Britania mira tooodo en casa de Inglaterra, con brillo en los ojos de las cosas más brillantes y llamativas pensando que aquí hay muchísimos tesoros.
—¿Qué es eso? ¡Oh! ¡¿Y eso?! ¿Y eso? —señala a todos lados.
—Wait, wait, ¡una cosa a la vez! —Inglaterra intenta calmarla.
—¡Es que todo brilla! ¡Hay mucha magia!
—Ah, of course... hablando de eso, por cierto —la mira de reojo.
—¡Y eso! —un reloj de pared, ni caso al inglés.
—¿Has estado haciendo magia antes de venir aquí? —pregunta llevándola a la cocina. Ella se sonroja un poquito y le mira de reojo vacilando un poco—. Sí, ¿verdad? Algo con los unicornios.
Britania abre un poco la boca mirándole levemente azorada.
—Ah, yes... I know —asiente.
—¿Cómo...?
—Porque soy un mago también, mira —abre la ventana y llama a Morning Star.
—Ohhh! —se le abraza más al cuello y abre los ojos impresionada porque yo creo que Morning Star es una de esas cosas que no aparecen en cada esquina.
Inglaterra sonríe porque sabe que su madre es MUCHO mejor bruja que él e impresionarla es todo un logro.
—E-Es... Es... —extiende una valiente manita hacia el unicornio medio ahorcando al inglés y sonriendo un poco—, vi uno una vez en el bosque y lo seguí y...
Inglaterra hace al animal meter la cabeza por la ventana para que pueda acariciarlo.
—Muy bonito, ¿a que sí? Se llama Morning Star.
—Star? Es... Blanco y... ¡Quiero uno!
—Se ha de ser un mago muy poderoso para adiestrar a uno... —explica... por eso lo vas a adiestrar y atrapar tú.
Britania vacila mirándole y mordiéndose el labio... Por un lado, queriendo decirle que le enseñe, por otro sin querer realmente hacer notar que él es mejor que ella.
—Yo soy una bruja muy poderosa.
—Lo he visto antes con las chispas verdes —confiesa, la niña le sonríe genuinamente complacida. Casi NADIE ve ninguna chispa verde nunca.
—Y sé hacer otras cosas.
—Sabes hacerles cosas a la gente que te molesta, ¿verdad?
Ella le mira de reojo y asiente un poquito.
—Rome te molestó un poquito y tú le hiciste algo para que dejara de hacerlo.
La pelirroja gira la cara hacia él y le mira con el ceño fruncido sin estar segura de a donde quiere llegar con esto, tensándose un poco
—Yes?
—Puedo hacerte cosas peores.
—¿Qué le hiciste a Rome?
—Nada —mentira, claro.
—¿Seguro? Debe ser que no eres tan buena bruja.
—¡Claro que soy buena bruja!
—Pues si no puedes hacer nada más a tus enemigos que darles patadas —se encoge de hombros y la deja sobre la encimera, cerrando la ventana y buscando el marmité.
—Si tú no viste lo que hice, TÚ no eres un buen mago —se cruza de brazos hablando en ese tono crispado de sieeeempre.
—Sé que hiciste algo, ya es bastante.
—¡Ja! ¡Admitiste que sí hice algo!
—¡Y tú también!
Britania levanta las cejas y se tapa la boca culpable. Inglaterra sonríe y abre el bote, tendiéndoselo.
La niña estira la cabeza y mira adentro del bote unos instantes antes de extender las manitas y tomarlo.
—Venga, dime como lo hiciste —pide.
Britania vacila un poco antes de mirarle y extender una mano hacia él.
—¿Vas a enseñarme a atrapar un unicornio si te digo?
—Te dejaré montar en él.
—¿Y no me enseñarás a cazarlo? —un poco desconsolada.
—Bueno... hay pocos salvajes y es bastante difícil porque son muy listos—y no tengo ni idea de cómo se hace. Britania tuerce el morro.
—¡Que sepas que si lo haces contra mi te sacare los ojos y me los comeré!
—Bien —asiente Inglaterra y traga saliva.
La pequeña huele un poco el bote distraídamente mete un dedo y lo saca, metiéndose lo a la boca. El inglés la mira, esperando el veredicto, porque es su madre y es británica y... ¡TIENE QUE GUSTARLE!
Britania levanta las cejas haciendo una cara indescifrable por unos laaaaargos segundos.
—Es un poco extraño, pero... —vacila él, nervioso.
—Mmmm... —reflexiona un poco paladeando—. Es algo que... —se relame y sonríe—. ¡Es bueno! Que... Sabe a...
—Es bastante raro, pero sabe bien —asegura Inglaterra, sonriendo aliviado.
—Me gusta —asiente sonriéndole un poco.
—¿Ves? Son ellos los tontos que no saben nada —sonríe complacido.
—¿Qué te hacia el hombre en el catre cuando entramos? —pregunta de la nada.
—Primero... ¿qué le hiciste a Rome? —responde sonrojándose, desviando la pregunta y ahora se sonroja ella.
—Ahh... —La pelirroja suelta un siseo de serpiente digno de cualquier Slytherin de renombre, extiende una mano e Inglaterra se debe doblar como si le hubieran dado una patada en la espinilla.
—Mum! —protesta/suplica apretando los dientes tratando de no caerse. Ella levanta sus pobladas cejas.
—Mum? —pregunta buscando a una "mum" por ahí.
—Sorry... I mean... no me lo hagas a mí, solo explícame... ¡pero no me refería a tus patadas!
—No lo dejé ciego, ni le causé cosquillas, ni hice que sacara espuma por la boca, ni... —se defiende.
—No te estoy acusando —la detiene para que se calme.
—Tampoco hice que le salieran cejas azules —sonríe un poco porque esa le gusta.
—Oh! —levanta las cejas porque eso no sabe hacerlo y ni sabía que se podía. Ella le mira sonriendo un poco culpable—. ¿Qué le hiciste entonces?
Ella se revuelve un poquito.
—Es que me asustó y sólo le hice el —repite el proceso de la patada en la espinilla.
—No, no —da un par de saltitos frotándose —me refiero a antes de eso, antes de venir aquí...
—Aaaaaah! —ahora todo es más claro. Se encoge de hombros —. Pues... No sé.
—¿No lo sabes? Algo debiste hacer... ¿cómo llegasteis aquí?
La británica parpadea rascándose la cabeza.
—Ehh... No lo sé. Estábamos allá —señala hacia el salón—. El niño me estaba hablando y yo estaba soñando con... Un niño.
—¿Soñando con un niño? —pregunta sacando una caja de galletas de un armario.
—Yes, con un niño —mira al suelo—, que se parecía al niño.
—¿Y qué hacía?
—Molestarme.
—¿Cómo? —levanta las cejas y le da una galleta, comiéndose otra él (nótese que él no ha comido marmité porque Francia le ha dicho que no habría besos).
—No sé, estaba arriba de mi —se lo piensa comiendo su galleta y pensando que es algo muuuuy bueno.
—Mmmm ¿y antes de eso?
—No seeé, ¿qué importa?
—Es que... esto es complicado, pero parte del hechizo rebotó en ti y por eso estás aquí ahora —explica—. Y... necesito saber cómo arreglarlo.
—Pues... No lo sé, no sabía que... No había pensado.
—Lo peor es que según mi experiencia es posible que no recuerdes nada útil sobre eso en realidad —se rasca la cabeza.
—¿Entonces no puedes arreglarlo? —pregunta inclinando la cabeza y terminándose la galleta
—I'm not sure —la mira a los ojos.
—Todo se puede arreglar... ¿No?
—Yes, pero es difícil, ya lo sabes... aunque con tu poder... —se muerde el labio. Ella sonríe un poco e infla el pecho.
—¿Tú qué sabes hacer además de cazar unicornios?
—Pues... puedo hablar con las hadas, Campanilla es igual que tú —sonríe porque en realidad no puede hacer nada tan impresionante y automático como ella.
—¿Campanilla? Es la...
—Ginger —le señala el pelo.
—Oh, no habla mi idioma...
—Yes, habla en celta gaélico...
—Me dijo que no pasaba nada de... de repente se acuerda que antes no le ha respondido—. ¡Oh! ¿Qué hacías con él en el catre?
—Eh... Nothing —se sonroja otra vez, desviando la mirada—. No sé cómo ha entrado, en realidad, ni siquiera debía estar aquí... —ni él ni los restos de la cena que preparó anoche que sigue por la cocina—. ¿Por qué no vamos a ver si encontramos alguna poción que se pueda hacer?
—¡Pero estabas gritando!
—Porque... quería asustarle, para que se fuera —miente, nervioso.
—Oh! Es... Pe-Peludo —sonrojito.
—Yes... I know. Y feo. Y tonto. Y no debería estar aquí.
—F-Feo... —vacila, porque a ella no le ha parecido feo, pero… no va a admitir eso—. Yes. ¿Y por qué no se fue?
—Es un tonto que no me escucha cuando le digo que se vaya.
—¿Y por qué quieres que se vaya? —Ella le mira balanceando los pies y él se sonroja por la mirada acusatoria.
—¡Pues porque es molesto! y le odio.
Britania frunce el ceño sin desviar la mirada, así que la desvía Inglaterra y traga saliva, nervioso.
—Alloooo! —saluda el francés sonriendo feliz.
El inglés se sonroja aún más al oírle y finge irse a la nevera muy digno para "buscar algo", no sabe ni qué, ignorándole con todas sus fuerzas.
Francia sonríe a Roma bajándole al suelo. Se acerca a Britania.
—Te pareces mucho a Angleterre, ¿ya te lo dijo?
Roma se tranquiliza un poquito a sí mismo y empieza a mirarlo todo con curiosidad. Britania se sonroja y niega con la cabeza bajándose de un salto para alejarse de Francia, nerviosita.
—Y tú te pareces mucho a un tonto, ¿te lo ha dicho alguien? —replica el inglés que no puede evitarlooooo.
—¿Un tonto muy guapo? —Francia sonríe.
—NO! —Inglaterra protesta.
—Pásame unos huevos y la mantequilla, vamos a hacer croissants —tiende la mano—. ¿Ya pusiste a calentar el horno?
—No... Que austriaco —los saca sin mirarle. Roma mira a Britania de reojo ahora. Francia levanta las cejas.
—¿Austriaco? —pregunta haciendo los ojos en blanco.
Inglaterra sonríe porque Francia sieeeeempre cae con esas. Britania le mira con los ojos entrecerrados, sonrojadita, haciéndose como que no le interesa. Eso sí, lo mira cada... Tres segundos.
—Pues es que no sé a qué viene eso... ¿No quieres croissants?
—Ven, Frans nos enseña a cocinar una cosa rica —Romita sonríe y se le acerca, tendiéndole la mano a la británica.
—Me da lo mismo, he desayunado ya —se encoge de hombros el inglés empezando a recoger las cosas de ayer de la cena.
—Frans? —le señala Britania. Roma asiente y la toma de la mano. Ella levanta las cejas con la mano y se sonroja intentando que le suelte, no con mucho ahínco.
—Oh... ¿Desayunaste marmité? —pregunta sonriendo de lado acercándose a él para que le compruebe si es verdad.
—¿Estabas llorando? —pregunta Britania a Roma mirándole la cara y haciendo un gesto con la mano.
—Yes... and cookies. No te acerques —le detiene el inglés nervioso.
—Eh? Non! —miente Roma y sonríe, tirando de ella hasta Francia—. Estaba hablando con Frans
—¿Por qué non? —pregunta sonriendo de lado con esa cara de malignidad sacando un poco de harina de la alacena de camino hacia donde está el inglés.
—Porque te conozco... voy a ver si puedo arreglar eso —señala a los niños con la cabeza.
—A mí me dieron algo de comer que es muy bueno, ¿quieres probarlo? —pregunta Britania gesticulando.
—¿Me conoces y quizás pueda notar como es que tu aliento huele o no a esa asquerosa pasta?
—Lo huele, por eso te digo que no te acerques —replica y Roma asiente porque tiene hambre.
—No te creo, no tendrías terror de que me acercara —sonríe limpiando la barra y echando la harina.
—No tengo terror —replica en burla.
Britania, en lo que los otros dos coquetean, está escalando un poco estirándose y tomando el bote de marmité. Romita la mira sin estar seguro de lo que hace y piensa que querrá subirse a aprender de Francia, así que abre los cajones y escala también.
—Si que tienes terror, terror de que sepa que en realidad... No comiste marmité —se ríe un poquito cerrándole un ojo.
—What? —se sonroja y se tapa la boca con las manos.
—Claro indicativo de que no quieres UN beso... Quieres muchos —se humedece los labios amarrándose el pelo antes de empezar a tamizar la harina.
Britania se sienta en la barra abriendo el bote de marmité y arrastrándose hacia el romano. Abre el bote y le ofrece.
—¡NO QUIERO NINGUNO! —chilla Inglaterra para variar, mientras Roma se acerca a oler el bote y aleja la nariz haciendo cara de asco.
—Pruébalo —insiste ella metiendo un dedo y chupándolo
—Pero huele mal —y eso lo dice el que come tripas de pescado podrido.
—Huele mal, pero sabe bien. ¡Pruébalo!
—Pero parece caca —se señala el culo.
—Claro que sí quieres, dame el polvo para hornear —discute Francia.
—No te voy a dar ningún polvo de n... —empieza a chillar Inglaterra malentendiendo, se sonroja de muerte, se tapa la boca y se va corriendo. Francia se ríe a carcajada limpia
—¡No es caca! —niega con la cabeza la británica bestialmente extiende la mano y le mete un dedo en la boca con marmité.
Roma casi se atraganta, tose y acaba por escupirlo haciendo muuuucha cara de asco.
—¡Ven acá a pasarme un polvo! —grita Francia muerto de risa.
—¡PÁSATELO TU SOLO! —chilla el inglés de vuelta.
—¡Pero si es bueno! ¡No hagas esas caras! —protesta Britania y se ríe un poco.
Romita sigue escupiendo e intentando limpiarse la lengua de manera muy exagerada.
—Fraaaaaans —le llama. Francia termina de tamizar la harina girándose a mirar a Roma.
—¿Qué pasa? —pregunta sonriendo y levantando las cejas al ver que escupe.
—Me ha... ¡esto! —señala el marmité todo agobiado y desconsolado—. ¡Vino!
—Probas... ¡Oh, cielos! ¿Probaste eso? —explica levantando las cejas agobiado—. ¡Papa! Escupe aquí y voy a darte... Vino, agua, lo que sea... enjuágate con eso
Roma se acerca a él andando por encima del mármol.
—¡Pero si está bueno, tontos! —protesta Britania comiendo un poco más. Francia abre la llave u pone un hilo de agua para que Roma se enjuague.
—¡Nunca comas eso! ¿Que no lo oliste?
Y él casi se mete en el lavamanos echándose agua en la boca con las dos manos.
—¡Tienes que oler antes! ¡Eso es algo asqueroso, papa! —toma los restos de vino de la botella de anoche y saca una copa.
—Pues lo he olido, ¡Ella me lo metió en la boca! —explica.
—¿Con un beso? —Francia sonríe hacia Britania.
Roma niega mientras se sigue enjuagando y acaba casi todo mojado.
—¡No entiendo! —protesta Britania entre entendiendo un poco y no—. ENG... LAAAAND
Inglaterra vuelve con la nariz metida en el grimorio.
—Toma esto, venga... Es un buen vino, es una pena desperdiciarlo en esto —pide Francia dejando la copa al lado de Roma y volviéndose a la masa para los croissants.
Roma levanta las cejas con la copa de cristal y la toma entre sus manitas oliendo el vino primero.
—Es bueno, me dirás que te parece, lo preparo en mi casa.
El romano se lo bebe en un par de tragos porque esto está mucho mejor, sobretodo en contraste... y le sonríe a Francia.
—Voy a hacer los croissants, fíjate bien, a Angleterre le encantan —cierra un ojo mientras mira a Inglaterra—. ¡Has vuelto con ese libro!
—Pues hay que arreglar esto —lo deja sobre la barra, junto a Britania—. Y no me gustan tus croissants.
—¡Sí que te gustan! —asegura el francés empezando a hacer la masa con los demás ingredientes. Mira el grimoroo de reojo—. ¿Tu madre también sabe hacer magia?
—No me gustan —insiste—. Ella es mucho más poderosa que yo.
—¡Es más poderosa que alguien que alucina? —pregunta Francia un poquito en burla mirando a Roma y cerrándole un ojo. Romita se ríe por lo bajini.
—No alucino —le fulmina Inglaterra.
—Dice que tiene un caballo con un cuerno en la frente en el jardín... Caballo que nunca nadie ha visto —le explica a Roma que mira hacia el jardín a ver si lo ve.
—¿Qué es esto? —Britania mira el grimorio, interesada sin entender nada.
—Es un grimorio —explica Inglaterra—. Un libro de magia donde están mis hechizos y pociones apuntados.
—No entiendo. ¿Echas aquí las pociones?
—No, no, las escribo para hacerlas más veces, ¿ves? esto te recuerda como —le muestra una página con todo de notas y tachones y dibujos
—Puedes hacerlas muchas veces si tienes los ingredientes, es fácil —ella le mira sin comprenderlo bien. Escribir = concepto desconocido.
Francia se asoma por el hombro del inglés con las manos llenas de harina. Le da un beso en la mejilla
—Exacto, apunto lo que he usado y así no se me olvi... —se sonroja y se calla con el beso, mientras Roma sigue inspeccionando la copa... hasta romperla.
—No hueles a marmi... ¡Oh! Roma! ¿Estas bien? —pregunta Francia preocupado.
—Se rompió... lo siento —le mira aun con el pie de la copa en la mano.
—Uh! —protesta Inglaterra acercándose a él también.
—¿Te hiciste daño? —pregunta Francia preocupado quitándole la pata de la mano.
Inglaterra lo levanta para sacarlo de ahí y poder retirar los cristales, mientras el romano niega con la cabeza, le deja junto a la británica.
—Rompiste algo — Britania le mira reprobatoriamente.
—Quid? —Romita le sonríe sin entender.
—¡Rompiste eso! Seguro te reñirán —señala la copa.
—Ah, es rara, ¿verdad? Toda transparente, era muy bonita, pero no aguantó el golpe —cada uno a su rollo.
Britania hace jijijiji mirando a Inglaterra que suspira recogiendo los pedazos con su infiniiiita paciencia estirada hasta límites insospechados por Estados Unidos, Australia y Seychelles. Además, no olvidemos que está de buen humor hoy.
—Vamos a terminar de hacer los croissants —propone Francia—. Porque ustedes dos no van al jardín a jugar con el unicornio mientras Angleterre me pasa los polvos.
—Ah, pero yo quiero aprender —responde Roma e Inglaterra le fulmina.
—¿No era que el unicornio no existe? —se burla el inglés.
—Existe si los polvos existen... —le cierra un ojo y mira a romano.
—¿Qué polvos? ¡Vale ya con los polvos! —protesta Inglaterra.
—Te puedo decir que Angleterre habla de sexo todo el tiempo —susurra el francés hacia Roma.
—¡Ah! ¡Eso! ¡Os hemos visto antes! —Roma sonríe.
—¿Qué le estás diciendo!? —chilla Inglaterra.
—¿De qué hablan? —pregunta Britania a la vez.
—Secretos de padre e hijo —se ríe el francés hacia Inglaterra tomando a Roma de las axilas y bajándolo al suelo—. Ve a jugar con Britania.
—¡Pero quiero saber! —protesta Roma cuando le deja en el suelo, agarrándosele de los pantalones.
—Yo quiero ver que es lo que haces con Britania —sonríe Francia en un susurro.
—Pero... ella me dio es cosa fea y me da patadas y no me quiere.
—¿Qué te dije hace rato? —pregunta.
—Pero... —el romano la mira de reojo nada convencido.
—¿Vas a decirme que no quieres hablar con una niña bonita?
Romita la mira intensamente, inclinando la cabeza y valorando que tan bonita es. Tuerce el morro sin estar muy seguro, o sea, sus ojos son bonitos, pero su pelo es raro.
Britania se baja de un salto del mueble y se acerca a Inglaterra un poco sonrojada y nerviosita con tanta mirada, que está acabando de recoger los pedazos de la copa.
—¿Qué es lo que dicen? —pregunta escondiéndose entre sus piernas y mirando hacia el niño.
—What? —le mira porque no estaba escuchándolos y entonces se vuelve a Francia y a Roma.
—Yo prefiero quedarme y que me expliques como se hace sexo entre dos niños —suelta Roma mirando a Francia, que suspira mirando a Roma a los ojos intensamente.
—WHAT? —chilla Inglaterra con eso, casi cayéndose de culo sobre Britania.
—Si le das una oportunidad y sales a jugar con ella, cuando vuelvas Angleterre te explicara como se hace sexo entre dos niños —ofrece Francia tranquilamente ignorando el grito.
—W-W-WHAAAAAT!?
Britania sale de detrás de Inglaterra para salvar la vida, mirándole aún.
—¿Qué dicen? ¿Qué dicen?
Roma se vuelve a Inglaterra y este se sonroja aún más, planchándose contra los armarios.
—YO NO LE VOY A EXPLICAR E... FRANCEEEE! —protesta apretando los ojos.
—¿Por qué no? ¿Prefieres que se lo explique yo y te use de ejemplo? —pregunta riendo malignillo por lo bajito.
—¡NADIE LE VA A EXPLICAR NADA! ¡LOS DOS AL JARDÍN! NOW! —grita señalando, Roma corre a esconderse tras Francia un poquito.
Francia le pone una mano en la cabeza a Roma y se levanta mirándole.
—Ya escuchaste a papa Angleterre, ve al jardín y papa France se asegurará de que te expliquemos cuando vuelvas —le sonríe a Roma.
Britania frunce el ceño hacia Francia y Roma creyendo, claro, que les está echando a ellos dos. Roma le mira un poco asustado mira a Inglaterra y se acerca a Britania corriendo, la toma de la mano y se la lleva.
Britania, que definitivamente no tenía esto en sus planes, chilla un poco sorprendida al ser arrastrada hacia la puerta, haciendo aspavientos con la otra mano, pero Roma no la suelta.
Francia se ríe acercándose al inglés y mirándolos salir por la puerta.
—¿Cómo es que estamos metidos en este lío? —pregunta al inglés un poquito embobado.
Inglaterra no nota que se acerca, vigilando que se vayan y se mete un SUSTO cuando le habla tan cerca.
El francés se ríe un poco más y le da un beso en la mejilla, con lo que el británico se sonroja y trata de apartarle un poco... no muy efusivamente.
—Tiene cierta gracia, non? ¿Cómo lo conseguiste?
—No lo hice yo... creo que fue ella —responde con la cara girada.
—Oh... ¡Ella! ¿Y vas a poder arreglarlo? —pregunta girándole la cara con suavidad para que le miré
—Espero... aunque sin saber qué hizo es MUY difícil.
—¿No tienes algo ahí en el libro que diga "cómo hacer adultos a tus padres después de que te interrumpen en la cama"? —bromea abrazándole.
—No estaban... no... shut up! —se sonroja y le empuja un poquito más.
—Eh, ¡eh! —se ríe un poquito sin soltarle—. Insisto que tiene cierta gracia el estar de padres de nuestros padres... Familia feliz... Me gusta.
—Pues a mí no —le mira.
—¿Por?
—¡Pone los pelos de punta! Mum... mum es... ¡y tu padre es un salvaje!
—¡No es un salvaje! Es un niño romano muy bien educado... ¿Qué te ha dicho tu madre?
—Pues que no recuerda qué ha pasado ni como lo ha hecho y que quiere que la enseñe a cazar unicornios.
Francia sonríe de lado y suspira mordiéndose el labio y mirándole a los ojos.
—Papa tampoco se acuerda de nada... No sabe siquiera que soy su hijo y lloraba arriba... —susurra poniéndose un poco más serio, porque en realidad le hace gracia si no lo piensa demasiado, claro.
—¿Por qué lloraba? —le mira a los ojos
—Creo que querría que te dejara y fuera su novio en vez del tuyo —responde sonriendo un poquito.
Inglaterra levanta las cejas y luego pone los ojos en blanco. Francia se ríe de la cara que pone.
—Por esa razón es que no nos haría daño que te portaras un poquito territorial y le hicieras saber quién es quién.
El inglés se sonroja y vuelve a apartar la cara
—Es un niño que NO está en lo absoluto acostumbrado al rechazo y a quien quiero muchísimo. No estaría mal el poderle hacer entender con suavidad que las cosas no pueden ir a su favor.
—But... pues... ya debería acostumbrarse.
—Mais oui, y eso es lo que hace... Pero no estaría de más que no le dieras excusas para que él me diga que es un mejor partido que tú.
—Pues... ¿y como que le gustas tú? —aprieta los ojos—. Es enfermizo, ¿no que le gustaba my mum?
—Es extraño, oui... Y sí que le gustaba tu madre —le acaricia la cara—, le va a gustar tarde o temprano, sólo que tiene cierta lógica que...
—Presumido —le quita la mano.
—¿Sabes qué veo? —pregunta sin soltarle de la cintura con la otra mano.
—What?
Francia vuelve a tomarle ahora del cuello con la mano. Inglaterra parpadea y se sonroja con la cercanía, sin moverse
—Alguien no comió marmité... —susurra acercándose par a darle un beso en cuanto proteste
—Yo no... —se calla con el beso, claro.
