- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.
"Psycho killer"
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Capítulo VIII
"Dos pasos atrás"
No supo cómo, aunque sí sabía muy bien el por qué.
Fue nada más subirse al automóvil y sin siquiera pensarlo demasiado había conducido hasta aparcar a no más de tres metros de aquel lugar. Permaneció sentado, con las manos firmes en el manubrio y la mirada perdida en un punto indefinido de la calle frente a él. Se recriminó mentalmente porque se había dejado llevar por las emociones y había querido jugarse su carta de triunfo ante ella, sin embargo… había perdido, estrellándose con una realidad para la cual no estaba preparado. Ella había aceptado sus besos y caricias, eso no podía negarse, pero quizás había sido sólo por evocación de un hecho pasado, o por temor a su reacción si le rechazaba, o lo que era peor… una forma cruel de tomar represalia por haberse marchado tiempo atrás.
Fuere como fuere, ahora le quedaba clarísimo que nunca debió haber sucumbido a ese anhelo casi insano por recuperar su cariño y resarcir su quebrada relación… ella tenía a otro con quien compartir su vida, un novio al cual había negado. Porque él había escuchado toda esa conversación encerrado en el armario, sintiendo cómo cada palabra dicha por la hermana de su ex prometida quemaba sus entrañas; sintiendo cómo con cada respuesta de Akane una espina se clavaba en su pecho. Ella no había negado las palabras que había dicho su hermana, sólo había evitado responder, por lo que intuía que los dichos de Kasumi tenían algo de veracidad. Por lo demás, Akane sólo había reconocido que el tipo ese le había pedido una oportunidad y que ella no se la había dado, pero… ¿y si ella mentía? Lo había hecho antes, ¿por qué no hacerlo ahora cuando él se había mostrado tan débil ante lo que ella le provocaba? Maldijo para sus adentros y dio un golpe al manubrio. No le gustaba la desazón que lo estaba invadiendo y mucho menos le gustaba reconocer que había sido derrotado por sus propios sentimientos, porque a pesar de que había tratado de no ilusionarse con recuperarla, no podía negar que en el fondo de su ser nunca había perdido la esperanza de que ella todavía le quisiera y al parecer, eso no era así.
Se sentía vulnerable y desvalido, y sólo ella podía hacer que se sintiera así, pero ya no más, había tomado una decisión: volvería a tratarla con la frialdad que lo había hecho cuando recién se habían reencontrado y había tenido que aceptar trabajar a su lado; ocultaría esos sentimientos tras la máscara de un rencor que nunca había sido tal y se enfocaría en el trabajo para descubrir lo más rápido posible a ese desgraciado que jugaba a ser verdugo, porque creía firmemente que esa era la única manera de recuperar su solitaria y sosegada vida… su vida antes de reencontrarla.
Exhaló un suspiro y alejó una de sus manos del manubrio sólo para percatarse tardíamente de que había olvidado algo muy importante por lo que soltó un improperio; ¡cómo podía ser tan estúpido!, en su precipitación por escapar de la habitación de su ex prometida había dejado olvidada su chaqueta y por ende, su teléfono en el interior. Bajó del automóvil y azotó la puerta para luego avanzar con sigilo hacia la casa más próxima; se asomó por la ventana y entonces la vio sentada sobre sus rodillas a un lado de la mesa del comedor; estaba sola pero no quiso arriesgarse, así que golpeó suavemente la ventana. Sólo al tercer llamado ella se percató de que había alguien en su ventana y fue a verle. La sorpresa que se estampó en el rostro de la mujer fue enorme cuando lo observó medio escondido al lado de la ventana, por lo que salió rápidamente rumbo a la puerta de entrada.
-¡Ranma! –exclamó cuando lo vio acercarse a ella haciendo gestos para que bajara la voz-, pero, hijo…
-Calma, mamá –le interrumpió-, ¿está tu esposo en casa?
-No, salió hace un rato -contestó dándole un abrazo que el joven se encargó de interrumpir rápidamente-, pero tú, ¿qué haces aquí?, nunca vienes a visitarme y...
-Necesito que me ayudes en algo –dijo por toda respuesta-. Necesito que me ayudes y que prometas guardar un secreto.
-Ven –indicó tomándolo del brazo para hacer que la siguiera al interior de la casa-. ¿Estás en problemas? –preguntó cuando llegaron a la sala.
-No, necesito recuperar algo y sólo tú puedes ayudarme.
-Debe ser muy importante para que vengas a casa, porque desde que abandonaste Nerima nunca has vuelto, ni siquiera para hacerme una visita de cortesía –le reprochó cruzándose de brazos.
-Lo siento, sabes que tenía mis motivos para no venir por este barrio, mamá.
-Sí, tus motivos tienen nombre y apellido –dijo asintiendo con un movimiento de cabeza-, ¿qué pasó ahora para que hayas decidido volver?
Él la observó con algo de culpa. Su madre conocía gran parte de la historia de porqué había abandonado la casa de los Tendo mas no los detalles, él mismo se había sincerado con ella tiempo atrás debido a la insistencia de su progenitora, además, lo conocía bien y aunque ya no se vieran a diario, ella no perdía esa habilidad de detectar de inmediato cuando a él le pasaba algo. Suspiró y se dejó caer en la estera apoyando sus manos en la mesa, ella se sentó con delicadeza a su lado.
-Volví a verla –dijo casi en un susurro enfocando su mirada en la ventana-, ya no tengo que esconderme porque ella… en fin, puedo venir a verte cuando yo quiera.
-¿Así de simple? –lo vio asentir-, ¿volviste a verla y arreglaron sus conflictos? –él negó con un movimiento de cabeza-, pero entonces…
-Estamos trabajando en un caso, Hansuke y yo –le interrumpió-. Es bastante complicado y Satō nos asignó a una psicóloga para que nos asesorara… puedes imaginar quién fue considerada para trabajar con nosotros.
-Akane… ¡estás trabajando con ella! –exclamó llevándose una de sus manos a los labios-, pero entonces, ustedes…
-Mamá, te pido que no te emociones tanto. Nada ha cambiado entre nosotros, sólo aceptamos trabajar juntos porque ella lo necesita para que aprueben su especialidad y yo no puedo echarla. Te he hablado muchas veces de cómo es Satō y él no permitirá que le contradigan, antes preferirá sacarme a mí de la investigación.
-Por eso fue que ella me preguntó por ti el otro día –reflexionó Nodoka llamando la atención de su hijo-. Desde que abandonaste Nerima, ella nunca me preguntó absolutamente nada sobre ti, y como tú nos pediste que no reveláramos ninguna cosa respecto a tu vida, a quienes te conocían acá en Nerima… pero hace unos días me la encontré de casualidad en la calle y me hizo varias preguntas; no dejó de llamarme la atención, pero no quise preguntarle por ese súbito interés.
-Bueno, debe ser porque estamos obligados a trabajar juntos.
-¿Sólo eso? –inquirió escrutándolo con la mirada.
-Sí, sólo eso.
-Hijo, sabes lo que pienso. Si bien nunca he querido presionarte para que me cuentes todo lo que pasó entre ustedes y respeté siempre tu decisión de abandonar la casa de Soun y romper el compromiso porque creí en tus motivos y en los de ella, sabes que siempre he soñado con que ustedes reparen esa relación tan bonita que tenían antes de que se separaran cuando decidiste…
-Mamá, lo hemos hablado mil veces, no puedo reparar una relación que en realidad nunca comenzó –le interrumpió enfocando sus ojos en los de su madre-. Aunque en mi estúpido corazón haya sido muy real, ya no puedo ni quiero hacerlo –pensó sin expresarlo.
-Pero…
-No vine a hablar de eso, mamá –mintió y se sintió un cobarde al hacerlo, porque lo cierto era que había llegado hasta esa casa con el único objetivo de buscar consuelo luego de haber escuchado aquella maldita conversación entre su ex prometida y su hermana mayor. Considerando que la única persona a la que podía acudir cuando se sentía débil y triste era su madre, había optado por ir a verla, sin embargo, ahora debía hacer su melancolía a un lado y pedirle un favor sin levantar mayores sospechas-. Prometo venir a verte más seguido si tú lo quieres, pero ahora necesito que me ayudes.
-¿En qué?
-Yo… tuve que ir a casa de Akane… por el trabajo –se justificó al ver que su madre se sorprendía-. Su familia no sabe que estamos obligados a trabajar juntos y es mejor así, para todos –sentenció imprimiéndole una soslayada advertencia a sus palabras-. El asunto es que dejé olvidada mi chaqueta en su casa con mi teléfono dentro, yo… necesito que me ayudes a recuperarlo.
Su madre lo observaba con mucha curiosidad, como si fuera el ser más extraño sobre la faz de la tierra. Al poco tiempo sonrió y luego dejó escapar una carcajada que logró asustar al joven de trenzados cabellos.
-Lo siento pero siempre te has visto muy gracioso al tratar de mentir.
-¿Qué?
-Ranma, soy tu madre, sé perfectamente cuando quieres ocultarme algo. Ahora dime, ¿qué es lo que verdaderamente está ocurriendo entre ambos?
-Nada, mamá, sólo trabajamos juntos, ya te lo expliqué.
-Pero tú no sólo quieres trabajar junto a ella, ¿me equivoco?
-Te equivocas -concluyó con una mirada fría que sorprendió a su madre-. No tengo otra intención que la de trabajar con ella porque no puedo contradecir a mi jefe directo. Cuando resolvamos el caso, cada cual tomará su camino como siempre debió ser, fin de la historia.
-Ranma…
-No pasa nada entre ella y yo, mamá, sólo necesito su ayuda y ella necesita aprobar su especialidad, ni siquiera nos toleramos, así que no te ilusiones con posibles reparaciones de una relación que jamás existió –mintió.
Su madre le devolvió una mirada censuradora pero no dijo nada más al respecto. Sabía que su hijo estaba escondiendo algo importante pero por experiencia debía reconocer que mientras más insistía para que él le contara sus cosas, él más se encerraría en sí mismo, así que suspiró y optó por no indagar más. Ya tendría otra oportunidad para descubrir qué era lo que verdaderamente estaba pasando entre él y Akane.
-¿Qué necesitas que haga? –preguntó finalmente.
-Necesito que me acompañes a su casa. Una vez ahí, la llamarás o pedirás hablar con ella y le dirás que yo te pedí que recogieras mi chaqueta, es todo.
-¿Y por qué no se la pides tú?
-Ya te lo dije mamá, su familia no sabe que estamos trabajando juntos y no deben enterarse –se excusó, no queriendo decirle que en realidad no tenía intención de intercambiar siquiera una palabra con Akane, por lo menos no por lo que quedaba de ese día-, por eso te pido que guardes el secreto, por favor.
-Bien, te ayudaré –dijo levantándose para dirigirse hacia la puerta-. No me gusta nada lo que están haciendo, se están escondiendo como dos ladrones cuando saben que todos estaríamos felices de que ustedes dos…
-Mamá, por favor no empieces.
-Está bien, no diré nada más –aceptó-. Pero más adelante tendrás que contarme todo lo que está pasando y también lo que pasó hace unos años, porque nunca he insistido en ello pero me gustaría saber la verdad, Ranma, y si es de tu boca, mucho mejor. Ahora sólo espero que sea cierto eso de que vendrás a verme a mi casa y no vuelvas a citarme en algún lugar escondido como si fuéramos un par de amantes.
-Nunca te he citado en lugares escondidos -dijo él abriendo la puerta para dejarle el paso-, siempre he buscado lugares bonitos y agradables y…
-Estoy bromeando, Ranma, pero sí me gustaría que vinieras a verme más seguido ahora que dices que no tienes que esconderte.
-Lo haré –afirmó.
Avanzaron hasta donde Ranma había aparcado el automóvil y pronto estuvieron de camino a casa de su ex prometida conversando distendidamente, lo que hizo que el joven de trenzados cabellos se sintiera mejor, comprobando así que era justo eso lo que él necesitaba y su madre siempre sabía cómo lograr que él olvidara sus malos momentos. Cuando llegaron cerca de la casona Tendo, Ranma se detuvo y su rostro nuevamente adquirió un rictus de amargura que le fue imposible disimular.
-No es sólo porque no quieres que su familia sepa que ustedes están en contacto ¿no?
Él conservó la mirada al frente y al cabo de un par de segundos, negó con un movimiento de cabeza.
-No quiero verla, por lo menos hasta que se me pase la rabia que siento, mamá –dijo apretando el manubrio con ambas manos-. Y antes de que preguntes los motivos, sólo te diré que salí muy enfadado de esa casa y no es bueno para el trabajo que nos encontramos realizando el que discutamos y eso es precisamente lo que pasará si en estos momentos ella se planta frente a mí, así que por favor…
-En otro momento me contarás todo lo que ha pasado entre ustedes desde que se reencontraron –le interrumpió su madre-. Creo que ahora no te encuentras en condiciones de ser objetivo, así que te ayudaré, si prometes que me contarás toda la verdad más adelante, ¿de acuerdo?
-De acuerdo –contestó Ranma al tiempo que su madre bajaba del automóvil y encaminaba sus pasos al dojo Tendo.
Cuando iba llegando a las puertas de la casona la vio sacar su teléfono del interior de sus ropas y tras un breve intercambio de palabras vio que ella le sonreía levantando su pulgar en señal de afirmación y a los pocos minutos presenció la puerta del dojo abrirse y por ella apareció su pequeño tormento abrazada a su chaqueta. La joven de azulados cabellos inmediatamente hizo el intento de avanzar hacia donde él se encontraba, pero vio que su madre la detenía del brazo, negaba con un movimiento de cabeza e intercambiaban unas palabras. Lo último que observó antes de desviar la mirada hacia un costado fue a la joven morder su labio inferior al tiempo que lo contemplaba con tristeza. Al poco tiempo escuchó la puerta del copiloto abrirse y cerrarse cuando su madre ingresó al vehículo.
-Ya está –le escuchó decir entregándole la chaqueta-. Me costó convencerla para que no se acercara al automóvil.
-Gracias –dijo al tiempo que encendía el motor. La vio de pie en la puerta del dojo, con una mano a la altura de su pecho y la otra rodeando su cintura en una posición que se le antojó muy vulnerable. Frunció el ceño y comenzó a conducir el vehículo en marcha atrás, tratando de escapar de aquella imagen porque lo que menos quería en ese momento era que ella consiguiera hacerle dudar de su decisión-. Te llevaré a casa, mamá.
-Debes hablar con ella, Ranma –dijo observándolo con pesadumbre-. Yo no sé lo que pasó entre ustedes ahora mismo aunque intuyo que discutieron. Sé que debe haber sido difícil reencontrarte con Akane y mucho más aceptar que trabajarían juntos haciendo sus rencillas a un lado, pero… tú has sido siempre muy reservado con tu vida personal, en especial con lo que sucedió cuando te fuiste de acá y yo nunca he intentado presionarte para que me cuentes qué fue exactamente lo que pasó, pero ahora me siento en la obligación de exigirte que conversen. Deben hablar para que logren dejar atrás el pasado.
-Prefiero olvidar –musitó.
-¿Olvidar, cuando tienes que enfrentarte a tu pasado cada vez que tienes a Akane enfrente?
-Puedo con esto yo solo, mamá. Superé muchas cosas cuando recién estaba saliendo de la adolescencia y superaré esto también. Ya te lo dije, sólo será por un tiempo y por lo que a mí respecta, haré todo mi esfuerzo para conseguir resolver este caso y así dejar de verla.
-¿Y tú quieres dejar de verla?
Él no contestó, esa era una pregunta que se venía haciendo hacían días y aunque la respuesta era no, no quería dejar de verla, con lo que había pasado esa tarde había decidido volver al principio, olvidando las ridículas ideas que habían venido a su mente para tratar de recuperarla.
Al día siguiente, Akane ingresó cabizbaja y muy nerviosa a las oficinas de la policía. Durante gran parte de la noche había estado imaginando distintos escenarios y cavilando miles de formas para acercarse a Ranma y hablar con él para explicarle y exigirle explicaciones, porque estaba decidida a encararle, pero no sabía cómo hacerlo. Lo conocía y sabía que se cerraría a escucharla, lo había detectado en esa mirada fría y dura que le había dedicado el día anterior cuando se había alejado junto a su madre, pero ella no era una cobarde y aunque las piernas le temblaran y el corazón la tuviera a punto de la taquicardia, ella lo enfrentaría. Así que, a paso lento se acercó a su lugar de trabajo sólo para percatarse que los dos escritorios se encontraban vacíos y sin señales de haber sido ocupados durante esa mañana. Suspiró, no quería pensar que él la estuviera evitando, así que dejó sus cosas sobre el escritorio y se sentó. Enfocó su mirada en el dragón de resina y se abstuvo de tomarlo, sin embargo, no pudo evitar recordar las palabras que él le había dicho referente a su perfume y eso la hizo sonrojarse. Negó con un movimiento de cabeza para alejar esos recuerdos de su mente o no podría concentrarse, por lo que movió el mouse y comenzó a teclear en el ordenador; enfocarse nuevamente en la investigación le ayudaría a abstraerse por un rato de sus problemas personales.
Estuvo por lo que le parecieron horas concentrada en leer e investigar una historia que tenía algo que llamó su atención al descubrir la forma en que un kurabito había asesinado al capataz de una destilería de sake en el año 1825 aproximadamente y luego, se había dedicado a seguir matando a sus compañeros hasta que le habían descubierto, detenido y condenado a la pena de muerte. Esa historia podía tener relación con los asesinatos que se encontraba cometiendo el sujeto al que buscaban porque si bien es cierto, los crímenes cometidos por el kurabito habían sido en contra de varones, la forma de cometerlos tenía relación con los asesinatos que se habían cometido en la actualidad.
Dio un salto en la silla cuando escuchó que Hansuke la llamaba por su nombre y luego se dio la vuelta con la esperanza de encontrar a su ex prometido al lado de su compañero, pero él no estaba allí.
-Perdón, ¿te asusté?
-No, sólo estaba demasiado concentrada leyendo y analizando esta historia.
-¿Qué historia?
-Estaba investigando la historia de un kurabito que se transformó en un asesino serial en el año 1825 aproximadamente.
-¿Un kura qué?
-Un kurabito –dijo observando el monitor-. Los kurabitos son las personas que se dedican a trabajar en las destilerías de sake. A principios del siglo XIX, hubo un caso muy bullado sobre un kurabito que, molesto por el trato que recibía de su capataz, lo mató drenándole la sangre a través de cortes realizados en cuello, brazos y piernas… exactamente en los mismos lugares en los que en la actualidad nuestro asesino introduce las agujas en las chicas asesinadas. El sujeto en la antigüedad cometió cuatro asesinatos de este tipo hasta que lo capturaron y condenaron a muerte. En el juicio, cuando le preguntaron qué hacía con la sangre de sus víctimas, él confesó que la utilizaba para incorporarla en los barriles de sake de las destilerías que competían con la destilería en la que él trabajaba y así lograr que la bebida se agriara. Me pareció interesante ver la similitud en la forma de matar entre el caso del kurabito y nuestro asesino.
-Diablos… no volveré a probar el sake.
-Fue hace muchísimos años –dijo llevándose su mano a la frente para masajearla en un claro signo de cansancio.
-Hum –dijo el joven observándola con algo de inquietud-, te noto preocupada y un poco cansada, ¿pasa algo malo?
-No –contestó esquivando la mirada de su compañero-, es sólo cansancio… no dormí muy bien anoche.
Él no dijo nada; fingió que le creía y se puso a clasificar unos documentos, pero lo cierto es que habían dos cosas que ocupaban su mente en ese momento: una era que esa mañana al llegar a su puesto de trabajo, su compañero se había mostrado tan preocupado y cansado como lo estaba ella, así que pudo suponer que la conversación que seguramente habían mantenido los ex prometidos la tarde del día anterior no había terminado de la mejor manera, pues no se explicaba de otra forma la repentina melancolía que al parecer se había apoderado de sus dos compañeros. Lo segundo era lo que habían descubierto sobre el amigo de Akane. Observó a la muchacha que buscaba algo en su bolso y frunció el ceño; Ranma le había hecho jurar que no le diría nada a su ex prometida hasta que no obtuvieran más detalles, pero él sentía que si le ocultaba información, ella podría molestarse. La vio tomarse el pelo en una coleta y bajó sus ojos enfocándolos en los papeles que mantenía en sus manos. ¿Qué diría la joven que tenía enfrente si supiera que los pájaros que anidaban cerca del "Crisantemo Escarlata" habían vuelto a ver a su amigo rondar por los alrededores del lugar, esta vez de día y a la espera de encontrarse con alguien que era parte en la investigación?
El joven policía había investigado al amigo extranjero de Akane, tal y como le había solicitado Ranma, y él se había quedado tranquilo al no descubrir nada anómalo en la vida del musculoso extranjero, porque al parecer todo lo que había dicho Akane sobre él era verídico, sólo había tenido que complementar la información incorporando que el chico venía de Hungría, y también había logrado detallar a familiares y amigos, lugares de estudio, direcciones en los últimos años y cosas por el estilo, así que se había quedado tranquilo con respecto a la información que había encontrado… hasta que uno de los pájaros, como los llamaba Ranma, le había alertado durante la tarde del día anterior que el amigo de Akane había permanecido bastante tiempo rondando el lugar de vigilancia hasta que se había encontrado con otro joven; se tomaron fotografías y le alertaron de todo ello. Esa mañana, apenas había visto a Ranma aparecer por la oficina le había contado todo y habían visto las fotografías: el tal Barnat se había reunido a las afueras de la puerta trasera del local que investigaban con el hermano mayor y único familiar de la primera víctima del asesino al cual estaban tratando de atrapar.
Era poco decir que la situación era muy sospechosa, así que habían decidido ir a investigar in situ. Habían permanecido en el lugar casi toda la mañana sin obtener más pistas o pruebas, por lo que Ranma había decido quedarse junto a Mori en el nido y enviarlo a él a la oficina a realizar el papeleo y planificar una estrategia para darle caza a ese sujeto. Ahora sí pasaba a ser un real sospechoso; quizá no fuera más que una coincidencia que esas dos personas se encontraran en una extraña situación cerca del lugar en donde supuestamente el asesino captaba a sus víctimas… pero quizá no. Según Ranma, había que agotar todas las posibilidades y sus sospechas siempre habían dado resultados positivos, así que, aunque el tipo extranjero no tuviera nada que ver con el asesinato de las chicas, su intuición le decía que se encontraba involucrado en algo turbio: investigarían y le seguirían a todas partes si era necesario; por supuesto, al hermano de la primera víctima también, pero para Hansuke no pasaba por alto la animadversión que sentía Ranma por el extranjero y tampoco su preocupación y excesivo esmero con la seguridad de su ex prometida.
-¿Ranma no vendrá? –escuchó que preguntaba Akane, sacándolo de sus cavilaciones.
-Más tarde –contestó escuetamente-. Está realizando una investigación en terreno.
-¿Y tú no fuiste con él? –preguntó con la mirada baja.
-Fui, pero tuve que volver porque necesitamos avanzar en el papeleo.
-Vaya, quería comentarles esto que te acabo de decir a ambos, por si encontraban alguna relación con el caso. Después de todo es lo único que me vincula a ustedes ¿no?
-Akane, ¿sucedió algo entre tú y Ranma ayer?
-No deberías preguntar –contestó poniéndose en pie al tiempo que lo observaba desafiante-, supongo que tú también sabes que los pájaros me vieron en ese lugar –le acusó.
-Sí, lo sé.
-Entonces debes saber que ayer, él y yo… discutimos –titubeó.
-No, él no me comentó nada al respecto, sólo llegó cabizbajo y enojado esta mañana, lo normal para un tipo como él, pero… En fin, creo que él se encuentra muy preocupado por tu seguridad y debes entender que…
-Déjalo así –le interrumpió-. Hablaré con él cuando llegue, pero ahora necesito ir a resolver un asunto a la universidad, volveré en un rato.
-Bien.
La vio caminar lentamente hacia la salida y pudo intuir que la tarde del día anterior ellos habían tenido algo más que una simple discusión… tal vez finalmente habían podido conversar sobre su pasado y quizá por eso ambos se mostraban tan atormentados.
Entretanto, en otro sector de la ciudad, un joven de trenzados cabellos azabaches se encontraba agachado en la azotea de un edificio de tres pisos, observando fijamente todo lo que sucedía en el edificio de enfrente y sus alrededores, mientras le daba vueltas en su cabeza a los recientes acontecimientos que habían descubierto y que lo tenían ahí apostado.
Cierto que en un principio había querido que el sujeto musculoso resultara sospechoso sólo para alejarlo del círculo de amigos de Akane, pero ahora tenía motivos reales para desconfiar de él. Quizás el individuo no tuviera nada que ver con el asesinato de las chicas, pero desde que Hansuke le había dado la información que Mori había recolectado y al ver las fotografías, nadie le sacaba de la cabeza que el tipo estaba metido en algo turbio y la conexión con el hermano de la primera víctima sumado a sus andanzas cerca del lugar en el que supuestamente el asesino contactaba a sus víctimas no ayudaba a limpiar la imagen que él se había formado del sujeto. Podía ser o no ser el novio de Akane, podía ser sólo su amigo como ella le había dicho o podían ser algo más… ¡y sólo los dioses sabían cómo quemaba sus entrañas aceptar que lo más probable es que ellos fueran algo más que amigos!, sin embargo, ese detalle no podía alterar su percepción y desenfocarlo de la investigación. Tanaka siempre había manifestado que él tenía una especie de sexto sentido para detectar sospechosos y al parecer ahora se volvía a cumplir aquella premisa, porque lo que había comenzado como una absurda suposición producto de los celos, ahora se había convertido en una concreta sospecha, porque desde que lo había visto aquel día en que habían concurrido con Akane al lugar que ahora vigilaba de lejos, el tipo había merodeado por ahí en otras dos ocasiones, siendo la última a plena luz del día la que levantaba más suspicacia no tan sólo en él, sino que también en el resto de sus compañeros.
-Ya volví –dijo Mori a su espalda.
-No te has perdido de nada interesante –contestó Ranma encogiéndose de hombros sin dejar de mirar a la acera de enfrente.
-Al menos podremos disfrutar de un café caliente, está muy helado el día de hoy.
-Tienen anunciada una tormenta para la próxima semana, quizá sea por eso –contestó, aceptando el vaso térmico que le entregaba su compañero para luego acercárselo a los labios-. Gracias.
-¿Qué vas a hacer ahora?, ¿seguiremos aquí o tendremos que cambiarnos de nido?
-Dependerá de lo que digan Tanaka y Satō cuando les informemos lo que hemos descubierto. Quizá quieran cambiar el punto de vigilancia, pero de lo que sí estoy seguro es de que quiero investigar más de cerca -indicó-. Mori, esto ni siquiera Fukuda lo sabe y necesito que me guardes el secreto.
-¿Qué vas a hacer? –preguntó un poco alarmado ante la respuesta de su colega. Lo conocía, y sabía perfectamente lo impulsivo que podía llegar a ser.
-Mañana vendré transformado para tratar de averiguar si existe una conexión entre el tipo musculoso y el local que funciona allá abajo.
-¿Solo?
-Por eso te pido que me guardes el secreto –dijo asintiendo con un movimiento de cabeza.
-Pero no puedes hacerlo, estarías cometiendo una falta al protocolo. Sabes que no nos permiten presentarnos solos en un lugar para investigar, puede ser peligroso y alguien debe cubrirte siempre, sobre todo si estarás convertido en mujer y…
-Sé todo eso y más, Mori, no soy un novato –le interrumpió-. Mañana es sábado y puede que este lugar esté más concurrido durante la mañana, por lo que supongo que será menos riesgoso. Ahora, no quiero comprometerte, pero si quieres cubrirme desde acá, yo no tengo problemas.
-¿Qué hay de Fukuda, por qué no él?
-Porque es sólo una intuición y no quiero sacar a Fukuda de sus labores sólo por una intuición –dijo encogiéndose de hombros-. Tú estás aquí de punto fijo y me puedes prestar ayuda en caso de necesitarla.
-Pero, Saotome…
-Si no quieres, basta con que me lo digas y tan amigos como siempre, sólo te pido que no comentes mis planes con nadie. Si me pasa algo, dirás que no sabías nada de lo que yo pensaba hacer.
-No es fácil lo que me pides.
-Me hago responsable de todo, Mori, sólo necesito tu silencio.
-Bien, te cubriré y guardaré el secreto.
-Estaba seguro de que me ayudarías, eres un buen sujeto y… -dejó la frase en el aire y se puso inmediatamente de pie, su compañero lo imitó-. Quédate aquí y cúbreme, bajaré a investigar.
-¡Qué! –exclamó Mori al tiempo que lo veía avanzar rápidamente hacia la puerta que comunicaba la azotea con el resto del edificio.
-¡El hermano de la chica! –le escuchó gritar para luego desaparecer tras la puerta.
El policía que permanecía en pie giró su cuerpo y enfocó la vista hacia la calle. Por el callejón en donde se encontraba la puerta de escape del local llamado "Crisantemo Escarlata" se divisaba a un joven que caminaba de un lado a otro viendo constantemente la pantalla de su teléfono móvil como si estuviera conversando con alguien vía mensajes: el hermano de la primera víctima nuevamente deambulaba por los alrededores del lugar de vigilancia a plena luz de día.
-Mierda –musitó el policía tomando posición al tiempo que sacaba su arma, la destrababa y apuntaba en dirección del sujeto para cubrir a su compañero, porque estaba seguro de las intenciones que su impulsivo colega tenía en mente al verlo cruzar la calle con rapidez, pero con una aparente pasividad.
Mientras tanto, Ranma caminaba apresuradamente, con una mano en el bolsillo de su pantalón y fingiendo curiosidad al observar todo a su alrededor. Cuando llegó a la bifurcación en donde la avenida principal y el callejón convergían, se detuvo y observó al individuo que se paseaba viendo la pantalla de su teléfono sin prestar atención a su alrededor. Frunció el ceño y sacó su propio teléfono del bolsillo, avanzando lentamente con la intención de tropezar con el joven; lo consiguió y lo vio trastabillar hacia atrás al tiempo que un gesto de indignación se apoderaba de sus facciones, pero ese gesto duró una fracción de segundo siendo reemplazado de inmediato por una palidez anormal y una mirada de absoluta sorpresa al reconocer a quien tenía en frente. Ranma sonrió mentalmente y se acercó al joven fingiendo preocupación.
-¿Señor Yoshida? –inquirió esbozando una tenue sonrisa al tiempo que posaba su mano en uno de los hombros del joven-, ¡qué sorpresa encontrarme con usted en este sitio! Lo siento, estaba distraído y no me fijé que había alguien más en este lugar… ¿no le pasó nada?
-No… yo estoy… bien –titubeó el joven.
-Discúlpeme, por favor –dijo haciendo una leve reverencia-. Creo que interrumpí su llamada –terminó de decir indicando el aparato que el joven conservaba en una de sus manos.
-No, yo estaba… estaba… esperando a alguien y me puse a ver mis mensajes mientras… No interrumpió nada, oficial.
-Bien, es un lugar poco habitual para juntarse con alguien, pero, debo reconocer que a mí también me citaron cerca de aquí. Buscaba la dirección de un café: el "Dorado Atardecer", un nombre un poco cursi, pero… en fin, ¿lo conoce?, el buscador me indica esta avenida –dijo haciendo una seña con su dedo pulgar-, pero no encuentro el lugar.
-No, lo siento, no conozco ese café.
-Disculpe la intromisión, pero ¿no tendría que estar en el trabajo a esta hora? Durante la última entrevista que tuvimos, nos pidió encarecidamente que de tener que contactarlo nuevamente lo hiciéramos después de las seis porque en su trabajo no le daban permiso para ausentarse.
-Sí, es cierto, pero… pero… quien me citó aquí trabaja conmigo… sólo tengo que esperar un encargo y llevarlo al local y… es por trabajo –trató de justificarse.
El joven titubeaba al contestar y para Ranma no pasó desapercibido su nerviosismo y el hecho que a todas luces se había inventado esa inconsistente respuesta.
-Bueno, pasando a otro asunto, ¿ha tenido noticias de ese supuesto amigo de su hermana que nos mencionó en nuestro último encuentro?, ¿aquel de quien usted dijo sentir que ocultaba algo?
-No -contestó un poco más firme-, de haber sabido su paradero ya se los hubiera informado, para eso me dieron su número ¿no?
-Sí, para eso se lo dimos -afirmó observando a su interlocutor con suspicacia-. ¿Conoce este local nocturno, señor Yoshida? -preguntó indicando el lugar-, ¿usted lo ha frecuentado alguna vez?
-No -contestó el joven esquivando la mirada de Ranma al tiempo que jugueteaba nerviosamente con el teléfono en sus manos-. No soy de visitar centros nocturnos.
-Ah, pensé que lo conocía y por eso lo habían citado acá. Tiene muy buenas referencias y dicen que se pasa bastante bien ahí dentro… algún día vendré a visitarlo de noche para comprobar si es verdad.
-Por mi trabajo no salgo mucho de noche, así que no podría recomendarle ningún local nocturno.
-Por mi trabajo yo tampoco los frecuento, salvo cuando tengo que investigarlos por algún motivo -comentó con intensión, logrando así que el joven se mostrara aún más nervioso. Algo ocultaba ese muchacho y para Ranma fue totalmente evidente al comprobar su nerviosa reacción ante sus comentarios-, afortunadamente este local no está en cuestionamiento, así que algún día pretendo venir a pasar un buen rato con algún amigo y… -todo lo que iba a decir Ranma murió en sus labios al detectar a no más de cinco metros a un individuo corpulento que los observaba oculto tras unos recipientes metálicos de gran tamaño que servían para depositar la basura. No podía apreciar su rostro desde esa distancia ya que el tipo llevaba una sudadera gris con capucha, una gorra de béisbol sobre la capucha y gafas oscuras-. ¿Es esa la persona con quien tiene que reunirse? –preguntó el joven de la trenza indicando el lugar en donde se ocultaba el sujeto.
-No –vaciló el joven al contestar-. No es él… parece un delincuente.
-Sí, lo parece –dijo Ranma dando un par de pasos hacia el sujeto que permanecía escondido.
El individuo pareció alarmarse al verle avanzar, por lo que se puso en pie de un salto y corrió con rapidez hacia el interior del callejón. Ranma no lo pensó demasiado y salió tras él en una loca carrera, instándolo mediante gritos a que se detuviera, pero el tipo no hizo caso y siguió corriendo con la potencia de un deportista acostumbrado a recorrer grandes distancias en poco tiempo, hasta que saltó una reja alta y aterrizó pulcramente al otro lado. Ranma hizo lo mismo sólo para percatarse que el sujeto se subía a un automóvil gris y éste arrancaba a toda velocidad calle abajo. Maldijo en alta voz y dio una patada al suelo para luego dar la vuelta y dirigirse rápidamente al lugar en donde había dejado al hermano de la primera víctima. Cuando llegó no lo encontró en el lugar, pero su colega lo llamó desde un rincón y le indicó que caminara a su lado.
-Vi todo lo que pasó –comenzó a relatar Mori-. Cuando saliste tras ese sujeto, el chico se puso muy nervioso. Quise bajar y hablar con él, pero cuando estaba a punto de hacerlo, un automóvil gris se detuvo frente al callejón y el chico se acercó a la ventanilla del copiloto. Vi que trató de alejarse luego de discutir con quien iba al volante, pero la puerta se abrió de golpe, lo tomaron del brazo y lo obligaron a ingresar al vehículo. Todo pasó muy rápido y luego el automóvil dio vuelta a la esquina y se perdió por la calle.
-El automóvil apareció justo para que el sujeto al que yo perseguía se subiera en él y escapara –dijo Ranma apretando uno de sus puños-. Ese chico está metido hasta el cuello en algo turbio y voy a averiguar qué es.
-¿Crees que esto tenga relación con la muerte de su hermana?
-No lo sé, pero no me extrañaría que los tipos que lo obligaron a subirse al automóvil estén de una u otra forma relacionados con la muerte de Hana.
-¿Podría tratarse de un secuestro?
-Podría, pero tenemos que irnos con cuidado y alertar a los demás. No hay cámaras aquí, así que será tu testimonio y el mío, ¿viste a alguien más cerca?
-No –contestó el policía-. Saotome, ¿sigues pensando en venir mañana?
-Ahora más que nunca debemos averiguar qué pasa en este lugar y en sus alrededores, así que sí, sigo pensando en venir mañana –afirmó con convicción-. Todavía estás a tiempo de decirme que no quieres participar.
-Lo haré –dijo con seguridad-. Mientras antes descubramos qué demonios pasa acá, antes terminaré con mi papel de pájaro. Pero una cosa –dijo deteniéndose de pronto, Ranma lo secundó-, bajaré del nido y me apostaré cerca del callejón, así estaré más cerca por si algo no sale bien.
-No tengo objeciones –contestó Ranma viéndolo a los ojos-, será rápido, sólo haré unas preguntas y si obtengo la respuesta que quiero, me iré con la certeza de haber incorporado una pieza más al puzle.
-¿Qué respuesta quieres obtener?
-Te lo diré si mañana la consigo.
-Volveré a mi puesto –dijo Mori sonriendo de medio lado-. Nos vemos mañana.
-Nos vemos. Alértanos de cualquier cosa que veas, Mori –contestó Ranma dirigiéndose hasta donde había aparcado el automóvil aquella mañana.
-Lo haré -contestó despidiéndose con un gesto.
Ranma tenía mucha información que poner en orden antes de comunicársela a sus superiores y ya pasaban las cuatro de la tarde. Debía darse prisa y llegar a la oficina, hablar con Fukuda y luego dirigirse con su superior directo, o simplemente hablar con los dos al mismo tiempo, sólo esperaba poder llegar con un panorama claro de todo lo que había pasado durante aquellas horas. Un gruñido escapó de sus labios porque ese tipo que había escapado nada más verlo tenía toda la apariencia de ser un deportista: alto, fornido y con un excelente estado físico al punto de haber saltado con facilidad una reja de más de dos metros de altura. No quería dejarse cegar por sus sentimientos, pero era indudable que el tipo que había escapado compartía varias características con el individuo que, según Kasumi, se asumía como novio de Akane. Soltó un improperio, porque ahora se le presentaba otro problema, uno con nombre de mujer: ¿cómo decirle a Akane que su supuesto novio estaba siendo investigado por comportamiento sospechoso? Estaba seguro de que, si le daba esa información, ella se enfurecería, lo culparía y pensaría que lo estaban investigando a causa de los celos. Cierto que en un principio había sido así, tenía que reconocerlo, pero ahora la situación cambiaba totalmente.
Cuando llegó al estacionamiento que ocupaba en el edificio policial y bajó del automóvil, soltó un suspiro ahogado. Con algo de suerte podría esquivar a su ex prometida y enfocarse únicamente en la investigación, pero sabía que la suerte nunca había estado de su lado, así que se preparó para enfrentarla por primera vez desde que había huido de su casa la tarde anterior, adoptando desde que puso un pie en el edificio una actitud adusta, pero a la vez indiferente. Así, llegó al lugar en donde su compañero y su ex prometida se encontraban sentados y sin saludar siquiera, se dirigió directamente a su colega sin detenerse en su escritorio.
-Fukuda, tenemos que hablar con Tanaka, acompáñame.
-¿Qué pasó? –dijo su compañero poniéndose de pie para seguirle a la oficina de su superior, pero las palabras de Akane hicieron que ambos detuvieran su avance.
-¿Qué hay de mí? –inquirió con evidente molestia en su tono de voz-. ¿Tengo que ir también o definitivamente me apartarás de la investigación?
-Lo que tengo que hablar con Fukuda y Tanaka no es algo que afecte a tu trabajo acá –se obligó a contestar Ranma sin dirigirle la mirada-. Con Mori descubrimos otra arista, pero de momento no podemos afirmar que tenga que ver con el asesino de las chicas, así que tranquilízate, ¿quieres?
-Que me tranquilice –murmuró poniéndose en pie al tiempo que apretaba ambos puños a sus costados-. Está bien, me quedaré acá tranquila, pero sólo para esperarte y conversar, porque supongo que tienes claro que debemos hacerlo.
Él no contestó, se limitó a encogerse de hombros y seguir su camino hacia la oficina de su superior seguido por Hansuke, quien le hizo un gesto de disculpa a la chica y se puso de inmediato a la par de su compañero. Ella se dejó caer con poca delicadeza en la silla que ocupaba y descargó un golpe de frustración con ambas manos en el escritorio logrando que el dragón rojo cayera a un costado; lo tomó entre sus manos y al observarlo cambió el gesto a uno más pasivo, no sabía por qué, pero ese pequeño objeto que le pertenecía a su ex prometido tenía la capacidad de calmar sus nervios. Suspiró y dejó la figura en su sitio al tiempo que analizaba la situación: si Ranma creía que ella renunciaría a hablar con él y a aclarar un par de puntos estaba muy equivocado, esperaría lo que tuviera que esperar ese día y le enfrentaría, porque consideraba que lo que había pasado entre ellos la tarde anterior era demasiado importante como para hacer la vista gorda y seguir adelante como si nada. Hablarían y no dejaría que él escapara esta vez.
En la oficina del inspector Kenzo Tanaka, en un ambiente totalmente tenso, Ranma comenzó a relatarles lo que había sucedido ese día en los alrededores del local nocturno que tenían vigilado.
Tanto Fukuda como Tanaka escucharon muy concentrados el relato de Ranma, sin hacer preguntas y cada vez más preocupados. Cuando Ranma terminó de dar su informe, Hansuke soltó un silbido y Tanaka se cruzó de brazos, cargando todo el peso de su cuerpo en el respaldo de su silla.
-Quiere decir que ese lugar se sigue utilizando para mantener actos ilícitos –indicó Hansuke.
-No podemos asegurarlo todavía, pero es bastante sospechoso que un tipo huya del lugar sólo por ver que alguien lo descubre espiando. Además, el hermano de la primera víctima te conoce, ¿por qué reaccionaría nerviosamente ante ti? –dijo Tanaka.
-Lo único que tengo claro es que debemos abrir otra línea investigativa, Tanaka –acotó Ranma-. Tal vez esto no tenga que ver con el asesino de las chicas, pero sí intuyo que hay algo escondido, no es casualidad que hayamos visto dos veces al hermano de la primera víctima merodear por el lugar que supuestamente ocupa el asesino para contactar a sus víctimas.
-El hermano de la primera víctima, quien se encontró una vez a las afueras de ese lugar con un individuo musculoso que curiosamente desde que investigamos ese local lo hemos visto acudir allí dos noches, si bien no seguidas, sí fue en menos de una semana y acompañado de mujeres de azulados cabellos que coinciden con el perfil de las víctimas –expuso Hansuke-. Nuestra testigo indicó que el sujeto que la secuestró era alto y fornido.
-Características físicas con las que cuenta el sujeto que se juntó con el hermano de la primera víctima y concurrió durante la noche a ese local –dijo Tanaka asintiendo.
-Barnat Vass, estudiante de intercambio que llegó de Hungría y que curiosamente su nombre comienza con la segunda letra del alfabeto occidental, misma letra que el o los asesinos marcan a sus víctimas en el cuello luego de matarlas –acotó Hansuke-. Yo creo que podríamos estar estrechando el círculo
-Tiene lógica –dijo Tanaka haciendo una pausa para luego seguir hablando-. Qué piensas, ¿sospechas de ese extranjero, Saotome?
El aludido no contestó de inmediato, simplemente observó hacia la ventana concentrándose en un punto indefinido antes de hablar con voz exenta de cualquier emoción.
-Creo que el hermano de la víctima está involucrado en algún negocio ilícito: tráfico de drogas, contrabando o algo por el estilo. Creo que el sujeto extranjero puede ser un mensajero, contacto o algo similar y por eso se juntó con Yoshida en aquel lugar, aunque no descarto que pueda estar implicado en el asunto de las chicas asesinadas. Y también creo que es muy curioso que el mismo sujeto que puede estar actuando como mensajero frecuente de noche ese lugar, quizás en busca de posibles compradores puesto que las drogas y otras sustancias son fáciles de ofertar si sabes cómo y a quien dirigirte –Ranma hizo una pausa y se cruzó de brazos mirando directamente a su superior-. No puedo asegurar que el tipo tenga algo que ver en los asesinatos de esas chicas, pero desde un principio sospeché de él. No me preguntes por qué, Tanaka, porque no sabría contestarte… es sólo intuición, pero creo que ese extranjero esconde algo. Quizá sólo sea parte de un negocio lucrativo pero ilícito… o quizá no.
-Quieres investigarlo –afirmó su superior.
-A él y al hermano de Hana. Algo me dice que hay una relación entre ellos y que no es sólo una coincidencia porque…
-Las coincidencias no existen –interrumpió Hansuke asintiendo con un movimiento de cabeza-. Pero entonces, ¿qué haremos con ella? –dijo indicando hacia la puerta de la oficina de su superior.
-¿Con ella? –inquirió Tanaka-. ¿A qué te refieres?
Permanecieron en silencio hasta que Ranma volvió a hablar sin poder disimular del todo su amargura.
-Akane es amiga cercana de ese tal Barnat –dijo esquivando la mirada tanto de su superior como la de su amigo-, quizá sea más que cercana y eso puede generar un problema.
-¿Quieres decir que ella es su novia o algo así? –preguntó Tanaka. Ranma sólo se encogió de hombros-. Pero entonces debemos alertarle.
Hansuke miraba a su amigo con pesadumbre, porque ahora entendía el porqué de su mal humor. Lo vio fruncir el entrecejo y exhalar un suspiro, podía imaginar lo que estaba pasando por la mente de su amigo pues si él alertaba a su ex prometida, ella podía pensar que Ranma trataba de hostigar a su amigo o, a estas alturas, más que amigo.
-Si quieres decírselo a ella, tendrás que hacerlo tú, Tanaka.
-¿Por qué?
-Porque no quiero que se forme una falsa idea al respecto. Yo no quiero "perseguir a su amigo" –dijo haciendo el gesto de las comillas-, quiero averiguar qué relación existe entre dos personas que ahora se han convertido en sospechosos de un caso de asesinato y posible tráfico de drogas o algo por el estilo.
Su superior lo observó en silencio, estudiando su gesto, postura y forma de hablar, y concluyó que no era lo único que le preocupaba a su pupilo. Decidió no decir nada por el momento y asintió con un movimiento de cabeza, ya tendría tiempo para enterarse de lo que pasaba entre su pupilo y la psicóloga que trabajaba junto a él.
-Bien, entonces lo haré yo –sentenció sin mayores preámbulos-. Ahora necesito informar de todo esto a Satō para que me autorice a integrar a dos oficiales más como vigías.
-¿Piensas relevar a Mori y a Okada? –preguntó Hansuke.
-No, ellos seguirán en el nido que armamos en el edificio frente a ese local, pero ya que tenemos a otro sospechoso, debemos vigilarlo a él también.
-¿Qué haremos con el hermano de la chica? –preguntó Ranma-. Mori dijo que sea quien sea quien conducía ese automóvil gris, obligó al joven a ingresar en el vehículo y se lo llevó para luego recoger al sujeto que yo perseguí. Estamos hablando de un posible secuestro, Tanaka.
-Posible, tú lo has dicho, Saotome –dijo su superior poniéndose de pie, los dos jóvenes lo secundaron-. Esperaremos a que alguien dé un aviso por desaparición, mientras tanto, investigaremos a fondo al muchacho, porque él puede ser una víctima, sí, pero también puede estar trabajando para alguna organización delictual o incluso ser el victimario.
Los tres se acercaron a la puerta de salida y se separaron cuando Tanaka se dirigió a la oficina de Satō. Ranma detuvo a Hansuke por el brazo para hablarle.
-Voy a bajar un rato y vuelvo –dijo dándose media vuelta.
-¿Estás bien? –preguntó su amigo.
Por toda respuesta recibió un gesto afirmativo con el pulgar hacia arriba.
No, Hansuke sabía que su amigo y compañero no estaba bien con lo que estaba pasando, porque Akane, de una u otra forma estaba involucrada, sólo esperaba que todo saliera bien y la chica entendiera cuando Tanaka le explicara la situación que ahora afectaba a su amigo.
"Amigo", pensó, ¿sería verdad que el tal Barnat era más que un amigo cercano para Akane? Si así era, lo lamentaba mucho por Ranma, porque él sabía que el joven de la trenza sentía algo más que una simple atracción por su ex prometida. Lo que él sentía era verdadero cariño y si no era correspondido, entonces… Movió la cabeza, no era asunto suyo, pero indudablemente le preocupaba que a Ranma le afectara esa situación de una forma negativa. Avanzó lentamente hacia su escritorio y se dejó caer en su silla, ensimismado en sus propios pensamientos, por lo que Akane tuvo que llamar su atención.
-Hansuke –dijo moviendo su mano frente a los ojos verdes del muchacho. Él le devolvió una sonrisa torcida-. ¿Dónde está Ranma, Hansuke?, ¿no piensa venir?
-Bajó –contestó enfocando su vista en el monitor.
-Bajó –repitió Akane con un gesto de confusión en su rostro-, ¿bajó adonde?
-Está cansado y algo estresado, supongo que fue al gimnasio un rato –contestó encogiéndose de hombros-. Volverá, no te preocupes porque creo que será otra larga noche en esta oficina y…
-No puedo esperar más –le interrumpió levantándose de la silla-, ya es tarde.
-¿Te llevo a tu casa?
-¿Por dónde voy a ese gimnasio? –inquirió avanzando con decisión, pero como viera que su compañero no contestaba, se acercó más a él-. Escucha, necesito hablar con tu amigo y necesito hacerlo ya. Si lo estás cubriendo para que escape, yo misma encontraré el camino a ese gimnasio del que hablaste; tardaré más tiempo quizá, pero él no podrá esquivarme por mucho que quiera hacerlo, así que…
-Te llevaré –le interrumpió un tanto desconcertado por la actitud agresiva de una chica a la que él encontraba dulce y pasiva-. No creo que te esté evitando, si quieres saberlo –dijo avanzando por uno de los pasillos seguido de cerca por una malhumorada Akane-. Hoy descubrimos algunas cosas importantes y creo que sólo está tratando de poner en orden sus ideas. Ranma es así, cuando encuentra alguna pista en alguna investigación, se abstrae de todo para concentrarse únicamente en ello.
-Pero no podrá abstraerse de lo que tengo que hablar con él –comentó la mujer con molestia en el tono de voz.
No volvieron a dirigirse la palabra hasta que llegaron a las puertas de un espacioso gimnasio ubicado en el subterráneo de aquel gran edificio el cual servía para que los oficiales practicaran o cumplieran sus rutinas de entrenamiento. Hansuke abrió la puerta y le dejó espacio a su compañera para que ingresara al recinto.
-Te esperaré aquí para ir a dejarte a tu casa, ya es tarde y pronto oscurecerá.
-Gracias, espero no tardar –asintió-, y… disculpa si me he comportado un poco agresiva con mis palabras.
El joven hizo un gesto con una de sus manos para quitarle importancia al asunto y le sonrió. Ella le devolvió la sonrisa e ingresó por la puerta para escanear con la mirada todo el lugar. Lo vio de espaldas a ella, sentado en una colchoneta en una posición de meditación.
Akane no podía saberlo, pero Ranma había concurrido a ese lugar en busca de calma para poder pensar, porque entendía que en unas cuantas horas todo lo que se refería a la investigación que estaban llevando a cabo había dado un vuelco. Cuando había escapado de la habitación de su ex prometida la tarde anterior se sentía molesto y burlado porque ella no había reconocido abiertamente frente a su hermana que el tipo ese no le interesaba pero que sí había otra persona que podía llegar a transformarse en algo más que un amigo, sin embargo, esa mañana todo ese asunto amoroso había pasado a un segundo plano para él, porque ahora le preocupaba aún más la seguridad de la mujer a la que había reencontrado, porque si el tal Barnat resultaba estar implicado en el asesinato de esas chicas, no era nada bueno que él siguiera con la idea de recuperar a su ex prometida; ya no importaba demasiado lo que había dicho Kasumi la tarde del día anterior, porque si resultaba ser una confusión, de todas formas él tendría que alejarse de ella. El tipo extranjero estaba enamorado de Akane, de eso no había duda y aunque estuviera implicado en el asesinato de esas chicas, él podía asegurar que el sujeto no le haría daño a su ex prometida, de lo contrario ya lo hubiera hecho, pero… si el tipo se enteraba que ella estaba interesada en otra persona, ¿cómo reaccionaría?
Si resultaba ser el psicópata a quien estaban buscando… no quería imaginarlo, así que lo mejor sería dejar a un lado sus propios sentimientos y brindarle protección a su ex prometida sin que ella lo supiera. Lo que había pasado la tarde del día anterior quedaría olvidado y, además, le daría la excusa perfecta para alejarse de su lado sin levantar sospechas. ¿La dañaría?, probablemente, pero eso sería mucho mejor que ponerla en peligro sólo por conseguir recuperar un poco de su amor.
En el instante mismo en que él había tomado aquella decisión, Akane exhaló un suspiro y avanzó lentamente hasta quedar de frente a su ex prometido.
-Necesito que hablemos –dijo suavemente. Lo vio fruncir el entrecejo y abrir lentamente los ojos para enfocar su mirada en ella-, por favor –terminó de decir con una mueca de aflicción, pues la molestia había sido reemplazada en un instante por la incertidumbre al verle sentado ahí frente a ella.
-No tenemos nada de qué hablar –contestó de la forma más fría que pudo fingir.
-Cómo que no, lo que ocurrió ayer…
-Lo siento mucho, lo que ocurrió ayer no debió ocurrir –le interrumpió-. Siento mucho si te incomodé, pero…
-¿Lo sientes? –cuestionó con un nudo formándose en su garganta. Podía percibir los rápidos latidos de su corazón golpeando dentro de su pecho y el conocido escozor instaurándose en sus ojos que seguramente luego derivaría en lágrimas-, ¿qué es lo que sientes, Ranma? –continuó diciendo cada vez más molesta-, ¿sientes haber ido a mi casa a armar un escándalo a causa de tus celos?, ¿sientes haberme besado?, ¿o sientes haberte hecho una falsa idea por las palabras de Kasumi y haber escapado como un cobarde sin esperar por una explicación de mi parte?
Él se puso en pie y clavó sus ojos en los de ella, comprobando en el acto que los orbes femeninos brillaban con lágrimas contenidas. Podía acabar con todo eso de una vez y para siempre abrazándola con fuerza para nunca más dejarla ir, pero para lograrlo debía hacer a un lado su orgullo, reconocer que ella lo desarmaba por completo con sólo una mirada o una sonrisa y además, convencerla de alejarse para siempre de su amigo, o novio, o lo que fuere, sin que ella cuestionara demasiado, pero… seguramente ella no reaccionaría bien y definitivamente sería mucho mejor para la investigación, para la seguridad de Akane y para su propia tranquilidad mental dejar todo como estaba en un principio, cuando recién se habían reencontrado. La protegería una vez más sin que ella se percatara que lo hacía. Aunque ya comenzara a sentirse muerto por dentro, eso es precisamente lo que haría. Tomó aire haciendo a un lado sus propios sentimientos, esquivó su mirada y habló de la forma más calmada que pudo fingir.
-Siento el haberte dado una señal errónea al dejarme llevar por… sabes a lo que me refiero –señaló con un tono neutro-, no quise obligarte a compartir ese momento, así que te pido disculpas. Sólo hazme un favor y olvida lo que sucedió ayer porque yo así lo haré, necesito que nos concentremos únicamente en la investigación.
-Que yo recuerde nadie obligó a nadie –contestó con amargura-. Fuiste tú el que dio el primer paso, es cierto, pero yo te seguí y no me arrepiento de haberlo hecho, pero por lo que dices puedo deducir que tú sí lo haces. ¿Te desdices de tus palabras, Ranma?, ¿te arrepientes de lo pasó entre nosotros? –inquirió al borde de las lágrimas por la frustración-. Mírame y dime que te arrepientes de lo que dijiste, dime que en realidad no querías besarme y que todo fue un malentendido, ¡dímelo! –exigió zarandeándolo de su camisa.
-Lo que dije fue antes de enterarme que ya tenías un compromiso –afirmó con una mirada cargada de decepción que a la muchacha le hizo sentir culpa. Era cierto, la tarde del día anterior se había decepcionado, pero ahora debía fingir que no le importaba lo que ella hiciera con su vida para que ella voluntariamente se alejara de su lado… para que volviera a odiarlo-. No me entrometeré en tu vida amorosa, ya no me corresponde porque no somos nada más que dos personas que trabajan juntas, así que, por favor, olvida lo que ocurrió ayer.
-¿Crees que es muy fácil hacer algo así?, ¿crees que es cuestión de decir "olvida lo que pasó" y ya?
-Sí, es fácil si realmente lo intentas.
-¡No es fácil! –exclamó golpeando el suelo con su pie-. Hace cinco años que he tratado de olvidar y… ¡No es fácil y lo sabes!
-Yo sólo sé que tienes a alguien a tu lado, que se preocupa por ti y que al parecer es tu novio o está muy próximo a serlo.
Ella abrió mucho los ojos, incrédula al escuchar sus palabras. ¿Él realmente seguía creyendo en lo que había dicho Kasumi, cuando minutos antes de que su imprudente hermana ingresara a su habitación habían compartido un momento tan íntimo?
-¿Crees más en las palabras de mi hermana que en lo que te dije yo? –cuestionó totalmente sorprendida y también molesta.
Sí, estaba muy molesta: con su hermana por ser tan inoportuna; con él por sacar sus propias conclusiones y no confiar en su palabra; y con ella misma, por creer que todos sus problemas se arreglarían con una simple conversación, pues había olvidado lo testarudo que Ranma podía llegar a ser, casi tan testarudo como ella misma lo era. La tarde del día anterior ella había confiado en que habían avanzado un paso en esa extraña relación, pero ahora se daba cuenta de sopetón que en realidad habían retrocedido dos.
-Dejémoslo así. Tú colaboras en la investigación y yo no te molesto hasta que esto acabe.
-Todo esto es por culpa de Barnat, por Kasumi y su indiscreción y también por creer que habías cambiado con los años y confiabas en mí. Te lo dije, te dije que él me había pedido una oportunidad y yo no se la había dado porque…
-Pudiste mentirme –le interrumpió de forma acusatoria-. Lo hiciste una vez, ¿por qué no ibas a hacerlo de nuevo?
-Nunca te he mentido –contestó con rabia y frialdad-. No te mentí en el pasado y tampoco lo hice ahora.
-¿Estás segura de que no lo hiciste?, ¿debo refrescarte la memoria? –inquirió observándola con dureza-. Por lo que yo sé…
¡Plaf!
La bofetada que descargó en su mejilla fue tan potente que le hizo trastabillar. Levantó la vista, asombrado por no haber anticipado aquel golpe y un nudo se formó en su garganta al contemplarla totalmente descompuesta, llorando abiertamente al tiempo que lo observaba con rencor… ese rencor que había detectado en su semblante el día que se habían reencontrado, el mismo rencor que había desaparecido a medida que compartían tiempo y espacio, y que ahora volvía a hacer acto de presencia en su rostro.
¿En verdad estaba haciendo lo correcto? Porque al acusarla sabía muy bien que probablemente ella se alejaría de su lado, reconstruyendo todas las barreras que existían antes de trabajar juntos y que habían caído con el pasar de los días. ¿Estaba preparado para perderla por segunda vez y para siempre? Quiso abrazarla, quiso acariciar sus cabellos y quiso decirle que lo sentía y que, en realidad, él estaba dispuesto a olvidar todo su pasado para comenzar de nuevo, para construir una nueva relación juntos porque se había dado cuenta que seguía amándola con locura, sin embargo, las palabras no brotaron de sus labios y se quedó ahí de pie, mirándola, con los brazos inertes a los costados y las manos crispadas.
-¡Eres un idiota y te odio! –exclamó abalanzándose sobre él para golpear su pecho con ambas manos-. ¡Te odio por hacer que vuelva a experimentar este sentimiento!, ¡te odio por hacer que me sintiera culpable de nuestra separación!, ¡y te odio aún más porque a pesar de todo lo que ha pasado y lo que me has dicho, yo no consigo dejar de… no puedo…!
-¿Qué? –preguntó en un susurro tomándola de ambas manos para detener los golpes-. Tú no puedes… -su corazón latía aceleradamente dentro de su pecho y las palabras denotaban su ansiedad-, ¿qué quieres decir…
-¡Nada! –gritó soltándose bruscamente de su agarre-. No mereces saberlo –terminó de decir haciendo el intento por salir de aquel lugar.
-Akane…
Los lentos aplausos que se dejaron escuchar en el recinto fueron acompañados por una exclamación de júbilo expresada por una voz profunda y masculina.
-¡Bravo! –volvió a decir un hombre de unos treinta y cinco años, alto, de cabellos negros, piel tostada y profundos ojos aceitunados, vestido con pantalones deportivos y una sudadera con el logo de la policía.
Avanzaba lentamente hacia donde se encontraba la pareja, con una sonrisa socarrona en el rostro y sin dejar de aplaudir con parsimonia. Akane lo observó desconcertada por un momento, pero luego se recuperó y limpió bruscamente su rostro. Miró a su costado y vio que Ranma había cambiado por completo su gesto y ahora lucía alerta y ofuscado.
-¿Qué haces aquí? –inquirió secamente.
-Este lugar es público, Saotome –contestó el sujeto plantándose frente al joven de la trenza-. Vine a entrenar un rato y no esperaba encontrarte aquí, pero te daré un consejo: si quieres mantener una discusión en secreto con una de tus tantas perseguidoras, deberías elegir un lugar más discreto. Pensé que ya habías dejado de tener como pasatiempo el hacer llorar a las señoritas que se obsesionan contigo, ¡pero mira nada más con lo que me encuentro!
-Metete en tus asuntos, Ishida –escupió Ranma para luego darse media vuelta y tomar a Akane por uno de sus brazos-. Vámonos, Akane.
-No es nada personal, señorita –indicó el sujeto caminando al lado de Akane, logrando así que los ex prometidos se detuvieran-, pero me veo en la obligación de advertirle que tenga mucho cuidado con este hombre.
-Ishida, déjala en paz.
-¿En paz? –cuestionó con ironía-, ¿dejarla en paz como tú dejaste en paz a mi hermana?
-No tuve nada que ver en eso y tú lo sabes, Ishida.
-¡Claro!, ¡tú no tuviste nada que ver! –ironizó-. Al haber ignorado a mi hermana cuando ella te admiraba hasta niveles insospechados; al no haberle aclarado que tú no estabas interesado en ella porque no podías olvidar a tu verdadero amor; al no escucharla cuando te pidió que por lo menos fueran amigos… todo eso y más hicieron que ella cometiera el error que le costó la vida, ¡así que sí tuviste mucho que ver, Saotome!
-¡No, ella no tenía por qué ir sola a ese lugar!, no estaba asignada a ese cometido, yo ni siquiera le mencioné que incursionaríamos en ese sitio, por lo demás, yo estaba en el hospital, inconsciente cuando ella…
-Sí, estabas inconsciente, pero si le hubieras especificado tus sentimientos hacia ella desde un principio y le hubieras dejado en claro que nada pasaría entre ustedes, ella estaría aquí –le interrumpió furiosamente-. Estaría aquí, Saotome. Quizá le hubieras roto el corazón, es cierto, pero estaría aquí y no muerta por perseguir una quimera. ¡Tú sí tienes responsabilidad porque ella corrió a vengarse de esos tipos cuando se enteró que casi te matan!
Ranma frunció el entrecejo, el policía que lo enfrentaba estaba tan cerca de él que podía sentir su respiración. Por su parte, Akane permanecía a un lado observando la escena con incredulidad.
-No tengo la culpa de que ella se haya obsesionado con un amor que yo no podía ofrecerle, te lo he dicho cada vez que me recriminas por su muerte –dijo con una calma que no sentía, porque ese sujeto le estaba recordando un episodio doloroso en su vida que había sido muy difícil de superar-. Yo no tengo la culpa, Ishida, acéptalo.
-Me lo has dicho, sí, pero siempre hay alguien de los tuyos presente para defenderte.
-¿Qué quieres decir exactamente?
-Pelea conmigo –siseó-. Dame la satisfacción de molerte a golpes y quedaremos… en paz.
-Han pasado tres años, Ishida.
-Tres años y no hay día que no recuerde su rostro de aflicción en aquella ambulancia… llamándote, Saotome.
Ranma bajó la mirada y cerró ambos puños tomando una decisión. Se alejó unos cuantos pasos de donde estaban y se desprendió de su arma de servicio dejándola en la superficie de un mueble en donde se guardaban los implementos para ejercitarse. Luego volvió sobre sus pasos y pasó por el lado de su ex prometida y del policía que lo observaba atentamente. Akane se llevó una mano a los labios cuando vio a su ex prometido posicionarse con decisión sobre la colchoneta que había estado ocupando para meditar, aceptando silenciosamente aquel desafío. El otro policía esbozó una sonrisa de satisfacción y le siguió, adoptando de inmediato una posición de combate. Lo que presenció Akane a continuación sucedió tan rápido que casi no tuvo tiempo de reflexionar en lo que estaba pasando frente a sus ojos, porque el oponente de Ranma se abalanzó sobre él y lo derribó casi sin esfuerzo, propinándole un golpe de puño en la boca del estómago que lo hizo doblarse sobre sí mismo y luego, de una patada lo desestabilizó arrojándolo al suelo. Eso no podía estar sucediendo, su ex prometido no era tan débil, lo había visto pelear en innumerables ocasiones y nunca había caído con la facilidad que ahora lo había hecho. Su atacante ya se encontraba sobre él y golpeaba una y otra vez el cuerpo de Ranma mientras éste último sólo se defendía con precariedad, tratando de protegerse el rostro mas no el resto de su anatomía. No, esa no era la forma de pelear de su ex prometido, lo había comprobado cuando había detenido al ladrón a las afueras del local nocturno hacía unos días atrás, a menos que… corrió asustada hacia la puerta en busca de ayuda, porque estaba segura de que él se estaba dejando golpear por ese policía para que cobrara su venganza. No había que ser muy listo para llegar a esa conclusión después de haber escuchado las recriminaciones del sujeto.
-¡Hansuke! -gritó casi al borde de la desesperación-. Ranma está peleando ahí dentro con otro policía, un tal Ishiyo o algo… ¡lo está atacando y él ni siquiera se defiende!, dejó su arma en un mueble y el tipo lo está golpeando sin piedad.
-Demonios. Ve en busca de Tanaka, yo intentaré detenerlos -dijo el joven ingresando raudo al gimnasio. Si el sujeto era quien pensaba que era, entonces no sería mucho lo que él pudiera hacer, necesitaban la intervención de un superior.
Entretanto, Akane corrió por las dependencias del edificio policial sin prestarle atención a quienes le regalaban una mirada de curiosidad. Cuando llegó a la oficina del señor Tanaka, abrió la puerta de un empujón y encontró el lugar en completa soledad, entonces recordó haberlo visto salir de su oficina para dirigirse a otro lado. Si no contaba con Tanaka, bien podía recurrir a Satō, reflexionó, así que emprendió una nueva carrera hacia la oficina del jefe de la unidad. Cuando abrió la puerta de golpe y sin anunciarse, vio que ambos hombres se encontraban dentro y la miraban con estupefacción por la forma tan poco educada en la que ella se presentó.
-Ranma está manteniendo una pelea en el gimnasio con un hombre llamado Ishiyo o algo así -dijo apresuradamente y casi sin respirar-. Hansuke me pidió que lo buscara, señor Tanaka.
Ambos hombres intercambiaron una mirada preocupada para luego ponerse en pie y se dirigieron a la puerta, pero antes de salir de la oficina, Satō detuvo a su compañero y a la chica que ya comenzaba a caminar.
-Lleva a la señorita Tendo a su casa, Tanaka, yo me encargare de esos dos.
-Pero, señor…
-Es tarde y ella debe sentirse un tanto incómoda con esta situación -afirmó en un tono que no admitía cuestionamientos-. Llévala a su casa y luego vuelves para enterarte de cómo terminó el asunto con tu pupilo.
-Sí, señor -dijo Tanaka asintiendo con la cabeza.
-Pero yo quiero ir a ver a Ranma, ese hombre puede haberle hecho daño y…
-El oficial Saotome es más fuerte de lo que usted cree, señorita Tendo, no le pasará nada por medirse con un compañero. Yo arreglaré este asunto y verá que cuando usted regrese todo estará muy bien y en orden -sentenció Satō saliendo finalmente de su oficina-. Que descanse, nos vemos el lunes.
No había nada más que hacer, el jefe de la unidad había dado una orden y aunque ella no pertenecía a la policía, le debía obediencia porque era él quien le había dado esa oportunidad. Suspiró y miró con preocupación al amable policía que se encontraba a su lado.
-Tranquila, Satō sabe qué hacer en estos casos. Saotome estará bien -dijo con convicción-. Ahora, acompáñame, Akane.
La chica comenzó a caminar tras el policía, en silencio y con una fuerte opresión en el pecho. Nada de lo que había pensado conseguir con aquella conversación se había cumplido y ahora se sentía angustiada, triste y frustrada. Una vez en el automóvil, ella permaneció en un completo mutismo, observando por la ventana y con un gesto de preocupación en el rostro, hasta que se atrevió a formular la pregunta que rondaba por su mente a su acompañante.
-Señor Tanaka, ¿quién es ese hombre y por qué atacó a Ranma?
-¿Él le atacó? –inquirió el hombre mirándola de soslayo.
-No exactamente, pero sí dijo un montón de cosas relacionadas con su hermana, le culpó y terminó por conseguir que Ranma aceptara pelear con él.
-Te contaré parte de la historia sólo porque te estimo y porque creo que estás bastante preocupada por tu compañero de trabajo –indicó. Ella bajó la mirada; compañeros de trabajo no era precisamente la definición que ella daría a su relación con el joven de la trenza-. Tres años atrás perdimos a dos funcionarios en acto de servicio, una de ellas era hermana del oficial Ishida, el policía que viste acercarse a tu compañero. Fue en esa época en que Saotome nos hizo partícipes de su transformación y la ocupamos para infiltrarnos y desbaratar a una banda de peligrosos delincuentes, pero no todo salió como esperábamos y Saotome resultó malherido. Estuvo tan mal que temimos por su vida, sin embargo, se recuperó y antes de un mes ya estaba activo y sin señales de haber sufrido las graves heridas que lo mantuvieron al borde de la muerte.
-Pero, el policía habló de su hermana… dijo que ella había muerto por culpa de Ranma.
-Él no acepta la responsabilidad o, mejor dicho, la irresponsabilidad que cometió su hermana en este asunto. Akane, cuando se es policía, estamos supeditados a una serie de reglamentos y protocolos que debemos cumplir no tan sólo por nuestra propia seguridad, sino también por la seguridad de nuestros compañeros y en especial, por la seguridad de la ciudadanía. Azumi Ishida era una chica bastante buena en su respectiva área de trabajo, se dedicaba a investigar delitos económicos y conoció a Saotome en la academia, fueron compañeros, pero separaron sus caminos cuando tuvieron que optar por una especialidad dentro de nuestro esquema; ella eligió delitos económicos y tributarios, y él criminalística, como bien sabes, sin embargo, tuvieron que trabajar un tiempo juntos a raíz de la investigación que estábamos desarrollando y que casi le cuesta la vida a tu compañero. Nuestras líneas investigativas se cruzaron porque nosotros investigábamos el asesinato de la familia de un conocido y millonario empresario, y el grupo de Azumi investigaba al mismo empresario por delitos económicos. Ella demostró de inmediato una atracción hacia Saotome, pero por ese entonces, el joven que tú conoces era aún más introvertido y apático… poco sociable, se puede decir. Nunca mostró un interés que no fuera profesional por esa chica, pero ella parecía empecinada en conseguir que él se fijara en ella y creo que se obsesionó tanto que cuando hirieron a Saotome, juró vengarse porque a su entender, esos delincuentes le habían arrebatado al hombre que amaba. Sé que suena descabellado, pero créeme que ella realmente pensaba que él era su todo.
-No me sorprende para nada –pensó Akane sin llegar a decirlo-. Si hubiera conocido a las tres obsesivas de Nerima seguramente estaría más sorprendido usted que yo.
Su memoria la llevó de inmediato a recordar a una adolescente de negros y largos cabellos atados en una coleta quien se había encaprichado con el joven de la trenza sólo porque se había cruzado con él en el tejado de su casa. Desde ese instante, Kodachi Kuno no había cejado en la persecución de su, en esa época prometido, haciéndoles pasar más de un mal rato a ambos. No, que una o varias mujeres como había sido el caso de Kodachi, Shampoo o Ukyo en el pasado se obsesionaran con Ranma no le sorprendía para nada y ni siquiera lo encontraba disparatado puesto que sabía lo recalcitrante que podían llegar a ser algunas personas por conseguir un objetivo, en este caso, la atención de una persona como Ranma.
-En fin, cuando Azumi se enteró que Saotome estaba al borde de la muerte y que permanecía inconsciente en un hospital, juró vengarse y se adentró sola, sin ninguna protección y sólo portando su arma de servicio al lugar en donde supuestamente se encontraba esa banda de maleantes. Su compañero se enteró de su intención de detener a esos tipos y salió tras ella dando aviso también a los demás, pero fue demasiado tarde. No toda la banda estaba en ese lugar, pero eran suficientes para acabar con los dos muchachos. Azumi falleció en la ambulancia camino al hospital y su compañero un día después… La única responsabilidad de Ranma en todo esto fue no decirle a Azumi que él no le correspondía, porque el resto fue sólo responsabilidad de una chica obnubilada por algo que ni siquiera podría llamarse amor, sino más bien, admiración.
-¿Qué hizo él cuando se enteró de lo que había pasado?
-Se encerró en sí mismo –contestó el hombre-. Comprenderás que estuvo en tratamiento porque, aunque todos sabemos que él no fue responsable de las malas decisiones de Azumi, la culpa no lo dejaba seguir. Con el tiempo se recuperó y aceptó las cosas tal y como eran, sin embargo, el hermano de Azumi jamás ha dejado de responsabilizarlo y supongo que hoy vio una oportunidad para descargar su dolor y Ranma decidió darle esa satisfacción, porque estoy seguro de que él no se defendió del ataque.
Akane negó con un movimiento de cabeza, sin dirigirle la palabra a su acompañante puesto que sentía un nudo en la garganta. Al parecer, Ranma se había comportado con esa chica exactamente igual que como lo había hecho años atrás con las muchachas que lo acosaban en Nerima y había pagado un alto costo por no hablar con claridad y esperar a que ella se cansara de perseguirle. Podía imaginar la culpa que seguramente había sentido su ex prometido, podía imaginar el dolor del hermano de la chica y hasta podía entender los motivos que había tenido la muchacha para hacer lo que había hecho… ¿no se había comportado ella misma de forma similar alguna vez, sin importarle haber puesto su vida en peligro por ayudarle?
Tanaka la observó de soslayo y decidió que aquel era un buen momento para abordar el tema del amigo de Akane, así que le habló interrumpiendo sus pensamientos.
-Akane, hay algo que debes saber -comentó ganándose toda la atención de su acompañante-, pero primero debo recordarte que cuando ingresaste a trabajar con nosotros, Satō te hizo firmar un acuerdo de confidencialidad.
-Sí, lo sé y estuve de acuerdo en firmarlo.
-Bien, lo que te tengo que decir entra precisamente en ese acuerdo y no puedes revelarlo porque sería perjudicial para la investigación. De momento es sólo una sospecha, no tenemos pruebas, pero creemos que hay algo escondido en la situación que descubrimos.
-Me está asustando, señor Tanaka, dígame, ¿es algo que me involucre?
-Es probable -reconoció-. Por lo que me comentó Saotome, es probable que te involucre directamente, Akane.
-¿Qué le dijo él? -inquirió sin ocultar la ansiedad en su tono de voz.
-Hay alguien cercano a ti que lamentablemente se ha convertido en una persona sospechosa.
-¿Cercano a mí?
-Saotome dice que es un amigo tuyo, aunque dejó entrever que puede que sea más que tu amigo: un novio o algo así -dijo con seguridad-. Mira, no quiero inmiscuirme en tus asuntos personales, pero ese chico extranjero ha estado haciendo cosas que lo sindican como un posible sospechoso… quizá no esté implicado en el caso que investigamos, pero al parecer, sí tiene que ver en algo ilícito.
-¿Barnat? -preguntó totalmente sorprendida.
-Como te comenté, de momento es sólo una sospecha, pero necesito decirte que lo estamos investigando, a él y al hermano de la primera víctima.
-¿Por qué, qué lo hace convertirse en sospechoso?, espero que no sea sólo por un asunto de celos por parte de ese idiota y… -se interrumpió y desvió la mirada totalmente sonrojada.
-El joven ha frecuentado ese lugar al que fuimos en más de una ocasión; se ha presentado acompañado de algunas chicas que cumplen con las características físicas de las víctimas, tú incluida -acotó haciendo que Akane se encogiera en el asiento-. Además, nuestros oficiales lo vieron concurrir en el día y juntarse con el hermano de la primera víctima en una actitud bastante poco usual. Hoy, Saotome fue al lugar y el hermano de la víctima estuvo ahí… puede que haya sido sólo una confusión, pero, él tuvo que perseguir a un hombre que contaba con algunas características físicas parecidas a las de tu amigo, Akane. El hombre escapó después de correr para esquivar a Saotome y lo hizo en el mismo vehículo en el que fue subido el hermano de la primera víctima. Todo es muy extraño, Akane, por eso te pido que tomes tus precauciones.
-Pero Barnat… él no puede ser…
-No lo estamos culpando, sólo estamos investigándolo porque ha tenido comportamientos que lo implican en algo raro.
-¿Ranma lo sabía, él sabe que Barnat será investigado?
-Fue él quien me pidió que te informara de la situación.
-Debí suponerlo -dijo frunciendo el entrecejo-, él no se atrevería a decirme algo así por miedo a…
Silencio. Ella estaba consciente de que había hablado de más y al policía a su lado le bastaron dos frases para confirmar que algo estaba pasando entre su pupilo y la chica que iba a su lado. Sin querer ser entrometido se atrevió a preguntar.
-Akane, ¿sucede algo entre tú y Saotome? -dijo con suavidad-. Lo pregunto porque cuando llegaste a trabajar con nosotros me fue imposible no fijarme en la normalidad que le daban a sus discusiones, luego, esas discusiones cesaron y se transformaron en una secreta complicidad, hasta hoy, que creo que nuevamente discutieron por algo. No me preocupa la relación que mantengas con Saotome porque ustedes son adultos y saben lo que hacen, lo que sí me preocupa es que él pueda desenfocarse de la investigación, lo cual sería desastroso.
Ella permaneció en silencio por un momento y luego exhaló un suspiro.
-Resumiré la historia porque creo que merece saberla -dijo enfocando su vista al frente, ya estaban muy prontos a llegar a Nerima-. Ranma y yo nos conocimos a los dieciséis. Tuvimos algo… un breve romance adolescente si podemos describirlo así -dijo, ocultando el tema del compromiso-. Lo dejé de ver hace cinco años y nos reencontramos para esta investigación… al principio no fue fácil trabajar juntos, pero eso ya pasó y ahora… sólo somos dos personas que trabajan juntas, es todo –concluyó ocupando la misma frase que su ex prometido había dicho esa tarde-. No seré yo un impedimento para que él resuelva este caso, señor Tanaka.
-No quise decir eso.
-De todas formas, yo se lo prometo.
-Respecto a tu novio…
-Él no es mi novio, sólo es un buen amigo, pero pierda cuidado, no diré nada y trataré de mantenerme al margen hasta que se demuestre su inocencia porque no puedo creer que él esté implicado en algo tan oscuro.
-Bien -dijo el policía deteniendo el automóvil frente a la casa de la muchacha-. Si puedes, mantente alejada de él por un tiempo. Lo más seguro es que él no esté implicado, pero debemos tomar resguardos.
-Pierda cuidado -contestó bajando del vehículo-. Gracias por traerme, señor Tanaka.
El hombre hizo un gesto de despedida con la mano y espero a que ella ingresara a su hogar. La chica cerró la puerta tras de sí y suspiró. Ahora sabía por qué su ex prometido no había querido escucharla y se había comportado tan fríamente en el gimnasio. Seguramente temía a su reacción porque estaba claro que el que su amigo extranjero se transformara en sospechoso cambiaba mucho las cosas. Pero el idiota estaba muy equivocado si pensaba que ella permanecería al margen de todo; hace unos días había decidido luchar por recuperar esa relación quebrada y tanto lo que había pasado la tarde del día anterior como todo lo que había sucedido ese día no la detendrían. Primero trataría de investigar por su cuenta a su amigo para enterarse si estaba o no involucrado en ese asunto y luego, volvería a enfrentar al idiota y le exigiría que pusiera punto final a ese eterno tira y afloja en lo que se había transformado su convivencia. Si no la quería, que se lo dijera y ya, pero que no buscara pseudo excusas para alejarla de su lado, porque sabía que eso era justamente lo que él estaba haciendo y ella no se lo permitiría, aunque sus intenciones fueran buenas y lo hiciera sólo para protegerla, por todos los dioses que ella no dejaría que lo hiciera.
Entretanto, en las oficinas de la policía, el superior Satō había logrado que sus dos subordinados detuvieran de inmediato su pelea con una sola orden. Cuando ambos estuvieron de pie, Hansuke y Satō pudieron apreciar que quien había resultado más dañado había sido el joven de la trenza. Ambos comprendieron de inmediato que él se había dejado atacar y golpear salvajemente por Ishida, sin embargo, no dijeron absolutamente nada y Satō hizo que caminaran hacia su oficina. Hansuke devolvió el arma que había tomado por precaución desde el mueble a su amigo y los tres siguieron a su superior en silencio. Cuando llegaron al lugar, Satō despidió a Hansuke e hizo ingresar a los otros dos, haciéndoles tomar asiento frente a su escritorio tras el cual él mismo tomó asiento.
-¿Y bien?, ¿a qué se debe el espectáculo que acaban de montar? -inquirió mirándolos de hito en hito.
Ranma esquivó la mirada de su superior, y se puso una de sus manos sobre las costillas. Ishida observó a su superior de forma desafiante y torció el gesto antes de contestar.
-Saotome me la debía -dijo sin más.
-Te la debía -dijo Satō cruzándose de brazos-, ¿qué te debía?
-Señor, usted sabe lo que pasó con mi hermana y…
-Murió en acto de servicio al igual que su compañero -le interrumpió secamente-. Ambas fueron perdidas que todavía nos duelen, pero eso no justifica el que hayas atacado a Saotome.
-No le ataqué, le pedí que tuviéramos un enfrentamiento.
-Para poder vengar la memoria de tu hermana de una forma irracional, pues sabes muy bien que el oficial Saotome nada tuvo que ver en el imprudente actuar de tu hermana.
-Si ella no hubiera estado obsesionada con él…
-Si ella hubiera seguido el protocolo y no se hubiera ido a meter a esa cueva de delincuentes sin la protección de un equipo especializado que la acompañara, te aseguro que tanto ella como su compañero estarían vivos. Ishida, debes aceptar que fue ella quien se puso en peligro con una acción temeraria en una investigación que ni siquiera le había sido asignada.
-Todo por vengar a este sujeto y…
-¡Basta! -exclamó Satō dando un golpe a la superficie del escritorio-. No puedes culpar a un compañero por el comportamiento atolondrado de tu hermana cuando él ni siquiera le dio motivos para hacer lo que hizo, además, sabes que Kondo murió por ir en su ayuda, así que ella no sólo incumplió todos los protocolos exponiendo su vida por una razón estúpida, también arrastró a su compañero y, aun así, ambos fueron despedidos con todos los honores que merecían.
Permanecieron en silencio. Ranma tenía sus ojos cerrados y ahora había posado ambas manos en sus costillas y estómago puesto que el dolor por los golpes recibidos estaba recién remitiendo un poco. Ishida observaba a Satō con rencor, porque a pesar de que no era su superior directo pues él trabajaba en otra unidad, sabía de lo estricto que era el ogro y también sabía que tenía razón, aunque no quisiera aceptarlo.
Satō se puso en pie y se cruzó de brazos imponiendo su postura de hombre inflexible.
-¿Algo que decir, Saotome?
-No, señor.
-¿Tú, Ishida?
-Sólo espero no volver a cruzarme con él hasta que me salga el traslado que solicité… porque sabes que solicité mi traslado a Osaka, ¿no?
-Por supuesto que lo sé, ya que fui yo quien le sugerí a tu jefe que te ofreciera ese traslado.
-Sigues defendiendo a este mocoso.
-Sigo protegiendo a dos excelentes oficiales que no tendrían por qué enfrentarse cada vez que se ven.
-Fue la primera vez que puedo darme el gusto de golpearle.
-La primera y la última –sentenció Satō-. No toleraré encuentros callejeros en esta institución, así que, para que ambos aprendan a comportarse, les daré un castigo que estoy seguro tu jefe aprobará.
-¿Castigo? –inquirió Ranma poniendo toda su atención en su superior.
-Tres días de suspensión sin goce de sueldo a contar de mañana creo que serán suficientes para…
-¡Señor, no puede…!
-Cuatro días para ti, Saotome.
-Pero señor, la investigación…
-Cinco –el joven se mordió el labio inferior, comprendiendo que, si seguía insistiendo, su jefe directo seguiría agregando días al castigo-. Qué bueno que nos entendemos sin necesidad de hablar de más. Le comunicaré a tu jefe que quedarás suspendido de tus funciones por tres días, Ishida. Ahora retírate a tu sección y no vuelvas a montar otro espectáculo o ya no será una suspensión por unos días, ¿te quedó claro?
-Sí, señor –contestó el hombre poniéndose en pie para dirigirse a la puerta de salida.
En el interior de la oficina, Satō observaba a su subordinado con algo de pesar, siendo plenamente consciente de que el joven que tenía enfrente se había dejado golpear por ese hombre porque, aunque hubiera pasado tiempo y el joven hubiera recibido apoyo psicológico, la culpa aún rondaba por la mente del muchacho. Lo sabía porque a él le había sucedido algo muy similar cuando era un joven e inexperto policía.
-No te defendiste y aceptaste todos sus golpes e insultos –comentó Satō.
-No fue para tanto –contestó Ranma poniéndose en pie-. Sólo espero que ahora me deje tranquilo.
-Eso es lo que esperamos todos.
-Señor, sé que fue una irresponsabilidad aceptar sus provocaciones y sé que merezco una sanción, pero…
-Y yo sé perfectamente lo que me vas a pedir –le interrumpió-, pero no, Saotome. No toleraré que uno de mis muchachos se vea envuelto en una pelea callejera, aunque ésta se haya realizado en nuestras dependencias. Sabes que esto se sabrá, y mañana todo el mundo estará comentando la pelea que han tenido. Debemos detener la bola de nieve ahora con un castigo ejemplar o de lo contrario, los nuevos creerán que aquí se les permite hacer de todo.
-Pero estamos en un punto clave para la investigación, usted lo sabe –reclamó enfrentando la mirada implacable de su superior.
-Son cinco días, no creo que tu compañero avance demasiado en cinco días.
-Pero los nuevos sospechosos… hay que investigarlos, hay que hacerles seguimiento y…
-Y disponemos de la valiosa ayuda de un inspector tan avezado como lo es Tanaka, e incluso yo mismo puedo ayudar, de ser necesario.
-Debo permanecer aquí, señor, por favor. Puedo cumplir un castigo mayor luego de terminar con este caso. Si me lo pide, puedo alejarme por un mes de la institución.
-No se trata del tiempo que estés fuera, Saotome, se trata de la señal que quiero dar –dijo mirándolo seriamente-. Acá, todos me conocen como el ogro –dijo sonriendo de medio lado ante la sorpresa de su pupilo-. Algunos me temen, pero sé que todos me respetan. No ha sido fácil ganarme ese respeto, Saotome, y conservarlo ha sido aún más difícil, por eso quiero que entiendas que no estoy haciendo esto por mero capricho, tampoco para beneficiarme, simplemente lo hago por la institución, para que sus nuevos y antiguos policías respeten las normas y reglas de la institución a través de sus jefaturas, ¿entiendes?
-Sí, señor.
-Sacarte de un caso tan importante durante algunos días cuando todos saben que estás a la cabeza de esta investigación entregará una señal potente para quienes trabajan acá, porque entenderán que al ogro no le temblará la mano para asignar un castigo por mucho que necesite al policía que recibe la sanción. No me gusta lo que estoy haciendo porque eres un buen policía, Saotome, quizás uno de los mejores que he tenido al mando, pero tienes que controlar tu temperamento y ese modo impulsivo de actuar. Llegarás lejos si lo logras.
El joven de la trenza no contestó, sólo agachó la cabeza pensando en que no era su intención llegar lejos en esa institución, porque él sólo veía en ese lugar un trabajo rentable y respetable que le ayudaba a subsistir, nunca lo había visto como una forma de escalar en jerarquía.
-Pasando a otro tema, Tanaka me informó lo que descubriste.
-Descubrimos –le corrigió-. Mori, Fukuda y yo hemos descubierto algunas cosas.
-Tú y tus compañeros, sí –asintió mirándolo con aprobación puesto que sabía que Ranma no aceptaría jamás llevarse todos los créditos, aunque fuera el que más lo merecía-. ¿Hay algo que deba saber referente a la señorita Tendo? Tanaka me dijo que ese sujeto del cual sospechas tiene algo que ver con ella.
-Sí –reconoció con incomodidad-. Es su amigo… o algo más.
-¿Te incomoda seguir recibiendo el apoyo de ella?, ¿piensas que puede complicar la investigación el que ella sea amiga de ese sujeto?
Permaneció callado por un momento, pensando en su respuesta. No, mentiría si le dijera a Satō que ella le incomodaba porque aunque en un principio hubiera querido escudarse en una palabra como aquella, Akane nunca lo había incomodado. Tampoco temía que al conocer las sospechas que recaían sobre el tal Barnat, ella quisiera ayudarle a esconderse o interfiriera en la investigación puesto que Akane había demostrado ser muy profesional y estaba totalmente involucrada en descubrir al asesino de las chicas. Lo que le preocupaba era su seguridad y así se lo expresó a su superior.
-No me incomoda seguir trabajando con ella, pero sí me inquieta lo que pueda pasar con ese tipo. La seguridad de Aka… de la señorita Tendo –se corrigió-, eso es lo que me preocupa, señor.
-Sientes simpatía por esa chica –afirmó el hombre sonriendo mentalmente al ver que su subordinado esquivaba sus ojos y fingía indiferencia. Ese muchacho que se mostraba siempre frío y desinteresado en las féminas que lo rondaban, ahora parecía estar deslumbrado por esa mujer-. Bueno, Tanaka me dijo que hablaría con ella y la pondría al tanto de la situación, esperemos que no tengamos problemas y que la investigación siga su curso normal.
-Si me lo pregunta, no creo que ella represente algún obstáculo para seguir la línea investigativa por muy amiga que sea del sujeto extranjero.
-Tampoco lo creo –afirmó-, lo que me inquieta es que ella pueda interferir de otra forma en la investigación, convirtiéndose en un foco de distracción –dijo observándolo con complicidad-, que logre desviar la atención de uno de mis mejores hombres y…
Todo lo que iba a decir murió en sus labios al escuchar los fuertes e insistentes golpes en la puerta. Frunció el ceño cuando vio la puerta abrirse sin esperar su autorización para ingresar, porque era la segunda vez en esa tarde que le interrumpían en una conversación.
-Perdón, jefe… señor –se retractó el joven de castaños cabellos observando expectante a su superior.
-¿Qué pasa ahora, Fukuda?, ¿otra riña?
-No señor, me atreví a entrar en busca de Ranma porque han encontrado una pista.
-¿Una pista? –inquirió el joven de la trenza volteándose para ver a su compañero de frente pero manteniendo una de sus manos en sus costillas.
-Hay una cámara cerca del lugar en el que atacaron a Tomoko y según lo que me dijeron quienes están a cargo de revisarla, contamos con algunas imágenes… borrosas y lejanas, es cierto, pero tienen unas cuantas –informó atropelladamente.
-¡Vamos! –exclamó Ranma avanzando dos pasos hacia la puerta, pero se detuvo al escuchar el llamado autoritario de su superior.
-Saotome, no olvides lo que acabo de decretar.
-Pero señor… -dijo de forma suplicante.
-Tu placa y tu arma –exigió el hombre observándolo duramente-. Te las devolveré en cinco días.
El joven gruñó y se despojó de los implementos que su superior le exigía, poniéndolos a su disposición sobre el escritorio.
-Entiende mi posición.
-Entiendo, pero no comparto esta decisión –contestó de forma desafiante-, sin embargo, acepto la sanción que se me asignó, pero creo que mi castigo comienza a regir en cinco horas, ¿no, señor?
Satō quiso reír a carcajadas ante la astucia de su subordinado, pero se contuvo de hacer cualquier comentario y sólo asintió con un movimiento de cabeza.
-Tienes cinco horas, es cierto. Aprovéchalas porque yo me quedaré aquí hasta que te vea salir por la puerta principal y no volver en cinco días, Saotome.
-Sí, señor.
Vio desaparecer a ambos muchachos tras la puerta y sonrió.
Jamás lo reconocería ante el joven de la trenza, pero cada día se convencía más de que llegaría a ser uno de los mejores policías del país, sólo le faltaba aprender a controlar su temperamento, emocionalidad e impulsividad, sin embargo, el jefe de la unidad tenía grandes expectativas puestas tanto en él como en su siempre alegre compañero; lo había comentado sólo con Tanaka y el avezado policía había estado de acuerdo en ayudar a guiarlos, aunque había declarado que Saotome nunca había manifestado intenciones de convertirse en jefe de sus pares, pero Satō sabía que quizá con el tiempo y la madurez, el joven cambiaría de opinión, en el intertanto, él trataría de ayudarlos a comprender cómo debía comportarse un buen policía, aunque eso significara reñirlos, sancionarlos y exigirles como no lo hacía con ningún otro subalterno, "a los buenos elementos se les exige siempre más, porque los buenos elementos simplemente pueden dar más en comparación a sus pares", esa era su premisa y en esos años que había estado al mando de esos dos jóvenes había comprobado su veracidad una y otra vez, sólo esperaba que con el caso que llevaban ahora cumplieran una vez más, porque no se engañaba y sabía que al incorporar a la joven psicóloga en la ecuación también había incorporado una distracción. Conocía parte de la historia; quien le había solicitado el favor de acoger a la señorita Tendo e incorporarla en el departamento de criminalística junto a Saotome y Fukuda le había contado parte de los acontecimientos y ahora, al observar de cerca el comportamiento de ambos estaba seguro de que tanto Saotome como la señorita Tendo sentían algo el uno por el otro, tanto así, que esa tarde ella se había mostrado al borde de las lágrimas por la preocupación de ver que a Saotome lo estaban golpeando, y él no había ocultado su malestar y celos al referirse a la supuesta relación que mantenía la chica con su amigo extranjero. Se dio la vuelta y observó por la ventana. La tarde ya estaba dando paso a una noche que al parecer sería bastante fría.
-Espero no haberme equivocado al aceptar ayudarte, viejo amigo –musitó.
A su mente vino su encuentro con ese hombre que le había enseñado tanto en el pasado y que hacía poco más de dos meses atrás se había encontrado de casualidad… casualidad que había derivado en la solicitud de un favor al cual él no se había negado, pero que ahora lo tenía rogando para no haber cometido un error… sólo Saotome y Tendo le darían la respuesta y por su propio bien esperaba que esa respuesta no corroborara que tal vez había cometido un grave error al acceder a juntarlos poniendo como excusa el caso más complicado que había surgido durante los últimos años.
Notas finales:
1.- Hola. Aquí un nuevo capítulo de esta historia. No me extenderé mucho porque lo encuentro innecesario, sólo espero que a quienes me acompañan en este viaje les siga gustando lo que escribo. También espero tener el siguiente capítulo para antes de que termine el año, pero si no es así, seguro estará para principios del próximo.
2.- Muchas gracias a quienes leen y esperan las actualizaciones de este escrito y mu especialmente gracias a quienes se toman el tiempo de dejarme saber lo que piensan mediante un comentario. A Darkarinita, Benani0125,VeroGuti, luceritoorozco07, itzeldesaotome, CAMUCHIS, Akanita87, Hikari (Muchas gracias por seguir comentando capítulo a capítulo. Ya veremos qué pasa respecto a las teorías sobre el villano de esta historia. Un abrazo), Bealtr, nancyriny, Kari (Muchas gracias por comentar. Pues sí, creo haberlo dicho en alguna otra historia: mientras tenga un poquito de tiempo y energía, seguiré escribiendo por y para esta pareja a la que adoro hasta dar vida hasta la última historia que algún día quedó inconclusa en mi mente o en un documento de Word. Un abrazo y gracias) y Iwaya sum, muchísimas gracias por comentar el capítulo anterior.
3.- Un abrazo para todo aquel que se pasó por aquí, que tengan unas bonitas fiestas y será hasta una próxima actualización.
Madame de La Ferè – Du Vallon.
