Minato observaba, en silencio y desde la penumbra de la habitación, a la mujer fauno que yacía en la cama. Su cuerpo estaba cubierto por una manta para no dejar evidencias de lo que había sucedido, pero su rostro seguía marcado por el terror de lo ocurrido. Había sido muy cuidadoso al llevarla, se aseguró de no dejar rastro de sangre ni siquiera en el suelo. Sus ropas estaban tan bien dispuestas que cualquier persona que entrara en la habitación no notaría ni el más mínimo detalle que la relacionara con el violento enfrentamiento de hace pocos minutos.
Se había tomado el tiempo de revisar a fondo cada rincón antes de permitir que ella se despertara. Sabía que, aunque tenía control sobre la situación, el caos que había causado no se desvanecería fácilmente. Había dejado todo en orden, sin dejar más que la sensación de una calma tensa en el aire. La habitación estaba completamente en silencio, a excepción del suave sonido de su respiración y el latido de su corazón.
Poco después, un leve movimiento y un suspiro, seguidos de un ligero estremecimiento, indicaron que la mujer comenzaba a despertar. Minato se aproximó con cautela, preparándose para cualquier reacción que pudiera tener. Aunque había controlado la situación durante la confrontación, no sabía cómo reaccionaría al encontrarse en un lugar desconocido, rodeada de sangre y con un extraño frente a ella.
De repente, la mujer abrió los ojos, mirando frenéticamente alrededor, y, al ver a Minato, soltó un grito de alarma, su voz quebrada por el miedo:
—¡Aléjate! ¡No te acerques!
Minato dio un paso atrás, levantando una mano en señal de calma. Su voz fue tranquila, casi suave.
—No quiero hacerte daño. Sólo quiero ayudarte.
La mujer fauno, aún con los ojos muy abiertos, seguía temblando, mirando con desconfianza a Minato, sus pupilas dilatadas de pavor. El entorno le resultaba extraño y aterrador. El ambiente de la habitación, la presencia del desconocido... todo era confuso.
—¿Qué... qué pasó? —preguntó, su respiración aún errática, mientras comenzaba a mirar su entorno, a notar la manta que cubría su cuerpo, la sangre en sus ropas y las sábanas...— ¿Dónde están los demás?
Minato hizo una pausa, decidiendo cómo responder, había que elegir las palabras con cuidado, un paso en falso y podría alterarla más. Se acercó lentamente y habló con un tono calmado, asegurándose de que no se sintiera acorralada.
—Los demás... ya no están... —dijo, suavemente—. Pero estas fuera de peligro. Pero si quieres saber más, necesitarás respirar profundamente para entender lo que sucedió.
Después de todo, decirle que se calme no ayudara a que se calme, pero decirle que respire puede ser una forma más técnica y eficaz para ayudar a tranquilizarla
La mujer, aún algo confundida y alterada, se frotó la cara con las manos, como si intentara aclarar su mente. La escena que había presenciado antes de caer desmayada aún la atormentaba. ¿Cómo había terminado allí? ¿Por qué él la había salvado? ¿Él también la iba a...?
Minato la observó por un momento, evaluando si era el momento adecuado para hablar. Necesitaba respuestas, y ella probablemente las tenía. Decidió que, antes de apresurarse, debía garantizar su seguridad.
—Se que pasaste por un difícil situación, pero aquí estás a salvo, esos hombres no vendrán aquí. Por ahora, es mejor que permanezcas aquí... pero necesito saber algo: ¿quién estaba detrás de eso? ¿Y por qué? —preguntó, sin prisa pero con firmeza, esperando obtener algo de información clave.
En ese momento, la mujer fauno, aún visiblemente afectada, su respiración se volvía cada vez más errática. Sus manos temblaban mientras intentaba aferrarse a la manta que la cubría, como si eso pudiera protegerla de la realidad que acababa de experimentar. Sus ojos, llenos de miedo y desconfianza, se clavaron en él como si fuera una amenaza más.
De repente, intentó moverse, pero sus piernas, aún débiles por el shock y el terror, no respondieron como ella quería. Trató de incorporarse, pero apenas pudo levantarse antes de que sus rodillas cedieran y cayera al suelo con un golpe seco.
—¡A-aléjate! —exclamó con la voz quebrada, arrastrándose torpemente hacia atrás mientras sus ojos no se apartaban de Minato.
Él, viendo su estado, levantó las manos en señal de calma nuevamente y dio un par de pasos hacia atrás, respetando su espacio. Sabía que cualquier movimiento en falso podría empeorar la situación.
—No voy a hacerte daño —dijo con voz serena—. Respira conmigo, así.
Minato respiraba profundamente.
Pero la mujer fauno apenas escuchaba. Sus ojos recorrieron frenéticamente la habitación hasta que, de repente, cayó en cuenta que estaba en una habitación, ¿cuál era el pueblo más cercano al lugar donde estaban antes? Su respiración se volvió aún más agitada y sus manos temblorosas se aferraron a su propio cuerpo en un intento desesperado por calmarse.
—¿Esto... esto es el pueblo? —preguntó, su voz quebrada por la desesperación, como si la confirmación pudiera sellar su destino.
Minato, sabiendo que mentir no tenía sentido, asintió lentamente.
—Sí.
Al escuchar su respuesta, el miedo en sus ojos se transformó en pánico absoluto. Se tambaleó sobre sus manos y rodillas, tratando de ponerse en pie otra vez, pero su cuerpo aún no le respondía.
—¡No... no, no, no! — grito, su voz temblorosa—. ¡Tengo que salir de aquí! Si alguien me ve... si alguien sabe que estoy aquí... ¡Me matarán a mí también!
Minato frunció el ceño. La urgencia y el pánico en sus palabras le dejaron claro que la situación era más grave de lo que había anticipado. Se agachó lentamente, sin movimientos bruscos, manteniendo su voz tranquila pero firme.
—Escucha... no pueden hacerte daño aquí. Nadie sabe que estás aquí. Pero necesito que me digas qué pasó... ¿quiénes eran ellos?
Sabía que no era el mejor momento para buscar información, pero la situación podía escalar demasiado rápido, hasta donde el sabía, este mundo la tecnología era demasiado avanzada, que le aseguraba que no hubiera algún modo de rastrear personas desaparecidas? Weiss pudo saber la ubicación de este pueblo desde la comodidad de un restaurante, con un aparato de uso común, ¿qué podría hacer la gente con tecnología más avanzada?
Claro, él se aseguró de cubrir sus pasos de manera casi que perfecta, pero su forma estaba limitada debido a que desconocía si había una forma de que lograran relacionar la muerte de esos sujetos con él.
Es como jugar ajedrez sin poder ver las fichas del oponente, puedes moverte con la mejor estrategia, pero si no puedes ver las de tu enemigo, estas perdido.
Todo este tren de pensamiento estaba bajo el supuesto de que existía algún dispositivo o tecnología capaz de rastrear los cuerpos o personas desaparecidas, pero sino existía, no habría porque preocuparse, pero la mejor manera de enfrentar lo desconocido es investigandolo, así que necesitaba respuestas.
Pero ella negó con la cabeza repetidamente, su cabello desordenado cayendo sobre su rostro. Sus ojos estaban desenfocados por el pánico, y su respiración seguía acelerada.
—¡No lo entiendes! ¡Si alguien descubre que estoy aquí, estoy muerta! ¡No puedo quedarme... no puedo...!
Minato la observó con atención. Ella estaba completamente aterrorizada, y no tenía sentido presionarla en ese estado. Pero el tampoco tenía mucho tiempo, una parte de el quería respuestas ya, pero lo mejor sería calmarla primero antes de obtener cualquier respuesta útil.
—No dejaré que nada te pase —afirmó Minato con seguridad —. Pero no puedes salir corriendo así... saldrás en la mitad del pueblo y si alguien te ve en este estado, solo llamarás la atención, te prometo que te sacaré del pueblo sin que nadie te vea.
La mujer fauno tembló, dudando. Aún quería huir, pero sus piernas seguían negándose a cooperar. Su respiración era pesada, y las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos. Minato supo que tenía que ser cuidadoso, la chica era como un gristal lleno de fisuras, un paso en falso y se romperá.
—Escucha... ¿cómo te llamas? —preguntó suavemente, tratando de apartarla de su pánico.
Ella no respondió de inmediato. Se mordió el labio inferior, mirando la puerta como si todavía tuviera esperanza de escapar. Finalmente, con un hilo de voz, murmuró:
—Nala...
Minato asintió lentamente.
—Nala, mi nombre es Minato. sé que tienes miedo... pero aquí estás a salvo, al menos por ahora. Si me dices qué está pasando, podré ayudarte.
Nala cerró los ojos con fuerza, apretando los puños, intentando controlar sus emociones. Minato podía ver cómo luchaba consigo misma, entre el deseo de correr y la necesidad de confiar en alguien... aunque fuera un desconocido como él.
Minato observó a Nala por un momento antes de levantarse en silencio. La vio temblar, abrazándose a sí misma en un intento por encontrar algo de seguridad en medio de la tormenta que acababa de vivir. Sin decir palabra, caminó hacia una pequeña mesa donde había un vaso de agua y lo llenó lentamente. Sabía que lo último que necesitaba en este momento era sentirse presionada.
Le ofreció el vaso con un gesto calmado.
—Bebe un poco —dijo en voz baja—. Te hará bien.
Nala dudó al principio, sus ojos aún reflejaban desconfianza, pero finalmente tomó el vaso con manos temblorosas. Bebió pequeños sorbos, su respiración aún agitada, pero poco a poco comenzaba a estabilizarse. Minato aprovechó la oportunidad para hablar con tranquilidad.
—Sé que tienes muchas preguntas... y preocupaciones —dijo, apoyándose suavemente contra la pared—. Pero no tienes que preocuparte por si alguien viene a esta habitación. Está cerrada, y nadie puede oírnos.
Nala levantó la vista de golpe, la duda reflejada en su rostro.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? —preguntó con voz aún temblorosa, su miedo evidente.
Minato no mostró ni una pizca de duda al responder.
—Porque si no fuera así, ¿no crees que tus gritos ya habrían alertado a alguien?
Ella abrió la boca para responder, pero se detuvo. Miró a su alrededor, como si esperara que en cualquier momento alguien irrumpiera por la puerta, pero todo seguía en completo silencio. Bajó la mirada al vaso de agua, su mente claramente luchando por encontrar una explicación lógica.
Minato continuó con voz serena.
—Los cuerpos de tus amigos fueron sepultados en un lugar seguro.
Dejo caer la bomba.
Minato estaba seguro que una de las preocupaciones que la chica tenía eran los cuerpos de sus amigos, lo mejor era quitarle ese peso de encima, al menos un poco.
Nala dejó caer el vaso de golpe, aunque no se rompió, el agua se derramó. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras bajaba la cabeza, sus hombros temblando ligeramente. Minato no dijo nada, simplemente le dio su espacio. Sabía que esas palabras habían golpeado justo en la herida más profunda de su corazón.
Después de un largo silencio, Minato habló nuevamente.
—Si quieres, puedo avisar a algún familiar... para que puedan darles un entierro apropiado. O si prefieres, puedo llevarte a verlos.
Sabía que sería difícil si pasa algunos días, pero como el solo puede entrar a ese lugar, no podría solo con decirle donde esta
Nala negó con la cabeza de inmediato, secándose las lágrimas con la manga de su chaqueta sucia de sangre. Por primera vez desde que despertó, su voz salió con más firmeza, aunque seguía temblando.
—No... ellos no tenían a nadie —dijo en un susurro—. Éramos huérfanos... todos.
Minato sintió un pequeño peso en el pecho ante esas palabras. La soledad en la que vivían esos faunos, la desesperación que los había llevado a viajar juntos, y ahora, solo quedaba ella.
—Solo yo... tenía a alguien —continuó Nala, su voz más suave—. Un conocido en Vale... íbamos hacia allá.
Minato asintió lentamente, procesando la información. Al menos tenía a alguien, un punto de referencia en medio de la tragedia. Eso podía ser útil, tanto para ella como para él, si lograba obtener más información sobre lo que realmente estaba sucediendo.
—¿Alguien en Vale? —repitió con tono interesado, pero sin presionar demasiado—. ¿Es de confianza?
Nala dudó, mordiéndose el labio inferior, sin saber si debía hablar más. Minato decidió no insistir, por ahora. Ella estaba demasiado alterada, y forzarla solo generaría más desconfianza.
— Mejor descansa un poco —dijo finalmente, con un tono tranquilo—. Cuando te sientas lista, hablaremos de eso.
Nala simplemente asintió en silencio, abrazándose a sí misma. Minato se apartó un poco, dándole espacio, mientras su mente ya planeaba los siguientes pasos. Sabía que había mucho por descubrir y aún más por decidir.
Minato se quedó en silencio, observando a Nala dormir. Su respiración era pausada, pero su rostro reflejaba la fatiga emocional que había soportado. La adrenalina del miedo y el dolor había pasado factura, y ahora su cuerpo exigía descanso. A pesar de la paz aparente en la habitación, Minato no pudo permitirse el lujo de cerrar los ojos.
Había demasiadas incógnitas, demasiadas cosas que debía resolver antes del amanecer.
Sus problemas parecen haberse incrementado, antes solo tenía que pensar en cómo volver con kushina, luego de como volver a su mundo y ahora todo esto, todo había pasado muy rápido y eso que no llevaba ni la semana aquí.
Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, repasando mentalmente los eventos recientes. Los atacantes, los cuerpos, la sangre que se había llevado en sus manos, la desesperación en los ojos de Nala... Todo se acumulaba como piezas de un rompecabezas incompleto.
Mientras la noche avanzaba lentamente, Minato trazó un plan de acción. Primero, necesitaba más información sobre el pueblo, su relación con los faunos y si había más incidentes como este. Luego, estaba Nala. Aunque aún desconfiaba de él, ella podía ser su mejor fuente de información. Pero antes de que todo eso ocurriera, tenía que asegurar su seguridad.
Cuando el cielo comenzó a aclararse con los primeros indicios del amanecer, Minato tomó una decisión.
El sonido de unos golpes en la puerta alertó a Minato, y al parecer también despertó a Nala, quien enseguida entró en pánico. Su respiración se agitó y sus ojos se abrieron con un miedo palpable mientras miraba a su alrededor en busca de una salida.
Minato, por su parte, se mantuvo en calma, pero en su mente todo comenzó a ralentizarse en cuanto se percató de un detalle alarmante: la perilla de la puerta se estaba girando lentamente desde el otro lado.
"Van a entrar."
Un vistazo fugaz le bastó para analizar la escena: Nala temblando, la sábana manchada de sangre sobre la cama, y su propia presencia en medio de todo. No podía permitir que la vieran. No podía permitir que las preguntas comenzaran.
Sin perder ni un segundo más, Minato desapareció en un parpadeo.
Apareció detrás de Nala, cubriéndola con la sábana mientras la sujetaba con firmeza pero con cuidado. En un instante, ambos desaparecieron, dejando la habitación vacía.
La puerta se abrió de golpe, revelando a Gunnar y a la recepcionista, quien sostenía un juego de llaves en la mano, No se veían sorprendido por la falta de respuesta anterior. Ambos lo miraron una sospecha fugaz.
Minato, fingiendo somnolencia, se frotó los ojos y les dedicó una expresión perezosa, todo había pasado muy rápido, menos mal esa era su especialidad.
—¿Buenos días...? —bostezó, despeinándose un poco para reforzar la actuación—. ¿Ocurre algo?
La recepcionista parpadeó, intercambiando una mirada con Gunnar, quien lo observaba con el ceño fruncido, evaluando cada detalle de la habitación.
Minato notó las miradas curiosas que ambos dirigían a la habitación. Gunnar, como era de esperarse, fue bastante discreto, apenas recorriendo la estancia con rápidos vistazos que podrían pasar por una simple evaluación rutinaria. Pero Lyra, la recepcionista, no tenía la misma sutileza. Sus ojos se pasearon por cada rincón de la habitación con un escrutinio descarado, como si buscara algo fuera de lugar.
A pesar de lo fugaz de la inspección, Minato captó cada detalle. Guardó esa información para más tarde, manteniendo su expresión relajada y despreocupada.
Gunnar fue el primero en romper el incómodo silencio con su tono habitual, pero ahora más serio de lo normal.
—Te necesito de inmediato para una entrega, Minato. Es urgente. Hay un pedido que debe llegar cuanto antes a Greymoor, y estuve tocando varias veces, pero no respondías. Tuve que avisarle a Lyra.
Minato parpadeó lentamente, fingiendo somnolencia mientras se rascaba la nuca.
—Oh... lo siento, debí quedarme dormido muy profundo. Dame unos minutos y estaré listo.
A pesar de su tono relajado, estaba bastante sorprendido sobre este acontecimiento. No había escuchado los golpes, pero si Gunnar solo había tocado un par de veces y en seguida llamó a Lyra para entrar, eso solo significaba una cosa: ya venían juntos de antemano, con la intención de entrar en su habitación sí o sí.
Estaban buscando algo... o a alguien.
Minato se guardó esa observación. No había necesidad de mencionar nada.
Gunnar asintió con un leve gruñido y se giró para salir, mientras Lyra le dedicaba una última mirada evaluadora antes de seguirlo.
—Perdón por la intromisión —dijo la recepcionista, aunque en su voz no había verdadera disculpa.
Minato sonrió levemente y con un gesto despreocupado cerró la puerta tras ellos, pero en cuanto lo hizo, su expresión se endureció.
Sabía que ahora tenía aún menos margen de error.
Algo estaba ocurriendo en este pueblo, algo que escapaba a su comprensión inmediata, pero que sin duda estaba conectado con lo que había sucedido anoche.
No tenía sentido que Gunnar apareciera con un pedido urgente justo ahora. El herrero había mencionado antes que las entregas estaban retrasadas debido a la ausencia de su asistente, algo que, en su momento, Minato había tomado como una simple queja cotidiana. Pero ahora… ¿de repente surgía un encargo que requería de tanta urgencia?
Demasiada coincidencia.
Sí, era cierto que con Minato como reemplazo, Gunnar podría haberse animado a aceptar un pedido de último minuto. Pero el momento era demasiado oportuno. Justo ahora, justo después de lo sucedido anoche, justo cuando la sangre aún estaba tibia en su memoria.
Minato inhaló profundamente.
Quieren sacarlo de aquí.
Era la única conclusión lógica. La entrega era solo una excusa. Quieren revisar la habitación, buscar algo… o a alguien. Lyra había mirado cada rincón con demasiado interés, como si ya supiera qué esperar encontrar. ¿Acaso sospechaban algo? ¿O solo era una simple verificación de rutina?
No podía arriesgarse.
Su mirada se dirigió a la cama. Las sábanas habían desaparecido junto con Nala, pero no podía darse el lujo de dejar ningún cabo suelto. Caminó por la habitación, inspeccionando minuciosamente cada esquina, asegurándose de que no hubiera ni una gota de sangre, ni una fibra fuera de lugar.
No encontrarán nada.
Minato esbozó una ligera sonrisa. Él se aseguraría de ello.
...
Después de revisar minuciosamente cada rincón de la habitación y no encontrar nada que lo ponga en evidencia. Minato se apoyó contra la pared y dejó escapar un leve suspiro.
Su mirada recorrió el cuarto una vez más. Solo había una salida, la puerta que daba al pasillo. Si lo estaban vigilando, lo más lógico era que alguien estuviera apostado cerca, asegurándose de que no saliera sin ser visto. En cuanto a escondites, el cuarto no ofrecía muchas opciones que sus posibles observadores no hubieran revisado ya al entrar: debajo de la cama, el interior del armario y el baño.
Bien, es hora de empezar.
Minato juntó los dedos en forma de cruz. En un instante, un clon de sombras apareció junto a él, idéntico en todo aspecto, pero con una expresión de expectación, como si ya intuyera lo que venía.
—Escucha con atención —dijo Minato en voz baja—. Vas a hacer el pedido siguiendo las instrucciones de Gunnar, pero necesitas tomarte tu tiempo. No te apresures, solo vuelve si sientes que estás en peligro de desaparecer o si tu chakra empieza a agotarse.
El clon asintió sin necesidad de más explicaciones. Sabía exactamente lo que su original pretendía: llamar la atención de quien pudiera estar vigilándolo y hacer que se relajaran, creyendo que realmente estaba ocupado con un simple recado.
Sin perder más tiempo, el clon ajustó su postura, respiró hondo para adoptar una expresión despreocupada y se dirigió a la puerta. Con paso seguro, giró el pomo y salió al pasillo, listo para cumplir su parte del plan.
Minato observó cómo su clon salía por la puerta con total naturalidad, fingiendo aún algo de somnolencia mientras se ajustaba la chaqueta. Desde su escondite en el armario, apenas contuvo la respiración cuando escuchó los pasos cautelosos fuera de la habitación.
"Tal como lo esperaba…"
No habían pasado ni cinco minutos desde que el clon salió cuando la perilla comenzó a girar lentamente. Minato permaneció inmóvil, con los músculos tensos y los sentidos agudizados, mientras la puerta se abría con un leve chirrido.
Lyra entró primero, con una expresión fría y calculadora. Detrás de ella, tres hombres de aspecto robusto la seguían en silencio. Minato los observó a través de una pequeña rendija del armario. Dos de ellos parecían cazadores, por la manera en que llevaban sus armas con una confianza despreocupada. El tercero, en cambio, tenía la postura rígida de alguien acostumbrado a seguir órdenes.
—Busquen cualquier cosa extraña. —ordenó Lyra en voz baja pero firme.
Los hombres se dispersaron rápidamente. Uno revisó debajo de la cama, deslizando su arma por si algo se escondía ahí. Otro abrió el pequeño baño, echando un vistazo rápido antes de salir con una negación de cabeza. El tercero se acercó al armario. Minato observó cómo la mano del hombre se posaba en la manija y comenzaba a tirar…
"Un poco más..."
Minato no se movió ni respiró, confiando en la oscuridad y sus habilidades. El hombre revisó con los ojos entrecerrados, pero no encontró nada más que la ropa colgada y cerró sin más.
—Nada aquí. —informó, dando un paso atrás.
Lyra frunció el ceño.
—Sigan buscando. Algo no encaja.
Mientras los hombres revisaban los últimos rincones sin éxito.
—Vámonos. —dijo Lyra finalmente, molesta— No podemos perder más tiempo aquí. Gunnar nos estará esperando.
Los hombres salieron uno a uno, y Lyra echó una última mirada antes de cerrar la puerta.
...
Minato había desaparecido antes de que el armario se abriera por completo, dejando tras de sí solo el leve movimiento del aire desplazado por su técnica.
Apareció en un parpadeo en la cueva donde había dejado a Nala, una cueva completamente escondida en lo más profundo del bosque. La entrada estaba oculta y sellada, además el terreno accidentado hacía que fuera difícil de alcanzar para cualquiera que no conociera la ubicación exacta.
El aire dentro de la cueva era frío y húmedo, pero la escena frente a él hizo que Minato apenas lo notara. Nala estaba arrodillada frente a una tumba improvisada, sollozando en silencio mientras apoyaba una mano temblorosa sobre la tierra recién removida. No había necesidad de preguntar a quién pertenecía esa tumba.
Minato se quedó donde había aparecido, observándola en silencio. No tenía sentido interrumpirla. Después de todo lo que había pasado, lo mínimo que podía hacer era darle ese momento para desahogarse.
Mientras tanto, su mente repasaba lo ocurrido.
Lyra había entrado en su habitación acompañada de tres hombres, registrando cada rincón como si buscaran algo específico. No pudo quedarse lo suficiente para ver el desenlace de su búsqueda, pero una cosa era segura: no había sido una simple inspección de rutina.
Ayer en la noche, siete personas habían muerto no muy lejos del pueblo, en un horario en el que el tráfico de personas debía ser prácticamente nulo. Nala le había confirmado que los tres faunos fallecidos no tenían familia, y que nadie los buscaría. Pero, ¿y los otros cuatro?
Minato no los había reconocido. Había revisado sus cadáveres minuciosamente en busca de pistas, pero no encontró nada fuera de lo común. Ni identificaciones, ni objetos personales, solo sus ropas y esos cuchillos… cuchillos que, a simple vista, parecían completamente ordinarios.
Pero si eran tan comunes, ¿por qué todos llevaban uno? Matar con cuchillos no es muy práctico y más habiendo mejores opciones en este mundo a largo distancia, estaba claro que estos seres disfrutaban matar lentamente.
Habia cortes en muchas zonas no vitales en los faunos, querían verlos sufrir lo más posible.
Ese detalle lo inquietaba.
Su mirada volvió a posarse en Nala. Aún estaba allí, inmóvil, hundida en su dolor. Minato sabía que ese sufrimiento no se desvanecería pronto, pero también sabía que no podían quedarse en ese lugar para siempre.
Pronto tendrían que seguir adelante. Y él necesitaba respuestas.
Minato observó a Nala en silencio, su figura temblorosa arrodillada frente a la tumba improvisada. Las lágrimas corrían por su rostro, cayendo sobre la tierra recién removida mientras sus manos temblorosas acariciaban el suelo como si pudiera sentir a sus amigos una última vez.
"Dejarla sola en el pueblo habría sido un error…" pensó Minato mientras se apoyaba en la fría pared de la cueva, cruzando los brazos.
Pero ahora tenía un rompecabezas nuevo frente a él. Sabía que no había dejado pruebas en la escena del crimen. Fue meticuloso: evitó cualquier contacto con la sangre, limpió sus rastros y se aseguró de que nadie lo viera. Sin embargo, la inspección repentina de su habitación indicaba que alguien tenía razones para sospechar. ¿Pero qué pruebas podrían tener ellos para justificar semejante búsqueda?
La respuesta era sencilla y preocupante. Conocían a los asesinados.
Si alguien había notado su ausencia o si los hombres muertos tenían vínculos con el pueblo, la alarma habría sido inmediata. Pero Minato estaba seguro de que las autoridades en cualquier sociedad establecida tendrían procedimientos estándar para la desaparición de personas.
"Incluso en este mundo," pensó, "debe haber un tiempo mínimo antes de que se considere a alguien oficialmente desaparecido."
Apenas habían pasado unas horas desde los asesinatos. No tenía sentido que ya estuvieran buscándolos… a menos que alguien hubiera informado su desaparición de inmediato. Y si ese fuera el caso, entonces existían dos posibilidades:
Primera opción: Encontraron algo en la escena del crimen por medio de la tecnología.
Si ese era el caso, habían descubierto una pista que los llevó hasta el pueblo. Un testigo, una huella, algo que apuntara hacia él como sospechoso. Pero si realmente tuvieran pruebas concretas, habrían ido directamente a detenerlo, no a registrar su habitación en busca de evidencias adicionales.
Minato razonó que si lo hubieran identificado como responsable, no se habrían molestado en hacer preguntas, sino que ya estaría bajo custodia.
"No. No hay una conexión clara conmigo en la escena del crimen."
Descartó esa opción. No había dejado ningún rastro directo y estaba seguro de haber sido lo suficientemente cuidadoso.
Segunda opción: Los asesinados tenían lazos con el pueblo.
Esto tenía más sentido. Si los muertos eran conocidos en la comunidad, su ausencia habría generado preocupación. Al no regresar durante la noche, alguien debió haberlo reportado. Y si la búsqueda inicial llevó a la escena del crimen, la conclusión lógica sería investigar al forastero más reciente del pueblo: él.
Minato respiró hondo, sus ojos fríos e implacables mientras analizaba cada detalle. Si Gunnar había venido con Lyra desde antes de tocar la puerta, significaba que la decisión de buscarlo ya estaba tomada de antemano. Ya tenían sospechas.
Estaba claro que, el esa noche estaba en su habitación, o al menos eso ellos debían creer, pero ¿que había motivado su sospecha inmediata hacia él? Quizás el incidente con la sensación extraña que sintió ayer en el bosque, que ahora estaba seguro que era una persona, y si esa persona está relacionada con lo de anoche...
Tendría sentido que sospecharan de él.
Después de todo, había confirmado a esa persona que sentía su presencia y desde ese incidente ayer no la había vuelto a sentir.
Además concuerda que cuando el estaba en el pueblo nunca sintió esa sensación, porque no era necesaria, en el pueblo ya tenía quien lo vigilará de forma natural.
"Entonces, ¿por qué no me confrontaron directamente?"
Eso le indicaba algo más. Quizás no estaban del todo seguros. Querían pruebas antes de actuar.
Pero lo que no tenía sentido era, que esa sensación la había sentido desde que llegó a este mundo, ¿acaso desde su llegada este pueblo ya tenía conocimiento de él o simplemente es una casualidad y esa persona no está relacionada con el pueblo?
Porque recordaba que sintió esa sensación por primera vez en medio de su pelea con los Grimm, lo que quería decir que esa persona sabia que tenía habilidades para pelear.
No tenía una respuesta concreta. Y eso lo preocupaba, todo parecía conectado que no sabía si estaba siendo muy especulativo.
Minato entrecerró los ojos. Lyra había entrado con rapidez, pidiendo que buscaran "cualquier cosa extraña", lo que significaba que no tenían un objetivo claro. Buscaban confirmación, no culpables.
Se quedó observando nuevamente la escena frente a él, con Nala hundida en su tristeza. Esta situación no solo era una amenaza para él, sino también para ella. Si sus atacantes eran conocidos en el pueblo, entonces ella también estaba en peligro.
Minato suspiró, bajando la mirada por un instante. Se quedó en silencio un momento, mirando cómo Nala secaba sus lágrimas con las mangas de su chaqueta, su expresión aún reflejando el miedo y la tristeza acumulados.
Sabía que presionarla demasiado podría cerrarla por completo, pero también entendía que, sin información, estarían caminando a ciegas en una situación que claramente iba más allá de un simple ataque aislado.
Finalmente, rompió el silencio con un tono calmado pero firme.
—Necesito respuestas, Nala. No puedo ayudarte si no entiendo lo que está pasando. Ahora, al igual que tú, estoy involucrado en esto, y si no nos movemos con cuidado, podría ser demasiado tarde para ambos.
Nala levantó la mirada, sus orejas de zorro temblorosas del estrés. Minato notó cómo sus manos temblaban ligeramente, pero aun así asintió, aunque sin mucha convicción.
—L-lo sé... —susurró con voz rota—. Es solo que... todo pasó tan rápido...
Minato esperó pacientemente. Sabía que ella estaba lidiando con más de lo que parecía en la superficie. Su vista se desvió por un segundo hacia las improvisadas tumbas de los tres faunos. Pensó en lo que tuvo que significar para ella ver a su familia, sus amigos, masacrados de esa manera.
Sin embargo, a pesar de todo, Nala no parecía aterrada de él. No como lo había estado al principio. Quizás porque, en el fondo, sabía que si Minato hubiera querido hacerle daño, ya lo habría hecho. O tal vez porque no tenía otra opción.
Después de todo, tenerle miedo sería lo más lógico, lo vio matar a 4 personas a sangre fría.
Nala apretó los puños, evitando mirarlo directamente.
—No entiendo... por qué me ayudas. —Su voz apenas era audible, pero había una mezcla de duda y resignación—. No tengo nada... ni dinero, ni familia, ni amigos... Ni siquiera soy...
Se detuvo a mitad de la frase, como si de pronto se sintiera ridícula por decirlo. Minato la observó con una ceja levemente arqueada, captando lo que intentaba decir sin que terminara la oración.
"Ni siquiera soy tan linda."
Minato suspiró, dándose cuenta de que ella estaba acostumbrada a ser descartada, a ser invisible para los demás. Quizás esa era la razón por la que había sobrevivido hasta ahora.
La miró en silencio por un momento. No con lástima, no con condescendencia. Solo con esa calma suya, como si su decisión no necesitara grandes explicaciones.
—Porque estabas allí. —
La respuesta sale de sus labios sin dramatismo, sin grandes discursos. Es simple, casi insignificante. Pero sincera.
—No te ayudé porque fueras rica, porque tuvieras algo que ofrecerme o porque fueras linda. Nada de eso importa. Te ayudé porque estabas en peligro. —
Hace una pausa, como si buscara las palabras adecuadas. No porque dude, sino porque sabe que la chica frente a él no entenderá su manera de pensar con facilidad.
— De donde yo vengo, si ves a alguien a punto de morir y tienes el poder de salvarlo, lo haces. No porque esperes algo a cambio, no porque sea alguien especial. Lo haces porque puedes. Porque si no lo haces, entonces ¿qué sentido tiene ser fuerte? —
La observa, su expresión es inquieta, pero hay un brillo en sus ojos que sugiere algo más profundo.
—No espero que lo entiendas. Solo quiero que lo recuerdes.
Sus palabras hicieron que Nala lo mirara con sorpresa, como si nunca hubiera escuchado algo así antes. Después de eso la única reacción que tuvo de ella fue una mordedura en sus labios, la indecisión era notable en su rostro.
Minato aprovechó su vacilación para continuar.
—Cuéntame tu historia, Nala.
Nala tragó saliva, nerviosa. Sus orejas se agacharon y su cola se enroscó alrededor de su cuerpo, como si quisiera protegerse de recuerdos desagradables.
—N-no lo sé. —murmuró, su voz entrecortada—. ¿Para que quieres saber eso? No es nada importante.
Minato frunció el ceño.
— No sabemos la razón del ataque de anoche, quizás algo pasó en tu vida que llamó la atención de estos hombres o simplemente fuiste atacada al azar, pero para confirmarlo y ayudarte, necesito que cooperes.
Nala asintió lentamente.
—Se que no es algo fácil, pero no te lo pediría si no creyera que fuera importante.
Minato necesitaba descartar la idea de que ella pueda estar entrometida con algún tipo de deuda o simplemente fue un ataque racista. El tipo de muerte podría inclinar la balanza sobre lo segundo, pero en su grupo no había humanos por lo que es difícil decirlo, pero que todos los atacantes hayan sido humanos y todas las víctimas hayan sido faunos, no puede ser coincidencia.
Pero, ¿Que podía decir él? Llevaba menos de una semana en este mundo, no sabía con certeza la relación existente entre faunos y humanos, notó cierta tensión entre las pocas interacciones que visualizo en Vale, pero nada concreto... hasta ahora.
También es bastante curioso como en el pueblo no hay ningún fauno, lo cual sólo introduce más dudas.
Se habia perdido tanto en sus pensamientos que apenas notó que Nala comenzaba hablar.
—Crecí en Menagerie... —susurró, sus manos jugando nerviosamente con el borde de su vestido sucio—. La mayoría de los faunos de allí siempre soñaron con algo mejor... con un lugar donde pudiéramos vivir sin ser tratados como ciudadanos de segunda clase. Mis padres creían en eso, pero con el tiempo... se dieron cuenta de que no bastaba con soñar.
"¿Menagerie? ¿Un pueblo o reino de faunos? Lo buscaré luego."
Minato asintió ligeramente, sin interrumpirla. Él entendía esa sensación. No era tan diferente de las personas que abandonaban su aldea natal buscando fortuna o un propósito más allá de lo que les ofrecía su hogar.
—Decidimos dejar la isla... —Nala hizo una pausa, su mirada perdida en el suelo rocoso de la cueva—. Querían que tuviéramos una vida mejor en Atlas... dijeron que allí habría oportunidades. Trabajo, educación... respeto.
La ironía en su risa seca no pasó desapercibida para Minato, tampoco que Menagerie no es un pueblo o reino, es una isla o puede ser un pueblo en una isla... o quizás un reino en una isla.
—Pero no fue así... apenas llegamos, mi padre tuvo que aceptar cualquier trabajo que pudiera conseguir, y terminó en las minas de Dust. Mi madre... era modista, pero tiempo después también tuvo que trabajar en las minas, porque era lo único que podían darnos. No éramos humanos, así que no importaba cuánto nos esforzáramos. Para ellos, siempre fuimos prescindibles.
Minato apretó los puños sutilmente, entendiendo el peso detrás de esas palabras. Sabía lo que era ser subestimado, pero nunca había sentido la opresión que Nala describía.
—Hace un par de años... —su voz se quebró por un momento—. Un accidente en la mina. Dijeron que fue un derrumbe, pero nunca nos dieron respuestas claras. Solo... sacaron los cuerpos, nos dieron unas pocas monedas y nos dijeron que nos fuéramos.
Minato cerró los ojos un momento, sintiendo la impotencia en su voz.
—Desde entonces he estado vagando por Remanente, sin rumbo, sin saber qué hacer. Conocí a otros faunos que habían pasado por lo mismo... algunos incluso peor. Todos desplazados, huyendo del odio, de la violencia, tratando de encontrar un lugar donde pudiéramos existir en paz. Pensé que tal vez juntos... podríamos encontrar algo parecido a un hogar.
Nala hizo una pausa, mirándolo a los ojos por primera vez desde que empezó a hablar.
—No teníamos nada, pero al menos nos teníamos los unos a los otros... hasta anoche.
Minato la observó con atención, notando cómo su expresión cambiaba entre dolor y tristeza.
—Aún recuerdo que mi madre me dijo una vez... —susurró—. Si alguna vez nos pasa algo, ve a Vale. Allí tengo una amiga... ella te ayudará.
Nala esbozó una sonrisa triste.
—Nunca le presté atención a eso... hasta ahora. No creí que podía hacerlo por mi cuenta. Pero con ellos... mi nueva familia... pensé que tal vez podríamos haber llegado juntos a Vale, y finalmente tener un nuevo comienzo.
Minato permaneció en silencio, dándole espacio para procesar sus pensamientos. La historia de Nala no era muy distinta a las de muchas personas que había conocido en su vida: buscando algo que les había sido arrebatado, tratando de aferrarse a una pequeña chispa de esperanza.
—Pero ahora... —su voz tembló—. Estoy sola otra vez.
Minato, sin pensarlo mucho, respondió con firmeza.
—No estás sola
Nala lo miró, no sorprendida. No porque no creyera en sus palabras, sino por los malos recuerdos que le había traído la última persona que le dijo lo mismo.
—Vale... Tiene alguien ahí —Minato reflexionó—. Entonces ahí es donde debemos ir.
Nala parpadeó, atónita sus palabras.
—¿De verdad crees que podríamos...?
—Sí —Minato la miró con convicción—. No sé qué nos espera allí, pero si hay una posibilidad de que encuentres a alguien que pueda ayudarte, entonces la tomaremos.
El silencio volvió a llenar la cueva, pero esta vez no era incómodo. Nala aún tenía esa rostro abatido, pero sus ojos brillaban diferente, quizás la esperanza comenzaba a crecer nuevamente en ella, pero Minato tenía otros pensamientos, podía llevarla a Vale, pero no tenía planes de quedarse, después de todo, cerca de este pueblo puede que este la única forma de volver a su mundo, sin contar las cosas extrañas que pasaron al rededor del mismo las últimas horas, necesitaba quedarse para averiguar sobre todo eso.
Minato, con los brazos cruzados, observaba a Nala mientras la mirada de ella volvía hacia las tumbas de sus amigos. Había un ligero temblor en su mano, pero su postura parecía mantenía firme, aunque los recuerdos parecían pesarle.
—¿Qué pasó anoche? —Minato preguntó, aunque su voz era suave, la intensidad en su mirada no dejaba espacio para evasivas.
Nala respiró hondo antes de responder.
—O, mejor dicho... ¿ayer? —añadió él, dándole espacio para pensar.
Nala asintió, bajando la vista. Se tomó un momento para juntar las palabras y comenzó:
—Antes de llegar al pueblo por la mañana... estábamos en un pueblo de camino a Vale. Ya llevábamos días viajando y alguien nos recomendó un atajo para acortar el trayecto. Nos dijeron que si tomábamos este camino, reduciríamos al menos un día del viaje que nos esperaba.
Minato alzó una ceja, percibiendo cierta vacilación en sus palabras.
—¿Quién les dio esa información?
—Varios humanos —respondió ella, con un tono ligeramente incrédulo—. Nos pareció raro... muy raro. Normalmente no nos dicen nada que pueda beneficiarnos, pero decidimos revisarlo por nuestra cuenta, y... tenían razón. Era un camino más corto y más accesible.
Minato asintió, aunque su expresión no perdió esa sombra de escepticismo.
—Pero justo antes de salir... un fauno que vivía en el pueblo nos advirtió que no viniéramos por aquí.
—¿Y qué les dijo exactamente? —preguntó Minato, inclinándose ligeramente hacia ella, como si tratara de leerle la mente.
Nala tragó saliva, mirando al suelo, como si el simple recuerdo fuera suficiente para erizarle la piel.
—Nos dijo que... hace algunos años, muchos faunos habían desaparecido en esta zona, cerca de este pueblo. Más de quince faunos, según lo que él sabía.
Minato frunció el ceño, cruzando los brazos mientras procesaba esa información.
—¿Quince faunos? —repitió, como si tratara de asegurarse de que había escuchado bien.
Nala asintió.
—Nadie sabía exactamente qué había pasado con ellos. Se hablaba de desapariciones, pero nunca se encontraron los cuerpos. Era como si... simplemente hubieran dejado de existir.
—¿Y ustedes no habían oído nada antes? —preguntó Minato, sus ojos clavados en ella.
—No. Ni yo ni mis amigos habíamos escuchado algo así. Pensamos que tal vez eran rumores viejos o exageraciones para asustarnos... pero había algo más.
Minato permaneció en silencio, instándola a continuar con un simple gesto de su mano.
—Ese fauno... nos contó sobre un caso en particular. Uno que hizo mucho ruido en su momento porque involucraba a estudiantes de Beacon.
Al escuchar el nombre de la academia, Minato se tensó ligeramente. Había oído hablar de Beacon por Weiss, y aunque no conocía mucho, sabía que los cazadores eran el equivalente ninja en este mundo, por lo que debían ser considerados fuertes.
—¿Qué pasó con ellos? —preguntó, su tono más grave.
Nala tragó saliva, sus ojos reflejando un miedo que parecía no ser suyo, sino algo que había absorbido de las palabras del fauno que les advirtió.
—Un grupo de cuatro... tres faunos y un humano. Eran estudiantes de Beacon en su tercer año, enviados a una misión cerca de Tanhofur, un lugar llamado cascada Buenasi, no muy lejos de aquí.
Minato frunció el ceño, el nombre del lugar quedándose en su mente mientras ella continuaba.
—De los cuatro, solo encontraron al humano... inconsciente y gravemente herido. No podía recordar nada de lo que había pasado. Los tres faunos que estaban con él simplemente... desaparecieron.
El silencio cayó sobre ellos por un momento, interrumpido solo por el sonido del viento que se filtraba por la entrada de la cueva.
—¿Y nadie investigó más? —preguntó Minato, su tono frío, casi acusador.
Nala negó con la cabeza.
—Hubo investigaciones... pero no encontraron nada. Los faunos desaparecidos no eran más que estadísticas para muchos. Incluso los reportes sobre lo ocurrido con el estudiante de Beacon fueron vagos, como si alguien no quisiera que la verdad saliera a la luz.
Minato permaneció inmóvil, sus pensamientos procesando cada detalle. Algo oscuro estaba ocurriendo en esta región, algo que iba mucho más allá de simples desapariciones.
Nala continuó con la voz más baja, como si recordar esos momentos le pesara aún más.
—Cuando llegamos al pueblo temprano en la mañana... todo se sentía raro. Desde el primer momento que cruzamos las calles, recibimos muchas miradas extrañas.
Minato, que hasta ese momento había estado escuchando en silencio, levantó la cabeza.
—¿Qué tipo de miradas? —preguntó, su tono neutral, aunque su curiosidad era evidente.
Nala suspiró, sus manos jugando nerviosamente con los pliegues de su ropa.
—Miradas de desprecio... de odio —dijo, con un nudo en la garganta—. Las reconozco muy bien porque las he sentido muchas veces antes.
Por un momento, el rostro de Minato permaneció inexpresivo, pero internamente, esas palabras resonaron en él. El trato que había recibido de los aldeanos desde que llegó era completamente diferente. Las sonrisas corteses, la curiosidad, incluso las conversaciones breves... todo estaba en un espectro opuesto al odio que Nala describía. Pero decidió no opinar al respecto. Había algo más que quería saber.
—¿Y luego? —preguntó Minato, instándola a continuar.
—Nos mantuvimos juntos, tratando de ignorar esas miradas, aunque eran difíciles de soportar —dijo Nala, apretando los labios como si reviviera la incomodidad de esa mañana—. Entonces... pasó algo que lo empeoró todo.
Minato inclinó ligeramente la cabeza, sus ojos nunca apartándose de los de Nala.
—¿Qué fue?
Nala respiró hondo antes de continuar.
—Uno de los hombres del grupo... Layn, se llamaba... estaba caminando al frente de todos. Era alguien fuerte, decidido, siempre nos alentaba a seguir adelante, incluso cuando las cosas se ponían difíciles.
Minato asintió lentamente, esperando el resto. Recordaba el incidente de ayer en la mañana, pero quizás ellas no lo vio.
—De repente, un señor... un hombre mayor que pasaba por la calle, comenzó a
insultarnos.
—¿Insultarlos? ¿Por qué? —preguntó Minato, su voz ahora más grave.
—Por ser un fauno, por supuesto —dijo Nala, con un tono que mezclaba resignación y tristeza—. Nos llamó... Animales, bestias, entre otras cosas que prefiero no repetir.
Minato permaneció en silencio, pero la rigidez de su mandíbula traicionó el leve enojo que comenzaba a acumularse en él.
Nadie merecía ese tipo de trato, nisiquiera Orochimaru era tratado así y eso que era mucho más raro...
—Layn intentó ignorarlo al principio. Era lo que siempre nos decía: "No les des lo que quieren. No vale la pena". Pero... —Nala apretó los puños—, el hombre siguió. Se acercó a él y lo empujó, lo llamó una plaga que no debería estar en ese pueblo.
—¿Y qué hizo Layn? —preguntó Minato, con un leve brillo en sus ojos.
—Respondió. Perdió la calma, algo que no era común en él. Pero era comprensible... todos estábamos cansados, física y mentalmente. Así que Layn lo enfrentó, le pidió que se disculpara, que dejara de tratarnos como si no fuéramos nada.
Minato asintió, viendo con claridad cómo la situación podría haberse descontrolado rápidamente.
—Ahí fue cuando... todo se salió de control. Otros aldeanos se acercaron y comenzaron a gritar también. Algunos nos insultaban, otros pedían que nos fuéramos. Layn trató de defenderse, pero... apareció un guardia.
Nala hizo una pausa, respirando profundamente antes de continuar.
—El guardia tomó a Layn por el brazo y lo acusó de iniciar el problema. No importó lo que dijimos o hicimos, nadie escuchó nuestra versión.
Minato frunció el ceño, el cuadro volviéndose cada vez más claro en su mente.
—Entonces se lo llevaron. ¿Y los demás? —preguntó.
Nala negó con la cabeza, sus ojos ahora brillando por las lágrimas.
—Nosotros... intentamos seguirlos, pero no nos dejaron. Uno de los hombres que estaba con el guardia nos dijo que no nos acercáramos más si no queríamos meternos en problemas.
Minato respiró hondo, procesando todo. Una confrontación sencilla había escalado rápidamente, alimentada por un odio que parecía haber estado presente mucho antes de su llegada. Algo en este pueblo estaba mal, y ahora sabía que no era una simple coincidencia.
Nala continuó con un suspiro tembloroso, mirando al suelo como si los recuerdos fueran demasiado pesados de sostener.
—Pasaron horas, Minato... todo el día prácticamente. Nos quedamos cerca de la estación de policía, esperando escuchar algo, cualquier cosa sobre Layn. Pero nadie nos daba respuestas.
Minato frunció el ceño, cruzando los brazos mientras reflexionaba.
—Si era un problema menor, como una pelea verbal o un altercado leve, lo lógico habría sido que lo liberaran después de un par de horas —dijo, casi para sí mismo—. Mantenerlo tanto tiempo... no tiene sentido, a menos que hubiera algo más detrás.
Nala asintió lentamente, su expresión teñida de impotencia.
—Eso pensamos también. Pero mientras esperábamos, nadie nos decía nada. Ni la policía ni nadie del pueblo... Era como si Layn hubiera desaparecido dentro de esa estación.
Se quedó en silencio un momento, apretando los puños sobre su regazo.
—Como no teníamos otra opción, seguimos esperando. Pero al caer la tarde y ver que todavía no había señales de nada, empezamos a preocuparnos más. Decidimos que lo mejor era retirarnos y buscar un lugar seguro para pasar la noche.
Minato levantó una ceja, sus ojos fijos en Nala.
—¿Por qué no quedarse en el pueblo? ¿No habría sido más seguro cerca de otras personas?
Nala negó con la cabeza rápidamente, su expresión endureciéndose.
—No, no confiábamos en quedarnos ahí. Desde el momento en que llegamos, las miradas, las palabras... todo nos decía que no éramos bienvenidos. Dormir dentro del pueblo habría sido como ofrecer nuestras cabezas en bandeja de plata.
Minato asintió lentamente, entendiendo su lógica. Era claro que el ambiente hostil no les dejaba opción.
—Así que decidimos salir del pueblo —continuó Nala—. Encontramos un lugar en las afueras, cerca del bosque, donde podíamos montar un pequeño campamento. Era un lugar tranquilo, apartado... o eso pensábamos.
Se detuvo de repente, tragando saliva, como si lo que venía después fuera demasiado doloroso de relatar. Minato esperó pacientemente, sus ojos serios, pero en silencio le transmitían que podía tomarse el tiempo que necesitara para continuar.
Nala respiró hondo antes de continuar, su voz temblando al recordar lo sucedido.
-Cuando estábamos a punto de montar el campamento, aparecieron esos hombres de la nada. Eran cuatro... estaban vestidos muy raros.
Minato escuchaba en completo silencio, cada palabra encajando en su mente como piezas de un rompecabezas oscuro.
-Al principio no sabíamos qué querían, pero... empezaron a hablar entre ellos. Decían cosas sobre una orden, algo que no entendí del todo, pero estaba claro que tenían un propósito. Uno de ellos, el que parecía ser el líder, nos miró con un odio que no puedo olvidar. Dijo que íbamos a pagar por nuestros pecados, y que al igual que nuestro amigo.
—Su amigo... — recordó Minato
—Sí, se refería a layn, nos dijo que había muerto de una manera horrible, no lo podíamos creer, decíamos que era mentira.
Su voz se rompió al recordar ese momento, pero continuó, esforzándose por mantener la compostura.
—Luego, ese mismo hombre nos dijo que corriéramos... para "dar inicio a la caza".
Minato apretó los puños al escuchar eso, un destello de furia pasando por sus ojos.
—¿Caza? —preguntó, aunque ya conocía la respuesta.
Nala asintió, sus ojos comenzando a llenarse de lágrimas.
—Sí. Nos dieron la espalda, como si fuéramos animales en un juego. Sacaron esos cuchillos... y nos dieron una oportunidad de escapar. Pero fue una mentira.
Hizo una pausa, cerrando los ojos con fuerza, como si eso pudiera alejar las imágenes que le atormentaban.
—Corrimos. Todos corrimos. Pero no llegamos lejos... estaban preparados para eso. Nos alcanzaron rápido. Fue como si todo estuviera planeado, como si supieran exactamente cómo moverse para atraparnos.
Minato se mantuvo callado, procesando cada detalle, mientras Nala continuaba.
—Uno por uno, nos derribaron. Escuché los gritos de mis amigos... los vi caer. Yo... yo estaba segura de que iba a ser la siguiente.
Fue entonces cuando...
Se detuvo, levantando la vista hacia Minato, sus ojos llenos de gratitud y dolor.
—Cuando llegaste tú. —
La habitación quedó en silencio por un momento. Minato miró a Nala, intentando mantener su expresión neutral, pero dentro de él hervía una mezcla de rabia e impotencia. Finalmente, exhaló profundamente, rompiendo el silencio.
—Llegué tarde... —dijo, su voz grave.
—No —respondió Nala rápidamente, negando con la cabeza—. Salvaste mi vida. Puede que no hayas podido salvarlos a todos, pero si no hubieras estado ahí, yo...
Se interrumpió, incapaz de terminar la frase. Minato bajó la mirada, con un peso aún mayor sobre sus hombros.
Minato mantuvo su mirada en ella mientras las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas, su cuerpo temblando por los recuerdos de la tragedia reciente. Dejó que se desahogara un poco más antes de hablar, consciente de que cada palabra que dijera en ese momento debía ser cuidadosa, pero firme.
Finalmente, respiró hondo y rompió el silencio.
—Nala —dijo suavemente, esperando a que ella lo mirara. Cuando sus ojos se encontraron, él continuó—, sé que no es el momento ideal para esto, pero no puedo dejarte aquí. No después de lo que pasó.
Ella parpadeó, limpiándose rápidamente las lágrimas con la manga de su ropa. Su respiración era irregular, pero parecía dispuesta a escuchar lo que Minato tenía que decir.
—Tengo un plan —prosiguió él, con un tono que buscaba transmitir seguridad—. Voy a llevarte a Vale. Necesito ponerte a salvo mientras averiguo qué está pasando aquí.
Nala lo miró con sorpresa y un leve toque de esperanza en sus ojos.
—¿Qué tan segura estás de que estarás bien en Vale?
Minato inclinó un poco la cabeza, esperando su respuesta.
—Es... una vieja amiga de mi madre —comenzó Nala, tratando de mantener la calma mientras hablaba—. Se fue a vivir a Vale hace años. La conocí cuando era niña, y mi mamá siempre decía que podía contar con ella. Yo... yo le creo.
Minato asintió lentamente, procesando sus palabras.
—Bien. Perdona que te apresure, pero necesitamos salir pronto. No quiero correr más riesgos.
Nala lo miró con un destello de gratitud en medio de su vulnerabilidad, pero algo más parecía inquietarla.
—¿Y qué vas a hacer tú? —preguntó, aunque ya parecía intuir la respuesta.
Minato tomó aire antes de responder.
—Voy a averiguar qué está pasando aquí.
Hubo un momento de silencio mientras las palabras se asentaban. Finalmente, Nala alzó la mirada, con un brillo esperanzador en sus ojos.
—¿Vas a buscar a Lyan?
Minato sostuvo su mirada, su determinación clara.
—Sí, lo haré.
Nala dejó escapar un pequeño suspiro, como si esa respuesta le devolviera algo de fuerza. Minato sabía que tenía que actuar rápido, tanto para protegerla como para desentrañar el misterio que los había rodeado.
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.
Buenas... ¿alguien más está teniendo problemas para ver los capítulos? Este es el séptimo, pero a veces solo aparecen cuatro o menos.
No se si es solo a mi o alguien más le pasa.
de todas maneras...
Si tienen alguna sugerencia o idea, no olviden comentarla.
