Un destello violeta emano de las manos de Iori con una clara intención homicida. Kyo atravesó la mano con fuerza, impidiéndole el avance.
– No Yagami. Por favor. – le habló con tono amenazante pero un dejo suplicante en la mirada.
– Eres un chico agudo y con mucho que perder querido Kyo. – acotó Hotaru dando un paso a un lado con un ademan de la mano. Dos ninjas Kusanagi arrastraban el cuerpo mal herido de Saisyu Kusanagi, le sostenían de rodillas evitando que se desplomara.
Iori bufó iracundo, con o sin Saisyu Kusanagi mataría a ese hombre y a sus malditos monjes. Pero Kyo aún le sostenía con fuerza por el pecho. Iori podía sentir la ira contenida en el temblor de su mano, en un esfuerzo sobrehumano por mantener la calma.
– Por favor. – escuchó el susurro suplicante de Kyo hacia él y apreció con cautela el perfil tenso del castaño, que no desviaba ni un milímetro la atención del Kusanagi traidor.
– ¡Kyo! – Se escuchó la voz de Shizuka alzarse impedida. Kyo sintió un miedo profundo que le generó un nudo en la garganta. Su madre ingresaba al salón siendo escoltada por tres monjes jóvenes con túnicas claras bajo el símbolo Kagura y dos ninjas traidores de la casta Kusanagi.
– No debiste venir Kyo. – habló Shizuka descompuesta ante la escena de su esposo herido, sometido entre enemigos y su hijo de apariencia decaída, a merced de asesinos–. No debiste Kyo...por que. – se lamentó con amargura, segura de que no habría modo alguno de evitar alguna perdida.
Iori ajeno a la emoción circundante calculó con frialdad la escena.
Estaban rodeados. Percibía el movimiento que se generaba en los pasillos que bordeaban el salón. Divisó unas inscripciones que brillaban con un fulgor pálido en los amplios dinteles que daban acceso al lugar. Símbolos desconocidos que emanaban con una fuerza opresora.
Calculó por lo menos seis ninjas diseminados en el interior, tres monjes acompañando a Shizuka Kusanagi y los otros tres, de rostro cubierto, aguardaban cerca al Kusanagi traidor. No lograba definir la cantidad de enemigos ocultos en los pasillos obstruidos por aquella brea gaseosa.
Si realizaban una ofensiva rápida el número de enemigos no sería un problema, pero los daños abarcarían a todos, incluyendo los padres de Kyo. Evitar lastimarlos los dejaría en enorme desventaja. Miró detenidamente el símbolo Kagura, que bordado en plata, se erigía en la tela que cubría los rostros de los monjes.
Los Kagura habían desaparecido a Chizuru, la heredera del espejo. Habían sido ellos, que por medio de rituales de sangre concertaron todo lo acontecido. Eso los transformaba en el enemigo mas peligroso al que enfrentar y debían ser los primeros en caer, pensó decidido.
– Ahora tengo tu completa atención joven Kusanagi.–habló Hotaru. Los monjes guardaban silencio cerca a la fuente. Kyo refulgía en un odio casi palpable, contenido por el temor ante el bienestar de sus padres–. Nuestra posición es simple Kyo. Tu me entregas la reliquia sagrada y yo no asesino a tus padres. –propuso Hotaru con una sonrisa cautelosa.
Kyo lo observó con una intensidad casi enfermiza, pero guardó silencio.
– Sabes Kyo. La reliquia debe ser entregada por voluntad propia. Si te resistes al ritual y nos obligas a asesinarte, pueden pasar años antes de que esta escoja un nuevo portador. Así que la situación es apremiante para ambos. Si tú me entregas la espada con docilidad, es muy posible que tu padre logre sobrevivir y que tu madre no sufra ningún daño.
– Esta mintiendo. – gruño Iori altanero, caminando hasta quedar a distancia media de la fuente.
– Iori Yagami. –la voz de Hotaru sonó condescendiente y Iori le miró fulminante–. Mis intereses distan mucho de relacionarse a ti y esta cuestión, meramente Kusanagi, no te incumbe. Si te retiras pacíficamente fuera de este templo, te permitiré partir sin ningún problema. –habló con cierta decencia venenosa. Los monjes que custodiaban a Shizuka se miraron algo confusos ante la propuesta.
Un fulgor violáceo chispeo flagrante por el cuerpo del pelirrojo a modo de respuesta.
– No me iré sin tu cabeza bastardo. –exclamó Iori agresivo.
– Esta bien. –alzó la voz Kyo–. Suelta a mi madre y déjalos ir. Si haces eso, me quedare a tu maldito ritual. –puntualizo autoritario–. Luego de que obtengas la espada, me llevaré a mi padre. – habló una vez más tras lo cual compartió una mirada con Iori, comunicando en silencio "no me falles en este momento Yagami"
– Tu no eres el que decide eso Kusanagi. – refuto Iori soez, no pensaba ir a ningún maldito lado. Pero se contuvo de actuar y aguardó de mala gana.
Hotaru observó con agudeza la influencia que Kyo ejercía sobre Yagami, silenciosa e inestable pero persuasiva. Tenía a Kyo donde quería, pero si presionaba la situación mas allá y se salia de control, perdería el momento mas importante y esperado, poseer para sí la reliquia de la familia. Necesitaba a Kyo completamente a merced de los Kagura y aquella expresión altanera y cautelosa, sumada a la presencia de Iori Yagami, no le gustaba nada.
Hizo un gesto con la mano en dirección a los ninjas y Shizuka fue apresada por dos de sus hombres. La mujer ahogó una exclamación de sorpresa y Kyo espabilo tenso, alternando la atención entre ella y Hotaru.
El hombre se acercó a Saisyu ordenando a los ninjas levantar el cuerpo debilitado del hombre. Extendió el brazo vendado de este hasta el recipiente grabado y con una daga delgada reabrió una de las heridas. La sangre goteo densa y Kyo dio un paso adelante con un fulgor involuntario que emano de sus manos.
Shizuka emitió un gemido corto cuando uno de los ninjas la apretó con brusquedad, lastimandola en signo de advertencia hacia el castaño. Las manos de Kyo temblaron, su corazón estaba en un vilo agitado con violencia. Jamás había experimentado tanta ira y miedo al mismo tiempo.
Iori no le permitiría al Kusanagi traidor obtener la reliquia de Kyo, pero si actuaba precipitadamente, por lo menos uno de los padres de este moriría. Podía sentir un enorme energía emanando del castaño, una violenta oleada contenida y estaba seguro de que ello no pasaba desapercibido ante los ritualistas. Entre los bombardeos de la tormenta que amainaba, Iori también percibía un murmullo bajo proveniente del piso inferior. Los rezos se filtraban como un zumbido grave, dando poder a las inscripciones carcelarias.
– Acércate. –habló Hotaru tras verter la sangre de Saisyu en el recipiente forjado que reposaba sobre una columna enana de madera. Kyo caminó lento hasta posarse en el sitio indicado. Los músculos tensos se marcaban a través de la tela delgada y húmeda, plegada a la piel. Hacia todo lo humanamente posible para resistir el impulso magnicida que se desencadenaba dentro de él ante la cercanía del traidor.
– Quítate la camisa. – ordenó Hotaru. Kyo observó tenso como su padre caía arrodillado con la cabeza gacha en los lindes de la inconsciencia y como su madre, que continuaba atenazada entre los brazos captores, lo miraba con ojos suplicantes y decididos a cualquier desenlace por ellos dos.
El castaño desabotonó y lanzó la camisa con violencia a un costado. Uno de los Bihksu se acercó a él tras haber imbuido los dedos en la sangre tomada del recipiente. Trazó en el pecho y la espalda de Kyo algunos símbolos mientras entonaba palabras indefinibles.
Iori maldijo mentalmente a Kyo. ¿Acaso tenia algo planeando o se estaba entregando sin resistencia a las exigencias de aquel bastardo? Consideró que ya no quedaban muchas opciones y que Kyo no tendría el temple para escoger entre la vida de sus padres.
El Bikhsu pronuncio algunas palabras más trazando las ultimas lineas de regresó al pecho del castaño. Kyo sintió como las marcas ardían indoloras y como algo dentro de él revoloteaba inquieto. Como si tuviese un enorme pájaro enjaulado en su pecho.
– Acepta el ritual Kyo, déjalo acceder a ti. – espeto Hotaru Kusanagi con ansiedad mal disimulada.
Kyo inexpresivo, no separaba la mirada intensa, cargada de profundo odio hacia el Kusanagi. El hombre molesto ante la actitud impredecible y reticente del castaño, deseó aplacar aquella febril voluntad.
– ¿Que se siente vestir la sangre de tu padre Kusanagi Kyo? –Provocó al castaño. Este se puso rígido y las manos le temblaron por segunda ocasión–. Soportaste bien la tortura de tu padre, pero dime. ¿Soportarías derramar la sangre de tu madre?
– ¡Cállate! –gritó Kyo con ferocidad lanzando un ataque flameante a Hotaru que retrocedió varios pasos sorprendido. Los monjes Kagura, que se encontraban preparados para cualquier reacción, ejercieron control sobre el castaño cuando este atacó. Sus voces, en una palabra corta, se elevaron a dúo y Kyo sintió como su cuerpo cedía ante una punzada aguda en el pecho y una presión inconmensurable. Gruño de dolor cayendo de rodillas.
Iori ya se encontraba sobre el Bihksu que había marcado a Kyo. En un movimiento rápido lo había desplomado por la espalda, estrellando su cabeza contra el suelo en un sonido sordo. El fulgor violeta estaba a punto de estallar su cráneo cuando la voz potente de Kyo se transformó en una negativa rotunda.
– ¡No Yagami! No. –exclamó Kyo conteniendo la intensa oleada de dolor que amenazaba con astillare los huesos. Shizuka se resistió con fuerza, decidida a morir, si con eso lograba que Kyo y Saisyu salieran de allí. El hombre de traje oscuro la apretó en una llave arrancándole un leve gemido de dolor.
– ¡Esta bien! Esta bien...déjalos ir y no me resistiré. –aseguró Kyo al traidor y levantó ambas manos con dificultad.
La presión sobre el cuerpo del castaño no cedió y este se rebatía de rodillas sin poder erguirse. Densas gotas de sudor le bajaban por el cuello mientras soportaba la presión que le cortaba el aliento. Iori maldijo ronco sin soltar al Bihksu.
– Déjalo ir Iori Yagami. –habló Hotaru, la sonrisa afable y cínica en su rostro había desaparecido. Hizo una señal cortante a los ninjas que apresaban a Shizuka y estos la soltaron.
– Por favor...–habló Kyo a Iori con las manos temblorosas por el esfuerzo y la mirada cargada de furia contenida.
Iori dejó ir de mala gana al Bihksu,que se incorporó tambaleante. Sin perder un minuto más, el monje se alejó de ambos hombres retomando la posición entre sus hermanos Kagura. Hizo por segunda vez el mantra y el castaño sintió una vez mas al animal enjaulado, revolcarse en su interior.
– Acepta el maldito ritual Kusanagi Kyo. – espetó impaciente Hotaru haciendo una tercera señal para llevar a Shizuka con Iori.
Kyo percibió en cámara lenta cada paso de su madre, siendo escoltada por los tres monjes menores. Sintió nauseas y la vista se le desenfoco un instante cuando permitió el acceso de los Kagura a su alma. Una oleada de dolor se concentro en el pecho y algo comenzó a jalar de él desgarrándole las entrañas. Se encorvo sobre si mismo sosteniéndose el pecho reticente ante la invasión y miró a su padre, sintiéndose acorralado.
Saisyu Kusanagi a espalda de los ritualistas, había sido descartado por los ninjas como una posible amenaza. Estos yacían en el centro del salón acortando la distancia de Iori, centrando su atención en el intercambio de Shizuka Kusanagi.
Saisyu observó fijamente a Kyo, sus ojos emitían un brillo extraño bajo el cabello enmarañado y el cuerpo desvencijado. Tenía la mirada de alguien que enfrenta con orgullo a la muerte. Kyo entendió en aquel momento, que lo que iba a suceder a continuación no tenía vuelta atrás.
Shizuka había arribado hasta Iori, los tres hombres Kagura la siguieron guardando distancia del pelirrojo. Iori reparó con minuciosa frialdad cada movimiento de estos. Si Kyo no pensaba elegir, él lo haría en su lugar.
– ¡Atrás mujer! –gritó dando un tirón abrupto a Shizuka, lanzando su cuerpo detrás de sí. Un telón de llamas violetas emergió entre él y los monjes.
– ¡Kyo! – Gritó una vez más, justo antes de redirigir el fuego suspendido en una oleada flamante que ondeo en dirección a los Bihksu. En ese instante, sincronizado con la reacción de Yagami, unas llamas anaranjadas se alzaron violentas desde el cuerpo herido de Saisyu Kusanagi. Abrasaron por la espalda a los Kagura mayores, que en un acto desesperado por defenderse de las flamas que convergían sobre ellos, detuvieron el ritual que sometía al castaño.
Kyo sintió como la presión desaparecía y en un movimiento veloz, avanzó entre la coalición de los fuegos. Envuelto en destellos de su propio poder, atravesó las llamas que conflagraban caóticas, cubriendo con su cuerpo a Saisyu Kusanagi.
Tras el estallido bicolor que hizo retroceder a los enemigos circundantes, aprovechando la conmoción, Kyo cargó a Saisyu en brazos. Una leve tristeza le acompañó al encontrar el cuerpo de su padre muy liviano. Retrocedió entre una llamarada violeta, que se alzó defensiva, rechazando el ataque de los Kagura y quemando el pedestal.
Al Kyo alejarse varios metros de la fuente en dirección a Iori, la parte media de las flamas Yagami se dividió abruptamente y un Bihsku la atravesó extendiendo los brazos en un ademan de atraer algo invisible. El movimiento evocó un brillo intenso en las inscripciones de Kyo y este se desplomó ante el dolor intenso de ser desgarrado por dentro. Cayó de rodillas entre bocanadas entrecortadas evitando soltar a su padre.
Iori avanzó hacia el castaño y levantó un Yamibarai que dejó surcos ardientes en la madera. El poder estalló de lleno en el Bihksu, que al evitar el impacto directo, rompió la concentración permitiendo a Kyo retomar el avance hasta su madre.
– Cuida de él. – habló el castaño con una sonrisa forzada. Shizuka asintió rodeando a Saisyu en un abrazo protector, viendo como su hijo regresaba a la batalla, asistiendo al heredero Yagami.
Iori estalló sin control furiosas llamas que rodearon devoradoras, evitando el acercamiento directo de los ninjas. Un instante después, la hoguera violácea cedió abriendo una circunferencia, golpeada por un poder invisible que el pelirrojo no logró rechazar. Kyo entró en escena reforzando el ataque de Iori y en una danza magenta-bermelon, su fuego fusionado se peleó contra el poder de anulación de los Kagura.
La llamarada se dispersó finalmente al ser presionada por todos los monjes juntos y unas sombras rápidas avanzaron por los flancos.
Iori recibió al primer ninja con un giro rápido, lanzando lejos el cuerpo de este, llameante y retorcido. Kyo bloqueó el siguiente ataque y con un agarre al cuello estalló en llamas a la sombra. El ninja rodó desesperado hasta quedarse quieto bajo una muerte abrasadora.
Uno de los Bihksu desdobló su imagen en una fractalidad de formas y avanzó contra Kyo. En una danza de estela plateada, atravesó el fuego del castaño, anulando cada llamarada en sus ataques. Kyo bloqueó los primeros golpes que estallaron en cristales lumínicos clon a clon, pero la velocidad desdoblada de estos le superó y al rechazar en pedazos desperdigados la ultima forma lumínica,recibió un impacto de lleno en el pecho. Retrocedió dos pasos sin aliento a causa de las heridas previas que palpitaban agobiantes.
Iori flanqueó al monje agresor ascendiendo un tajo limpio por el costado, el Kagura esquivó por poco el ataque, pero la tela del pecho a la cabeza se destajó, revelando el rostro del Bihksu. Su cara de rasgos finos y antinaturales, contrastaba con los ojos ciegos, dándole un aspecto de maniquí que parecía percibir sus formas sin verlos.
El monje rotó el cuerpo abriendo los brazos y desvió las llamas violáceas que se deshicieron en el aire. Cayó grácil unos metros atrás y juntó las manos en una posición particular. Los otros dos Bihsku rompieron un estado de concentración con efectos desconocidos para ellos y avanzaron hacia ambos mientras el Kagura de rostro descubierto pronuncia palabras resonantes.
Saisyu giró con dificultad el cuerpo hacia el piso, tomó un poco de fluido viscoso de la muñeca sangrante y plasmo símbolos sobre la madera. Shizuka lo sostuvo, pidiéndole guardar fuerzas mientras atestiguaba el combate de su hijo y Yagami.
Observó el entorno mientras Saisyu movía la mano con dificultad. Todo el lugar tenía pequeñas llamas, que rezagadas, ardían en los rincones del techo y el piso. El lugar se sentía muy caliente a pesar de que los monjes Kagura lograban ahogar la combustión de los ataques.
– Si Kyo se contiene por protegernos no podrán luchar bien...–respiró con dolor Saisyu–. Yo me encargare de protegerte Shizuka. Ellos deben encargarse de destruir el ritual. –acotó terminando la última marca y tras pronunciar algunas palabras mantuvo con mano temblorosa el Kuji-in.
Una película delgada de fulgor dorado los rodeó, encerrándolos en un espacio donde el sonido entraba limitado y las imágenes externas se desenfocaban. Saisyu recostó el cuerpo extenuado en su esposa, sintiendo los brazos cálidos de la mujer al envolverlo. Sonrió con tristeza y en medio de un agotamiento extremo, rogó al cielo sobrevivir lo suficiente para que la barrera se mantuviese.
Kyo y Iori se enfrentaban a una oleada de ataques, bloqueando el avance de los Kagura. Destellos de luz blanquecina estallaban desperdigados ante cada agresión de los dos Bihksu, generando ilusiones confusas en su forma y haciendo errar las maniobras de ambos.
Por los flancos llegaba el ataque de los ninjas, sin armas letales y aunque desplegaban todo su poder contra estos, el fuego era anulado golpe a golpe por los Kagura. Proyectiles pequeños surcaron el aire buscando un espacio donde plantar su contenido en el cuerpo de Iori, pero todos estallaban en las combustiones espontaneas de ambos herederos, mucho antes de llegar.
Iori bloqueó a un Bihksu, que desdoblado en formas luminosas, anulaba el fuego en sus impactos. Un ninja contraatacó flanqueando al pelirrojo, pero Kyo cubrió el movimiento desviando el kunai imbuido con algo viscoso. Asestó en el pecho del hombre una patada que lo lanzó varios metros atrás contra una de las columnas. El sonido sordo generó un eco desquebrajado y el hombre se desplomó inconsciente.
Iori se movió a un costado evadiendo con éxito el ataque del Bihksu e hizo un avance corto para bloquear el golpe de otro monje agresor que iba en dirección a la espalda de Kyo. Ambos chocaron y la luz se desperdigó casi densa entre las flamas violeta.
Con un acción sincronizada Kyo retrocedió con un puño llameante en dirección al Bihksu que Iori había evadido y chocó contra su forma, quebrando el ultimo clon en pedazos luminosos.
El monje de rostro cubierto, tras perder bajo el impacto de Kyo su última forma de luz, dio un salto atrás y dos Kagura menores lo reemplazaron, sincronizando un ataque hacia el castaño. El Bihksu se ubico al lado del monje ciego, imitando su posición con los dedos entrelazados y levantando la voz en otro mantra.
Kyo esquivó uno de los monjes y bloqueó al otro atrapándolo en un agarre asfixiante. El monje evadido asestó un golpe en el costado herido de Kyo y este gruñó resistiendo el impacto. El cuello del Kagura que estaba entre sus brazos emitió un leve crujido y el cuerpo se deslizo sin vida. Bloqueó el siguiente ataque del otro agresor y se abrió ascendente en un giro combustionante que envolvió el cuerpo del monje en flamas devoradoras.
Repentinamente más monjes Kagura ingresaron por las entradas laterales del salón. La niebla negra de los pasillos ya había desaparecido. Los estaban menguando.
El fuego purpúreo de Iori y el destello plateado del último Bihksu en combate, chocaron estrepitosamente. El monje agachó el cuerpo en un movimiento fluido y una onda de aire comprimido se expandió bajo sus manos desestabilizando al pelirrojo. Este fue impulsado varios metros al fondo ciego del salón, pero logró hacer una maniobra en el aire y cayó en una posición estable.
– ¡Ahora maldición! – gritó Hotaru iracundo.
El tercer Bihksu retrocedió tras los nuevos monjes Kagura que se interpusieron en medio. Se posicionó junto a los otros Bihksu y empalmó un tercer símbolo con las manos, entonando la voz al rezo de sus dos compañeros.
Kyo, que en ese instante dejaba deslizar entre sus manos otro cuerpo sin vida envuelto en llamas abrasadoras. Sintió como su interior se desgarraba una vez mas ante un dolor abrumador, como si una zarpa invisible intentara arrancarle el corazón.
Gritó, y en un movimiento convulso inclinando la espalda hacia atrás, cayó de rodillas sintiendo como si su pecho fuese despedazado por algo desconocido. Con el cuerpo paralizado y la visión nublada, sintió como su alma se desprendía en un desdoblamiento insoportable.
Iori rugió furioso estallando una oleada magenta en dirección a los Bihksu, pero esta fue bloqueada por la acción conjunta de los Kagura menores. Cuatro monjes lo rodearon anulando un segundo intento por romper el ritual que afectaba a Kyo.
– ¡Reduzcan al Yagami! –gritó Hotaru desde el otro extremo del templo, donde se refugiaba del combate.
Iori saltó con fuerza salvaje sobre uno de los oponentes que bloqueaba su paso hasta Kyo, pero una onda plateada lo repelió haciéndole retroceder entre fragmentos luminosos de energía. Los cuatro monjes sincronizaron rezos sobre Iori.
Tres monjes menores, situados a pocos metros tras sus compañeros, proyectaron barreras de luz pálida que bloquearon los estallidos purpúreos y repelieron el acercamiento furioso del pelirrojo. Un nuevo sonido mantrico se elevó y la gravedad aumentó descomunalmente aplastando a Iori, haciéndolo caer de rodillas. Este maldijo iracundo resistiendo el peso asfixiante.
Miró a Kyo entre la pantalla traslucida de las barreras. El castaño tenía los ojos blancos y una tez mortuoria. Resiste maldición, pensó con desesperación. Pero ante la influencia Kagura limitandolo, la bestia rasgó los limites de la cordura.
"Miserable. Deshonroso. Incapaz. Traidor" sonaron las voces de sus antepasados, mezcladas con un tono oscuro perteneciente a la influencia de Orochi. Iori vió como todo se nublaba bajo un tinte rojizo y la rabia que se desbordaba ahogándolo.
"Mátalos a todos... Asesina todos esos malditos Kusanagi... Mátalo a él miserable traidor... Mátalo... Mátalo... Mátalo." Iori gritó maldiciones ante la bestia y ante los Kagura intentando levantarse. Sintió el regusto metálico en la boca y la desgarradora presencia del disturbio rugiendo por manifestarse.
Percibió una multitud de espectros congelados, rodeándolo entre los Kagura. Sus formas neblinadas emitían un vapor grisaseo. Uno de ellos habló con la voz de su difunto padre.
"Es tu enemigo...asesinalo, entrégalo a Orochi." Nunca. Se negó Iori y el dolor cegó sus sentidos.
–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Kyo observó como su cuerpo se alejaba y él quedaba como un espectro lunar, en medio de una escena congelada a tonos blanco y negro. Los movimientos dentro del conflicto se denotaban ralentizados a segundos eternos por milímetro. Los Bihksu, en medio de aquel plano ausente de vida, parecían estatuas sagradas. El fuego que los rodeaba, ondeaba con un movimiento casi imperceptible.
Kyo vio a sus padres arrinconados contra el muro ciego del salón. Una pantalla de luz que se desquebraja ante las oleadas de las llamas oscuras de Iori le impidió ver al interior. Al otro extremo del lugar, el traidor Kusanagi gritaba desencajado con una expresión retenida en el tiempo, como una fotografía llena de profundidad. En el centro del salón percibió a Iori sobre el suelo de madera, arrodillado, con una expresión feroz en el rostro. Estaba rodeado de llamas oscuras y resistía con tenacidad ante siete monjes Kagura.
Toda la escena se le hacia ajena y contemplativa, sintiendo rezagadas emociones provenientes de su cuerpo separado.
– Kyo. Escúchame, no tenemos mucho tiempo. – sonó la voz de Chizuru y Kyo percibió su forma pálida y desnuda, envuelta en un brillo crepuscular que difuminaba su cuerpo. La confusión y el temor le llegaban como oleadas enajenadas. Desvió una mirada desesperada a sus padres. A Iori.
– ¿Que esta pasando? Necesito regresar. – habló sintiendo la alteración tardía.
– No. Escúchame. –la forma pálida y lumínica de Chizuru se acercó dragandolo, como si fuese él quien caminara hacia ella–. Estas en un punto muerto Kyo, entre entregar tu alma al ritual o resistirte. Solo en este instante, en que fuiste arrancado a este plano, puedo hablarte. – Chizuru se movió como flotando, dejando una estela pálida de luz.
– Este plano es una cárcel espiritual donde las almas vinculadas al ritual son atrapadas. Una jaula creada con mi vida y construida con el espejo Yata. Mi poder aquí es grande, pero no puedo influir en el plano físico. Lo único que puedo hacer es detener tu consciencia del tiempo real y explicarte lo que no podrá ser explicado nunca más.
– Que demonios Chizuru...– habló Kyo estupefacto.
– Pon atención Kyo, mi poder no durara mucho tiempo. – puntualizó, mientras Kyo vio como la imagen del gran salón se alejaba en un abismo oscuro hasta percibir un espacio diferente rodeándolos. Un recinto acorazado en piedra, con un rincón luminoso rodeado de velones e inscripciones.
– Este ritual vincula las almas de todos al espectro. Las personas que mueren bajo sus efectos quedan atrapadas en este plano, siendo sus conocimientos y sus recuerdos consumidos por el espíritu corrupto que mora aquí. – habló Chizuru, denotando a través de sus rasgos lumínicos, una profunda tristeza. Kyo escuchó como diferentes voces resonaban en el vacío, un eco multitudinario de personas perdidas en un espacio infinito.
El lugar cambió y se vió ubicado en un punto lejano de un corredor extenso en medio de la oscuridad, muy similar a su sueño. Al fondo del pasillo, la imagen del salón Kusanagi se mantenía ralentizada. En esta se percibía a Iori en el centro.
La escena había avanzado un poco y Yagami estaba con las manos apoyadas en el piso, mientras un fuego de mayor intensidad era retenido por un baño de luz. Su cuerpo estaba contraído en un grito salvaje, sus ojos eran un fulgor pálido, casi flamante. La sangre negra recorría a surcos su boca y orejas.
Kyo dio un respingo sintiendo la angustia lejana pero latente llegar a él. La imagen del salón se acercó aún mas y Chizuru detuvo el avance.
– ¿Kyo? – se escucho una voz delicada, temerosa–. ¿Kyo eres tú? – sonó afligida. Kyo giró estupefacto con la sensación acongojante llegandole como una ola, como ecos de sentimientos que resonaban en su alma. Pero no vio mas que oscuridad.
– ¿Yuki? –preguntó dubitativo–. ¡Yuki! – gritó con la desesperación palpable, pero ajena.
– ¿Kyo donde estas? ¡Kyo! – gritó la chica con un sonido apagado. Kyo avanzó por el corredor buscando a Yuki. A esa persona que siempre estuvo ahí para él así la amara o no. La culpa, ese sentimiento punzante regresó, plantándose en su alma desde la distancia. Yuki había sido abducida a un desenlace injusto y todo esto era a causa suya. La escena del salón se alejó nuevamente y Kyo se vio a si mismo tanteando a ciegas la oscuridad.
– El espectro caza las almas y se alimenta de sus recuerdos hasta desaparecerlas. Yo puedo ocultarlas para protegerlas, pero ante mi no deben rebelar su forma, ya que si yo conozco su ubicación, el espectro también la conocerá. Debes liberarnos Kyo Kusanagi. –habló Chizuru mientras la intensidad de su forma se desvanecía–. Por mi y por los muertos en esta inhumana empresa ya no puedes hacer nada, salvo romper las paredes que nos contienen. Pero por Yuki y por tu padre aún puedes hacer algo. Lo que hizo mi familia fue un acto imperdonable, un pacto con conocimiento prohibido nacido de oscuros Yokai.
Un grito gutural se elevo ralentizado hasta ellos. Iori rugía el nombre de Kyo, desafiando impetuoso al control de los Kagura. El tiempo discurría goteante aumentando su transcurso.
– No puedo contener tu consciencia por mas tiempo. Perderá el efecto paulatinamente. –acotó Chizuru, su voz ya sonaba distante–. Debes buscar en lo profundo del templo, bajo la piedra. Debes romper el sello y eliminar mi alma junto con este espacio carcelario. – Kyo negó silencioso de manera automática. No alcanzaba a comprender lo que Chizuru le pedía–. Esta bien Kyo, estoy preparada. He sido testigo de demasiado sufrimiento. Los muertos que están aquí serán liberados, pero los vivos como Yuki, no se que puede suceder con sus almas si son regresadas al mundo sin guía alguna...podría perderse para siempre y jamás despertar. Debes sacarla de aquí antes de destruirlo todo. Cuando regreses a tu cuerpo y luches por todos nosotros, cuando destroces todo en la base del ritual, esta pesadilla desaparecerá.
"Shinee" resonó el grito gutural como un eco moribundo. Kyo regresó la vista a Iori, el cual yacía casi a nivel del piso, mientras en cámara muy lenta dos de los monjes Kagura combustionaban espontáneamente. Apreció a sus padres tras la pantalla plateada que se agrietaba cada vez mas.
– Yagami no tiene mucho tiempo. Su voluntad se debate entre el influjo Orochi y el poder espiritual de los Kagura. – habló Chizuru desvaneciéndose, dejando ante los ojos de Kyo el aura irregular y oscura que envolvía a Iori.
– ¿Kyo donde estas?
– ¡Yuki! – gritó desesperado. Chizuru se desvaneció como una mancha pálida en el agua oscura.
– No puedo sostener mas el tiempo en tu mente. Sacala de aquí. – sonó la voz de Chizuru en el vacío. El movimiento reanudó su trayecto retomando la velocidad normal. Yuki gritaba en medio de voces difuntas, desconocidas, victimas del ritual. La voz de Yagami se elevó iracunda y Kyo giró en su dirección. Al fondo de aquel pasillo que se desfragmentaba en la negrura circundante, Iori estaba resistiendo con ferocidad, doblegado por los rezos. Su fuego se había filtrado rodeando a Kyo en un desesperado intento por romper el ritual que lo apresaba.
– Kyo, ayúdame Kyo. ¿Donde estas? Tengo miedo. – resonaba la voz de Yuki.
Kyo miró a la oscuridad acongojado, pensando en la chica, pero detuvo su avance regresando la vista al salón. Las emociones ya no le eran lejanas y el dolor en su cuerpo se extendió hacia aquella consciencia espiritual.
La voz de Yuki seguía llamando por él en algún lugar de aquella infinidad. Iori gruñía como un animal al borde del frenesí, oponiéndose en un eco desgarrador y lejano. El tiempo habia retomado casi su curso normal y el pelirrojo goteaba densos surcos de sangre por la boca, los oídos y la nariz. El mantra lo retenía, pero el disturbio al resistirse llevaba su cuerpo al límite. Ambas fuerzas hacian estragos en el pelirrojo.
Kyo sintió su corazón dividido. Si no dejaba un instante la realidad, no lograría encontrar a Yuki, pero si lo hacía, dejaría a Yagami padecer al punto de no resistir más.
– Si sigue así, va a morir...–susurró Kyo para si mismo y se alejó del oscuro telón que ocultaba las almas atrapadas.
Lo siento Yuki, perdóname...– avanzó hacia el salón, hacia Yagami. La llamada herida de la chica se apagó en la distancia y Kyo regresó a su cuerpo dejando atras una parte de sí.
En el último vilo, mientras vestía una vez más el dolor intenso que lo había derrumbado, Kyo escuchó la voz de Chizuru una última vez antes de sincronizarse con la carne.
– Todos los que sacrifican a los suyos, son solo títeres ignorantes bajo una mano divina. Busca las respuestas Kyo. Evita que lleguen a Orochi.
Kyo regresó tomando control de su cuerpo. La ira, tan primigenia como el fuego que ardía dentro de él, repelió el ritual.
– ¡¿Que sucede Kagura?! ¡Arrancale la maldita reliquia! –gritó Hotaru desesperado, perdiendo todo el aplomo tras ver a Kyo reaccionar desafiante.
Seguro de que ya no lograría un traspaso voluntario del poder Kusanagi se resolvió al peor desenlace.
– ¡Acaben con ellos! –ordenó iracundo.
Había transcurrido menos de un minuto desde que Kyo había sucumbido al desplazamiento del alma. El techo ardía, igual que el piso. Los cadáveres calcinados en fuego compartido se consumían con lentitud. Iori jadeaba entre copiosas cantidades de sangre al filo del abismo, a punto de perder todo el control en manos del disturbio, mientras los monjes sobrevivientes suprimían su cuerpo con ahínco.
Un destello rojizo brotó del piso, emergiendo en una colosal hoguera carmesí. Las flamas carbonizaron al instante los cuerpos alcanzados, extendiéndose furiosas hasta el techo y dejando grietas por donde la helada lluvia filtro su curso.
Dos de los Bihksu retrocedieron, alejándose de la conflagración, presenciando como uno de sus hermanos ardía hasta desaparecer en la corriente escarlata.
A pesar de la lluvia en el exterior y el aire frío que alimentaba las llamas, el calor dentro del salón simulaba un horno.
Iori se incorporó conteniendo la dolorosa opresión en el pecho, recuperándose de la asfixiante presión ya desaparecida, con las voces de los antepasados Yagami exigiendo la cabeza de Kyo Kusanagi.
– Resiste Iori. –habló Kyo acercándose al ver al pelirrojo sofocado goteando alarmantes cantidades de sangre. Su corazón palpitaba con violencia a causa de la energía dragada por el uso del fuego carmesí. Extendió una mano para ayudar al pelirrojo pero este sacudió la cabeza desorientado y lo apartó de un manotazo. Se alejó trastabillando, abriendo una distancia mayor entre los dos y resistiendo el impulso de abalanzarse sobre Kyo.
El fuego rojo que crepitaba libre fue reducido a una llama tímida por los Kagura sobrevivientes.
Kyo adopto una posición defensiva, con la atención alternada entre sus enemigos y Iori. El pelirrojo jadeaba entre espasmos, pero enardecía en la voluntad de luchar.
Consciente de la petición de Chizuru, con la angustia del abandono de Yuki, con el miedo aguerrido de tener a sus padres en la linea de fuego, mientras Saisyu se veía paulatinamente menguado a la muerte, y con Iori herido, limitado en una lucha interna, conteniéndose con tenacidad a su lado. Con tanto que perder, Kyo resolvió que no permitiría a ninguno de sus enemigos salir con vida de allí. Repelieron una vez mas la oleada de ataques, que fueron mucho mas aguerridos y violentos que la anterior.
Iori tenía los sentidos truncados por el disturbio. El cuerpo no le respondía igual y Kyo le generaba una atracción peligrosa. Sentía que en cualquier momento lo atacaría por la espalda y controlar aquel impulso de agredirlo le impedía luchar debidamente. El ataque de sincronizado de los enemigos le hizo retroceder hasta el límite del salón.
Kyo sin limitación moral alguna, devoró bajo su toque ardiente todo lo que se le acercaba. Desencadenaba salvajes ataques de tonos carmesí que no lograban ser anulados por los Kagura. Los enemigos entre heridas compartidas, se vieron reducidos a la mitad.
Al haber debilitado a Yagami, los Bihksu se centraron solo en Kyo y aunque este resistia, nuevas heridas sangraban copiosas en su cuerpo, haciéndole cada vez mas difícil bloquear los ataques. Un golpe preciso impacto el punto débil del abdomen y le hizo perder el equilibrio. Termino atenazado por uno de los monjes mayores contra una columna. El fuego no le respondía con libertad a causa de la habilidad anulativa del Bihksu ciego y cuando el opresor descendió un ataque luminoso, buscando destajar a Kyo, una columna de fuego purpureo lo envolvió haciéndolo arder y destrozando parte del techo.
Iori había eliminado ya los monjes restantes de los Kagura pero bajó la guardia ante los ninjas, para cubrir a Kyo de los Bihksu.
La llamarada violeta se desvaneció mientras el monje soltaba a Kyo girando en llamas evaporadas. El Bihksu ciego se había alejado a tiempo para evitar ser dañado. El ataque defensivo de Iori, descontrolado, había herido también la pierna de Kyo.
Iori sintió el acero frío abrirse paso entre la carne, justo en la vieja herida de bala en el costado. El impulso del ninja que lo atacó, mientras le perforaba la carne, le hizo perder el equilibrio. Entre rezagadas llamas interrumpidas, Iori fue impulsado fuera del templo a través de uno de los ventanales abiertos del gran salón.
La expresión de Kyo fue lo último que Iori percibió antes de perder de vista el salón. ¿Por que miras con tanta desolación Kyo? Pensó Iori sintiendo la lluvia y el cielo tormentoso. Eres mi enemigo, ten la decencia de odiarme.
"Tienes mucho que perder" Fueron las palabras que retumbaron en la mente de Kyo cuando presencio con profunda desesperación, como Iori se perdía en el vacío nocturno del exterior.
Los Bihksu contra atacaron sin espera y Kyo recibió ambos ataques de lleno, resistiendo el daño perforante en el costado y el pecho. Atenazó a ambos hombres por los brazos y un fuego carmesí se extendió por su cuerpo, recibiendo en un abrazo ardiente a los monjes.
Ambos gritaron desesperados ante las llamas que consumieron la carne y las telas, paralizandolos, envolviéndolos. Kyo miró un instante en dirección a sus padres. La pálida barrera que los cubría ya no estaba. Shizuka abrazaba el cuerpo sin vida de Saisyu y entre lágrimas confusas, con una mirada en negación, gritó a su hijo mientras este se envolvía en un Orochinagi escarlata que devoró todo a su alrededor.
El suelo cedió ante el impacto. Debilitado ya por los ataques previos, colapsó ante la explosión. Shizuka cubrió el cadáver de Saisyu y tras la oleada caliente del Orochinagi sintió como el cuerpo de su esposo se deslizaba por la gravedad. El suelo colapsado se estaba resquebrajando hasta los bordes del salón, cediendo ante el peso de ambos. Shizuka sostuvo el cuerpo con todas sus fuerzas evitando que cayera, pero la madera bajo sus pies, se caía a pedazos paulatinamente. Si no lo soltaba, caería con él.
– Lo siento mi amor...– dijo con un dolor agudo en la garganta y vio el cuerpo de Saisyu caer, siendo engullido por la oscuridad y las flamas. Se arrastro temblorosa hasta el dintel del pasillo, apretando entre sus manos el Tanto que Saisyu le obligo a recoger de uno de los ninjas caídos.
"No resistiré mucho querida. Debes apoyarlos, mantente a salvo mi amada esposa." Fueron sus últimas palabras, antes de que la barrera dorada se rompiera ante las llamas carmesí de Kyo.
Shizuka observó inexpresiva como todo lo que tenía en el mundo había colapsado junto con aquel salón. Las lágrimas, indoloras ya, recorrieron sus mejillas tiznadas. Sintió como todo se tornaba en una irrealidad inflexible, hasta que lo vio.
Hotaru Kusanagi se arrastraba como un gusano bajo algunos escombros, buscando alejarse del suelo que cedía a pedazos. Se deslizó hasta el pasillo del otro acceso al salón. Shizuka caminó como con una calma oceánica, con el dolor robado por una ira fría y calculadora. Avanzo por el pasillo vacío que era iluminado por algunas llamas cálidas que se filtraban crepitantes desde el salón.
Al fondo del corredor, el cuerpo herido de Hotaru cojeaba sosteniendo su peso en el muro lateral, sin percibir la forma delicada y gracil que se le acercaba.
La primera puñalada no la percibió a causa del dolor intenso en la pierna. La segunda al girar ante la presión en la espalda le dio de lleno en el pecho haciéndolo caer, ese dolor le llego agudo y acompañado de terror. Los ataques perforadores que le siguieron entre gritos iracundos de la mujer, fueron incontables. Cuando Shizuka se detuvo en medio de sollozos, la vida de Hotaru Kusanagi se había apagado hacia ya mucho rato.
Soltó el arma en un acceso de nervios y temblando observó sus manos teñidas de un rojo intenso. Las flamas ya habían alcanzado el pasillo. Se extendían lánguidas y perezosas por el techo. Pensó en aguardarlas allí con su esposo y su hijo, pero un sonido grave, humano, generó eco en la primera planta.
Por favor Kyo, que seas tú, pensó destrozada y temblando, se movió a través de los pasillos llameantes buscando un acceso al primer piso.
–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Kyo caminaba con dificultad, la quemadura en la pierna le impedía moverse bien. El dolor le llegaba en oleadas distantes, tenia la piel adormecida y se sentía húmedo, pastoso, como si estuviese sudando sangre. Había destrozado la puerta que llevaba al sótano y descendía unas anchas escalas en piedra.
Lágrimas oscuras se derramaban perezosas mezclándose con la sangre y el hollín. Le dolía la cabeza y uno de sus ojos había perdido la visión. El ataque que el Bihksu ciego había realizado justo antes de morir le había herido en el ojo y podía sentir el dolor punzante tras el parpado. Limpió un poco la escandalosa cantidad de sangre que manaba por su mejilla.
Su padre había muerto y el dolor que sentía al respecto parecía ser solo un toque sesgado del sufrimiento que lo había traído a aquel lugar. No había logrado salvarlo y había abandonado a Yuki. Un dolor ajeno al físico se le encajó en el pecho amenazando con lágrimas, pero se contuvo.
Pensó en Shizuka, recordando su rostro contraído por la tristeza. Ella estaba bien, todos los enemigos dentro del templo estaban muertos y las llamas aún no alcanzaban el acceso a la salida. Terminaría con lo prometido a Chizuru, salvaría por lo menos las almas de todos y regresaría con su madre. Con ella y con Iori, por que sabía bien que Iori estaba vivo. Por que tenía la seguridad de que algo así no lo mataría. Por que si regresaba por él y no estaba allí para él, no sabría que hacer.
Abrazo el profundo sentimiento que tenía por Yagami, lo sostuvo en su pecho como la única cosa hermosa que podría sentir en ese momento y recorrió todo el agobiante caminó hasta el salón cerrado de piedra.
En aquel lugar, de espacio reducido con inscripciones cubriendo todos los muros, estaba aquel rincón de luz. Varios velones blancos y negros se erigían formando un semicírculo alrededor de algo cubierto por una manta. Kyo contuvo el aliento ante la silueta que se formaba bajo la tela delicada y blanca.
A través de sus pliegues brillantes se denotaba la forma de un cuerpo delgado en posición fetal. Kyo estiro el brazo tembloroso sintiendo una tristeza agobiante ante la certeza de lo que era, pero cuando estuvo a punto de tocarlo y retirar la tela, un susurro delicado surco con el viento que entraba por el pasillo. Las velas titilaron menguadas y una voz muy baja llegó a él.
"No lo mires..."
Kyo apretó las manos acongojado y lanzo un golpe iracundo a los velones, estos de diseminaron con violencia, consumiendo sus flamas en la caida. El cuerpo bajo la tela se notaba reducido, muy flaco. Kyo tembló manteniendo el temple y de sus manos brotaron llamas naranja que envolvieron con amabilidad la forma humana.
– Por que...por que sucede todo esto. –habló con la voz contenida–. Lo siento Chizuru...lo siento.
El cuerpo se deshizo con la delicadeza de una mariposa y todas las inscripciones alrededor ardieron al mismo tiempo con él.
"Gracias" fue el último susurro del viento dentro de aquel lugar.
Kyo salió del sótano con la pesadez de mil guerras y allí, en el pasillo amplió, bajo un infierno de llamas que amenazaban ya la salida principal, estaba Shizuka Kusanagi esperando a su único hijo. Sostuvo una exclamación ante el cuerpo mal herido de Kyo y aguardó con temple su acercamiento.
Kyo caminó sin pronunciar palabra y en un estado de absoluto agotamiento abrazó a su madre, compartiendo el dolor silencioso de la perdida.
Ambos caminaron lejos del templo, ascendiendo con dificultad hacía el claro boscoso de la montaña. Kyo se detuvo un momento al linde del barranco, observando como el viejo templo Kusanagi, ardía con su padre, con Chizuru. Shizuka deseaba que partieran ya, temiendo por el estado de Kyo, pero le dio el espacio que este requeria, acatando con docilidad el momento de calma que su hijo se tomo para mirar lo acontecido.
Kyo observó con la vista algo borrosa la extensión del bosque, buscando alguna señal de vida de Yagami.
¿Donde estas Iori? se preguntó agotado de sentimientos dolorosos. Encendió una llama que atardeció en la oscuridad del bosque. Extendió la mano hacia el cielo y emano un cálido hilo de fuego que subió varios metros bajo la lluvia suave, dejando una estela de luz pálida. Mas te vale regresar Yagami, no me ire de aquí sin ti, pensó acunando en su pecho el sentimiento cálido que le producía el pelirrojo, sabiendo con certeza que era. Como una pequeña luz en medio de toda esa oscuridad.
––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Iori avanzó por el bosque con presura, cada paso en la tierra húmeda era un suplicio en sus heridas. El disturbio había cesado su influencia tras haberse alejado del templo, pero los daños en su cuerpo eran profundos. Pudo sentir como parte de su de vida se acortaba ante cada acceso reiterado del disturbio en tan poco tiempo. Las voces aún persistían pero Iori cuestionaba cada palabra de la casta Yagami.
Kyo siempre había sido una influencia enorme en su vida, la razón por la que había entrenado duro casi toda su infancia, la razón por la que cargaba el legado Yagami y por la cual no abandonó el Magatama cuando tuvo la oportunidad. Kyo era la razón por la que se resistía ante la influencia de Orochi, por que era Iori quien deseaba superarlo, matarlo. Pero ahora, era por Kyo por quien enfrentaba a su propia familia, era por él por quien arriesgaba su vida.
Se sintió enfermo a causa de la obsesión que lo dragaba siempre ante el castaño. Se sentía hastiado de si mismo y de la necesidad que lo impulsaba a buscarlo una y otra vez. No quería un minuto mas de su existencia en pro a odiar - desear a Kyo Kusanagi, y aún así, no podía evitar la abrumadora necesidad de encontrarlo. Maldijo aumentando la velocidad, acercándose a la hoguera gigante que iluminaba el bosque. Preguntándose si Kyo se encontraba bien, deseando asesinar a todo lo que pudiese interponerse entre ellos.
Los ninjas recorrían la zona baja de la montaña, podía percibir sus sombras que se perdían con facilidad entre los destellos de la gran hoguera del templo. Habían aumentado su número repentinamente.
Un delgado hilo dorado se extendió en la parte alta de la montaña no muy lejos del templo en llamas. Iori divisó en la lejanía nocturna la forma goteante del fuego Kusanagi que se desvanecía en un fulgor dorado y sintió un profundo alivio, acompañado de intensa irritación y odio.
Que hace ese idiota. Aun hay enemigos en la zona, pensó molesto y el deseo de ver a Kyo, mezclado con la rabia, se acrecentó en un cóctel exasperante mientras subía por la arboleda.
Iori se acercó al claro jadeante, escupió un acceso de sangre y retomando el aliento, caminó entre los arbustos altos.
––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
– Kyo por favor, debemos irnos. –habló Shizuka urgida–. Los Yagami deben estar en la zona, ellos habían sido avisados. !¿Que estas esperando?! – reclamó descompuesta. No sería capaz de soportar perder a Kyo. El dolor insondable por la perdida de Saisyu la aterrorizaba con su hijo.
– No puedo irme sin Yagami. – acotó Kyo angustiado. El tiempo no parecía acompañar su tragedia y aguardar a Iori implicaba poner en riesgo a su madre. Si Iori no aparecía pronto debía sacarla de allí y regresaría por él.
No lograba pensar con claridad, el dolor, la extenuación y la perdida de sangre lo estaban jalando a un punto sin retorno. ¿Cuanto mas debía esperar? ¿Estaba Iori vivo? Claro que tenía que estarlo. El no podía morir así. No tenía derecho alguno a dejarlo.
¿Donde estas Iori? pensó acongojado por las perdidas acontecidas, cubriéndose el ojo izquierdo ante una punzada de dolor. Vamos Iori, regresa.
Shizuka dio un respingo agarrando el brazo de Kyo, que se tambaleaba con equilibrio inestable. Un sonido de ramas quebrándose llegó a ellos. Kyo soltó a su madre y la envío atrás, pidiéndole que se pusiera a cubierto tras un árbol cercano. Cojeo erguido hasta el centro del claro dispuesto a recibir cualquier enemigo, pero quien salio del oscuro matorral fue Iori.
Kyo lo observó bajo la iluminación tenue de la gran hoguera. Iori camino con lentitud. Tenía múltiples sombras sanguinolentas en la tela contrastando con su tez cadavérica, pero se mantenía rígido y compuesto a pesar de los daños. Kyo se acercó a su encuentro con la cabeza gacha.
Iori, quien tenía fuertes emociones encontradas en su busqueda por Kyo, despejó todas sus dudas al encontrarlo allí parado en el claro. Con el cuerpo gravemente herido, con la mitad el rostro bañada en sangre, un caminar inestable y la voluntad férrea de esperar por él.
Ambos convergieron silenciosos entre la hierva húmeda. Kyo levantó una mano dando un golpe suave a Iori en el hombro. Se acercó posando la cabeza en la curva de la clavícula del pelirrojo y deslizando la mano por el brazo hasta la muñeca de este, suspiro.
– Estas bien...– susurro con un profundo alivio en la voz.
Iori sintió cada mínimo contacto de Kyo, su respiración pesada, las marcas de sangre que dejaba al hacer contacto con su piel y finalmente sus palabras apagadas, de aliento cálido en el cuello, llenas de agradecimiento y tristeza.
Iori Yagami lo supo en ese momento, con una claridad sosegada ante la miriada de voces que rugían en enjambre bajo la influencia de Orochi. Aquella sensación pulsante, aquel deseo primitivo que Kyo desertaba en él, estaba relacionado a conservar lo mas querido. Él no permitiría que el mundo arrancara la vida de Kyo, no dejaría a nadie mas llegar a él, fuese quien fuese. Kyo era suyo.
Iori rodeo a Kyo en un abrazo protector, internando el rostro en el cabello húmedo del castaño, sintiendo el olor a madera quemada y sangre impregnado en él. Lo rodeo con fuerza, estrechándolo contra sí. Kyo reaccionó con una calma espectante, deslizando los brazos bajo Iori, abarcando su cintura con delicadeza y acunando su cuerpo en el suyo.
El contacto mareo un poco castaño, sintiendo el corazón desbocarse entre sentimientos de intensidades dolorosas y un extraño gozo.
– Todo estará bien Kyo. –susurro Iori levantando el rostro del castaño, repasando con un toque suave la sangre de su ojo herido– Todo estará bien. –repitió, entendiendo el dolor por el que Kyo estaba pasando.
– Mate a todos esos hijos de puta. – respondió Kyo con una sonrisa triste. A esa distancia Iori podía apreciar el agotamiento peligroso bajo el que Kyo estaba sometido.
– Bien hecho.– puntualizo Iori sonriendo, acercando su rostro con delicadeza y besando al castaño. En esta ocasión el beso fue tierno, considerado. Kyo fue el primero en explorar con su lengua bajo suaves movimientos, sintiendo el mismo gusto metálico que hace unas horas pero presa de una sensación muy diferente. Se separaron con cautela, algo avergonzados apartando el contacto visual. Todo esto ante la mirada estupefacta de Shizuka Kusanagi.
– Debemos irnos Kusanagi. Hay ninjas en el terreno y es muy probable que hallan visto tu descuidada señal en el cielo. – acoto Iori apartándose de Kyo con suavidad. Kyo sintió el rose del cuerpo de Iori alejarse y pensó nuevamente en que aun tenía mucho que perder.
– Hay miembros Yagami en la zona. –acotó Kyo cansado de todo–.Mi madre... –se detuvo en seco cayendo en cuenta de la escena que acababan de representar y giró avergonzado en dirección hacia donde ella debía haberse escondido.
Shizuka Kusanagi erguida desde el otro extremo del claro miraba con una severidad inusitada a Yagami. Había un resentimiento enorme en su expresión frívola. Iori había cruzado una mirada altanera con ella justo antes de besar a Kyo.
– Debemos irnos Kyo. – repitió incapaz de suavizar sus palabras. Kyo titubeo un momento cansino, le importaba ya muy poco que pensara su madre sobre su sexualidad o su enemistad con Iori. Tampoco era algo que el tuviese claro en ese momento y los sucesos recientes parecían quitarle importancia a todo.
– Deberíamos ir por el linde de la montaña hasta el río. Si cruzamos podríamos perderles el rastro y descender hacia la carretera. – acoto Kyo haciendo un esfuerzo enorme por no perder el equilibrio.
Iori y Shizuka parecían cruzar una conversación silenciosa con las miradas frías.
– Es una buena idea. –dijo Iori desviando la vista de la mujer–. Ve adelante con tu madre, yo los distraeré lo suficiente...-
–No. –interrumpió Kyo–. Vienes con nosotros o no vamos a ningún maldito lado. – A pesar de estar mal herido su tono ejercía autoridad. Iori bufó irritado ante la testarudez de Kyo.
– No hay tiempo para esto Kusanagi. No me quedare riñendo contigo. Muévanse. – espeto molesto, accediendo a ir con ellos.
Shizuka avanzó delante de Kyo, tanteando el terreno para su hijo, conteniendo la oleada de emociones que la invadían. Resistiéndose siquiera a pensar en lo que había visto. No era momento para eso, Kyo debía salir pronto de ese lugar. Pensó en los Kusanagi bajo su mando, que debieron haber llegado hace mucho y se preguntó si la causa de no haber arribado había sido la traición.
Si hubiesen llegado a tiempo tal vez Saisyu...contuvo un acceso de lágrimas ante el pensamiento y se centro en sacar sano y salvo a Kyo de aquel infierno.
Kyo sentía cada vez mas trabajosa la respiración. Las heridas se reabrían a cada esfuerzo y aunque mantenía el paso con enorme dificultad, sentía desfallecer en cualquier momento. Iori lo seguía de cerca, aunque se denotaba herido y agitado continuaba con esa casual resolución de no ceder ante el dolor, así se estuviese muriendo. Maldito Yagami testarudo, pensó Kyo sonriendo. Recordó a Chizuru y a su padre y se sacudió ese dolor punzante en el pecho.
Una llamarada violeta estalló a su espalda y Iori empujó a Kyo a un costado. Kyo se sostuvo de un tronco sintiéndose incapaz de luchar, pero haciendo un esfuerzo por intentarlo.
– No. – Le habló Shizuka agarrándolo por el brazo–. Por favor hijo debemos avanzar, no estas en capacidad de enfrentarte a mas enemigos. – rogó la mujer a Kyo. Este la miró dubitativo, luchar sería arriesgar la vida de su madre una vez más, pero no podía dejar a Iori enfrentarse solo a los ninjas enemigos.
– !Lárgate de una maldita vez Kyo! – exclamó Iori estallando una llamarada entre el follaje, alcanzando a un ninja. Bloqueo al siguiente ninja que emergió de la oscuridad, atrapándolo en un agarre, el ninja se resistió golpeándolo con el codo en el torso y Iori gruño ante el dolor intenso. Un tercer ninja cayó sobre Iori con un arma desenvainada, pero una llamarada naranja lo envolvió en el aire.
Kyo metros mas abajo, agarrado jadeante a un árbol no había aceptado abandonarlo del todo.
– Idiota. – maldijo Iori soltando el cuerpo sin vida del ninja Kusanagi.
Bajaron veloces hacia la rivera del río, el caudal estaba muy crecido a causa de las lluvias torrenciales. Iori percibió movimiento en la parte alta del bosque y se detuvo. Shizuka se quito parte del vestido y en paños menores se acercó a Kyo.
– Nada conmigo Kyo.
Kyo accedió tras sentir al pelirrojo a escasos metros de ellos. Iori visualizo un estallido purpúreo en la parte alta de la arboleda. Solo habían contadas personas en el clan Yagami con capacidad para manejar el fuego de Orochi y todas ellas eran parte del circuló interior que manejaba el clan.
Si alguna de las cabezas o incluso el mismo Takashi estaban en aquel lugar cazándolos con la camada Yagami, no lograrían ir muy lejos en el estado en el que Kyo se encontraba. Iori miró como el castaño y la mujer cruzaban el río, llegando con enorme dificultad a la otra orilla, muchos metros mas abajo.
Kyo escupió agua y cada acceso de tos desencadeno en el castaño oleadas intensas de dolor. El agua cayó de su boca con manchas sanguinolentas. Shizuka lo sostuvo angustiada.
Estaba empapado y tenía mucho frío, la respiración se le entrecortaba, dificultándole respirar. Miró a su alrededor buscando a Iori con el temor certero de que este no había cruzado. Levantó la cabeza entre jadeos hacia la parte alta del río. Iori los observaba inmóvil bajo la lluvia tenue, desde una roca alta. Su silueta amorfa hizo una señal instando a continuar y luego se perdió en la oscuridad de la arboleda.
No, no me hagas esto Yagami. Pensó Kyo iracundo, frustrado, incapaz de moverse por su cuerpo mal herido.
– Debemos continuar Kyo. – habló Shizuka apremiante, la sangre que manaba de las heridas de su hijo a causa el esfuerzo, la asustaba. Kyo se agacho contra la tierra pantanosa maldiciendo a Iori reiteradamente. Debía sacar a su madre de allí y regresaría por él.
Corrió debilitado pero reacio, con el objetivo de sacar a su madre de peligro y evitar que Iori fuera asesinado. Tras unos metros mas abajo, ya alejados del río, unas sombras los rodearon. Kyo convocó las llamas enfrentándose jadeante a los asaltantes, pero estos se arrodillaron frente a él y a Shizuka.
– Mi señora. –se levantó uno de los ninjas dirigiéndose a la mujer–. Tenemos la zona cubierta, los sacaremos de aquí. – Shizuka estallo en una ira profunda acompañada de lágrimas.
– ¡¿Por que demoraron tanto?! ¡Dejaron morir a Saisyu! – gritó iracunda al ninja. Este se inclino ante ella.
– Los sentimos profundamente y explicaremos lo sucedido en su debido momento. Por favor venga con nosotros. Los pondremos a salvo. – reireto el hombre.
– Sáquenla de aquí. –habló Kyo sosteniéndose en el costado de un tronco. Rechazando con brusquedad el acercamiento de los ninjas–. Yo regresare por Yagami. Ustedes dos. Ayúdenme a buscarlo–. ordeno Kyo a los ninjas, mientras se alejaba. Los dos hombres siguieron su paso dubitativos, esperando la intervención de la señora Kusanagi.
– No. – habló Shizuka con frialdad. Kyo la observó cauteloso, con una oleada de rabia creciendo dentro de sí. Sabía que su madre no ayudaría a ningun Yagami, pero no esperaba que después de lo sucedido le diera la espalda a Iori. O tal vez era justo por esa razón que lo hacía. Se incorporo altanero, queriendo no expresar rabia hacia su madre.
– Iré solo entonces. – puntualizo alejándose con paso inestable.
– Deténganlo...– sonó la voz de Shizuka en una calma inusitada–. Su líder esta mal herido y no piensa con claridad. Su pelea contra Iori Yagami puede esperar otro momento...
Kyo miró a Shizuka con triste decepción. La ira se acunó con fiereza e hizo arder el espacio que lo separaba de los ninjas.
– Si dan un paso más, los matare a todos. – amenazó iracundo y se alejó corriendo de regreso a la montaña.
El impacto delgado de los dos proyectiles, llego con una mínima sensación de perforación. Incineró los pequeños dardos al arrancarlos de la piel y se alejó algunos metros antes de sentir el cuerpo pesado, fallarle.
Se desplomó sobre la hierva húmeda y la tierra de olor amargo. El bosque se alzaba como espectros gigantes abrazados por el aire nocturno. Al borde de la inconsciencia, Kyo pensó en Iori. El último pensamiento que se formo en su interior, no fue su silueta borrosa en lo alto del río.
Lo que evoco su memoria, fue la sonrisa amable que se dibujo en el rostro de Iori cuando tocó la guitarra aquella noche en el bar. Esa noche donde lo percibió por primera vez, de manera diferente.
