Capítulo 66

Ante el mutismo creado en su salón en cuanto la presencia de la anciana se manifestó, Lafayette fue quién habló en primer lugar, concediéndole unos instantes a su amiga para reponerse.

-Señora Sandford, gracias por venir. La hemos llamado porque Lil…

-Sé bien por qué me habéis llamado, y sólo he venido para decirte que no voy a ayudarte a salvar a ese vampiro, poniendo en riesgo tu vida, Lilian Sandford. -Sentenció con firmeza, haciendo que su nieta hablara veloz, rogando mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

-¡Abuela, por favor! Recuerdo lo que me dijiste, pero tienes que creerme cuando te digo que él es bueno, y me quiere de verdad. -Dijo con calma, mirándola fijamente. Aunque la mujer no parecía relajarse.

-Lil, los vampiros son seres sin empatía, alejados de las emociones humanas. Están diseñados para manipular y controlar a sus presas, los humanos. Él te ha hecho creer que te quiere, cariño.

-No, de verdad que no. Si de verdad podéis ver lo que nos pasa, sabrás que me cuida y se preocupa de verdad por mí. Me ha salvado de cosas horribles. Puedo saber lo que piensa y siente de verdad con mis poderes, ¿cómo iba a engañarme? Abuela -añadió tras un breve silencio, observando que Denna comenzaba a dudar-; hubo un tiempo en que intenté alejarme y en el cual pensaba como tú, pero me di cuenta de que me equivoqué. Le quiero, y no puedo dar marcha atrás, ya no. Así que no me queda más remedio que acudir a ti para que me ayudes, porque no quiero morir intentando salvarlo, ni puedo seguir si él muere. Por favor, te lo suplico.

La anciana contempló aquellas lágrimas de dolor de la morena, apretando los labios en una fina línea mientras se debatía interiormente entre emociones contradictorias. Finalmente, derrotada ante su unión con la joven, habló con un susurro.

-Te ayudaré, Lil, pero no sé si podré convencer a los ancestros para que te ayuden a salvar a un vampiro; ni siquiera sé si se contentarán con el pago que tengo en mente para que nos ayuden con el hechizo que podría funcionar.

-Intentaré lo que sea, Abuela, por favor. -Agregó veloz la camarera, limpiándose rauda las lágrimas.

-El hechizo que intentaste es magia negra, Lil, demasiado para ti sola. Vamos a intentar uno que no lo es, aunque sí difícil y costoso para equilibrar la balanza del pago. Tendrás que dar tus poderes a cambio, cariño, para que te dejen vivir.

-Está bien, llevo toda la vida sin saber que tenía poderes, puedo volver a estar como antes. ¿Qué pasa? -Preguntó con el ceño fruncido al observar que su abuela no parecía cómoda.

-No puedo asegurarte que todo saldrá bien, que resistirás la magia y ellos se contentaran…

-Abuela -cortó la morena, entendiendo la preocupación de la mayor, -nada será tu culpa; yo te he pedido ayuda, sé los riesgos y los acepto; pero todo saldrá bien porque los convencerás siendo tan increíble como siempre has sido, y yo aguantaré y lucharé por vivir, te lo prometo. ¿En qué consiste ese hechizo?

-Romperemos el vínculo del virus a la sangre de todo aquel que tenga genes de hada, y a su vez destruiremos la presencia del mismo de tu vampiro. Tus genes reales son buenos para ello, usaremos tu sangre, pero sería ideal tener algo también del propio Earl para magnificar esa señal que el conjuro debe seguir; a finde cuentas el virus se ligó a su propia sangre.

-Earl está muerto, y no sé si quedará algo de él… -Murmuró Sandford, pensando en qué habría hecho Eric con el cuerpo.

-No es imprescindible, pero si hay cuerpo, recupera algún hueso o algo de ese maldito. Necesitarás hacer el conjuro la primera noche de luna llena para aumentar la energía. Lleva a tu prima hada también, y a tu amiga bruja, porque necesitaras ayuda para soportar el ritual, Lil. Tendrás que recitar el hechizo y verter tu sangre y la del vampiro sobre un altar de piedra que erijas en el bosque. No debe ser gran cosa, una simple losa de piedra purificada y consagrada bastará, pero tendrás que gravar en ella el hechizo y el nombre del vampiro. Apunta el conjuro que has de recitar.

Lafayette rápidamente acercó a Lil una libreta de la cómoda junto al sofá y un bolígrafo, contemplando a su amiga escribir las palabras en latín que su abuela recitaba.

-Gracias, muchas gracias, abuela. Nunca podré agradecerte todo lo que has hecho por mí, desde siempre. Te quiero muchísimo. -Sollozó levemente, contemplando a la anciana sonreírla con cariño.

-Y yo a ti, cariño. Espero no equivocarme con esto, ni que tú lo estés haciendo, Lil. Ten cuidado, y cuida de tu hermano también, cielo. Debo irme.

Apenas Lil tuvo tiempo de decir nada cuando su abuela se desvaneció, y un intenso silencio se instaló en aquel pequeño salón, hasta que sus sollozos lo desterraron.

Lafayette no dijo nada, pasando a abrazar a la mujer contra sí mismo mientras dejaba que se desahogara.


Eric entró en el Fangtasia, ya casi desierto ante la cercanía del amanecer, y se dirigió sin mucho afán hasta la barra, donde Tara terminaba de recoger lo que quedaba.

-Hola, ¿está aquí? -Preguntó apoyando las manos en la madera, sintiendo aquel cansancio de la enfermedad. La vampiresa se detuvo un instante para mirarlo y responder.

-Sí, creo que ahora está en el despacho terminando con la caja y eso. Ya no está tan cabreada, pero no sé si será el mejor momento para hablarle.

-Habrá que comprobarlo entonces. Tú sigue a tus cosas.

Tara no respondió, contemplándolo avanzar con desgana hacia el pasillo que conducía al despacho, tensándose cuando escuchó que el rubio abría la puerta y se encerraba allí con su creadora.

Pam no levantó la mirada de los papeles que terminaba de rellenar, pasando a guardar el dinero en la caja fuerte mientras Eric iniciaba la conversación, allí de pie frente al escritorio. Pudo distinguir el cansancio físico y mental del hombre en su tono, pero no se dejó conmover.

-Pam, lo siento. Entiendo que estés enfadada, tienes razones para hacerlo, pero no hubieras podido hacer nada aunque lo hubieras sabido desde el comienzo.

La vampiresa se levantó rauda de su asiento, hablando mientras clavaba sus ojos en los de él con un deje de reproche.

-Eres mi creador y mi amigo desde hace más de 80 años, y si vas a morir, tengo puto derecho a saberlo y no tener que enterarme por la estirada de Flanagan; eso por no mencionar que la culpable de todo esto es a la primera a la que acudes, escupiendo sobre nuestro puto vínculo.

-No quería que estuvieras sufriendo y pensando en lo que me pasa, Pam; por eso quería callarme. Y no se lo he dicho a Lil; ella se enteró primero y me lo contó. Aún así, sabes que por sus poderes no tendría opción a callarme con ella. No es una competición, Pamela. Tú siempre serás lo más importante para mí, eres mi descendencia.

-Seré lo más importante hasta que tu bruja vuelva a necesitar ayuda por estar metiéndose en problemas todo el puto día, entonces volverás a tratarme como a tu puta sirvienta para ayudarla, como la otra noche.

-Estaba alterado, te pido disculpas por las formas. Lil intentó deshacerse del virus para salvarme usando magia negra. Me mintió, iba a morir por salvarme, Pam. No puedo dejar que eso ocurra, y es lo que está intentando constantemente, de ahí que no esté muy de humor. -Comentó mientras se sentaba, manteniendo su rostro serio.

La vampiresa lo contempló unos instantes, pensativo como pocas veces, con lo que pasó a murmurar, ya sin enfado.

-Así que va en serio; estás enamorado de verdad.

-Sí, quiero a Lil, así como te quiero a ti. No estaría mal que intentarás llevarte mejor con ella, o al menos no amenazarla de muerte; está lo suficientemente jodida por la culpa, no tienes que torturarla más.

-¿Y tú como estás, qué se sabe del puto antídoto? -Agregó tras un silencio, sentándose a su lado.

-Las brujas aún no tienen nada que sirva sin que Lil muera, pero Flanagan y su equipo ya tienen la sangre pura de hada para las pruebas. Yo he empezado hoy con los primeros síntomas, pero estoy bien.

La rubia no pudo evitar que sus ojos se anegaran en lágrimas, contemplando que él sonreía levemente, despreocupado, pero con un visible cansancio que nunca había manifestado.

-Eric, no puedes morirte, joder.

-Voy a tratar de no hacerlo, Pam. Pero hay que ser realistas y aceptar que es una posibilidad, y si ocurre, quiero que me prometas que vas a vivir, y que no harás daño a Lil, por favor.

La mujer no pudo responder, rompiendo en llanto mientras se abrazaba al vikingo, dejando que aquel angustioso silencio los meciera.