Capítulo 7: Aversión
Hermione tuvo que recorrer todas las librerías del Callejón Diagon para encontrar finalmente en la más pequeña, el ansiado ejemplar con la biografía de Agapía Vlachas. La edición no era muy popular, ya que carecía de valor científico. La historia de la bruja Vlachas no se enseñaba en Hogwarts, y sus creaciones no se estudiaban por separado en ningún lugar. Era difícil estudiar algo que llevaba siglos acumulando polvo en las mansiones ancestrales de las familias de magos más ricas del mundo. Los magos británicos valoraban mucho más los artefactos de los duendes, les dedicaban sus trabajos académicos y escribían leyendas sobre ellos. Las joyas de la antigua artesana griega no se hicieron famosas por nada fenomenal, salvo por la precisión y su exquisita belleza, pero en el mundo mágico, esas cualidades no era nada fuera de lo común.
Sin embargo, por alguna razón, la intuición de Hermione se aferró a aquella artesana. Tal vez influyeron las palabras del otro Harry sobre la caja de música. Agapía había creado muchas, si se podía confiar en las fuentes que leyó, ¿Podría un recuerdo así ser una especie de portal entre mundos paralelos? Sólo quedaba especular.
Hermione sentía que podía estar al borde de un gran descubrimiento, pero no podía dejar de inquietarle el hecho de que nadie hubiera conseguido descubrir y describir una propiedad tan increíble del artefacto durante muchos siglos. Por eso su confianza en sus propias conclusiones "innovadoras" era tan frágil.
En el banco, retiró una cantidad considerable de dinero, una parte en galeones y otra en libras muggles, y posteriormente se fue a casa. Durante todo el tiempo que Hermione estuvo ocupada con sus asuntos, no le quedó más que rezar para que el recién llegado Harry Potter cumpliera su promesa de no causar problemas en su ausencia.
Deseaba desesperadamente confiar en él, ya que era tan parecido al Harry que ella conocía tan bien. Sólo el carácter descarado de ese visitante de otro mundo le servía a Hermione como recordatorio de que no estaba junto a su amigo, sino con un mocoso desconocido que podía hacer algo mal. A pesar de todo su encanto exterior.
—Harry, soy yo. —Anunció al entrar en su apartamento, pero se encontró con un extraño silencio, ¿Se había escapado después de todo?, ¿O simplemente se había quedado dormido?
Hermione corrió hacia la sala de estar y apenas logró mantenerse en pie al tener que frenar de golpe ante la escena que se desarrollaba frente a sus ojos. Por un momento creyó estar viendo doble, porque en la habitación no había un solo Harry Potter, sino dos. Uno de ellos, el que tenía la cara magullada, forcejeaba inútilmente en el sofá, atado de pies y manos. El otro, completamente ileso, estaba de pie junto a él y apuntaba a su "prisionero" con su varita.
—Así que Harry Potter. —Dijo Harry, sacando un frasco de líquido transparente del bolsillo de su pantalón. —Podría sacarte una confesión a golpes, pero esto es mucho más fácil…
—¡Harry! —Chilló Hermione, e inmediatamente dos pares de ojos verdes se volvieron hacia ella. —¿Qué está pasando aquí?
—¡Tu amigo es un sádico demente, eso es lo que pasa! —Intervino enseguida el Harry que estaba atado. —¡¿Dónde está su bozal?!
—¡Cállate! —Gritó el otro.
—¡Dios! —Hermione se interpuso inmediatamente entre ellos, fulminando con la mirada a su mejor amigo. —Harry, por favor, basta, ¡No lo hagas!
—¡Hermione, este idiota asegura ser yo! —Estalló Harry. —¡Y lo que es aún peor, se metió en tu apartamento!, ¿No te parece sospechoso? Menos mal que no había nadie en casa cuando apareció… ¡Pudiste haber salido lastimada! Merlín, ¿En qué estabas pensando? —Hizo una breve pausa, procesando lo que acababa de comprender. —Espera, ¡¿Acaso fuiste tú quién lo dejó entrar?!, ¡Entonces definitivamente no entiendo nada! Hermione, por el amor de Dios, hasta Filch habría notado la diferencia entre nosotros, ¡Pero tú!, ¿No pensaste en al menos hacer una comprobación básica?, ¿Preguntarle cosas que sólo yo sabría?
—¡Cálmate, Harry!, ¡No soy una idiota!, ¡Por supuesto que lo comprobé! Ya le di Veritaserum, así que puedes ahorrarte la poción. Él no miente. —Dijo, dándose la vuelta hacia su invitado y, con un movimiento de varita, lo liberó de las ataduras. —¿Por qué lo golpeaste?
—Y en la cara, además. —Murmuró el otro Harry, fulminando con la mirada a su doble mientras se frotaba la mandíbula dolorida. —Dime tú, ¡¿Con qué cara se supone que voy a aparecer ahora frente a los periodistas?!
—¡¿Cómo que no miente?!, ¡Este imbécil dice ser Harry Potter! Si crees que eso es verdad, ¡Entonces uno de nosotros se ha vuelto loco! —Harry contuvo del brazo a Hermione, quien intentaba acercarse al prisionero.
—Yo tampoco lo creía al principio, pero él realmente es Harry Potter. Es decir, es como si fueras tú… pero… de otro mundo… ¿Entiendes? Llegó aquí por accidente, ¡Y ahora hay que enviarlo de vuelta lo antes posible! Suéltame, necesito curar tu… quiero decir, su cara… —Hermione le soltó la mano a Harry y comenzó a rebuscar en su bolso.
Desde la guerra, siempre llevaba bálsamo consigo. Humedeció un algodón, se sentó en el borde del sofá junto a Harry y aplicó la medicina sobre su rostro. Él siseó e hizo una mueca por el escozor.
—Ya te hará efecto. —Lo tranquilizó. —Vas a quedar como nuevo.
—Gracias. —El Harry que yacía en el sofá, suspiró aliviado y cubrió su mano con la suya. Harry, de pie a cierta distancia, observaba en silencio cómo la delicada mano de Hermione se presionaba contra su mejilla herida.
El invitado estaba increíblemente agradecido de que Hermione hubiera aparecido justo a tiempo y lo hubiera salvado de una muerte segura. Estar a solas con su versión psicótica era mortalmente peligroso. Además, mirar a aquel tipo destrozado por la vida le resultaba desagradable. La nostalgia de Harry por su hogar y su realidad original se intensificó enormemente.
—Si tanto necesita volver a casa, ¿Podrías dejar de ser tan amable y tomarte la molestia de explicarme de una vez qué está pasando aquí? —Explotó Harry, incapaz de contenerse. A él tampoco le resultaba agradable presenciar aquella escena.
Ni siquiera entendía por qué estaba tan enfadado. No sabía por qué le molestaba tanto ver a Hermione cuidar con tanta ternura y atención a ese idiota que, para colmo, tenía su misma cara y se hacía llamar por su nombre. Hasta el momento, Harry no podía creer ni por un knut que ese sujeto fuera él mismo, solo que de una realidad paralela, ¡Eso no existía!, ¡Ninguno de ellos había oído jamás hablar de tal cosa!
Hermione soltó un suspiró exasperado y liberó su mano de entre los dedos de Harry, para luego mirar a su amigo.
—Entiendo tu confusión, yo también me sorprendí. De eso quería hablarte después de la reunión con Kingsley, ¿Recuerdas?
Harry asintió y se dejó caer en el sillón con gesto cansado, aunque aún sostenía la varita en alto. Si ese tipo se atrevía a moverse, le iba a dejar la cara aún peor.
—Probé tanto la poción Multijugos como los hechizos. También usé Veritaserum. Dice que llegó aquí justo después de abrir una especie de caja. Creo que es un artefacto. Y ahora estoy intentando encontrar cualquier información útil sobre eso, pero hasta ahora no he avanzado mucho. —Hermione se encogió de hombros, mirando directamente a su amigo, que estaba sentado en una pose tensa con los labios apretados y el ceño fruncido. —Le permití quedarse aquí porque no tiene otro lugar a donde ir, ¡Y si van dos Harry Potter paseando por Londres, eso levantará sospechas, por decirlo suavemente! Lo último que necesitamos es otro escándalo por parte de los periodistas, ¡Y no podía mandarlo directamente contigo para el placer de Ginny!
—¡Ey!, ¿Y a mí alguien me ha preguntado? —Intervino el segundo Harry. —Lo siento, pero yo no pienso irme a casa de esa loca, ¡A cualquier sitio, menos con ella! Tú, por lo que veo, te aferraste a ella porque saliste medio aturdido de la guerra o…
—¡Cierra la boca! —Lo cortó Harry. —Tus consejos son lo último que necesito, ¡Ni siquiera sabes sostener bien una varita!, ¿De dónde demonios has salido?
—Aparentemente, de una realidad más adecuada. Nada que ver con el manicomio que tienes aquí…
—¿Ah, sí? —Harry alzó las cejas con fingido asombro.
—Harry. —Intervino Hermione suavemente. —No lo hagas. Ahí todo es diferente. Él no participó en la guerra ni pasó por todo esto… James y Lily… sobrevivieron ahí. La Orden venció a Voldemort mucho antes.
—¡¿Mis padres están vivos?! —Harry se puso de pie de un salto. Aquella noticia lo sorprendió tanto como el hecho de que su propio doble existiera en otra realidad.
—Sí. —Asintió Hermione. —Ahora prepararé un poco de té y escucharás las respuestas a todas las demás preguntas. Pero, por favor, nada de peleas…
—Como desees, Caramelo. —El doble de Harry le guiñó un ojo coquetamente a su salvadora, haciendo que Harry apretara los puños, nervioso. No confiaba en absoluto en ese sinvergüenza y no quería dejar a su amiga a solas con él. Algo dentro de él se oponía con todas sus fuerzas.
ꟾ
El té ya estaba servido en las tazas, pero Harry apenas había probado el suyo, a diferencia de su descarado doble, que devoraba las galletas con apetito y, en general, se comportaba como en casa. Bromeaba con Hermione, coqueteaba con ella, la llenaba de cumplidos y de vez en cuando intentaba tocarla accidentalmente. En esos momentos, Harry sentía unas ganas tremendas de arrancarle los brazos.
Resultó que, en el universo alterno, el jefe del Departamento de Aurores era James Potter, de cuyo despacho el idiota sentado frente a él había decidido robar la caja.
—¿De verdad mi padre guardaba cosas tan peligrosas en el viejo armario? —Preguntó malhumorado. —¿Para que cualquier idiota pudiera fácilmente sacarlas de ahí?
—Bueno, para empezar, todos pensaron que era un simple recuerdo. La caja fue revisada minuciosamente por los inefables y no encontraron nada extraño en ella, por eso se quedó con mi padre. Además, no la guardó simplemente en un viejo armario, como tú dices, sino en un lugar protegido por magia de sangre.
—Esperen, tengo algo conmigo. —Intervino Hermione, sintiendo que el ambiente volvía a ponerse tenso. Ambos Harry sentían una abierta antipatía el uno por el otro, y ese hecho la tenía algo desconcertada.
Empezó a rebuscar frenéticamente en su bolsa de cuentas hasta que sacó un libro con ilustraciones de las obras de Agapía Vlachas.
—¡Aquí está!, ¡Mira, Harry! —Dijo dirigiéndose al invitado del universo paralelo. —¿Estos recuerdos se parecen al menos un poco a esa caja?
El doble examinó atentamente la página. Al no encontrar ninguna coincidencia, empezó a hojear las fotos hasta que llegó a la imagen de una caja exactamente igual a la que había en el estudio de su padre.
—¡Sí, ahí está!
—¿Estás… estás seguro? —Hermione se puso tensa. Le costaba creer que su suposición al azar hubiera dado justo en el blanco.
—Al menos es muy parecido…
—¿De dónde sacó esa cosa tu… nuestro padre? —Preguntó Harry. Él deseaba más que nadie devolver su fallida copia y olvidar todo esto, como si se tratara de una mala pesadilla.
—No lo sé exactamente. —Dijo Harry, encogiéndose de hombros. —Mi padre guardaba cosas en el armario que habian sido confiscadas a los mortífagos, pero que a los expertos no les interesaba. Te lo digo, todos pensaban que era solo una pieza decorativa bonita y cara. No sé exactamente a quién se lo quitaron.
—No hay nada parecido en nuestros archivos. —Señaló Hermione. —Aunque tengo una idea de quién podría ser el dueño de semejante belleza.
Harry y ella se miraron. Sus pensamientos, como tantas otras veces, eran exactamente los mismos.
—Yo también. Solo que el abogado de los Malfoy ya me ha exprimido hasta la última gota de sangre. Incluso como jefe de aurores, no puedo ir a registrar su mansión, así como así, después de todos estos años. Además, no hay garantía de que encontremos esa caja. Si los Malfoy la tienen, seguramente está muy bien escondida. Por no mencionar que todos podríamos estar equivocados, y en esta… ejem, realidad, la caja podría estar en cualquier parte, incluso en otro continente.
—Entonces estamos en un buen lío. —Hermione sacudió la cabeza. —Pero antes de entrar en pánico, primero hay que estudiar bien este libro. Así que no hagamos nada estúpido todavía y… confiemos en que las cosas saldrán bien, chicos.
—¿Estás diciendo que te lo vas a quedar? —Preguntó Harry bruscamente, lanzándole una mirada a su doble.
—Ya te dije que no tiene otro lugar donde quedarse.
—Puedo darle algo de dinero, conseguirle una poción Multijugos y que se largue al Caldero Chorreante…
—No diría que no al dinero. —Intervino el intruso. —Eres como… mi alma gemela, así que podrías ser un poco más generoso…
—¿Sabes lo que podría hacer ahora mismo?, ¡Darte una buena paliza! —Le gritó Harry.
—¡Basta ya, los dos! No hace falta dinero, ¡Harry se queda aquí! Y Tú… —Le clavó el dedo en el pecho a su amigo. —Deja de molestarlo, ¡Ya tenemos suficientes problemas!
—De acuerdo. —Dijo Harry de pronto, levantándose y tomándola del codo. —Necesito hablar contigo a solas, Hermione. — Pidió, sacándola con él a la calle. —No me gusta nada todo esto. —Fue directo al grano en cuanto estuvieron lejos. —¡No es seguro estar a solas con él! Cualquier cosa podría pasar…
—Harry, ¿De verdad crees que no soy capaz de defenderme si algo pasa?, ¡Tú mismo viste sus habilidades de combate! O, mejor dicho, su absoluta falta de ellas. —Intentó razonar con Harry, ¿Por qué estaba tan alterado?
—¡Pues ese imbécil parece saber hacer daño sin varita!, ¿Sabías que Ron armó una pelea en el Ministerio y me acusa de haberte quitado de su lado? —La miró fijamente sin pestañear.
—Dios, Ron… —Hermione se llevó las manos a la cabeza. —Lo siento, Harry, se me olvidó por completo… él… ¡Él nos vio en el atrio y pensó que eras tú!
—¡¿Así que de verdad se besaron?! —Exclamó Harry, indignado, aunque ya conocía la respuesta, no precisamente alentadora. Escuchar la confirmación de sus labios, sin embargo, dolió más de lo que esperaba.
—Bueno, no exactamente… —Hermione se sonrojó. —Es sólo que Ron, como siempre, lo malinterpretó todo. Y yo me olvidé de él con todo lo que estaba pasando.
—¡¿Y qué se supone que haga con él ahora?!, ¡No quiere ni verme!
—Harry, se lo explicaremos después. Ya conoces a Ron, solo necesita tiempo para calmarse. Por ahora es mejor no decirle la verdad. Cuanta menos gente lo sepa, más seguro será para ti, ¿Lo entiendes?
—¿Para mí?
—¡Sí! No quiero que aparezca de nuevo un loco e invente historias sobre ti. Tienes demasiados enemigos. Tenemos que encontrar esa maldita caja y enviar a tu doble de vuelta.
—¿Estás segura de que es una buena idea dejarlo aquí? —Harry miró con desconfianza hacia las ventanas de su piso. —Puedo llevármelo…
—Ajá. Y acabarán matándose. O, mejor dicho, tú lo matarías a él, ¡Vi qué bien te comunicas!, ¿Y cómo se lo explicarías a Ginny?
—¡Ginny me dejó porque Ron le contó todas esas tonterías sobre nosotros! —Exclamó Harry.
En el fondo, sabía que la razón de su crisis no era Ginny. No había pensado en ella ni una sola vez en todo el día. Estaba molesto por la terquedad de Hermione y su decisión de quedarse con ese impostor con aires de galán. Desde el primer momento, Harry había intuido que de ese tipo no saldría nada bueno.
—¡Ron se ha vuelto completamente loco! —Chilló Hermione indignada, sonrojándose de rabia.
—¿Y cuándo ha sabido controlarse? —Ladró Harry. —¡Sobre todo desde que lo dejaste!, ¿Qué pasó entre ustedes?
—¡Eso es irrelevante! —Hermione le lanzó una mirada fulminante y se cruzó de brazos como si se estuviera protegiendo. —Harry… lamento lo que pasó con Ginny. Prometo hablar con ella y explicarle todo. Ella volverá, ya lo verás…
—Está bien. —Harry hizo un gesto con la mano, lo último que quería ahora era lidiar con Ginny y sus rabietas. —Eso puede esperar. Mañana intentaré sacar los archivos sobre el registro de la mansión de los Malfoy en el noventa y ocho. Si acaso, podríamos intentar asustar a Draco, aunque no sé si eso sirva de algo… ¿Tu entiendes cómo funciona esa cosa? Quiero decir, si encontramos la caja, ¿Estamos seguros de poder abrir el portal?
—Aún no lo sé. Pero intentaré averiguarlo. Después de todo, si tu doble pudo activarlo, nosotros también podemos. Sólo necesito algo de tiempo.
Harry endureció la mirada.
—Dile que si te toca, lo encontraré en cualquier universo y lo mataré.
—Harry. —Hermione se rio y lo abrazó. —Estás exagerando. No es tan peligroso como crees.
Harry guardó silencio, limitándose a estrecharla contra él un poco más de lo habitual. No dijo nada, pero en su mente tenía muy claro que se refería a un tipo de peligro muy distinto, uno que ella ni siquiera se imaginaba.
