SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE

Por Inuma Asahi De

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desean que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).

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Capítulo Veinticinco:

Obsesiones

El sonido de aruños y el distintivo siseo de una vela llenaba la habitación del Capitán del barco Shikuro, la llama intermitente de la vela iluminaba dos figuras que actualmente se encontraban encorvadas sobre un escritorio, trabajando lado a lado entre el disperso desorden de pergaminos, plumas y frascos de tinta; la limitada luz de la vela siendo la única guía verdadera. Desde su lugar al lado de Miroku, Inuyasha estaba sentado, una pluma en mano, trazando su curso en el mismo mapa que había usado días atrás en presencia de Kagome Dresmont, quien estaba teniendo un 'tiempo de chicas' con Sango y el joven Shippo—aunque el último, de hecho, no era una chica. Para conocimiento de Inuyasha estaba escolarizando al niño así como ellos cada noche desde que Kagome había despertado y gozaba de buena salud.

Inuyasha golpeteaba la punta de su pluma contra el mapa, dejando marcas involuntarias en el Puerto de New Orleans, símbolos negros vacíos que teñían el mapa, como vórtices caóticos y aun apáticos, vórtices que podrían dibujar uno atrapándolos en un lugar vacío de realidad.

Él miraba esos negros vacíos, su mente preguntándose sobre ellos, perdido en cada existencia, transportado a otra época, a otro lugar—un lugar y un mundo que no había visto en cincuenta años. "La conocí entonces, la primera vez que vine a New Orleans, hace cincuenta años." Inuyasha sacudió su cabeza tratando de alejar los pensamientos mientras parpadeaba rápidamente, los puntos en su mapa se burlaban implacablemente.

"Cincuenta años."

El tiempo se repetía en su mente, como un reloj que repica a la medianoche señalando el final de algo y el comienzo de algo nuevo. Se alejó del mapa, depositando su pluma en la fuente para no dañar más el pergamino, su mente lo transportó lejos de su actual tarea.

"Cincuenta años," susurró para sí, la idea hizo eco dentro de su psique. "Realmente no es mucho tiempo, verdad?" No lo era. "Me pregunto," cuestionó mientras sus pensamientos se dirigían a ese día, el día que había llegado a New Orleans por primera vez. "Qué hubiera pasado, si no hubiese anclado allá?"

La idea siempre lo había perseguido, qué habría cambiado si él hubiese elegido otro puerto. Por qué se había molestado en viajar a New Orleans, un puerto que era tan difícil de alcanzar, situado entre el Río Mississippi? Qué lo había poseído para hacer tal cosa, por qué había ido—por qué había elegido ese puerto en particular de todos los puertos que yacían en la gran costa de Norteamérica? Por qué lo había hecho? Y si no lo hubiese hecho, si nunca se hubiese atrevido a anclar allá, haría alguna diferencia ahora?

Inuyasha resopló, enfermo de su propio tren de ideas y acalló su mente, eligiendo prestarle atención a su joven estudiante. A su lado, Miroku estaba sentado, encorvado sobre su propio pergamino, su mano manchada con tinta mientras dibujaba otro caracter, pronunciándolo mientras su pluma abandonaba la página para sumergirla de nuevo en la tinta en orden de repetir el gesto, justo como lo había hecho durante su primera lección.

"Tus kanjis se están volviendo poco sólidos, Miroku." Reprimió Inuyasha observando a Miroku, su mente agradecida por la distracción.

Miroku suspiró fuertemente y bajó su pluma, su mente devanándose con toda la información que le estaba lanzando sin piedad. Era demasiada, este nuevo idioma que estaba aprendiendo, el alfabeto era intenso, y (como había aprendido recientemente) no era el único alfabeto que usaba el idioma. Había otro, en el que estaba trabajando en este momento. El Capitán no le había dicho cuántos caracteres había en este nuevo alfabeto, como con el previo, así que Miroku solo podía suponer que era tan extenso como el primero. Viendo que apenas había pasado por un total de cinco caracteres, ya podría imaginar los horrores que estaban por venir en su enseñanza.

"Qué idioma necesita dos alfabetos?" Gruñó él apoyando exhausto su cabeza en el escritorio, sabiendo que Inuyasha lo escucharía.

"Este." Fue la respuesta de Inuyasha mientras se estiraba perezosamente y miraba al techo, continuando concentrándose en Miroku a pesar de su previo tren de pensamientos.

"Pero por qué?" Continuó Miroku girando su cabeza, permitiéndole a su mejilla descansar en el escritorio en vez de su frente, sus ojos miraban a su padre adoptivo. "Por qué no los combinan en uno?"

"Porque cada uno sirve para un propósito diferente." Informó Inuyasha meciéndose en su silla, moviéndose sobre dos patas; su expresión completamente neutral.

"Un propósito?" Inquirió Miroku, genuinamente intrigado por el prospecto de que fuera un punto real para la infinita memorización de caracteres al que había sido sometido durante las dos pasadas lecciones.

Todo había comenzado con su primera lección una semana atrás, en la que había memorizado todas las vocales que empleaba el idioma sin nombre, desde escribirlas hasta pronunciarlas. La siguiente lección, había tenido lugar dos noches atrás, una noche donde había encontrado solo al Capitán en cubierta (desconocidamente escondido de Kagome Dresmont) con su violín. Después de mucho convencerlo había podido lograr otra lección del Capitán, esta terminó en más memorización de la que le había dicho que era el alfabeto Hiragana.

Ahora estaba aprendiendo el alfabeto Kanji, el segundo alfabeto, sin idea de por qué alguien necesitaría aprender dos alfabetos. Y aun, había algo de esperanza al final del túnel, aquí—ahora—el Capitán estaba presentándolo con otra oportunidad de conocimiento, una esperanza de comprender finalmente el propósito detrás de sus largas noches de memorización. Noches que pasaba solo escribiendo y memorizando mientras Sango dormía sola en su cálida cama—olvidados los placeres nocturnos para poder concentrarse en la nueva lección.

Lentamente, Inuyasha se echó hacia adelante en su silla, ambas patas de la silla golpearon el suelo con un fuerte sonido. "Supongo, que es hora para la próxima lección."

"Pensé que ésta era la próxima lección." Declaró Miroku secamente, su anticipación a la respuesta hizo acelerar su corazón.

"Ésta solo es una formalidad." Le dijo Inuyasha franco tomando una pieza de pergamino que estaba bien usado. Debido a los costos asociados con el pergamino, no le gustaba usarlo innecesariamente o al menos lo usaría hasta que cada fracción de espacio estuviera bien cubierta con tinta—era la única manera en que lo haría valer. "Ahora tenemos que aprender el propósito detrás del alfabeto y el kanji."

Miroku parpadeó rápidamente unas pocas veces. "Pero ambos no son alfabetos? El alfabeto hiragana y luego el alfabeto kanji."

"No," le dijo Inuyasha con una sonrisa en su rostro. "El kanji que has estado aprendiendo no es un alfabeto como el hiragana," la sonrisa se duplicó en el rostro del Capitán, presentándola como una maliciosa fuente de conocimiento. "Los caracteres kanji no son letras," pausó acercándose a Miroku, su expresión cerrada como si estuviera contando algún gran secreto. "Son palabras."

"Palabras?" Preguntó Miroku, sus ojos abiertos.

"Sí, palabras." Inuyasha chasqueó su lengua claramente entretenido con esta lección.

Miroku frunció sus ojos antes de hablar ardientemente. "Todo este tiempo has estado mintiéndome."

Inuyasha rió sonriéndole a Miroku, complacido consigo mismo. "Todo en el nombre de la educación, muchacho, había esperado que lo descubrieras cuando no te dije qué letras estaban simbolizando los caracteres."

Miroku gruñó y apoyó de nuevo su cabeza en el escritorio, "Por qué no lo vi venir?" Refunfuñó en la superficie de madera, la humillación lo inquietaba. Esta no era la primera vez que el Capitán le daba una furtiva lección, enseñándole con el Método Socrático en mente, pero era la primera vez (en mucho tiempo) que Miroku no lo había captado del todo.

"Estás un poco oxidado, supongo." Le dijo Inuyasha encogiéndose de hombros. "Qué decepción." Sacudió su cabeza de un lado a otro, conteniendo la risa que estaba atascada en su garganta. "Supongo que esta lección podría acabar con tu cabeza."

"Cállate." Gruñó Miroku mientras levantaba su cabeza y miraba a su padre. "Puedo estar oxidado y toda esa mierda pero aún quiero aprender así que continuemos."

Inuyasha sonrió ampliamente, "Muy bien, si insistes." Con esa sonrisa aun aplastada en su rostro, Inuyasha alcanzó por el pergamino en el que Miroku había estado trabajando y lo giró para encarar a Miroku mientras comenzaba de nuevo la lección. "Como dije antes, todos los caracteres en el Kanji no son letras sino palabras. Por ejemplo, la primera que aprendiste hoy era ichi." Dijo él señalando el primer caracter en el papel, —.

"Ichi," repitió Miroku, ya habiendo dicho la palabra cien veces hoy. "Ichi? Qué significa?"

"Uno," dijo Inuyasha antes de señalar el siguiente de los cinco Kanji que Miroku había aprendido hoy, ⼆. "Ni, significa dos."

Miroku asintió entusiasta antes de repetir la palabra y su equivalente en inglés. "Ni, dos."

Con un firme movimiento de cabeza, Inuyasha señaló el siguiente caracter, ⽇. "Nichi, sol."

"Nichi, sol."

Inuyasha sonrió antes de señalar el kanji siguiente, ⽉. "Getsu, significa luna." Miroku liberó otro eco de las palabras de Inuyasha, antes de que el Capitán señalara el último símbolo en la hoja, ⼈, "Jin, personas."

"Jin, personas." Miroku repitió la última palabra antes de sentarse viéndose un poco confundido mientras contemplaba cada caracter que había aprendido. "Entonces, el kanji son palabras?"

"Sí."

"Entonces el hiragana es—el alfabeto?"

"En un sentido inglés sí," informó Inuyasha mientras regresaba el pergamino al escritorio, girándose en su silla para poder encarar a Miroku en vez de la superficie de madera. "Pero así no es como funciona exactamente."

"Sí," Asintió Miroku. "Me había preguntado," declaró golpeteando su mentón en contemplación. "Cómo formaba palabras el alfabeto Hiragana. No parecía funcionar como en un idioma basado en el romano."

"Exactamente," Inuyasha asintió con una sonrisa. "No funciona de la misma forma. El alfabeto no necesariamente crea palabras, aunque puede." Añadió aparentemente como una reflexión antes de continuar. "El alfabeto crea algo más."

"Crea algo más?" Murmuró Miroku recostándose en su silla. Si los símbolos del hiragana no crean palabras entonces cuál podría ser la función del alfabeto? Nunca había escuchado de un idioma que tratara su alfabeto de cualquier otra manera que no fuera un medio para crear palabras, entonces cuál—cuál era el propósito del alfabeto de este idioma? "No tengo idea," concluyó perplejo para sí mirando a su padre, ojos fruncidos. "Qué crea?" Preguntó.

Inuyasha le dio una mirada de reojo mientras depositaba su pluma en la tinta volviendo al escritorio y el pergamino que yacía ahí. "Gramática." Le dijo encerrando el lugar en el pergamino donde había dibujado el alfabeto hiragana original. "El hiragana no es solo un alfabeto." Le dijo a Miroku. "Su sonido hace la gramática que reconocemos en inglés."

Miroku ladeó su cabeza, asimilando lo que el Capitán estaba diciendo. "Gramática? Como verbos y esas cosas?"

"Sí y el kanji," continuó Inuyasha encerrando con su pluma el Kanji que estaban aprendiendo hoy. "Nos enseña las palabras individuales." Terminó escribiendo unas pocas palabras más en inglés.

"Sustantivos," leyó Miroku entrecerrando sus ojos para leer la caligrafía del Capitán. "Y adjetivos."

Inuyasha asintió firmemente mientras traqueaba su cuello en el proceso, "Hay miles de símbolos kanji."

Miroku tosió, ahogándose mientras miraba al Capitán, ojos abiertos en completa y total incredulidad. "Miles?" Dijo jadeando. "Se supone que voy a aprender a escribir miles!"

Inuyasha resopló y sacudió su cabeza negativamente. "No los conozco todos. Probablemente conozco—bueno—recuerdo," rió ligeramente rascando su cabeza. "Unos cientos," terminó mientras se apoyaba de nuevo en dos patas de su silla. "Por ahora, sólo aprenderás los fáciles, los que usas en una conversación normal."

Miroku asintió, parecía un poco más seguro ahora que momentos atrás. "Y cuándo comenzaré a hablar?"

"Estás hablando ahora." Señaló Inuyasha, su rostro sarcástico.

Miroku miró al Capitán, sus ojos fruncidos mientras apretaba sus dientes. "Sabes lo que quiero decir, cabrón presumido."

Inuyasha simplemente continuó sonriendo. "Comenzarás a hablar tan pronto como construyas un buen vocabulario. Una vez que memorices cien kanjis, entonces los combinaremos con hiragana y aprenderás a hablar y a escribir al mismo tiempo." Inuyasha chasqueó su lengua. "Como siempre lo hemos hecho."

Miroku finalmente asintió complacido con la respuesta del Capitán, "Sí," confirmó lamiendo sus labios, una acción que reconocía su ligera aprehensión, "Como siempre lo hemos hecho."

Inuyasha sonrió antes de agarrar el pergamino y escribir algo nuevo en él, 天. "El siguiente kanji de hoy es Sora," Inuyasha pronunció en voz alta girando el pergamino hacia Miroku. "Cielo."

"Estás muy celestial esta noche, verdad?" Comentó Miroku, su voz dura mientras miraba el carácter. "Sora," pronunció suavemente, "Cielo."

"Escribe," ordenó Inuyasha, "Pronuncia," le recordó, "Y entonces repite el significado."

"Hai." Miroku bromeó comenzando, su pluma trabajaba rápido. Los minutos comenzaron a pasar mientras Miroku trabajaba, Inuyasha observaba sobre su hombro, estudiándolo de cerca por cualquier error. De repente, sin avisar Miroku dejó de escribir, la pluma aun en su mano, y se giró hacia Inuyasha, sus ojos llenos de preguntas como si hubiese recordado algo que fue importante alguna vez. "Inuyasha, puedo hacerte una pregunta?"

"Seguro." Inuyasha le asintió, secretamente un poco inquieto. Con todo lo que había pasado últimamente, estaba comenzando a ponerse nervioso cada vez que alguien le preguntaba algo—solo en caso de que su pregunta fuera una que no estuviese dispuesto a responder.

"Por qué Myoga te llama Inuyasha-sama?" Inquirió Miroku comenzando a escribir de nuevo, un oído pendiente de su padre mientras el otro se enfocaba en su pronunciación.

Inuyasha hizo una mueca, había esperado que Miroku olvidara ese desliz pero parecía que el hombre siempre observador era tan observador como siempre. "Es una señal de respeto, podría decirse."

"Entonces," Miroku colocó su pluma en su mentón, dejando que la pluma rozara sus labios ligeramente, "—sama es como decir Capitán?"

"Sí," dijo Inuyasha rápidamente, pegándose al entendimiento de Miroku, viéndolo como una forma de esconder la verdad, una verdad que no estaba dispuesto a compartir. "Es como un título honorífico."

"Qué otros títulos hay?" Preguntó Miroku pensativo.

Inuyasha pensó por un minuto, había pasado mucho tiempo desde que había usado un honorífico en su idioma natal. "Sr. O Sra. es –san."

"San," repitió Miroku, el sonido le resultaba familiar por alguna razón. Frunciendo pensativo sus labios, buscaba todas las palabras que ya había aprendido, ninguna de ellas producía ese mismo sonido, lamiendo sus labios se giró hacia Inuyasha, observando mientras el hombre continuaba contemplando más títulos mientras frotaba su sien y mientras el Capitán pensaba la respuesta para Miroku, el lugar exacto en el que había aprendido el término. "Otou-san," dijo Miroku de repente, pronunciando la palabra lentamente mientras retorcía su pluma, sus ojos firmemente puestos en el Capitán. "Otou-san, es lo mismo que –san como en Sr.?"

Inuyasha parpadeó varias veces antes de mirar intrigado a Miroku. Ladeó su cabeza pensativo, repitiendo la palabra en su mente. "Bueno," comenzó reflexionando en la traducción exacta. "Es algo—así." Concluyó girándose hacia Miroku quien sonreía.

"Entonces estoy llamándote Sr. Padre?" Dijo mientras reía.

Inuyasha también rió ligeramente pero sacudió su cabeza negativamente, "Es más una señal de respeto," comenzó a explicar. "Es algo como Sr. o Sra. pero no es lo mismo. Transmite un sentimiento más que una palabra traducible." Inuyasha asintió para sí, satisfecho con su explicación. "Todos los títulos son así, como—chan. Algunas veces llamas así a niños o a amigos, o a animales –chan, es lindo."

Miroku levantó sus cejas ante esta información. "De acuerdo, no creo haberte escuchado decir la palabra 'lindo'."

Inuyasha gruñó y cerró sus ojos. "Puedo decir la palabra lindo si quiero."

Miroku rió, "Está bien Otou-chan!"

Los ojos de Inuyasha se abrieron de golpe y miró a Miroku tan duro que el otro hombre pensó que podría derretirse por la mirada.

"Lo siento." Dijo Miroku rápidamente agarrando su pluma y comenzando a escribir de nuevo.

Inuyasha suspiró, sabiendo que no había razón para estar enojado con Miroku, después de todo, no era como si nunca antes hubiese sido llamado –chan.

"Inu-chan!" Llamó una mujer ahuecando su boca, un sonido hermoso.

Casi podía verla, de pie en el pórtico de su hogar, llamándolo a que viniera a casa para las lecciones o para comer. Ella había sido una de las únicas en llamarlo Inu-chan, todos los demás habían insistido en llamarlo por su nombre completo, Inuyasha. Sonrió afectuosamente ante el recuerdo antes de hacerlo a un lado, ahora no era el momento. "No te preocupes por eso Miroku." Dijo finalmente mirando al otro hombre a su lado.

Miroku lo miró, los dos se miraron mutuamente por varios segundos, la disculpa quedó en el aire rodeándolos, esperando a ser rechazada o aceptada. Finalmente el rostro de Miroku esbozó una sonrisa y se recostó en su silla, depositando la pluma en la fuente. "Te perdonaré con una condición Otou-san."

"Qué pasa con todos y las malditas condiciones!" Gritó Inuyasha por dentro, respondiendo calmadamente. "Cuál es?"

Mirando a su padre por el rabillo de su ojo, Miroku sonrió ampliamente. "Si Otou-san es educado y Otou-chan es—lindo—entonces que hace que Otou—um, bueno, sea irrespetuoso?"

"No hay sufijo para eso." Dijo Inuyasha encogiéndose de hombros, ya muy consciente de lo que Miroku estaba tratando de hacer.

Miroku regresó a apoyarse sobre sus patas, cuatro patas de su silla golpearon firmemente el suelo mientras extendía sus manos en frente de él irritado. "Eso no es justo!"

Inuyasha rió sincero, sus ojos destellaban con alegría mientras le sonreía a Miroku. "Oyagi." Le dijo franco. "Puedes usar Oyagi. Es como si me llamaras tu 'anciano'."

"Oyagi." Repitió Miroku con una sonrisa. "Me gusta; de todas formas eres un anciano bastardo." Añadió Miroku con una carcajada mientras tomaba su pluma y comenzaba a escribir de nuevo inconsciente del ligero cambio que eso hizo en su padre.

"Oyagi." Había pasado mucho tiempo desde que Inuyasha había escuchado ese nombre o visto a ese hombre, ese hombre alto, constantemente bien armado, cabello plateado, su cabeza bien en alto, y dos grandes legados a su lado, uno perteneciente a Inuyasha y el otro a un hermano que había conocido brevemente. Ese hombre, un hombre que no había visto en cuatrocientos años. Había sido tan pequeño, tan joven la última vez que había visto a ese hombre.

"Oyagi—," susurró Inuyasha en la oscuridad, haciendo que Miroku detuviera su trabajo.

"Hm?" Preguntó el joven con un gruñido girándose para mirar a Inuyasha. "Dijiste algo?"

"Yo—," Inuyasha abrió su boca, su control sobre su propia voz se resbaló fácilmente mientras la imagen de ese hombre comenzaba a desvanecerse, desapareciendo, borroso, el recuerdo difícil de mantener. "Llamé Oyagi a mi propio padre."

Miroku soltó su pluma, sus ojos se volvieron hacia Inuyasha, completamente sorprendido en absoluto y completo silencio. Nunca—en los diez o casi once años Inuyasha había dicho una palabra sobre su padre, de su madre sí pero nunca su padre, ni tanto como un suspiro o desliz pero ahora lo había dicho, lo había revelado, "Oyagi." Susurró Miroku estudiando a su padre. "Él existe."

Inuyasha parecía estar en un mundo propio, sus ojos nublados mirando la parpadeante vela, asimilando la vista con suaves irises dorados. "Hai," susurró en voz alta, si fue en respuesta a Miroku o no, no podía decirlo. "Itsu watashi ga saigo no Oyagi, anata o do amoimasu ka?"

Miroku observó perplejo al Capitán, no tenía idea de lo que había dicho el Capitán, la única palabra que había sido capaz de distinguir era Oyagi, el resto no era mejor que un farfullo para él. Inseguro de qué hacer, Miroku se movió en su silla, observando al Capitán mientras el hombre miraba al espacio, su expresión extrañamente vacía observando la llama de la vela, mirando algo que Miroku no podía ver.

"Otou-san." Murmuró Miroku pero Inuyasha estaba escuchándolo de lejos, sus recuerdos se alejaron de él, llevándolo a un lugar en el que no había estado en casi cuatrocientos años.

Un jardín, lleno con árboles cuyas hojas y flores habían muerto hacía un tiempo, nieve cubría las viejas camas de flores, escondiendo la tierra de aquellos que la veían; un arroyo, pequeño, atravesaba su mitad, solo fluyendo por los espíritus del río que lo mantenían cálido.

Este era el mundo fuera del castillo, el mundo fuera de la puerta corrediza, el mundo al que el pequeño niño, Inuyasha, no estaba privado en el momento. En vez, estaba adentro, la puerta que conducía hacia el jardín lleno de nieve estaba abierta lo suficiente para permitir que el aire frío entrara mientras le permitía a sus ojos dorados ver hacia afuera.

Pero no le estaba permitido ver el mundo exterior en invierno, en vez, estaba obligado frente a una pequeña mesa, sus rodillas flexionadas, el peso de su cuerpo descansaba sobre ellas. Un pedazo de papel estaba puesto en la lisa superficie de madera ante él, sujetado encima por una pieza de roca rectangular. Lentamente, como le había sido ordenado sostenía el pincel en su mano derecha, su mano izquierda recogía la manga de su hakama mientras sumergía la punta del pincel en la piedra de tinta donde su padre previamente había preparado la oscura sustancia para él, siendo él muy joven para hacerlo.

Mirando hacia ese hombre quien estaba sentado a su lado, esperó momentáneamente ante el firme mentón, los ojos del hombre brumosos como un recuerdo olvidado. "Inuyasha wa, kakikomi." La fuerte voz reverberó en la habitación, rodeándolo, dura pero gentil, firme pero de apoyo.

"Hai, Oyagi." Dijo su pequeña voz girándose hacia el papel, su mano temblaba mientras escribía su primer símbolo kanji, imitando los largos trazos del ejemplo de su padre. "Ichi."

"Otou-san!" Gritó Miroku sacudiendo a Inuyasha por el hombro, tratando de despertarlo de su sueño con ojos abiertos.

Los ojos de Inuyasha parecieron regresar a la vida ante el sonido de la suplicante voz de Miroku. Parpadeó rápidamente, sus manos se apretaron a los costados de su silla mientras el recuerdo se desvanecía a la nada. Lentamente, se sintió regresar a la realidad, la consciencia regresó a su cuerpo reconociendo la sensación de alguien tocando su hombro. Con manos temblorosas se giró para ver una mano que conocía bien, seguida por un brazo, conectado a un cuerpo que había conocido desde que era pequeño y luego un rostro que había conocido mientras maduraba.

"Miroku," susurró Inuyasha en la habitación, el recuerdo aún lo atormentaba mientras extendía su mano depositándola en el propio hombro de Miroku. "Creo que, hemos tenido suficientes lecciones por hoy." Dijo levantándose abruptamente, la mano de Miroku cayó de él ante la acción, sus ojos todavía parecían en shock, nublados y confundidos.

"Estás bien?" Preguntó Miroku levantándose también, empujando su silla en el proceso, deteniéndose en frente del Capitán antes de que el hombre pudiera desaparecer.

"Estaremos en puerto a media mañana, será mejor que duermas un poco para prepararnos para anclar." Dijo Inuyasha, ignorando a Miroku mientras rodeaba al joven fácilmente dirigiéndose hacia la puerta. "Estaremos a una hora de camino de nuestro destino una vez que hayamos atracado, así que haz que Sango haga algo de comer o algo." Abrió la puerta.

"Inuyasha!" Dijo Miroku firmemente deteniendo en seco al hombre. "Qué pasó?" Dio un paso, pánico claro en su voz. "Por qué tú—fue como si desaparecieras, como si tu cuerpo estuviera aquí pero no estabas—qué pasó?" Miroku alcanzó por él pero Inuyasha solo desvió su mirada, ignorando la suplicante mano. La boca de Miroku se desplomó ligeramente abierta ante el rechazo, una punzada en su corazón—era como si su propio padre lo hubiese abofeteado en la cara. "Pasa algo malo?" Se obligó a hablar, tragando después de que sus palabras hubiesen dejado su garganta.

Inuyasha solo continuó con la mirada desviada y eso lo aterrorizó aún más. Nunca había visto al hombre actuar así antes, nunca antes había sido echado así por el Capitán. Usualmente el Capitán se enojaba, le decía que no era asunto suyo y luego (pasando por el proceso de agotar al hombre) eventualmente le decía a Miroku, le diría todo pero esta vez, solo desvió la mirada.

"Por favor," suplicó Miroku. "Dime qué pasa? Puedes decirme todo. Lo sabes," avanzó un paso, cuidadoso de mantener sus manos a sus costados para no provocar más cualquier instinto invisible. "Por favor, soy tu hijo."

"Mi hijo." Las palabras retumbaron en el aire, silenciosas y significativas. Por varios segundos Inuyasha permaneció paralizado, su espalda encaraba al joven, su postura encorvada añadía preocupación a Miroku. Entonces, de repente, se giró, un movimiento lento y deliberado, hasta que estuvo mirando a Miroku con ojos sombríos, ojos que estaban nublados, desenfocados, vacíos, como si el Capitán hubiese desaparecido dentro de sí, como si se hubiese escondido. Y luego habló, su voz vacía, muerta, sin vida. "Fantasmas." Fue el llano susurro, esos ojos sin vida miraban al suelo mientras hablaba antes de dejar escapar una risa perturbadora, una sonrisa obscena se formó en su rostro. "Ellos me persiguen."

"Fantasmas?" Preguntó Miroku en la oscurecida habitación, la luz de la vela constante mientras alcanzaba el extremo final de su cera. "Fantasmas reales."

Inuyasha levantó la mirada, esos vacíos ojos tan conmovedores como cualquier deidad muerta. "No," dijo en el aire. "No son reales, pero lo fueron alguna vez, ahora son solo recuerdos—," Pausó girándose para dejar la habitación, su boca abierta insegura, como si no estuviera dispuesto a hablar. Miró a Miroku, miró al muchacho que había criado, sus ojos vacíos como si no estuvieran viéndolo a él sino a algo más, funesto, del pasado. Finalmente, sacudió su cabeza, vaciando su mente de esos pensamientos mientras se giraba para agarrar el pomo, empujándolo hacia abajo y al frente, sus últimas palabras hicieron eco en la pared mientras salía. "Me persiguen como pesadillas."

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Kagome permanecía en la cubierta del timón del Shikuro absolutamente fascinada mientras navegaban por el Río Mississippi, tierra a cada lado, conteniendo el agua para el barco. Sus ojos buscaban, asimilando la vista de un pequeño pueblo o más exactamente una villa llena de pintorescas casas de variantes grados de construcción o tal vez destrucción. Ladeó su cabeza ante la vista sintiendo un gran sentido de pena por las personas que vivían en ese mundo. "Esa no debe ser una vida muy cómoda." Pensó para sí mirando las pequeñas chozas. "Pobres almas." Simpatizó inclinándose en la baranda, sus codos tocaban la madera mientras sus manos sostenían su cabeza para continuar con sus observaciones.

Parpadeando contra el brillante sol que calentaba su espalda, entrecerró sus ojos para poder distinguir a las personas en la orilla, sin embargo aún estaban muy borrosas incluso para su buena vista. Cerró sus ojos por un segundo esperando poder ver mejor cuando los abriera de nuevo. Abriéndolos lentamente, sus pupilas protestaron contra el brillante sol, miró hacia la orilla una vez más intentando discernir qué estaban haciendo esas personas a lo largo de la orilla del río.

"Parece como si estuvieran recolectando madera." Percibió ella observando las personas agachadas agarrando trozos de madera a la deriva que habían llegado a la orilla. "Espero que no sean para sus chabolas." Frunció mientras su corazón punzaba con pena por los pobres individuos. "Aunque es probable," frunció sus labios. "Qué vida." Parpadeando lentamente desvió sus ojos de la triste vista de las personas en la orilla y en vez miró hacia el frente del barco. Kagome jadeó al notar un pequeño barco viniendo hacia ellos, humo parecía salir de un objeto como chimenea en su mitad. Girándose rápidamente hacia Sango, quien estaba en el timón, señaló el barco, pánico claro en su voz. "Ese barco se está incendiando!"

Sango levantó sus ojos con cautela, dirigiéndolos hacia el pequeño bote que navegaba lentamente, "No creo que se esté incendiando," comentó entrecerrando sus ojos, captando un vistazo de los hombres trabajando a bordo. "Pero no es un barco normal, eso es seguro—hm—mágico tal vez?" Frunció sus ojos levantando una delicada ceja antes de mirar a Miroku quien en el momento estaba acostado en el suelo junto a ella, aparentemente dormido. "Miroku," llamó ella tocando al hombre con la punta de su bota.

Aturdido, Miroku se estiró empujando su pie con una mano adormilada. "Qué?" Gruñó rodando de costado lejos de ella, exhausto de estar levantado toda la noche pensando en el extraño comportamiento del Capitán, un esfuerzo que lo había dejado absolutamente exhausto. Al final, se vio incapaz de deformar su mente con las palabras del Capitán: "Me persiguen como pesadillas." Frunció ante las palabras y lamió sus labios. "Podría un recuerdo ser así de poderoso realmente?" Se preguntó pero hizo una mueca cuando la respuesta llegó sin pensar. Sabía de primera mano que los recuerdos podrían ser terribles, especialmente los recuerdos de los padres de uno.

"Miroku," dijo Sango calmadamente manteniendo un ojo en el barco cercano. "Qué tipo de barco no tiene velas?"

Miroku abrió un ojo para mirarla haciendo a un lado sus pensamientos. "Tiene una chimenea?"

La mujer frunció sus ojos en respuesta, insegura del término. "Una chimenea?" Preguntó observando el barco acercándose más y más hacia ellos, bajando por el canal en vez de subir. Sus ojos se volvieron al extraño cilindro de metal sin vela donde debería estar un mástil. "Eso es extraño," pensó para sí antes de mirar a Miroku quien había cerrado sus ojos otra vez. "Quieres decir la cosa con humo saliendo de ella?"

"Sí, esa es una chimenea." Murmuró Miroku girándose sobre su estómago para descansar su cabeza en el doblez de uno de sus flexionados codos. "Ese es un nuevo tipo de barco con el que han estado jugando." Añadió él, su voz apenas audible mientras hablaba, sus labios presionados contra su brazo amortiguando el sonido.

"Un nuevo tipo de barco?" Repitió Kagome sus palabras dirigidas hacia el barco que había pensado se estaba incendiando. Estaba dirigiéndose hacia su popa a unos cincuenta pies de estribor. "Cómo se mueve sin una vela?"

Gruñendo levemente, Miroku se sentó, su cabello desordenado y oscuros círculos brillaban a la luz debajo de sus ojos mientras miraba a las dos agraviadas mujeres. "Vapor." Gruñó él, "Ahora puedo dormir o van a seguir haciendo preguntas estúpidas?"

Sango le levantó una ceja a Miroku antes de arrodillarse a su lado, uno de sus brazos aun sostenía el timón, manteniendo estable el barco. "Qué pasa con tu actitud, Miroku?" Susurró ella bruscamente mirando a Miroku, su rostro severo, su expresión no dejaba lugar para retaliación. "Si no fuera por los hombres por ahí te pondría en tu lugar ahora mismo por tratarme a mí y a Kagome tan groseramente."

Miroku pareció despertar instantáneamente asimilando sus palabras y mordió su labio con serio arrepentimiento. "Lo siento, Sango." Susurró él colocando su cabeza en sus manos y frotó sus ojos cansadamente. "No dormí mucho anoche y—"

"Esa no es una buena excusa para ser tan grosero." Lo interrumpió Sango con un resoplo, manteniendo su voz baja para que ninguno de los hombres la escuchara reprimiendo a su Intendente.

"Lo siento, Sango," dijo de nuevo antes de mirar a Kagome no atreviéndose a hablar en voz alta por temor a su reputación pero dándole una mirada que planamente declaraba que también lo sentía por ser grosero con ella.

Kagome sólo sonrió gentil, "Por qué está tan cansado, Sr. Miroku?" Preguntó ella, su voz airosa y amable como si el incidente previo nunca hubiese pasado.

Miroku sólo suspiró recostándose sobre su espalda, sus manos tras su cabeza actuaban como una almohada mientras miraba al cielo. "Tuve una extraña noche anoche es todo y no pude dormir por eso."

"Eso me pasa algunas veces." Sango habló tranquilamente al aire, su anterior rabia se disipó mientras escuchaba a su esposo. "Tratas de dormir pero no puedes callar tu mente?"

"Sí," Miroku aceptó mientras continuaba estudiando las nubes sobre ellos, observando los hermosos objetos blancos navegando por la extensión azul, justo como un barco navega por la expansión azul del mar.

"Si no le importa que pregunte," comenzó Kagome desde su lugar a cierta distancia recostada contra la baranda, sin sombrero en su cabeza, su cabello moviéndose libremente en el viento—ya pasaba sus orejas. "Qué había en su mente tan cautivador que no pudo dormir?"

"Algo que dijo el Capitán." Comentó Miroku desde su lugar en el suelo. "Anoche en mis lecciones."

Kagome parpadeó varias veces ladeando su cabeza mientras se daba la vuelta apoyando su espalda en la baranda mientras observándolo. En el timón, Sango imitó sus acciones también ladeando su cabeza mientras se giraba levemente, estudiando a Miroku con ojos serios. "Qué dijo?" Preguntaron ambas mujeres al unísono, sus palabras perpetraron el aire con curiosidad.

Miroku movió sus ojos entre las dos mujeres preguntándose si debía decirles sobre la siniestra línea del Capitán, "Ellos me persiguen como pesadillas." Extrañamente, Miroku sintió que por primera vez en mucho tiempo esta pequeña información debía ser un gran secreto entre los dos hombres. Después de todo, Inuyasha solo había hablado después de reconocer que Miroku era su hijo—así que esto no era entre ellos, una promesa entre hombres que debía guardar silencio? "No puedes decirles." Escuchó susurrar a su conciencia. "Al menos no todo." Con una decisión tomada, Miroku se levantó, de pie sobre fuertes piernas mientras sus ojos se movían discretamente buscando hombres en el rango auditivo antes de indicarle a Kagome que viniera hacia Sango y él en el timón. Kagome asintió comprendiendo mientras se alejaba de la baranda, llegando a detenerse al otro lado de Miroku mientras Sango continuaba navegando, sus ojos miraban entre el río y las dos personas con las que conversaba. "Mencionó," Miroku comenzó a hablar mientras ambas mujeres se acercaban a él, para poder escuchar su calmado susurro. "A su padre."

"Su padre!" Exclamó Sango involuntariamente haciendo que Miroku la agarrara rápidamente y cubriera su boca con su mano.

Del otro lado de Miroku, Kagome observaba paralizada en su lugar, un millón de ideas atravesaban su mente. Estaba tan sorprendida como los otros dos, "Inuyasha tiene un padre, qué estoy diciendo, por supuesto que tiene un padre, todos tenemos una madre y un padre." Se gritó. "Incluso me habló sobre su madre, es decir, el violín pero," frunció. "Un padre? Nunca dijo algo sobre su padre."

"Shhh," ordenó Miroku suavemente regresando a Kagome a la conversación mientras colocaba la mano que no estaba cubriendo la boca de Sango en la propia, un dedo actuaba como un gesto silenciador.

"Lo siento," susurró Sango contra su mano mientras la removía dejándola hablar libre pero tranquilamente. "Entonces mencionó a su padre?" Preguntó la mujer intentando mantener su atención en el timón para poder navegar derecho. "Dijo algo sobre él?"

"Sí," susurró Kagome desde el otro lado, su curiosidad picaba mientras posibilidad tras posibilidad cruzaba su mente. "Dijo algo de dónde era su padre, sabes si fue un noble?"

Sango asintió vigorosamente del otro lado de Miroku, los ojos de Kagome y de ella hicieron contacto mientras hablaba. "Eso explicaría por qué está tan bien educado."

"Lo sé." Aceptó Kagome mientras ambas desviaban sus miradas y miraban a Miroku entre ellas.

Mirando de un lado a otro entre ambas mujeres, Miroku casi se sentía mal por decepcionarlas pero con un movimiento de sus hombros, sacudió su cabeza. "No," les dijo Miroku honestamente. "No dijo nada de si el hombre era noble, solo lo mencionó," Miroku llevó una mano hacia la parte trasera de su cabeza, rascándola levemente. "Más o menos—como," Miroku se movió de un lado a otro pensando. "Ya saben, admitió que el hombre existía."

"De acuerdo," Pensativa, Sango golpeteó su mentón con una mano mientras ajustaba la dirección del barco con la otra. "Dinos todo," Lo señaló entonces, "Desde el comienzo."

"No omitas nada." Añadió Kagome desde su otro lado, "Esta podría ser, una oportunidad," se dijo apretando sus manos en frente de su corazón. "Una oportunidad de saber algo nuevo de él." Frunció sus labios antes de lamerlos. "Quiero saber todo, Miroku, así que no dejes nada por fuera!"

Miroku le dio una extraña mirada, mirándola lentamente mientras permitía que sus palabras se asentaran. "Ella quiere saber todo pero por qué?" Contemplando esto, Miroku se tomó unos breves segundos para estudiar la postura de Kagome: la forma en que sus manos se apretaban en frente de su corazón como si estuviera rezando, la forma en que sus ojos parecían brillar, rogándole continuar, la mirada esperanzadora que anidaba en ellos parecía decir, 'Quiero saber, quiero saber todo de él.' Tal vez estaba viendo cosas cuando miraba a esta inocente joven, tal vez estaba engañándolo con su dulce rostro y grandes ojos ingenuos pero—sin importar cómo la mirara Miroku, no podía deshacer la sensación de que había más de su curiosidad que la simple curiosidad. "Podría ser, que quiere conocerlo porque—" Comenzó a preguntarse. "Porque le gusta?"

Cerró sus ojos por un segundo, pensando en el último mes, el mes en el que Kagome Dresmont había estado con ellos. Al principio, había sido tímida y temerosa, abatida y aferrada a Sango pero eso sólo había durado unos pocos días. Después de aquella vez cuando él y Sango habían dejado ir solos a Kagome y al Capitán en Puerto España, había parecido relajada, y luego después del secuestro se había relajado más que antes. Incluso la había visto a ella y al Capitán hablando juntos, solo los dos, riendo y siendo juguetones o tan juguetón como Inuyasha pudiera ser.

Miroku sonrió ante la idea, "Tal vez, la Srta. Dresmont encaje aquí mejor de lo que pensé." Con un firme movimiento de cabeza Miroku permitió que las ideas lo abandonaran, tendría que discutir más tarde con Sango la relación del Capitán y de Kagome pero por ahora, era tiempo de un cuento. Cruzó sus brazos sobre su pecho, una mano subió para sostener su mentón mientras elevaba sus ojos para mirar al cielo una vez más, pensando en la noche anterior, buscando algún detalle importante. "Estábamos hablando sobre este nuevo idioma que está enseñándome."

Sango asintió, Miroku le había dicho de las nuevas lecciones y el extraño idioma que estaba aprendiendo actualmente. También le había dicho que no estaba seguro de qué idioma era o de dónde era, lo único que sabía era que Totosai y Myoga lo hablaban junto con el Capitán.

Al otro lado de ella, Kagome parpadeó rápidamente, no tenía idea de que Miroku e Inuyasha estaban teniendo lecciones nocturnas, la información era totalmente nueva para ella. "Está enseñándote un idioma nuevo?" Interrumpió antes de que Miroku pudiera hablar otra vez.

Mirándola, Miroku asintió. "Sí, dijo que es su idioma natal."

En silencio, Kagome asimiló esta información, su mente trabajaba rápidamente con eso, hablaba un idioma completamente extraño—

"Los demonios occidentales, han olvidado cómo usar sus garras."

Como si un rayo de luz hubiese golpeado a Kagome, la información la abofeteó en la cara. "Él no es de aquí—pero—de dónde podrá ser? No es occidental—pero—no parece una persona de oriente? Parece—británico." Kagome parpadeó varias veces, completamente confundida, no tenía sentido. Ella había visto antes una persona del lejano oriente y una persona de la India pero el Capitán no se veía nada como ellas, tenía piel bronceada sí, pero su mentón y su altura y su contextura, era toda europea, desde la firmeza de su mentón y la llenura de sus húmedos labios y el intenso brillo que parecía alinear sus ojos justo antes de que esos labios encontraran su—los ojos de Kagome se abrieron de golpe y tragó antes de obligarse a mirar a Miroku, ignorando sus pensamientos por el momento.

Miroku le dio una mirada, asegurándose de que no tenía otras preguntas, antes de continuar. "Estábamos en el tema de cómo te diriges a la gente, tú sabes, su versión de Sr. y Sra. y esas cosas." Comenzó a morderse el interior de su labio por un segundo mientras miraba a Sango. "En ese idioma usas un sufijo, -san," les informó volviendo sus ojos hacia Kagome, diciéndole algo que sólo le había dicho a Sango durante la conversación nocturna. "La palabra para padre es Otou-san."

Kagome arrugó sus cejas asimilando esa información. "Sr. Padre?"

"Eso fue lo que dije." Murmuró Miroku sacudiendo su cabeza antes de continuar. "Pero es más como decir Padre en vez de Papá o Anciano."

Sango y Kagome asintieron firmemente para que continuara.

"Así que pregunté, ya saben desde que lo llamo, bueno, padre—um—Otou-san, si había—," Miroku se detuvo por un momento, un poco tímido por esta faceta de la relación de él y el Capitán. "Logramos expresar el sentimiento por el otro." La idea de Miroku llegó a un alto en seco mientras su ojo temblaba. "Sueno como un molly," se quejó pero se permitió deshacer el sentimiento. "No sé si debo mencionarle a alguien, incluso a ellas dos, la extensión de nuestra relación." Miroku tuvo que detenerse de estrellar su cabeza en el piso. "Eso sonó aún peor."

Sango sonrió, notando al menos parte de la adivinanza de Miroku y depositó una cálida mano en el hombro de Miroku llena de todo su amor y conocimiento. "Le preguntaste a Papá si había un término irrespetuoso, verdad?" Suplió ella gentilmente.

Miroku sonrió agradecido y colocó su mano sobre la suya. "Dios, amo a esta mujer." Se dijo mientras sus dedos se entrelazaban y ladeó su cabeza, levantando su mano para poder besar sus nudillos gentilmente. "Exactamente," informó antes de continuar. "Oyagi era el término, me dijo y reímos, ya saben, y luego—" Miroku soltó su mano lentamente mientras volvía el recuerdo. "Luego se tornó todo distante y me dijo, 'Solía llamar Oyagi a mi padre'."

Sango asintió. "Vaya," susurró al aire asimilando la información. "Entonces él no salió de la nada."

Kagome le dio una extraña mirada a la mujer. "No solo apareces," dijo ella con una ligera risita. "Tiene que tener una madre y un padre."

Miroku frunció sus labios. "Sé que no solo apareció, me habló de su madre así que sé que nació." El hombre contuvo un suspiro mientras se tensaba queriendo asegurarse de no mencionar esa información. Sabía mejor no mencionarle a nadie la madre del Capitán, a nadie. "Pero para un hombre es algo totalmente diferente tener un padre." Parpadeó ligeramente y miró al otro lado del Mississippi a las personas a lo largo de la orilla mientras recolectaban madera. "Tuvo un padre, nunca pensé que tuviera un padre realmente. Nunca, así que no le puse mucho cuidado a eso, demonios—." Abrió su boca para completar la oración. "Siempre," comenzó con una leve carcajada en su garganta. "Imaginé que cayó del cielo madre y sin padre." Era una mentira en muchas maneras pero aun rió levemente mirando a Kagome, un brillo de malicia en sus ojos. "Quiero decir, puedes imaginarlo siendo un niño pequeño, diciendo Mami y Papi?"

Kagome ladeó su cabeza, tratando de imaginar al Capitán como un niño pequeño, la imagen no llegaba.

"Eso no está bien." Dijo Sango al otro lado de Miroku intentando también imaginar una pequeña versión del Capitán. "Lo mejor que puedo pensar es en una versión más pequeña de él que maldice."

Kagome colocó una mano sobre su boca intentando contener su risa ante la imagen de un pequeño Capitán maldiciendo en su cabeza. Su suave risita murió en su garganta, cuando la imagen cambió, transformándose, cuando otra información la inundó. Una mujer—una madre, la madre del Capitán, ella no dejaría maldecir a su pequeño niño. Ella había sido digna, refinada, cómo más sabría cómo tocar un violín? Y si la madre era refinada, entonces el padre probablemente era igual. Era muy raro que las personas se casaran por fuera de sus clases sociales, así que era seguro asumir que el padre también era una persona digna y bien educada.

Aún, cómo podría esta nueva información ayudarla a entender al Capitán? Ahora sabía que de hecho tenía una madre y un padre como todos, su madre era una violinista y por el sonido de su hijo cuando tocaba, fue una buena así como una buena profesora. A juzgar por el apropiado discurso del Capitán y su conocimiento de la propiedad como su habilidad para leer y escribir en múltiples idiomas, sólo podía asumir que también lo había educado en otras cosas. Si la madre era alguna indicación entonces también podría concluir que el padre igual estaba bien instruido en las artes de la propiedad y probablemente también fue bien educado.

Y entonces estaba este extraño idioma que el Capitán llamaba su idioma natal. Miroku no le había dado un nombre al idioma, simplemente lo había llamado la lengua nativa del Capitán, podría ser, que ese idioma en verdad fuera de oriente?

"Los demonios occidentales, han olvidado cómo usar sus garras."

"La respuesta yace en el idioma mismo. Si supiera de dónde viene, entonces también sabría de dónde proviene." Miró a Miroku y observó al hombre mientras conversaba con Sango, el tema de su conversación era desconocido para ella y sin importancia para sus actuales reflexiones. "Sr. Miroku," interrumpió sin importarle si no era apropiado.

"Hm?" Miroku se giró hacia ella sin verse sorprendido.

"Ese idioma," comenzó ella. "El que el Capitán está enseñándole, le dijo su nombre u origen?"

Miroku sacudió su cabeza pensativo. "Me dijo que no necesitaba saber."

Kagome asintió comprendiendo antes de continuar. "Suena como cualquier idioma que haya aprendido?"

"Ni de cerca." Le dijo Miroku cruzando sus brazos sobre su pecho con irritación. "No tiene una simple similitud a alguno de los otros idiomas que me enseñó. El alfabeto y la escritura, es muy confuso." Mientras Miroku hablaba, algo pareció cliquear dentro de él, algo importante que había olvidado, lentamente, se giró hacia Kagome, sus ojos dirigidos hacia su hombro. "Kagome," se dirigió dejando toda pretensión de formalidad para sorpresa de ambas mujeres, era la primera vez que se había dirigido a ella por su nombre de pila. "Puedo ver la marca en tu hombro."

Instantáneamente, Kagome cubrió la marca con su mano, mirando a Miroku tímidamente. "Por qué?"

"Creo," le dijo franco. "Que esa marca tiene palabras debajo de ella, escritas en el idioma natal del Capitán."

Los ojos de Kagome se abrieron de golpe sorprendidos mientras rápidamente se abría la chaqueta, moviendo a un lado su camisa rápidamente, sus ojos en el perro y las extrañas líneas debajo. "Esas líneas?"

Rápidamente, Miroku se acercó más a ella como Sango, ambos miraban la extraña marca en el hombro de Kagome. Los ojos de Miroku se abrieron mientras la detallaba, seguro, sin poder leerla, sabía que era de este extraño idioma. "Kanji," identificó. Conocía cada símbolo del alfabeto hiragana, así que supo que éstas tenían que ser letras en kanji.

"Puedes leerlo?" Inquirió Sango mirando el hombro de Kagome.

"Me temo que no." Dijo Miroku alejándose de Kagome, decepcionado consigo. "No sé lo suficiente para leerlo."

"Ya veo." Murmuró Kagome colocando su manga y reacomodando su chaqueta, antes de que pudiera hablar otra vez un grito salió del nido de cuervos.

"Veo el puerto!" Gritó el hombre en el nido del mástil, indicando que todas las manos se prepararan para atracar en New Orleans.

"Esto tendrá que esperar para más tarde." Dijo Miroku rápidamente moviéndose rápido hacia la escalera que conducía hacia la cubierta de las habitaciones, bajando apresuradamente, en camino a la cubierta inferior para encontrar al Capitán quien se encontraba escondido, de qué, Miroku no estaba seguro.

Aún de pie en la cubierta del timón, Kagome observaba a las personas activas a su alrededor, preparándose para atracar. Con dedos temblorosos alcanzó y tocó la tela bajo la cual yacía la marca del perro. Cautelosamente, sus dedos masajearon las ropas y su piel, asegurándose distraídamente, "Esta marca," pensó en silencio, el viento alborotó su cabello, moviéndolo en sus sienes. "También es una pista sobre ti, no es verdad, Inuyasha?"

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New Orleans era un mundo propio, esa era la única manera en que Kagome podía describirlo adecuadamente. Las calles estaban llenas de gente de todas las razas, antecedentes, clases, y vestuarios. Había visto mujeres en enaguas igualando a la monarquía francesa de pie a unos pies de mujeres vestidas en harapos comunes.

Y de toda esa gente diversa llegaba una diversidad de lenguas que nunca pensó escuchar. Miles de idiomas flotaban alrededor de su cabeza, algunos fácilmente reconocibles, inglés y francés por ejemplo e incluso el español era familiar para ella aunque no podía entender una palabra. Y bajo esos idiomas conocidos, cuyas palabras y frases sonaban más naturales para sus oídos, había otros que no sonaban como palabras sino más como gruñidos o rugidos de osos, profundos de las gargantas de la gente como si estuvieran enojados. Y habían algunos otros idiomas que podía escuchar por debajo de aquellos violentos, idiomas que sonaban tan gentiles, que pensó que el idioma mismo debía haber sido del renombrado Babel, un idioma original y puro, dulce e inocente.

"Son tan—" Kagome se encontró hablando en voz alta llamando la atención de los otros miembros de su grupo rodeándola, Sango, Miroku y el joven Shippo. Si el Capitán estaba escuchándola, no hizo noción para decirlo, simplemente se mantuvo caminando (aunque una de sus orejas se giró levemente en su dirección). "Diversos."

"Lo sé!" Chilló Shippo antes de que alguien más pudiera hablar, llamando la atención de todos los adultos hacia su pequeña forma. Se había decidido que Myoga necesitaba un descanso de cuidar al niño así que habían optado por llevar al pequeño. "He estado en muchos puertos y este tiene los más diversos tipos de personas!"

Kagome hizo una mueca ante la mala pronunciación y la horrorosa gramática del niño, incluso hizo punzar su corazón en su pecho, la simple idea de que un niño tan listo pudiera hablar como lo hacía Shippo. Sabía que era más que capaz de aprender si alguien se sentaba y le enseñaba (una acción que estaba asumiendo en la actualidad), sin embargo, romper un hábito de cinco años en un barco pirata era una tarea difícil. Tomaría algo de tiempo para que Shippo reaprendiera cómo hablar apropiadamente pero era una misión que estaba dispuesta a aceptar, sin importar cuánto le tomara pero por ahora—miró a Shippo quien estaba mirando a su alrededor maravillado del sorprendente mundo diverso de New Orleans y sonrió—por ahora lo dejaría pasar.

"Shippo, hablas como un imbécil de mala raza."

Eso no significaba que todos lo hicieran.

El pequeño se paralizó, Kagome, Sango y Miroku se paralizaron. Esa era la primera cosa que el Capitán decía en todo el día, antes había estado inusualmente callado, un hecho que habían imaginado tenía algo que ver con cierto incidente de la noche anterior. Sin embargo, era lo primero que le había dicho a alguien en todo el día y fue un insulto dirigido a un niño que era maleducado pero en el proceso de aprender, lentamente.

Kagome se giró hacia el pequeño Shippo, cuyos pequeños ojos se habían abierto y llenado con lágrimas. Había sido golpeado, había sido atemorizado, victimizado, torturado por Hiten y Manten, entendía la violencia, entendía el abuso, pero no entendía las palabras y el poder que yacía tras ellas. Manten e Hiten no habían sido atormentadores psicológicos, no, no eran lo inteligentes suficientes para algo como eso. Y por lo tanto, Shippo no había desarrollado piel para los insultos; no tenía algo escondido como eso. Un golpe podía soportarlo pero no las palabras.

Así que ahora, permanecía de pie a un costado de la calle, su pequeño rostro contorsionado mientras lágrimas se reunían en ojos verdes. Le rompió el corazón de Kagome y también las cadenas que mantenían su boca bajo control.

"Capitán!" La voz de Kagome resonó antes de poder controlarse, una ola de rabia al parecer apareció en sus rasgos normalmente dulces mientras se agachaba para alzar al niño, consolándolo. "Eso fue completamente innecesario!"

El hombre en cuestión miró sobre su hombro a Kagome, sus ojos fijos en ella antes de mirar al joven Shippo, una ceja elevada mientras asimilaba la vista de ambos, mirándolos como si estuviera viéndolos por primera vez.

Todos permanecieron en silencio, el sonido del hipo y las lágrimas se desvanecieron mientras miraban al Capitán, analizando su cara en la misma forma que analizaba a Kagome y a Shippo, como si estuvieran viéndolo por primera vez. Había bolsas bajo sus ojos vacíos, líneas planamente visibles en un frunce preocupado y una boca apretada. Este no era el hombre que conocían, este era una carcasa, alguien simplemente hablando porque sabía cómo hablar, alguien simplemente caminando porque sabía cómo caminar, alguien simplemente existiendo porque no encontraba medios para cambiar ese destino.

"Capitán?" Susurró Kagome de nuevo, esta vez suavemente casi arrepentida, mientras miraba al hombre ante ella, analizando ese rostro vacío. Normalmente, era animado, normalmente era vivo y casi feliz con una sonrisa permanente y gentil que trataba de esconder debajo de un rudo exterior. Se había ido ese brillo que siempre parecía estar en sus ojos, esa pequeña mirada maliciosa a la que se había acostumbrado y en su lugar había alguien que la asustaba más de lo que pudiera cualquier pirata sediento de sangre. Alguien que estaba muerto, alguien que estaba cansado de vivir.

Y luego de repente como si hubiese sido presionado un interruptor o palanca, la sonrisa regresó a su rostro, las bolsas bajo sus ojos se desvanecieron y las arrugas, las líneas que marcaban entrecejo y labios, desaparecieron como si nunca hubiesen existido. "Casi estamos ahí." Dijo francamente dándose la vuelta, alejándose como si los pasados minutos nunca hubiesen sucedido. "Con optimismo, esa bruja aún esté viva."

Nadie dijo otra palabra, no se molestaron en hacer un sonido excepto el llanto de Shippo, los tres adultos estaban muy sorprendidos para abrir sus bocas pero eso se ajustaba bien al actual humor del Capitán. Después de todo, New Orleans era un lugar de tormentosos recuerdos. "Está cambiado." Murmuró él por lo bajo tan bajo que ninguno de sus confundidos compañeros escuchó su susurro. "Cómo puede algo cambiar tanto en solo cincuenta años?"

El paisaje sin duda había cambiado, acomodando una nueva era de personas aunque las personas eran como recordaba: diversa y extravagante. Una mezcla de cada persona que pudieras esperar ha nacido; desde alemán a indígena, desde inglés a africano, y aun todos parecían en buenos términos, justo como en los 20's. Inuyasha resopló ante la idea—aquí donde todos aceptaban o al menos toleraban esas diferencias, era el único lugar donde había sido atormentado más por su herencia. "Qué irónico." Sonó la voz en su cabeza, enojada y amarga.

Apretó sus dientes, cerró sus ojos mientras su cuerpo lo conducía por un camino que conocía bien, a un lugar que había visitado un millón de veces. Podía verlo, adelante, el letrero que le decía que se acercaban a su destino, era una tienda, una librería.

Inuyasha caminaba por las calles de New Orleans, sus ojos ansiosos estudiando las personas pasando, negociando con el otro, el idioma de gente francesa flotaba en el aire, un idioma que conocía bien. No seguro de lo que quería hacer o de adónde quería ir, el joven Capitán simplemente vagaba, deteniéndose para mirar en la ventana de una pastelería y carnicería muy brevemente antes de girarse hacia una tienda de moda y luego una librería; su amor por los libros lo llevó a revisar al menos la exhibición en la ventana aunque apenas tenía suficiente dinero para comprar un cerveza mucho menos un libro.

De pie en esa ventana, miró las carátulas, cuero y sogas con nudos apretados, sus títulos todos los conocía bien. Moll Flanders, Robinson Crusoe, Paraíso Perdido, Don Quijote pero entonces vio uno que nunca había visto antes, Los Viajes de Gulliver.

Entrecerrando sus ojos, Inuyasha miró debajo del título leyendo el pequeño nombre del autor, "Swift?" Inuyasha se retiró sorprendido. "Así que ha escrito un nuevo libro," mordiendo su labio buscó en su bolsillo, removiendo el poco dinero que mantenía ahí. "Tengo un chelín." Murmuró y miró el libro, no había manera que lo comprara en un chelín.

Exhalando un irritado respiro, Inuyasha continuó, tendría que darse el lujo de Swift más tarde. Con hombros desplomados, Inuyasha se dio la vuelta de la tienda, su decepción lo llevó a buscar lo único que podía permitirse, una bebida. Ubicando un lugar que se ajustaba a sus necesidades, vagó por la calle esquivando caballos y carruajes mientras se abría camino, hacia el pomo de la puerta de una taberna—una taberna que no tenía gran importancia además de sus contenidos.

Lentamente abrió la puerta, una campana resonó sobre su cabeza, el ruido golpeó duro sus orejas haciéndolas aplastarse en su cabeza. Haciendo una mueca, se sacudió y entró, una gentil voz halagó sus orejas.

"Peux-je t'aider?"

La voz era suave y cálida, golpeando sus sentidos en todos los ángulos, tocándolo profundamente mientras miraba hacia el lugar de donde había provenido ese sonido. Lo que vio fue una vista que pensó nunca olvidaría. Una mujer—la mujer más asombrosa que haya visto hasta la fecha. Era hermosa—absolutamente hermosa, largo cabello hasta su cintura, liso y negro, ojos opacos, redondos y grandes, profundos y contemplativos, piel de apariencia cremosa, blanca como una nube, labios rosa y delgados juntos en una sonrisa forzada.

Inuyasha abrió su boca incapaz de hablar, su voz suspendida completamente en su garganta, toda su personalidad congelada.

"Peux-je t'aider?" Preguntó ella, sus ojos fruncidos mientras lo miraba, asustada por su extraño comportamiento.

Él tragó y lamió sus labios, asintiendo antes de abrir su boca y hablar. "Tu prends des shilling anglais?" Logró preguntar sosteniendo su único chelín para que lo viera, tontamente.

"Des shilling anglais, tu dis?" Preguntó ella ladeando su cabeza, una divertida si no molesta mirada en su rostro. "Je ne savais pas qu'il en existait d'autres."

"C'est parce qu'il en existe pas." Dijo Inuyasha tontamente en respuesta, ella sonrió divertida.

"Assie-toi," dijo ella señalando una silla vacía en la barra. "Je prends tous ce que tu veux tant que ça ait de valeur."

Inuyasha miró alrededor, buscando en la taberna prácticamente vacía y luego a la encantadora joven ante él. Y sin pensarlo dos veces, caminó hacia la butaca y se sentó, no sabiendo que por el resto de su vida, se sentaría y pensaría—solo—en por qué había hecho una cosa tan estúpida solo por una cara bonita.

El recuerdo se desvaneció, la obsesión menguó por ahora mientras Inuyasha asimilaba una vista que había jurado nunca ver otra vez: La Taberna de Cunning. Apretó su puño a su costado, la presión en su corazón más grande de lo que había pensado que sería. Este era el momento de la verdad, este era el momento que había estado temiendo.

Discretamente, miró a la maravillosa Kagome Dresmont tras él, su cara, sus ojos, su cabello, su vivaz y curvilíneo cuerpo, la inocente mirada que brillaba en su rostro. No se veían nada iguales y aún eran gemelas. Los ojos, la boca, la nariz, las orejas, incluso los labios—eran idénticas superficialmente pero la joven—la joven—era ella, no es así? La manera en que sonreía Kagome, la forma en que su sonrisa iluminaba todo su rostro, destellando en sus profundos ojos grises—eso era diferente. La manera en que reía, la forma en que esa risa parecía brotar desde un inocente lugar dentro de ella—eso era diferente. La forma en que bailaba, como si estuviera flotando sobre el suelo, emocionada ante la oportunidad de volar—eso era diferente. Y la manera en que tocaba el violín, el hecho de que quisiera aprender, el hecho de que confiara en él para enseñarle—eso era diferente.

"Ella no puede ser la misma chica," se dijo mientras imágenes de ambas mujeres flotaban en su mente, desafiándolo, burlándolo, arruinándolo. "Pero, se ven muy parecidas y—no puede ser una coincidencia." No podía, no podía. "Por favor," se escuchó susurrar Inuyasha. "Por primera vez en mi vida, quiero estar completamente equivocado." Cada paso que daba parecía durar una eternidad, haciendo eco en su cabeza, un mantra silencioso de cosas por venir. Cada caída de sus botas parecía sincronizada con el rápido latido de su golpeado corazón. "Por favor," susurró tan bajo que ni un perro demonio habría escuchado sus palabras. "Por favor." El compás de sus pies sonaba como truenos para sus sensibles oídos, el reloj más grande del mundo tocando a medianoche, rogando que cambiaran los tiempos. "Por favor que esté equivocado." El sonido de sus pies tras él lo golpeaba como una tormenta en tierra. "Onegai, Kami-sama." Inuyasha se encontró susurrando, pidiendo un favor en un idioma que se había rehusado a usar por años. "Kami-sama." Susurró de nuevo, sus ojos cerrados fuertemente, temeroso de lo que pudiera ver. "Onegai!"

Supo que habían alcanzado su destino, ojos cerrados y todo. Hacía mucho tiempo había memorizado exactamente cuántos pasos le tomaba entre los libros y la joven. Lentamente, abrió sus ojos, asimilando esa puerta de madera—no había cambiado, no había cambiado en cincuenta años. Casi podía verse abriéndola esa primera vez, una doble imagen, reflejando en él que ahora estaba ahí. Se veía igual que entonces, no había cambiado en cincuenta años, la puerta no había cambiado en cincuenta años, la librería no había cambiado, la gente no había cambiado—lo único que había cambiado era la mujer que había venido a ver: la hermana menor.

Había cambiado?

Tragándose el nudo en su garganta abrió la puerta, escuchó la presión sanguínea correr por sus oídos silenciando todo a su alrededor, aislándolo en el momento que ahora estaba viviendo.

Podía escuchar al demonio gritándole en el fondo de su mente, podía escucharlo gruñir, gritando que deberían irse, que esta era una mala idea, que era un tonto por venir, por tomar esta horrible oportunidad. E Inuyasha se encontró muy presionado para no escuchar—nunca había querido huir de nada más de lo que quería huir de esta puerta. Esta puerta que albergaba dos posibilidades—dos posibilidades muy distintas, dos posibilidades que temía enfrentar. Sin embargo, ahora era el momento de enfrentarlas, el momento de enfrentar la verdad que la hermana menor le diría, ahora era el momento en enfrentar al fantasma que yacía en su corazón y esta vieja taberna.

El chillido de la madera vieja llenó el aire mientras la puerta de la taberna se movía lentamente, abriéndose y permitiendo que un extraño cuadro de luz entrara en las oscurecidas profundidades de un viejo pero bien amado lugar de alegría. Esa luz viajó, golpeando cada rincón, tocando cada superficie hasta que llegó a descansar en una vieja mujer, con cabello grisáceo y un parche que cubría un desgastado ojo. Ella se giró, su expresión sombría pero luego se llenó con incredulidad y aparente sorpresa.

"Kikyo?" Jadeó la anciana, el vaso que había estado sosteniendo se deslizó entre sus viejos dedos, rompiéndose en el piso de madera, el nombre en sus labios haciendo eco, golpeando cada hueco como la luz, era una pesadilla que ahora era una aterradora realidad.

"Mierda."

Fin del Capítulo

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Traducciones del japonés:

Itsu watashi ga saigo no Oyagi, anata o do omoimasu ka? Cuándo fue la última vez que pensé en ti, padre?

Inuyasha wa, kakikomi. Inuyasha, escribe.

Onegai, Kami-sama. Por favor, Señor Dios (Esta traducción de Kami-sama es debatible)

Traducciones del francés:

Peux-je t'aider? "Señor, puedo ayudarle?"

Tu prends des shilling anglais? "Recibes un chelín inglés?"

Des shilling anglais, tu dis? "Un chelín inglés?"

Je ne savais pas qu'il en existait d'autres. "No era consciente que existía de otro tipo."

C'est parce qu'il en existe pas. "No lo hay."

Assie-toi, je prends tous ce que tu veux tant que ça ait de valeur. "Siéntese, recibimos lo que tenga en tanto como sea valioso."

Notas gramaticales:

Esta lección de gramática es muy básica, no incluye muchas partes modernas del lenguaje porque durante los 1700's la persona promedio no se educaba lo suficientemente bien para conocer de verbos y participios y todo ese rollo, incluso un listo como Inuyasha ^^

No incluiré el moderno alfabeto katakana. Este alfabeto fue creado en el siglo noveno lo que significa que Inuyasha podría haberlo aprendido, sin embargo, Inuyasha no sabrá de su existencia por ciertas razones de la historia.

También, noten que el japonés no usa '?' en vez crea preguntas usando el sonido 'ka' en hiragana al final de la oración. Para evitar confusión usaré los signos de interrogación ya que mi audiencia es angloparlante!