Capítulo 70

Pam despertó abruptamente, y ante aquella sensación interna que le aseguraba que Eric estaba en el bar, la vampiresa salió rápido del ataúd del sótano.

Estaba preocupada, puesto que no había sabido nada del rubio desde la noche anterior, y temía el estado en el cual iba a encontrarlo. No tenía un buen presentimiento, y sólo podía rezar porque él no perdiera mucho los papeles, sobre todo si aquel lío no salía bien.

La puerta del despacho estaba entornada, pero no se escuchaba ningún ruido, a pesar de que Eric estaba allí. Pam podía sentir aquella vibración que emanaba de las emociones de su creador, y tras un segundo de meditación, anduvo hasta poder abrir la puerta.

Aquella escena sorprendió a la vampiresa, puesto que el vikingo mostraba una enorme vulnerabilidad, derrotado mientras permanecía quieto cual estatua con la mirada perdida, dejando que la sangre manara de sus orejas y fosas nasales. Era evidente que no había descansado durante el día. Lil se encontraba tumbada en el sofá oscuro de un lateral de la sala, aún inmersa en aquella inconsciencia mágica; nada había cambiado.

Pam sintió que las palabras se atascaban en su garganta, con lo que agradeció que fuera él el primero en hablar, aún manteniendo la mirada fija en el escritorio.

Nadie ha podido ayudarme, y he hablado con todas las brujas que conocía: tenía esperanzas con aquella vudú de Nueva Orleans a la que recurrimos hace años, pero ni siquiera su magia negra puede salvar a Lil.

La rubia contempló un instante el cuerpo de la camarera, para después volver a fijarse en su creador. Se dio cuenta de que sangre ajena manchaba parte de su ropa cuando se reclinó en el asiento, limpiándose la hemorragia de la nariz con una toalla.

¿A quién has matado? ¿A la bruja vudú? -Preguntó con un deje de miedo, a recordar que aquella mujer tenía aliados muy poderosos. Se relajó en cuanto Eric respondió con la misma pasividad.

No, aunque no me faltó mucho… Ha sido a un brujo que se creía demasiado listo. Dijo cosas que no me sentaron bien y no pude contenerme; no quise, en realidad. Voy a llevar a Lil a casa de Sookie -cambió de terma, levantándose de su asiento-. Sólo se puede esperar mientras encuentro la forma de ayudarla.

Eric, tienes que descansar. -Añadió con firmeza Pam, contemplando como cargaba a la chica en brazos con un tacto que la sorprendió. -No podrás hacer una mierda si no estás fuerte. Madeleine seguirá buscando soluciones mientras duermes...

El vampiro se detuvo antes de salir de la estancia, mirando a la rubia para hablar con un resignado dolor.

No quiero arriesgarme a que pueda morir mientras no estoy con ella. Al menos, le debo eso.

Pam no se atrevió a responder nada, viéndolo marchar con una leve presión en el pecho. Podía entender aquel sufrimiento y culpa que lo corroía, claro que podía si pensaba en que le pasara lo mismo a ella con él. Tratando de apaciguar aquella impotencia y permanecer fría, suspiró y se puso en marcha para preparar la apertura de aquella noche.


Sookie y Madeleine se miraron, dejando de lado el gran grimorio de la bruja, ante el sonido del timbre de la casa Stackhouse. La camarera se levantó para abrir, sabiendo que hallaría al otro lado a Eric, aunque no sabía en qué estado; no tenía fuerzas para pelear.

Con lentitud, la joven abrió hasta encontrarse de frente con el alto vikingo, quien portaba el cuerpo de su prima en brazos. Él habló primero, con calma, algo que relajó de inmediato a Stackhouse.

-Sigue igual; nada ha cambiado.

-Dejémosla en su cuarto. -Agregó Sookie en un susurro, haciendo que Eric avanzara hacia las escaleras, y tras él la rubia para acompañarlo silenciosamente hasta el cuarto de su prima.

Ambos permanecieron unos instantes contemplando a Lil, sintiendo como Madeleine llegaba a ellos, imitándolos. Poco después, Eric se giró para encarar a la pareja de mujeres y hablar con aquel abatimiento que apenas podía ocultar.

-Siento lo de anoche. No os haría daño, pero estaba muy cabreado.

-Le prometí que no diría nada para evitar que te negaras. Ella solo pensaba en salvarte. Lo siento mucho, Eric. -Susurró la rubia de forma oscura, bajando la mirada.

-La ayudaremos a volver -intervino Madeleine con firmeza, rompiendo el silencio-, no está muerta, sino luchando contra el poder de la magia. Sus poderes no son suficiente precio a pagar, pero si no ha muerto directamente, hay esperanza. Intentaremos un hechizo para ayudar a equilibrar esa balanza de pago. Ese trance es como un coma, aunque, obviamente, su cuerpo funciona por sí solo. Por si acaso, podemos darle algunas gotas de tu sangre cada par de días, para que se mantenga fuerte.

El vampiro asistió antes de hablar, cambiando de tema, dirigiéndose a la pelirroja.

-Ninguna bruja con las que he hablado ha sabido cómo ayudar a Lil. ¿Que piensas hacer tú?

-Magia muy poderosa que convoque a sus ancestros. Nadie se arriesgaría a morir por una desconocida, ni a hacer un sacrificio para ellos. Habrá que ofrecer algo que pueda igualar el pago.

-¿Que serviría seguro? - Pregunto Eric.

-Ofrecer una vida por la de ella. Mágica, o no. Magia oscura.

-Te conseguiré alguien que merezca morir, y si hace falta lo mataré yo. Haré lo que sea para que viva, aunque tenga que volver a enfermar, Madeleine.

-Está bien. Vamos a intentar que a ti no te pase nada, o ella volverá a las andadas. Asesinar a alguien debería valerle al puto equilibrio mágico. Si es un vampiro el que traes, que sea antiguo, cuanto más antiguo más poderoso será nuestro trueque. Necesitaré estudiar que hechizo debo hacer. Ya te diré si necesito algo más.

-¿Quién más sabe que ella está así? -Añadió tras un segundo, volviendo la vista a Lil. Sookie respondió.

-Sólo Sam, ya que tendría que trabajar hoy... Pero voy a tener que hablar con su hermano, porque no para de llamar. Ha dejado un mensaje en el contestador y sabe que Lil pretendía algo raro. Quedó con él antes de la noche del hechizo para despedirse a su modo, y Will debió olérselo. Dijo que se presentaría aquí.

-Está llegando a la puerta. -Soltó Eric casi antes de que ella acabara de hablar, encontrando el terror en los ojos de Sookie al oír como aporreaban la puerta. -Yo puedo hablar con él.

-¡No, no! ¡De eso nada! Va a entrar en cólera, y tú serás el primero de sus culpables. Quédate aquí, Eric; no más accidentes, ni complicaciones, por favor.

Tras las decididas palabras de Sookie, la mujer corrió escaleras abajo para encargar al hermano de Lil. La abrir la puerta se encontró con su rostro bronceado ceñudo y serio. William habló con decisión.

-¿Dónde está mi hermana, Sookie? Se que ha pasado algo, porque el otro día empezó a contarme un puto rollo muy sospechosos como si fuera a morirse, ¡joder! ¡Lil! -Gritó mientras se adentraba en el vestíbulo, encaminándose a la escalera.

Sookie lo siguió, tratando de tranquilizarlo mientras le decía que le contaría todo, pero antes debía calmarse.

A cada zancada del moreno, la rubia sentía que el aire llegaba en menor medida a sus pulmones y el corazón palpitaba con más fuerza. Finalmente, al ver a Eric en mitad del pasillo de la segunda planta, su corazón pareció detenerse, presa del miedo.

-Tú... siempre que pasa algo con mi hermana es tu puta culpa, vampiro. ¿Que le has hecho? ¿Esa sangre es suya? -Gritó enfurecido, contemplando la ropa del vikingo.

Sookie trato de hablar, pero Eric le cortó, respondiendo a Will con un tono sosegado.

-Nunca le haría daño a Lil, William; la quiero. Anoche me salvó de la hepatitis Uve con un hechizo, y ahora está en un coma mágico. Me mintió diciendo que no corría peligro...

Antes de que terminara la frase, el moreno se abalanzó hacia él con rabia, agarrándolo de la pechera. A pesar de que no pudo moverlo ni un ápice para estamparlo contra la pared, continúo gritándole con saña, ignorando que Sookie y Madeleine trataba de calmarlo y alejarlo de Eric.

-¡Eres un hijo de puta! ¡Un monstruo que no puede querer a nadie más que a sí mismo, cabrón, no mientas! ¡Si quisieras a mi hermana no habrías dejado que hiciera una mierda, por si acaso! ¡Y más si la conocieras!

Will se soltó del agarre de las mujeres y entró en el cuarto para contemplar a su hermana yaciente en la cama, pero poco después salió nuevamente al pasillo para encarar a Eric, quién permaneció quieto, anclado en el mismo lugar.

-Si muere será por tu culpa, vampiro. Y no sé cómo, pero te juro que no pararé hasta matarte.

Eric permaneció estático, aguantando la humillación con un intenso dolor en su interior, mientras perdido en sus pensamientos más lóbregos, escuchaba de forma lejana a Sookie correr tras Will. El moreno ignoro a Stackhouse y salió de la casa, dando un sonoro portazo, que imbuyó todo nuevamente en un denso silencio.