Unos días antes de la reunión.

Shizuka discurrió el vaso enderezando su forma con el portador cuadrado. Suspiró mirando a su alrededor. Le había tomado más tiempo del esperado encontrar finalmente a Jane Usui, esposa del difunto Seiki Kusanagi. Tras la muerte de su esposo, la joven había abandonado su casa y nadie conocía su paradero. A pesar de la infructuosa dedicación de sus hombres no habían logrado pista alguna hasta que ella misma les contactó, invitándoles a su nueva vivienda.

Miró ansiosa el reloj que resonaba con un eco vacío, sabía bien que la demora de la mujer radicaba en la posible información que Shizuka esperaba de ella. Se removió en el asiento irguiendo la espalda, la desconfianza rondaba con una naturalidad incomoda ya que todo el contacto que la familia había tenido con el gobierno se había realizado por medio del difunto Seiki Kusanagi.

Unos pasos suaves se acercaron al arco de la sala. Una mujer menuda de cabellos castaños y ojos grises, que parecía cargar un enorme aire de pesadumbre se acercó e hizo una reverencia a modo de saludo. Se notaba más delgada y envejecida a pesar de que era mucho más joven que Shizuka.

— Señora Kusanagi. Es una agradable sorpresa tenerla en mi morada. — Apuntó condescendiente.

— Dejemos las formalidades Jane. —puntualizó Shizuka—. Creo que sabes muy bien por qué estoy aquí y necesito que seas sincera conmigo. Ambas hemos perdido seres amados y estamos en una situación que no da garantías de mantener al resto de nuestra familia a salvo. — Habló con autoritaria calma. La mujer de ojos grises guardó silencio asintiendo levemente con la cabeza. Su semblante decaído le daba una imagen de niña envejecida, acompañada por un conformismo trágico. Tomó asiento.

— Jane, esta información es primordial para nosotros. Muchas vidas se han perdido en medio de todo ese caos dragado por los Yagami y el gobierno. Necesito que me digas qué sabes de lo que ha acontecido. — Indagó Shizuka relajando su posición de autoridad, deseando entender a aquella mujer.

Jane agacho la cabeza sopesando las palabras, sus ojos se cerraron ya sin lágrimas que derramar.

— Yo se todo lo que Seiki me permitió saber...Yo se que el gobierno intentó acceder a Saisyu Kusanagi y al ver que el no acataba sus demandas, pidieron a Seiki suavizar las relaciones para hacer ceder al clan Kusanagi. —no alzó la mirada, la mantuvo en su regazo apretando la tela del vestido—. Seiki no quería que esto sucediera. Él jamás habría permitido que agredieran a Saisyu. — Puntualizó la mujer con la voz gangosa. Shizuka sintió un nudo en la garganta al recordar el cuerpo de su esposo siendo devorado por las llamas tras protegerla. La rabia sobrepasó la tristeza pero mantuvo la absoluta compostura.

— Habla con claridad y dime todo desde el principio. — Corto Shizuka. La mujer mantuvo la mirada baja y habló, desahogando todo lo que había guardado con profundo temor.

— Seiki aseguraba que el gobierno tenía un método para eliminar a Orochi definitivamente. Ellos necesitaban la colaboración de los clanes principales para semejante empresa, pero los líderes de los clanes no parecieron colaboradores. Seiki me dijo que las reliquias eran necesarias para llevar a cabo el ritual que sellaría a Orochi, pero que para usarlas los portadores debían renunciar a ellas y a su poder. Todos debían sacrificar lo que por siglos estructuró su legado y que por ello, habían rechazado la oferta. Él intentó convencer a Saisyu de que era lo mejor para todos, pero este se negaba a aceptar a pesar de su insistencia...— Las palabras cruzaron a Shizuka como un puñal. Su esposo nunca le había comentado nada de ello, siempre regresaba de sus reuniones refiriéndose a ellas sin mayor novedad. La mujer tomó aire con suavidad y continuo.

— ...yo pensaba que el orgullo había nublado la vista de los líderes, que todos prefirieron mantener el poder legendario de las reliquias por sobre el bienestar de generaciones de Kusanagi que morirían bajo las eternas huestes de Orochi. Pero, luego supe por Seiki la verdadera razón. El ritual tenía una alta tasa de mortalidad. La posibilidad de que los portadores de las reliquias sobrevivieran, era ilusoria. Saisyu no estaba dispuesto a sacrificar a su hijo de esa manera, parecía desconfiar del gobierno y se negaba rotundamente...Seiki pensó en una solución. —Jane hizo una pausa donde miro de soslayo a Shizuka. Esta yacía petrificada por la información sin poder apartar la vista de la mujer que derramaba ocasionales lágrimas en su confesión—. Los viejos monjes Kusanagi habían informado a Seiki que por cada generación, nacía más de un posible portador de la reliquia. Eso estaba registrado en la historia de los Kusanagi desde la prematura muerte de uno de los viejos líderes. Decían que existía un traspaso natural de la reliquia, que está terminaba inoculando su poder en otro portador años después y al parecer no necesitaba ser del linaje directo. Con esta información Seiki intentó averiguar si podían de alguna manera traspasar la reliquia artificialmente sin poner en riesgo al actual portador y fue el mismo gobierno quien le aseguró ser capaz de tal objetivo. — acotó Jane. Shizuka clavo las uñas en la palma de su mano.

— ¿El gobierno ya sabía la manera de traspasar una reliquia de portador? ¿Desde hace cuanto estaban planeando esto?—hizo una pausa intentando mantener el temple—. ¿Sabes cuantos de los nuestros han muerto sin saber esta información Jane? — Indago con rabia controlada. Saisyu nunca le había compartido nada relacionado al tema.

— Mi esposo traicionó al clan Kusanagi, pero era por una buena causa...una que buscaba el bienestar de muchas generaciones actuales y venideras. Seiki sabía que si conseguía un portador que no fuera Kyo, era probable que Saisyu estuviese dispuesto a sacrificar algo pequeño al lado de un bien mayor. El gobierno empezó a buscarlos con ayuda de Seiki, pero cuando encontraron a Hotaru, el portador elegido, el gobierno le mintió prometiendo poder y gloria. Seiki se opuso a ello, él no quería que fuese engañado, deseaba que Hotaru entendiera que su papel y su sacrificio era por una causa superior. Pero Hotaru no era nada de lo que él esperaba, el chico era autoritario y testarudo, deseaba el poder y la posición que prometía la reliquia. Ignoró las advertencias de Seiki y se apartó del clan. Eventualmente el gobierno dejó de contactar a mi esposo y justo después empezaron las desapariciones y asesinatos con los Yagami involucrados. —hizo una pausa conteniendo el llanto—. Seiki no quería nada de esto. Él buscó a Saisyu apenas supo de las primeras desapariciones, pero fue amenazado. Comprendió que el gobierno estaba relacionado aunque desconocía el porqué de dichos actos. Cuando intentó contactar a su esposo, este se resistió a verlo. No confiaba en Seiki, sospechaba de su traición y no escuchó sus palabras. Cuando finalmente accedió a verlo...mi esposo fue asesinado antes de su reunión. — Puntualizó con profunda amargura cubriéndose la boca. Shizuka sintió sus mejillas humedecerse. Si hubiese sido consciente de solo una mínima parte de lo confesado por aquella mujer, habría podido evitar tanto dolor. Incluso la muerte de Saisyu.

— ¿Por qué guardaste silencio? ¿Por qué permitiste que las desapariciones siguieran mientras callabas? Que mi esposo muriera, que mi hijo por poco siguiera sus pasos...— Acusó Shizuka conteniendo las lágrimas y el profundo desprecio por aquella mujer.

—...Ellos me amenazaron...—suspiró acongojada—. ...mis hijos son pequeños señora Kusanagi, ellos no merecen pagar por los pecados de sus padres. Yo no podía perderlos. No podía arriesgar a mis niños así, no después de la muerte de mi esposo. —se limpió las lágrimas con fuerza—. ¿Qué más podría haber hecho salvo guardar silencio y alejarme de todo? No me han permitido abandonar el país y solo fue hace poco que logre evadir la vigilancia del gobierno. — Su semblante apesadumbrado se había tornado en un gesto agresivo y decidido. Shizuka supo que aquella mujer era igual a ella. Su familia lo era todo y no estaba dispuesta a perderla.

— Nos hiciste caminar a ciegas...no se si pueda culparte por todo esto, pero no puedo perdonarte por ello. — Espeto Shizuka con severidad.

— Entiendo que soy culpable y asumo la consecuencia de mis actos. Pero mis hijos no, ellos no tienen culpa alguna señora Kusanagi. Pronto ya no estarán aquí y es posible que nunca vuelva a verlos y esta es la única razón por la cual les permiti a ustedes llegar a mi. Aunque no tengo derecho alguno, por favor, como madre, permítame pedirle una sola cosa a cambio de mi confesión. —habló la mujer inclinándose ante Shizuka—. Permita a mis hijos viajar lejos, tomé de ellos el yugo del apellido Kusanagi, si es necesario, renunciaremos a todos los derechos sobre lo heredado por mi esposo. Por favor, limpie a mis niños de la responsabilidad de pertenecer a su clan, permitales ser libres de cualquier posible nexo con ustedes. Yo asumiré lo que esa decisión conlleve. — Pidió Jane con el cuerpo inclinado. Shizuka la observó con tristeza y rabia. Le era imposible culpar a aquella mujer. Nada le aseguraba que ella no hubiese hecho lo mismo por Kyo estando en su posición, pensó.

— Así será. Borraremos a Seiki Kusanagi y a su linaje de nuestra historia. — Puntualizó con una severidad indolente y se retiró dejando atrás a aquella mujer que pudo haber cambiado el destino de su familia.


5 de Diciembre.

La puerta completamente negra se discurrió insonora. El interior del apartamento se explayó como un alto contraste al momento en que las luces de tonos pálidos se filtraron por los tragaluces de la pared. El sitio era completamente blanco y geométrico contrastando con el segmento negro de lustrosa baldosa negra sobre el corredor central.

Iori avanzó hasta el sillón cuadrado y afelpado depositando su gabardina descuidadamente.

— Tomaré un baño. Ponte cómodo Kusanagi. — Dijó dando la espalda a Kyo cruzando la puerta del dormitorio al fondo del pasillo negro. Parecía familiarizado con el entorno.

Kyo observó a solas el amplio apartamento, no existían muchos muros al interior con excepción de la alcoba principal. Al parecer los músicos tenían algún tipo de aversión a las divisiones en las viviendas, pensó divertido y se dejó caer en el sillón cúbico pero sorprendentemente cómodo. La herida en el abdomen refutó el movimiento brusco haciéndolo gruñir, pasó la mano con delicadeza sobre la camisa a la altura de la lesión. Su capacidad curativa actual seguía causándole gran sorpresa, tal vez podría acostumbrarse a mantener aquella brecha abierta en su energía espiritual.

Sonrió descansando la cabeza sobre el espaldar suave. A pesar de haber dormido durante tantas horas, sentía aun aquella sensación de agotamiento que causaban las heridas.

Bajo pensamientos dirigidos al esperado bienestar de Mai y los demás, fue atrapado por un fuerte sopor que lo envolvió con gentileza.

— Hey...Kyo... — Se escuchó una voz baja, un susurro frío punzante bajo por su cuello humedeciendo la tela de la camisa. Su cuerpo se contrajo con levedad y despertó algo aturdido pronunciando aperesadamente. "Está frío"

Lo primero que vio fue el rostro de Iori sobre sí, inclinado desde la espalda del sillón. Sus cabellos húmedos goteaban sobre las mejillas y el cuello del castaño.

— No deberías dormir aquí. — Sonrió con malicia ante la reacción del Kusanagi.

— ¿Sueles despertar personas de manera invasiva Yagami?. — Refutó Kyo irguiéndose, secándose la piel con la camisa.

— No. Pero podría acostumbrarme. — Agregó Iori colgándose la toalla alrededor del cuello para absorber algunas gotas rebeldes y se acercó a la barra buscando la cajetilla de cigarrillos en la gabardina.

— La próxima vez que estés dormido no seré nada amable. — Aseveró Kyo por lo bajo.

— ¿Ah? — Indago Iori al no escuchar sus palabras mientras destapaba la pequeña caja de tabaco. Su semblante parecía haber mejorado, se denotaba más relajado y casual.

— ¿Donde esta el baño? Necesito una ducha caliente. — Habló Kyo medio bostezando mientras separaba la tela húmeda de la piel. El frío había calado fuerte en la caminata y pensó que la pérdida de sangre no le había ayudado mucho a entrar en calor.

Iori indicó el fondo del corredor con un movimiento de la cabeza, algunas gotas se elevaron humedeciendo un poco el cigarrillo entre sus labios. Kyo avanzó deshaciéndose de la prenda parcialmente mojada, apreciando el destello violeta reflejarse en el espejo del corredor. Sintió la mirada de Iori sobre su espalda desnuda y sonrió extrañamente complacido lanzando la camisa a la cama y entrando al cuarto de baño.

Puso a llenar con agua caliente la bañera central que parecía ser lo único no cuadrado en aquel apartamento. Se desnudo y quitó algunas vendas. Revisó por encima sus heridas comprobando la sobrenatural mejoría en solo cuestión de un día. Aun dolían y no estaban del todo bien así que decidió alistar algunas vendas nuevas para después del baño.

Discurrió las puertas blancas de los cajones altos en búsqueda de algún botiquín. Dentro de los entrepaños de madera clara yacían un sin fin de tónicos y cajas pequeñ ó algunos para leer etiquetas con la esperanza de encontrar algo acorde a su dolencia.

Se sorprendió leyendo una amplia gama de lociones para el cuerpo, cremas para el cabello y cápsulas de colágeno entre otros. Eran productos estéticos en su mayoría y aquello le hizo preguntarse si en realidad aquel lugar pertenecía a una mujer o depronto vivía allí alguna. Al abrir el cajón contiguo corroboró su teoría tras encontrar cremas para la piel y algunos productos desmaquilladores según las etiquetas.

Finalmente ya con la paciencia agotada, abrió el cajonero de la parte baja. Allí observó dos tubos alargados de colores neutros aun sellados, posicionados al costado de una crema para afeitar.

Tomó uno con desinterés y leyó su etiqueta, solo para descartar totalmente la existencia de algún medicamento útil en aquellos estantes. En la parte alta la palabra lubricante llamó su atención y cuando el resto de la etiqueta hacia referencia a "anal" Kyo dejó descuidadamente el tubo dentro de la cómoda y cerró las puertas con fuerza excesiva.

Maldijo por lo bajo, no tenía por qué andar husmeando en pertenencias ajenas. Miró el cajonero cerrado y pensó por un momento que el amigo de Iori podía ser homosexual, recordó un instante la familiaridad con que el pelirrojo había entrado al sitio y algo se encogió en su estómago.

Sonrió de repente irritado consigo mismo y se sentó al borde de la bañera. En qué mierda estaba pensando. Ciertamente allí vivía una mujer y sus prácticas sexuales podían ser muy variadas, de todas maneras nada de eso le importaba. Pero el recuerdo de tener a Iori dentro de sí apareció sin previo aviso, trayendo imágenes de aquella lengua en medio de su vientre viscoso y aquellos labios cerrados en su miembro. Se estremeció abrumado por la memoria y se inclinó cubriéndose el rostro con las manos, sentía el calor subiendo a su cuello y apretando su entrepierna.

Que demonios estoy pensando reitero en un susurro para sí mismo. La vergüenza menguo paulatinamente mientras tomaba un baño frío antes de la tina caliente.


Iori deslizó los dedos por las cuerdas metálicas. Estaban heladas. Llevaba tiempo sin tocar un instrumento y la sensación se le hizo agradable, cálida. Intercalo acordes sencillos sopesando la entonación de las notas. La guitarra era una Gibson liviana algo vieja, había tocado con ella en el bar un par de ocasiones antes, su sonido era particular, gastado, de vibración intensa y lamentos estridentes.

Sonrió con melancolía percibiendo las notas apagadas y secas sin el amplificador. Lo prefería así, un ritual silencioso con la melodía en su cabeza. Aquello lo calmaba, le regresaba la templanza y la satisfacción perdida entre las voces de Orochi y sus antepasados.

Cuando abrió los ojos sintió como si el tiempo se hubiese dilatado, no estaba seguro cuantas tonadas habían pasado por su memoria.

— Ya extrañaba verte tocar. — Resonó suave la voz de Kyo a sus espaldas. Iori giró algo sorprendido, no había percibido su presencia.

Observó al castaño recostado al borde del escritorio, sin camisa, con el cabello desordenado, con una sonrisa casi dulce. Depósito la guitarra a un lado, incómodo por su inesperada observación.

— ¿Como esta tu herida? — Preguntó recogiendo la cajetilla de cigarros.

— Mejor de lo que imaginas — Aseguró Kyo con tono divertido.

— Ahora curas mas rapido Kusanagi. — Agregó Iori con mirada aguda.

— Y tu sueñas mucho...— Respondió Kyo con repentina seriedad.

— Siempre lo hago. Solo ahora puedes percatarte de ello. — Acotó Iori llevándose un cigarrillo a la boca. Kyo bajó la vista pensativo.

— Me molesta que no confies en mi Yagami. Así...como voy a saber si estas bien. — Instó sin mirarlo directamente. Iori apreció el gesto evasivo, a Kyo se le hacía difícil expresar su preocupación de manera abierta y en buenos términos.

— No necesitas saberlo. Es poco lo que podemos hacer al respecto. —respondió Iori y se acercó hasta Kyo—. Estaré bien. — Aseguró discurriendo su cabello húmedo hacia atrás, deslizando los dedos entre las hebras dóciles. Kyo guardó un silencio contemplativo permitiéndole el gesto. Se miraron directamente un largo instante mientras la mano de Iori se deslizaba por su nuca hasta abandonar su piel.

— Es mejor que descanses Kusanagi. Mañana estarás mucho mejor y debes regresar con los tuyos antes de que sospechen del ataque. —

— ...pronto sera mediático si es que ya no lo és. — Agregó Kyo con tono cansino irguiéndose, quedando a la par de Iori bajo una distancia muy corta. El ambiente incómodo de conciencia mutua revoloteo entre los dos, como si temieran hacer una mala aproximación.

Iori sonrió maliciosamente.

— Deja de actuar como un tonto Kusanagi. No pienses en cosas sin importancia. — Aseveró rompiendo el silencio incitante, buscando evadir el momento, pero Kyo lo retuvo del brazo.

— No son cosas sin importancia. — Agregó Kyo sin mirarlo directamente. Iori apreció el sonrojo involuntario que ascendía al cuello del castaño y sintió el eco de aquella vergüenza apresando su pecho de igual manera. Habian realizado un acto sexual casi completo tan solo unos días atrás, y aún así, allí estaban como un par de imbéciles, inseguros ante un aspecto emocional no abordado. Gruñó irritado por aquella intensa emoción que amenazaba con entorpecer la razón, no era el momento de tratar trivialidades.

— Lo son. — Puntualizó apartándose del contacto, rumbo a la habitación. Kyo apreció el matiz levemente enrojecido en la piel de Iori al alejarse y sonrió.

— Siempre eres el que se distancia. ¿Eh Yagami? — Habló bajo para sí mismo.

En medio de la oscuridad, sobre las sábanas frías por la calefacción baja, ambos entraron en calor sin hacer contacto. Iori observaba el techo vacío sin codiciar el descanso; dormir no era un acto agradable para él dadas las últimas noches. Pero el silencioso insomnio del pelirrojo fue roto por el movimiento furtivo de la mano de Kyo que se deslizó suave sobre el cubrelecho hasta hacer contacto. Los dedos del Kyo surcaron la palma del Yagami hasta encajar su forma en la suya. Tras unos momentos de quietud, la mano de Iori se cerró con fuerza y los dedos de ambos se conectaron en un vínculo tácito y sin palabras.

El sueño los acunó desinteresadamente, permitiéndoles un descanso sin interrupciones.


Su regreso a la casona fue rápidamente recibido por sirvientes con rostros ralos y excitados por su presencia, parecían agradecer sin palabras su llegada. Kyo caminó entre los jardines acompañado de dos hombres que le informaron sobre el regreso de su madre, y una vez más apreció las zonas externas de la casa, siendo vigiladas por una buena cantidad de personal. Algo no estaba bien, pensó sopesando el leve malestar que le producía regresar a la casona.

— Señor. El consejo se reunirá en las horas de la tarde. En este momento la señora Shizuka discute asuntos importantes con la mano derecha. Les gustará saber de su regreso. — Explicó el hombre.

— Lo sé, no me anuncies, iré directamente. — Puntualizó Kyo intrigado por la extrema vigilancia.

El salón estaba impecable. La quemadura en el estandarte y el renegrido tono de la madera había sido corregido. El altar a Saisyu ya no estaba allí y aquello le distrajo un momento ante la reunión en el centro.

— Gracias por la información. Pueden retirarse. — Sonó la voz autoritaria de Shizuka. Los hombres cruzaron al lado de Kyo haciendo una reverencia a modo de respeto y abandonaron el salón. Kyo miró a su madre con emociones encontradas, le alegraba verla, pero a la vez temía sus palabras.

Shizuka se acercó sin mediar saludo y abrazó a su hijo con fuerza, el castaño regresó el gesto con mas sutileza.

— Bienvenido a casa Kyo. —sonrió con dulzura la mujer. Un alivio pareció recorrerla—. Tenemos que hablar. — Puntualizó mientras la sonrisa moría en su rostro. Lo sabía, pensó Kyo con humor cansino.

— ¿Donde estuviste? — Indagó siguiendola al centro del salón. Ella tomó asiento sobre el zabuton central.

— Primero responde una pregunta Kyo. —habló con calma Shizuka—. ¿Sabes algo del Yagami desaparecido en carretera? — Preguntó sopesando detalladamente a Kyo. El castaño frunció el ceño confundido.

— ¿Otra desaparición? — Preguntó sin entender el aire inquisitivo de su madre.

— Ichiro Yagami, miembro reciente del consejo Yagami, desapareció hace dos días en las horas de la mañana, cuando se dirigía a su casa en las afueras de la prefectura. —explicó el consejero—. Según la investigación fue abordado por múltiples atacantes que deshabilitaron el carro y noquearon a sus guardaespaldas. El vehículo fue quemado y el hombre está desaparecido. — Hizo una pausa. Kyo se tensó.

— ¿Y que mierda tiene eso que ver conmigo? ¿Están insinuando que yo lo hice? — Respondió a la defensiva en tono altanero.

— Según la misma investigación, en la escena hay rastros de quemaduras apartadas del carro, como también fue encontrado entre los restos de las llantas esto. — Agregó Shizuka. Kyo guardó silencio mientras su mente viajaba con rapidez a la ausencia de Iori durante la mañana en que se preparaban para la reunión. El consejero desenvolvió un pañuelo oscuro revelando una delgada hoja parcialmente quemada.

— Esta dañado, pero en los restos de la parte no metálica de la hoja, bajo los despojos de material incinerado, se pueden ver los grabados en la base del filo. Es un arma Kusanagi. — Agregó a su vez el consejero. Kyo no supo qué responder. Se sentía confuso.

— Quiero que seas sincero conmigo Kyo. Me informaron que te ausentaste durante dos noches desde el día de la desaparición de aquel hombre. También ronda en los medios la noticia de que una propiedad privada, donde algunos funcionarios y representantes de diferentes familias que llevaron a cabo una reunión, fue atacado por desconocidos...ese mismo día en la noche. —hizo una pausa observando detenidamente a su hijo—. Supimos apenas hoy que el hombre Yagami que desapareció, iba a estar presente en aquella velada. — Puntualizó dejando el comentario abierto.

— No sabía nada de esto. — Puntualizó Kyo algo soez. Shizuka lo observó con cierto grado de tristeza y el consejero con aire desaprobador.

— Estamos seguros de que ninguno de los nuestros hizo esto. También sabemos que los infiltrados en el ataque a las cabezas Kusanagi tuvieron acceso a nuestro arsenal. Cometer semejante acto de agresión no nos conviene en lo absoluto en este momento, por ende sospechamos que la casa Kusanagi está siendo inculpada premeditadamente. El problema es que no sabemos quién pudo haber sido. Los Yagami no lastimarían a un miembro importante de su consejo por complicarnos a nosotros el asunto con el gobierno. — Agregó Shizuka.

Kyo maldijo para sí. Había sido Iori el atacante de aquel hombre, tenía esa certeza. Pero ¿Por qué? ¿Por qué no le había dicho nada? Se preguntó recordando su expresión decaída al entrar al vestidor. Iori no tendría por qué inculpar a los Kusanagi. Eso no era algo que él haría. Él no era así. Se aseguró Kyo a sí mismo. Él no estaba relacionado con los infiltrados que asesinaron los ancianos.

— Pudo haber sido el mismo gobierno. —aseveró el castaño con más agresividad de la prevista—. Les facilitaria controlar así nuestros movimientos... ¿O aun creen que tengo algo que ver? — Preguntó insidioso mirando al consejero. El hombre mantuvo su posición erguida pero desvió la mirada.

— Esta bien. Estoy segura de que no pondrías en riesgo nuestra posición. Solo deseamos esclarecer el asunto Kyo. —instó con calma Shizuka—. Espero esto le determine al consejo que sus preocupaciones no están bien fundamentadas. — Habló con autoridad al consejero que asintió condescendiente y se disculpó ante Kyo con una reverencia.

— Puede retirarse. Debo hablar a solas con mi hijo. —

— Sí, señora. Con permiso señor Kusanagi. — Se inclinó el consejero antes de salir.

Kyo y ella guardaron silencio hasta estar completamente a solas.

— Lamento mucho esta intervención Kyo. Tu actitud ha inquietado bastante al consejo y temen por tu buen juicio para con el clan. —habló Shizuka con una sonrisa cansada—. Yo confió en que sabes que estás haciendo y respeto tu desición de dejar con vida a Iori Yagami. —Agregó con una particular amargura—. Solo espero que vuelvas a confiar en mi cariño. Yo te sere tu mayor apoyo cuando asumas el liderazgo del clan Kusanagi. —

Kyo guardó silencio sin saber qué decir. Le era imposible mantener aquel enojo con su madre, pero no lograba evitar esa sensación de desazón que le generaban sus palabras. El liderazgo del clan era un factor inamovible y nadie más sería tan apto como él para organizar el caos en el que se había sumido.

El tema de Iori era algo que no deseaba abordar con ella, ni con nadie.

— ¿Donde has estado? — Preguntó finalmente Kyo dejando la cuestión a un lado. Shizuka suspiró con triste conformismo.

— Visité algunos de los representantes del clan. Todos han sido informados de tu investidura y están a favor de la misma. La ceremonia de liderazgo será celebrada dentro de poco, cuando el problema con los investigadores se resuelva... —hizo una pausa pensativa recordando la revelación de aquella mujer. No deseaba decirle a Kyo de las posibilidades de sellar a Orochi indefinidamente con un sacrificio. Al igual que Saisyu, ella nunca habría aceptado algo así. Pero no sabia como reaccionaria Kyo al respecto y eso la atemorizaba. Decidió contarle a su hijo todo sin asegurar la posibilidad de sellar a Orochi—. Kyo debemos hablar sobre algo relacionado a tu padre y lo sucedido con Seiki antes de su muerte. — Dijo finalmente tomado la mano de su hijo.


Kyo se recostó sobre la madera fría del pasillo que daba al jardín. Había nevado poco y el follaje tenía leves salpicaduras blancas. Necesitaba pensar a solas mientras el consejo hacía su entrada en un par de horas.

Había escuchado a su madre detenidamente, todo lo que había hecho su padre al resistirse a sus enemigos antes de morir, había sido por su bienestar y su derecho a la reliquia. Todo aquel sufrimiento lo había asumido para protegerlo. Kyo se cubrió el rostro con el antebrazo, ya el dolor de la pérdida era diferente, el deber era una necesidad implícita en la respuesta que debía darle al deseo de Saisyu. Asumiria el liderazgo del clan y cumpliria con todo lo esperado por el mismo. Honraría a Saisyu Kusanagi y a su familia porque era el único capaz de hacerlo en momentos tan aciagos.

Iori cruzó ante aquel panorama como una idea fugaz y dolorosa. No sabia que hacer con aquellos sentimientos incontrolables que le evocaba, que parecían crecer y reptar de manera posesiva. No sabía tampoco cómo podría responder ante su clan cuando se negara a agredir a Iori, y aquella intensa conexión entre ambos, le hiciera decidir entre los suyos y el que debía ser su enemigo, no su...suspiró cansino. Aún no estaba seguro de que eran, pero estaba consciente de que la cuestión de Iori Yagami era un camino sin salida; uno por el cual transitaba una y otra vez sin dudarlo.

Apartó a Iori de su cabeza, tenía que prepararse para la reunión con el consejo.


Tras la partida de Kyo, Iori había compartido toda la mañana en compañía de Saito, aprovechando los nexos del espia para premeditar los movimientos del gobierno y lograr para todos un perfil bajo.

El hombre como de costumbre ya estaba más que empapado de la situación y le había informado de la precaria situación política en la que había dejado al clan Yagami.

Aseguró que a pesar de lo sucedido el gobierno no había actuado en respuesta al atentado y esto estaba generado enormes desacuerdos entre las familias participantes en la reunión. La preferencia del estado hacia los Yagami ya no era una cuestión tratada a bajas voces y por ende los Yagami debían mantener un perfil pasivo que evitará empeorar la situación con las otras organizaciones. Agregó que ahora que estaban en una dinámica de favores que les permitiera equilibrar el malsano desacuerdo entre las partes, era posible que no movilizaran personal para buscarlos. De todas maneras aseveró que debían tener cuidado, dado que con seguridad se harían con otros medios para dar con ellos. Finalmente tras confirmar a Iori que se encargaría de mantenerlo informado sobre los movimientos del clan, ya que no tenia todavia pista alguna de Takeshi, se retiró del punto de encuentro.

Iori había regresado al apartamento a la entrada de la tarde. La noche había caído imprevista bajo delicados copos blancos de invierno. Se había abstraído completamente del paso de las horas bajo el sonido de las melodías retumbando en el amplificador y vibrando en la cristalería del apartamento. La soledad cruzaba márgenes agrestes cuando era saturada por las voces susurrantes del pasado. Describir formas en las cuerdas para emitir acordes dinámicos e improvisados era un método siempre exitoso para aquellos momentos. Tararear una canción sin letra y alejarse de la realidad le traía una calma indescriptible.

El celular vibró sobre el escritorio desplegando el nombre de Kyo. Apagó el amplificador y discurrió un dedo perezoso para contestar en alta voz mientras mantenía las manos en la guitarra silenciada, haciendo acordes mudos.

— ¿Hola, Yagami? — Se escuchó la voz de Kyo resonar en el silencio de la sala.

— No eres de los que llaman a saludar Kusanagi. ¿Paso algo? — Preguntó Iori distraído en los acordes. Kyo guardó silencio un instante y aquello llamó la atención del pelirrojo.

— ¿Fuiste tú quien atacó al consejero Yagami? — Preguntó Kyo sin rodeos.

— Hpm. Veo que están muy bien informados. ¿Algún problema con ello? — Acotó Iori con tono altanero.

— Según me informaron, supongo que no lo hiciste tú solo... — Agregó Kyo con cautela, tras lo cual siguió un silencio tenso.

— Habla claro Kyo. Que demonios tiene que ver esto con los Kusanagi. — Indagó Iori impaciente. Empezaba a irritarle la vacilación del castaño.

— Hay una investigación que nos tiene como principales sospechosos de esa desaparición. Dijeron que usaron armas Kusanagi en el ataque... —hizo una pausa cavilando cómo abordar el tema—. Se que no planeaste esto Yagami, pero quiero que confíes en mi maldición. ¿Que estas buscando? — Preguntó Kyo algo molesto.

Ese maldito zorro, pensó Iori sonriendo. Nunca daba un paso sin premeditar. A pesar de su alianza temporal con Kyo, Saito no desaprovechó la oportunidad de confabular contra los Kusanagi. Posiblemente había previsto la enorme desventaja que recaería sobre el clan Yagami tras aquella reunión y equilibro un poco la situación para no dar tregua a sus principales enemigos.

El pelirrojo caviló con cautela la voz de Kyo cuando reclamó por su participación. El castaño no estaba dudando de su inocencia ante el hecho de inculpar a los Kusanagi, pero le enojaba que Iori no compartiera sus intenciones.

— Primero no está desaparecido, está muerto. Y hablaré con mis "aliados" sobre las libertades que se tomaron. —dejó a un lado el instrumento y tomo el celular—. Siento mucho el inconveniente. — Agregó Iori con dejo cínico.

— Maldito seas Yagami.— Gruñó Kyo molesto y colgó. Iori empuñó el celular con una sonrisa empática. Esa situación era algo que Kyo no entendería. Sus intenciones con los Yagami eran completamente personales.

Kyo cruzó las manos y se presionó el entrecejo. No esperaba empatía de parte de Iori para el clan enemigo. Pero esa actitud cínica y su reticencia a compartir con él qué demonios estaba haciendo, lo enojaba de sobremanera. Suspiro sonriendo, el maldito hijo de puta de Saito iba a tener que ofrecerle algo valioso cuando se reunieran o tal vez dejaría a Iori sin espia.


Benimaru giro los hielos con el mezclador. El café espeso formó un remolino esmaltado. Uno de los administradores de las propiedades Nikaido ya había partido tras aceptar guardar silencio ante la petición del rubio de acceder al lugar sin que registrara eso en el informativo para la familia. Le había tomado poco convencerlo, casi todo el mundo tenía un precio. Rotó las llaves en su mano arrancando plateados reflejos de luz diurna. La llamada que estaba realizando fue contestada por King.

— Hola King. —saludó Benimaru con entusiasmo—. ¿Como has estado?

— ¿Como he estado? ¿Es en serio? Llevan dos días sin contactar conmigo malditos infelices. Las noticias ya han cubierto la escena como una mas del monton, quitándole importancia y asegurando que tenían gente capturada. Claro que no estoy bien, me tenían muy preocupada. ¿Cómo están todos? ¿Si capturaron a alguien? — Indagó King urgida.

— No no, tranquila. Todos están bien, algo heridos, pero bien. No se a quien habran capturado o si estarán soltando mentiras para calmar a la gente, pero todo está bajo control querida. — Aseguró Benimaru.

— Eso no me suena nada convincente. —gruñó King—. ¿Huyeron con Amelie? Desde la reunión no he logrado contactarla a ella tampoco. —

— ¿Amelie? No, pero no te preocupes, dado el alboroto es posible que esté evadiendo contactar con alguien. Desgraciadamente si se dieron cuenta de que el rollo lo armaron los sirvientes de los Mori, es probable que estén investigandolos. Ya pronto aparecera, asi como nosotros. —hizo una pausa donde bebió un poco del café frío—. Queria contactarte solo cuando todo estuviese más tranquilo. Tengo un nuevo sitio para habitar mientras pasa la algarabía. Pasare por ti más tarde para que podamos reunirnos.

La llamada finalizó rápido y Nikaido presionó el nombre de Terry para su segunda llamada.

— Hm. Pensé que te habías olvidado de nosotros. — Contestó Terry afable.

— Eso me temo que es imposible señor Bogard. —respondió Benimaru con su mejor voz de bartender—. ¿Como siguen las chicas? ¿Kaoru ha estado mejor desde su despertar? — Preguntó ya más serio.

— Veo que conmigo no hablas, pero con la doc si. —acotó Terry divertido—. Nunca pensé que existieran mujeres más tercas que esas dos. Ya están mejor aunque preferiría a Mai fuera de esto, esa herida la hará vulnerable si tenemos un segundo encuentro con esos bastardos. —

— Dudo que ella siquiera considere la idea de apartarse. Pero si de algo sirve te apoyare cuando se niegue. —agregó Benimaru divertido—. Gracias por cuidar de Kaoru. —

— No me lo agradezcas a mí, díselo a tu amiga. Yo solo soy el terrible enfermero "guapo" del equipo. —sonrió Terry—. ¿Que has conseguido? —

— Tengo un sitio apartado del centro en los extremos residenciales de la prefectura. Contactare gente hoy para que lo amueblen y lleven las cosas necesarias para atender a Mai. Te enviare la ubicación, espero que al anochecer estemos cómodamente en el lugar. — Puntualizó Benimaru.

— Bien, les informare a las chicas. — Agregó Terry.

— Dile a Kaoru que se cuide bastante. Que lo haga por mi, pronto ire por todos. — Finalizó Benimaru con un carisma incómodo. Terry sonrió divertido y gruño en asentimiento. La llamada finalizó.

Escuchó la voz cansina de la doctora reprendiendo a Mai por no guardar quietud y se acercó a la habitación. Entreabrió la puerta y vio a la chica sentada, semidesnuda, siendo palpada por la doc a la altura de la herida. "Ustedes los luchadores curan bastante bien" agregaba en voz baja la mujer mientras Mai cruzaba una mirada con Terry y bajaba un poco la camisa ancha para cubrir su cadera. Este sonrió apenado por la intrusión y salió tras una disculpa.

En la sala vio a Kaoru depositando dos bebidas calientes en la mesa de estar. Su rostro hinchado parecía haber mejorado al punto de abrir bien el ojo herido. La delicadeza de su semblante flagelado daba un aire de fragilidad que provocaba proteger a cualquier costa.

Agradeció amable el gesto de la chica y tomó asiento recogiendo el té caliente. La joven le sonrió con sutileza evitando las punzadas de dolor al mover el rostro.

— Señor Bogard. Podría pedirle un favor. — Aventuro la chica observandole por sobre la taza alargada de té humeante antes de beber. Terry la analizó sintiendo una punzada casi paternal ante aquel gesto infantil.

— Quieres ir a aquel sitio ¿No? —agregó sonriente. Kaoru lo observó algo apenada—. Lo has estado diciendo desde que despertaste. Esperaba una petición formal de tu parte desde hace horas. — Puntualizó divertido.

— Es usted muy amable señor Bogard. — Agradeció Kaoru bajando la vista.

— Y es un terrible enfermero de paso. —acotó la voz cansina de la doctora—. Me temo que no puedo estar mas con ustedes, tengo responsabilidades con el hospital y no debo ausentarme más. Así que señor Bogard, le tocó aprender a ser un buen enfermero a la malas. Tengo mucho que hacer. Lleve las prendas limpias de la zona de ropas a su amiga y exíjale a esa mujer que evite caminar por lo menos un día más. —puntualizó autoritaria ante el enorme rubio que asintió en agradecimiento y guiño un ojo a Kaoru mientras se levantaba por las prendas—. Y tú linda. —extendió la mano a Kaoru, rozando con delicadeza el ojo algo hinchado de la chica—. Esto sanará pronto, las costillas demorarán un poco más, pero si tomas los medicamentos no dolera mucho. Se una buena chica y cuida que ese grandulón haga bien su trabajo. — Sonrió repentinamente amable.

— Muchas gracias. — Se inclinó Kaoru ante la doctora.

— No hay por qué. Es mi trabajo velar por el bienestar de las personas. —palpó la cabeza de Kaoru con dulzura—. Y más si son personas tan importantes para mi querido y tonto amigo. —

Kaoru asintió con las mejillas levemente enrojecidas.

— Hey preciosa. Me contaron que planeas cojear con esa pierna herida en vez de guardar reposo. — Aventuró Terry al entrar en la habitación donde Mai cepillaba su cabello sentada al borde de la cama.

— Creo que estar en cama no es mi especialidad. — Repondió Shiranui.

— Vaya y yo creía que era todo lo contrario. — Acotó Terry socarrón depositando las prendas sobre la cama. Mai lo observó con divertida sorpresa.

— Terry Bogard no conocía tu lado atrevido. — Agregó sonriendo con aire coqueto. El rubio rió con fuerza.

— Es bueno ver que esa herida no te ha afectado mucho. Aún así espero que hayas considerado mi propuesta. ¿No crees que Andy debe sentirse muy solo sin ti? — Preguntó Terry intencionalmente. Buscando la manera de que Mai aceptara viajar a South Town.

— Andy puede estar solo el resto de su maldita existencia. No está aquí y me vale que sienta al respecto. — Respondió Mai indignada y molesta. Terry rió por lo bajo y se acercó a ella. Tendió una mano hasta discurrir un mechón tras su oreja.

— Él debe extrañarte y estarías mejor allá en este momento Mai. Yo te mantendré informada. — Mai se enervó un instante por el contacto en su piel, su expresión mutó de tristeza a una sonrisa picara.

— No deberías decirme eso mientras coquetea conmigo señor Bogard. — Agregó la mujer con un tono incitante y discurrió su mano por la del rubio retirandola con delicadeza. Terry alejó la mano repentinamente avergonzado.

— No, no era mi intención...—empezó a decir pero se detuvo al ver la expresión felina y divertida de Mai—. Te gusta incomodar hombres intencionalmente ¿Cierto? — Acotó Terry con resentimiento. Mai rió con ganas.

— Tu reacción no tiene precio Terry Bogard. —aseveró la mujer socarrona—. Podría tomarle gusto a hacerlo. — Terry sonrió algo apenado por la insinuación.

— Por favor no, gracias. Mejor cambiate, saldré un momento con la chica Yagami. Espero que puedas cuidarte tu sola. — Agregó en tono cínico.

— Puedo arreglármelas sin un mal enfermero. — Apuntó Mai guiñandole un ojo. Terry suspiró divertido y cerró la puerta tras asegurar que no demoraría mucho.

Mai guardó silencio pensativa tras ver la puerta cerrada. Andy no la había contactado ni una sola vez en todos esos días, después de varias semanas de indiferencia y la negativa a desposarla antes de que los Shiranui le impusieran un desconocido, su relación se había ido a pique a pesar de los esfuerzos de Terry y los demás por suavizar la situación. Desde aquella información que trajo Mary sobre su padre y Gesse Howard, Andy había priorizado completamente la cuestión y la había dejado a un lado como siempre. Tal vez se sentía cansada de forzar algo que parecía haber dado frutos entre ellos, pero que finalmente no era como había creído.

Suspiró, el único que había estado allí para sobrellevar su tristeza había sido Terry, quien insistia en que Andy solo estaba pasando por un mal momento. Pero él desconocía muchos aspectos de su relación que solo ahora ella lograba percibir y que la dragaban a una tristeza aún más profunda al entender sus sentimientos no correspondidos. Recordó a Iori Yagami y sonrió con tristeza, pensar en que había alguien con un panorama más difícil que el suyo no le daba ningún animó al respecto.

Repasó con los dedos la zona donde el rubio había discurrido su cabello, su tacto había sido rugoso y delicado. Terry era una buena persona, amable, justo. Cualquier persona a su lado podría ser feliz. Su corazón se encogió con levedad y la mujer se cubrió el rostro con ambas manos. No te atrevas a pensar en nada Mai Shiranui, se dijo a sí misma.


Terry ayudó a Kaoru a bajar del taxi. El dolor en la acción de levantarse o sentarse era una punzada terrible y la hacía preguntarse cómo Iori y Kyo podían soportar tantos daños como los que habían vivido hasta ahora. Como Mai podía aventurarse siquiera a caminar.

Subieron las escaleras de piedra desgastada con un gran esfuerzo de parte de la chica que se agotaba con facilidad dada su respiración agitada y dolorosa para el costado. Ella se había negado en dos ocasiones a ser llevada en brazos por el amable rubio que la acompañaba. Él parecía divertido con su negativa, pero la respetaba.

Llegaron a la parte alta de un bosque desnudo cerca a la playa, a los arlederores de un pequeño templo poco visitado. El territorio estaba muy cerca a la base militar naval de la prefectura. No visitaba aquel sitio desde que era una niña e iba acompañada de Kioshi. Comprendió la razón de su propuesta y recordó lo personal que era para los dos aquel espacio. Solo ellos lo conocían desde años atrás cuando explorando el bosque se perdieron hasta finalmente llegar ante la pálida piel de piedra agrietada de un monje empotrado con cara al mar. El hombre Yagami que había sido viejo y amable desde que tenía uso de razón, le había revuelto el cabello haciéndole entender que todo estaba bien, que no debía seguir llorando, que ese monje de piedra sería su guía. Kaoru sonrió con tristeza recordando como jugaba en la playa mientras Kioshi solicitaba a un sirviente pasar por ellos en el auto. Recordaba haber hecho una profunda reverencia en dirección a la estatua al partir.

Se acercaron a una parte elevada desde donde se podía divisar la playa entre los troncos negros y escarchados. En el centro de unos árboles espaciados vio la estatua envuelta en humedad y musgo renegrido por el frío. La primera vez que la vio tantos años atrás, ya estaba en proceso de deterioro, pero alguien parecía cuidarla con esmero. Posiblemente esa persona ya no estaba entre los vivos, pensó con tristeza. Terry le extendió el brazo para ayudarla a cruzar una raíz alta y se paró sobre otra raíz gruesa al borde de lo que era un pequeño mirador natural.

Kaoru se acercó a la estatua. Su forma a pesar de los rasgos irreconocibles por el desgaste, seguía siendo la de un monje con los brazos en posición mántrica. Buscó la mejor ubicación para dejar el pequeño paquete con su información, rogando por que no fuese demasiado tarde y pudiese contactar a Kioshi, pero al optar por el regazo entre los pliegues de piedra, vió una parte del musgo removida y húmeda. La deslizó a un lado y en su posición reposaba una pequeña cajita negra metálica con el símbolo de una media luna.

Alguien ya había dejado un mensaje para ella. Abrio la tapa y leyó el pequeño pergamino donde estaba inscrito un número de contacto y un nombre ajeno a Kioshi. Kaoru presionó emocionada la cajita contra su pecho. El viejo Yagami nunca fue un hombre paciente.

Terry se encogió un poco acomodándose la chaqueta gruesa. El invierno aumentaba paulatinamente. Respiro el aire helado dejando un vaho de aliento revolotear a su alrededor, no sabía que quería esa chica en este lugar, pero considero mejor esperar a que ella decidiera contarle el porqué.

El sitio estaba solo, era aun las horas de la mañana y el sol invernal calentaba poco. No muchas personas parecían aventurarse por ese lugar que se denotaba poco turístico y él mismo se vio con ganas de irse pronto.

Un ruido ahogado por el oleaje llamó su atención y al mirar al interior de la espesura bajo la luz clara no percibió nada. La chica estaba escudriñando en la estatua vieja sin percatarse de su entorno, así que cruzó a un lado y observó más de cerca el interior del bosque. Había una sensación extraña rondando la arboleda desnuda por el invierno y una punzada de sospecha lo invadió, se sentía observado.

No lograba percibir forma, sonido o movimiento alguno aparte del oleaje. Era posible que en esa zona hubiesen animales, pero dudaba mucho que fueran que del tipo de animales que acechan.

— Señor Bogard. —sonó la voz suave de Kaoru mientras tiraba con delicadeza de su chaqueta—. Ya podemos irnos. — Terry asintió algo distraído dando otra mirada al bosque. Podía sentir que algo los vigilaba, pero no estaba seguro si aquello era solamente un efecto que causaba aquel sitio silencioso y helado.

Caminaron escalas abajo entre la arboleda hasta llegar al plano y alejarse rumbo a la carretera. En la lejanía mientras un vehículo llegaba a recogerlos por petición de Kaoru, a Terry le pareció que aquella estatua ubicada en lo alto de la elevación oculta tras los árboles, no estaba sola.


Iori observó el cielo invernal con su álgida amenaza y quietud. Por alguna razón esta época del año le agradaba y disfrutaba del viento helado en sus pulmones. No tenía ropa apta para el invierno, salvo unos delgados guantes de cuero y su nueva gabardina de cuello alto, aún así poco le importaba ya que podía tomarse un momento para aumentar la temperatura de su cuerpo concentrando su energía.

— Supongo que algo importante debe acontecer esta reunión para solicitar mi presencia en tan poco tiempo mi señor. — Sonó repentina la voz de Saito. El viejo siempre llegaba y se iba como la brisa, como un susurro imperceptible.

— Los Kusanagi están siendo investigados por la muerte de Ichiro. —habló Iori sin apartar la vista del horizonte silencioso tapizado por una arboleda infértil y oscura—. No recuerdo que me informaras de ninguna maniobra para involucrarlos. — Puntualizó Iori mirando de soslayo a Saito. El viejo ninja sonrió afable acercándose al borde del mirador oculto que ya habían usado antes como punto de encuentro. Iori Yagami era un hombre de hábitos aunque el mismo no lo considerara así.

— Si me llamaste a agradecerme puedo entenderlo. —acotó el ninja con malicia—. Fue un plan sencillo y fácil de llevar a cabo. Consideré mejor que centraran su atención en los Kusanagi y nos dieran la libertad de movernos. Un par de armas que pudieron ser robadas no son prueba suficiente, pero la desconfianza que recaiga sobre ellos no estará sobre nosotros. Ciertamente ustedes han complejizado nuestra situación con el ataque desproporcionado a aquella reunión. Pero es algo con lo que podemos lidiar los Supaida. No se preocupe. —sonrió afable el viejo hombre— Espero que su amigo Kusanagi no se moleste por detalles indelicados en nuestro proceder. —

Iori río con lentitud y giró en dirección a Saito que guardó en su posición borrando con delicadeza la sonrisa confiada.

— Espero que esto no se repita Saito. Por lo menos no sin mi consentimiento. —Acotó Iori frente al hombre, su aire amenazante enervó al ninja—. No te gustara nada ver que puede pasar si actuas a mis espaldas nuevamente. — Puntualizó, el ninja asintió en silencio incapaz de mantener la mirada escarlata y su destello asesino. Sabía bien que Iori Yagami no escatimaba en actos y algún movimiento en falso podría costarle la vida a manos de su señor, dada la voluntad de Orochi. A cualquiera menos a Kyo Kusanagi, pero ese pensamiento jamás sería expresado. Cortejar la muerte no era su modus operandi.

Hizo una reverencia con toda la decencia del caso y aguardó esta vez a que el primero en abandonar la escena fuese su señor. Observó la silueta de este perderse entre el camino estéril. La danza con la muerte a la que era dragado aquel joven, estaba intensificandose en cada ocasión. El deseo de Orochi parecía fundirse indiferenciado con el de Iori Yagami. Le preocupaba las intenciones que cargaba consigo y cómo podría afectar al legado maldito de Orochi de manera drástica. Debía considerar con más seriedad una eventual reunión con el líder Kusanagi, tal vez cuando todo el revuelo de sus actos menguara.


Iori bajo la velocidad en la carretera que bordeaba el lugar de encuentro. Kyo le había llamado una hora atrás pidiéndole verse allí, había notado algo de tensión en su tono de voz y considero que sus reservas con el espacio de encuentro se debían a la posibilidad de ser seguido.

El pelirrojo observó los alrededores con desdén mientras frenaba el auto. El parque Shikiba era una pequeña zona verde que radicaba al extremo costero tras el helipuerto de la flota de aviación. Un sitio con poca concurrencia aunque no nula, especialmente en temperaturas decrecientes. Aún así pudo percibir, continuando la calle muchos metros más allá, a un par de bicicletas recostadas cerca a unos árboles pequeños.

A través del ventanal oscuro divisó la parte baja del mirador que lindaba con la playa, la única persona parada allí era Kyo, su espalda contrastaba con los incipientes tonos rojizos del atardecer, bañando al castaño con familiaridad en un panorama frío y gris.

Apago el auto y se levantó el cuello de la gabardina, había nevado durante el día al regresar de su encuentro con Saito. El cielo seguía amenazando con caer sobre todos, pero contenía su gris opacidad en las nubes. Se acercó al borde del mirador.

Kyo apreció los moribundos tonos nacientes del atardecer ser consumidos por el cielo encapotado. Los pocos rayos de sol que cruzaban eran tan helados como el invierno. No sabía bien porque había llamado a Iori a aquel sitio, no era como si deseara hacerlo partícipe de lo tratado en la reunión Kusanagi. Aún así, después de la misma había sentido la simple necesidad de verlo. Posiblemente sentirse amenazado había propiciado su rebeldía natural. Sonrió amargamente.

El consejo había dejado claro para todos que Iori Yagami era una amenaza impredecible, y como portador del magatama, un peligro muy superior al de muchos miembros de su familia. Habían resuelto en mayoría de votos que si se daba la oportunidad de reducirlo aprovechando que ya no contaba con la protección de los Yagami, era una prioridad para los Kusanagi aprovecharla. Kyo suspiró, haberle permitido escapar en aquel templo no había pasado desapercibido para los Kusanagi, ni se había zanjado la el problema con el consejo.

Todas las cuestiones dialogadas habían sido importantes, pero escucharlos en silencio mientras despotricaban un profundo odio y deseos de muerte hacia Iori, le había calado hasta lo profundo una rabia que solo su posición como líder pudo controlar.

— En qué mundo andas Kusanagi. Cuánto piensas hacerme esperar aquí. — Se escuchó la voz grave de Yagami desde su espalda. Kyo giró y vio a Iori en lo alto del terraplén, observandolo. El viento invernal ondeaba una gabardina granate de cuello afelpado.

No lo había sentido llegar y apareció un Mercedes cromado y elegante a un costado de la carretera metros más allá. Ascendió al terraplén ignorando las escalas y llegó con facilidad hasta el pelirrojo.

— Llegaste antes. — Dijo Kyo a modo de saludo.

— Al parecer ya estabas aquí desde hace rato. — Apreció Iori observando el cuero humedecido de la chaqueta de Kyo—. Benimaru me informó que ya tienen un lugar y esperan por nosotros. Supongo que ya lo sabes. Así que...—

— Quería verte primero. —interrumpió Kyo—. A solas. — Agregó discurriendo los dedos en su cabello sobre la nuca. Iori lo observó en silencio, sabía bien cuando algo molestaba al castaño. No era bueno expresando emociones, pero tampoco era bueno ocultandolas.

— ¿Sigues molesto por la investigación sobre los Kusanagi? — Aventuro Iori con una sonrisa tenue y maliciosa. Kyo bufó indignado.

— Eso lo arreglare con tu espía, no te preocupes. — Espeto Kyo sonriente. Iori rió por lo bajo.

— ¿Me estas dando tu voto de confianza Kusanagi? — Preguntó acortando la distancia entre ambos. Kyo lo miró directamente en silencio, sus ojos carmesí le observaban con satisfactoria honestidad. Pensar en Iori siendo cazado por su clan, estando él a la cabeza del mismo, le generó un profundo desprecio para sí mismo. No podía permitir algo así, no después de todo lo que habían luchado juntos.

Suspiro cansino, esperaba haber tenido más tiempo para pensar que decirle a Iori al haberlo convocado por impulso a aquel sitio. No tenía palabras, solo la necesidad de asegurarse a sí mismo de que Yagami estaría bien aunque el liderará toda una facción en su contra.

— ...nunca estuvo en duda. — Habló Kyo con suavidad extendiendo una mano que deslizó hasta la espalda de Iori y lo atrajo con delicadeza hacia su cuerpo, sintiendo la tibieza en su contacto, el palpitar lento en su piel al rozar sus mejillas mientras el cuello afelpado de la gabardina del pelirrojo cedía ante el rostro de Kyo. Yagami pareció intrigado ante aquel gesto tan impropio y permitió el estrecho abrazo del castaño.

— ¿Sabes donde estás haciendo esto Kusanagi? — Preguntó divertido sabiendo que estaban a la vista de posibles transeúntes, extrañado por la falta de reserva ya casual en Kyo.

— Me importa poco. — Susurro Kyo a su oído—. Solo no preguntes tonterias. — Agregó reposando la frente cerca al cuello de Iori. Era lo único que necesitaba en aquel instante, saber que Iori estaba allí para él, saber que no traicionaría su vínculo erigido en la fatalidad. Sonrió sintiéndose tonto por permitirse un momento de debilidad, últimamente sus pensamientos traicionaban su voluntad de luchar contra todo.

Tras un instante de abrazo no mutuo, Iori deslizó las manos por los hombros de Kyo y lo separó con lentitud. Este sonreía con amargura avergonzado por ser endeble y tener la necesidad de que Iori cubriera ese vacío en su temple.

— Idiota. Tú no eres así de débil Kusanagi. — Espeto Iori con despreció. Pero cuando Kyo iba a refutar molesto, el pelirrojo lo besó con fuerza y Kyo respondió con intensidad. El beso se alargó indolente ante los posibles espectadores y finalizó con las frentes juntas en silencio, saboreando lo prohibido y lo aciago en sus actos.

— ¿Dime de una maldita vez qué es? ¿Qué es aquello que te molesta con tanta intensidad Kusanagi? — Habló Iori distanciandose, rompiendo el contacto con cierta irritación, contemplando a Kyo en espera de su respuesta.

Kyo gruñó molesto, a él se le dificultaba entender las emociones de Iori y consideraba injusto la facilidad con que este lo leía. Sonrió compartiendo aquel fastidio de Iori y caminó hasta el borde del terraplén acunclillandose en dirección al mar. Iori prendió un cigarrillo al cual le dio una profunda calada.

— Pronto sere el lider oficial del clan Kusanagi, la ceremonia ya está programada. —hizo una pausa en la que una corriente helada cruzo silbando, desordenando sus cabellos y haciendo danzar las volutas de humo—. Yo pensaba, en como apartarlos de la idea de cazar al anterior líder Yagami...— Puntualizó Kyo con una sonrisa molesta. Iori guardó silencio un instante sopesando las palabras del castaño.

— No tienes porque hacerlo. Deja que vengan a mí, yo los recibiré con gusto. —espeto Iori con malevolencia—. No necesito que cuides de mi Kusanagi. — Aseguró dando otra bocanada tibia de humo.

Kyo bufó cansino recordando las palabras del consejo. No sería necesario tal vez al principio pensó, pero a pesar de que el clan estaba dividido, todos congeniaban en que no dejarían pasar ni un solo Yagami indemne, especialmente aquel que era el portador del magatama. Ya estaban sospechando de la participación de Iori en el ataque a aquella reunión y los rumores de los ninjas eran más verídicos que cualquier medio de noticias. Iori había sido considerado una amenaza que debían tratar con prioridad a pesar del silencio de Kyo y la calma de Shizuka ante el tema.

— Yo necesito hacerlo. Y me encargare de ello. — Puntualizó Kyo mirando el atardecer. Iori sonrió dejando al cigarrillo ser devorado por fugaces flamas púrpuras y se agacho al lado de Kyo, hombro con hombro.

— No pienso que hacer que elijas entre tu clan y yo, imbécil. Deja que las cosas se den como han de ser. No tienes que responder nada ante mi Kyo. — Habló Iori cortante mirándolo con complicidad. Entendía su preocupación.

Kyo cruzó aquella mirada carmesí que robaba destellos naranja del atardecer moribundo por la densidad invernal. Después de tantos años y sacrificios, había comprendido la importancia que tenía Iori en su vida. Él no era el único que cuestionaba sus raíces por el frágil bienestar mutuo. Iori Yagami era para él un factor inamovible y ahora necesario en su existencia. Desvió la mirada avergonzado por la abrumadora sensación en su pecho.

— No es como si pudiera elegir...así seas su maldito enemigo, no permitiré que se acerquen a alguien tan importante para mi. — Puntualizó Kyo sin mirarlo a los ojos. Iori no pudo evitar la sorpresa ante aquellas palabras y no supo qué decir. Tuvieron un momento de quietud donde el único sonido era el viento silbante y salino. Compartían una vergüenza mutua.

— Como siempre hablas a la ligera y dices cosas vergonzosas Kusanagi. — Espetó Iori. Kyo rió por lo bajo.

— Es tu maldita culpa Yagami. — Refutó el castaño con dejo cínico. Iori extendió el brazo hasta jalar a Kyo por el cuello de la chaqueta acercandolo con brusquedad, casi haciéndole perder el equilibrio, y lo besó. El castaño tomado por sorpresa respondió al beso de forma tardía y Iori separó abruptamente sus labios relamiéndose. Kyo lo contempló pasmado, nunca lograría acostumbrarse a esos acercamientos repentinos y menos después de decir algo tan vergonzosamente emotivo.

Iori se irguió presionando la nuca de Kyo hacia abajo, desordenandole un poco el cabello. Kyo Kusanagi siempre lograba de alguna manera desestabilizar su interior con la simple facilidad de las palabras.

— Hmm. Debes aprender mejores modales Yagami. — Refutó el castaño al ponerse de pie, organizándose el cabello y el cuello de la chaqueta.

— Acostumbrate Kusanagi. —espeto sonriente—. Y ya deja de pensar en las intenciones de tu clan conmigo. Tenemos cosas más importantes que hacer. — Agregó avanzando hacia el Mercedez.

— No es por ti por quien temo. No pienso enviar a mis hombres a un ataque suicida. — Aventuró Kyo socarrón siguiendo a Iori al auto. Había optado por dejar la moto, para evadir más fácil a los posibles Kusanagi que quisieran seguirle el rastro.

— Bien que lo sabes. — Acotó Iori entrando ingresando al asiento del conductor.


— El señor quiere que sepa que la situación Yagami es delicada. Él considera que en una semana podrá separar un espacio seguro para el encuentro. Debe ir sola señorita, de lo contrario no se llevará a cabo la reunión. — Terminó de informar el joven desconocido a Kaoru. La chica accedió sin dudarlo y la llamada se cortó. No había tenido oportunidad de decir palabra alguna después de presentarse ante el desconocido y no sabía qué esperar de aquella reunión. ¿Realmente iría Kioshi personalmente? Se preguntó ansiosa.

Miró al interior del apartamento a través de los ventanales del amplio balcón, el sitio que parecía más una sala de reuniones de lujo que una residencia, le resultó reconfortante. Aún no habían hablado de nada en particular salvo por un par de saludos que cruzaron al entrar. Se había excusado del resto de la conversación y había evadido la atención particular de Benimaru ya que la ponía nerviosa y necesitaba un instante a solas para marcar al número encontrado.

Terry se había mostrado comprensivo ante la reticencia suya a informarle que había estado buscando en aquel lugar y se sintió agradecida por ello. Sabía que no podía hacer esto sola y que eventualmente tocarían el tema, pero necesitaba tiempo para saber cómo abordarlo, ya que había sido culpa suya que la reunión hubiera terminado mal. Debía disculparse debidamente cuando todos estuviesen allí.

Suspiro retomando la compostura y dio un respingo ante la punzada de dolor en su costado. Maldijo por lo bajo reponiendose. Pensó en Kioshi, esta vez no sería una carga, esta vez lograría equilibrar la balanza a su favor.

Al regresar al interior tibio de la casa, Benimaru ya se había ausentado con la excusa de recoger a King, así que pasó el resto de la tarde acompañada por Terry y Mai, hablando de aspectos poco relacionados a lo acontecido. Kaoru escucho anécdotas de la mujer en los torneos de KOF cuando participaba en compañía de las chicas y se sorprendió emocionada por saber más de lo poderosas que habían sido, también entendió que había cierta persona que Mai no deseaba mencionar y que al parecer Terry conocía, por cómo sonreía comprensivo cuando está evitaba mencionar su nombre.

También escuchó de ellos que Orochi tenía extensos grupos de seguidores alrededor del planeta, que Terry y su familia habían terminado involucrados en las investigaciones luego de que el padre de este muriera a manos de un hombre llamado Gesse Howard, y como los torneos de KOF siempre terminaban propiciando sucesos terribles tributados a Orochi. También comprendió la mala imagen que tenían del clan Yagami, dada la maldición que surcaba la sangre de sus guerreros más poderosos.

A la caída del atardecer arribaron King y Benimaru, la mujer caminaba con un bastón mediano y el pie vendado. Parecía moverse con más soltura y confianza. Su semblante estaba algo hosco y tras saludar a las chicas con amabilidad, golpeó a Terry en el brazo acusándolo de no informarle absolutamente nada después de la noche del ataque. Terry se había disculpado despreocupadamente asegurando que ya estaban bien y reunidos.

Benimaru había comprado comida y algunos snacks. Solicitó a Kaoru ayuda en la cocina y entre comentarios casuales, ambos sonrieron afables con la labor. Cuando la chica intentó alcanzar parte de la vajilla del estante superior dio un respingo de dolor dejando caer el objeto. Benimaru lo atrapó justo en el aire sosteniendo a Kaoru con delicadeza por la espalda.

— No te esfuerces. —acotó Benimaru con dulzura depositando la porcelana en el mesón y rozando la mejilla herida de la chica con delicadeza—. Yo me encargo, tú ve y relájate. — Ordenó con dulzura. Kaoru se negó algo nerviosa ante el gesto.

— No estoy lisiada. Puedo hacerlo. — Respondió sonrojada y llevó la vajilla a la mesa. El rubio sonrió siguiéndola.

Posicionaron todo en la reluciente mesa central, cerca a un enorme tv que cubría casi toda la pared.

— Cuando dijiste que amoblarias la casa, no escatimaste en gastos cariño. — Aseguró Mai a Benimaru cuando este prendio el dispositivo y lo silenció.

— Creo que tenemos diferentes conceptos de necesidad, linda. — Respondió Benimaru con jovialidad.

— Que podria ser mas necesario que un pantalla de 60'' para la sala. — Bromeo Terry.

— Tu si que me entiendes Bogard. — Apuntó Benimaru y todos rieron afables disponiéndose a comer algunos skacks.

Poco después cuando la conversación estaba centrada en trivialidades simples acerca de la remodelación de las propiedades de King, anunciaron su llegada Iori y Kyo.

King insistió en abrir la puerta y los recibió.

— Hasta que se dignaron a venir. Los estábamos esperando. — Saludo sonriente.

Kyo entró devolviéndole la sonrisa, King lo abordó con más soltura y le abrazo con cariño.

— Me alegro que estes bien Kyo. — Le dijo la mujer y Kyo sintió aquel gesto tan materno como el de su madre. Rió incómodo asegurando que necesitaban más que eso para lograr hacerle algo. Iori cruzó junto a ellos detallando a la mujer un instante.

— King. — Saludó Iori con una leve inclinación de cabeza.

— Bienvenido Yagami. — Respondió ella con formalidad.

— Vaya, vaya. —interrumpió Benimaru trayendo un vino tinto entre las manos—. ¿Hay que dejar que Yagami nos parta un hueso para que salude con decencia? — Indagó con falsa indignación mientras este se acercaba.

— A ti te partiria con gusto más que eso Nikaido. — Respondió Iori altanero arribando a la mesa.

— Tan simpático como siempre. — Sonrió Benimaru molesto ya frente a Yagami. Kyo suspiro divertido y los dejó atrás ante la muerte súbita que quisieran darle a esa conversación. Tomo un par de snacks y le palmeo el hombro a Terry en señal de saludo.

— Me encanta lo mucho que ha evolucionado su amistad, pero podrían tomar asiento y dejar las demostraciones de cariño. — Apuntó Mai con tono encantador a los dos hombres. Iori cruzó de lado indiferente al reproche de Benimaru y tomó asiento entre Kyo y Terry. Con el paso de los días y tras aquel descabellado plan, había aprendido a tomarle cierta confianza a aquellas personas. Por lo menos ya no le irritaba tenerlas cerca husmeando en sus problemas.

Benimaru gruñó con dejo casi infantil disponiéndose a servir las copas. King tomó asiento en la cabecera.

— Agradezco tenerlos a todos aquí después del desafortunado desenlace que tuvieron que pasar. —habló llamando la atención de todos—. Creo que podemos darnos el lujo de disfrutar un poco de la velada antes de tocar los temas más serios. — Aventuró jovial levantando la copa y brindando por ello. Todos accedieron a la petición y disfrutaron del momento entre conversaciones superfluas.

Benimaru, que se había acercado a Kaoru con la misma jovialidad que al principio, contaba algunas anécdotas exageradas en sus viajes y aventuras en los torneos de KOF. La chica agradeció aquel gesto, por alguna razón le fascinaba conocer aquellas historias, ver cómo un simple torneo de lucha se tornaba en peleas increibles contra dioses o seres sobrenaturales. Entre Benimaru y Mai ilustraron de manera divertida y nada veraz toda una saga de historias cortas para la chica.

King indagó a Kyo la situación de los Kusanagi y preguntó si sabía algo de los Kagura tras la muerte de Chizuru. Deseaba saber cuál era la posición de ellos frente a lo sucedido. El castaño intentó hacerle un panorama general de la situación de los clanes sin profundizar mucho en los factores internos. Aún así, él también desconocía las intenciones de los Kagura y su silencio.

Terry habían abordado a Iori que fumaba en el balcón, poniendo a colación algunas especulaciones sobre Orochi y su relación con el gobierno. Indagando información sobre cómo estaba relacionado eso al clan Yagami. Iori respondía con honestidad pero con reservas, Bogard parecía analizar factores sin importancia que realmente tomaban peso con sus argumentos y los rumores de los movimientos de las huestes de Orochi en otros países.

Tras una hora de conservaciones distantes y a la vez relacionadas. Iori retorno al interior del salón en compañía de Terry. El panorama relacionado a Orochi parecía ser más amplio y tergiversado de lo esperado. Que movimientos extranjeros manifestaran poderes pactados desde ubicaciones tan lejanas a Japón, mientras acá se desconocía gran parte de esa red, era algo que involucraba mucho más de lo pensado. Finalmente no encontraron qué relación podría tener el actual estado de los clanes con los movimientos externos de los sectarios, pero era un factor que tomarian en cuenta a medida que averiguaban sobre la verdad tras las intenciones del gobierno.

En la mesa continuaban reunidos todos, menos Kyo que se había apartado para tomar su dosis de medicamentos. Los demás seguían enfrascados en conversaciones más personales que iban entorno a cada uno. Desde la particular reticencia de Benimaru ante su familia, que evadió la indagación empalmando con la indignación de Mai ante la posibilidad de un matrimonio concertado por los Shiranui sin su consentimiento y abordar finalmente a King, quien había tomado la decisión de abandonar Japón dentro para reencontrarse con su hermano en Inglaterra.

Todos parecían absortos en las cuestiones personales, menos Kyo que se detuvo estupefacto frente a la enorme pantalla silenciada. Tanto Iori como Terry desviaron la atención al dispositivo adaptando la misma expresión sombría del castaño. Kaoru que fue la primera en percatarse desde la mesa y se llevó las manos a la boca en una expresión compungida.

King giró alarmada y tomando el control del dispositivo, subió el volumen. Se desarrollaba una noticia en construcción durante el programa nocturno. En el noticiero se podía ver una furgoneta de levantamiento en la que deslizaban un cadáver cubierto por un plástico oscuro al interior del vehículo, estaba titulado mujer desaparecida encontrada en un canal a las afueras de Tokio y en la esquina superior derecha se desplegaba un pequeño recuadro con la foto de Amelie dos años más joven.

" La joven que había sido reportada desaparecida fue encontrada sin vida en un canal que daba vía al mar a la afueras de la prefectura de Tokio. La mujer fue identificada como Amelie Koichi de 28 años de edad. Reconocida como un miembro participante de la reunión en la mansión Duveau, que fue atacada el pasado 3 de diciembre. La policía investiga los nexos entre su muerte y los atacantes."