—Las claras y las yemas… No son así — Azirabelle inclina la cabeza.
—Bueno, claro... están crudos. Ahora se cocinarán —explica Croulieau mirando su obra.
—Pero no has… no… No entiendo —le mira a él de nuevo.
—¿Qué no entiendes?
—Tenías que batir tres huevos —Azirabelle se ríe un poco pensando que es broma.
—¡Eso hice! Están mezclados, ¿no lo ves? —Croulieau le sonríe y se los muestra.
—Ehh… vale. Vale… —se sigue riendo un poco.
—¿Entonces? ¿Cómo hacemos que se vuelvan blanditos?
—Blanditos… —otra risita del rubio.
—Pues... viscositos. Como... ya sabes. Hay que... ¿hervirlos? ¿O flambearlos?
—Ehh… primero hay que sacarlos —los señala con el dedo.
—¿De dónde? —frunce un poco el ceño.
—Estas… ¿estás de broma? —Azirabelle le mira a la cara—. ¿Cómo que de dónde?
—¿De broma de qué? Pues ¿de dónde quieres sacarlos?
—¿Del cascarón? —pregunta el rubio un poco sarcástico.
—Ni que fueran polluelos —la serpiente pone los ojos en blanco.
—Son…. Iban a serlo, pero ya no lo… Son. de que hablas?! Por qué no…. Que…. ¿¡Cómo crees que funcionan los huevos?! —es que no entiende nada.
—¿Cómo funcionan de qué?
—¿Te comes los huevos enteros como serpiente y has olvidado como se los comen los humanos? —pregunta, serio.
—Pues, supongo que podría, pero... —lo valora y luego arruga la nariz.
—¡Hay que quitarles la cáscara! —exclama.
—Eso lo hacen los polluelos —le mira.
—Y los cocineros al cocinar.
—¿Y cómo se hace? ¿Con un cuchillo como una naranja? —le mira.
—De verdad nunca has…. Hecho esto —Azirabelle le mira y realmente nota que nunca ha abierto un huevo, el señoritingo Pirrurris
—¿Qué? Sí he pelado naranjas, es como las manzanas. Me cuesta un poco, solo con la cola, pero sí que puedo.
—No, es que…. Los huevos son muy diferentes. Mira, ven…. Aunque solo con la cola va a costarte, tendrás que hacerlo como un chef de verdad.
—Mmm... —le mira, no muy seguro.
—Lo que se come es el relleno —explica tomando uno.
—Eso ya lo entiendo —Inclina la cabeza.
—Pues hay que sacar el relleno y tirar la cáscara que es dura — Azirabelle saca un traste distinto y rompe un huevo en el para que Croulieau vea.
La serpiente levanta las cejas porque pensaba que saldría un pollo de ahí, ¡no un huevo viscoso!
—Esto es un huevo… que hubiera podido ser un pollo —explica al notarle la cara, porque… ¡¿Cómo va a salir de ahí un pollo?!
—Uhm, ya lo sabía —desvía la mirada porque ahora le da vergüenza admitir que no tenía ni idea.
—No creo —Azirabelle sonríe un poco, de ladito—. Ábrelo tú.
La verdad, va a tomar uno y... va a aplastarlo con demasiada fuerza intentando imitarle.
—Algo así, si, tienes que tener más cuidado…. –Azirabelle aprieta los ojos.
—Ugh... déjame... déjame intentar —pide y de repente, tocan a la puerta, haciendo que Azirabelle de un salto y rompa otro huevo.
—¡Ugh! Noooo, va a ser Gabriel —se lamenta.
—Ve a abrir, yo me ocupo de esto —Croulieau le sonríe.
—¿Cómo te ocupas de esto? —le mira, sin confiar demasiado—. ¿Seguro? Nada de cáscara que son duras.
—Ya, ya... —hace un gesto con la cola para que vaya.
—Si es Gabriel, necesitas esconderte —mira a la puerta de reojo.
—Que no se entere tu novio que tienes un amante—bromea—. Me quedaré en la cocina o me saldré por la ventana para evitar el escándalo.
—Ugh, el PEOR novio posible sería él. No, no lo digas ni de broma, que me CRISPA —susurra moviendo un poco las manos medio histérico, poniéndose nervioso y haciéndole reír—. Espera aquí, no hagas ruido
Croulieau asiente, riendo un poquito aún.
—¿S-Sí? —Azirabelle odia a Gabriel, pero ahí va, apretando los ojos, rezando para que no sea él y, de nuevo, nadie es inoportuno como Gabriel.
—Azirabelle, los niños del pueblo dicen que has vuelto —comenta a través de la puerta con su sonrisa de tiburón.
—Sí, pero estoy ocupado —vacila, mirando hacia Croulieau en la cocina, porque querría hacerle alguna señal de que sí es, pero no sabe ni cómo.
—¿Qué? No te oigo a través de la puerta —protesta, intentando mirar por la mirilla desde fuera y pegar la oreja a la puerta.
—¡ESTOY OCUPADO! —grita el rubio, pero Gabriel, inmune al desaliento, vuelve a golpear la puerta—. Ughhhh, lo odio —murmura para sí mismo y acaba por abrir la puerta porque ¡es insoportable!
—Azirabelleeee —Gabriel sonríe
—Estoy ocupado —repite él frustradamente, ceño fruncido. El moreno le toma de la mejilla y le da un par de palmaditas suaves sonriendo de lado y pasando dentro sin escucharle—. No, no, Gabrieeeeel —protesta, intentando que le suelte, empujándole un poco.
Finalmente lo logra, pero el cazador entra a la casa apartando a Azirabelle y mirando alrededor.
—Ugh, Gabriel. De verdad, estoy ocupado y no puedo atenderte —insiste el rubio mientras el otro entra hasta sentarse como si esta fuera su casa.
—Solo será un momento —prácticamente se quita las botas.
—Un momento no tengo, ¿qué necesitas? —protesta, apretando los ojos con que haga eso y se ponga tan cómodo.
—Bueno, la última conversación terminó un poco abruptamente —le mira, quitándose la otra bota. Azirapbelle suspira—. Y algunos niños decían que tenías una máquina aterradora —se ríe.
—Ahh… no, no. No hay máquinas aterradoras, no —niega fervientemente con la cabeza.
—Ya imagino... y deberías oír el resto de la historia... —sigue riéndose—. En fin.
—Ehm… bueno, y ¿qué necesitas? —Azirabelle levanta una ceja sin saber de qué tanto se ríe tan a carcajadas (Y eso que no han visto a la serpiente).
—Tu firma, te lo he dicho mil veces —se encoge de hombros.
—No funciona así. No voy a firmar —Azirabelle frunce el ceño.
—Tal vez deje de venir a proponerte esto... y decida hacer otra propuesta a tu hermana —amenaza Gabriel frunciendo el ceño.
—Ehm… ¿qué otra propuesta? —pasito atrás, tensándose.
—Si ella se casa conmigo, ya no va a tener que trabajar en ese ridículo asunto de los vestidos y tú no tendrás más remedio que aceptar el trabajo —da una palmada, tan listo.
—Pero ella no quiere casarse contigo —frunce el ceño de nuevo.
—Claro que quiere casarse conmigo, Azirabelle, todas quieren —Gabriel se ríe estruendosamente otra vez con eso y Azirabelle suspira con eso porque…. Es que que le pasaaaaa.
—Ella ya… tiene a alguien más —ojalá oiga esto Croulieau para convencerse de su buena voluntad.
—Ah, ¿sí? ¿Quién? —levanta las cejas porque eso no lo sabían ni las ancianas del pueblo.
—Alguien en…. Paris —vacila, buscando algo que decir, lo primero que se le ocurra.
—Te lo estás inventando —entrecierra los ojos.
—¡No me lo estoy inventando! —se sonroja un poco.
—Bueno, ella se va a ir a Paris y entonces ¿tú qué? —Gabriel cambia de tema.
—Voy a… irme con ella —cambia el peso de pie, mirándole.
—Azirabelle, no hagas esto incómodo. Ella no puede mantenerte toda la vida. Ten un par de huevos y sé un hombre —le riñe.
—¡No me está manteniendo! —protesta apretando los ojos.
—Su marido no va a querer pagarte a ti las cosas y tenerte en su casa —le señala.
—No voy a ir a su casa —vuelve a mirarle.
—¿Entonces?
—Pues trabajaré con ella, pero tendré otro sitio. Es igual, la cosa es que ella no puede casarse contigo, lo siento.
—No seas ridículo, Azirabelle —pone los ojos en blanco—, ella no va a seguir trabajando si está casada.
—¡Podría seguir haciéndolo!
—Ninguna mujer va a hacer eso, ya no va a poder, Azirabelle—responde como si fuera obvio, casi ley de vida—. Va a quedarse embarazada y a ocuparse de su marido y de sus hijos como una buena esposa.
—Bueno, tú… no te preocupes por eso, ¿vale? —prieta los ojos de nuevo con esos pensamientos.
—Y tú te vas a quedar solo y sin trabajo hasta que mueras patéticamente olvidado por todo y todos sin oficio ni beneficio —sigue.
—O hasta que consiga trabajo en Paris —replica poniendo los ojos en blanco ahora él.
La verdad es que con las palabras de Gabriel a Croulieau se le cae algo al suelo y se rompe, porque hace rato que quisiera interrumpir con una voz femenina y callarle la boca a este imbécil porque... O sea, no está bien que le diga a nadie que no le van a querer. Seguro Azirabelle encontrará... a alguien, quien sea, no hace falta ser borde.
—¿Qué ha sido eso? —pregunta Gabriel alertado, levantando la cabeza y mirando hacia la cocina, toma una bota para ponérsela de nuevo.
—Ahh… u-un gato —se inventa Azirabelle con una sonrisa nerviosa.
Croulieau aprieta los ojos y va a salir por la ventana, cayéndose al corral de las gallinas donde estas hacen un DESASTRE porque verás... ¿sabes qué come gallinas? Exacto. Las serpientes gourmet excesivamente impertinentes.
—No parece un gato —asegura Gabriel poniéndose la otra bota para ir a mirar.
—Lo es. Lo es. ¡Créeme! —Azirabelle trata de detenerle, pero el obstinado cazador igualmente se dirige a la cocina—. No, no… ugh. Gabriel —Azirabelle le ooooodia, apretando los ojos.
Croulieau se apresura a intentar dar la vuelta para que no le vea si acaso se asoma, que es lo que procede a hacer Gabriel cuando nota la ventana abierta.
—Eh… todo está bien, Gabriel. De verdad, no necesito tu asistencia —Azirabelle le sigue por la casa, nervioso, fritándose las manos como un pequeño pangolín.
—Es que pienso que ha entrado alguien a robar, mira como esta esto. ¡Y la ventana abierta! —Le mira de reojo, aun medio asomado viendo las gallinas correr de un lado a otro.
—No tiene nada. ¡Y yo la abrí! —insiste Azirabelle—. Todo está bien, Gabriel.
—Hum... bueno, dile a tu hermana que te he pedido su mano en matrimonio —le señala con el dedo.
—Le diré, le diré —el rubio asiente, solicito.
Croulieau se apoya en la pared de la casa mirando al cielo y suspirando con eso porque ha estado bastante cerca. Esperando a ver si ya se larga.
¡Que tío más imbécil! Ni siquiera le conoce y ya le gustaría ir a darle un sustito esta noche a ver si aprende a ser menos cretino.
Mira que Azirabelle le parecía insufrible, pero hombre... ¡en un buen sentido! (si es que acaso hay un buen sentido de ser insufrible)
Gabriel mira a Azirabelle, vacilando un instante porque siente que cada vez le echa de esta casa de malas formas el muy maleducado, pero suspira y se va a la puerta
—Gracias, Gabriel, por preocuparte de todas formas —Azirabelle asiente, sonriéndole amablemente.
—Sí, sí, vale... —ahí se va igual pensando que va a ir a contarle a Miguel sobre esto para poder bitchear los dos sobre el asunto
—Ehm… nos vemos —se despide, sujetando la puerta y Gabriel le hace un gesto no la mano sin girarse a mirarle.
Azirabelle suspira aliviado, esperando a que se vaya del todo para ir a buscar a Croulieau, que sigue ahí en el corral lo más quieto posible haciendo creer a las gallinas que es solo... una tubería de desagüe, hombre, no seáis dramáticas, siempre ha estado ahí.
—Croulieau? —le medio grita Azirabelle por encima del ruidajal. Este, baja y se arrastra a ras de suelo hasta él haciendo a Azirabelle dar un salto. La serpiente le mira desde el suelo—. Ahhh…. Dios —se lleva la mano al corazón —. Perdona, no… no esperaba ver una serpiente. Aquí. Perdón. Perdón
Ojos en blanco y va a irse hacia dentro de la casa, seguido de Azirabelle. Dentro ya es que se levanta otra vez sobre su cuerpo hasta la altura de los ojos de Azirabelle.
—Ehm… hello —le sonríe un poco.
—¿¡Qué le pasa a ese tío?! —protesta señalando fuera.
—Es… ugh, creo que se ha enfadado —mira de reojo hacia la puerta donde estaba y luego a él.
—¿A quién le importa si él se ha enfadado? ¡Yo me he enfadado! —exclama, indignado.
—¿Tú? —levanta las cejas sin esperarse eso.
—¿Tú no? ¿Qué le pasa hablándote así? —se va a la ventana a ver si le ve.
—Así me habla todas las veces —le acusa.
—¿Por? —le mira de reojo.
—Pues porque él es… insoportable, pobrecito mío —suspira.
—Pero ¿qué le pasa? ¿Se le cayó a su madre de los brazos de bebé y se golpeó la cabeza? —vuelve a mirarle. Azirabelle se ríe y él sonríe un poquito con que se ría—. No me extraña que no quieras que se case con Muriel.
—DESDE LUEGO que no —tan apasionado.
—Aunque si a ella le gusta... —le mira de reojo.
—No lo hace.
—Ah, ¡menos mal! porque es insufrible —sonríe aliviado y luego se acuerda—. Y... O-O sea, por la maldición, claro.
—Ya, ya, a ti no te conviene —le mira de reojo, sonriendo de ladito—. Pero tú pareces mejor partido que él.
—Ah, sí, supongo que... de hecho, pues si comparamos patrimonio —hace el gesto ese raro como si se encogiera de hombros.
—No, bueno…
—¿Y qué hay del pretendiente de Paris? ¿Debo preocuparme? —le mira de reojo.
—Quoi?
—Eso es lo que le has dicho.
—Ah… Ehm… me refería pues… —desvía la cara—. A ti —admite, haciéndole sonreír—. No quiero que Gabriel se haga ilusiones. De hecho, ni siquiera quiere con ella, lo que quiere es que yo le lleve las cuentas.
—¿Por qué quiere eso?
—Porque ha visto que se las llevó a mi hermana. Tiene un negocio de caza… O quiere tener un negocio de caza —suspira.
—¿Y por qué no llevarlas él mismo?
—Porque Gabriel no sabe ni cuánto es dos más dos —ojos en blanco a Gabriel, el muy idiota.
—Deberías aceptar y decirle que dos más dos son tres —sonríe.
—¿Para qué me eche? —le mira.
—Pensaba que no querías trabajar para él desde el principio…
—Pero tampoco quiero que me eche. ¡Me desespera porque no me escucha!
—¿Y cómo va a saberlo? —inclina la cabeza.
—Ah, ehhh…. Puede que no lo sepa —vacila, porque no había pensado en eso.
—No se iba a enterar, así que no tendría motivos para echarte.
—Pero ¡tendría que aguantarle! Además…. Sospecho que no tiene muchas ganas de pagarme.
C —Si no te paga no es un trabajo —se encoge de hombros.
—¡Es esclavitud! ¡Ya! —tan indignado.
Se ríe un poco con eso y se muerde el labio para no hacer la broma de los dos penes de nuevo. Así de... y además solo tiene un pene
Pero y ¿por qué quiere hacer ahora una broma de penes?
No nos estás haciendo esa pregunta
—Es insoportable —añade, apasionadamente.
—Y-Ya veo —No lo digas Croulieau, no lo digas.
—Podría… Estrangularlo —añade.
—A mí no me lo digas dos veces... —mueve la cola en un movimiento sugerente.
—Puede que a ti te costará trabajo —le mira y sonríe.
—¿Tú has visto a una serpiente de mi tamaño cazar alguna vez? ¿Como crees que matan a sus presas?
—Ehh… ¿veneno?
—No. Solo las serpientes pequeñas lo tienen —se le acerca y le rodea un poco, girando a su alrededor.
—Ohh, en serio —le sigue el movimiento con la mirada.
—En realidad no estoy muy seguro de cómo funciona —asegura, aun dando una segunda vuelta de manera serpenteante como si pretendiera hacérselo a él.
—¿Cómo no estás muy seguro?
—No es como que me dedique a cazar personas. O cazar, en general.
—Ah, no… menos mal, en realidad. Me sentiría un poco intranquilo de que fueras un e-experto —traga saliva porque…. Es un poco amenazante al rededor, aunque no necesariamente le parece del todo malo.
Croulieau le mira un segundo pensando en lo fácil que sería apretar ahora su cuerpo contra él y romperle todos los huesos y luego largarse de nuevo al castillo a violar a su hermana. Todos sus muebles aprobarían ese movimiento.
—Me alegra…. Que… seas menos idiota que Gabriel —Azirabelle le sonríe un poquito.
Croulieau sacude la cabeza con eso, como si quisiera echar de su mente los pensamientos intrusivos, apartándose un poco de él y desenrrollándose de sus pies. Y además tengo dos penes, añade para si mismo porque en serio, porque ¡no puede parar de hacer estúpidos chistes de penes!
—Quoi? —le mira con sus ojotes azules, intentando leerle.
—Ehm... estábamos con... ¿la cena? — desvía la pregunta y ahí se va para la cocina
—Ahhh…. Es verdad. Sí, la cena —Azirabelle le sigue, sonriéndole un poco porque, casi nadie nunca le da la razón de Gabriel.
—Así que... ¿este es el galán de tus fantasías, el hombre que te quita el sueño? —se burla
—Quoiiiii? ¡No! Ugh, el hombre de mis fantasías no se parecer en NADA a Gabriel —suelta Azirabelle sin pensar
—¿Eh?
—Que no es para nada… Me…. O sea, no, no es… Me refiero a… —Azirabelle vacila, porque… le ha salido esto de manera… confusa.
—No sabía que... valoraras esas opciones —comenta, un poquito nervioso ahora, sin siquiera saber por qué—. Está... bien, supongo. Muy moderno.
—No, no. No. Me refiero a… O-o sea tú lo estabas… ¡tú lo preguntaste! —le acusa, nerviosismo también.
—¡Yo estaba bromeando! —protesta.
—Yo… yo también —no le mira, avergonzado.
—¡No parece! —chilla porque ahora no sabe qué decirle ni que hacer con esta conversación, súper torpe.
—¡No quería decir eso! —chilla de vuelta porque él tampoco sabe qué implicaciones tiene esto y le pone los pelos de punta—. Me r-refiero a… O sea, como me va a… Un-un varón. No. Eso es… No es de Dios
—No estoy seguro de seguir creyendo en Dios a estas alturas —bufa.
—Ah, e-eso… —le mira de reojo—. Es triste. Yo siempre siento paz y tranquilidad cuando rezo.
¿Tú qué haces cuando estás ansioso?
—Morderme las uñas —le muestra la cola.
—¿Cuáles uñas? —frunce el ceño.
—Exacto —sonríe.
—O sea ¿no estás ansioso nunca? —Azirabelle parpadea.
—Estoy ansioso todo el tiempo, vivo... a través de la ansiedad. De hecho, es mi hábitat natural, soy yo mismo. Ansiedad es mi segundo nombre —sigue, haciendo movimiento de la cola para ilustrarlo.
—Con mucho orgullo, además —le mira de reojo.
—Es un poco incomodo, pero cada uno hace lo que puede —se encoge de hombros.
—¿Así eras antes de ser… esto? —le mira de arriba abajo.
—Era yo un niño, así que esta fue una pubertad... extrema —suspira.
—Ohh… eso puedo imaginarlo —asiente.
—¿Puedes? —le mira de reojo porque no le parece que nadie pueda, en general ni los muebles que cambiaron igual que él parecen entenderlo.
—Pues si eras un manojo de nervios y no tenías uñas que morder….
—Había otras cosas —no le mira.
—¿Como cuáles?
—Un castillo lleno de muebles por duplicado, cuando todo esto acabe voy a hacer feliz a algunos carpinteros...
—Como… ¿Todos eran empleados? ¿O había invitados?
—Solo empleados lamentablemente —se deja caer dramáticamente en una silla
—¿Y tenían TANTOS empleados? —levanta las cejas.
—No son tantos, es que dan mucho por culo y parecen más —sonríe.
—Había servilletas, ¡muchísimas! —exclama sentándose con él.
—Y son escurridizas las cabronas, ten cuidado al ir al baño —explicaciones gráficas de las que no queríamos saber más.
—Pues justamente, ¡hay mucha gente ahí!
—No sé, supongo que es un castillo muy grande —en realidad, no tiene ni idea de cuantos son ni si el número ha ido en aumento por algún motivo.
—En comparación, sí. Sí que lo es —mira alrededor de su casita, sintiéndose por primera vez un poco incomodo con el tamaño de esta.
—Cuando yo era pequeño se hacían fiestas y bailes... era bonito —recuerda con cierta ensoñación.
—En realidad parecen tenerte afecto —le sonríe con cierta dulzura.
—Nah, no tanto —arruga la nariz.
—¿Crees que todos se vayan al romper la maldición?
—No, no todos, pero creo que muchos si quieren irse, tenían familias y... vidas.
—Pero los que dejaron a su familia afuera… —le mira, abriendo un poco la boca porque no había pensado en ello.
—No la han visto en todo este tiempo, sí —asiente con la cabeza—. O sea, algunos la tienen aquí en el pueblo o en pueblos vecinos y a veces van a verlos a escondidas.
—Uhhhh…. Habrán pensado que se han muerto —aprieta los ojos.
—Les escriben cartas diciendo... historias que se inventaron, algunos que habían ido al frente a una guerra o que tienen una enfermedad.
—¡Eso es muy triste! Sería bueno recopilar las cartas y hacer una novela.
—¿Una novela? —levanta las cejas.
—Sería una buena historia, ¿no? —sonríe un poco.
—No estoy seguro... —arruga la nariz pensando en las faltas d ortografía y la poca imaginación y consistencia general de las historias, la mayoría perdidos en su propia red de mentiras.
—¿Por?
—Tienen poca imaginación —resume.
—A diferencia de la bruja —sonríe de lado.
—Por supuesto, la muy bruja —asiente, sonriendo también.
—Al menos tenía imaginación.
—Por lo visto vamos a alabarla por ello —le mira fijamente.
—Vale, vale, ¡perdona! —se sonroja un poco con esa mirada intensa, pero la sostiene.
Croulieau suspira
—Antes de conocerte…. Yo sentía que en este pueblo estaba encerrado y me ahogaba —confiesa Azirabelle.
—Deberías probar esto: Vivir diez años en un castillo sin apenas poder hablar con nadie más que los habitantes de ahí dentro.
—No, no… no. No —aprieta los ojos —. Es como vivir en el pueblo, pero sin poder soñar con irse.
—¿A dónde querrías ir? —le mira con curiosidad.
—A una ciudad de verdad, como Paris. Con gente diferente, y actividades, y sitios distintos que visitar, lugares que ver.
—¿No iba a ir ahí tu hermana? ¿Por qué no fuiste con ella?
—Alguien tenía que quedarse a cuidar la casa y a los animales…
Le mira de reojo y sonríe de ladito pensando que sería divertido ir mañana en vez de volver al castillo y pasar ahí unos días
¿Unos días de vacaciones con Azirabelle?
Uhm. N-no. O-O sea... ugh.
—Pero algún día vamos a irnos a vi ir a Paris —insiste, más como consuelo a si mismo que como un hecho real.
—Bueno, nada va a ligarte a... nada, una vez yo me haga cargo de ella.
—Ohhh. E-eso hará a Paris más… aburrido. Ir solo en vez de con ella. Pero sobreviviré.
—Entiendo que sería mejor hacerlo en pareja.
—Ahh… eso. No sé si me va a pasar nunca, pero sí sería divertido —sonríe.
—Y justamente París... dicen que es un lugar muy romántico —añade, dándose un pequeño escalofrío a si mismo porque hace un segundo ha pensado en irse a Paris con él hoy mismo.
I—Sí, ¡con el río y sus puentes! —si estuviera de pie daría una vuelta sobre sí mismo. Gracias a Dios no lo está.
—¿Qué te parece romántico de un puente? —Levanta una ceja, sonriendo de ladito y mirándole la cara que es de... dar una vuelta justamente.
—El río abajo y la luna. El cielo estrellado. Comer una crepe —explica.
—Ahora resulta que si te gusta el cielo estrellado —protesta un poco y suspira, pensado que entonces el problema era... verlo con él.
—¡Ah! —se sonroja—. S-Sí que me gusta. Me gusta sin frío y con una crepe —no, no eres tú el problema.
—Ya —replica un poco ardido con eso, sin querer seguir por ahí.
—¿A ti que te parece romántico de Paris? —le mira otra vez, con curiosidad.
—El vino... el sexo —añade, encogiéndose de hombros.
—¿E-El… s-sexo? —levanta las cejas, un poco escandalizado, porque… cosas que definitivamente no esperaba que alguien fuera a mencionar.
—Dicen que son muy abiertos de mente en todo eso ahí.
—¿T-Tú crees? —se sonroja, vale Croulieau, no descompongas a Azirabelle.
—Eso dicen —insiste asintiendo—. Que se acuestan más de dos personas o a veces personas del mismo sexo.
Esperen, esperen, esperen. Azirabelle necesita un té. En una historia perfecta tendría uno ahora mismo en su mano… o un vino, y le estaría dando un traguito para hacer un perfecto aspersor.
—¿E-En… serio? Quién… p-pero eso… —empieza a balbucear sin saber qué decir.
—Pues quien quiere, supongo... el consentimiento es importante —le mira.
—Y-Ya… S-sí, sí. Pero ¿¡cómo sabe usted esas cosas?!
—Leo algunos periódicos y revistas de sociedad —frunce un poco el ceño notando el repentino cambio al traro de usted sin entender del todo.
—¿Algunos?
—Pues no todos, ciertamente. Hay muchos y no todos llegan hasta aquí.
—Pareciera que leyeras todos y supieras todo.
—Sé algunas cosas.
—El chico de mundo —le molesta ahora, poniendo un poco los ojos en blanco.
—Pues más que tú, por lo visto —se devuelve.
—Es difícil en este pueblo horrendo —se queja amargamente de nuevo.
—¿Leer el periódico o acostarte con un hombre?
—¡Monsieur Croulieau! —le riñe.
—¿Qué? Solo pregunto…
—¡No sé de dónde sacan! —tan indignado,
—¿El qué?
—A… lo del… por…. E-el
—¿Culo? —acaba la frase y la verdad, hasta él se arrepiente después de que lo oye, pero a veces las palabras le salen por la boca antes de que le pasen por el cerebro para ser sinceros.
—Cu-Cu…. Cu…. —balbucea un poco.
—Ehm... —vacila, incomodo, sin saber cómo salir de esta.
—N-No…. No había…. Yo…. A-A que te refieres —además te va a hacer explicarlo.
—¿A que me refiero de qué? —se baja de su butaca y serpentea un poco por ahí porque necesita moverse.
—Con… culo —le mira.
—Es la parte de tu anatomía sobre la que te sientas —señala con la cola.
—¿Pero eso qué tiene que ver?
—¿Con qué? —Le mira sin entenderle.
—C-Con… a-algo. ¿Por qué hablas del culo? —sí, necesita que le expliques
—Pues tú has dicho, ¿no? Lo de... por el culo —hace un movimiento un poco gráfico con la punta de la cola
—¡Yo no lo dije! Y no entiendo que tiene que ver el c… esa… parte del cuerpo con ¡nada que estemos hablando!
—Pues con el sexo si que tiene que ver, los hombres no tienen el agujero que tienen las mujeres
—¿Agujero? —Azirabelle parpadea.
—¿Sí sabes cómo funciona el sexo? —Le mira no muy seguro de eso.
—Ehhh…. Sí. U-Un hombre y una mujer que se quieren…
—Pfff —le interrumpe, riéndose.
—¿Que? —frunce el ceño por las burlas, pero ocultamente está un poco aliviado de no haber tenido que explicar mucho más.
—El amor no tiene nada que ver en esto. Ya no eres un niño como para pensar que...
—No, ¡soy un adulto! ¡Sé lo que tengo que saber!
—¿Sabes lo que es una... Prostituta?
—Uhh… sí, sí sé lo que es —aprieta los ojos—. Pero no entiendo que tiene que ver una… mujer así con la otra parte de la anatomía.
—Nada, eso tiene que ver con lo que decías del amor.
—Ahhh! Bueno, pero en un… ideal. Esto es pervertir la actividad.
—¿Por?
—Pues… porque hacer eso para hacer una familia, es un asunto. Lo demás…
—Una... familia —repite, un poco incrédulo—. ¿Y qué hay de... ya sabes, las... necesidades?
—¿Necesidades…? ¿Como de ir al baño? ¿qué tiene que ver con lo otro?
—Pues no la de ir al baño. La... sexual. Pues ¿de qué estamos hablando si no, Azirabelle? —protesta sin mirarle.
—Ohh… ese asunto —se sonroja un poco más—. Pues para e-eso tiene… u-uno una esposa
—¿Y si no? —le mira de reojo.
—Pues si no, no… No.
—¿Nada... nada? —levanta las cejas, el horror.
—Nada. Pues… no. Nada ¿Cómo va a… Ser algo?
—Hombre...
—Así es la vida, dura. Hay que acostumbrarse a ello —tan sacrificado tú.
—Pues sí lo es, pero no como para que no puedas al menos hacerte un favor a ti mismo. No estoy seguro del todo de cómo funciona con un humano, pero…
—¿Cómo funciona con una serpiente? —le mira.
—¡No te voy a explicar cómo...! —chilla, si pudiera, se sonrojaría.
—Ah, así que si se trata de incomodarme a mí está bien, pero si se trata de incomodarte a ti, no —protesta frunciendo el ceño.
—¿Por qué crees que esto no me incomoda a mí también? —protesta de vuelta, frustrado.
—¡Porque pareces súper cínico! —le acusa.
—¡No soy súper cínico! Solo ¡no me creo que pienses esto que dices de que, sin una mujer, nada de nada! —insite.
—P-Pues es que no está bien —Azirabelle baja la mirada a su copita.
—Así que lo haces con culpa —deduce.
—Ehhhh —vacila, atrapado.
—Oh, Azirabelle! —le riñe, muerto de risa—. Es usted un bribonzuelo —le imita un poco el tonito.
¡Ugh! Azirabelle se SONROJA, apretando los ojos y Croulieau se ríe con eso porque es que mira que cara pone.
—N-No…. No, no soy… ¡no es verdad! —chiiiiilla.
—Oh, claro que sí, pero no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo —le sonríe.
—No, no. No. ¡No es ningún secreto!
—Oh… ¿Es algo público? —levanta las cejas.
—¡NO! ¡no se lo puedes decir a nadie! —vuelve a chillar súper avergonzado y escandalizado.
Croulieau levanta las cejas y se ríe, divertido.
—¡No pongas esa cara! —se queja, HISTERICO.
—Lo que pasa es que... todo el mundo lo sabe. O al menos se lo imaginan.
—¿Qué es lo que saben? —se tapa la cara y le mira entre los dedos.
—Pues que tú… que lo haces —gestito con la cola.
—¿¡Por qué lo van a saber?!
—Pues... lo suponen. Todo el mundo supone que todos los demás lo hacen. Es... cómo un acuerdo tácito.
—¡Nadie piensa en eso! —chilla, porque está super tenso y piensa que se refiere a hacerlo… con un hombre.
—Oh, claro que sí. Todo el mundo piensa en eso todo el tiempo una vez llegan a la pubertad.
—¡No es verdad!
Croulieau le hace una mirada.
—¡Ugh! —aprieta los ojos, sonrojado —. Eso implica que ellos también lo hacen. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra —sigue protestando.
—Exacto. Es un acuerdo tácito entre toda la humanidad —asiente.
—¿Te lo parece? —parpadea y lo mira, porque no del todo esperaba esa respuesta.
—¡Sí!
—¿Ha-Hablas de esto con alguien? —cambia el tema, pensando en ello—. Pareces… Ser capaz de hablar de esto con mucha gente
—Uhm, más o menos... —piensa que más bien oye a los muebles hablar de ello y quejarse de tener las zonas erógenas inaccesibles, además de que muchas veces han intentado tener prácticas sexuales entre ellos de maneras raras y no siempre en la intimidad.
—Yo nunca había hablado de esto con nadie —admite, bajando la cabeza.
—¿Por qué no? —inclina la cabeza.
—Jamás había tenido con quien—le mira.
Croulieau e hace un pucherito un poco burlón pero la verdad es que está gritando por dentro, así tipo… AAAAAAAAAAAAAAAH!
—¡P-Pues nunca lo había hecho! —Azirabelle se sonroja.
—Quizás deberías —propone.
—¿C-Con… contigo? —le mira.
—P-Pues... ¿por qué no? —le mira de vuelta.
—Pues…. N-No sé. No somos tan a-amigos —desvía la mirada.
—Eso de hecho... a veces ayuda. Alguien que no te conoce tanto tiene menos expectativas o prejuicios.
—A-Aun así, creo que…. Es una conversación incómoda.
—¿Pues qué es lo que vas a contarme? —le mira, porque sinceramente se le ocurren MUCHAS COSAS RARAS después de ver la los muebles y sinceramente no está seguro de estar preparado para oírlas y hablar del tema.
—P-Pues… N-No pensaba contarte mucho, sinceramente —le mira de reojo.
—No es de cantidad, creo.
—¡T-Tampoco de calidad! —protesta.
—¿Entonces?
—Yo no he dicho que quisiera a hablar de nada —se tapa la cara—. ¿Tú vas a contarme?
—¿Contarte qué? —pone los ojos en blanco.
—¡Pues eso!
—Eeeeh... —vacila—. Te contaré lo que tú me cuentes.
—No, tienes que empezar tú.
—¿Yo? ¡Tú eres el que ha dicho que quería decir algo! —protesta.
—¡No he dicho nada! —protesta refiriéndose a que él no ha dicho que tuviera algo que decir.
—Exacto —responde refiriéndose a que de lo que tiene que decir no ha dicho una sola cosa aún.
—¡Exacto!
—Espera, creo que tu "exacto" y el mío no son el mismo "exacto".
—P-Pues… e-es muy probable —Azirabelle vacila, sin estar muy seguro de que debería decir
—Bueno, vas a decir algo o no —el HISTERICO. Croulieau le mira fijamente.
—¿Entonces? —decide mejor cambiar de tema.
—¡Eso no es decir algo! —protesta otra vez.
—¡Es decir "entonces"!
Ojos en blanco.
—Es difícil hablar del tema, ¿vale? —Azirabelle se sonroja —. ¡Vas a reírte seguramente!
—¿Por qué iba a reírme?
—¡Yo qué sé!
—¡Pues tú lo has dicho! ¡por algo lo habrás dicho!
—¡No sé cuáles serían tus motivos, pero seguro encontrarías unos!
—Algunos pensaras que hay o no lo estarías diciendo.
—La gente suele encontrar algún motivo.
—Más bien tú eres el que los encuentra —ojos en blanco porque empieza a estar harto y ya casi ni se acuerda de que era lo que le tenía que decir.
—Vale…. Vale. Vale. Sí, s-sí que lo hago —Azirabelle se humedece los labios.
—¿Haces qué?
—Cómo que… ¿Qué? —Azirabelle parpadea.
—Pues que... ¿qué? ¿qué es lo que haces?
—Pues que… ¡¿de qué?! —Azirabelle le mira un poco desconsolado solado sin saber si esto es… peor que reírse.
—Vale. ¿Sabes?... Vale. No quieres contarme nada, en ningún momento has siquiera pretendido, me queda claro —se baja de su butaca, molesto.
—P-Pero si te lo acabo de contar… —susurra Azirabelle.
—Pues mejor cuéntame cuál es mi cuarto —replica, frunciendo el ceño. Azirabelle le mira unos segundos y luego baja la mirada hacia sus manos.
—T-Te lo mostraré… —murmura.
Croulieau se va hacia las escaleras. Azirabelle no le sigue por unos instantes, apretando los ojos. Ugh!
—M-Me gustan los hombres —sentencia el rubio de golpe.
Croulieau se paraliza con eso en las escaleras y luego se gira a mirarle.
Azirabelle vacila, en PA NI CO repentino y la serpiente va a encontrarle huyendo hacia la cocina a te rro ri za do sin saber por qué ha hecho eso.
—Mmm... —la serpiente se lo piensa—. Nunca he encontrado a uno que me atraiga, pero supongo que podría pasar.
Vasaaaale, vaaaale. Se queda ahí, a la mitad del arco de la puerta, sin estar seguro de que ha oído bien. ¿Ha dicho supongo que no podría pasar? ¿O que sí podría pasar?
—Digo, tampoco es que haya tenido oportunidad de conocer a mucha gente —añade.
—E-Es… ¿e-eso lo que piensas? —pregunta sin atreverse a girarse cara a él aún.
—La verdad, a veces pienso que... —se sonroja un poco y vacila con eso porque admitirlo no es muy cool—. Bueno, no, nada. E-Eso.
—¿Qué piensas a veces? Dime, por favor —Azirabelle de gira hacia él, con la boca un poco abierta, en tensión.
—Eh...No, bueno. O sea... no importa —vacila—. Lo que digo es que no veo porque no pudiera pasar. O sea, entiendo la incomodidad en cuanto al tema sexual, pero una persona es más que solo su cuerpo.
—¿T-Te parece que… n-no? —inclina la cabeza—. ¿Que una persona n-no solo es el tema sexual? E-Eso ya es algo. N-Nunca le había dicho esto a nadie.
—Pues eso espero. Mírame a mí, yo soy una serpiente —se señala a si mismo—. Como no sea así estoy jodido.
Azirabelle sonríe un poco con eso, relajándose casi instantáneamente porque no… había notado que podía compararse.
—Además... —aprieta los ojos porque siente que tendría que decirle algo así con mucho peso como ha hecho él, pero es que no se atreve—. Bueno. O sea... ¿Te sientes mejor habiéndolo soltado?
—No me siento peor…. No. Aunque aún tengo miedo, no puede saberlo nadie.
—Nadie iba a creerme de todos modos —se burla un poco.
—¿Te estás… burlando de mí? —Azirabelle le mira entrecerrando los ojos.
—Pues a ver, no voy a decir que ya lo sabía, pero un poco evidente sí era.
—¿E-Evidente?
—Pues por como hablas y te vistes y... todo eso. Ya sabes, así como... de manera amanerada.
—¿¡Amanerada?! No hago nada de manera… De… Bueno, ¡eso es igual! —ojos en blanco —. No sé por qué les irrita tanto.
—¿Irritar? —Le mira de reojito y sonríe de lado.
—Sí, a todo el mundo parece irritarle.
—Supongo que suena un poco ridículo —se encoge de hombros.
—No suena ridículo, solo me gusta hablar con propiedad y corrección —explica de manera un poco altiva y ridícula.
—Mi guisti hiblir quin pripiidid y quirricciín —le imita con voz burlona.
—Pues lo hace, ¡aunque te burles! ¡Te dije que te reirías de cosas! —protesta.
—No es como que no me vaya a reír nunca más —se defiende.
—Nunca más, JAMÁS. Cualquier risa, será…. Concebida como una burla sobre este tema —sonríe, molestándole.
—Pues prepárate a que me burle algunas veces más —le mira de reojo.
—¡Ojalá no lo hicieras!
—Pues es que nunca más parece un poco drástico —ojos en blanco, pero sonríe.
—Drástico pero real—Azirabelle se ríe un poquito.
—Entonces ¿estás enamorado de tu amigo, el cazador?
—QUOIII?! —chilla, incrédulo, haciéndole reír—. Ni es mi amigo, ni mucho menos estoy enamorado de ÉL. NO te rías, ¡esto es súper serio!
—¿Te has imaginado como debe ser acostarte con él? —se plantea.
—¡Desde luego que no! —tan indignado.
—¿Por qué no? —inclina la cabeza.
—¿Por qué sí? —le mira, arrugando la nariz.
—No sé. Es... divertido supongo —se encoge de hombros.
—Es MUY difícil imaginar esto con él, es ¡verdaderamente insoportable! ¡No me escucha! Imaginare… haciendo ESO —aprieta los ojos porque maldita sea, sí se lo está imaginando.
—Parece que podría tener gracia someterle un poco —propone.
—¿Por la fuerza? ¿Tú le has visto los brazos? —le mira un poco incrédulo.
—Es una fantasía, podría estar atado —se encoge de hombros.
—Lo que me apetecería es…. Callarle a la fuerza —da un golpe con el puño en la palma de la otra mano.
—Eso vale también —sonríe.
—No me parece algo sexual. Me parece más bien algo de alguien desesperado porque ¡de verdad no le soporto! Es un…
—¿Y con quién sí te has imaginado?
—Ehh…. ¿C-con quién lo imaginas tú? — Azirabelle se sonroja porque siempre lo hace con gente… aleatoria. Escritores a los que admira o personajes de libros.
—Con todo el mundo. Luego me quedo con lo que me gusta —sentencia.
—Todo el mundo…. ¿T-Todo el mundo? —levanta las cejas.
—Tú incluido, si es lo que estas preguntando —no le mira, porque no le van a decir a él que no tiene huevos, pero tampoco es como que admitir esto sea fácil.
Azirabelle abre la boca porque pareciera que…. Le leyó la mente.
—Y debo decir que también me dan ganas de hacerte callar a la fuerza —añade.
Abre más la boca aún.
—Aunque a veces parece que no se me da tan mal —sonríe burlón de la cara que pone e igual se sonroja porque sigue gritando por dentro por estar diciendo todo esto, intentando verse tranquilo y cool.
—Ugh…. ¿Por qué querrías callarme? —susurra.
—Eres bastante insufrible —y así coqueteamos por aquí, por lo visto. Aún está teniendo sudores fríos con esto.
—¿¡Insufrible por qué?! ¿¡Qué hice insufrible!? —tan indignado.
—Que no hiciste más bien es una lista más corta —se encoge de hombros.
—¡Venga ya! —vuelve a protestar—. Bueno, igualmente ¿qué cosas son las que te molestas tanto, o las que no te molestan? —Azirabelle se cruza de brazos.
Croulieau le señala de arriba abajo con la cola y sonríe
—Como si tú fueras tan agradable —Ojos en blanco.
—La diferencia es que yo no pretendo serlo.
—Y-Yo…. Yo… —Azirabelle se sonroja—. No pretendo.
—Ahora resulta que no.
—Lo soy —aclara.
—Seguro —responde sarcástico.
—¡Que sí! ¡Y tú opinión no nos importa! —protesta.
—A ti y ¿a quién más? —Se ríe.
—A mí y… a mí y a nadie en este aspecto, mi opinión es la importante, ya que es sobre mi —levanta la nariz.
—¿Y eso qué?
—Y si yo no tengo buena opinión de mi ¿quién la va a tener?
—¿Yo? —propone.
—¿¡T-Tú?! —Azirabelle se sonroja—. ¿T-Tienes buena opinión de mí?
—T-Tal vez, en… algunas cosas —se encoge de hombros sin mirarle
—¿Como cuáles? —Le mira intensamente con eso
—Seguro tienes bonita letra —propone como la cosa más insulsa que se le ocurre.
—Obviamente, sí —frunce el ceño.
—Eso es algo bueno —le recuerda, al ver que pone esa cara.
—Si no has visto mi letra no puedes tener buena opinión sobre ella —Azirabelle le mira intensamente.
—Eeeeeeh —Atrapado. Porque... sí ha visto antes su diario. ¿O no lo era? —. Solo tienes pinta de ello.
—Y ¿eso es lo que te… hace tener buena opinión?
—Es algo bueno —repite. Azirabelle hace una mueca—. También eres bastante inteligente —añade en un murmullo.
—¿Te lo parezco? —Azirabelle levanta las cejas.
—No lo estropees —le mira de reojo.
—Vaaaaale —Azirabelle sonríe un poquito, igual sin notarlo.
Croulieau le mira de reojo y se sonroja un poco al notarlo.
—Ehm… ¿quieres ver tu cuarto, e-entonces? —cambia de tema y la serpiente asiente—. Te lo muestro…. —se acerca a las escaleras con él detrás—. E-Es el cuarto de Muriel.
—Supongo que así podré conocerla mejor.
—¡No hagas cosas raras o te tendré que dejar mi cuarto!
—¿Cómo cuáles?
—Cosas raras en su cuarto.
—¿Qué entiendes por cosas raras?
—Cosas RARAS en su cuarto. Sucias
—¿Sí sabes que seguir repitiendo "cosas raras" no va a explicarme de qué hablas?
—Tocar sus cosas para cosas que no son, por ejemplo.
—¿No puedo peinar mi hermosa cabellera con su peine? —se burla.
—Pues… Al menos peinar tu hermosa cabellera con su peine implicaría hacer algo para lo que está destinado el peine.
—Salvo por mi absoluta y total falta de cabellera —se señala la cabeza con la cola. Azirabelle parpadea mirándole y notando que… tiene razón.
—Bueno, entonces ¡no lo harás! Mejor. A nadie le gusta que toquen sus cosas.
—Ni siquiera sé qué te estás imaginando —se ríe.
—¡Cosas!
—¿Sexuales?
—Uuuuuugh!
—Pues es que no hay más explicación para todos esos gritos.
—Eso es JUSTO lo que no quiero que hagas.
—¿Tan difícil era decirlo?
—¡Si!
—Ojalá no me imaginarias haciendo cosas sexuales.
—No te estoy… ¡ugh! —ahora lo está.
—O hazlo, yo qué sé. Mejor te dejo a solas con esa idea —va para meterse al cuarto de Muriel.
—Ugh! Croulieau! —protesta apretando los ojos y dejándole hacer, yendo hacia su cuarto, sonrojado.
Croulieau se hace bolita en la cama de Muriel, metiéndose dentro de las sábanas y oliéndolas con profundidad porque va a tener que acostumbrarse a este olor.
Azirabelle se queda con los ojos MUY abiertos en su cama porque ¿QUÉ ACABA DE PASAR CON CROULIEAU? ¡Siempre tienen conversaciones muy raras! Bueno, no será lo peor ser buen amigo de su cuñado… pero es que… aprieta los ojos en su cama recordando que le ha DICHO que le gustan los hombres. Ugh ugh ugh
La serpiente suspira, pensando que... le ha dicho que le gustaban los hombres. Qué raro era este hombre. Aunque... tampoco era el primero que conocía así, pero anda que no les decían cosas raras a Hastur y Ligur a sus espaldas.
La verdad es que no se imagina él diciéndole algo así a nadie. Se va a dormir pensando en eso y va a acabar teniendo frío y despertándose de madrugada.
