Capítulo 71
Pam contemplaba la marea de gente dentro del bar, sentada en el trono de la elevada tarima mientras fingía no aburrirse de muerte. No obstante, su actitud cambió de golpe al sentir que Eric estaba cerca.
La mujer no se impacientó, esperando allí hasta verlo avanzar y cruzar miradas. A pesar de no haberlo visto prácticamente en varios días y de que Lil siguiera igual, no notó que su estado anímico fuera peor, pero con Eric nunca se sabía.
Ambos vampiros caminaron hasta el sótano del local, y una vez solos, Pam habló primero, ansiosa por conocer qué había pasado en Nueva Orleans, donde el último reducto importante de lobos traficantes, operaba.
-Imagino que si estás aquí es porque empieza la operación de una vez.
-Sí, nos vamos ahora mismo. Tú y yo vamos a encargarnos de esto. Dentro de una hora, la mano derecha del alfa de Nueva Orleans va a vender todo lo que queda del alijo de sangre. Los de la Autoridad van a por el comprador, y nosotros a por ese tío, que no vamos a matar porque nos lo vamos a llevar para el ritual, que debe hacerse esta misma noche.
-¿Tú y yo solos contra cuántos putos lobos? -Preguntó con un deje de molestia, escudriñando el rostro del vikingo.
-No lo sé exactamente, pero no serán más de 3 a lo sumo. Van en una furgoneta, han quedado en un punto de la autopista, en una vía de servicio antigua, abandonada.
-Y los de la Autoridad no saben nada de tu plan, claro. Vamos a meternos en un lío, Eric.
-No voy a discutir, Pam -La cortó casi al instante, conteniendo su enfado para no perder la templanza-. Ese lobo es poderoso, de estirpe poderosa; el hermano del alfa de Nueva Orleans, justo lo que necesitamos para el hechizo. ¿Vas a ayudarme o no?
-Vámonos de una puta vez. -Terminó por ceder la rubia tras un silencio, contemplando aquel sutil gesto de cabeza por parte de Eric, agradeciéndole, a su modo, no dejarlo solo.
La pareja salió al exterior del bar, pasando directamente a salir volando sin mediar más palabra. Pocos minutos después, aterrizaron en medio de la penumbra de una autopista, prácticamente desierta.
La vampiresa siguió en silencio a su creador entre la oscuridad, saliendo del arcén para introducirse en la maleza de detrás de aquel abandonado edificio de la vía de servicio. Una vez estuvieron ocultos entre las sombras, Eric habló tras mirar la hora en su móvil.
-Yo me encargaré de retener al tipo en cuestión, y tú mata a los que lo acompañen. En cuanto paren el coche, yo me pondré delante para distraerlos un segundo; aprovéchalo.
-Genial. Susurró con desinterés ella, escuchando cómo un vehículo avanzaba hacia el lugar.
Tal y como Eric había vaticinado, había tres hombres en una camioneta roja avanzando hacia aquel derruido edificio de restauración; los tres eran licántropos, y comenzaron a quejarse de que era la hora y allí no habían aparecido sus compradores.
En cuanto el vehículo se detuvo en mitad de aquel desierto paraje y la confusión y enfado reinaba entre el trío, Eric apareció ante las luces deslumbrantes de la camioneta en un movimiento veloz.
Pocas palabras pudieron articular aquellos desconocidos antes de que Pam rasgara las gargantas de los dos acompañantes, matándolos en el acto tras su brutalidad. La vampiresa pasó entonces a registrar el maletero y comenzar a deshacerse de la sangre de hada, mientras Eric agarraba del cuello al hermano del alfa, reteniéndolo de espaldas contra el capó.
-Hola, Harvey ¿Dónde está tu hermanito el alfa? Esta entrega era importante, merecía su presencia.
-No voy a decirte nada, Vampiro. Que te jodan. -Murmuró con asco, luchando por tomar aire.
-Ya, lo imaginaba; no es necesario que hables, lo encontraremos nosotros y nos aseguraremos de que termináis con el trapicheo de sangre contaminada. Ya no queda mucha y los pro Earl estáis cada vez en mayor desventaja.
-No voy a hablar, tío; vas a matarme igualmente.
-Tienes razón, así que no perdamos más tiempo. Pero antes te necesito para algo importante, Harvey. Al menos no morirás en vano.
Acto seguido de aquellas palabras, Eric golpeó al hombre en la cabeza, haciendo que perdiera la consciencia, para acto seguido, poder largarse de allí raudo, junto con Pam.
-Ya está aquí. -Susurró Madeleine al sonido del timbre de la casa Stackhouse, buscando la vista de Sookie.
La camarera se levantó del suelo, donde ayudaba a la bruja a cubrir todo con plástico, para ir a abrir, no sin antes detenerse frente a Will.
-¿Seguro que estarás bien? -Preguntó con duda, escudriñando el rostro serio del moreno, quien asintió antes de volver al trabajo, preparando la habitación para el ritual.
Sookie suspiró para aliviar algo de aquella tensión que sentía dentro, abriendo la puerta a pesar de no estar preparada para todo aquello. Su vista se centró primero en el hombre inconsciente que Eric portaba sobre un hombro, para después mirarlo a él y a Pam.
-Pasad. Arriba está casi todo listo. ¿Cómo ido? ¿Hay más sangre aún?
-Este cabrón no ha querido colaborar, y no hemos encontrado más. Eso no quiere decir que ya se haya destruido toda, pero lo que sí sabemos es que, si queda, debe haber muy poca y es esa puta manada de Nueva Orleans la que sabe y mueve lo que quede.
La camarera asintió con conformidad, pensando que al menos algo iba mejorando en todo aquel embrollo. Al llegar de nuevo al cuarto de Lil, comprobó que la pareja había terminado de cubrir el suelo con aquella enorme lona de plástico, y las ventanas estaban tapadas con tablones de madera y las cortinas corridas.
-¿De qué va esta mierda? -Preguntó Pam al contemplar la escena, ignorando la mirada de odio de Will clavarse en ella y su creador.
-El hechizo es algo engorroso, y no queremos dejar todo perdido ni llamar la atención si alguien decidiera pasar por los alrededores. Tenemos que empezar, quedan 2 minutos para las 3.
Ante las palabras de Madeleine, Eric depositó al hombre lobo en el suelo, en el centro de la sala, para después tomar las gruesas cuerdas que la bruja le pasaba, y seguir sus instrucciones.
El vikingo ató las manos del hombre a su espalda y también sus tobillos, observando como volvió en sí abruptamente tras un movimiento de manos de Madeleine, quien se había colocado frente a él.
-Poneros todos alrededor de la cama, no habléis, y concentrar vuestra energía en Lil. Empecemos.
Los presentes obedecieron, escuchando como poco después, la mujer empezaba a recitar aquella letanía en latín, de forma enérgica mientras alzaba las manos hacia el techo, y después señalaba al licántropo, quien se revolvía para zafarse de sus ataduras.
Tras un par de repeticiones del hechizo, el viento se hizo fuerte dentro del cuarto y Madeleine supo que llegaba el momento de la verdad, agarrando aquella daga ritual de la mesilla de noche.
Nuevas palabras surgieron de su boca, esta vez en una voz baja y gutural, para después apuñalar el pecho del hombre con fuerza, hundiendo la hoja en su lado izquierdo. En cuanto sacó el arma, pasó a recoger sangre del lobo en un cuenco negro, dejándolo sobre la pequeña mesa.
La bruja continuó recitando la parte final del hechizo, mientras mojaba dos de sus dedos en la sangre del cuenco y pintaba un extraño símbolo en la frente de Lil. Al terminar volvió a alzar la voz y los brazos al cielo, haciendo que el cuenco comenzase a arder de forma espontánea.
Un minuto después, el fuego se apagó sólo, al tiempo que Madeleine callaba y toda la estancia quedaba en silencio, pero Lil continuaba de la misma forma.
-¿Qué pasa? ¿No ha funcionado? -Preguntó Will, sintiendo que su esperanza volaba lejos, pero la mujer habló rápido.
-Sí, el hechizo ha salido bien, y los ancestros han venido. Nunca he hecho algo así, así que, puede que debamos esperar… No perdáis aún la esperanza, porque todo ha ido genial. Vamos a recoger todo este desastre.
Sookie asintió, igual que Will, con los ojos vidriosos ante la decepción, contemplando con desanimo la sangre que cubría gran parte del suelo.
-Me desharé del lobo. Vuelvo enseguida. -Susurró Eric, haciendo que Madeleine asintiera despacio, contemplando como envolvía el cadáver en la vieja alfombra que habían dejado para tal fin.
El vampiro salió cargando el muerto en pocos segundos, adentrándose en el bosque con su super velocidad, tratando de contener aquella rabia y dolor dentro de sí mismo, que comenzaban a manifestarse con lágrimas de sangre corriendo por sus mejillas.
