Episodio 6
Era entre semana cuando Cruz llegó al centro deportivo para entrenar. Al estacionar su auto, notó que el coche de su mentor estaba mal estacionado.
-¿Habrá tenido prisa? -Pensó con extrañeza.
Entró al edificio y, como de costumbre, saludó a todos con una sonrisa y unos "buenos días" antes de dirigirse directamente a la oficina de McQueen. Tocó la puerta, pero no obtuvo respuesta. Insistió una vez más y, al no recibir señal alguna, decidió abrirla.
Apenas cruzó el umbral, un fuerte aroma a alcohol la golpe de inmediato. En el sofá, boca abajo, estaba su mentor, con varias latas de cerveza vacías a su alrededor y una botella de licor.
-¿Qué sucedió aquí? -Murmuró, preocupada.
Se acercó y lo sacudió suavemente.
-Sr. McQueen, ¿se encuentra bien?
-Mmm... déjame en paz. -Murmuró él con voz pastosa.
-¡Despierte!
-Cruz, déjame en paz... es temprano.
-Son las diez de la mañana.
-Sigue siendo temprano. -Respondió con pereza, acomodándose nuevamente en el sofá.
Cruz no podía creer lo deplorable que se veía. Algo grave debía haber pasado para que McQueen terminara en ese estado. Sin decir más, salió de la oficina, subió a su auto y condujo hasta una tienda cercana. Minutos después, regresó con un café, medicinas, electrolitos y un sándwich.
-Sr. McQueen, ¡despierte! -Insistió, sacudiéndolo con más fuerza. -Ya es de día y tenemos entrenamiento.
Él rubio soltó un gruñido y abrió un ojo.
-No vas a dejar de molestarme hasta que me levante, ¿cierto?
-Asi es.
-Bien... -Con un suspiro resignado, se incorporó y se revolvió el cabello antes de quejarse en voz baja.
-Tome.
Cruz le entregó la medicina junto con la botella de electrolitos, y él las tomó en silencio, sin mostrar ninguna objeción.
-¿Qué pasó? ¿Por qué bebió tanto?
McQueen bajó la mirada y suspiro.
-No quiero hablar de eso.
-¿De verdad es algo tan malo?
Él hizo un puchero y, de repente, sus ojos se llenaron de lágrimas.
-¡Sally y yo terminamos!
-¿¡Qué!? ¿Por qué?
-Porque soy un tonto...
-No creo que sea solo por eso. ¿Quiere contarme qué pasó?
-No.
-¿Por qué no regresa a casa y descansa?
McQueen negó con la cabeza.
-Porque ir al departamento me recuerda a ella... su aroma... ¡snif! ...todavía sigue ahí. -El rubio comenzó a llorar de nuevo, y Cruz, en un gesto de apoyo, empezó a frotar su espalda suavemente.
-¿Por eso durmió aquí?
-Siiiiiii...
-¿Su ruptura sucedió ayer?
-Fue antier en la noche. Ella se fue al pueblo y yo intenté sobrellevarlo, pero... -McQueen pateó una de las latas vacías y guardó silencio por un momento. -Soy un desastre. Ayer no pensé en nada y solo se me ocurrió ahogar mis penas en alcohol.
-Entiendo. ¿Está seguro de que no quiere hablar de esto?
-Solo quiero estar solo. Será mejor que me vaya a un hotel unos días.
-¿Por qué no se queda en mi casa?
Él la miró con gratitud, pero nego con la cabeza.
-Gracias, Cruz, pero no quiero incomodarte.
-Le aseguro que no será incómodo. Es mejor que tenga compañía, así evitará caer en la tentación de volver a beber.
-Tal vez tengas razón, pero prefiero ir a un hotel.
-Entonces déjeme llevarlo. Si quiere, puedo pasar por algo de ropa y otras cosas a su departamento.
McQueen le dedicó una leve sonrisa.
-Eres realmente amable.
-Estoy para lo que necesito. -Respondió Cruz, devolviéndole la sonrisa.
Después de dejar a su mentor en un hotel cercano, la castaña se dirigió al departamento de él para recoger algunas cosas. Mientras recorría la sala, no podía evitar que su mente divagara en la inesperada ruptura. ¿Cómo era posible que, después de tantos años juntos, todo terminara de la nada? ¿Había sido la monotonía? ¿La distancia? ¿O quizás... alguien más?
Inconscientemente, una sonrisa se dibujó en sus labios. Su corazón latía con emoción. ¿Era esta la oportunidad que había estado esperando? La posibilidad de estar con él, de acercarse más… Pero, ¿sería capaz de aprovecharla? ¿No era demasiado egoísta o precipitado intentar conquistarlo ahora?
Su mente era un caos de emociones encontradas. Necesitaba hablar con alguien, y entonces recordó que Storm ya sabía su secreto. Sin pensarlo dos veces, tomó su móvil y le envió un mensaje.
"Necesito verte. ¿Puedes?"
Con un suspiro, guardó el teléfono y terminó de recoger las pertenencias de McQueen. Luego, sin más demora, salió rumbo al hotel para entregarle sus cosas… y pasar un rato con él.
~§~
Storm aprovechaba su descanso tras una intensa rutina de entrenamiento. Secó el sudor con una toalla, abrió una botella de agua y bebió un largo trago antes de tomar su móvil. Apenas desbloqueó la pantalla, una sonrisa ladina apareció en su rostro al ver el mensaje de cierta chica.
Sin dudarlo, respondió con un simple "Sí", seguido de una pregunta:"¿A qué hora?"
-¿Por qué sonríes como un tonto? -Preguntó Ray, mirándolo con sospecha.
Él joven se sobresaltó y por poco deja caer el teléfono.
-Que te importa.
Ray entrecerró los ojos, analizando su reacción.
-Estás hablando con alguien que te interesa, ¿cierto?
Storm bufó y desvió la mirada.
-¿No deberías estar haciendo otras cosas en lugar de estar espiandome?
-Oh, sí, definitivamente estás hablando con alguien que te gusta. Tengo buen ojo para estas cosas. Anda, dime, ¿quién es?
-No te voy a decir nada. ¿Acaso no conoces el concepto de privacidad?
Ray sonrió con malicia.
-No tengas pena… ¿acaso es un hombre?
-¿Y si lo fuera, qué?
-No pasaría nada, no soy de los que juzgan... pero eso explicaría muchas cosas.
-¿A qué te refieres?
-Pues nunca te he visto interesado en ninguna chica. No hablas de ellas, no tienes citas, siempre rechazas a Laura y ni siquiera quisiste salir con Natalie Certeza, y ella sí que es un bombón.
Storm le dedicó una mirada seria.
-Me voy a casa.
-¡Oye, espera! ¿Estás molesto?
Él joven no dijo nada, simplemente salió del lugar y se dirigió a su casa para darse una ducha y comer algo. En ese transcurso, Cruz le respondió pidiéndole que se vieran en media hora el parque donde solían entrenar juntos de vez en cuando. Con una sonrisa ligera, Storm tomó sus llaves y se preparó para salir.
Cuando llegó al parque, estacionó el coche y se recostó contra el asiento unos segundos, intentando calmar los latidos acelerados de su corazón. Que Cruz le pidiera verlo así, sin previo aviso, lo inquietaba... pero sobre todo, lo emocionaba.
Bajó del coche, comenzó a caminar y, muy pronto, la vio esperándolo bajo un árbol, balanceándose ligeramente sobre sus talones con una sonrisa radiante. Vestía ropa deportiva y llevaba el cabello recogido en un molinete, un detalle simple, pero que de alguna manera la hacía ver aún más encantadora
Ella, al verlo, le regaló una sonrisa deslumbrante, haciendo que a Storm le diera un vuelco el corazón. Ahora le fascinaba la manera tan atenta y enérgica en que lo recibía.
-¿Por qué estás tan feliz? -Preguntó, sin poder ocultar su propia emoción.
-Porque hoy sucedió algo increíble. -Su voz rebosaba entusiasmo.
-¿Por fin McQueen te pidió una cita? -Bromeó, intentando sonar sarcástico para ocultar su nerviosismo.
Cruz rió suavemente.
-Aún no... Pero podría suceder.
-¿A qué te refieres? -Habló confundido.
-Él y Sally terminaron.
La sonrisa se desvaneció de su rostro. Lo había dicho solo para fastidiarla, nunca imaginó que fuera cierto.
-¿No te parece increíble? -Preguntó Cruz, dando un pequeño salto de emoción.
-No. -Su respuesta salió más seca de lo que esperaba.
-¿No? ¿Por qué?
No podía contar la verdad. No podía admitir que le dolía verla tan ilusionada por otro. Así que evadió la pregunta.
-¿Por qué terminaron? -Logró preguntar, esforzándose por sonar despreocupado.
-No quería decirme y tampoco quería presionarlo ya que es reciente la ruptura.
-Y nos has pensado que tal vez no te dijo porque la engañó.
-¡Él no sería capaz! -Cruz lo defendió sin dudar.
-¿Cómo lo sabes?
-Estoy seguro de que fue por otra razón.
-Tal vez algo peor…
La castaña lo miró con seriedad, pero él solo sonrió en forma divertida.
-Bueno, ¿para qué querías verme?
Ella vaciló un instante antes de responder.
-Quería escuchar tu opinión... ya que eres el único que sabe que me gusta. -Murmuró Cruz, mirándolo con una vulnerabilidad que hizo que el corazón de Storm se acelerara.
Él apartó la mirada, esforzándose por controlar sus emociones.
-¿Para qué quieres mi opinión? -Preguntó en un tono más serio de lo que pretendía. ¿Acaso no estás más que decidida?
Hubo un silencio y Cruz bajó la mirada, jugueteando con sus manos.
-Tienes la oportunidad y no sabes si tomarla, ¿cierto?
Ella dudó, pero luego levantó la cabeza con determinación.
-Oh, sí, claro que la tomaré. Entraré en su corazón y me quedaré ahí como si fuese colesterol.
Storm parpadeó y luego rió ante la absurda comparación.
-Eso se queda en las arterias… y es malo.
-Es un decir. Además, si estoy a su lado en este momento difícil, él me notará y empezará a sentir algo por mí.
-Eso solo haría que te corresponda por agradecimiento.
-En algún momento eso cambiará y me amará.
-Cruz, las relaciones no funcionan así.
-Claro que sí.
-Si haces eso, estarías siendo egoísta y manipuladora. -Dijo con firmeza. -¿Qué pasará si él decide buscar de nuevo a Sally? ¿O si ella intenta volver a su vida?
-Lo evitaré.
Storm la observó fijamente antes de soltar una carcajada.
-Estás realmente loca. Pero bueno, éxito en tu intento de conquista. La necesitarás. Y por cierto… un clavo no saca a otro clavo.
Storm se dio media vuelta y se retiró sin decir más.
Cruz lo observó marcharse, sintiendo un sabor amargo en la boca. Sus palabras seguían resonando en su mente. Sabía que tenía razón, pero… esta era la oportunidad que había estado esperando con ansias.
-Me arriesgaré. Lo voy a intentar.
Con esa determinación, se dirigió a casa, tomó una ducha y decidió comprar algo de comida antes de ir a ver a McQueen a su hotel.
~§~
El fin de semana había llegado, y la escudería Dinoco trabajaba en Boxes afinando los últimos detalles para la carrera.
Cruz, motivada por su plan, decidió dar el primer paso para conquistar a su mentor. Ese día hizo algo poco habitual en ella: se maquilló ligeramente, dejó su cabello suelto y adoptó una actitud más coqueta. Aún que eso último no solía salirle muy bien.
-¡Hola, sr. McQueen! -Saludó con una sonrisa radiante.
McQueen levantó una ceja y la miró con curiosidad.
-Hola, Cruz. Hoy estás… distinta. ¿Te cortas el cabello?
-Sí… algo así. -Respondió con un leve tono de coquetería. -¿Cómo está? ¿Se siente mejor?
El rubio esbozó una sonrisa amarga y bajó la mirada.
-Digamos que estoy bien… Mantenerme ocupado con el trabajo me ayuda a distraerme. Además, tú me has apoyado bastante. -Levantó la vista y la miró con sincera gratitud. -De verdad, gracias. Eres una gran amiga.
"Amiga." La palabra retumbó en su cabeza como un golpe. Cruz forzó una sonrisa, ese comentario le había dolido, Pero sabía que tenía que esforzarse para cambiar esa palabra.
-No tiene que agradecerme. Para mí es un placer apoyarlo.
Se acercó un poco más y lo miró fijamente, pestañeando un par de veces de manera intencionada.
McQueen frunció el ceño.
-¿Tienes algo en los ojos?
-No. ¿Por qué lo pregunta?
-Es que estás parpadeando mucho.
-Oh… creo que hay mucho viento.
-Aquí no hay viento. -El rubio la observó con sospecha. -Estás actuando raro. No me digas… ¿estás nerviosa?
-¿Cómo?
-Sí, sueles actuar extraño cuando estás nerviosa.
-Oh… sí, un poco.
Él rubio le tomó las manos con suavidad.
-Ánimo, Cruz. Te irá muy bien. Solo respira y concéntrate.
Ella cerró los ojos, inhaló profundamente y luego exhaló despacio, tratando de calmar el torbellino de emociones en su interior. Se sintió feliz y nervioso por la cercanía de su mentor, pero, de pronto, una voz familiar irrumpió en la escena, haciendo que McQueen la soltara y desviara su atención.
-¡Amigo, me acabo de enterar, no puedo creerlo! ¡Estoy amonadado!
-Mate, llegas tarde… y es anonadado. -Corrigió McQueen.
-Je, je… lo siento. Ya sabes, Holley está de vacaciones y he estado con ella. -Suspiró el de ojos verdes. -Es maravilloso poder pasar tiempo con el amor de tu vida.
Cruz abrió los ojos de par en par y empezó a hacerle señas desesperadas a Mate para que se callara, pero él no la vio. Viendo que no funcionaba, carraspeó con fuerza, intentando llamar la atención de ambos hombres y cambiar de tema.
-¡Hola, damita! Te ves distinta. ¿Te depilaste el bigote?
-¿Qué? -Cruz lo miró incrédula.
-Es broma. Te ves bien. Tu corte de cabello se ve genial.
La joven frunció el ceño. ¿Cómo era posible que ninguno notara que solo se había arreglado un poco?
-Amigo, ¿estás bien? -Preguntó Mate, esta vez con un tono más serio, intentando retomar el tema.
-Digamos que sí. Lo que quiero saber es cómo está ella… Los chicos están molestos y no quieren decirme nada. -McQueen bajó la mirada, cruzando los brazos con gesto triste.
-Yo te lo averiguo. -Mencionó su amigo, sacando su móvil.
Cruz reaccionó de inmediato, tomando la mano de Mate para detenerlo.
-Sr. McQueen, creo que ambos necesitan más tiempo. Ya sabe, enfocarse en otras cosas, distraerse, conocer gente nueva o salir con amigos.
-Esa es una gran idea. -Secundó Mate con entusiasmo.
McQueen se sobó la nuca, pensativo.
-Creo que tienes razón. Esta noche saldremos, así que gana la carrera y así tendremos un buen pretexto para ello.
La sonrisa de Cruz se amplió, y esa pequeña muestra de apoyo la llena de determinación para luchar por el primer lugar.
-Ganaré por usted. -Afirmó con determinación.
~§~
Durante dos meses, Cruz se había dedicado por completo a McQueen. Se aseguraba de estar ahí en los momentos difíciles, de hacerlo reír cuando parecía decaído y de apoyarlo en cada carrera. Su plan era claro: convertir esa amistad en algo más. Pero algo le molestaba y era que, a pesar de todos sus esfuerzos, nada había cambiado. El rubio seguía tratándola como siempre, con cariño y cercanía... pero solo como una amiga. Cruz se repetía que debía ser paciente, que él aún estaba sanando su corazón roto. Pero cada vez que él la llamaba "amiga" o le daba una palmada en la espalda de manera fraternal, su corazón se contraía dolorosamente.
-¿Cuánto tiempo más debo esperar para ver un mínimo de interés? -Murmuró para sí misma.
-Podrían ser años.
Cruz se sobresaltó. Se giró y se encontró con Storm demasiado cerca.
-¿Qué haces aquí?
-¿No es obvio? -Respondió él con una sonrisa.
Ella notó su ropa deportiva y comprendió.
-Ah, claro. Viniste a correr.
-Claro, me mantengo en forma para seguir derrotándote en la pista.
-¿No te queda un poco lejos de casa y del centro de entrenamiento?
-Sí, ¿y? Pero el parque es bonito, y a esta hora no hay mucha gente. -Mencionó el joven con naturalidad. No iba a admitir que, de vez en cuando, iba allí con la esperanza de encontrarse con ella.
-Tienes razón… -Murmuró, bajando la mirada.
Storm la observó con atención.
-Por tu cara, diría que tu plan no está funcionando.
Cruz se frotó el brazo con incomodidad y optó por no responder.
-Jackson… ¿puedo preguntarte algo?
-Si.
-¿Cómo notas si le gustas a alguien?
Él parpadeó, claramente tomado por sorpresa. Levantó el brazo y se frotó la nuca, un poco nervioso, mientras desviaba la mirada.
-Bueno... ehm... esa persona te mira de forma distinta, quiere pasar tiempo contigo y busca cualquier excusa para verte. Se pone celosa si te ve con otro chico...
Cruz abrió los ojos de par en par y lo miró fijamente.
-¡Eso es!
-¿Qué cosa?
El rostro de la joven se iluminaba con entusiasmo, mientras Storm levanto la ceja en forma de confusión.
-Si logro que sienta celos, sabré si hay interés en mí. Y tú me ayudarás.
Él se sorprendió por su propuesta.
-Espera… -Soltó una carcajada. -¿Quieres usarme para darle celos al anciano? -Se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendido. -Eso suena terrible… -Entonces, su expresión cambió a una sonrisa traviesa. -Pero me gusta.
-¿Entonces aceptas?
-Por supuesto. -Se acercó a ella y su sonrisa se mostró en forma maliciosa. -Pero si vamos a hacerlo… lo haremos bien.
Cruz sintió un escalofrío recorrer su espalda ante la intensidad en sus ojos.
-¿A qué te refieres?
-Ya lo verás el fin de semana. -Storm se dio media vuelta y empezó a alejarse. -Ahora ponte a entrenar y concéntrate… últimamente es demasiado fácil ganarte.
La joven lo vio marcharse, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo.
-Ahora que lo pienso, ya no sé si esto es una buena idea.
~§~
El día del plan finalmente había llegado. Cruz, con el corazón latiendo con fuerza, se ocultaba detrás de una pared, observando atentamente a McQueen mientras conversaba con Guido y Luigi.
-¿Qué haces mirando a McQueen como un cachorro abandonado?
Cruz dio un brinco y se giró, encontrándose con Storm a su lado.
-¡No vuelvas a hacer eso!
-¿Hacer qué?
-Deja de aparecer de la nada y asustarme.
Storm soltó una risa divertida al notar el mohín en el rostro de Cruz.
-Tienes la conciencia sucia.
-¡Qué gracioso!
-Entonces... ¿sigues con el plan?
-Si.
-Bien. Entonces dejemos de ocultarnos y sígueme la corriente.
Antes de que pudiera reaccionar, Storm tomó su mano y la llevó a plena vista de McQueen.
-¿Y ahora qué? -Preguntó Cruz, insegura.
Actuamos como si estuviéramos en una conversación agradable. Y cuando él nos ve, empieza el espectáculo. Así que no te asustes si intento algo.
-Hablar contigo no es difícil.
Con un movimiento repentino, Storm posó una mano en su cintura y la atrajo hacia él. La castaña sintió cómo su cuerpo se tensaba ante el calor y la cercanía de él. Había algo distinto en la forma en que la sujetaba.
-¿Esto significa que ya nos vio? -Susurró nerviosa.
Él joven bajó la cabeza hasta rozar su oído.
-Así es. Ahora sonríe... y mírame como si yo fuera lo único en tu mundo.
Cruz sintió su corazón desbocarse, pero se obligó a mantener la compostura, mirándolo con una expresión dulce y coqueta. Storm, por su parte, estaba más que fascinada. Sabía que todo era una farsa, pero no le importaba… iba a disfrutar cada segundo de aquel juego.
-Ahora sí, que comience el espectáculo.
Se inclinó y le susurró algo en voz baja, provocando que Cruz riera con naturalidad, apoyando su mano en su brazo como si fuera lo más normal del mundo. Desde la distancia, McQueen los observaba con el ceño fruncido.
-¿Está funcionando?
-Parece que sí.
Cruz sintió una chispa de satisfacción. Su plan estaba funcionando. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Storm hizo algo inesperado. Se inclinó hacia ella y le dio un suave beso en la mejilla, cerca de sus labios. Ella sintió que su corazón se detenía por un segundo. Su piel hormigueó donde sus labios la habían tocado.
Él se apartó lentamente, sonriendo con diversión.
-¿Fue demasiado?
La voz de Cruz salió temblorosa.
-N-no... estuvo... bien.
Antes de que pudiera decir algo más, McQueen apareció junto a ellos, con expresión molesta.
-¿Interrumpo algo? -Su voz sonó cortante y sus ojos se fijaron en Storm.
Él joven sonrió con suficiencia y colocó un brazo sobre los hombros de la castaña.
-Para nada. Cruz y yo solo estábamos... poniéndonos al día. Ya sabes, hay que fingir bien para la prensa y el público.
McQueen entrecerró los ojos.
-Creo que habíamos acordado que nada de besos. Y suéltala.
-Tranquilo, campeón. Fue solo en la mejilla. Y tampoco veo que ella se queje.
Él rubio chasqueó la lengua, irritado.
-¿Desde cuándo ustedes dos son tan cercanos?
Storm se encogió de hombros con aparente indiferencia, mientras Cruz hacía un esfuerzo por calmar su nerviosismo. McQueen, por su parte, soltó un suspiro.
-Bien, lo entiendo. Pero no te pases de la raya. Cruz, ven conmigo, tenemos algunos pendientes que revisar.
La joven sintió una chispa de triunfo. Había logrado su objetivo: McQueen estaba celoso. Antes de irse, Cruz abrazó a Storm con efusividad.
-Gracias. -Le susurró con una sonrisa radiante.
Él joven sintió un calor subir por sus mejillas.
-Ya vete. -Murmuró con fingida irritación.
Mientras la veía alejarse, él desvió la mirada y exhaló con frustración, preguntándose por qué la había ayudado. Era un completo imbécil.
Después de la carrera el equipo Dinoco estaba de celebración tras conseguir el primer lugar. Entre risas y halagos, Cruz disfrutaba del ambiente.
-¡Eso estuvo increíble, Cruz! -Dijo Ramón.
-Te dieron un punto adicional por la vuelta rápida. -Añadió Luigi.
-Fue muy gracioso cuando adelantaste a Storm justo antes de cruzar la meta. -Mencionó Mate.
-Sei talentosa e veloce. -Añadió Guido con entusiasmo.
-Gracias, chicos. Pero no lo habría logrado sin ustedes. En especial, sin usted, sr. McQueen.
Él rubio la miró con calidez.
-Eres tan dulce. Ven aquí.
La abrazó con fuerza, y Cruz se sintió en las nubes. En ese momento, supo que había esperanza, que algún día sus palabras no serían solo de apoyo o motivación, sino de amor.
-Traigo un poco de mi licor orgánico. ¿Alguien quiere? -Ofreció Fillmore.
-Guarda eso, Fillmore. No queremos que nadie se intoxique. -Gruñó Sargento.
-Bueno, más para mí.
La noche transcurrió entre risas, anécdotas y celebraciones, pero cuando llegó el momento de partir, Cruz notó que McQueen había bebido más de lo habitual. Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas y su voz, aunque firme, tenía ese matiz relajado de alguien que había dejado atrás las preocupaciones.
-Lo llevo a casa. -Se ofreció sin dudar.
En el camino, la conversación derivó inevitablemente hacia Storm, mencionó lo ocurrido antes de la carrera y su supuesta "relación".
-Deberías alejarte de él. -Soltó McQueen de repente, con un tono serio.
Ella lo miró de reojo.
-¿Por qué dice eso?
-Porque Storm no es alguien con quien deberías involucrarte demasiado.
Cruz sintió una mezcla de emoción y desconcierto. Por un lado, los celos implícitos en las palabras de su mentor le provocaban satisfacción, pero por otro, la manera en que hablaba de Storm le resultaba molesta.
-Tal vez parece un arrogante tonto, pero es una buena persona cuando llegas a conocerlo.
McQueen soltó una risa breve y sarcástica.
-¿Storm? ¿Agradable? Me gustaría verlo.
Al llegar a la casa del rubio, él la miró con una sonrisa ladeada y abrió la puerta con un ademán invitador.
-¿Quieres pasar? Podemos seguir platicando.
Cruz sintió que su corazón se aceleraba. Sabía que McQueen había bebido, y eso podía significar muchas cosas… ¿Estaba realmente lista para dar un gran paso si él se le insinuaba?
-Vienes? -Preguntó su mentor, mirándola con calma.
-Está bien. -Respondió con una sonrisa, siguiéndolo adentro.
Mientras cruzaba la puerta, su mente ya imaginaba la posibilidad de despertar entre sus brazos.
