Love Against The Odds
Cap 4
Emmett pov
Seguía sin tener noticias de Rose. Siempre hacía lo mismo. Cuando se iba del pueblo, su familia la absorbía y ni siquiera respondía a mis mensajes. Llevaba un par de días fuera, pero sabía que volvería. Este fin de semana era la boda de Leah e iba a celebrarse en el pueblo.
Suspiré. El pueblo se iba a llenar de ricos y estirados. Rodé los ojos mientras me levantaba de la cama y me colocaba unos pantalones de chándal y una camiseta para salir a buscar a mi sobrina a su habitación. Me acerqué cuidadosamente a la cama y acaricié su cabello con cariño. Era una copia idéntica de su madre. Sonreí con tristeza recordando a mi hermana.
-¡Tío Emm!-la pequeña abrió los ojos para mirarme molesta. Yo reí y le hice cosquillas.
-Vamos, bella durmiente.-sonreí.-Te prometí que hoy iríamos a la reserva ¿recuerdas?
Ella abrió los ojos como platos emocionada. Y sin pensarlo dos veces se colgó de mi encantada haciéndome reír.
-Esta bien monito.-dije divertido.-Vamos, lávate la cara y baja a desayunar. Te espero abajo.-dejé un beso en su cabeza y bajé a la cocina. Mi mamá ya andaba preparando cosas para el desayuno.
-Buenas, má.-me acerqué a ella para darle un beso y me senté en la encimera.
-¿Sin noticias de Rosalie?-mamá preguntó con curiosidad. Yo le resté importancia y me hice el desentendido.-¿Sabes que la boda de Leah es aquí?-dijo emocionada.
-Si, ma.-dije sin más.-Leah nos ha invitado a los chicos y a mí.-me di de hombros.
-¡Pues no sé a qué esperas para comprarte un traje!-dijo sin más emocionada.-Iré a ver que tengo en el armario.-salió corriendo y yo rodé los ojos.
De repente, mi teléfono sonó anunciándome que tenía un mensaje nuevo. Era Rose.
"Estoy de camino. ¿Nos vemos hoy?" Yo suspiré molesto. Pese a las ganas que tenía de mandarla a la mierda, mi cuerpo y mi mente me lo impedían. Estaba jodido. Le escribí que tenía planes con Maddie para ir a la reserva. Pero le dije que podía venir con nosotros si quería.
Pasamos la mañana explorando los senderos y jugando en la playa con los chicos de la reserva. Maddie se llevaba muy bien con ellos, y yo disfrutaba de verla reír y divertirse.
De repente escuché un auto estacionarse. Era Rose y venía luciendo hermosa y relajada.
-No pensé que vendrías.
-¿Por qué no?-Ella sonrió deslumbrándome por completo.-Sonaba un buen plan.-Se encogió de hombros.
-¿Un buen plan?-Alcé una ceja.-Estoy cuidando a Maddie.
-¿Y? Maddie es adorable.-Sonrió con ternura.-Además, le traje algo.
-¿Algo?-Pregunté confundido.
-¿Me ayudas a sacarlo del maletero?-Pidió señalando su lujosa suv.
-No debiste molestarte.
-No es ninguna molestia. Solo es un pequeño detalle.
Sin más hice lo que me pidió y mis ojos se abrieron con sorpresa. El maletero estaba lleno de juguetes, peluches y libros para niños.
-Esto es demasiado Rose, no podemos aceptarlo.
-Emmett, no seas testarudo.-Acarició mi pecho con sus manos poniéndome caliente.-¿Por qué mejor no me besas?-Enganchó sus brazos en mi cuello y se estiró. No pude evitarlo y me incliné y la besé con ganas recorriendo su escultural cuerpo bajo ese delicado vestido de playa que andaba.
-¿Me extrañaste?-Se mordió el labio cuando nos separamos.
-Pero tú a mí no.-Contesté entre dientes. Recordando como me había estado ignorando.
-Esto no es cierto.-Acarició mi pecho.-He estado deseando regresar y volver a verte.
-Por eso no has contestado a mis mensajes.-Fruncí el ceño.
-Voy a compensártelo.-Me dijo coqueta y yo bajé sus manos a su trasero y la pegué a mí. La besé con ganas. Sucumbiendo sin más remedio a sus encantos.
-¡Tío Emm, tío Emm!-La vocecita de mi sobrina hizo que nos separáramos. Venía corriendo y se detuvo en seco cuando nos vió.-¡Oh Rose!-La sonrisa de mi sobrinita se ensanchó cuando la vio.
Nos separamos rápidamente, con una sonrisa avergonzada. Maddie nos miró con curiosidad.
-¿Vas a quedarte?-preguntó mi sobrina emocionada. Rose me miró por un segundo y volvió a mirar a la niña de ojos grandes que esperaba espectante.
-¡Claro!-sonrió. Maddie no lo dudó ni un instante y se lanzó a sus piernas para abrazarla.
-¡Genial!-sonrío.-Tío Emm, te he ganado.-dijo triunfante.
Antes de dejarla continuar la cogí en volandas y entre risas y gritos me la llevé de nuevo al agua. Rose nos siguió más tarde, pero también se metió a bañarse.
-¡Venga Rose!-esa fue Maddie.-No está tan fría.-dijo divertida sonriendo mientras salpicaba agua con sus manitas.
Rose trató de meterse hasta donde estábamos pero iba poco a poco. Era gracioso verla. Tan delicada y cuidadosa. Seguí jugando con Maddie un rato y me acerqué a Rose, sin quitarle el ojo a mi sobrina, que seguía chapoteando en el agua, encantada.
-Vamos Ángel.-dije divertido.-No será para tanto.-moví las cejas divertido haciéndole un movimiento con las manos para que se acercara más a mi. Acerqué mi mano y ella la agarró, gracias a eso pude acercarla a mi.
-Emmett…-Rose susurró.-No vayas a hacer ninguna locura ¿quieres? Tu sobrina…
-Lo sé.-dije divertido. Pero apenado por no poder jugar con Rose como me apetecía. De un momento a otro Jake y los chicos de la reserva aparecieron para rescatarme. Podría disfrutar de un rato a solas con Rose mientras mi pequeña jugaba y merendaba tranquilamente en casa de Jake.
La playa quedó en silencio, solo roto por el suave murmullo de las olas.
-¿Lista para bañarte conmigo?-Sonreí coqueto. Tomando su cintura y pegándola a mi.
Rose sonrió, mordiéndose el labio inferior. —Solo si prometes portarte bien.
-No prometo nada-respondí, tomándola de la mano y llevándola más adentro.
El agua estaba tibia y deliciosa y el atardecer era perfecto, creando un ambiente mágico. Nos sumergimos, sintiendo la frescura del agua en nuestra piel.
-Esto es perfecto -susurró Rose, abrazándome.
-Sí que lo es -respondí, besando su cuello.
Mis manos comenzaron a recorrer su escultural cuerpo, sintiendo la suavidad de su piel bajo el agua. Rose gimió suavemente, aferrándose a mí con fuerza. Nos besamos con pasión, el agua salpicando a nuestro alrededor.
-Emmett… -susurró Rose, con voz entrecortada.- Aquí no…
-¿Por qué no?-pregunté, besando su clavícula.
-Los chicos… podrían vernos -dijo Rose, sonrojándose.
-No hay nadie aquí, Ángel -respondí, besando su boca- Solo nosotros.
Mis manos se deslizaron hacia su trasero, apretándolo con fuerza. Rose gimió de nuevo, arqueando la espalda. El deseo entre nosotros era palpable, casi tangible.
-Emmett… -susurró Rose, suplicante-. Por favor…
La levanté sin ningún esfuerzo rodeando su cintura con mis brazos. Ella enredó sus piernas alrededor de mi cadera, aferrándose a mí como si su vida dependiera de ello. La besé con pasión, sintiendo su delicado cuerpo contra el mío.
El agua nos rodeaba, ocultando nuestros movimientos, pero no podía ocultar nuestros gemidos. El deseo nos consumía, haciéndonos olvidar el mundo exterior.
-Emmett… -gimió Rose, aferrándose a mi cabello.
La besé con más fuerza, sintiendo su cuerpo temblar contra el mío. El deseo nos consumía, llevándonos a un punto de no retorno.
Hicimos el amor una vez más. Rose se rindió a lo que estaba haciéndola sentir. Todo era tan embriagador. Solo existíamos ella y yo. Nuestros cuerpos en una danza desesperada por llegar al límite del otro. Cuando acabamos nos quedamos unos segundos en silencio. Rose tenía su cabeza apoyada en mi hombro y jadeaba tratando de recuperar el ritmo normal en su respiración. Yo sonreí y aparté el cabello de su cuello para dejar un beso ahí.
-Mi Ángel…-susurré en su oído. Ella levantó la mirada para mirarme y yo, me derretí completamente. Era la absoluta perfección. Sus grandes ojos celestes me miraban de una forma que no sabía descifrar, sus labios entreabiertos, jugosos, y sus mejillas sonrojadas. Yo estaba en el maldito cielo en este momento.
-Tal vez deberíamos volver.-dijo de repente. Yo me sorprendí. Yo quería quedarme toda la vida ahí. Con ella.
-No tenemos prisa, Ángel.-sonreí mientras le colocaba el cabello tras las orejas y dejaba un par de besos por su cara, haciéndola reír. Ella sonrió.
-Está bien…-dijo pensándoselo.-Te dije que iba a compensártelo.-rodó los ojos divertida.-¿Te quedas conmigo esta noche?-preguntó algo avergonzada.
-Claro.-sonreí y dejé un beso en su frente.
-Solo que mañana temprano llega Leah.-dijo dándose de hombros.-Ya sabes, por lo de la boda.-explicó.-vendrás, ¿no?-me preguntó mirándome expectante. Yo asentí. Pensando en que mierda iba a ponerme. Todo el mundo estaría ahí. Y tampoco quería lucir como un marginado.
Después de eso, salimos del agua. Rose cogió su toalla y se secó, y luego se puso el vestido playero que traía antes encima de ese sugerente bikini. Yo también me sequé mientras la veía embobado. Después caminamos hacia su auto a buscar algo de ropa seca.
Cogí las cosas del maletero que ella le había llevado a Maddie y nos dirigimos a casa de Jake.
Los chicos de la reserva nos rodearon con una mezcla de curiosidad y picardía en sus ojos.
-¿Y bien? -dijo Jake, con una sonrisa maliciosa.- ¿Se divirtieron?
Rose se sonrojó, pero me miró con una sonrisa cómplice. -Ni te imaginas.
Los demás chicos comenzaron a reír y a hacer comentarios juguetones, mirándonos con una mezcla de envidia y aprobación. Estaba claro que sabían que algo había pasado entre nosotros en el agua.
-Vaya, vaya… parece que el baño fue productivo -dijo Paul, con una sonrisa pícara, mirándonos de arriba abajo.
-¿Y qué tal el agua? -preguntó Quil viendo descaramente a Rose.
Yo respondí por ella -Estaba perfecta.
-Ya veo.-dijo Paul , con una sonrisa amplia y un brillo en la mirada que no me gustó nada—. Se nota que disfrutaron. Rose, estás… radiante.
Sentí una punzada de molestia al escuchar los piropos descarados. No me hacía ninguna gracia que estuvieran babeando por mi ángel aunque supiera que era inevitable.
-Bueno, nosotros vamos a preparar la cena -dijo Jake, interrumpiendo las miradas indiscretas-. Y Rose estás en tu casa, puedes usar el baño si quieres cambiarte.-Ofreció amablemente.-Ponte cómoda.
Rose asintió, agradecida por el cambio de tema y se marchó escalera arribas mientras la manada de babosos aún seguían viéndola descaradamente.
Yo fruncí el ceño.-Suficiente, ¿no creéis?-dije sin más molesto.
-¡Oh venga, viejo!-ese fue Quill.-¡¿Pero tú la has visto?! ¡Está incluso mejor que en el instituto!-dijo divertido.
-¡Claro que la ha visto!-le contestó Paul.-Lo que estaba pasando en el agua era para mayores de 18.-dijo divertido provocando las risas de los demás, yo rodé los ojos.
-Sois unos chismosos.-dije sin más. Escuché como el grifo de la ducha de arriba se abrió. Rose se estaba duchando, así que tardaría un rato.
-¡Tío Emm!-mi pequeña renacuajo apareció en la estancia alzando los bracitos para que la cogiera.
-¿Qué ocurre, enana?-dije divertido al ver que estaba comenzó a frotarse los ojitos.-¿Tienes sueño?-ella asintió con un bostezo y yo sonreí dejando un beso en su frente. Había sido un día muy intenso para ella.-¿Por qué no subes a echarte un poco en la cama de tío Jake?-acaricié su espalda.-En cuanto esté la cena te despierto. Iré a leerte un cuento y…
-¿Puede hacerlo Rose?-la niña preguntó emocionada. Jake y los chicos me miraron con curiosidad.
-Nena.-yo suspiré.-Rose está cambiándose y…
De un momento a otro, Rose apareció en las escaleras. Se había puesto unos joggers y una sudadera y aún así se veía jodidamente sofisticada. Ella sonrió al mirarnos.
-Es igual.-sonrió mirando a la pequeña.-Puedo hacerlo.-se acercó a mí y la niña encantada se fue a sus brazos.-Vamos a elegir un cuento y nos subimos a leerlo ¿si?
Tras eso yo me volví a la cocina con Jake. Los chicos andaban jugando a videojuegos en la sala.
-A Rose se le dan bien los niños.-dijo Jake sin más. Yo lo miré con curiosidad mientras me abría una birra y le pasaba otra a él.
-Sí, se le dan bien-respondí, con una sonrisa orgullosa-. Es como si tuviera un instinto maternal.
-Y Maddie los adora a ambos. Serían una gran familia.-Guiñó y yo lo vi incrédulo.
-¿De qué hablas?
-No se pero algo me dice que esto que están teniendo es más que una simple aventura, viejo.
En ese momento, mi mente divagó, imaginando un futuro donde Rose y yo formábamos una familia con Maddie. La imagen de Rose como madre, cariñosa y protectora, me llenó de una calidez indescriptible. Seríamos un trío perfecto.
-¿Te imaginas tú convirtiéndote en un Cullen?-Yo fruncí el ceño volviendo a la realidad.
-Oh vamos.-Rodé los ojos. Eso era absurdo. De ninguna manera su familia permitiría que alguien como yo se uniera a ellos.-Mejor deja la cerveza y vamos a cocinar que ya me dio hambre.
Rose Pov
Maddie se había quedado dormida hacía un rato. Así que me quedé con ella acariciando su cabecita. Era un amor.
Mientras dormía sentí mi teléfono sonar. Con mucho cuidado de no despertar a la pequeña, salí a contestar.
"Mi amor". Era Demetri quien me había llamado.
-Dem.-dije algo nerviosa. Salí de la habitación y bajé las escaleras para sentarme en el porche. No pasé por alto las miradas curiosidas de los chicos.
"¿Te pillo en buen momento?"-dijo curioso.
-Si, claro.-sonreí mientras me sentaba en uno de los sillones del porche y me echaba una manta por encima para no pasar frío.
"Te llamaba para decirte que mañana estaré en la boda de Leah" dijo sin más.
Últimamente casi no pasábamos tiempo juntos. Sentía que no era su prioridad y hasta habíamos tenido una discusión sobre nuestras prioridades como pareja. Él me había dejado claro que tener familia no era una de ellas.
-Genial.-dije sin más.
"Oye, Rose"-suspiró.-"Si sigues molesta por la conversación del otro día…"
-No, no lo estoy.-dije simplemente. No quería volver a eso otra vez.-Además, no considero que sea algo que haya que hablar por teléfono.-dije sin más.
"Te veo mañana entonces, hermosa."dijo despidiéndose. "Te quiero".Inevitablemente una sonrisa triste se apareció en mi rostro.
-Yo también.-respondí.-Te veo mañana.
Tras eso, colgué mi teléfono. Y me quedé un rato contemplando la noche. De un momento a otro escuché la puerta de la entrada abrirse. Era Emmett. Traía algo de comer.
-¿Todo bien?-él preguntó con cautela. Yo asentí.-Te he traído algo de comer.-sonrió y yo le hice un hueco en el sofá.
-Gracias-Suspiré.
-¿Pasa algo? -preguntó Emmett, con cautela.
-No, todo bien-mentí, tratando de sonar convincente.
Emmett me miró fijamente, con sus ojos llenos de preocupación.
-La pasta está deliciosa.-Intenté desviar de tema.-¿La preparaste tú o Jake?-Pregunté divertida y él sonrió con ganas.
-Si está tan deliciosa como dices entonces si fui yo.-Y ahí estaba esa sonrisa traviesa con esos hoyuelos que me habían cautivado antes.
Evité su mirada tampoco quería ser tan obvia.
-Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad?-Le dio un ligero apretón a mi muslo haciendo que volviera a verlo.
Suspiré, sintiendo la necesidad de desahogarme. Decidí arrorparme más con la manta. Volví a suspirar y le miré.
-Sabes que Demetri y yo.-vi como frunció el ceño.-Verás, últimamente no estamos pasando suficiente tiempo juntos. Casi no nos vemos.-hice una pausa.-Y eso me tiene algo triste.-dije sin más.-Ambos priorizamos nuestros trabajos y no pienso que eso esté mal.-lo miré.-pero ahora él está con esto de su campaña política.-expliqué.-Y no siento que sea su prioridad, ya no solo como pareja. Sino como para formar una familia en un futuro.-suspiré avergonzada jugando con un mechón de pelo.
-Rose…-él fue a hablar pero le corté.
-Lo siento.-dije sin más.-Sé que eres la última persona que quiere escucharme hablar de esto.-me di de hombros.-Solo necesitaba desahogarme, es todo.-Él sonrió y tomó mi mano con cariño.
-Solo iba a decirte.-dijo tranquilo.-Que si Demetri no sabe apreciar lo que tiene al lado. Él se lo pierde.-sonrió triste.-Eres la mujer más increíble que he conocido en mi vida, Rosalie Cullen.-dijo con seguridad.-Y no dudaría un segundo, en tenerte conmigo para toda la vida.-siguió dejándome cada vez más perpleja. De repente se levantó y dejando un beso en mi cabello dijo.-Estaré dentro si necesitas algo.-tras eso, cerró la puerta.
Me quedé paralizada, sintiendo un torbellino de emociones. Las palabras de Emmett resonaban en mi cabeza, claras y sinceras. Él me quería, me deseaba, y no dudaba en ofrecerme un futuro a su lado.
Pero yo no podía corresponderle. No ahora, no en estas circunstancias. No podía permitirme volver a enamorarme de Emmett, aunque una parte de mí lo deseara con todas sus fuerzas.
Me levanté del sofá, sintiendo la necesidad de alejarme, de poner distancia entre nosotros.
Así que entré a despedirme.
Emmett en cuánto me vió se levantó desde donde estaba y se acercó a mí ante la mirada curiosa de todos los chicos.
-Creo que debería irme a casa -dije, con un tono de voz tembloroso.
-Estás segura? -preguntó Emmett, con preocupación.
-Sí -respondí, con firmeza. -Necesito descansar, pensar.
-Está bien -dijo Emmett, con resignación-. Te llevaré.
-No, iré sola -dije, negando con la cabeza.-Necesito estar sola.
Emmett asintió, aunque pude ver la preocupación en sus ojos. -Llámame cuando llegues, ¿sí?
-Lo haré -respondí, con una sonrisa forzada.-Saluda a Maddie de mi parte.
Me despedí de él con un beso en la mejilla, y salí de la casa de Jake, sintiendo el frío de la noche calarme los huesos. Caminé hacia mi auto, dejando que mis pensamientos me llevaran.
Las palabras de Emmett me abrumaban. Él siempre había sido intenso, apasionado, pero esta vez sentía que había cruzado una línea. No podía permitirme volver a caer en sus brazos
Emmett Pov
Cuando Rose se fue decidí irme a casa. Los chicos comenzaron a preguntarme, insistiendo, extrañados por mi reacción tan repentina. Fui a por Maddie y la cogí en brazos para meterla en el coche y llevarla a casa.
-Nos vemos mañana.-dije sin más despidiéndome de todos.
Me fui al coche, coloque a Maddie en su silla y conduje hasta mi casa con un gran lío en mi cabeza. Entendía que Rose necesitara pensar, pero era frustrante toda la situación. Cuando llegué a casa mi madre estaba emocionada.
-¡Ay Emmett hijo!-sonrió encantada.-¿Has visto a Rosalie hoy?-dijo emocionada. Yo solo asentí y le dije que esperase. Subí las escaleras para dejar a Maddie durmiendo plácidamente en su habitación.
-Descansa, pequeña.-susurré dejando un beso en su frente y salí de la habitación.
Volví a bajar. Mi madre me estaba esperando sentada en la sala. Junto a ella había un traje. Un traje que tenía pinta de ser absurdamente caro y exclusivo. Yo miré a mi madre con curiosidad.
-¿Y esto? -pregunté, señalando el traje con una ceja levantada.
-Es para la boda de Leah-respondió mi madre, con una sonrisa radiante.-Te lo manda...
-¿Rose?-La interrumpí y mi mamá negó.
-Es de parte de Leah.-Sonrió divertida.-Pero viene siendo casi lo mismo, ¿no?
-¿Y por qué me lo dio? -pregunté, con sospecha.
-Ay, hijo, no te hagas el tonto -dijo mi madre, con una risita-. Es obvio que Leah sabe que tú y Rosalie se traen algo y quiere que te veas presentable.
-Seguro.-Fruncí el ceño.
-Ay hijo.-dijo mi madre, con entusiasmo.-Cambia esa cara hombre. ¿Por qué no vas y te lo pruebas?
De mala gana lo tomé y subí a mi habitación.-¡Arriba están los zapatos también!-Chilló desde abajo y yo rodé los ojos. Todo esto me parecía demasiado.
De mala gana y para complacer a mi madre me probé el traje. De todas formas, iba a tener que ponérmelo al día siguiente. Mejor asegurarme ahora de que todo estaba bien. Me quité la ropa que traía y me lo puse.
Con gran curiosidad, y antes de bajar a la sala, me acerqué al espejo de la habitación de mi madre.
No me sentía yo. Definitivamente todo esto era demasiado. Por supuesto que agradecía el gesto de Leah. Pero Rose no iba a quererme solo porque fuera vestido así. Las cosas no cambiaban por el hecho de que me pusiera un traje así. Yo seguía siendo Emmett. El mecánico.
-¡Ay hijo tardabas tanto que he decidido subir a ver si necesitabas algo!-mamá apareció en el cuarto.-¡Estás tan guapo!-suspiró encantada.-No vas a pasar desapercibido mañana. Sobre todo para Rose.-sonrió cómplice.
-Seguro.-dije sin más.-Mamá, si no te importa, estoy cansado y me gustaría acostarme.-dije sin más. Quería ver si Rose me había escrito. Prometió que me diría cuando llegara a casa.
-Está bien, hijo -dijo mamá, con una sonrisa-. Descansa. Mañana será un gran día.
Asentí, y me metí en mi habitación. Tomé mi teléfono, esperando ver un mensaje de Rose. Pero no había nada. Fruncí el ceño, sintiendo una punzada de decepción.
Le escribí un mensaje: "¿Llegaste bien a casa?"
Pasaron los minutos, y no hubo respuesta.
Era frustrante cuando Rose se ponía fría y distante. Pero decidí que eso no iba a afectarme o al menos lo intentaría.
Suspiré pesadamente. En estos momentos se supone que estaría con ella, compensándome lo de antes, como ella había prometido. Bufé. Esas promesas no valían nada, era obvio que yo no significaba nada.
Pensé en escribirle a Victoria. Ella definitivamente estaría más que dispuesta a pasar un rato conmigo. En eso me llegó un mensaje. Era de Rose. Al instante lo abrí.
"Si, gracias"
Su respuesta fue breve y cortante. Me molestó un poco, pero no le daría importancia. Tal vez estaba cansada, o tal vez aún estaba pensando en lo que le había dicho.
Como sea mejor opté por ver algunos vídeos para liberar toda la tensión que sentía.
A la mañana siguiente, estaba cansado. No había podido pegar ojo. No iba a mentir. Estaba nervioso. Por ver a Rose y a su familia. Después de lo de anoche, había pensado mucho en todo: en mi relación con ella, en lo que teníamos ahora. Incluso en un posible futuro juntos.
Obvio que Rose me había dejado claro que no quería nada conmigo, o al menos eso había demostrado en casa de Jake, cuando salió espantada y ni siquiera me dejó llevarla a casa.
Mi madre se despertó encantada. Parecía que fuera ella la que iba a ir a la boda. Yo rodé los ojos y salí de la habitación, dirección al baño para lavarme la cara. Me miré al espejo y suspiré mientras me miraba fijamente. Preparándome mentalmente para lo que me esperaba.
-Ay Emmett hijo.-sonrió mamá encantada.-Por fin te despiertas. Casi iba a ir yo a buscarte.-rio mientras me echaba un par de tortitas en el plato.
-Si lo sé.-suspiré pasándome las manos por la cara.-No he dormido muy bien que digamos.
-Oh bueno.-sonrió.-Es que hoy es un día importante, cielo.-suspiró.-Es normal que estés nervioso.-Se acercó dándome un par de palmaditas en el brazo.-Pero todo irá bien. Con ese traje que te regaló Leah.-hizo un gesto de satisfacción.-Nada puede ir mal.-aseguró.
-Gracias, má.-sonreí agradecido. Mi madre no era lo más maternal que digamos. Pero a veces, agradecía poder tener estos momentos con ella.
Sin más subí a mi habitación a cambiarme. Me acerqué a la habitación de Maddie. Seguía plácidamente dormida. Sonreí. Era sábado, así que mamá la dejaría dormir hasta tarde. Tal vez no la vería hasta después de la boda. En fin, sin más fui a vestirme, había quedado con Jake y los chicos para ir juntos. Al menos nos daríamos apoyo moral, para soportar tantas horas entre tanto ricachón.
Cuando llegamos a la boda, me sentí inmediatamente fuera de lugar. A pesar de estar rodeado de mis amigos, me sentía como un extraño en un mundo que no era el mío. La elegancia excesiva, las conversaciones sofisticadas, todo me resultaba ajeno.
Pero entonces la vi.
Rosalie.
Estaba radiante, hermosa, perfecta. Llevaba un vestido que resaltaba su figura, y su cabello rubio caía en ondas suaves sobre sus hombros. No podía apartar la vista de ella.
Pero no estaba sola. A su lado estaba Demetri, su novio. Esbelto y elegante, y la miraba con una devoción que me hizo sentir celos.
También estaban sus padres, Carlisle y Esme, y sus hermanos. Tanto Esme como el cobrizo me miraron con desprecio, así como siempre. Mientras que el rubio me vio con indiferencia. Pero Carlisle me observó con una curiosidad cautelosa. Nunca habíamos hablado en persona, y no sabía qué pensaba de mí.
Me sentí como un idiota, parado allí, con mi traje elegante y mi corazón roto. Rosalie era como una estrella, brillante y distante, y yo un simple mortal que estaba completamente rendido a sus encantos.
No podía dejar de mirarla, a pesar de que ella estaba con Demetri. Cada vez que la veía sonreír, sentía una punzada de dolor en el pecho. Ella era feliz, y yo no era parte de esa felicidad.
-¿Qué te pasa, hombre? -me preguntó Jake, dándome un codazo.- Pareces un fantasma.
-Nada -mentí, tratando de sonar indiferente.
-Vamos, Emm, te conozco-dijo Jake, con una sonrisa.-Estás babeando por Barbie.
-No estoy babeando-respondí, con un gruñido.
-Claro que sí -dijo Jake, con una risita-. Y no te culpo. Está espectacular.
-¿Y qué hay de ti?-Alcé una ceja.- ¿No te afecta que Leah se esté casando con otro hombre?
-La verdad es que siento raro.-Confesó Jake.-Pero me alegra su felicidad. Y es que mírala está radiante y se que ella estará bien con ese Sam.-Sonrió resignado.
Yo estaría muriéndome si estuviera viendo a Rose casarse con otro hombre frente a mis narices.
-Pero oye, nuestra historia se cerró hace muchos años atrás.-Le dio un sorbo a su copa.- En cambio tú y Barbie...-Hizo una pausa.-Yo sé que a ella aún le interesas.
Miré a Rosalie, y me sorprendió ver que ella también me estaba mirando. Sus ojos estaban llenos de confusión y anhelo. Me sonrió tímidamente, y sentí que mi corazón se aceleraba.
-Voy a la barra.-Me dio palmaditas en la espalda antes de dejarme solo.
La boda era un torbellino de gente elegante, música suave y conversaciones animadas. Pero yo solo tenía ojos para Rosalie. La seguía con la mirada, observando cada uno de sus movimientos, cada una de sus sonrisas.
-Tú debes ser Emmett.-Una voz profunda me hizo volver a la realidad. Así que me giré y volví a ver de quien se trataba. Me quedé paralizado.
Me sonrió, y luego me miró de arriba abajo, con una expresión de curiosidad.
-Eres un hombre bastante imponente, Emmett -dijo, con un tono de voz pensativo-. Con esa altura, esos músculos y ahora esos tatuajes... no me extraña que mi hija esté o haya estado interesada en ti.
Me sonrojé ligeramente, sintiéndome un poco incómodo con su comentario. No estaba acostumbrado a que la gente hablara de mi apariencia de esa manera.
-Soy Carlisle Cullen.-Me ofreció la mano y yo parpadeé incrédulo. Él me sonrió amistoso y lo saludé de vuelta estrechando su mano. Aún confundido por la confianza y amabilidad que transmitía.
-Señor Cullen.-Dije avergonzado, seguramente me había pillado viendo a su hija todo el rato.
-Dime Carlisle.
Rose pov
-Por supuesto Charlotte.-dije encantada.-Es obvio que…
-Disculpadme.-Edward apareció molesto tras de mí tomándome del brazo.-Necesito hablar con mi hermana, es algo importante.-dijo sin más.
-¡¿Perdón?!-espeté mirándolo molesta.-¿Me explicas ahora por qué has interrumpido mi interesante conversación con Charlotte?-bufé. Él simplemente me señaló en dirección a donde mi padre estaba hablando con Emmett. Espera, ¡¿mi padre estaba hablando con Emmett?! Abrí los ojos como platos sorprendida.
-¿Me explicas por qué papá está hablando con ese vago?-preguntó molesto.
-Se lo mismo que tú, Edward.-dije indiferente.-De hecho, si me disculpas.-me solté de su agarre y me acerqué a donde Emmett y mi papá andaban hablando ¿animadamente?
-¡Papá!-me acerqué encantadora.-No sabía que Emmett y tú os conocíais.-me acerqué cautelosa.
-No.-sonrió cómplice tomando mi mano dejando un ligero apretón.-De hecho, no le conocía. Pero sentía curiosidad. He oído hablar mucho de este muchacho.-sonrió y yo alce las cejas, sonriendo algo incómoda.
-Ya veo -dije confundida. No entendía por qué mi padre estaba siendo tan amable con Emmett.
-Bueno, creo que los dejaré solos para que puedan hablar -dijo mi padre dándole una palmada en el hombro a Emmett y a mí un beso en la frente.-Diviértanse.
Y con eso, se alejó, dejándonos a Emmett y a mí solos.
-¿Qué fue todo eso? -pregunté, mirando a Emmett con incredulidad.
-No lo sé -respondió Emmett, encogiéndose de hombros-. Supongo que tu padre solo quería conocerme.
-Eso es extraño -dije, frunciendo el ceño.
-Parece que le agrado.-Sonrió divertido.
-Si es así. Serías al único Cullen al que le simpatizas-Agregué.
-Bueno, aparte de ti, claro está ¿No?-Guiñó lo que me hizo reír.-Por cierto, estás hermosa.-Me halagó haciendo que me ruborizara.
-Ven aquí.-Alcé mis brazos y acomodé su corbata.-Tú también estás guapo.-Dije en voz baja. La verdad es que ese traje le quedaba increíble. Resaltaba su ancha espalda y sus fuertes brazos, haciéndolo ver aún más imponente.
-No me siento yo.
-Bueno, a mí me encanta como te queda.-Emmett sonrió coqueto.
-¡¿Rose?!-La voz de Demetri me hizo volver a la realidad. Así que solté a Emmett y me separé un poco de él.
-Dem, ¿Qué ocurre?-Intenté mantener la compostura, no creo que Demetri haya notado que había algo entre nosotros, o ¿si?
-Acompáñame.-Tomó mi brazo.-Tenemos que hablar.-Dijo ofuscado. Tanto que al parecer ni había visto a Emmett.
-¿Sobre qué?
-Prométeme que no vas a enfadarte.-Me dijo cuando estábamos lo suficientemente apartados del resto mientras tomaba mi manos y me veía, ¿Culpable? Yo lo vi confundida.-Ha surgido algo y tengo que marcharme.
-¡¿Qué?! ¡¿Vas a dejarme sola en medio de la boda de mi mejor amiga?!-Chillé indignada soltandome de su agarre.-¡No puedes estar hablando en serio!
-¿Sola?-Bufó irónico.-Pues no estabas sola hace unos segundos cuando fui a tomar esa llamada importante.-Me reprochó.-Pero eso no importa.-Frunció el ceño
-Porque estoy seguro que jamás te fijarías en alguien como él.-Dijo con arrogancia.
La verdad es que el comentario me molestó bastante. Obvio que yo sabía lo que mi novio pensaba de Emmett. Pero que lo dijera así, de esa manera. Inevitablemente me dolía. Yo nunca había sido así, como Edward, mi madre o Demetri.
Nunca había sentido que fuera más que los demás por el hecho de tener dinero o el apellido de mi familia. Al revés, a veces me había parecido una condena. Suspiré mentalmente porque nadie iba a entenderme.
Simplemente me quedé callada y lo miré decepcionada. Claro que me enfadaba lo que pensaba de Emmett, pero me enfadaba mucho más que, una vez más, no me tratase como una prioridad.
-Rose.-Demetri llamó mi atención.-Nena, ¿te has enfadado?-dijo sin más.
-¿Tú qué crees?-dije indignada.-Obvio que me molesta no ser tu prioridad…
-No empieces con eso ahora, te lo pido.-dijo suspirando molesto.
-¿No empiece con qué? -pregunté desafiante-. ¿Con la verdad?
-No es la verdad, Rosalie -dijo Demetri, con un tono de voz cansado.- Tengo una carrera, tengo responsabilidades.
-Yo también tengo una carrera, Demetri -dije furiosa.-Pero siempre encuentro tiempo para ti.
-No es lo mismo -dijo Demetri, con un tono condescendiente.
-Claro que lo es -dije, con un tono de voz amargo.- Pero tú eres demasiado egoísta para verlo.
-No me llames egoísta, Rosalie -dijo molesto.- Yo te doy todo lo que necesitas.-Frunció el ceño.-Incluso he sido demasiado comprensivo con esos viajes que has hecho tú sola con Leah y esos amigos.
-¿Y eso qué tiene que ver? -pregunté molesta-. ¿Acaso no tengo derecho a tener mi propio espacio?
-Claro que lo tienes -dijo Demetri, con un tono de voz defensivo-. Pero no puedes negar que te he dado mucha libertad.
-¿Libertad? -pregunté incrédula-. ¿O más bien indiferencia?
-¡Por Dios Rosalie!-Exclamó cansado-¡La última vez te fuiste un mes entero a Brasil!
-¡Se supone que iríamos juntos!-Le reclamé.
-Sabes que no soy mucho de aventuras o viajes exóticos. Además, estaba por cerrar un acuerdo importante.-Frunció el ceño.-No iba a dejar todo tirado por irme a conocer las tribus del Amazonas o al carnaval de Río.-Rodó los ojos.
-¡¿Ves?! ¡¿Te das cuenta?!-Chillé.- Siempre ha sido igual.
-Por favor, Rosalie.-suspiró y tomó mis manos.-Estoy comenzando mi carrera política. Estoy construyendo mi futuro.
-¿Y yo qué? -pregunté triste y decepcionada -. ¿No soy parte de tu futuro?-Me solté de su agarre.
Él tragó en seco. Y acarició mi cara-Por supuesto que si, nena.-Tomó mis manos de nuevo y dejó un beso en cada una de ellas.-Solo déjame solventar esto y juro que voy a dedicarte más tiempo.
Aunque deseaba con todo mi corazón que está vez si cumpliera con su promesa, la realidad era que algo dentro de mí, me decía que no sería así.
Yo simplemente asentí mientras agachaba la cabeza. Él se acercó a mí mientras me tomaba por la cintura y dejó un beso en el tope de mi cabeza.
-Lo prometo, nena.-susurró en mi oído. Y se separó un poco para mirarme.-Pronto pasaremos más tiempo juntos ¿si?-me tomó de la barbilla y dejó un beso en mi frente.
-Está bien.-sonreí triste. Sabiendo que, en el fondo, no sería así.-Solo vete.-hice un gesto con mi mano.
Él simplemente se marchó, fue a tomar su abrigo y salió llamando a su chofer para que lo llevara al aeropuerto. Al instante mi madre se acercó a mi. Probablemente lo habría visto todo.
-Rosalie, querida.-sonrió mientras se acercaba.-¿Todo bien?-preguntó cautelosa.-¿A dónde ha ido mi yerno?-me miró fijamente. Yo rodé los ojos de forma sutil.
-Tenía que solucionar un tema de su campaña política.-dije sin más dándome de hombros.
-Oh.-dijo simplemente.-Entonces, ¿por qué no te vienes a casa con nosotros?-dijo de forma insistente.-No está bien que te quedes aquí sola.-Yo sabía que lo que ella quería era que no estuviera cerca de Emmett ahora que Demetri estaba fuera.
-Mamá, por favor.-Dije cansada.-No insistas.
-Bueno, en ese caso puedo quedarme aquí contigo un par de días.-Sonrió.-Mientras regresa mi yerno.
Yo la vi incrédula. No podía estar hablando en serio.-De verdad que no es necesario.-¿Y ahora por qué están discutiendo?-Apareció mi papá divertido intentando destensar el ambiente.
-No estamos discutiendo, Carlisle.-Contestó mi mamá.-Solo estoy diciéndole a nuestra hija que si quiere puede regresarse con nosotros a la ciudad. Ahora que Demetri se ha marchado...
-¿Demetri se fue y te dejó sola?-Frunció el ceño mi papá y yo asentí cabizbaja.
-Si pero no quiero hablar sobre eso ahora.
-En ese caso, tu mamá tiene razón, podrías venir con nosotros y...
-No, papá. Solo quiero estar sola.
-¿Estás segura?-Preguntó preocupado y yo asentí.
-Está bien, hija -Contestó él, con un tono de voz comprensivo-. Pero quiero que sepas que estoy aquí para ti.-Dejó un beso en mi frente.
-Papá-El chismoso de Edward irrumpió en escena.-No creo que sea buena idea que Rosalie se quede aquí sola.
-Nadie te ha pedido tu opinión, Edward.-Dije molesta cruzándome de brazos.
-¿Por qué no? -preguntó mi padre confundido.
-Porque ese delincuente está aquí -dijo Edward, con un tono de voz acusador.- Y no me gusta la forma en que la que ha estado viendo a mi hermana todo este rato.-Dijo entre dientes.
-¡Edward, no seas ridículo!-chillé indignada—. Emmett no es una mala persona.
-No me importa lo que pienses, Rosalie-dijo Edward, enfadado. -No confío en él.
-Edward, basta -Intervino mi padre con un tono de voz autoritario-. Rosalie puede decidir por sí misma.
-Pero papá... -comenzó a decir Edward.
-No hay peros, Edward.-dijo mi padre con con voz firme-Rose se queda aquí, si es lo que ella quiere.
Edward me miró con furia, y luego se giró para mirar a mi padre.
-No entiendo por qué haces esto.-dijo, con un tono de voz resentido. -Siempre has sido demasiado blando con ella.
-No estoy siendo blando, Edward -respondió mi padre tranquilo.-Estoy siendo justo. Rosalie es una mujer adulta, y tiene derecho a tomar sus propias decisiones.
-Esas decisiones pueden avergonzar a nuestra familia.-Soltó de mala gana.
-Ya suficiente, Edward.-Dijo molesto mi padre.-Él que está avergonzándonos ahora, eres tú.
-¡Carlisle!-Exclamó mi madre de forma dramática.-No digas eso. Nuestro hijo solo está preocupado por su hermana.-Mi mamá salió a defender a su hijo favorito quien me veía lleno de ira con la mandíbula apretada.
-Pues dile que pare todo este escándalo.-Contestó de vuelta.-Ha venido a gritar aquí por nada.-Y la verdad es que tenía razón mi padre, ahora la gente nos estaba viendo. Por esa discusión sin sentido que estábamos teniendo.
-¿Qué está pasando?-Jasper se acercó a la escena. Cómo siempre era el que más evitaba todo el drama familiar a diferencia de Edward que le encantaban las intrigas y las disputas.
-Nada hijo.-Mi padre le dio palmaditas en la espalda.-Mejor ven cuéntame lo que tienes preparado para la reunión de mañana.
-Claro.-Dijo Jasper confundido.
-Acompáñanos, Edward.-Lo llamó mi padre, y el cobrizo me dió una última mirada cargada de resentimiento y odio.
-Todo esto ha sido tu culpa.-Dijo mi mamá entredientes viéndome molesta antes de marcharse también a mantener las apariencias con sus amigas.
Emmett pov
Había visto toda la escena que acababa de protagonizar la familia Cullen. Y no era el único, toda la gente de alrededor se había quedado mirando. Al parecer, el imbécil de Ken había dejado sola a Rose y su madre y ella habían discutido. Todos los Cullen, incluido el estirado de su hermano Edward, habian intervenido, siendo este último el que había llamado la atención del salón con su reacción. Yo suspiré mirando a mi perdición. Parecía nerviosa, incómoda, e incluso algo perdida. Parecía que quería desaparecer e irse de ahí. Estaba deseando acercarme, pero no podía levantar sospechas. Menos cerca de su familia. Así que tranquilamente me tome un par de canapés con los chicos, sin dejar de observarla. Esperando que ella misma viniera a buscarme.
Al cabo de un rato vi como su familia se iba. Su madre iba molesta junto con Edward, y al pasar por mi lado, ambos me dedicaron una mirada de absoluto desprecio. Esa mujer moriría odiándome, de eso estaba seguro. El otro hermano de Rose, me dedicó una mirada de total indiferencia, mientras que su papá parecía que me miraba con ¿complicidad? Tal vez me estaba volviendo loco. Pero el papá de Rose se había mostrado muy simpático y comprensivo conmigo. Queriendo conocerme.
Cuando se fueron, vi que Rose me hizo una seña con la mano para que la siguiera. Sin dudarlo, lo hice.
Rose me guio con la miradahacia un rincón más apartado del jardín, donde la tenue luz de las farolas apenas alcanzaba. Su rostro, iluminado a medias, reflejaba la tormenta emocional que acababa de vivir. En cuanto estuvimos lo suficientemente lejos de miradas indiscretas, se giró hacia mí con una intensidad que me cortó la respiración.
Sus ojos, normalmente brillantes y alegres, estaban ahora empañados por la frustración y la tristeza. Sin decir una palabra, se abalanzó sobre mí, rodeando mi cuello con sus brazos. La abracé con fuerza, aferrándome a su cuerpo tembloroso. Sentir su cercanía después de tanta tensión era como encontrar un oasis en el desierto.
Por un instante, el mundo desapareció. Solo existíamos nosotros dos, unidos en un abrazo silencioso que hablaba de anhelo y necesidad. Mi instinto era estrecharla aún más, besarla hasta olvidar el mal trago que acababa de pasar.
Pero la cordura, aunque a regañadientes, se impuso. Estábamos en una boda, rodeados de gente, y aunque su familia se hubiera marchado, aún había ojos curiosos.
Con un suspiro apenas audible, separé nuestros cuerpos lo justo para poder mirarla a los ojos. Mi pulgar acarició suavemente su mejilla, sintiendo la suavidad de su piel bajo mis dedos.
-¿Estás bien, Ángel?-pregunté en un susurro, mi voz cargada de preocupación.
Sus labios se entreabrieron ligeramente, como si fuera a decir algo, pero luego negó con la cabeza, mordiéndose el labio inferior. La frustración danzaba en sus ojos.
-No quiero hablar de eso ahora -dijo finalmente, su voz apenas un hilo.- Solo... abrázame otra vez.
Y sin dudarlo, la estreché contra mi pecho, sintiendo su delicado cuerpo contra el mío y el alivio que parecía encontrar en mi cercanía. Por ahora, eso era suficiente. El resto podía esperar. Lo importante era que ella supiera que no estaba sola. Que yo estaba ahí.
Tras un par de minutos así. En silencio. Abrazándonos y disfrutando de la cercanía del otro. Rose se separó de mala gala, y yo sonreí, porque claro que quería quedarme así con ella toda la vida si fuera necesario.
-Deberíamos irnos de aquí.-dijo sin más mirándome. Yo la miré fijamente y tome su mentón con mis manos, tratando de descifrar su mirada. Pero eso no era posible ahora, se había cerrado en banda.
-¿Estás segura?-pregunté cauteloso.-¿No quieres que hablemos antes?-dije tratando de hacerla entrar en razón. Rose siempre había sido bastante impulsiva. Y claro que quería irme con ella y hacerla mía sin parar. Pero no iba a aprovecharme de su vulnerabilidad. Ahora mismo mi ángel no estaba bien. Lo notaba.
-¿Qué cambia que lo hablemos?-dijo sin más. Parecía irritada. Me hizo sonreír. Incluso así, era jodidamente adorable. Yo tome su mano y deje un pequeño apretón.
-Solo digo.-dije divertido.-Que si lo necesitas, puedes desahogarte conmigo.-dije sin más haciéndola sonreír.
-Voy a ir a buscar a Leah, me despediré de ella y nos veremos en la salida.-dijo sin más. Y yo hice lo que me dijo para no levantar sospechas. No sin antes tomar su mano y regresarla hacia mí.
-Estaré esperándote, Ángel -dije, mi voz grave y suave al mismo tiempo. Dejé un casto beso en el dorso de su mano, una promesa silenciosa de lo que anhelaba hacer en privado.
Ella me regaló una sonrisa tímida. Se soltó de mi agarre y se giró con una determinación frágil y se adentró de nuevo en el bullicio de la fiesta. La seguí con la mirada hasta que su figura se difuminó entre los invitados, sintiendo una mezcla de anhelo y una tensa anticipación.
Mientras la esperaba, mis pensamientos eran un torbellino de posibilidades. ¿Había llegado finalmente el punto de inflexión con ese imbécil de Demetri? ¿Se abría una grieta, por pequeña que fuera, para que yo pudiera colarme en su mundo de una vez por todas? La idea me inyectó una dosis peligrosa de esperanza. Sabía que la batalla contra su familia y sus prejuicios sería extremadamente difícil, pero la simple posibilidad de tenerla cerca, de poder cuidarla y amarla sin restricciones, valía cada obstáculo.
Deslicé mi mano en el bolsillo y saqué mi teléfono, tecleando un mensaje para Jake: "Me voy". No necesitaba más detalles, era obvio porque me iba.
Con una última mirada hacia el interior, me moví discretamente hacia la salida.
Estuve esperando un par de minutos. Rose aún no salía. Salí y, adentrándome en el parking fui al coche para esperarla dentro. Encendí el coche y puse el calefactor. Hacía frío. Estaba anocheciendo y el sol de antes había dejado paso al frío hostil de la noche.
Seguí esperando. Estaba comenzando a ponerme ansioso. Rose no llegaba. Mire el reloj, habían pasado casi 20 minutos desde que la había dejado en la puerta. Suspiré y saqué un cigarro. Me lo fumé, tratando de calmar mi ansiedad mientras pensaba en los múltiples escenarios posibles que podrían haber hecho que Rose se pensara mejor el irse conmigo esa noche.
Mientras seguía pensando que podía haber pasado, vi que Rose había salido del salón y se acercaba rápidamente al coche en el que yo me encontraba esperándola.
-Siento haber tardado tanto.-sonrió apenada mientras se sentaba en el asiento del copiloto y se ponía el cinturón.-Ha sido imposible salir de ahí antes.-rodó los ojos divertida.
-No te preocupes.-sonreí mirándola encantado mientras acariciaba su rostro con uno de mis dedos.-Te habría esperado todo el tiempo necesario,Ángel.-dije dejando mi dedo en sus labios. Ella apartó mi mano y se acercó a mí para besarme.
El beso fue suave al principio, una caricia dulce sobre mis labios. Pero rápidamente se intensificó, cargado de la urgencia y la necesidad que ambos habíamos estado reprimiendo. Sus manos se enredaron en mi cabello corto, atrayéndome más cerca, mientras yo rodeaba su cintura, sintiendo la calidez de su cuerpo a través de la fina tela de su vestido.
En ese breve instante, el frío de la noche y la tensión de las horas anteriores se desvanecieron. Solo existíamos nosotros dos, unidos por un anhelo que parecía haber estado latente durante demasiado tiempo. Era un beso que hablaba de promesas rotas, de miradas furtivas, de un deseo que finalmente comenzaba a liberarse.
Nos separamos lentamente, con la respiración entrecortada y los ojos brillantes. Una sonrisa radiante iluminó el rostro de Rose, una sonrisa que había echado de menos.
-Vámonos de aquí -dijo, su voz apenas un susurro, pero cargada de una determinación recién descubierta.
Asentí sin dudarlo. Y salí del aparcamiento, dejando atrás la elegante fachada de la boda y todo lo que representaba. En ese momento, solo importábamos Rose y yo, y la promesa de un nuevo comienzo que nos esperaba en la oscuridad de la noche.
Conduje en silencio, sintiendo su mirada en mí. De vez en cuando, entrelazaba su mano con la mía, un gesto sencillo pero lleno de significado. Sabía que el camino por delante no sería fácil, pero tenerla a mi lado me daba una fuerza que nunca antes había sentido.
Finalmente, llegamos a su casa. La luna iluminaba tenuemente el jardín delantero mientras apagaba el motor. Nos quedamos sentados en el coche por un momento, en un silencio expectante.
Luego, Rose se giró hacia mí, sus ojos brillando con una mezcla de vulnerabilidad y anhelo.
-¿Quieres subir? -preguntó, con su dulce voz apenas audible.
Mi corazón dio un vuelco. La había esperado tanto tiempo.
Su pregunta inevitablemente me hizo sonreír. Sonreí como hacía tiempo que no lo hacía. Como un tremendo idiota. Pero no me importaba. Eso no solo había sido una invitación para que me quedara con ella esa noche. Todo esto significaba más. Mucho más. Y yo lo sabía. Sin dudarlo, salí del coche y abrí su puerta para tomarla en volandas.
-¡Emmett!-Rose rio como una niña pequeña.-¿Qué haces?-dijo divertida mirándome.
-Subirte a casa.-dije como algo obvio.-Me duelen los pies solo de mirarte.-dije divertido mirando sus altísimos tacones. Tampoco es que ella los necesitase. Rose ya era alta de por sí. Pero siempre siempre había sido muy coqueta, disfrutaba de verse bien y de gustar a los demás. Y vaya que si se le daba bien.
-Eres un exagerado.-dijo divertida.-No son incómodos.-se dio de hombros.-Pero no voy a negarte las atenciones.-apoyó su cabeza en mi hombro. Yo sonreí y dejé un beso en su cabello, subiendo con ella escaleras arriba para dejarla delicadamente en la cama. Cuando fui a soltarla, Rose negó con su cabeza divertida y ronroneando agarró mi corbata con sus manos, evitando que me alejara.
-¿A dónde vas?-dijo alzando las cejas y tirando más de la corbata hacia ella. Mi cordura se estaba yendo a la mierda.
Una punzada de deseo me recorrió el cuerpo ante su agarre juguetón. Su ronroneo felino era un arma peligrosa, y yo era un blanco fácil. Sonreí con suficiencia, sintiendo el control que ella, incluso en su vulnerabilidad, ejercía sobre mí.
-No voy a ninguna parte sin ti, Ángel -dije, mi voz grave y cargada de una promesa implícita.
Ella tiró un poco más de mi corbata, acercando mi rostro al suyo. Podía sentir su aliento cálido en mis labios, el dulce aroma de su perfume embriagándome los sentidos. Sus ojos brillaban con una mezcla de picardía y una necesidad que reflejaba la mía.
-¿Seguro? -susurró, sus labios rozando los míos.
Mi cordura se desvaneció por completo. No había vuelta atrás.
Me incliné, cerrando la distancia que nos separaba. El beso fue lento y deliberado al principio, una exploración suave de nuestros labios que había anhelado durante tanto tiempo. Pero a medida que la pasión crecía, se volvió más urgente, más demandante. Sus manos se enredaron más profundamente en mi cabello, mientras yo la atraía hacia mí, sintiendo la curva de su cuerpo contra el mío.
El mundo exterior dejó de existir. Solo estábamos Rose y yo, en su habitación tenuemente iluminada por la luz de la luna, al borde de un precipicio de emociones largamente contenidas. Cada roce, cada suspiro, cada latido acelerado de nuestros corazones era un testimonio del deseo que nos había consumido en secreto durante tanto tiempo.
