Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es anhanninen, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to anhanninen. I'm only translating with her permission.
Capítulo 15
El festival es una bomba. Compro crisantemos para mi porche delantero, la calabaza gigante y dos coronas: una para otoño que cuelgo enseguida y otra para Navidad que guardo en el garaje. Me sentí tan bien uniéndome al pueblo y hablando con la gente. Esta comunidad es realmente mi hogar ahora.
Puse mis listones en el tablón de anuncios de la cocina junto con los de años anteriores. Nunca antes había traído a casa tres listones dorados. Diablos, el año pasado ni siquiera conseguí uno en la sección de cupcakes.
—Mamá lo hizo bien, Ulises —le digo, reclinándome contra la encimera mientras lo acaricio y admiro mis listones—. El año que viene, traeremos a casa todos los dorados.
Maúlla, y le rasco la barbilla hasta que está satisfecho. Ya casi es la hora de cenar, así que le doy de comer y le pongo un poco de la golosina pegajosa junto a su plato. Es pura droga de gato. Solo un tubo de pasta de atún que le encanta.
Me quito la pistola y la placa, las dejo en la encimera y empiezo a ordenar. Limpio la batidora de Edward, lavo los platos y luego busco algo de comer. Estoy un poco agotada, así que decido pedir pizza. Llamo para pedir una pizza grande de pepperoni y tocino con extra de queso, y dicen que llegará en treinta minutos, así que aprovecho para darme una ducha rápida.
El agujero en mi costado está cicatrizando bien y deberían quitarme los puntos el lunes. Garrett me dijo que llamara a su oficina, pero será más fácil que Edward lo haga.
Me pongo unos jeans negros y una camiseta blanca, dejándome el pelo suelto para que se seque, y luego bajo. Apenas me siento en el sofá cuando suena el timbre y agarro la cartera de la encimera, esperando al chico de la pizza.
Bueno, hay pizza, pero el chico es Edward y no un adolescente.
—Le di propina por ti —dice, entrando y dirigiéndose a mi cocina—. Te ves renovada.
Asiento con la cabeza.
—Una ducha hace maravillas. Te limpié la batidora. No tengo palabras para agradecerte que me la dejaras usar.
Sonríe, abriendo la caja de pizza.
—Puedes pagarme con pizza.
Tomo dos platos descartables del armario y asiento.
—Adelante.
Toma dos rebanadas mientras yo empiezo con una. Tomo las hojuelas de pimiento rojo del armario y, cuando termino, extiende la mano para que se las dé y las vierte sobre sus rebanadas de pizza.
Me sigue a la sala y se sienta al otro lado del sofá.
—Entonces, ¿qué estamos viendo?
Me encojo de hombros.
—Iba a poner Rick y Morty, pero si quieres otra cosa, aquí tienes el control remoto.
Niega con la cabeza.
—No, está bien. ¿De verdad te parece bien perder contra mí?
Me río ligeramente.
—Si me hubieras preguntado eso hace una semana, te habría dicho que ni hablar, pero… los dos hicimos un buen trabajo. Este año, la tuya llamó un poco más la atención de los jueces. Además, siempre está el año que viene.
—Eres bastante sensata con esto. Siendo sincero, nunca pensé que te ganaría, y en el concurso de tartas, además, así que todavía lo estoy asimilando.
—Ahora eres el rey de las tartas, amigo. Prepárate para que la Sra. Cope te pida que hagas unas cuantas para la cafetería.
—Supongo que podría hacer unas cuantas más —dice, dándole un mordisco a la pizza mientras yo hago lo mismo.
Ambos gemimos ante la delicia.
Me sorprende que no se vaya al terminar de comer. Tira nuestros platos y luego se sienta más cerca de mí en el sofá.
—Entonces, ¿todavía me odias? —pregunta.
Niego con la cabeza, mordiéndome el labio.
—Odio no es la palabra que usaría.
—Entonces... ¿te gusto?
Me sonrojo al verlo acercarse.
—Supongamos que sí me gustas. ¿Qué te parece?
—Parece que voy a intentar esto. —Baja la cabeza, atrapando mis labios. No me aparto porque es un beso espectacular, y me encanta cómo sus labios se mueven contra los míos.
Cuando nos separamos, ambos jadeando, le sonrío.
—Me gusta eso.
Se ríe entre dientes.
—Oh, gracias a Dios. Iba a salir de dos maneras: placer o una bofetada. Me alegro de que no fuera una bofetada.
Sonrío con suficiencia.
—Habría sido un rodillazo en los huevos, la verdad.
—Cállate y ven aquí.
Me jala hacia su regazo y nuestros labios se encuentran de nuevo. Es intenso y caliente, y no tengo suficiente. Le desabrocho la camisa mientras sus labios se mueven de forma misteriosa, y él me quita la mía por encima de la cabeza.
Me recuesta contra el sofá y va a por mis jeans, desabrochando el botón y tirándolos para quitármelos. Se quita también los suyos, y luego vuelve a estar encima de mí, besándome desde el cuello hasta el pecho. Su mano roza mi piel sensible y me besa más allá de mi ombligo.
—No es por ser grosero, pero tenía ganas de probar tu pastel.
Me río a carcajadas y me tapo la cara. Qué cursi. Él también se ríe, pero empieza a quitarme las bragas. Cuando su lengua entra en contacto, es como si estuviera viendo las estrellas. Oh, mierda, tiene una lengua muy buena.
No tardo mucho en estar al borde del abismo y entierro las manos en su cabello, jadeando su nombre.
—¡Oh, Edward! ¡Por Dios!
Mete un dedo en mí y pierdo el control. Estoy gritando a todo pulmón, y él se levanta, con una mirada orgullosa como un pavo real.
—Más —le suplico—. Quiero todo de ti.
Me levanta del sofá y subimos a mi habitación. Me tumba con cuidado y se quita la ropa interior rápidamente, dejando al descubierto un miembro de un tamaño superior al normal. Lo anhelo. Quiero que me llene y me haga correrme más de una vez.
Lo agarro, lo jalo encima de mí y separo mis piernas. Se sienta de rodillas y me atrae hacia él antes de llenarme de forma fantástica.
—Tienes que decirme si te hago daño —dice.
—Estaré bien.
No voy a dejar que unas costillas rotas me lo impidan.
Se mueve rítmicamente, y cada gramo de su cuerpo se siente increíble. Claro, hace tiempo que no me acuesto con nadie, pero esto es más que simplemente satisfacer un deseo. Conectamos. Estamos en sintonía.
Me corro dos veces antes que él, pero terminamos juntos. Veo arcoíris cuando se deja caer en la cama a mi lado.
—Bueno, eso cambia las cosas —jadeo—. Voy a querer esto con regularidad.
Me besa.
—Puedes tenerme cuando quieras, preciosa.
—Entonces... ¿tenemos algo?
Asiente.
—Me gustaría, pero definitivamente debería invitarte a una cita para hacerlo oficial. Tengo libre el lunes por la noche. ¿Te parece bien?
Sonrío.
—Me parece bien.
