Kyo abrió los ojos, consciente de la familiaridad de este acto, uno que con el tiempo se tornaba tedioso y repetitivo. Respirar ardía con intensidad y el sabor metálico en la boca no sesgaba. Un dolor intenso, lacerante, oprimió su pecho al intentar erguirse, el efecto de ampliar el esternón al respirar era agobiante. Se inclinó entre bocanadas profundas, adaptando el cuerpo al dolor.

Se encontraba en el salón, sobre el tapete, encima de algunas sabanas acolchadas al lado del sillón. Cerca suyo algunos medicamentos huérfanos y toallas húmedas oscurecidas por la sangre y el hollín, estaban descuidadamente abandonados. Observa sobre sí una camisa desabrochada de matiz claro, acompañada solo de ropa interior. A un lado del almohadón hay un pantalón pulcramente doblado y en la mesa contigua, una jarra con agua aguardaba al lado del portátil prendido. Una página de búsqueda con viejos kanjis reposaba a punto de entrar en reposo.

Se inclino echando el cabello hacía atrás, una angustia aguda le presionaba el estomago, sabia bien que su padre estaba atrapado, que era él con quien estaban estableciendo el vinculo, pero aún así el recuerdo le llegaba difuso, lleno de imágenes inconclusas, ocultas tras una nube de olvido. No recordaba que había sucedido dentro de aquella pesadilla que Iori llamaba "la conexión" salvo por entrecortados fragmentos de un viejo templo y una tortura ya difusa.

No comprendió por que le era tan doloroso moverse o siquiera respirar, como tampoco porque yacía en el piso del estudio sobre sabanas manchadas. La última imagen de la noche anterior en la mente de Kyo fue el abrazo fuerte con que el pelirrojo lo sostuvo. Aquel gesto que le devolvió el coraje arrancado por la desesperación. Recordó la sensación tibia, la voz profunda y la fuerza dolorosa con que Iori lo abarcaba en aquel instante. Se vio a si mismo avergonzado ante aquella reacción de Yagami, pero quiso aferrarse a la sensación de estabilidad que le produjo, para no caer en el desbocado deseo de abandonar todo y alejarse frenético a una búsqueda a ciegas, hacia el errar del padre.

Intento levantarse nuevamente, pero el solo hecho de lograr sentarse le corto el aliento y el estudio comenzó a dar vueltas. Su padre estaba atrapado en algún lugar, vivo si, pero ¿Por cuanto tiempo? Kyo maldijo su actual debilidad siendo consciente de que no lograría nada en ese estado. Maldijo nuevamente, angustiado, los dedos se cerraron con fuerza sobre la sabana.

Un susurro suave llego incomprensible desde su espalda. Kyo miro a su alrededor alarmado, ante la cercanía de algo, pero allí no había nada. Suspiro intranquilo, pensando en que estaba percibiendo cosas que no eran. El resonar de unos pasos acercándose al salón llamó su atención. Nuevamente una multitud de voces de manera irreal, susurro tardía pronunciando "Yagami" como un eco de su propio pensamiento.

Iori entro en el salón observando con severidad el celular. Cruzo una mirada con Kyo y su rostro de semblante rígido se hizo mas dócil. El castaño lo observaba con cierta confusión, pero no le extrañó, dado lo sucedido.

– ¿Como te sientes Kusanagi? –pregunto cruzando de largo hasta el portátil, tomando asiento cerca a Kyo.

– Vivo, supongo. –respondió Kyo apagado, su voz salio ronca rastrillando las dos palabras con ardor. Se apoyo con dolorosa dificultad en el sillón, controlando el mareo que cedía con lentitud, hasta quedar sentado a la altura de Iori, que desde la poltrona principal parecía comparar algo entre el celular y el portátil. Vistió los pantalones que Yacían doblados a un lado de la almohada.

Iori tomo el vaso con agua que tenía a un costado y lo paso con suavidad a Kyo. Este recibió silencioso y bebió un largo sorbo que escoció en la garganta. Tosió un par de veces por la sensación de ardor y dejo el agua a un lado con al intención de no tomarla de nuevo.

Iori poso el celular en la mesa y se levantó nuevamente, Kyo le observó ansioso a punto de preguntar algo, una angustia profunda carcomía sus entrañas a pesar de la sensación ausente del despertar, pero este se acercó repentinamente, cerrando el espacio entre ellos a un mínimo, empujando con suavidad a Kyo sobre el sillón.

– Cálmate. Aún tenemos tiempo, debes recuperarte. –se irguió tras rosar con suavidad el pecho del castaño al alejar la mano– Regresaré con algo que puedas tragar y hablaremos al respecto.

Kyo observó la espalda ancha de Iori, con los hombros algo caídos, alejarse. Se veía cansado. Noto como su voz fallaba al intentar hablar y tosió una vez mas por la molestia. Tras unos instantes de respiración regular para evitar los dolorosos accesos de tos, el celular vibró sobre la mesa, haciendo temblar la madera. Kyo dudo un momento y lo tomo a la segunda vibración, al observar sorprendido, la palabra Nikaido en la pantalla.

Desconocía que Iori tuviera a Benimaru como contacto. ¿Cuando lo había agregado? Kyo contesto la llamada y su voz fallo al mencionar el nombre de su amigo.

– ¿Hola? ¿Yagami? – Pregunto el rubio irritado por la linea silenciosa. Kyo se aclaro la garganta y saludo a su amigo con una voz pastosa y baja.

– ¿Kyo? Gracias al cielo despertaste. Ya comenzaba a creer que ese maldito psico de Yagami me estaba mintiendo. ¿Como te sientes? – pregunto el rubio apremiante.

– Nunca he estado mejor. – habló Kyo con voz ronca, algo socarrón. Escuchar a Benimaru hablar tan casual le daba una sensación de tranquilidad, como si lo sucedido hubiese sido solo un mal sueño.

– No me vengas con eso Kyo. Si no fuese por la fotografía que te tomo Yagami no le habría creído una mierda. Llevas bastantes horas inconsciente sabes.

– ¿Foto? –pregunto Kyo extrañado– ¿Iori te contacto?

– Claro que no, Yo llamé a ese numero tras no saber nada de ti en un día entero. Goro y yo no esperábamos que contestara Yagami, aunque de igual manera él parecía tener la intención de contactarme en primer lugar, tu sabes, para buscar aquel registro de esos templos en la zona.

– Templos...– habló Kyo quedamente cuando se su mano le fue arrebatado el celular. Iori lo observó con leve molestia silenciando la llamada. Nuevamente la expresión del pelirrojo muto a una suavidad inusitada y entrego un vaso con algún zumo espeso de color claro.

– Veo que no dejas de husmear en los asuntos de los demás Kusanagi. –puntualizo Iori alejándose del sillón y reactivando la llamada. Cruzo el salón frunciendo el ceño entre palabras cortantes con Benimaru.

Kyo lo miró hablar por celular, Iori había establecido contacto con Benimaru. Estaba dedicado a la tarea de localizar todos los templos en la zona. Justo después de lo sucedido, estaba empecinado en la búsqueda con mayor seriedad. Eso significaba que ya no habría mucho mas tiempo para recuperaciones.

Iori hablando con Benimaru, intercambiando información en una alianza forzada. Aquello arranco una sonrisa amarga a Kyo. Bebió del zumo con sabor a mango, lechoso y mucho mas amable con la garganta.

Sopeso la creciente debilidad de su cuerpo. El efecto del ritual había destrozado su resistencia y requería tomarse las cosas con calma para recuperar poco a poco la fuerza. Aún no lograba pararse con éxito y así, se reitero, no podría salvar a su padre. Respiro profundo y bebió del zumo hasta acabarlo.

Necesitaba conocer el lugar donde tenían a Saisyu. Miro a Iori, escuchando parte de la conversación sobre algunos lugares viejos y tradicionales que fuesen registrados como templos. Su rostro estaba pálido, con tenues franjas oscuras bajo los ojos. Su expresión cansina no parecía mejorar con la información que Benimaru estuviese compartiendo. ¿Cuando fue la ultima vez que había dormido?

A pesar de verse mas saludable que hace unos pocos días, tras haber quedado mal herido por la explosión en el templo Kagura, su semblante enfermizo hizo considerar a Kyo el daño y el cansancio acumulado que cargaban ambos desde su primer encuentro. Inconscientemente toco con suavidad el hombro que aquel policía había impactado la primera noche y observó el abdomen de Iori, sintiéndose contrariado, entre maldecir la rápida habilidad de curación que este poseía, con el alivio que le generaba verlo estable.

Iori colgó la llamada y tomo asiento en la poltrona, se sirvió una gran cantidad de Wisky y bebió un largo trago. Kyo tenía el vaso vacío entre las manos, el mareo ya había cedido su paso y observaba las colchas algo manchadas de sangre sobre el tapete, sospechando que otra habitación había caído bajo sus llamas.

– ¿Como te sientes ahora Kusanagi? – pregunto con cierta apatía el pelirrojo, pero la preocupación lograba filtrarse traicionera entre sus palabras. Kyo desconocía gran parte de lo sucedido mientras se mantuvo sumergido en ese mundo onírico del sueño tortuoso, pero podía notar en su cuerpo y en la anormal atención con que Iori lo trataba, que no fue algo simple y sencillo, como despertar.

– Bueno, tras descubrir que tengo una nueva fijación en incinerar habitaciones ajenas. –habló pateando con suavidad las colchas del piso, pensativo–. Mucho mejor. – respondió con sorna y algo de humor para bajar la tensión. Haber calmado sus propias emociones le generaba mas seguridad para proceder.

Iori dejo escapar una sonrisa involuntaria sesgandola automáticamente en un rictus desinteresado.

– Eh Yagami. ¿Que has encontrado? – Preguntó sin sonar muy urgido, queriendo mantener un ambiente menos tenso y mas fácil de llevar. Iori percibió con claridad la preocupación de Kyo, pero mantuvo un tono despreocupado y casual.

–He estado investigando algunos templos en el territorio ancestral de las familias del sello. –hablo Iori tecleando algo en el portátil– Los resultados han reducido el área de búsqueda, pero siguen siendo una cantidad poco razonable. –puntualizo irritado. Kyo miro pensativo la sangre seca en la sabana clara. Sus recuerdos eran difusos, pero algunos aspectos estaban presentes.

– No había Nenúfares...– habló pensativo. Iori lo miró sin comprender.

– No recuerdo ningún olor diferente al humo amargo. El lugar era colosal y llovía. Había un sonido sumergido de lluvia torrencial... –dice Kyo quedamente, pensar en ello le genera un extraño vacío en el pecho, una sensación de vértigo. Iori observaba el portátil, ignorando el repentino decaimiento de Kyo.

– También llovía fuerte cuando... –calló pensativo– Es posible que el área que separamos sea mucho mayor. Buscaré las referencias del clima, si la tormenta no era muy extensa es probable que el templo se encuentre mas cerca de lo que creemos. – puntualizo Iori con cierta expectativa renovada y una extraña ferocidad en la mirada.

Kyo respiró con lentitud retomando la compostura. Se levantó con naturalidad haciendo un esfuerzo por que no se notara el mareo que cedía a paso lento. Se inclino al lado de Iori sosteniendo el peso de su cuerpo en el espaldar alto de la poltrona. La camisa desabotonada se deslizo sobre el hombro del pelirrojo.

Iori giró la vista ante el acercamiento del castaño. Su mirada choco con el pecho desnudo, en este yacían gruesos cardenales a lo largo del esternón, que se empezaban a oscurecer. Subió la vista por su cuello, siguiendo las leves marcas rosa con forma de dedos y finalmente se topo con la mirada amable y cansada de Kyo.

– Estoy bien Yagami, no tienes que mirarme como si me estuviera muriendo. Pero gracias por la preocupación. – acotó con una sonrisa suave. Iori resopló irritado y regresó la vista al portátil.

– Tienes una increíble tendencia a herirte todo el tiempo Kusanagi. – habló burlón y cortante mientras accedía a la página meteorológica de Japón.

– Hpm. Y tu un insano gusto por sumarme mas dolencias. – respondió el castaño resentido. Ambos sonrieron en silencio.

Iori revisó la lista de predicciones climáticas, sismos y tifones en la zona costera. Buscó el registro de la ultima tormenta en el área de Tokyo y abrió el mapa donde se graficaba la amplitud y la intensidad del movimiento climático. Registró la zona como ejemplo y abrió el Google Maps para sesgar el área de búsqueda.

Kyo se sorprendió al ver como el mapa ya poseía marcas en las zonas que compendian a Tokyo y sus ciudades aledañas como Sagamihara, Tokorozawa, Funabashi e incluso Chiba. Cada templo establecido estaba marcado, con o sin registro fotográfico proveído por el programa. Algunos yacían en color diferente, posiblemente descartados.

Observó un instante a Iori. Le vio concentrado en la labor de descarte y le divirtió apreciar el compromiso con el que este trabajaba, incluso hasta el punto de haber entablado equipo con Benimaru. Kyo sonrió con una sensación de agradecimiento en el pecho. Aunque Yagami lo percibiera de otra manera y despreciara la angustia que tenía por Saisyu, tenía la impresión de que su desinterés no era honesto.

Tuvo una particular compulsión por tocarle, consciente de que su mano se encontraba a pocos centímetros del cabello rojizo; pero se limitó a descartar esa rareza y miró detenidamente como en la pantalla, el mapa se reducía a menos de la mitad, ubicando casi toda el área en la zona norte. Aún quedaban muchos templos establecidos y casi todos tenían referencias turísticas, cosa que no fue nada alentadora para Kyo, ya que estaba seguro que aquel lugar que había visto, era demasiado viejo para ello.

Iori maldijo por lo bajo, parecía tener lo mismo en mente. Descartó todos los lugares turísticos y el grupo de templos se redujo bastante. Ambos hombres miraron la pantalla con la misma expresión tensa. No se sentían seguros de las opciones que reposaban en ella.

– ¿Seguro que no recuerdas nada mas Kusanagi? – preguntó Iori recostando cansino la cabeza en el espaldar, accidentalmente sintiendo los dedos de Kyo ingresar invasivos entre sus cabellos.

Kyo dio un leve respingo ante el contacto involuntario, el mismo contacto que había deseado absurdamente minutos atrás. Inclinado como estaba, sobre la poltrona, a tan poca distancia de Iori, sintió el tacto de su cabello suave, algo desordenado entre los dedos. Iori no pareció darle importancia a la caricia accidental seguro de que Kyo retiraría la mano, pero al Kusanagi mantenerla en la misma posición, moviendo levemente los dedos entre las hebras rojizas, casi como una caricia, Iori se tensó incomodo y alejo la cabeza del espaldar, mirando de soslayo a Kyo.

Kyo quito la mano con lentitud y giró la cabeza incorporándose de la poltrona, dando la espalda a Iori en dirección al sillón. Una leve vergüenza cosquilleo en él. ¿Que estaba haciendo? pensó. Tomo asiento en el mueble con aplomo y efectivo desinterés, cruzo las manos inclinándose, cubriendo parte del rostro en posición pensativa sin mirar al pelirrojo.

– Tengo la impresión de haber visto muchas cosas, pero no logro visualizar que... –hizo una pausa dubitativa–. Creo que puedo recordarlo, pero hay una sensación extraña cuando lo intento. ¿Te paso algo similar?

– No. Supongo que a causa de la sangre de Orochi, dudo que tengamos la misma apreciación de "la conexión" – habló Iori mirando con fijeza, desconfiado. Kyo se recostó despreocupado en el espaldar acolchado del sillón.

– Es verdad...– habló pensativo y cerró los ojos haciendo un esfuerzo por recordar mas de aquel momento en ese espacio onírico.

La madera desgastada, la oscuridad infinita en las alturas, los rezos, los monjes. Había una fuente, la sangre. Algo en los hombres con túnica reiteraba en su mente, pero desconocía que. Algo tallado en la madera parecía palpitar en su memoria, pero no lograba rememorarlo. La voz de alguien parecía resonar, pero no distinguía ni su forma, ni sus palabras.

Kyo sintió como el vértigo regresaba paulatino, la sensación ingrávida del vacío, el punto neutro antes de caer. Imágenes entrecortadas lo azoraron, la madera vieja y oscura, los kanjis grabados en las antorchas. El humo amargo, el silencio. Las voces inteligibles, el símbolo de los Kagura flotando en medio de la negrura, ajeno al templo.

Iori miró con extrañeza inicialmente y luego con una rabia alarmante. Tras poco menos de un minuto donde Kyo parecía cavilar con los ojos cerrados, estos se abrieron de repente, una película pálida de tonos dorados enceguecía su vista. El cuerpo del castaño se tenso y arqueo hacia atrás.

– No...– maldijo Iori por lo bajo mientras lograba retener a Kyo, deslizándolo hasta posarlo sobre las sabanas en el tapete. Tomo el rostro del castaño con ambas manos y le ordeno, en voz alta, con un insulto de por medio, regresar. Kyo había empezado a sangrar por la nariz.

Kyo estaba en un remolino caótico de imágenes, sintió nauseas y un fuerte dolor en la cabeza, pero era consciente del vinculo y tras un leve esfuerzo logro visualizar el entorno con claridad. Entre mas se encaminaba a equilibrar el caos, mas profundizaba en el vínculo, al punto que empezó a escuchar de nuevo las voces lejanas y en medio de un murmullo apagado, se abrió paso el sonido lejano del agua al caer. Caminó por un letárgico pasillo oscuro, recuperando a cada paso un recuerdo perdido.

Nuevamente lo sintió, aquella presencia que le desgarraba el pecho. Era él, su padre. Kyo empezó a perder la noción del espacio y la intensa angustia regresó, el dolor rasguñó en sus entrañas arrancándole la lucidez con que exploraba "la conexión".

– Maldito Kusanagi. Esta vez te matare yo mismo si no regresas. – la voz de Iori sonó atronadora, cercana, hiriente. Estaba cargada de ansiedad, rabia y algo mas. Arrebatando a Kyo del lugar, llevándolo a reconocer en lo profundo de su mente, su propia muerte horas atrás.

Kyo regreso a la realidad de un golpe seco que le corto el aliento, tomo una bocanada profunda y dolorosa de aire como si no hubiese respirado en horas. Miro aterrado el rostro enardecido de Iori, sintió su tacto caliente en las mejillas, apretándolo con brusquedad. El sabor ferroso en la boca.

– Recordé...– habló Kyo ronco, desorientado, aun con la consciencia dubitando al borde del vértigo.

– Una mierda con eso Kusanagi. No vuelvas a permitir esa maldita conexión. – espeto Iori iracundo soltando con brusquedad las mejillas manchadas con hilillos de sangre.

Kyo giro hacia un costado, no había logrado socavar con éxito en su memoria, pero recordaba algunas partes importantes, o eso pensaba. Intento levantarse pero Yagami con un gesto brusco lo sentó de nuevo. Kyo lo miró con un dejo de temor en los ojos. Él había muerto.

– Tu me reviviste Yagami. –habló quedo y estupefacto. Esa cosa me... –hizo una pausa donde bajo la vista–. ¿Que no me necesitaban vivo maldición? – puntualizo apretando con fuerza el brazo con que Iori limitada su cuerpo.

– Ni se te ocurra hacer eso de nuevo. – habló Iori. La severidad en su rostro era intimidante, pero Kyo hizo caso omiso.

– Es un templo Kusanagi. Uno muy viejo, habían inscripciones, el símbolo del sol, una fuente, sangre...y había agua. Un río...no, una cascada tal vez. – Habló Kyo a gran velocidad como si temiera que su memoria borrara todo de nuevo, con la voz entrecortada por el acceso de tos retenido.

– Cálmate Kusanagi. –habló Iori autoritario apretando el hombro. Kyo sintió una punzada de dolor en la herida que lo aterrizó, guardo silencio estabilizando la respiración y las palpitaciones aceleradas de su corazón–. Entiendo. Solo no vuelvas a hacer lo que sea que hiciste imbécil. ¿Como te sientes? –preguntó Iori, pero su preocupación no parecía radicar en el estado de Kyo. Nacía con desconfianza de "la conexión" inconclusa.

Las voces del espectro asolaban a Kyo, las sentía en la nuca pero a la vez a una distancia muy lejana. Sentía algo que parecía atraerlo como la gravedad al abismo, pero podía resistirse. Lo estaba haciendo sin mucho esfuerzo. Quito de un manotazo brusco la mano de Iori.

– Estoy bien y no se que demonios hice, así que no se como repetir aquello. ¿Entiendes? Ya...–pauso Kyo un mili segundo deseando iniciar los cambios en la búsqueda de los templos y finalmente estar tras una pista mas sólida del paradero de su padre–. Ya no es igual. Creo que rompí esa maldita conexión. –habló Kyo cargado de un coraje tan intenso y enérgico que sonó mas seguro de lo que esperaba. Iori se incorporo en silencio observador.

– Te lo dije Yagami. Necesitan mucho mas que esto para diezmar a un Kusanagi. – espeto con arrogancia, esbozando con una sonrisa altanera, levantándose con fuerzas renovadas. En lo profundo de su ser las flamas refulgían con ira. El ruido nocivo del espectro y la gravedad que presionaba su cuerpo fueron sesgadas por Kyo sin llegar a desaparecer. Fuese lo que fuese esa sombra de muerte, la haría arder con sus ritualistas.

La siguiente hora transcurrió entre diálogos acalorados sobre la conexión, donde lograron determinar que entre mas intenso era el vinculo establecido y mas claridad se llegara a tener dentro del ritual, mayor era la percepción que se obtenía del entorno donde se llevaba a cabo. Concluyeron que de igual manera debe funcionar para los ritualistas, con la misma lucidez con que el receptor del vinculo concibe el origen, es la misma precisión con que ellos deben visualizar la ubicación del receptor. Todo ello sin contar el daño colateral que recibe el mismo.

Ante aquella conclusión Iori se cerró en la absoluta negativa de que Kyo logre vincularse una vez mas. Los riesgos son demasiado altos, y autoritario, le prohíbe permitirse una mínima interacción con aquello.

Kyo se resiste a la negativa con rebeldía, considerando que es viable sacar mas información, sintiéndose capaz de lograrlo, pero a la vez recordando que eso mismo había pensado antes de que la conexión casi le matara.

En medio de la acalorada conversación Kyo denoto una vez mas el semblante cansino de Iori. Inamovible, radical, voluntarioso pero agotado. Sabía bien que ese cansancio acumulado tenia su nombre propio en él. Guardó silencio reticente, Iori había adelantado gran parte de la búsqueda, le había salvado la vida una segunda vez y transcurrió gran parte de las horas inconscientes de Kyo, vigilando que no reincidiera. Acatar sus recomendaciones, era lo menos que le debía.

Con el reiterado choque del vinculo había llenado con coraje su propia debilidad física, pero eso no cambiaba el hecho de estar en bandeja de plata para el enemigo.

Finalmente accedió de mala gana a la exigencia de Iori respecto al ritual, mintiéndole con descaró, mientras la miríada de voces del espectro seguían arañando un espacio lejano en su mente.

El resto de la tarde transcurrió de regreso a una calma cómplice, donde no habían riñas, solo palabras ocasionales, mas amables, acompañadas del tintinear del cristal en el que el pelirrojo vertía el Wisky. El modo de Iori no regreso a la docilidad de la primera hora a su despertar. Una tosquedad, tensa, llena de palabras no pronunciadas, acompañaba sus gestos, a pesar de no llegar a ser chocante.

Durante la caída del día, pasaron filtrando los detalles proporcionados por Kyo, reduciendo aún mas la cantidad de templos en la zona. Kyo se comunicó con Nikaido que desde el ayuntamiento logro conseguir datos de viejos templos sin acceso al público, aunque ninguno radicaba como Kusanagi.

Largas horas fueron dedicadas a reducir a un mínimo de sitios la ubicación del ritual, largas horas que producían una frustrante ansiedad en el castaño y tras quedar con tan solo tres templos en el mapa, Kyo opto por desviar a su amigo en dirección a otros lugares que ya habían descartado, para que no fuese a correr con la suerte de dar con aquellas personas peligrosas. Lo siento Beni, pensó Kyo. No iba a permitir mas gente involucrada en ello.

Iori y Kyo observan silenciosos el mapa, esta vez era Kyo quien ocupaba la poltrona mientras Iori recostado en el piano, miraba a cierta distancia, bebiendo lo que restaba de la botella. El ambiente se había amenizado entre ambos, aunque la tensión seguía latente. Kyo se detuvo un instante a controlar el llamado del espectro que por lapsos parecía rozarle la consciencia. Camufló aquel malestar con las muchas dolencias que lleva encima gracias a ello, logrando que Iori mantuviera sus sospechas a raya.

Se sentía irritado, impaciente. A pesar de reducir las opciones, estaba seguro de que no habían logrado nada.

– No es ninguno de ellos. –puntualizó con ira contenida Kyo, tras revisar por tercera vez las fotografías que facilitó Benimaru desde el ayuntamiento–. No hemos descubierto nada en absoluto. Nada... – acoto enojado, sintiendo la desesperación reptar, la angustia retomar su curso y con ellas las voces lejanas del espectro, ya no tan lejanas. Un dolor fuerte se le acuno en el pecho y Kyo sudo frío intentando contenerlo ante los ojos de Iori, que pensativo no parecía percatarse.

"Kusanagi" Rugieron la miríada de voces y Kyo sintió el vértigo regresar. No, no, pensó alarmado, cálmate, controla esto.

Kyo se encogió por el dolor y gruño por bajo, Iori lo miro alarmado y se acercó abruptamente. Kyo lo odió por esa intensa vigilancia. Maldijo mentalmente cuando Iori lo irguió con brusquedad sospechando de la conexión. Su rostro se notaba rígido, molesto, pero a la vez con una particular preocupación. Kyo dio un golpe seco quitándose las manos de encima y bajo un sudor frío, le dedico una mirada agresiva, altanera.

– Estoy bien maldición. Déjame. Es solo dolor gracias a los delicados métodos de control que usas. – mintió con una sonrisa resentida. Iori le regreso una mirada severa.

– Debes descansar Kusanagi. Queda un sedante, eso sera suficiente para suprimir cualquier manifestación. – habló decidido, pero Kyo dio un respingo ante el comentario.

– Ningún maldito sedante. No tengo tiempo para desconectarme muchas mas horas Yagami. Ni siquiera se si mi padre esta vivo. – espeto Kyo con agresividad.

– Tiene que estarlo, lo necesitan para localizarte. Eso sin contar, que en el deplorable estado en el que estas, eres solo una carga inútil para mi...y para tu padre. – espeto Iori con la misma agresividad, incapaz de controlar el deseo de herirlo de alguna manera. Kyo se tensó iracundo.

– Por si no lo recuerdas, casi muero... – "como podría olvidarlo" pensó Iori–. ¿Que certeza puedo tener de que no esta gravemente herido? No tengo tiempo para esta mierda Yagami, así no sean los malditos templos, estoy seguro que debe estar por alguna parte de la zona norte y aquí sentado inútilmente no lograre nada. –espeto Kyo subiendo la voz sin percatarse, alterado–. Si no estas de acuerdo, ¡me importa una mierda! yo puedo ir solo. – puntualizo el castaño con una decisión fervorosa, moviéndose para salir del salón, pero Iori se cruzó al frente, bloqueando el paso. Su mirada flameaba con una intensión salvaje pero desconocida para Kyo.

Iori tenía encajado un ardor en el pecho, una sensación de miedo tan impropia, bajo la piel, hirviendo con la rabia. Kyo solo lograría una muerte prematura, una definitiva, y no se notaba dispuesto a ceder. Aquello enardecía a Iori, por su estupidez, por su testaruda falta de sentido común cuando se trataba de su propia vida. ¿Pero a que le temía? ¿A la muerte de Kyo? ¿A que alguien mas tomara lo que debía ser suyo? Se sentía frustrado, una corriente eléctrica le cruzaba la espalda hasta el pecho. Había un sin fin de emociones mezcladas en el cuerpo de Yagami, deseaba herir a Kyo, retenerlo a la fuerza, reducirlo bajo su voluntad, pero a la vez quería que este se resistiera, combatiera, ardieran juntos en el deseo de la conflagración con sus enemigos. Pero en lo profundo de su ser, no soportaba la idea de que Kyo dejara de existir. ¿Era eso lo que temía?

– Quítate Yagami, no es tu maldito problema lo que le pase a mi padre. – habló Kyo cortante.

– Me importa muy poco que le pase a ese viejo. –acoto Iori con ferocidad. Kyo camino hacia él acercando una mano para quitarlo del camino.

– Apártate. – espeto Kyo enojado, pero Iori contuvo el movimiento inmovilizando el brazo derecho. Con que eso quieres, pensó Kyo con la satisfacción que le advenía a un combate. Pero Iori no atacó, solo presiono estrechando el espacio entre ambos.

– No lo entiendes Kusanagi...–habló Iori con voz baja, cargada de rabia, inclinando la cabeza. El cabello ocultó los ojos rojos, la mirada rapaz.

– Te importa una mierda, pero no me dejas ir. No, no lo entiendo maldito imbécil y tampoco me interesa hacerlo. Quita tus manos Yagami, te lo advierto. Este ya no es tu problema. Lo que yo haga o no, no te importa. – espeto Kyo conteniendo la ira, con el deseo de herir a Iori, de golpearlo, de quemar todo lo que se interpusiese. Intento quitar el brazo con brusquedad del agarre de Iori, pero este lo sostuvo con fuerza.

– No lo permitiré Kyo...no les permitiré matarte fácilmente una vez mas. – habló con voz ronca, desencajada. Los dedos de Iori presionaron a Kyo hasta herirle la piel. Kyo observó confuso, alertado por la inusitada ferocidad con que Iori lo miró al levantar la cabeza–. Eres mio Kusanagi, no dejare que nadie mas te toque. – acotó con una posesividad peligrosa, con una expresión casi dolida. Kyo sintió las leves perforaciones donde los dedos de Iori presionaban.

No dejaras que nadie mas me lastime, pero tu no cesas de herirme, pensó con amargura y sonrió altanero.

– Tu no eres nadie para decidir sobre mi Yagami. Yo decido como vivir y donde me da la gana de morir. –habló con una enorme sonrisa maliciosa, enojada–. ¡No puedes hacer absolutamente nada al respecto! – grito Kyo provocando al pelirrojo, forcejeando con la ira contenida de Iori, deseando que aquel sentimiento que se acunaba en su pecho, se perdiera en la violencia concertada. Que le arrancara aquella sensación traicionera que disfrutaba con intensidad, las palabras posesivas de Iori.

– ¡No iras a ningún lado! – rugió el pelirrojo y empujó a Kyo con fuerza casi haciéndole perder el equilibrio entre las sabanas revueltas del piso. Kyo se soltó con brusquedad, sintiendo la piel desgarrarse levemente.

– Tu no decides eso. –gruñó Kyo lanzando un golpe rápido a Iori, el cual se mantuvo rígido, recibiendo de lleno el puño en la mejilla. La potencia del golpe no fue muy grande, ya que era una advertencia, pero en vez de esquivarla, Iori la había acogido inmutable. Kyo quería herirlo, pero al mismo tiempo no deseaba luchar brutalmente contra él–. Ya no te necesito Yagami. – puntualizo cortante, deseando que Iori atacara de una maldita vez.

Iori se crispo y sus ojos brillaron con recelo, se acercó presuroso, Kyo sentía al espectro pisar su sombra, se hacía cada vez mas difícil contener el efecto de la conexión y no entendía por que. Logro cubrirse el pecho con el brazo derecho, preparado para recibir el primer golpe pero Iori no lo ataco.

– Eres mio...– fue lo que Kyo escucho en voz muy baja antes de que los labios de Iori se cerraran con intensidad sobre los suyos. Una fuerza invisible le oprimió el pecho descendiendo en forma de vacío hacia su estomago, Kyo quedo perplejo sin lograr oponer resistencia ante el contacto directo de Iori. La lengua del pelirrojo invadió con agresividad su boca, explorando, hasta chocar con la humedad de la suya. El contacto fue tibio, el beso apasionado. Con fuerza, Yagami separo los brazos de Kyo en un movimiento rápido, urgido, ciñendo el cuerpo del castaño al suyo.

Iori Yagami tenía su lengua dentro de Kyo, su cuerpo era dragado con fuerza hacia él y su voluntad anulada por la sorpresa, contemplaba la sensación de contacto. Los pensamientos del castaño revolotearon como un panal de abejas, frenéticos. Todo eso estaba terriblemente mal, logro pensar pocos segundos después, cuando la mano de Iori hizo contacto con la piel desnuda de la espalda, presionando al estrechar sus cuerpos. Kyo espabilo escandalizado, mordió a Iori justo antes que sus labios húmedos se retiraran en una mueca de dolor, sintiendo un leve regusto al Wisky que Iori estuvo bebiendo durante el día.

– Maldito enfermo. – habló Kyo jadeante, empujando con lenta determinación el pecho de Iori. Le temblaban las manos, el corazón le palpitaba desbocado, se sentía confuso, indignado, perplejo. Iori con la cabeza inclinada y el cabello revuelto, jadeo con un surco de sangre saliendo entre los labios. Justo cuando Kyo aun anonadado por la situación dio un par de pasos atrás, con los pies entre las sabanas, Iori se acercó abruptamente y ambos perdieron el equilibrio, el acolchado de la tela recibió a ambos hombres.

Iori se ciño al castaño, con la cadera en la entrepierna de Kyo y el peso en posición ventajosa, inmovilizó gran parte del cuerpo contra el piso. Deslizó los dedos entre el cabello de Kyo, apretando con fuerza, haciéndole inclinar la cabeza hacia él y lo besó por segunda vez. Esta vez el beso fue profundo, hambriento y lleno de deseo. La lengua sangrante de Iori se deslizo con una suavidad contrastante, humedeciendo con un sabor ferroso la boca del Kusanagi. La mente de Kyo era un caos dragado por el deseo de Iori, no se estaba resistiendo y pensar en ello se le volvía algo insoportable.

El beso se alargo impregnando con algo de sangre ambas bocas, las manos de Iori se internaron bajo la camisa de Kyo, subiendo en un tacto brusco por los músculos de la espalda, llevando fuertes corrientes incontrolables al castaño. Las manos de Kyo lucharon dubitativas al resistirse al contacto, ya que allí donde Iori pasaba su toque agresivo, la piel parecía arder en reacción.

El beso de separo por segunda vez luego de casi dejar a ambos sin aire. Iori descendió al cuello en un leve mordisco para luego lamerlo ascendiendo hasta el lóbulo de la oreja.

– ...nadie aparte de mi va a matarte Kyo...Eres mio. – susurro mientras los brazos, que rodeaban al castaño con fuerza, bajaban a la base de la espalda y sus mano cruzaban con toque famélico, mas allá del limite del pantalón, descendiendo lentamente, abarcando con intensidad la parte superior de los glúteos. La intensa rigidez en la entrepierna de Iori presionó al castaño, sobresaltándolo.

Kyo sintió como su cuerpo, que se resistía pobremente al asalto, reaccionaba con ahínco ante el contacto. No, esto no puede ser, pensó al borde del terror. Su cuerpo estaba rompiendo todos los paradigmas creados entre Iori y él. Su mente se desboco entre el deseo y la negativa, acompañada por la estridente llamada de voces ajenas a todo. No, detente, pensó Kyo alarmado.

– ¡No! – hablo Kyo en voz alta atravesando el brazo a la altura del pecho, reteniendo a Iori, evitando que continuara con aquella locura. Iori frenó jadeante aún con las manos en contacto con la piel desnuda, sobre los costados del castaño. Inclino la cabeza hasta la altura del hombro de Kyo, quien yacía medio erguido e igualmente jadeante.

– ...que me has hecho Kusanagi...– fueron las palabras que Iori pronuncio en voz baja al oído de Kyo, un escalofrío erizo la piel del castaño, descendiendo por la columna y acunándose en el vientre. Iori de repente alejó a Kyo con extrema violencia haciéndolo chocar contra el piso acolchado. Se irguió con lentitud, ocultando el rostro, marchándose sin mediar mas palabras. Su respiración se denotaba agitada y su paso presuroso.

Kyo miro el techo con perplejidad y miedo, anonadado por aquel contacto, abrumado por aquellos sentimientos completamente nuevos para él, sin poder razonar con claridad lo sucedido. Se cubrió el rostro con el antebrazo maldiciendo sin cesar. ¿Que había sido eso? ¿Por que? Se giro en posición fetal apretando un brazo contra la entrepierna, sintiendo su propia excitación presionar contra el pantalón. ¿Por que Kyo? pensó, reprochándose a sí mismo el sin fin de sensaciones que experimentaba su cuerpo. ¿Por que reaccionar así ante la persona que mas daño te ha hecho? Maldijo avergonzado, abrumado y confuso, mientras apretaba a través de la tela gruesa del pantalón, la rigidez que no parecía ceder.

– ...que me has hecho tu a mi Yagami...– habló muy bajo Kyo, para si mismo. El calor del momento, el choque de inusitado deseo que había nacido entre ambos en ese instante casi demencial, le cegó a Kyo el control que estaba ejerciendo sobre si mismo y sobre lo que acechaba en la lejanía.

Kyo escucho como las puertas de la cabaña, chocaban con violencia y todo el interior de la casa se llenaba de un aire helado y fresco. Iori...pensó con cierta calidez y lo invadió la rabia y la vergüenza ante aquella sensación.

Se percato al principio, solo con un leve susurro, de la voz de una mujer.

"...Que has hecho..." Kyo dio un respingo consciente de que era imposible escuchar aquella voz fuera del sueño. Su reproche lo entendió demasiado tarde, lo escuchó demasiado tarde. El sonido entrópico del espectro era tan claro como el agua que corría en algún lugar lejano de aquel templo y que resonaba en los oídos de Kyo.

Iori salio como un toro en brío de la cabaña, la excitación desbordada en su cuerpo lo ahogaba, las voces de la sangre Yagami, acosaban atronadoras maldiciéndolo a él mismo por primera vez en su vida, gritando aturdidoras, exigiendo la sangre del Kusanagi. Iori se estremeció trastabillando en las escalas, avanzando a tientas hasta chocar con la fuente raída de mármol. La respiración la tenía entrecortada, no podía pensar con claridad, se sentía casi al borde del disturbio. La ferocidad de las voces era atronadora y su propio deseo por Kyo, mezclado con la intensión asesina de las mismas, se le hacia insoportable. Había perdido el control, había hecho algo imposible, incapaz de prever aquel sentimiento que había fluctuado desbocado e irracional.

Con la expresión estupefacta y enrojecida de Kyo en la memoria, Iori maldijo con profunda ira frustrada, agobiante, incapaz de odiar aquello. Dio un golpe furioso a la fuente, chocando con estrépito los nudillos. El mármol cedió a la potencia, astillando el borde en muchos pedazos que salieron despedidos. La mano le sangró un poco y agradeció sentir un dolor ajeno al disturbio, que anidaba en su pecho. Deseaba matar a Kyo, deseaba poseer a Kyo. Quería herirlo hasta bañarse en su sangre y a la vez deseaba verlo gemir disfrutando en respuesta a su agresión. Estaba enloqueciendo, su mente era un caos insondable entre la pulsante exigencia de la sangre y lo que sea que presionaba su pecho al pensar en el castaño.

Camino vacilante y estremecido por el dolor agudo del disturbio contenido hasta llegar a los autos estacionado, se posó ahogado y escupió una gran cantidad de sangre al lado del Audi. Debía alejarse, no podía quedarse en aquel lugar, si se acercaba una vez mas a Kyo estaba seguro de que lo mataría.

"¡Mátalo! ¡Destájalo! ¡Mátalo!" gritaban las voces ensordecedoras. Iori se puso en cuclillas frente al auto, el dolor intenso le aturdia, pero un atisbo leve de cordura asomo en medio del padecimiento. No podía dejar a Kyo solo, si caía presa de la conexión nuevamente y no lograba liberarse...pensó con temor, una furia desbocada se sumo al odio.

– No me controlas Orochi. – gruño con un acceso doloroso de sangre en la garganta. Apretó los puños contra la carrocería abnegando las voces al silencio, soportando lo insoportable.

Como una respuesta a sus temores, Iori escucho un grito sordo de Kyo proveniente de la cabaña. Maldito Kusanagi, pensó, furioso con este por ser tan débil ante la conexión. La consternación ante lo que pudiese suceder con el castaño, aplacó una parte de los iracundos rugidos del disturbio. Iori regresó con paso firme, deteniéndose en el dintel a escupir otro tanto sanguinolento.

Kyo gruño sintiendo el vértigo ingrávido, arrastrarlo al abismo. No, maldición, pensó. No estaba el ancla que lo sostenía a la realidad. Iori se había alejado con la intensión de no regresar y a pesar del abismo que lo embriagaba, agradeció testarudo, la ausencia de Yagami. No era momento para razonar lo sucedido entre sabanas ensangrentadas. Si el maldito espectro lo quería, allí estaba él y no retrocedería un paso más hasta tener clara la ubicación.

La rabia refulgía avivando la llama de su existencia, el coraje cegada el sentido de auto conservación y Kyo se sintió capaz de obtener la respuesta tan buscada a costa de cualquier cosa. La realidad perdió significado y le advino el estado onírico del vinculo.

Nada fue leve, todo cayó sobre Kyo con renovada intensidad, pesado, destozando todo a su paso. Lo primero antes que cualquier otra percepción, fue el dolor ensordecedor. Kyo sintió como su voz se elevaba en un gemido desgarrador, para luego percibir que no era su voz, si no la de su padre.

– ¡Aquí me tienes hijo de puta, ven por mi! – grito furioso abriendo su ser a la oscuridad que se cernía violenta, tiñendo todo de un negro abismal. El primer impacto dio de lleno en los sentidos, abnegandolos en dolor, el segundo impacto rasguño su alma, buscando arrancarla con violencia, el tercero choco incapacitado ante las flamas rojas y furiosas que se extendían quemando la oscuridad misma. Kyo se sintió agonizar, pero aún así caminó temerario en medio de la densa negrura. Enfrentando con un fuego salvaje aquel sudario de la noche.

Su cuerpo se desprendió en pedazos, que la oscuridad separo minuciosamente. La voz de su padre era cada vez mas intensa y el espectro arrancó la carne como una bestia hambrienta. El dolor, que rozaba los limites de la locura paso a un segundo plano y Kyo vio en tercera persona, su cuerpo siendo engullido por una sombra cósmica. Las imágenes del lugar se hicieron tan nítidas como la realidad. La tarde caía filtrando sus rayos cobrizos por los espacios abiertos de un techo muy alto. La presencia de Kyo era atraída como por un Imán hacia el altar central, y allí lo vio. Desnudado, encadenado a las vigas de madera, hecho un mar de sangre, con el cuerpo agrietado en pequeñas y múltiples heridas.

– Kyo. –habló Saisyu Kusanagi con el cabello humedecido y apelmazado por el sudor. Uno de sus ojos ya inexistentes dejaba ver una densa lágrima escarlata. La furia mas primigenia llego a Kyo. Eso era él en ese momento, un espectro sin cuerpo compuesto por ira y fuego.

La imagen del templo se alejó como rebobinando un vídeo y Kyo se vio en ojos de su padre, como en una película muda, con un anciano gordo que parecía gritar aterrado y el viejo escolta tatuado luchando aguerridamente contra dos hombres de túnica, Kyo estaba inclinado bajo un peso colosal, invisible y al frente suyo aquel Kusanagi de la fotografía, sonreía con malicia.

Kyo regresó ante la imagen de su padre, que con la cabeza agachada la giraba en negación cansina. Jamás había experimentado un odio tan vívido como en aquel instante. Su padre había deseado ocultar todo de Kyo, pero de alguna manera intuitiva, gracias al vinculo, el castaño supo donde estaba.

– Vendré por ti. –habló Kyo con la furia ardiendo, con todo su ser hecho fuego–. Resiste.

– No, no sabes nada hijo. Acá perderás todo. – respondió Saisyu apagado con el cuerpo descolgado bajo el toque de hierro que lo sostenía.

El lapso fuera del tiempo, como el recuerdo dentro de un sueño, finalizo. Kyo sintió como su cuerpo hecho trizas se armaba nuevamente. El dolor ya le era impersonal, el mismo era fuego, el mismo era destrucción.

Una flama violeta estallo crepuscular en la oscuridad. Todas las luces se habían reducido moribundas y bajo las manos de Iori Yacía un espectro consumido, ardiendo hasta desaparecer.

– ¡Kyoo! – Gritó Iori iracundo, reduciendo a cenizas interminables espectros que se levantaban de las sombras.

Kyo volvió de golpe a a la realidad, no podía respirar y el dolor agobiante lo incapacitaba. Estaba arrodillado sobre las sabanas renegridas y las luces a su alrededor eran solo puntitos titilantes y moribundos. Escucho los rezos ascender entonados y la gravedad le oprimió el cuerpo casi aplastándolo. Pero se resistió, con un dolor lacerante en el pecho y un silbido ahogado al respirar logro erguirse tambaleante. Mas allá del tortuoso hecho de regresar a la realidad, la ira profunda lo embriagaba, los mataría a todos, a todos y cada uno.

Sin moverse ni un poco Kyo miro desencajado por la ira a los monjes espectrales que rezaban conteniendo sus movimiento, debilitando aún más su cuerpo. El equilibrio le fallaría en cualquier momento, su cuerpo lo traicionaría, pero su fuego no. Los monjes uno a uno combustionaron con violencia en una llamarada escarlata, furiosa. Las luces del lugar estallaron, al igual que los ventanales enormes, que despidieron una lluvia de cristales rotos sobre el exterior, dejando entrar una ráfaga de viento que avivo las llamas. Toda la madera quedo reducida a cenizas, el piano, los libros, todo fue consumido por un fuego implacable. Incluso el sistema de control de incendios estallo antes de lograr activarse, cegando las llamas en los muros, donde una nube de nieve limitaba su trayecto a derramarse por la piedra.

Una llamarada violeta estalló incendiando el corredor con un gemido sordo de alguna victima, Iori se acercó al salón sosteniendo parte de un monje espectral que se consumía en su mano ensangrentada. Sus ojos brillaban en la oscuridad con el fulgor rojo del disturbio contenido. Jadeante observó la escena.

Kyo yacía parado con el cuerpo tambaleante mirando a la nada, rodeado de llamas escarlata que se fueron tornando naranja con el paso frenético del viento, que le revolvía la tela de la camisa y el cabello. Kyo agacho la cabeza y a pesar de su cuerpo estremecido, caminó a paso firme en dirección a Iori. Su mirada transformada por un odio acérrimo y una calma asesina, cruzo la de Yagami. Aquel aire arrogante y altanero ahora acompañado con un dejo de inhumanidad, se teñía de rojos anaranjados, mientras que todo a su alrededor era solo una amalgama carbonizada de formas irreconocibles.

Las voces del disturbio rugieron como bestias enjauladas y famélicas, pero Iori las ignoró, sentía una desbordante satisfacción ante los restos del derroche de poder de Kyo.

El castaño se acerco a una distancia mínima donde el aliento de ambos se mezcló sin llegar a tocarse. La ferocidad en su expresión pulso en Iori un deseo desbocado por tocarlo y uno desgarrador por matarlo. El disturbio ya mas aplacado daba tumbos de bestia resistiéndose.

– Me voy...y no puedes evitarlo Yagami. –habló Kyo con un rictus intimidante–. ¿Vienes o te quedas? –puntualizo como si fuese una amenaza. Iori sonrió con malicia.

– Me necesitas Kusanagi. – respondió con el claro deseo de matarlo, de poseerlo. El disturbio le impedía ocultar aquel semblante y caotizaba su mente. Kyo guardó silencio inmutable, con la severidad puliendo los rasgos de su rostro. Empujo a Iori con el hombro, abriéndose paso hacia las puertas de la cabaña. Lo matices naranja se mezclaban danzantes con las llamas violeta, que ardían en la sala de estar, donde todo no divergía mucho del salón.

Bajo el dintel, metros después, el cuerpo de Kyo falló, resintiendo inevitable los daños. La carne es traicionera, pensó Kyo al perder sentir que se desplomaba.

Iori retuvo a Kyo por la espalda ayudandole a recuperar el equilibrio, pasando un brazo por su cintura y subiendo al pecho. Presionando con fuerza innecesaria.

– Has roto la conexión y parece que has descubierto donde esta tu padre. Felicitaciones Kusanagi. – habló con voz baja al oído de Kyo, su voz teñida de un matiz enrarecido. Kyo se separó con brusquedad tras recuperar el aplomo, incomodo con el contacto, consciente de lo sucedido apenas unos minutos atrás. Se alejó sin mirar a Iori en dirección a los autos estacionados.

Iori se detuvo empuñando la mano temblorosa un instante. Su mente comenzaba a retomar cierta claridad, a cuestionarle cada mínimo detalle de su contacto con Kyo. Iori lo vio alejarse a paso lento, fatigado y suprimió cualquier emoción relacionada a él. Debatirse entre evitar que cayera y la compulsión de herirlo cuando lo tocaba le era agotador.

Se tomo un instante para respirar el frío helado del anochecer, estabilizar su centro, y bajo los tintes naranja - violetas con que la noche se revestía a causa del fuego. Se disculpo en silencio con la memoria de Alexander.

Iori entró al auto, Kyo estaba con los ojos cerrados y el espaldar inclinado. Parecía dormido, pero cuando Iori encendió el motor su voz sonó ronca.

– En las montañas del norte, saliendo de Tokyo. Cuando lleguemos a la carretera principal, te daré indicaciones. – habló con fría calma manteniendo la quietud y los ojos dormidos.

Iori arrancó el motor del Audi sin mediar palabra. Recorrieron la carretera a gran velocidad dejando atrás una creciente llamarada bicolor. En el auto, el silencio reino revoloteando con el ulular del viento cortante. La consciencia de la presencia que ejercían mutuamente uno sobre el otro, no pasaba desapercibida tras el contacto descontrolado entre sus cuerpos, aún así, se permitieron enterrarlo en la quietud del trayecto, cómplice en la negación, y abnegado a la situación apremiante.

Las llamas bipolares ardieron en la noche nublada, iluminando el panorama ante los ojos perplejos de los vecinos. Desde hacia muchos años aquel lugar había pertenecido, en la infancia de muchos, al "Musician". Un viejo pianista solitario que le permitía a los niños de la zona el ingreso a sus jardines extraños, mágicos, diferentes. Aquel castillo de ensueños perdidos, ahora ardía bajo un firmamento oscuro, como una única antorcha en el olvido. Algunos aseguraron mas adelante, cuando los cuerpos de control apagaron el incendio, que en lo profundo de los bosques aledaños, se escuchaba una melodía de piano.

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PD: Suelo actualizar primero en AO3 dadas las facilidades de la interface ^^. ( /works/6818641?view_full_work=true )

Muchas gracias por leer.