Capítulo 72

Sookie alzó la vista del suelo del cuarto, por fin sin aquel plástico lleno de sangre y suspiró con alivio al ver todo de regreso a la normalidad. No obstante, aquella sensación de alivio volvió a disolverse en cuanto contemplo a Will, sentado en la cama donde yacía Lil, aún inmóvil.

La joven pensó en hablar para tratar de darle esperanzas al moreno, imbuido nuevamente por la desolación, pero el timbre de la casa sonó. La rubio se disculpó con el hombre para alejarse, ni siquiera dándole importancia al hecho de que no esperaba a nadie, y menos a esas horas.

-Alcide… Hola, no te esperaba ¿Va todo bien? -Preguntó sorprendida, haciéndose a un lado para que el moreno pasara al interior.

-¿Cómo ha ido el hechizo? ¿Lil ha despertado?

-¿Sabes lo de Lil? -Agregó, confusa, observando como él respondía de forma seria.

-Sí, Will me lo contó. Lo encontraba muy raro en el trabajo y terminó por desmoronarse. No puede hablar con nadie de esto, así que se desahoga conmigo.

-Claro, es normal. No están siendo buenos días para nadie. Él está arriba, hundido porque nada ha cambiado, a pesar de que el hechizo a salido bien; Madeleine está segura de ello. Esto está empezando a quemar las reservas de esperanzas que nos quedaban.

El hombre lobo susurró por lo bajo un mierda, llevándose una mano al cabello mientras ordenaba sus pensamientos. Odiaba ser el mensajero de malas noticias, y parecía que todo jugaba en contra del grupo constantemente.

-¿Eric no está aquí? -Rompió el breve silencio, contemplando a la rubia sentarse en el salón de la casa para llevarse las manos al rostro, respondiendo después de frotar su cara.

-No tardará en volver. Ha ido a deshacerse del sacrificado del hechizo. Igual hemos matado a alguien para nada. Aunque no fuera buena persona, no está bien matar a nadie.

-Joder, así que sí que os habéis cargado al hermano del alfa de Nueva Orleans…

-¿Cómo sabes tú eso? Will no sabía nada hasta hoy, nadie lo sabía, en realidad. Eric vio la oportunidad cuando la Autoridad encontró la última pista de la sangre de hada contaminada.

-Lo sé porque lo saben ya todas las manadas del estado, Sook. Eric no sabe lo que ha hecho.

-No me da miedo ningún licántropo, Alcide.

La pareja se giró veloz hacia el umbral de la puerta de acceso al salón, contemplando allí a Eric, recién llegado. Herveaux continuó, irritado ante la característica actitud del vikingo.

-Pues esta vez deberías preocuparte un poco, porque ese tío es una bestia rabiosa, y está muy cabreado porque sabe que has matado a su hermano. Los lobos sentimos esas cosas, y alguien debió verte pululando por el territorio de Bob. Quiere matarte, y no va a pasar hasta hacerlo.

-Que lo intente, no me preocupa ni un poco siquiera.

-Irá a por todo lo que tenga relación contigo, no es tan idiota de tratar de matarte sin más, sabiendo lo antiguo que eres. -Añadió Alcide con exasperación, haciendo una pausa antes de hablar calmado, pero con seriedad. – Irá a por tu progenie, y desde luego irá a por Lil, quien despierta o no, será un blanco fácil sin su magia.

-Nadie se acercará a Lil. Siempre habrá alguien vigilándola, yo mismo lo haré todo el tiempo que pueda.

-¿Vas a protegerla igual de bien que hasta ahora, vampiro? -Intervino Will, bajando la escalera con celeridad, demostrando su malhumor con aquella celeridad.

-Te doy mi palabra de que nadie hará daño a tu hermana. -Replicó con solemnidad, tratando de mantener su genio a raya mientras el moreno se posicionaba frente a él, encarándolo con chulería.

-Tu palabra me importa una mierda. Si de verdad quieres a mi hermana, deberías desaparecer de su vida y darte cuenta, de que todo lo malo que le ocurre es por tu culpa.

-Chicos, por favor. No discutamos, que no ayuda a nada. -Habló Sookie, separando a Will del rubio levemente, para dirigirse a Alcide. -¿Sabemos algo más de lo que está planeando el tal Bob? ¿Qué podemos hacer?

-Tengo gente tratando de averiguarlo. Lo que tenemos a favor es que no es un tipo muy discreto, y las drogas le han frito el cerebro. Os avisaré de lo que vaya descubriendo, pero estad alerta. Yo tengo que irme ahora. Tú deberías hacer lo mismo Will; necesitas descansar y no preocupar a tu hija. Sookie te avisará si algo cambia.

El mentado sostuvo la mirada de su amigo, para después ver a la rubia asentir con solemnidad, terminando por rendirse ante la evidencia. Suspirando aceptó aquello, y se despidió vagamente para seguir a Alcide hasta la puerta, abandonando ambos el hogar.

Sookie se giró para contemplar a Eric, aún allí plantado mientras su mente vagaba. Al encontrar los ojos de la camarera, habló, sabiendo qué preguntaba sin palabras.

-Voy a quedarme en el escondite unos días, si no te importa, por si acaso vienen a atacaros a alguna.

-Está bien. Yo voy a irme a la cama, mañana madrugo. Buenas noches, Eric.

El vampiro no respondió, limitándose a regalarle a la rubia un ligero gesto de cabeza antes de verla desaparecer por las escaleras.

Poco después, él mismo ascendió a la segunda planta para entrar en el cuarto de Lil, sentándose en la cama para poder contemplarla, dejando que sus pensamientos y la culpa invadieran su ser por completo.


Todo seguía sumido en aquella oscuridad y silencio, pero la sensación de dolor físico constante era distinta, ya no sentía como si dos personas tiraran de ella, cada una a hacia un lado.

Lil, perdida en esa negrura, notaba una opresión en el pecho fuerte, y una sensación de ascensión corporal mientras algo en su interior la inundaba. Era doloroso, y su cabeza palpitaba cada vez más, hasta que de pronto, el aire llenó sus pulmones abruptamente y sus ojos se abrieron.

La morena no pudo moverse por unos segundos, hasta que finalmente su cerebro y músculos se conectaron. Fue entonces cuando se incorporó despacio hasta quedar sentada en la cama, llevándose una mano a la cabeza ante aquella sensación de dolor y mareo.

¿Qué había pasado? La mujer trató de rebuscar en su memoria, y pronto recordó el hechizo para liberar a Eric de la enfermedad, y como al terminar había caído presa de aquel estado y absoluta oscuridad.

Su móvil estaba en la mesa de noche, pero se había quedado sin batería. Sintiéndose mejor, se puso en pie y salió del cuarto, sintiendo la confusión del no saber qué día era, ni cuánto había pasado en ese estado.

Observó el reloj de la entrada, que anunciaba que eran casi las siete de la tarde, y al alzar la voz no fue respondida, con lo que se hallaba sola en la casa. No obstante, tras haber hablado, sintió una leve sacudida que la condujo a las emociones de Eric. No era como ocurría con su magia, con lo que intuyó que debía ser fruto de tener su sangre en su sistema; lo sentía cerca.

Siguiendo aquella sensación, la mujer anduvo hasta el escondite secreto, sabiendo por el efecto de la sangre, que él estaría allí. Efectivamente, lo descubrió en su descanso diurno, tumbado en la cama en aquel estado de quietud absoluta y perturbadora.

Tras sentarse despacio en la cama, a su lado, contempló en la parte expuesta de su cuello que la enfermedad se había ido. La alegría recorrió su ser en una fuerte oleada, y pasó a nombrar al vampiro con delicadeza.

Eric abrió los ojos de golpe al escucharla por segunda vez, y quedó paralizado por unos momentos mientras la contemplaba sonreírle. ¿Era acaso un sueño aquello o estaba pasando? Lil debió notar su confusión, y habló enseguida.

-Eric, estoy aquí; he despertado, esto es real.

Él se incorporó en un velocísimo movimiento, reaccionando, y la estrechó entre sus brazos como nunca antes. Tras recrearse en el abrazo y sentir como ella lo correspondía, habló en un susurro sin dejarla alejarse.

-¿Te sientes bien? ¿Cuándo has despertado?

-Ahora mismo. -Respondió ella, pasando a romper el abrazo para mirarle. -Estoy bien, al principio algo mareada, pero ya no. Ha sido muy extraño, recuerdo lo qué pasó antes de desmayarme. Y después todo era una oscuridad enorme y una sensación de dolor físico por la lucha contra la magia. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

-Casi tres semanas. Madeleine hizo anoche el hechizo que ha podido traerte de vuelta. Lil, no puedes volver a arriesgarte de esta forma nunca más, ¿me oyes? -Agregó muy seriamente, cambiando el semblante mientras sujetaba su rostro.

-Lo siento mucho, Eric; pero tenía que hacerlo. Tengo que avisar a mi hermano, y a Sookie. Joder… no quiero pensar en lo que Will ha tenido que pasar. ¿Tú le has visto?

-Sí. Ha estado jodido, y muy cabreado, sobre todo conmigo. Él te perdonará, Lil. No debes preocuparte por eso.

-¿Y tú estás bien del todo? ¿La enfermedad se ha ido entonces?

-Sí. Tú me salvaste. -Respondió, sonriendo por primera vez, haciendo que la mujer corriera a buscar sus labios en un beso ansioso, mientras se abrazaba a su cuello.

Cuando ambos se distanciaron, el vampiro volvió a sostener el rostro de la bruja para decirle que la quería, haciendo que ella le respondiera y pasara a besarlo fugazmente, antes de hablar de nuevo.

-¿Me has dado tu sangre en estos días?

-Sí, Madeleine pensó que podría ayudarte ¿Por qué?

-Tengo sensaciones tuyas por el vínculo, pero ya no oigo nada ni siento lo que tú. Mi magia se ha ido. Toda. -Agregó tras intentar ralentizar a Eric con un movimiento de mano.

-Lo siento, Lil. Puede que regrese de nuevo, tienes mucho poder. -Comentó el vikingo, sintiendo aquel deje de culpabilidad tan familiar, pero ella tomó sus manos para hablar con firmeza.

-Eh, todo eso me da igual, Eric. Estás aquí, y yo también. Los dos estamos bien. Nada más importa.

El vampiro recibió aquel nuevo abrazo con las mismas ganas y emoción. Pero aquella vez los malos pensamientos asaltaron su psique, recordando aquel nuevo peligro que se cernía sobre ellos por culpa de los licántropos, y por su impulsividad iracunda.