Entonces una mañana despertó enfermo.
La sensación del resfriado recorría su cuerpo. Desde su nariz congestionada hasta sus pies fríos. El mareo por la fiebre también le abrazaba hasta el fondo de su ser. El cansancio también llegó de golpe a su cuerpo, bueno, no siempre se puede gozar de buena salud ¿Verdad?
Para Gen Asagiri, los resfriados eran algo más comunes de lo que le gustaría aceptar, sin embargo, en el mundo posterior a la petrificación se aburría mucho. Durante el siglo 20, con los smartphones o la televisión era mucho más fácil estar enfermo. Te podías distraer de alguna manera al menos.
Ahora mismo lo único que podía hacer era quedarse acostado haciendo reposo, mirando al techo e ir girando a los lados cuando ya le molestara la espalda. Pero seguía aburrido, los demás, pasaban de vez en cuando a ver que tal lo llevaba,pero claro no se quedaban con él más de 5 minutos. Nadie quería contagiarse el refriado, menos cuando los días soleados están sobre la aldea.
Había calor, y la fiebre que tenía Gen, tampoco ayudaba a esa sensación calurosa. ¿Qué más podría hacer ahora?
Se acomodo en la cama dándole la espalda a la puerta, intentando dormir un poco. Cerro los ojos con la esperanza de que al despertar se sentiría mucho mejor. Mientras vivía en ese pensamiento, una sensación helada tocó su mejilla. Se sobre salto y se giro de golpe.
Senkuu estaba sobre él, tal cual como esa ocasión que termino herido por el ataque de Magma. Gen solo podía irradiar confusión y parecía no entender nada.
- Deja de lamentarte Mentalista- El científico sonrío mientras le dejaba junto a él una botella de SenkuCola - Estoy seguro que esto te sabrá mejor que el agua que haz estado bebiendo- Terminó diciendo, levantándose y saliendo por la puerta.
Gen miró la botella y luego a la puerta. ¿Senkuu de verdad estuvo aquí? Ni siquiera lo escucho entrar.
Volvió la mirada a la botella, como si todo hubiera sido una ilusión, y con algo de incredulidad, la tocó. Sonrío levemente, ¿Quién diría que un líder científico se preocuparía por él?. Bebió un poco, se dejó llevar por el sabor, definitivamente esto era mejor que el agua y siguió disfrutando del helado líquido.
Sí, podría estar aburrido mientras estaba enfermo pero, muy en el fondo, sabía que jamás volvería a estar solo.
