo, los tres compañeros se detuvieron para mirarla mientras se daba la vuelta y observaba a los dos hombres. Las personas estaban caminando alrededor, ignorando sus presencias en las calles como si fueran naturalmente parte de ello, como una banca o un faro de luz. Ningún hombre se movía, posiblemente por sus heridas o su intoxicación. De cualquier forma, Kagome sintió su corazón retorcerse con un dominante sentido de culpa ante la vista de ellos en el suelo.

"Siento que fueran lastimados tan gravemente." Dijo Kagome suavemente mientras Miroku, Sango e Inuyasha la observaban con ojos interrogantes. "Nunca quise que nadie resultara herido por mi culpa." Susurró ella con su cabeza gacha.

El Capitán la observó con ojos curiosos. Por qué estaba disculpándose con esos bastardos? Tenían cada intención de lastimarla, violarla y dejarla a un lado del camino hasta que muriera y estaba diciéndoles que lo sentía? Se sentía mal por haber sido golpeados? Era su culpa que fueran golpeados, no de ella. En verdad era así de inocente? Esta mujer en verdad era así de dulce y gentil? Por un momento su mente le mostró a la joven que había visto ayer—la joven que se había presionado contra él. Sacudió duro su cabeza, tal vez no era tan niñita después de todo.

"Espero que esto cambie sus modos." Kagome se giró hacia sus compañeros y miró al Capitán sorprendida de ver la mirada en sus ojos. Estaba mirándola con una mezcla de confusión y algo que no podía ubicar muy bien. Era una expresión que nunca antes había visto hacer a una persona. Parpadeó unas cuantas veces mientras sentía sus mejillas encendidas por su intensa mirada. Bajando la mirada a sus pies sintió un diferente tipo de tirón en su pecho. El Capitán la había salvado, había intervenido y la salvó, aun si no estuviera de acuerdo con él en golpear así a su atacante todavía significaba algo para ella: el Capitán había corrido en su ayuda sin pensar, lo cual tenía que significar algo, tenía. Tal vez este lado del Capitán no era algo que debiera temer, después de todo la había protegido.

Ella lo miró e hicieron contacto visual. Su corazón se aceleró, latiendo en su pecho, golpeando contra sus costillas. Tal vez, la violencia que el Capitán había mostrado fue inducida por su necesidad de protegerla, era alguien importante para él.

Kagome cerró sus ojos confundida. Por qué el Capitán había reaccionado tan violentamente? Debía ser porque quería protegerla fieramente. Y si ese era el caso, entonces, por qué quería protegerla? Era porque estaba protegiendo su propiedad o era porque quería protegerla a ella, alguien por quien se preocupaba. Kagome tragó—eso importaba de verdad? De cualquier manera la había salvado y estaba eternamente agradecida.

Mirando al Capitán escuchó su propia voz antes de poder contenerla. "Gracias de nuevo por detenerlos."

Inuyasha la observaba mientras hablaba suavemente y asintió, un rubor en sus pómulos. Esta vez nadie lo interrumpió. "Yo—yo, um." Se giró, su cara acalorada con su rubor. "Es mi trabajo." Optó por decir. "Protegeré lo que es mío." Con esas palabras comenzó a caminar alejándose de ella, su rostro lejos de su vista.

Kagome sintió su corazón punzar en su pecho. Qué significaba eso? Significaba que no era nada sino su propiedad, como las mujeres de la calle o había más que eso? La imagen de su rubor volvió a su mente. Tal vez eso significaba que la veía como algo digno de proteger porque le gustaba?

Kagome sacudió su cabeza, sus palabras y su lenguaje corporal estaban diciendo dos cosas muy diferentes. Con un profundo respiro comenzó a caminar con Sango sosteniendo su brazo. No mantendría altas sus esperanzas. Este hombre era violento, un pirata, un mentiroso, y un fraude—no podía confiar en él—no con algo tan delicado como su corazón.

En frente de ellos, Inuyasha estaba devanando en el hecho de que había dejado que alguien se le acercara. Lo enervaba y enojaba. En silencio, se maldijo y se puso en total alerta, no dejaría que nadie lastimara a la chica—ella era suya y de nadie más.

Mirando al suelo, Inuyasha se concentró en sus propios pensamientos, sabía que estaba en su naturaleza ser posesivo, estaba en su herencia de demonio, estaba en su sangre demonio y aun—miró atrás brevemente a la joven tras él, mirando su temblorosa apariencia. Una parte de él quería sostenerla en vez de Sango, una parte de él quería ser quien la consolara, todo de él quería que realmente fuera suya.

Inuyasha gruñó con frustración, culpando a la marca en su cuello por hacerlo sentir de esta forma. "Esa es la salida fácil." Murmuró para sí sabiendo que los otros no podrían escucharlo. Sabía que no solo era la marca. Las sensaciones que tuvo en Port Royal se filtraron en su corazón y supo que le gustaba pero, a ella no le agradaba. No le gustaban los piratas, lo había dicho mucho. Con un fuerte suspiro Inuyasha dio la vuelta en una calle y esperó a que los otros lo alcanzaran. Una vez estuvieron juntos, respiró profundo antes de hablar con Miroku. "Lleva a las chicas y compra el anillo de Sango, voy a ir a escoger las cosas para mi habitación."

La cabeza de Kagome se levantó ante las palabras. "Pensé que yo iba a escoger, son mis cosas después de todo."

Inuyasha le dio una extraña mirada. "Primero, es mi dinero así que yo lo hago." La apuntó con un dedo. "Y segundo, vas con ellos o vienes conmigo," levantó una ceja. "Sola."

Sola? Kagome sopesó la idea y lo miró, sería tan malo ir sola con él? Miró a Sango y a Miroku y supo que a los dos les gustaría escoger solos algo tan íntimo sin audiencia por ahí pero—no quería separarse de Sango.

La mujer la hacía sentir a salvo y no le importaba si se aferraba a ella. Al Capitán ciertamente sí. Y encima de todo eso, aun si no quisiera admitirlo, una parte de ella, una pequeña parte quería estar sola con él, quería tener las respuestas a sus preguntas. Kagome vio al Capitán en frente de ella, mirándolo—quién era él? Era el hombre que la había salvado o el hombre que cruelmente había atacado a otra persona en su nombre? Era violento o era violento por una buena razón? O todo era una actuación. "Nunca voy a saberlo si no intento tratar de conocerlo." Mordió su labio. "Voy a estar con ellos por mucho tiempo, así que qué puedo perder al tratar de conocerlo?"

Tomando una rápida decisión, se soltó de Sango y caminó valientemente hacia el Capitán. "Iré contigo." Declaró ella, esperando que su voz no sonara tan temblorosa como debió.

"Bien." Dijo sorprendido y miró a los otro dos. "Los veremos en una hora. Nos encontramos en los muelles?"

"Nos vemos." Respondió Miroku antes de tomar la mano de Sango y caminar hacia un joyero que conocía del último viaje.

Miró tras él para ver a Kagome y al Capitán caminando en dirección opuesta, Kagome se veía pequeña y tímida mientras permanecía tan cerca al Capitán como podía; su cuerpo a un pie del hombre mucho más alto. Suspiró; era como observar un ratón con un león.

"Crees que sea una buena idea?" Preguntó Sango a su lado mientras miraba a la pareja alejarse.

"Nop." Respondió él. "Pero al menos vamos a estar solos."

Sango torció una ceja y frunció. "Pero a qué costo?"

Miroku frunció y se encogió de hombros. "Sabes que está a salvo con él, la protegerá."

Sango asintió e inhaló un profundo respiro. "La protegerá de sí mismo?"

"Podemos confiar en él," dijo Miroku con completa convicción. "Le gusta demasiado como para lastimarla."

"No es el dolor físico lo que me preocupa." Susurró Sango en respuesta, su mano en su corazón.

Él miró a Sango, estudiándola mientras observaba a Kagome desaparecer por una esquina. "Entiendo." Dijo Miroku mientras tomaba su brazo, girándola antes de comenzar a caminar en dirección opuesta, sosteniéndola como si estuviera vestida como una mujer.

Guardaron silencio, ambos perdidos en sus propios pensamientos—sin notar las extrañas miradas de las personas alrededor.

"Qué piensas que pasará?" Preguntó Sango suavemente después de unos minutos apoyando su cabeza en el hombro de Miroku, uno de sus brazos alrededor de su cintura mientras uno de los suyos descolgaba por sus hombros. "Quiero decir—esos dos allá en Port Royal, parecían—"

"Cercanos?"

"Íntimos." Enmendó Sango.

Miroku resopló. "Al Capitán le gusta, lo sé, puedo leerlo como un libro."

Sango jadeó con sorpresa. "Puedes leer?"

Miroku le dio una seca mirada y siseó mientras continuaba caminando, sus ojos fijos hacia adelante. "Por qué te amo?" Murmuró y ella rió antes de girar su cabeza para besar sus labios afectuosamente.

"Sodomita!" Gritó un hombre desde el otro lado de la calle.

Miroku se separó del beso volteando hacia el hombre. "Apuesto a que también te gusta por el trasero!"

La cara de Sango se tornó roja ante el comentario y golpeó a Miroku en el pecho. "Miroku." Castigó ella pero continuó.

"Apuesto que ni puedes hacer que un hombre te folle, mucho menos una mujer!"

"Ven aquí y repítelo, maldito Molly!" Respondió el hombre gritando.

"Ven aquí y escucha." Gritó Miroku también, su rostro enrojecido con frívola excitación ante el prospecto de contrariar a alguien. Después de todo, el Capitán había sido el único en descargar su rabia en los dos hombres que habían tratado de lastimar a Sango y a Kagome. Necesitaba dejar salir su propio vapor y esta era la liberación perfecta—después del sexo y no podría esperar para eso.

Tras él, Sango observaba secamente, preguntándose cuánto tiempo tomaría la pelea. Conociendo a Miroku serían solo unos minutos, aun—

"Mejor compro mi anillo, maldición." Murmuró ella y tomó asiento en un barril cercano para observar el siguiente espectáculo.

Fin del Capítulo

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Notas:

La Reina Victoria – he alterado el nacimiento de la Reina Victoria en este fanfiction por cien años. En realidad Victoria no nace sino hasta el 24 de mayo de 1819 pero en orden de sentarla en el trono de mi fanfiction la he hecho a ella y a la familia real demonios, y cambié su nacimiento al 24 de mayo de 1719, es la actual Reina de Inglaterra.

*También lo hice con Calico Jack y Charles Vane, aunque cambié sus muertes, 1720 y 1721, para que pudieran estar vivos lo suficiente para haber conocido a Miroku que no nació sino hasta 1764.

Las semillas de amapola son usadas para hacer opio, si quieren saber cómo busquen en Google, está todo. (No es que esté promocionando que lo hagan—solo es una sugerencia en caso de que sean curiosos como yo).