Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es anhanninen, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to anhanninen. I'm only translating with her permission.


Capítulo 17

Edward conduce rápido de vuelta a la ciudad mientras lo provoco con la mano en su muslo. Probablemente no debería distraerlo, pero lo deseo tanto. Estaciona en mi entrada y se apresura a abrir la puerta, sacándome del coche y llevándome a la puerta principal. Busco torpemente las llaves y por fin encuentro la correcta, y él rápidamente empuja la puerta y la cierra de golpe con el pie.

Me lleva a mi habitación y me tira en la cama. Me quita el vestido por encima de la cabeza y se desabrocha los pantalones, dejándolos caer al suelo. Luego me besa el cuello, y gimo de lo bien que se siente. No pierde tiempo en quitarnos el resto de la ropa como un animal hambriento.

Carajo, lo necesito.

Me besa el cuerpo antes de llegar a mi centro y levantar la vista, casi preguntando si está bien.

—Por favor —gimo.

Hunde la cara entre mis piernas y se entrega. Esta vez usa dos dedos, y mi espalda se arquea de placer.

—Mmm, tan mojada para mí —murmura, con la cara entre mis piernas.

—Totalmente para ti —jadeo.

Me hace correr tres veces antes de darme su polla mágica. Me jala a un lado de la cama y me folla con fuerza mientras mis tobillos se entrelazan tras su cuello.

—Oh, mierda —gimo.

Me presiona los hombros, lastimándome solo un poco, pero se siente bien. Un poco de dolor con placer es perfecto.

Disminuye sus embestidas, jadeando conmigo mientras ruego por más.

—Date la vuelta. Culo arriba.

Hago lo que dice, odiando la sensación de que abandone mi cuerpo por un breve instante. Luego vuelve a entrar en mí, y es la felicidad. Me da una palmada en el trasero, y me corro.

Me corro dos veces más en esa posición, y la última vez con él. Caemos en la cama, ambos jadeando, y de repente caigo en la cuenta de que no usamos nada de protección.

—Mierda, tengo un implante, pero ¿estás... limpio?

Asiente.

—Sí. Y lamento no haber pensado en un condón. Simplemente te necesitaba.

Sonrío, apartándole el cabello de la frente.

—Menos mal que tengo este implante en el brazo o tendríamos un bebé sorpresa.

—Un bebé no es lo peor del mundo, pero no puedo decir que no me siento aliviado. La pequeña Canela puede esperar.

—¿Llamarías a nuestro bebé Canela?

—Es un buen ingrediente.

—Es un buen nombre de stripper.

—Bueno, ¿cómo llamarías a nuestro bebé imaginario?

—Siempre me ha gustado Theodosia.

—¿Por la hija de Aaron Burr?

—¡Es un nombre bonito!

—Bueno, menos mal que no vamos a tener un hijo ahora mismo o estaríamos perdidos —dice riendo.

—Cierto. Centrémonos en nosotros ahora mismo. Me gusta cómo me haces sentir.

—Me haces sentir mil veces mejor que yo a ti, hermosa.

—¿Quieres quedarte a dormir? Podemos ducharnos y luego volver a la cama.

Me besa en la nariz.

—Suena maravilloso, preciosa. Aunque no me culpes si no puedo mantener las manos quietas en la ducha.

—No esperaba menos, guapo.

Me levanto de la cama completamente desnuda y abro la bañera. Es grande y tiene chorros, y los abro, añadiendo espuma de baño.

Asomo la cabeza a la habitación y veo a Edward con cara de satisfacción.

—¿Qué te parece un baño conmigo?

Sonríe y sale de la cama, también desnudo.

—Me vendría bien. —Me sigue al baño y se mete primero. Encajo perfectamente entre sus piernas y me río mientras me pega burbujas en la nariz.

—Qué bonita bañera tienes.

Asiento.

—Me convenció de comprar la casa. O sea, ¿quién podría rechazar una bañera de hidromasaje? Yo no.

—¿Sabes? En lugar de limpiarnos, podría ensuciarte un poco haciéndote correrte —me susurra al oído.

—¿Por qué diablos habría elegido la bañera si no?

Su mano se hunde entre mis piernas, y es como fuegos artificiales cuando me toca. Conoce los lugares perfectos. Y no tengo suficiente. El agua salpica por el borde, y no me importa. Me da dos orgasmos más antes de decir que no puedo más.

Y luego me baña, pasando mi esponja vegetal por cada centímetro de mi piel mientras me aplico champú en el cabello. Cuando llega el momento de enjuagarlo, me sostiene la cabeza mientras el agua corre por ella, y luego hace lo mismo con el acondicionador. Es muy suave mientras me lava el cabello. Vaya, una chica podría acostumbrarse a este tratamiento.

Cuando por fin salimos, arrugados y satisfechos, nos envolvemos en toallas suaves.

—¿Seguro que no te molesta si me quedo a pasar la noche? —pregunta.

Sonrío.

—No me gustaría nada más.

Sonríe y simplemente se pone sus bóxers. Hago mi rutina de cuidado facial, que me lleva unos cinco minutos, y luego busco ropa interior, una camiseta de tirantes y unos pantalones cortos para dormir y me los pongo. Edward está sentado en la cama, tras haber encontrado el mando que eleva la cabeza y los pies. Juro que la cama ajustable fue la mejor inversión que he hecho en mi vida.

—Y bien, ¿qué vamos a ver?

—¿La Maldición de Hill House o Misa de Medianoche en Netflix?

—Yo voto por Hill House. Un poco menos de tristeza. O sea, no mucha, pero no todos mueren.

Asiente y pone la serie. Me acurruco en su pecho y finalmente me quedo dormida plácidamente. Hay algo relajante en estar aquí en sus brazos.

Simplemente se siente bien.